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Full text of "Historia general de España"

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S/ian llx.x 




FROM THB BSqUBST OF 

CHARLES SUMNER, LL.D., 

OF BOSTON, 

(01«M of 108O), 

'* For hooks relating to Politics and 
Fine Art8." 

JANi9in89 







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DSTOBIA 6BIBRÍL DI BSPAlA, 




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mSTOBU éBIBRAL DI ISPASA 



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HISTORIA GIMU 



DE ESPAÑA. 



POR 



DON MODESTO UFUENTE, 

DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 



PARTE TERCERA. 

■DAB MomnuiA. 



TOMO xm. 



■ÍADRID* 



BSTAHiECnUENTO TIPOGRiFIGO OB MELLADO, 
mU« ii 8aU Ttnu, lii. S. 

MDGGCLIV. 



SJKUi I (.1.7. 



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■c<^Mie/ci €i-ítí(C, 



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HISTORIA GENERAL DE ESPAM. 



• • J3 



PARTE TERCERA. 

HDAD MOIIBIIIVA. 

DOMINACIÓN DE LA CASA DE AUSTRIA. 



LIBRO II. 
REINADO DE FELIPE IL 

CAPITULO í. 

PAZ DE CATEAU-CAMBRESIS, 
He 1556 A 1559. 



Esiension de los domÍDios de España al advenimiento de Felipe 11. a 
trono de Castilla.— Rompe de nuevo el papa Paulo IV. la guerra con- 
tra Felipe II.— E)ército francés en auxilio del pontifíce.-^El duque 
de Guisa en Italia. — Sitia ¿ Givitella.— Recházale el duque de Alba. 
— ^Determina Felipe II. hacer la guerra al francés por la parte da 
Flandes.— Ejército español, alemán, inglés y flamenco.— El duque 
Filiberto do Saboya, general en gefe.— Sitio de San Quintín.— M&- 



6 HISTOBIA DB ESPASa. 

morable batalla y derrota de franceses en San QamtiD.— 'Ataque j 
conquista do la plaza por los españoles y aliados: ei^cesos de los ven- 
cedores»— Medidas vigorosas de Enrique II. para la defensa de su 
reino.—Begrosa Felipe H. á Broeelat.-^Paz aflire et pootffice y el 
rey de España.— Vuelve el de Guisa & Francia con el ejército de Ita- 
lia: entusiasmo del pueblo francés» — ^Toma el de Guisa la plaza y 
puerto de Calais á los ingleses.— Apodéranse los franceses de Thion- 
ville. — Completa derrota del ejército francés en Gravelínes.— Preli- 
minares de paz.-^lenipoteBeiarioB franeeeet, ingleses y españoles* 
—Conferencias de Cercamp.^Muerte de la reina Maria de Inglater- 
ra, moger de Felipe Hj— ^KieéMe en fA Ix^ne su hermana Isabel. — 
Ofrécele su mano Felipe: contestación de la reina.— Pláticas de paz 
en Gateau-Cambresis.— DificuHadea.— Paz entre Francia éln^^ater- 
ra.— Célebre tratado de paz entre Francia y España.— Capítulos.— 
El matrimonio de Felipe II. con Isabel de Valois.— Disgusto del pue- 
blo francés.— Muerte de Enrique IL de Francia.— Muerte del papa 
Paulo IV.— Vuelve Felipe IL á España. 



Llegamos á uno de los períodos de nuestra historia 
que han alcanzado mas celebridad entre nacionales y 
eslrangeroSy y de los que excitan mas la curiosidad 
pública. Y siendo para nosotros evideate que este rei- 
nado estuvo lejos de llevar ventaja ni qn interés ni 
en grandeza á los de los Reyes Católicos y Carlos V. 
que le precedieron, en cayo tiempo se realizaron los 
descubrimientos mas portentosos » las mas ricas y 
vastas conquistas, los mas heroicos y gloriosos he- 
chos de armas, las reformas y mu danzas políticas de 
mas trascendencia é influjo ea la condición social y 
en el porvenir de la nación española , creemos poder 
atribuir aquella singularidad al carácter especial , no 
bien definido ni fácilmente definiUe» del monarca. De 



aqui los 6B00Otrado8 y opuestos juicios que desde su 
época hasta la uueslra han segaido haciéndose del 
b^o y heredero de Carlos de Austria. Todos aquellos 
que« ó por cálculo ó por genio» han acertado á envolver 
su conducta en cierta sombra de misterio , así como 
gozan del privilegio de manteoer viva untf curiosidad 
no imporlÍDmte, suso muy natural al hombre» de su* 
yo dado á querer penetrar arcanos, quedan también 
sujetos á sufrir esta vagu edad y contrariedad de jui* 
cios, basta qne el tiempo, las iavestigacioaes, el espi* 
ritu de eximen, y i veces la casualidad, descubrien- 
do La relación y las combinaciones de unos y otros 
hechos, suelen navelar hasta las ínteocionea mas in-* 
timas y los mas ocultos propósitos y designios. No nos 
aventuraremos á afirmar que los de Felipe II. sean 
ya tan conocidcM^ como fuera de apetecer, pero pode- 
mos asegurar que muchos de sus miaterios han dejado 
ya de serlo. 

En ios úUiaK>s capítulos del precedente libro he- 
mos dado ya cuenta, guiados por los mas irrecusable» 
comprobantes, los documentos auténticos, de la edu- 
cación física, literaria y politica del príncipe don Fe^ 
Iip0 en su in&ncia y en su juventud ; le hemos con- 
siderado como regente de España á nombre y durante 
las ausencias de su padre; le hemos visto enlazarse 
SQcesivattento en matrimonio eon dos princesas es- 
trangeras; le hemos seguido en sos viages i Inglater* 
ra y á Flandes, y observado su conducta poUtíca en 



8 BISTOBU DB BSPaSa. 

aquellos estados; hemo^ informado á nuestros lee-* 
lores de cómo, por sucesivas abdicaciones del em- 
perador su padre, le fué sucediendo en vida en to^ 
dos sus reinos, estados y señoríos, á escepcion del 
imperio. 

Aun desmembrado el imperio de Alemania de la 
herencia de Carlos V., quedaba todavía su hijo Felipe 
el soberano mas poderoso del mundo. Porque él po- 
seia en Europa los reinos de Castilla , Aragón y Na- 
varra, los de Ñápeles y Sicilia, Milán, Cerdeña, el 
Rosellon, las Baleares, los Paises Bajos y el Franco* 
Condado: tenia en las costas occidentales de África las 
Islas Canarias, y se reconocía su autoridad en Caba 
Verde, Orán,'Bugia y Túnez: en Asia las Filipinas y 
una parte de las Molucas, y en el Nuevo Mundo los 
inmensos reinos de Méjico, Perú, Chile, y las vastas 
provincias conquistadas en los últimos años de Car- 
los y., ademas de Cuba, la Española y otras islas y 
posesiones de aquel grande hemisferio. Y su matri- 
monio c>on la reina de Inglaterra ponía en su mano 
la fuerza y los recursos de aquel reino. De mo- 
do que no es estraño se dijese que jamás se ponía 
el sol en los dominios del rey de España , y que 
al menor movimiento de esta nación temblaba to- 
da la tierra. 

¿Correspondía el bienestar y la prosperidad inte- 
rior al poder de fuera y á la ostensión de los domi^ 
nios? ¿Estuvo en armonía el acierto en la gobernacioDk 



PARTB III. LIBRO II. 9 

con la magnitud de ios Estados? Esto es lo que, nos irá 
ensenando la historia, y lo que vamos á comenzar á 
ver desde los primeros capítulos. 

Dejamos á Felipe II. en Fiandes (*) en el primer 
año de su reinado (1556), y al tiempo que su padre 
partía para el retiro de Yuste, sufriendo los efectos 
del odio enconado é injustificable del papa Paulo IV. 
y de su sobrino, el intrigante cardenal Caraffa, á Car- 
los de Austria y á su hijo, empeñados aquellos en ar- 
rancar al rey de España el dominio y posesión del 
reino de Ñápeles. La tregua de Vaucelles^ que el 
pontífice se habia visto fol*zado á pedir al ver al enér- 
gico y severo duque de Alba con el ejército español á 
las puertas de Roma, solo duró hasta que , envalen- 
tonado otra vez con los socorros de Francia , dio de 
nuevo suelta á su mal comprimido rencor contra Fe- 
lipe, y creyó podia renovar con ventaja la guerra. 
Las sugestiones de los Caraffas al monarca francés no 
habian sido infructuosas, y movido aquel soberano 
de su antigua- rivalidad á la casa de Austria y del ali- 
ciente de la partición concertada de su codiciado reino 
de Ñapóles, envió á Italia en auxUio del pontífice al 
duque de Guisa con un ejército de veinte mil hombres 
de sus mejores tropas. Grande ánimo cobró el ancia- 
no Paulo IV. al saber que un general de la reputación 
y fama de el de Guisa marchaba sobre TuriUi fran- 

(4) Recuérdese el cap. XXXii del libro I. 



10 mSTOftU DB BSMftA« 

queaba denodadamente loe Alpes en la aspereza y ri- 
gor del invierno (enero y febrero, 45S7)« se apodera- 
ba de pasos y plazas nial goameoidos por los españo- 
les, y avanzaba confiadamente á Roma» míeniras los 
españoles se concentraban para defender las fronteras 
de Ñápeles. Y cuando llegó á Roma h tole el pontífice 
un recibimiento tnonfi^, qne hubiera cuadrado me- 
jor á quien hubiera terminado felizmente una campa- 
na que á quien iba á comenzarla y no podía responder 
de su buen éxito. 

Y así fué que no tardaron en bajar de punto las 
magníficas ilusiones de los aliados contra el rey de 
España ; porque ni el de Guisa halló el calor que es* 
peraha en los duques de Ferrara y de Florencia , ni 
las fuerzas pontificias oorrespondian á lo pactado^ 
ni menos á lo qne CarafTa había prometido , oomen* 
zando aquel á conocer lo poco que podía esperar de 
débiles aliados ; ni el pontífice y los suyos vieron en 
las primeras operaciones del francés lo que la fama de 
su valor y la celebridad de su pericia los había he- 
cho aguardar. Llevó el de Guisa su ejército á Cívi- 
tella del TfX)nto , ciudad de alguna consideración en 
la frontera de Ñapóles, y puso sitio á la plaza (¿4 de 
abril, 1 557). Por esta vez no dio resultado ese primer 
ímpetu tan temido de los franceses. Defendiéronse los 
sitiados con vigor, y acudiendo luego del Abruzzor et 
duque de Alba con su gente , obligó al de Guisa á le- 
vantar el sitio al cabo de tres semanas , y á retirarse 



rAan iii« uno ii« 4 1 

sío fruto y «d gloría (mayo, 4557). Segoióle ea 8u 
retirada el general español , escaramuzando siempre 
y moiestáodoie sos tropas* Ai pasar el francés el río 
Tionto, muchos capitanes napolitaaos y españoles es- 
dliAan al de Alba á qaa batiese en forma al enemigo: 
aegtee á dio con mocha pradeacta el español , y mas 
pnidente anduvo todavia ovando al de Guisa , pasa- 
do el rio, y elegidas poftioiones, le brindaba á batalla. 
Eludiéadola coa macha habilidad, y sin necesidad 
de arriesgar su gente , dejaba que las enfermedades 
foeraa diesmaado el ejéroHo francés , que el de Guisa 
se quiera al pomifíce y reconviniera al cardenal Ga- 
rafia por el papel indigno de su nombre que le obli- 
gaban á hacer coa sos oáaerables recursos después de 
taa pomposas ciertas^ y entretanto los españoles no ce- 
saban de hacer correrías al lerrilorío poolificio, de 
toamr los logares flacos ó descuidados , y de poner en 
continua alarma al gefe de la Iglesia. 

El resultado de esta campaña, tan arrogan temen^ 
te emprendida por los aliados , &ié que el de Guisa, 
desengañado de las pomposas ofertas del pontífice y 
los GaraCfas, exi^ á estos que las cumplieran so pena 
de abandonarlos, y pedia á su corte, ó que le envia- 
ra refoeraos ó que le mand ara retirarse; y el papa^ 
con todo sn odio á Felipe IL , al ver el ningún 
prograso del ejército auxiliar francés , hubiera de 
buena gana pedido la paz si los Carafifas sus so* 
brinos no hubieran impedido á los cardenales pro- 



1 2 msTOBiA DB bspaSa. 

ponerle los medios convenientes para alcanzarla ^*\ 
Mientras en Italia marchaba asi la guerra con nin- 
guna ventaja para el pontífice y con ningún crédito 
para el de l^uisa , el rey don Felipe en Flandes, tan 
pronto como vio el rompimiento de la guerra por par* 
te de los franceses , habíase propuesto hacerla por la 
suya con todo vigor, y mostrar á los ojos de Europa 
que quien habia heredado los señoríos de su padre en 
vida sabria ser un digno sucesor de Garlos V. Al efec- 
to, con la actividad de un joven que desea acreditar- 
se, envió sus capitanes á Hungría, Alemania y España 
á levantar cuerpos de infantería y caballería, sin per- 
juicio del llamamiento general á las armas de sus súb- 
dUos flamencos. Despachó también á Ruy Gómez de 
Silva á España con plenos poderes para que sacase di- 
nero y recursos á toda costa ; y no contento con esto, 
pasó él mismo en persona á Inglaterra con propósito 
de decidir á la reina María su esposa á ayudarle en 
la guerra con Francia. Fué en esto tan mañoso y afor- 
tunado Felipe , y conservaba tanto ascendiente con la 
reina , que no obstante las prevenciones del pueblo 
inglés contra él , y el opuesto dictamen del consejo 
privado de la reina á comprometerse en una guerra 
con Francia , á los tres meses de su permanencia en 
aquel reino volvió á Bruselas (fin de junio, 1557) con 
la satisfacción de contar con un cuerpo de ocho mil 

(4) Pallavic. Hist. lib. XIU.— brom.,cap. 4á 43.->Leti, Vida 
Cabrera» Hist. de Felipe II., li- de Felipe H., Part. prim. lib XII 



PARTE III« LIBAO H. 43 

auTiliares ingleses, que mandado por el conde de 
P^mbroke se había de incorporar al suyo de los Países 
Bajee. A su regreso á Flandes activó con el mayor 
calor los preparativos de la guerra , y nombró gene- 
ral en gefe del ejército á Filiberto Manuel , duque de 
Saboya , que tan ventajosamente se había dis tín gnido 
persa inteligencia y valor en las últimas campanas 
del emperador su padre. 

A propuesta y persuasión de dos capitanes españo- 
les, y oido sobre ello el consejo, y muy especial- 
mente el parecer del virey de Sicilia don Fernando de 
Gonzaga , cuya opinión, por su macha esper iencia en 
las guerras con franceses, era siempre muy res- 
petada y atendida , se determinó poner sitio á Sm 
Quintín, plaza muy fuerte y considerable, fronteriza 
de Francia y los Países Bajos , la cual se hallaba un 
tanto desguarnecida por creérsela casi inespugn able 
y de tanta importancia que entre ella y París había 
muy pocas ciudades fortíficadas. Mas para encubrir 
este plan al enemigo y llamar s u atención hacia otra 
parte, se acordó abrir la campaña por el lado de Ma- 
rienburg, ciudad de Flandes que poseían los france^ 
ses , y á la cual se dirigió el de Saboya con el ejérci- 
to desde Bruselas (16 de julio, 1557). La maniobra 
surtió todo el buen efecto que con ella se proponía y 
buscaba el general de Felipe IL Toda Francia se mo- 
vió á socorrer la plaza de Marienburg amenazada y 
sitiada por los españoles. Figuraba el de Saboya no 



4 4 msroiu db uts^AÉA. 

poder impedir que entráraa en ella refuera», y 
eoando vio que había consegnido llamar alli la aten* 
cion y las fuerzas de Enrique II de Franda , á los 
ocho dias de sitio levantó de repente el campo , y 
torciendo á la derecha avanzó á tearchas forzadas 
hasta ponerse delante de San Quintíir^^dejando á to- 
dos sorprendidos coa 'evolncion tan inesperada. Al 
día siguiente cayó en poder de los capitanes españo- 
les Julián Romero y el maestre de campo Navarrete, 
los mismos que habian aconsejado el sitio de San 
Quintin , el borgo ó arrabal , que constaba de unas 
cien casas y estaba defendido por fosos y bastio- 
nes ^^K Desapercibida cornos hallaba la plaza y con 
ptea guarnición « se hubiera tomado en pocos días á 
pesar de su natural fortaleza, si el almirante de Fran- 
cia Coligny, al verla en tan inminente riesgo » no hu- 
biera tomado la valerosa resolución de lanzarse atre- 
vidamente dentro de ella, bien que perdiendo la ma« 
yor parte de su gente , para dar aliento á sus escasos 
defensores. 

El rey Felipe II , que había salido de Bruselas 
el 28 de julio» andaba idtemi^ivameate entre Valen- 
ciennes y Cambray, dando calor á las cosas de la 
guerra» y dispontendo la incorporación de la diviáon 

(4) La relación do esta notable uno que preseaotó los sucesor: in- 

«ampaña, la tomamos principal- surtóse esta relación en el tomo XI. 

mente de un códice US. de )a Bi- de la Colección de dociunentoa 

bliotecadel Escorial, señalado ij.- inéditos. 
V-3, escrito indudablemente por 



PAin ni. uMo fi. . 45 

inglesa mandada por Pembroke al ejército del doque 
de Saboya. Por so parte el almirante Goligny , cono* 
Gíeodo todo el riesgo en qne se h aliaba la dudada ins* 
taba y apremiaba al condestable Montmorenoy sn tio 
á qqe acodiera coa su ejército on socorro de los sitia- 
dos de San Quintín. Hfzob asi el condestable de Fran«> 
cia avanzando desde La-Fere con diez y ocho mil hem« 
bres y diez piezas de ariilleria , y llorando consigo 
una gran parte de la nobleza francesa* Adelantóse 
Andelot, hermano del almirante Coligny, con mas in- 
trepidez que prudencia, y aunque él logró penetrajr 
en la plaza con unos quinientos de loe mas esforzados, 
pereció la mayor parte de su división, y comprometió 
el resto det ejército , introd uciendo la confusión en 
sus filas. Aprovechando aquella oportunidad el joven 
duque de Saboya con la pericia y presencia de ánip^ 
de no gran capitán , destacó toda su caballería á las 
órdenes del conde de Egmont , mié ntras él seguia 
detrás al alcance con la infanterta , y de tal manera 
acosaron á los franceses en su retirada, que rompién- 
dolos y desbaratándolos y sembrando por el campo 
el estrago y la muerte • ganaroa una de las vict crias 
mas completas que se leen en los anales de las bata- 
llas. Quedaron prisioneros el condestable Montmo- 
rency j su hijo menor, los duques de Montpcnsier y 
de Longueville, el mariscal de Saint-A ndró, el prín- 
cipe de Mantua , y basta otros trescient o s caballeros 
de distinción » con cinco mil soldados tudescos : mu- 



BtST^^*^ 



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tn> mil frBooeBes: quedó ea poder de 
ri^^^Jlda la ariiUería , á esoepcioa de dos 



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acedores 



k^ - cincuente banderas , veíate de franceses 

pi(^' ¿Q tudescos. La pérdida del ejército del rey 

y ^^^^ " nn naso de ochenta hombres* Fué esta 

Tab\e victeria eMO de agosto de 1 5&7, dia de 

^0 Lorenzo í*^ 

La nueva de este gran triunfo llenó simultánea- 

-aente de terror y espanto á los habitantes de París, 
^ae yd se figuraban ver al enemigo á las puertas de 
la capital, y de satisfacción y júbilo al rey don Felipe 
que se hallaba en Canibray. Al dia siguiente partió 
para incorporarse á su ejército , y el 4 3 de agosto se 
asentó el pabellón real en un valle á la vista de San 
Quintín. Dícese que el duque de Saboya manifestó a[ 
rey ser de dictamen de que se levantara el sitio y se 
marchara rápidamente sobre París , fundado, en que 






ai 



(t) Hffireus, Anai. Brabaot. H. 
—Herrera, en la Geooral, pági- 
na 994.— Cabrera, Hist. de Feli- 
pe II. lib. IV.— Leti, Vila, Darte 
prima, lib. XU.— Estrada, Quer- 
rás do Flandes, Decad. I. lib. I.— 
Robertson, Hist. de Carlos V., li- 
bro XII.— MS. de la Biblioteca del 
Escorial, ij. — ^\-3. 

En la relación MS. del Escorial, 
se nombran los siguientes perso- 
nages prisioneros o muertos. 

El condestable de Francia. 

El duque de Ifontpensier. 

El duque de Longueville. 

El mariscal de Saint-André. 

El Rhingrave. 

El principe de Mantua. 



La Roche du Máyne. 

Rochcfort. 

El vizconde Tournay. 

El barón Curtou. 

Mr. de Engbien (muerto). 

El conde de Ville (muerto). 

Un soldado de caballería llama- 
do Sedano,natural de Abia, tierra 
del marqués de Águila r, fué el que 
prendió al condestable, y á quien 
éste entregó el estoqjue; pero la 
fé, como entonces se decia, no se 
la dio sino al capitán Valenzuela, 
y se repartió entre los dos el pre- 
mio de la captura. Diez mil duca- 
dos era lo que se daba por la pri - 
sioo de un general. 



F"«1 



-KM 



PAtTB tlU LlBftO It. i 7 

tto había fuerzas que pudieran oponerse á su mar- 
cha, y tal vez á la ocupación de la consternada capi- 
tal f y que Felipe , ó menos resuelto ó mas prudente, 
no juzgó oportuno aventurar un paso que pudiera 
comprometerle, atendidos los inmensos recursos de que 
aun podía disponer la Francia, y prefirió la ventaja 
. menos brillante pero mas segura de apoderarse de la 
plaza que tenian delante. Adoptada esta resolución 
por los caudillos del ejército,, hizo el rey intimar la 
rendición al almirante Goligny y á los moradores de 
la ciudad, bajo la palabra de dejarlos ir libres y aun 
de hacerles merced. Y como la respuesta del almi- 
rante do Francia fuese tan enérgica como era de es- 
perar de su acreditada entereza y valor , comenzóse 
al día siguiente (1 4^ de agosto) á batir la plaza con to* 
do género de armas y proyectiles. La defensa que 
hizo C!oligny fué digna de su reputación militar , y 
ella acabó de colocarle en el número de los mayores 
y mas famosos generales de su siglo. Pero érale im- 
posible resistir á los reiterados ataques de un ejército 
de cincuenta y seis mil hombres, entre españoles, in- 
gleses, alemanes y flamencos, bien provistos de todo, y 
alentados con una tan brillante y reciente victoria. Al 
fin rota, por unas partes la muralla y minada por otras, 
diosa el asalto general , y fué entrada y tomada la 
ciudad (27 de agosto , 15S7), con gran mortandad 
de hombres , niños y mugeres , en que se cebaron 
cruelmente los soldados, y cayendo prisioneros el aN 
Tomo xiu. 2 



4 8 HlftTOBlA DB BSf AÜA» 

míraote Coiigny, su hermano Aadelott y otro hijo del 
condestable de Franela (*>. 

Al sígaiente día hhso su entrada Felipe II en la 
destroida ciadad; ordenó qae cesara el incendio puesto 



(4) El qae preadió al almiran- 
te faé an soldado de Toro, llamado 
Francisco Diaz: aquel fué puesto 

Sor orden del rey bajo la custodia 
el maestre de campo Cáceres. 
Andelot pudo fugarse, no sin sos- 
pecha de soborno por parte de Ips 
españoles que le guardaban. 

En Hi Relacioo -mattaflcrita del 
Escorial, becha por un testigo de 
▼ista, se hace una descripción 
horrible de las crueldades y ex- 
cosos que cometieron los vence- 
dores. «Murió (dice) mucha gente 
«de los enemigos, y hubo algunos 
<«que después do muertos y des- 
«nudos en carnes, los hombres en 
«el suelo los abrían por los estó- 
«magos, y aun yo vi uno que le 
«sacaron las tripas por el estoma- 
«go« En las casas que entraban 
«alemanes ó ingleaes no dejaban 
«hombre á vida, nimuger, ni ni- 
«ño. Hallóse de coenta que mala- 
«ron dentro en la villa, y de los 
«aue se descolgaron por la mura- 
«lia al tiempo del asalto, setecien- 
«tos y diez franceses, todos hora- 
ubres de guerra, sin las mugeres 
«que muñeron y mochacho^. Por 
«nuestra parte murieron en el 
«asalto hasta cincuenta hombres 
«por la parte de Navarrete, y por 
«la de Julián hasta cien hombres, 
«o<m los ingleses aue mataron. Sa- 
«quearon todo ei logar; y dentro 
«en las casas y bodegas mataron 
«mucha gente que se habia escon- 
«dido en ellas, á todoe los aue no 
«eran de rescate. Duró el saco 
«hasta otro día en la noche á ^ 
«deste. El saco fué grande, como - 
«era tierra de mercancíai y no 



«hubo soldado que no ganase, y 
«muchos á mil ducados y a dos mil, 
«y algunos á mas do a doce mil. 
«Clavaron las bodegas y las caba* 
«llerizas, y hallaron enterrado 
«grandes cosas de vestido y seda, 
«y cosas de oro y plata, en muy 
«grandes cantidades. Puso S. M. 
«gran ooidado y diligencia en qno 
«se salvasen las mugeres, y ansí 
«man^ió recocer lasque se podían 
«salvar, á la iglesia mayor, aue es 
«bien grande. Díóse tan buena 
«maña en esto, que se salvaron 
«mas de tres mil mujeres; unas 
«las metían en la iglesia como es- 
«taba ordenado, otras las llevaban 
«á las tiendas del duque de Sabo- 
«va; pero primero que las llevasen 
«a la una y á la otra parte, las 
«desnudaban en camisa, y las dus- 
«caban si ten an dineros; y sí al— 
«guna saya ó ropa buena tenían, 
«se la quitaban; y porque dijoaen 
«dónde tenían los dmeros, las da- 
«han cuchilladas por la cara y ca- 
«beza, y á muchas cortaron los 
«brazos, y boy W de agoelo en la 
«tarde y por la mañana se saca- 
«ron todas estas mugeres que se 
«pudieron salvar, y por mandado 
«de S. M. se llevaron delante las 
«tiendas del obispo de Arras (Gran- 
«vela), y á un lado de las tiendas 

«de S. M Las mooias recogió 

•el conde de Feria y el duque de 
«Saboya en sus tiendas, que oa 
«esto hubo mucho cuidado, y de 
«que no fuesen deshonradas... .. 
«porque á quedar en sus moneste- 
«rios la nooie qu<>se entró la tier- 

«ra, los tudescos las mataran 

«Los alemanes, sin podello resis- 



PARTE IIU LIMO II. 1 9 

por los soldados, para que oo acabara el fuego de de- 
vorarla; limpiar las calles y los templos de los cada- 
veree y de los caballos muertos y de las iamundicias 
que ínfi&stabau so recinto; hacer un reeoeaio ante su 
secretario Braso de todos los franceses prisioneros pa- 
ra enviarlos á diferentes lugares fuertes ; y dedicóse 
el resto de aquel mes y elsiguiente á reparar las for- 
tificaciones de la ciudad que su mismo ejército había 
destrnido , para lo cual , entre otras medidas, mandó 
cortar todo el arbolado de su fértil campiña. Despa- 
chó algunos generales con sus divisiones para que se 
apoderaran de otras villas y fortalezas del pais. El 
conde de Áremberg, flamenco, batió con treinta y cin^ 
co piezas y tomó el fuerte de Chatelet, y el duque 
de Saboya rindió y se hizo dueño de la ciudad y forta- 
leza de Ham, y de multitud de caballeros franceses que 
dentro de ella había (setiembre, 1657). Felipe 11^ aun 
despaes de conquistada y fortificada San Quintín, no 
creyó prudente internarse mas en el corazón de la 
Frauda, porque sabia las enérgicas y vigorosas medidas 
qne para la defensa de su reino habia tomado el rey En- 
rique II. en el tiempo que el monarca español habia ín- 

«tir S. U., pegaron fuego al lagar, «dol lagar, y ompexó el fa^go por 

«qae era la mayor laatima dol «la plaza mayor, que era lo mejor 

«mundo... Aunque %* M. envió «del lugar. Goóno k» eslMi&Gles 

«gastadores que atajasen el fuego, «aun andaban saqueando if otras 

«no bastó, y ansi mandó sacar de «naciones, se quemaron en las c»- 

«la iglesia el Santísimo Saorameu- ' esas gran cantidad de personas...» 

«lo y el cuerpo de San Quintín, y —No quereaos copiar mas^ por- 

•ansí se trujo 6 las tiendas de S. II. que estremoce la continuación de 

«Quemáronse muchas iglesias y tan horroroso cuadro, 
«muy buenas, y la torcera parte 



20 niSToaiA db bspaña, 

vertido ea el ataque y reaJícioa de aquella ciudad. Y 
asi, dejando eacomeDdada la guarda y defensa de 
San Quintín al alemán conde de Abresfem con cua- 
tro mil hombres y con algunos capitanes y compañías 
españolas , dio la vuelta á Bruselas (1 2 de octubre) » 
donde habia mandado juntar los estados de Flan- 
des í*). 

(4) Eq la Relación citada, he- D. Juan Manrique de Lara, her- 

cha por un testigo de vista, se en- mano del duque de Najara, del 

cuentra la siguiente curiosa nómi- Consejo, 

na de los señores ^ caballeros, es- El obispo de Arras, del Consejo . 

pecíalmente españoles, que sir- D. Juan, y D. Pedro, y D. Alonso 

vieron al rey Felipe U. en esta do Ulloa. 

guerra. D. Pedro Manuel, de la Boca. 

D. Alonso de Córdoba. 

El conde de Feria , del Consejo. D. Diego de Córdoba, teniente de 

El duque de Síesa (Sessa). caballerizo mayor. 

El marqués de Aguilar. D. Juan de Mendoza , capitán ge- 

D. BernMdino de Mendoza « del neral de las galeras de España. 

Consejo (este murió allí el 9 de D. Luis Enriquez , hermano del 

setiembre). marqués de Alcañices , de la 

D. Antonio de Toledo, del Con- Boca. 

sejo. D. Francisco Manrique , hermano 

D. Antonio do Aguilar , hermano del conde de Paredes , de la 

del conde de Feria, de la Cá- Boca. 

mará. D. Juan de Quiñones, hermano 

D. Fernando de Gonzaga, del Con- del conde de Luna. 

sejo. D. Bernaldino de Granada. 

D. César de Gonzaga, su hijo D. Juan Pimentel, hermano del 

mayor. conde de Bena vente, de la Cá- 

D. Iñigo de Mendoza, hijo del du- mará. 

que del Infantado, de la Boca. D. Luis Méndez de Haro, de la 

El conde de Olivares, mayordomo. Booa^ hermano del Señor del 

El conde de Fuensalida. Carpió. 

El conde de Ribagorza. D. Alvaro de Mendoza, castellano 

El marqués de Montemayor. de Castilnuovo de Ñápeles. 

El principe de Asculi. D. Juan de Abales, hermano del 

El conde de Chinchón. marqués de Pescara, de la Boca . 

El marqués del Valle. D. Felipe Manrique, tio del duque 

El marqués de Cortés, de la Cá* de Najara. 

mará. El barón de la Laguna. 

El principe de Salmona , italiano. D. Luis de Ayala, hermano del 

D. Fadrí^ue Enriquez, hermano conde de Fuensalida, de la Boca. 

del almirante de Castilla , de la El conde del Castellar. 

Boca. D. Gonzalo Chacón , do la Boca. 



PARTE III. LIBRO lí. 21 

Felipe sin duda no habia olvidado los arranques 
de energía del pueblo francés para la defensa de su 
territorio, de que habia dado tan señaladas pruebas 
en las diferentes ocasiones que le invadió el empera- 
dor su padre , y de cuánto esfuerzo era capaz para 
desenvolverse y mantener su integridad é indepen- 
dencia en los conflictos y casos mas apurados. Por lo 
mismo, si inmediatamente después de la derrota del 
ejército del condestable , y en el momento crítico de 
hallarse la Francia sobrecogida de temor y de espan- 
to, creyó no deber provocar la exasperación de un 
pueblo impetuoso , marchando hacia París como algu- 
nos le aconsejaban, habría sido mucho mas inconve- 
niente después de la conquista de San Quintín, cuan- 
do Enrique II habia tenido tiempo para tomar las si- 
guientes vigorosas medidas de defensa. Habia exci- 
tado el espíritu de nacionalidad en la nobleza y en la 
juventud del reino, y ordenádola empuñar las armas 
bajo el mando del duque de Nevers en Picardía; ha- 



m vizconde de Ebola. D. Juan Mansino. 

D. Haooelde Córdoba, hermano D. Francisco do Álava. 

del conde de Bailen, de la Boca. D. Alonso Osorio. 

D. Juan Pacheco, hermano del D. Diego de Guzman. 

marqués de Villena, Bl marqués de Irache , italiano. 

D. PrancÍHCO de Tovar , qne fué D. Juan y D. Diego de Gecario. 

general de la Goleta. 
D. LuisViqáe. De todos estos caballeros, y 

D. Gerónimo de Gavanillas. otros muchos, alemanes, flamen- 

O. Francisco de Mendoza, hijo del eos, borgooones é italianos , que 

marqués de Mondejar , de la acompañaban al rey muy costosa- 

Boca. mente vestidos, se tormo un laci • 

D. Pedro de Córdoba , mayor- do escuadrón , que se llamaba el 

domo. escuadrón él S. M. 

I 



22 HISTOmiA DB EBfáiJU 

bia llamado del Piamoate el ejército francés del vele- 
rano Brissac ; había solicitado del tarco le socorriese 
con sa armada ; había provocado á los escoceses á in- 
vadir la Inglaterra para distraer á esta nación y qne 
no pudiera ayudar oías á Felipe , y por último, había 
enviado repetidas y urgentísimas, órdenes al duque 
de Guisa para que á la mayor brevedad acudiese con 
todo el ejército de Italia ^*K 

Esta última disposición colocaba en la situación 
mas comprometida al pontífice Paulo IV> que sin el 
auxilio de los franceses quedaba imposibilitado de re- 
sistir al duque de Alba. Asi el enconado enemigo de 
Carlos V y de Felipe H , el que había provocado la 
guerra para arrancar el reino de Ñapóles del domi- 
nio de España, el que había querido sentenciar en pie* 
no consistorio á Felipe y lanzar el anatema de la igle- 
sia contra el padre y el hijo, después de desahogarse 
en amargas quejas contra el de Guisa por el aban<k>- 
no en que le dejaba, se vio obligado á á>licitar la paz 
y á buscar mediadores para obtenerla. Por fortuna 
suya , Felipe , que siempre había sentido tener que 
hacer la guerra al papa, lejos de abusar de su venta- 
josa posición, acogió sus proposiciones de paz, en cu- 
ya virtud se juntaron en Cavé para tratar de las con- 
diciones de ella el duque de Alba, vírey dé Ñapóles, 
por Felipe, y el cardenal Garaffa , sobrino y repre- 
sentante de Paulo IV. Los capítulos en que al fin se 

(i) Ribier, Memoir. U. 



rAETB lil. UBEO lU 83 

GOBviaieroo distaban maoho de ser tan favorables al 
rey de fispaoa como podía esperarse de la necesidad 
en qtle se veía el pontífice» Renunciaba, si , Sa. Santi- 
dad á la liga con el rey de Francia, y se comprome- 
tía á ttiantenerse estrictamente neutral entre los dos 
soberanos. Pero el duque de Alba, á nombre del rey 
Feliper babia de impetrar perdón de su Beatitud por la 
ofensa de haber invadido los dominios eclesiásticos, 
con cuyo acto sería reconocido Felipe como bijo de la 
iglesia y participante de sus gracias lo mismo que los 
otros prfioícipes cristianos. Que restituiría el Rey Cató- 
lico á Su Santidad las plazas que le hubiere tomado 
durante la guerra- Que de una parte y de otra se 
perdonarían los agravios, y se devolverían mutua- 
mente los honores , gracias , dignidades ó jurisdic- 
dones de que se hubiera privado á sus respectivos 
subditos. Y á los capítulos públicos del tratado se 
Miadieron otros secretos relativos á las pretensiones 
de Garaffa al ducado de Paliano y á los demás domi- 
Dios de los Golpnnas. 

Con arreglo á las condiciones de este pacto , que 
parecía mas bien impuesto por el débil que dicta- 
do por el poderoso , pasó el duque de Alba á Roma 
(19 de setiembre, 1 657); recibió el pontífice con toda 
pompa y solemnidad al que tanto por escrito le había 
ultrajado (*^; besó el orgulloso general español humil- 

0) Véase la durísima # caria nuestro capitulo XXXII. dol prc > 
del duque de Alba al pontiñco eu cedente libro. 



24 HISTDBU DB ESPAÑA. 

demente el pie é impetró el perdón del que tanto ha«- 
bia ofendido á su rey y señor; y con taa estraño des- 
enlace , que con el tiempo habia de ser trascendental 
á España , concluyó la guerra tan furiosamente em- 
prendida entre el papa Paulo IV y el rey católico Fe- 
lipe II í^). 

D^eoso Felipe de atraer á su partido los prínci* 
pes italianos que pudieran aliarse con Francia , hizo 
el sqcriñcio de ceder al duque de Parma Octavio Far- 
nesio la ciudad de Plasenoáa, agregada diez años ha- 
cia á los dominios de España por el emperador Car- 
los V sa padre. Penetrando el duque de Toscana Gos« 
me de Médicis , el mas hábil y el mas intrigante de 
los príncipes italianos , este propósito de Felipe , cal- 
culó el partido que podría sacar de estas disposicio- 
nes del monarca español ; fijóse en el designio de in- 
corporar á su ducado de Toscana el estado de Siena; 
y reclamando primeramente á Felipe el reembolso de 
cantidades prestadas al emperador durante el sitio de 
aquella ciudad, entablando después negociaciones cod 
Roma , amenazando aliarse con Francia , y usando de 
otros medios y artificios , logró al fin que Felipe le 
diera lu investidura de Siena en t^quivalencia de las 
cantidades que le era en deber , si bien obligándose 
á defender los dominios del monarca español en Italia 

(O Pailavic. Hist. del Concil. Felipe II. líb. IV.— Letí« Vito di 
lib. XIIT.— SummoDte, Ist. di Na- Filippo, part. prim. lib. XII. 
poli, iom. IV.— Cabrera , Hist. de 



PAATB III. LIBRO lU 2S 

coDlra todo el que intentara atacarlos ^*K Asi iba Fe« 
lípe II., tan celoso como era de sus derechos, despren- 
diéndose de posesiones que habian costado á su padre 
tantos años, y tanta sangre y dinero, con tal de ir 
dejando sin aliados al papa y los franceses. 

Libre ya el duque de Guisa de sns atenciones en 
Italia , y llamado con urgencia por su rey , volvióse 
con so ejército á Francia (setiembre y octubre) , don- 
de fué recibido como el libertador de la patria y el 
salvador del reino. Los pueblos aclamaban al antiguo 
defensor de Metz contra las formidables huestes de 
Carlos V, como el ánico que podia defenderlos del 
amenazante poder de Felipe IL El rey le colmó de 
honores y de dignidades, le hizo lugarteniente suyo 
dentro y fuera del reino , y le invistió finalmente de 
una autoridad poco inferior á la suya. El entusiasmo 
que en el pueblo fraucés produjo la vuelta de el de 
Guisa , unido al armamento general ordenado por el 
rey Enrique, y á los refuerzos que de todas partes 
acudían , hizo temer al monarca espaiu>l aun por la 

conservación de San Quintin, cuyasl fortificaciones 
apenas habia podido reparar. Abrió en efecto el de 
Guisa resueltamente la campaña en los últimos y mas 
crudos meses del año ; concentró muchas fuerzas h'á* 
cia Compiegne , y amenazó diferentes veces las ciu- 
dades de la frontera de Flandes. 



(4) De Tbou, Htst. Univers. li- bro XII. 
bro XVIIL— Pallavíc. Historia, li- 



Pero oira empresa era la que meditaba el gene* 
ral francés que cuadraba mas á su deseo de acreditar 
con algoo becbo brillaDle que no Sn razan babía ex- 
citado el eninsiasmo público. Y cuando amagaba por 
el lado de Flandes^ imitando la conducta del duque de 
Saboya que le yalió la victoria de San Qninlin , torció 
repentinamente á la izquierda , y puso sitio con todo 
su ejército á Calais , casi la única plaza que conser- 
vaban los ingleses de cuanto en Francia habian anti- 
guamente poseido » pero que hacia mas de dos siglos 
rotenian en su poder , y era como la puerta que les 
daba entrada segura al corazón del reinq. Sorprendió 
tan atrevido golpe á amigos y á enemigos » pues ni 
unos ni otros habían podido imaginarle. Penetrado él 
de que para salir airoso en tan arriesgada empresa 
necesitaba no dar tiempo á que los ingleses socor* 
rieran la plaza por mar, ni Felipe II por tierra» apre- 
tó tan vigorosamente el siUo y menudeó tanto y con 
tanto íropelu los ataques , que á los ocho dias, que- 
brantada y fatigada la guarnición , compuesta solo de 
quinientos hombres , se vio obligado el gobernador 
inglés lord Wentwort á capitular (enero » 4 558). 

Dueño de la plaza y puerto de Calais^*) , y antes 
que unos y otros se repusieran de so aturdimiento» 



(4 ) Las historias de Francia y enero de 4 557. En la Biblioteca del 

de Inglaterra. — Carta de Felipe Ii. > duque de Osuna, y en el tomo II. 

al emperador Fernando, su tío» de la Colección de documentos 

dándole cuenta del suceso de Ca- inéditos, 
les (Calais): de Bruselas á 49de 



pasó á cercar á Goiaes que defendía lord Grey , y la 
bailó y riadió despueade coairo asaltos ^^^ y procedió 
á apoderarse del castillo de Ham , que la guaroicíoo 
desamparó antes que él llegara. 

Huebo enalteció el v^dturoso resollado de tan au- 
daz é inesperada empresa la repqtacioa militar del 
doqne de Guisa. Frimcia lo celebró con traspories 
de júbilo , y se levantó de su abatimiento : la Europa 
lo admiró , y formó una alta idea de los recursos del 
pueblo francés: Felipe II. comprendió cuánta fuerza 
daba este golpe á una oacion que hacía pocos meses 
parecía hubiera podido él Sácilmente dominar: los in- 
gleses prerumpian en denuestos contra la reina y los 
ministros que los habían comprometido en aquella 
guerra , y condenaban y maldecian su imprevisión: y 
el duque de Guisa , lanzados del suelo de Francia to« 
dos los ingleses que moraban en Calais , y puesta en 
la plaza una respetable guarnición francesa , dio un 
descanso á sus tropas para pr^rarlas i otra campaña. 

(1) Carta de Felipa II á la prin- «cesidad que babía de gente eo 

cesa 8u hermana en 40 de febrero «nuesiraa fronteras, estando en 

de 455$. Códice MS. de la Real «parto que podían ir fácilmente 

Academia de la Historia, titulado: tsebreGravelíngasóDunquerque, 

fiUhro de coma curio»as de en «que convenia tanto guardar por 

tiempo del emperador Carlos V. y «ser la llave de Flamks y no estar 

el r¿ff dan Fehpe II nuestro sehory «fortificadas: y habiesdo hecho las 

escrito por Antonio Cereceda, «trincheras, en que tardaron tres 

C. 407, estante 35» grada 5.>«*. vdiad, le plantaron la arlíUeria, y 

«Después de lo de Calés, dice la «le batieron con gran furia, y lo 

•carta, se puso el campo de los «dieron cuatro asaltos, en los cua*- 

«enemiaos sobre Guiñes, donde «les los do dentro les mataron mu- 

«mande meter dos banderas de «echa gente, y al último, no l6sj>u«- 

«valones y hasta 50 españoles, que «dieudo mas resistir.. . . se rindie- 

«no se podo hacer mas por la nc- «ron, etc.» 



28 ElSTOBlA DB ESPAÑA» 

Las gestiones de Enrique II. para que la Escocia 
moviese gaerra á la Inglaterra , su vecina , habían 
sido menos felices. Los escoceses tuvieron la pruden- 
cia de no dejarse comprometer á tomar las armas con- 
tra una nación con la cual estaban en paz. Pero logró 
el francés otro de los objetos importantes de sus nego- 
ciaciones , á saber , el casamiento de su hijo el delfín 
con la joven reina de Escocia , alcanzando tan venta- 
josas condiciones en los capítulos matrimoniales , que 
con ellos venia Enrique á agregar nuevamente á sq 
corona la posesión de un gran reino ; y siendo la rei- 
na de Escocia sobrina del de Guisa, adquiría éste una 
posición , la mas elevada y brillante á que podia lle- 
gar un vasallo, y que era lo que podía faltar al alto 
pr^tigio de que ya gozaba como libertador de la pa- 
tria y como lugarteniente geqerat del reino. 

Asi , mientras Felipe II. , después del triunfo y 
conquista de San Quintín , falto de recursos , que á 
costa de esfuerzos y sacrificios se estaban recogiendo 
en España , había tenido que licenciar parte desús 
tropas , imposibilitándose de atajar el progreso de las 
armas francesas , el de Guisa, orgulloso con los lauros 
de Calais , y confiado en el ascendiente que le daban 
su autoridad , su posición y su nombre , llegada que 
fué la primavera , abrió de nuevo la campaña , y di- 
rigiéndose hacia los Paises Bajos , puso sitio á la fuer- 
te plaza de Thionville en el Luxemburgo. Defendié- 
ronla briosamente los sitiados , tanto que de dos mil 



PAETI III. LIBRO II. 29 

hombres que la gaarnecían marieron mil en los vígo - 
rosos Gombates y asaltos que le dieron los franceses 
durante tres semanas. Riudiéronla estos al fin (22 de 
abril, 1558), mas no sin grave pérdida, siendo la 
que mas sintieron la del general Pedro Strozzi , que 
murió de un tiro de arcabuz. Era el mas esforzado 
guerrero que tenia entonces la Francia después del 
de Guisa , y el rey manifestó bien el aprecio en que 
le tenia y el sentimiento que le causó su muerte , vis- 
tiendo él y haciendo que se vistiera la corle de luto. 
Esta victoria^ junto con la que á poco tiempo en 
el territorio mismo de Flandes alcanzó el mariscal se- 
ñor de Termes , rindiendo después de cinco días de 
sitio la cindad y puerto de Dunkerque , atormentó el 
ánimo del rey don Felipe , y encendió en ira el pe- 
cho del duque deSaboya, en termines que juntando 
con toda premura una hueste de quince milinfentes y 
I res mil caballos , cuyo mando dieron al valeroso fla- 
menco conde de Egmont ^^^ , ordenáronle que con la 
mayor celeridad fuese á detener y combatir al de 
Termes. Encontráronse los dos ejércitos enemigos cer- 
ca de Gravelines ^^K Egmont acometió con el mayor 
ímpetu , y Termes le recibió con igual vigor. Indecisa 
estaba la victoria entre franceses y españoles , cuando 
una flota de doce naves inglesas que corría la costa 
de Francia por aquella parte , al ruido de la artillería 

(4) ElcoDdodeAyamonte,gae (2) GravelíDgas,qaedeciaDlo8 
dicen nuestras antiguas historias, nuestros. 



30 msumik m wt aíIa* 

y mosquetería acudió, penetrando por el rio« hasta el 
lugar de la aocioD» asestaroa sus cañones contra el 
ala derecha de los franceses, rompiéronla ; esparció* 
ron el terror y el espantó en todo su ejército^ Apro- 
vecha el de Egmont el primer aturdimiento del ene- 
migo I y de tal manera completó su derrota , que de 
quince mil hombres que eran , apenas pudieron sal- 
varse trescientos , quedando todos los demás ó prisio- 
neros ó muertos, los unos ¿ manos de los soldados, 
los otros á las de los campesinos que los perseguian y 
cazaban. Entre los prisioneros, lo fué el mismo maris- 
cal señor de Termes , con mrochos capitanes , nobles y 
caballeros ilustres. La célebre derrota de Graveli- 
nes (43 de julio, 45M) fué para los franceses la se-- 
gunda parle de la que cerca de un año antes habían 
sufrido en San Quintin ^^^ * 

El desastre de Gravelines obligó al duque de Gui- 
sa á acudir, con cuantos refuerzos pudo el rey propor . 
Clonarle, á la frontera de Picardía , asi como permitió 
á Felipe 11. y al duque de Saboya reunir también to- 
das sus fuerzas y encaminarlas á la misma frontera. 
Los dos ejércitos , en número de mas de cuarenta mil 
hombres cada uno , acamparon enfrente y á muy 
corta distancia (agosto , 4 558) ; el del duque ád Sa- 
boya cerca de Durlens , el del duque de Guisa inme- 

(4) De Thou, Hist. Uaiv. li- Filippp, p. I., lib. XIII.—Robert- 
bro XX. — ^Hodreus. Aoal. Brabant. soo, Hist. del Emperador, lib. XII. 
—Cabrera, Hist. de Felipe II., lí- — Watson, Hist. de Felipe U., li- 
bro IV., cap. ii.— Leti, Vita di bro U. 



PAETAin. tino II. 3t 

diato á Pferre-PoBl» BocontrAbande de unoy otro lado 
los generales mas dtstíaguidos de Felipe y Enrique II. , 
y parecía llegado el inonieato de decidirse en un día 
ciiál de los dos monarcas babia de prevalecer y dar la 
ley á Eoropa. Mas lo^o de advirtieron síntomas de 
qae m nnos ni otros tenían gran deseo de entrar en 
batalla, y la inacción en que quedaron ambos ejércitos 
lo dejaba bien traslucir. Era mas: y es que ambos so* 
beranos temían fiar su suerte al éxito eventual de una 
lid, y ambos en su interior deseaban la paz. Enrique, 
aunque mas belicoso que Felipe , tenia los ejemplos 
de San Quintín y de Graveltnes demasiado recientes, 
para que la prudencia no moderara su impetuoso ca-* 
ricter , y para que quisiera aventurarlo todo á la suer- 
te de la guerra, que no se le habia mostrado muy pro- 
picia. ¥ Felipe, de suyo no muy guerrero^ deseaba 
también verse desembarazado de aquella lucha y de- 
jar asegurados los Países Bajos , para volverse á Es- 
paña á atender á los negocios de este reino , único en 
que , por otra parte , él sef encontraba á gusto. En 
medio de estas disposiciones , de que no dejaban de 
participar los ministros y generales de ambos, formó** 
se en la corte de Francia una intriga que vino á faci- 
litar la negociación de paz que interiormente apetecían 
unoy otro. 

Por un resentimiento personal de la duquesa de 
Valentinois contra el cardenal de Lorena, hermano 
del duque de Guisai propásese aquella señora indi- 



32 HISTORIA DB BSPiÜA» 

nar al rey Eorique á la paz, como medio para derri- 
bar de la cambre del favor real á los príncipes de Lo- 
rena y sustituir en él al coadeslable Montmoreocy, 
prisionero de Felipe 11., designándole al propio tiem- 
po como el mas á propósito para sondear las disposi- 
ciones de Felipe respecto A la paz. Parecióle bien al 
monarca francés el plan de la duquesa, y en su virtud 
y por comisión de los dos procedió el condestable á 
tratar mañosamente el asunto con el duque de Sabo- 
ya. No solo halló favorablemente dispuestos á éste y 
al rey de España, sino que obtuvo de ellos permiso 
para ir á Francia y certificar de ello á su soberano. 



Recibió Enrique á su antiguo amigo el condestable 
con las demostraciones de la mas alta estimación; con 
esto y con sus informes la de Valentinois jacabó de 
decidir al rey, y el asunto fué tan adelante que uno y 
otro soberano nombraron sus plenipotenciarios para 
tratar formalmente de la paz, conviniendo en que se 
reunieran para conferenciar en la abadía de Cercamp, 
y concertándose entretanto un armisticio. Los nom- 
brados por par^e del español fueron el duque de Al- 
ba, el príncipe de Orange, el obispo de Arras, Ruy 
Gómez de Silva y el presidente del consejo de Estado 
de Bruselas; por parte del francés lo fueron el carde- 
nal de Lorena, el mariscal de Saint-André, el obispo 
de Orange, el secretario de Estado Aubespine y el 
mismo condestable Montmorency. La Inglaterra tenía 
tambiea sus representantes. 



PARTB ni. LIBRO II* * 33 

Antes de comenzarse las conferencias recibióse la 
nueva del fallecimiento de Carlos V. en Ynste (21 de 
setiembre, 1 558). Este acontecimiento^ que hacía mas . 
necesaria la venida de Felipe II. á España» le intere- 
saba también mas en la conclusión de iS paz. Mas 
aunque todos la apetecieran, no era tan fácil conve- 
nirse en unas condiciones que pudieran conciliar los 
encontrados intereses de los contratantes. Duraban 
pues las pláticas, cuando otro suceso vino á dar nueva 
faz á la situación de los negocios, á saber, la muerte 
de la reina María de Inglaterra (17 de noviembre), y 
la sucesión de su hermana Isabel en el trono de aquel 
reino, en ocasión que el conde de Feria, embajador 
de Felipe II. en Inglaterra, andaba negociando el ma- 
trimonio de Isabel con el duque de Saboya. Sí para 
todos variaba la situación con la" muerte de la reina 
María, mucho mas afectaba y mas especialmente la 
de su esposo Felipe II. El espíritu del pueblo inglés 
no le era favorable, é Isabel representaba otros inte- 
reses, otra política y hasta otras ideas religiosas. Co - 
nocida la nueva reina, aunque joven, por su sagaci- 
dad, su instrucción y su talento, asi como por su gra- 
cia y su belleza, ambos monarcas, Enrique y Feli- 
pe, procuraron á porfia interesarla en su favor, ale- 
gando antiguos méritos , haciéndole el francés las 
mas vivas protestas de su estimación para separar- 
la de la alianza con España , y ofreciéndole el es- 
panol hasta la mano de esposo , comprometiendo - 
Tomo xiii. 3 



34 HISTORIA DB BSPaSa. 

se á obtener del pontfGce la competente dispensa- 
Oyó I^bel con prudente circunspección las pro- 
posiciones de ambos reyes; mas cuando se mostraba 
inclinada á recibir favorablemente , aunque con la 
conveniente reserva, los ofrecimientos del francés, á 
fin de ganar un amigo sin perder un aliado, come- 
tió Enrique la indiscreción d^ permitir que su nuera 
la reina de Escocia tomara el título y las armas de 
Inglaterra. Nada pudo hacer mas á propósito para que 
Isabel le retirara sn naciente confianza, y desde en- 
tonces se inclinó abiertamente del lado de Felipe. Y 
si bien en lo tocante á la estraña proposición de ma- 
trimonio, que no era el ánimo de Isabel realizar, dio 
una contestación evasiva, aunque afectuosa ^^\ orde- 
nó á los plenipotenciarios que nuevamente había nom- 
brado para las conferencias de Cercamp que obrasen 
en todo de acuerdo con los de España , sin dejar de 
darle aviso de cuanto se tratase. Felipe II. por sn par- 
te abrazó con ardor los intereses de una reina que asi 
se conduela con él, y cuyas intenciones y miras en 
lo concerniente á la religión todavía sin duda no ha- 
bla penetrado. 

Las conferencias se trasladaron de Cercamp á Ga- 
teau-Gambresis. Ofrecíanse, como era natural , gra- 
ves dificultades para llegar á.un tratado d^nitivo que 

(1) «Dixo que pensaba estar papa.» Carta del conde do Feria á 
8ÍD casarse, oorque teuia mucho Felipe U. 
escrúpulo ea lo de la dispensa del 



PAKTB 111. uno II. 35 

coQciliase los deredios de todos, y uno de los puntos 
mas dificiles de resolver era la cuestioa entre logia* 
térra y Francia sobre la posesión de Calais recien re- 
cobrada por los franceses* Sin entrar en los porme- 
noree de las pretensiones de cada parte en esta nego^ 
dación, durante la cual se entibió notablemente el in« 
teres de -Felipe en favor de la reina Isabel, y perdió 
sos esperanzas de matrimonio, por la protección 
abierta que ac^uelki comenzó á ciar á los protestantes^ 
llegóse después de muchos debatas y e^iageradas as* 
piraciones en lo relativo 4 Calais á adoptar un espe- 
diente que al menos al pronto pareció conciliatorio. 
Estipulóse pues (2 de abril, 4559} que Enrique y la 
Francia continuarian en posesión de aquella plaza y 
sus dependencias por ocho años; que al espirar este 
plaie la devd verían á Inglaterra, y de no hacerlo 
pagarían quinientas mil coronas, quedando íntegro el 
derecho de los ingleses á la ocupación de Calais, todo 
con las corre^ndientes fianzas y rehenes, y con 
precauciones para el caso en que alguna de las par- 
tes moviese antes de aquel tiempo la guerra. Mas á 
pesar de todo, nadie creía en los contratantes inten- 
ción de cumplir el asiento tal como quedaba ajus- 
tado <*í. 

Mocho habia trabajado Montmorency paca llevar 
ásu término el tratado entre España y Francia, que 

(4) Rimer, FcBder. — Guinden, rías de aquella nación, y tas de 
Anal, de Inglaterra, y otras histo- Francia. 



36 HISTORIA DB ESPAÑA. 

al fia secoDcIuyó tambiea al otro día {ZAe abril) bajo 
las condícioDes siguientes:— Buena y perpetua amis- 
tad entre los dos monarcas, sus sucesores y subditos; 
mutua libertad de tráfico en ambos reinos, y reposi- 
ción á cada uno en sus privilegios y bienes: — Confir- 
mación de los antiguos tratados y confederaciones, en 
cuanto fueran compatibles con el presente: — ^Compro- 
miso recíproco de defender la Santa Iglesia Romana 
y la jurisdicción del concilio general:— -Que el rey de 
España devolvería la ciudad de San Quintín, Ham y 
Chatelet, y el de Francia restituirla Thionville, Ma- 
rienburg y otras plazas que hablan pertenecido al es- 
pañol, ea el estado que se bailasen y sacando cada uno 
su artillería:— Hesdin y su territorio se reincorpora- 
rían al antiguo patrimonio del rey de España, y se 
devolvería al mismo el condado de Charoláis:— Que 
lo que uno y otro poseían en el marquesado de Mont- 
ferrato se devolvería al duque de Mantua; Córcega á 
los genoveses, y Valenza de Milán al rey de Espa- 
ña: — Que Felipe IL casaría con la princesa Isabel, 
hija de Enrique IL de Francia, no obstante haberse 
tratado el matrimonio de esta princesa coa el príncipe 
Carlos, hijo de Felipe: — ^Que el duque de Saboya to- 
maría por esposa á Margarita, hermana del rey En- 
rique: — Que el francés volvería al de Saboya todo lo 
que le había ocupado en su país, á escepcion de algu^ 
ñas ciudades que se designaron, hasta que se arre- 
glaran ciertas diferencias:— Que la misma paz con to- 



PARTE III. LIBRO II. 37 

dos sus artículos serviria para el delfin de Fradcia y 
para el^ príncipe Carlos de España:-— Que en ella se- 
rían comprendidos los amigos de los monarcas contra- 
tantesy y el príncipe de Orange seria completamente 
repuesto en su principado ^*^ . 

Tales fueron las condiciooes del célebre tratado 
de paz de Cateau-Gambresis , que parecía restablecer 
la tranquilidad de Europa y dirimir las sangrientas 
contiendas de cerca de medio siglo entre Francia y 
España. Lleváronlo muy á mal los franceses , miran- 
do como una afrenta y un desdoro nacional la ceaon 
de cerba de doscientas ciudades que su rey poseía en 
Italia y en los Países Bajos, á cambio de las tres pe- 
queñas plazas de San Quintín, Ham y Cbateletque se 
devolvían á su nación, y quejábanse amargamente de 
la debilidad de Enrique en haber suscrito una paz 
que algunos calificaron de la mas miserable y ver- 
gonzosa para la Francia que se hubiera visto jamás 
en el mundo ^^K En cambio pocas veces las naciones 

(4) Colección de Tratados, to- 498 en Flandes, el Piamonte, Tos- 

mo II. — ^Recueil des Traites de cana y Córcega. Cosa vergonzosa, 

paix, tréves, etc. Amsterdam, y que ba marchitado la memoria 

4700, tom. I. de Enrique II. con eterno oprobio. 

(2) Amelot de la Houttaie, en Si el procurador general del Par- 

8US Observaciones á este tratado, lamento de París nabia protestado 

dice: «En fin, se concluyó la paz á en 1520 contra los tratados de Ma- 

principios de abril, pero con con- drid y Cambray, y el canciller 

díciones tan desventajosas para la Olivier contra el de Crespy, todos 

Francia, que no hubiera podido los parlamentos de Francia tenia n 

exigir otras Felipe II. si hubiera derecho de protestar de nulidad 

estado en París. Baste decir, que contra la paz de Cateau-vCambre- 

por tres ciudades que volvió en sis^ que debilitaba mucho mas el 

Picardía, á saber: Ham, el Chale- reino que lo había hecho la pér- 

let y San Quintín, le dio Enrique dida de las batallas de San Quin- 



38 HISTORIA DB BSPAfÍA* 

cristiana, casi todas comprendidas en el tratado, han 
recibido y cdebrado con mas júbilo un concierto que 
les restituía el sosiego que todas necesitaban y ape- 
tecían. 

El rey Enrique II fué el prinero que, á pesar de 
las murmuraciones de sus subditos, dié el ejemplo de 
cumplir fielmente los compromisos que por el pacto 
babia adquirido. El duque Filiberto de Saboya se 
trasladó inmediatamente á París con numeroso cornil 
tira á celetH-ar sus bodas can la princesa Margarita; y 
el rey Felipe II envió tambim al duque de Alba con 
espléndido acompañamiento para que se desposase ea 
su nombre con la joven princesa Isabel» Pareció ha- 
berse querido borrar el disgusto de la Francia por 
este tratado con el brillo de las fiestas que se dispu- 
sieron para solemnizar las bodas, que al fin tuvieron 
un trágico remate. &itre otras diversiones hubo un 
soberbio torneo, á que asistió toda la corte y en que 
tomó parto como caballero el rey Enrique IL y rom- 
pió con aplauso general dos lanzas. Restábale la ter^ 
cera, para la cual tuvo la fatal inspiración de excitar 
al conde Montgomery, su capitán de guardias, á justar 
con éh Resistíase el conde , como por otra inspiración 
mas feliz , pero instado con empeño por su soberano 
salió coa él á la liza. Arremetiéronse los dos comba- 
tientes, con tan mala suerte para el rey , que pene- 

tin y Gravelines, puesto que la ñecueil des Traites de paia^ to- 
Francia perdía en ud díalo que mo l.,pág. 33. 
había ganado en treinta años.» 



f 



Ká&n lu. uteo II. 39 

Iraado la lanza de $u adversario por la abertura da 
su visera» enlriisele por un ojo basta el cerebro ; cayó 
el rey moribundo y sin coMCÍmiento« y ^n qua le al- 
canzase remedio humano murió á los pocos días (1 de 
julio, 1 5&9), precisamente eo el que se cumplía el se- 
gundo aniversario -de la lamosa derrota de San Quin^ 
lia. Sucedióle en el irfmo su hijo Francisco II.» joven 
de diez y seis años» y tan débil de cuerpo como^ de 
espíritu. 

A poco tiempo de este suceso terminó también su 
torbuleato pontificado el papa Paulo IV (48 de agos- 
to» 4559). De manera que en un breve período des- 
aparecieron de la escena» como nota un historiador, 
casi todos los personages que desempeñarojí los prin- 
cipales papeles en el gran teatro de Europa. Es cier- 
tamente digno de observarse que en menos de un 
aoo (del 21 de setiembre de 4 558 al 4 8 de agosto 
de 59) cayeran bajo la guadaña de la muerte sobe- 
rano8| príncipes y personages de tanta cuepta como 
el emperador Carlos V.» sus dos hermanas las reinas 
de Francia y de Hungría doña Leonor y doña María» 
dos reyes de Dinamarca» Cristian y Cristerno» la rei- 
na Mbría de Inglaterra , Enrique II de Francia » el 
papa Paulo IV.» el dux de Venecia» el duque de Fer- 
rara y variqa príncipes electores del imperio. Esto 
solo hubiera bastado para dar un nuevo giro á ja po- 
lítica y á las relaciones de los príncipes de Europa 
entre si » cuanto mas agregándole los importantes 



40 mSTOlUA DE BSPAfÍA. 

tratados de paz celebrados últtmameote entre las prin- 
cipales potencias. 

Felipe II. después de la de Gatea u-Cambresís podo 
ya dedicarse á dejar organizado el gobierno de los 
Pais&s Bajos para realizar su apetecido regreso á Es- 
pana » que anhelaban también sus pueblos, según lue- 
go habremos de ver. Al efecto distribuyó los gobier- 
nos de las diez y siete provincias que constituían los 
Estados de Flandes « premiando con ellos á los nobles 
flamencos que mejor le hablan servido en las anterio- 
res guerras; encomendó el Luxemburgo al conde de 
Mansfeld ; el condado de Flandes y su confinante el 
Artois al conde de Egmont ; la Flandes francesa á 
Juan de Montmorency, señor de Montigny; la Holan- 
da, Zelanda y Ulrech al principe deOrange Guillermo 
de Nassau ; la Frisia Occidental al conde de Arem- 
berg ; y asi las demás. De estos proceres los mas no- 
tables y los mas beneméritos eran , el conde de Eg- 
mont, á quien se debia en gran parte la victonia de 
San Quintín , y muy principalmente la de Gravaiines, 
y el príncipe de Orange> que adema&de su esclare- 
cida estirpe y de sus grandes estados en Alemania y 
en Flandes habla hecho importantes servicios y por 
muchos años, ya en calidad do consejero , ya de ca- 
pitan y lugarteniente general , asi á Carlos V. como á 
su hijo Felipe ^*K Para el gobierno eclesiástico de 

(1) A.reh¡vo de Sirosncas, Se- sobre los negocios de Flandes, 
eretarias provinciales, leg. 2,604. publicada por Mr. Ovchard, to- 
—Correspondencia de Felipe 11. mo I., p. 4S3, 184. 



PABTB 111 UBKO II . 41 

aquellos estados, y ejercer en ellos mas influencia, y 
i fin de poder eontrarestar mejor el espíritu de la re- 
forma protestante que comunicada de Alemania se 
bailaba difundida por los Paises Bajos, aumentó Feli- 
pe las sillas episcopales , y de. cuatro solos obispados 
que había bizo tantas di<icesis como eran las provin* 
cias, y las proveyó en eclesiásticos de su confianza, 
todos conocidos por sus ideas puramente católicas 
(mayo, 4 569) ; que fué una de las novedades que 
disgustaron mas á los flamencos ^^K 

Resuelto el rey á venir á España, pensó también 
en la persona á quien había de encomendar la regen- 
cia y gobierno general de aqoellos estados. Si se hu- 
biera consultado el parecer y el voto de los flamencos, 
sin duda \e hubiera dado al conde de Egmont ó al 
príncipe de Orange. Mas no estando en este ánimo el 
«enarca , ponia el de Orange todo su interés y ahin- 
co efi que fuera nombrada la duquesa de Lorena , con 
cuyai hija pensaba casarse , prima que era del rey don 
Felipe , una de las que habían negociado la paz de 
Gambray , y por lo tanto muy querida de los flamen- 
cos. Pero temió el rey la vecindad , las relaciones y 
afinidades de la casa de Lorena con la Francia , y 
atendidas estas y otras consideraciones , decidióse Fe- 
lipe por su hermana natural Margarita de Austria , la 



• (4) Arohfff4^ de Simancas, Es- para la ere«cioD débalos duovos 
lado, leg. 518 y 5i9, donde se ha- obispados. — Estrada , Guerra de 
lia la copia de la bula de Paulo IV. Fiando, Decada I., lib. 4.* 



42 UISIOAU DB E$P£Aiks 

hija mayor de Gárloé V. , duquesa de Parma enton- 
ces » de quien se prometía que habia de ser bien reci* 
bida f asi por haber nacido en Flandes , como por ser 
hija del emperador , á quien Ibs flamencos babian si- 
do siempre tan adictos , y de la cual fiaba mas el rey 
por ser sn hermana y por estar los estados de Parma 
circundados de dominios españoles, y ademas accedía 
la princesa á enviar á España su hijo Alejandro» para 
que estuviese en poder del rey como prenda de se- 
guridad. 

Convocó , pues^ Felipe los estados generales de 
Flandes en Gante» y dióles á reconocer por gobernado-* 
ra i la dnquesa de Parma su»hermana (agosto, 1 559), 
señalándole como subvención de su cargo treinta y 
seis mil ducados de oro anuales. Ademas de los con- 
sejos de estado , justicia y hacienda que habían de 
asistir á la gobernadora , instituyó el rey otro consq'o 
privado de que nombró presidente al obispo de Arras 
Antonio Perrenot de Granvela , el hombre de la con- 
fianza del rey , como lo habia sido de la del empera - 
dor. En las instrucciones públicas y secretas que Fe* 
upe dio á su hermana , le recomendó muy especial- 
mente el punto de la religión y la vigilancia sobre los 
herejes. Respondió al rey á nombre de los estados el 
diputado de Gante Baulutio , y sin dejar de prometer 
la debida obediencia al rey y á la gobernadora , le su- 
plicaba i|«e sacase de Flandes las tropas eslrangeras, 
y que no hubiera tampoco cstrangeros en los consejos 



VAMJU ni. UBEO lU 43 

de las provincias. El rey dio buenas esperanzas de que 
lo cumpliría asi al cabo de algunos meses , y despe- 
dida la asamblea , partió de Gante á Zelanda , y em- 
barcándose en Flesinga (¿O de agosto, 1559). llegó á 
España sin contratiempo » arribando el 8 de setiembre 
al puerto de Laredo ^^^ . 



(4) Carta del rey á la duquesa la flota, pereció mucha gente, y 

deParroa, el8deaetiembre,déQ- se asegura haberse perdido una 

dolé noticia de su arribo. — Archi- hermosa colección de cuadros, es- 

vo de Shnaneafl, Balado, leg. ttl 9. tatúas y otros objetos artfstiooa de 

k\ día Mgttiente del deseiAbaroo graa mérito, (|ue el e as p ec a dor ba- 
se levantó tan terrible borrasca, oía reunido en Italia y Alemania, 
que destruyó una buena parte de 



GAPITDLO IL 

SITUACIÓN INTERIOR DEL REINO. 
»• 1656 A 1660. 

BcDlas del estado.— No alcafizané cubrir los gastos ordinarioe.— Gran- 
des necesidades del rey. inertes pedidos de dinero: ahogos de la 
nación. — Arbitrios extraordinarios. — ^Ventas de oficios, jurisdiccio- 
nes é hidalguías: empréstitos forzosos.— Mitad de las reatas ecle- 
siásticas: legitimación de los hijos de los clérigos: otros arbitrios re* 
pugnantes. — Apremios del rey; rigor en las exacciones: inconve- 
nientes. — Qué se hacia del dinero de Indias. — Escándalos y quejas 
de tomarlo el rey.— Remedio que se procuró aplicar.— Ruina del co- 
mercie—Ideas del' rey en materias de jurisdicción.— Célebre con- 
sulta del Consejo Real sobre excesos del Nuncio. — Vigorosas medi- 
das que proponía. — Espíritu del pueblo.— Cortes de 4558.— Peti- 
ciones notables. — ^Valentía de los procuradores castellanos. — Res- 
puestas ambiguas del rey. — La heregía luterana en España. — ^Rigo- 
res de la Inquisición. — Procesados ilustres: el arzobispo de Toledo: 
otros prelados.— Famoso auto de fé en Valladolid: el ductor Cazalla: 
nómina de las victimas.— Otros autos: en Zaragoza: en Murcia: en 
Sevilla.— Segundo auto de Valladolid. — Asiste el rey Felipe II., re- 
cien venido á España: dítho célebre del rey: número y nombres de 
los quemados.— Terceras nupcias de Felipe II. con Isabel de Valois. 
—Solemne y fastuosa entrada de la nueva reina en Toledo. — Fies- 
tas, espectáculos. — Jura y reconocimiento del principe Garlos. — 
Otro auto de fé en Toledo.— Cortes en 4560.— Peticion^^ notables» 
—Establece Felipe II. la corte de España en Madrid, 

Achaque ha sido de casi todos nuestros antiguos 
historiadores engolfarse en difusos y minuciosos relatos 



PAETB III. LIBtO lU 45 

de los acontecimieotos esteriores» y principalmente de 
los movimientos y sucesos militares con sos mas me- 
nudos incidentes, y solo dar tal cual fugaz y ligera no- 
ticia, ó guardar completo silencio acerca de la sitúa* 
cien interior del pais cuya historia cuentan , como si 
la vida interior de un pueblo no fuese la verdadera 
pauta de su bien ó malestar , y el barómetro mas se- 
guro para graduar el acierto ó desacierto de los prin- 
cipes que te rigen y de los hombres que le gobiernan. 
Cúmplenos á nosotro3 en esta, como en muchas otras 
ocasiones , desempeñar , de la mejor manera que po- 
damos , esta importante tarea , y llenar lo mejor que 
nos es posible este vacío que en todas ó casi todas 
nuestras historias se advierte. 

¿Cuál era la situación interior de España en los 
* primeros anos del reinado de Felipe « mientras las 
huestes españolas se batían en Ñápeles y en Lbmbar- 
día , amenazaban á Roma , y ganaban laureles en San 
Quintín y en Graveiines? — ^La nación sufria los mayo- 
res ahogos , y arrastraba una vida trabajosa , misera- 
ble y pobre , gastando toda su savia en alimentar 
aquellas y las anteriores guerras, que conlínaamenlo 
había sostenido^ el emperador, y no bastando lodos 
los esfuerzos y sacrificios del reino á subveair á las 
necesidades defuera, ni asacar al monarca y sus 
ejércitos de las escaseces y apuros que tan frecuente- 
mente paralizaban sus operaciones. 

Hablando de la vida de Carlos V. en Yuste y de 



4G msTomiA di bsfaüa. 

las guerras de so hijo coa el papa Paulo IV. y con 
Enrique II. de Francia , hemos hecho mérilo» aun- 
que incidentalmente , de las apremiianteg cartas que 
Felipe II. dirigía desde allá al «mperad^ su padre y 
á la princesa gobernadora de Castilla su hermana, 
pftra que le proporcionasen dinero y recursos con que 
salir de su apurada situación , aá como de haber en- 
viado á Espafia al príncipe de Éboli , Ruy Gómez á% 
Silva » con la espresa y esclusiva misión de activar las 
gestiones que se practicaran para levantar á toda cos- 
ta la mayor suma de numerario posible. Mascóme por 
efecto de los anterioras dispendios no alcanzaran, ni 
con mudho, las rentas del Estado á cubrir ni siquiera 
los gastos y atenciones ordinerias ^^^ , hubo que apelar 

á recursos extraordinarios. 

« 

M) Tenemos á la vista, sacada Presupuesto) de las reñías y gas- 
ñéi Arcfíivo de Simancas, «oa toa del reino en el año I S57. 
Relación (que hoy nombraríamos 

Sefton esta relación, «monta e\ cargo de las rentas 
del reino deste ano de 4557, asi^encdMzadas co- 
mo arrendadas.» 349.800,000 mrs 

Monta el situado, é prometidos, ó suspensiones. . 429.408,000 

De manera, que ^ueaa en ol reino para librar. . • 2^0<392,000 

De esto importaba ya lo librado basta i8 de marzo 
(el documento expresa todas las partidas al por- 
menorí 495.508,000 

Lo que se necesitaba todavía para los gastos ordi- 
narios del resto del año (con espresion de cada 
partida) era 497.482,000 

Gastos-ordinarios dosde 4 8 de marzo. 393.750,000 
Resto de las rentas ordinarias para 
cubrirlos 810.392,000 

Déficit para los gastos ordinarios . 478*358,000 
Concluye el documento dicien- do: «Asi mesmo, demás de lo su- 



vkwn ni. tíWM u. 47 

Entre ios arbitrios i|ue diseorrió y empleó el Con« 
sejo de Hácieada to fueron los signientei^-^Quo se 
vendieran hasta mil hidaigu(as á personas de todas 
clases, «(sin esoepoion- ni defecto de tinages ni otras 
máculas:» sacando de pronto al mercada soílamenle 
ciento eiacuenta á precio de <ánoo mil dncados cada 
nna, para qne fuese mas pronto y seguro su despa- 
cho, reservando las deftas para irlas lenagenandosu-^ 
cesivamente» á fín de que la abundancia repentina no 
rebajara su valor, y debiendo venderse á un cuento 
cada una: — la venta de jurisdicciones perpetuas, de 
lo cual se proponía el Consey'o sacar unía buena suiooa: 
-^ la de los terrenos baldios de las. pueblos, dejando 
á estos los puramente necesarios :-~ el acrecentamien- 
to de oflcios de regimientos^ juradurías y escríbanlas 
en los pueblos principales, «de que se piensa, decía 
el Consejo, sacar también buengolpe de clinero:i>-^lo 
que de la cuarta de las iglesias había dejado de co- 
brarse en los dos anos pasados:*— pedir empréstitos 
forzosos á prelados y particulares, á pagar en juros ó 
vasallos; y tan forzosos, que tratándose del obiápo de 
Córdbba á quien se pedían 200,000 ducados, decía el 
rey: «dándole á entender, que no haciéndolo de su vo- 
(duntad, será forzado aprovecharse de ello; sí todavía 

■ 

«sodicho, han venido é de cada «las rentas Reales no hay para ello, 

«día vienen cédalas é mandamien- «segand que de suso va decla- 

«ios de S. A. para librar acosta- «rado.» 

«míenlos, é cominos, é otras deb- Archivo general de Simancas, 

«das, y por esto es bien que se Estado, leg. núm. 4. 

«provea en todo, porque en lo de 



48 HISTORIA DE BSPAfÍA* 

«se escusare, se asede rigor para tomárselo por la Qie- 
«jor orden que se pudiere hacer:» — obligar al arzo- 
bispo de Toledo á que diera la mayor cantidad posi- 
ble: — al arzobispo de Sevilla 450.000 ducados: — á 
los priores y cónsules de Sevilla y de Burgos 70,000: 
— al arzobispo de Zaragoza 60,000: — venderlas vi- 
llas de Estepa y Montemolin á los condes de Ureña y 
de la Puebla: — deshacer el é5ntralo de los alumbres 
que se tenia con el papa, y venderlos á mercaderes al 
precio que pareciere mejor: — pedir á los pueblos las 
ganancias que tuvieren de los encabezamienlos de los 
diez años pasados, librándoselo en las nuevas consig- 
naciones que se habrían de hacer: — suspender los 
pagos á los acreedores, para librarlo en dichas nuevas 
consignaciones con intereses crecidos:—* beneficiar las 
minas de Guadalcanal ^^^.-^Ya se habia prohibido, 
bajo pena de la vida y perdimiento de bienes á los 
legos, bajo la de secuestro de sus rentas y temporali- 
dades y estrañamiento de los reinos á los eclesiásti- 
cos, la estraccion de dinero á Roma, ni en metálico 
ni en cédulas, por cualquier motivo que fuese ^^K 

Lejos de desaprobar el rey estos y otros arbib*io6, 
escribía desde allá instando y apremiando á que se 
hicieran efectivos sin ningún género de consideración, 
y aun previniendo que á los que se escusasen se les 

(1) Memorial del Consejo de (2) Real cédula de 4 2 de ene- 

Hacieoda al rey, oq 47 do marzo rodel557.<^ArcbívodeSímaQcas, 

de 4557.— Arcnivo de Simancas, Estado, leg. 430. 
Estado, leg. 420. 



PAiTB m. Limo n. 4& 

exigiese y saca»^ mayor cantidad. Y entre otros re- 
cursos que él añadió faé uoo el de tomar la mitad de 
las rentas eclesiásticas de España que el papa Julio IIL 
habia años antes' otorgado temporalmente á su padre 
Carlos y. para los gastos de la guerra contra los pro- 
testantes de Alemania. La bula de esta concesión ha-* 
bia sido revocada después por el pontífice, pero en 
ana junta de teólogos que allá reunió Felipe IL se 
acordó que Su Santidad no* podía revocar la bula 
después de confirmada por el reino^ por lo que estaba 
el rey (decian) en el derecho de cobrar la dicha mi- 
tad de los bienes dejas iglesias, y asi lo mandaba ^^^ . 
Usábase del mayor rigor para la exacción de los 
empréstitos, y se enviaban comisionados á las provin- 
cias para comprometer á los prelados, caballeros y 
gente hacendada. Don Diego de Acebedo, que fué coa 
esta comisión á las provincias de Aragón « Valencia y 
Cataluña, llevaba orden del rey para exigir al arzo'- 
hispo de Zara|[oza, no ya los 60,000 ducados qué pro- 
ponía el Consejo de Hacienda, sino 100,000 que man-^ 
daba S. M. Y como él se negase á aprontar mas 
de 20,000, y se dijese que enviaba su dinero á 
Navarra, se dio orden al duque de Alburquerque para 
que detuviera al portador, y si los dineros hubiesen 
pasado, los hiciera embargar ^^^ Escusábanse todos 

(4) Carta de Felipe 11. ¿ laprin- (2) Carta de la princesa sober^ 

cesa regente, en 40 de julio de nadora al rey; de Valladolid ¿ 26 

1557. — Archivo de Simancas, Es- de julio.— Archivo de Simancas 

lado, leg. 149. Estado, leg. \W. 

Tomo xiii. 4 



50 mStORlA t>B ESt»AfiA. 

cuanto podían, y los mas se limitaban á dar una ter- 
cera ó cuarta parte de lo que se les pidiera. El arzo- 
bispo de Toledo ofrecía 50,000 ducados anuales por 
espacio de seis años, y ademas el sobrante de la plata 
y de las fábricas de las iglesias del arzobispado, ha- 
ciendo cesar en ellas todas las obras que se estaban 
ejecutandoc suma que pareció mezquina, atendidas 
las enormes rentas que disfrutaba entonces la mitra 
primada, y de las cuajes se mandó hacer para este 
objeto una escrupulosa valuación ^*\ 

Se empleó basta el recurso, no solo de legitimar 
por dinero los hijos de los clérigos, sino de darles car- 
tas de hidalguía á un precio módico : arbitrio que por 
cierto, después de la herida que causó á la moralidad 
y buenas costumbres, no produjo el resultado pecu* 
niario que se iba buscando, porque ellos sabian bien 
ingeniarse para conseguir por otros medios y á me* 
ñor costa la misma gracia ^^^ • 

(1) Debemos á esta circuDstaa- ascendían aauel año las rentas de 
cía el saber ofíciaimeúte á cuanto la mesa arzobispal de Toledo. 

«En este aüó de 4557 (decía la relación que se man- 
dó hacer) ha montado el pan que cabe á ia mesa 
arzobispal 4^9,900 fanegas, 40 celemines: las 
66,65tí Fanegas do trigo; 58,909 de cebada, y 4,524 
de centeno. De estas se han vendido 425,654 fa- 
negas, un celemín, que valieron 29.444,354 mrs. 

«Las rentas de los corderos, minucias, vinos y lana 
ó otras cosas, haa Valido este año . 24.637,099 

Archivo de Simancas, Estado, ra al rey] , aunaue acá so había 

legajo 4^. propuesto y pumíGado general- 

(2) «En lo de las legítimacio- mente, incluyendo hidalguía sin 
n^ de los hijos de los clérigos distinción de que fuesen srus pa- 
{\t decía la princesa gobernado- dres hidalgos ó no, fasta agora iio 



^AátB 111, LIBEO ti. 54 

Vetaosé y se palpabao los inoitosos íncoaveaien-* 
les y perjuicios de tas véalas de oñoíos, Ututos de ho- 
nor, jarísdiúcioues» vasallos, tMildfos y todo lo demás 
que se inventó para sapar dinero, y sin embargo se- 
guían empleándose todos estos arbitrios» porque todo 
se quería justificar con las grandes y urgentes nece- 
sidades del rey, y con sos apremiantes órdenes y 
masidamientos. Llegó á ofrecerse á los comerciantes ^ 
mercaderes en pago de lo que se les tomaba los mas 
crecidos intereses, y jures á razón de 20,000 el mi- 
liar, y con todo eso y á pesar de la multitud de sa- 
crificios que se imponían á los pueblos y á los parti- 
culares de todas las clases del Estado, eslavieron muy 
lejos de corresponder los resultados de tantas exac- 
ciones á ios fines que so babia propiieato el rey don 
Felipe y á las necesidades y apuros que allá pa« 
deciil <'^ • 

Creeríase que cuando el rey, la gobernadora y el 
Consejo de Hacienda se veían en la precisión de impo* 



ba habido despacho algalio; «n* lladolkl, 16 do julio, 4557— Ar-- 

tiéodeso Bo ser muchos los quo chivo de SímaDcaa, Estado, lega-^ 

tíeoen fecoltad grande, y estos y jo 4 iO. 

JoB que no la tienea no fes faltan (O Todo esto consta autóoti- 

olros medios y remedios de que camente y con toda ostensión en 

usan; ? ansí aunque se había sin- la larguísima carta de la princesa 

nifícado se baria en moderados regente al rey, que hemos citado^ 

precios, y comeifidose á personas y que es eo verdad un documen- 

en lo^ lagares y villas deste reino to tan importante y curioso como 

cabezas de partido, para que con triste y oiscoasolador. Sentímos 

mas facilidad y comodidad la pu- no poderla insertar intega por su 

diesen traciar, no se tiene eepe- demasiada ostensión y prolija ai«- 

ranza mucha do provecho, etc.n nuciosidad> 
--Carla de h priticesa al rey; Va- 



• 



52 HI8T0EIA DB BSPAÜA. 

ner tan dolorosos gravámenes, adeinas do las gabelas 
ordinarias, habrían dejado de venir las remesas de 
oro y plata que del Nuevo Mundo solían traer nues- 
tras flotas. Y sin embargo es cierto que las flotas ve* 
nian con el oro de Indias como antes, y no en corta 
abundancia. De la que arribó á fines de 1 556 hemos 
dado cuenta en el último capitulo del libro preceden- 
la, asi como de la real cédnia para que se eip-bargá- 
ra y se aplicara al rey todo lo que venia para mer- 
caderes, panículares y difuntos, y de loque pasó con. 
los oficiales de la casa de la Contratación de Sevilla. 
Pues bien; en 1 558 llegó á Sanlucar de Barrameda la 
flota mandada por el capitán Pedro de las Roelas, 
con otra semejante remesa de oro y piata traida del 
Perú, Nueva España y Honduras. Verdad es que eran 
ya tantos los clamores que habia levantado la costum- 
bre de tomar el rey para sí lo que pertenecia á parti- 
culares y venia para ellos, tal el escándalo que esto 
producid, y tan graves los perjuicios que so irrogaban 
al comercio y á los intereses individuales, que en es- 
ta ocasión la gobernsulora y los consejos, aprovechán- 
dose de no haber recibido todavía órdenes del rey, 
mandaron que no se retuviese sino una cantidad de 
lo que venia con aquel destino. 

aCerca de lo que se habia de hacer del oro y plata 
»que en esta armada viene para los mercaderes y 
]» particulares (le decía la princesa al rey en dicíem- 
)i>bre de 155S) , se ha acá traclado, asi por los del 



PAftTB Iti. LIMO 11* S3 

MODsejo de la Hacienda como por los del consejo de 
«Estado, y por' todos juntos , después de lo haber 
»inucho Iractado y conferido, teniendo consideración 
ȇ los grandes inconvenientes que de tomar ni dete- 
Bcer estos dineros resultan , que se han diversas VO'- 
»ces á y. M. representada , y el agravio y gravísimo 
»daño que se les hace, el oual seria en lo presente 
»muy mayor por venir sobre habérseles^ tomado tantas 
n^veces y tan gran suma , y estar ios mercaderes tan 
i^quebrados, y las personas y, vecinos de las Indias tan 
i^escandalizados , y en término , gue seria totalmente 
y^aeabarlos de - destruir ^ prineipal mente no habiendo, 
»como en efecto no hay , cómo satisfacerles y darles 
»juros, por no los haber en ninguna manera, y que 

m 

ütassi seria tomarles su hacienda sin esperanza de la 
)»poder cobrar : y que assi mismo , habiendo venido 
i»para Y. M. en esta armada quantidad de dinero, que 
«aunque , según sus grandes necesidades , no baste 
»para su socorro, todavía injustifica acerca de las 
«gentes, y hace de mas mal nombre el tomarse, y 
«presupuesto que de Y. M. no habia mandato ni ór- 
«den que se tomase ni detuviese , y que teniendo en* 
«tendido que se esperaba esta armada , y proveyén- 
«dose cerca de lo que se habia de hacer del dinero 
«que para Y. M.*en ella viniese , en lo de los merca- 
«deres y particulares no manda tomar ni detener , y 
«por otras muchas consideraciones que tocan al ser^ 
«vicio de Y. M. y descargo de su Real conciencia y 



64 H19TUBIA DB BSMKa* 

^^concernientes al beneficio público » de que han par^ 
)9 tícolarmente tractado; se han resnelto en que tan so- 
flámente se detuviese desto de los tnetx^deres y par* 
«ticulares hasta quinienkoB mil ducados , y lo restañ- 
óte se les entregase luego ; en el cual parescer yo he 
«convenido , y porque siendo esto assi justo y conve- 
)>niente« el esperar á consultar á V. M. y que viniese 
»lá respuesta no era necesario , pues se presupo- 
»ne V. M. maúdaria lo mismo , y la dilación les era de 
»tan gran perjuicio, se ha assi proveído y mandado 
vrjwutar ^*^>i 

Gomo se ve por este documento , se conocía de- 
miisiádo el abuso , y aun no se atrevían á ponerle nn 
remedia radical, ni á dejar de retener algana* parte 
de «iqMlios fondos de propiedad particular , por te-» 
mor de enojar al rey. A la vista de esto, compren** 
dése sin «(uerro una de las ct^usas mas poderosas de ' 
la decadencia del comercio español desde los primeros 
reinados de le casa de Austria , y del empobiecimten^ 
to de la nación á vuelta de las grandes remesas de 
metálico que se recibían de las Indias. 

Del relato que por los documentos oficiales vamo6 
haciendo deducirá también fácilmente el lector , que 
el rey Felipe II. , no obstante su veneración á la Igle« 
sítf y á la Santa Sede, no se mostraba escrupuloso en 



(4) Carta descifrada de la Se- de diciembre de 4558.— Archivo 
repísin rrincssa á S. M. , é 47 de ^M^ancas, Estado , leg. 430. 



•«»-'-«- ■m'^.'w-^.i I ^:«n 



PABTB III. LIBIO II* KS 

tomar de las rentas eclesiásticas lo que para el retner 
dio de sus apuros creía necesario, y que bacía muy 
bien valer el derecho de una autorización pontificia^ 
una vez reconocida y confirmada por el reino* sin ad^ 
mitir la validez de la revocación hecha por bula pos^ 
tenor , en cuyo derecho no faltaban teólogos y cano- 
nistas es^ñoles que le soMu vieran. 

Celoso el monarca del mantenimiento de su juris* 
dicción oívil y temporal aun en los asuntos que -tenían 
mas relacicm con los negocios eclesiásticos, su Consejo 
participaba del mismo espíritu y de las mismas ideas. 
En una consulta qoe el Consejo Real hizo al rey sobre 
los esceaoa que cometía el nuncio de Su Santidad en 
punto. é la exacción de derechos por las dispensas y 
otros despachos, y aun en materias de jurisdicción^ 
espltcábase aquella respetable corporación en un sen^ 
tido y con una eneiigia que ahora nos parece eslranat 
conaideradoa I09 tiempos , y con uu vigor que cierta* 
menfe en pocas naciones y en pocos casos habrá sido 
igualado, aun en los siglos modernos. Después de ex- 
poner al rey los perjuicios grandes que á los natura- 
les de sus reinos se seguían • «gastando sus haciendas 
en lites y pleitos que después son baldíps , y quedán- 
dose en su pecado con dispensaciones inválidas , por , 
las cuales les llevan dinero sin tasa ni moderación,» 
pesaba á proponer al rey los remedios de aquellos es* 
cesos , y entre otras cosas, decía: 

«Que el Nuncio de Su Santidad que reside en csto^ 



M BISMRU DB BSPAtA. 

»reino8 expida gratis , porque cesando el interés, que 
»es la principal causa de los dichos escesos y desórde- 
^neSy cesará el daño ; y si esto se pudiese conseguir 
)»serfa provisión muy sánela y muy justa ; pues es 
ircierto que una de las cosas mas escrupulosas y de 
» mayor escándalo en la cristiandad es este modo de dis- 
i»pens2r y despachar en la eclesiástico por dinero , y 
wquanlo fuese posible no debria V. M. permitirlo en 
9SU reino. Y en cuanto toca af sostenimiento y provisión 
wdel Nuncio, seria justo que Su Santidad lo proveyese 
xrcomo los otros príncipes lo hacen , y cuando en esto 
»hcibiese dificultad, se podria y debía darórdén como 
»por otro medio fuese proveído y* no por este , qué, 
»como está dicho , tiene tanto escrúpulo y escanda*» 
i^lo.-^o se oponia á que Su Santidad enviara un 
nuncio <i embajador , pero en cuanto á las facultades 
qneá los dichos nuncios se dan (decia), «que estas 
yfl(is diese á perlada natural destos reinos y no á es- 
9 ¿ran^o...... porque allende de que en ellos -hay 

)» personas de tanta antoridad, letras y conciencia, 
i>á quien se podria cometer , tendrían mas inte- 
»ligencia y esperiencia en las cosas ^ y procede* 
)»rían en el uso de sus facultades con otro respe- 
is'to y consideración que los estrangeros.» Y concluía 
aconsejando á S. M. que por lo menos le señalase las 
facultades y poderes que había de tener , y le diese 
una tasa moderada para sus derechos, de la cual 
no pudiera pasar nunca, ya que la ocasión era tan 



niEtB Ifl. UBBO It. S7 

boeaa para poner romedio á estos abasos y males ^*K 
Ya qoe Gonocemos el espirito y las priodpales 
medidas de gobierno y admíaistracion del rey * de la 
prínoesa regente y de los ooasejos » réstanos conocer 
el espirita y las tendencias del pueblo « y cómo rech 
bialas provisiones del rey Felipe 11. en los primeros 
anos de su reinado. En nada podrían reflejarse, mas 
geooinamente el espirita. y las ideas del» paeblo cas- 
tellano en aqael tiempo qae en las Gdrtes que en 4 B&8 
se celebraron en Valladolid, las primeras qne se con- 
gregaron á nombre de Felipe IL 

Lo primero qne pidieÁtm con instancia , como lo 
mas importante y urgente, los procuradores de las 
dodades, faé qae el rey se riniese cnanto antes á re«* 
sidir en sns reinos (^) • Anligno afán de los castellanos, 
qoe no podian ver en paciencia qne sus monarcas sa* 
Neran de los confines de España , y anduvieran por 
eslraños paises ,- por mas glorias militares que allá 
ganaran y por mas conquistas qne hicieran. Era siem* 
pre Ciro de sos cuidados as^orar la sucesión al tro- 
no , y por eso se apresuraron también á pedir qoe 
fuera á la mayor brevedad jurado el príncipe don 
Carlos, y se pensara en casarle , porque tenia ya edad 



(4) Comalia del Consejo Beal los oficiales de \^ nanciatura.— 

é S« M. De Valladolid, 29 de ene- Archivo de Simancas, Estado, le 

ro 'de 4557.— Deniro hay ana no- gajo 4iO. 

ta de las facalMes aue tenia el (2) Cuaderno de las cortes de 

onocio de España, y la tarifa de Valladolid de 4558, impreso en 

I los derechos que sdlian percibir aquella ciudad aquel mismo año* 

por el despaobo de cada negocio Peticioa^.* 



58 UISTOIUA DB BSPAÑAk 

competente para ello. Pero disgustado et p«eblo oaa- 
tellmo del que el emperador Carlos V. hubiera lAoa- 
lado el palacio db sus reyes á estilo de Borgoña, que 
era diépeDdioso y costosísimo, pedia también que pu- 
siera casa al principe, no á la borgoñona, sino al mo- 
do y usanza de Castilla, «que es, deciao, la propia y 
muy antigua y menos costosa,» en lo cual recibiriaa 
los reinos gran merced y favor ^^K 

Animados los procuradores de un espíritu de pru- 
dente economía, celosos todavía de sos fueros popu^ 
lares; y conocedores de las verdaderas necesidades de 
los pueblos , pedian que se prorogára por otras vein- 
te años el encabezamiento general de las rentas , se- 
gún lo bafaian ya solicitado en las Cortos da 4 &S8 y 
en las de 4&63; que se revocaran las cédulas y pro* 
visiones reales para la venta de los oficios , jurísdíe- 
cienes, hidalguías, vasallos, cotos , deliesas , villas y 
lugares t y de otros que como arbitrios extraordina- 
rios había propuesto el Consejo de Hacienda y man- 
dado poaer en ejecudou el rey ; exponiendo los in- 
mensos perjuicios que sufrían sus vasallos, en espe- 
cial las clases pecheras, y el delrímenio y disnuan- 

(4) «Otrosi decimos, que de recreHCídose muchos daños; y lo 

haber tenido taotos años la Ma- que peor es, que estos reinos que 

gestad Imperial su casa al uso y son tan principales reciben en 

modo de Borgq^, y V. R, M. la ello disfavor en alguna manera é 

saya como \a tiene al presente, injuria, y so va olvidando la casa 

con tan grandes y escesivoe ^s* real al .oso y modo de Castilla, 

U)s qae barran para oonquisiar que as la propia y muy antigua y 

y ganar un reiso, se ha consumí- menos costosa; y porque se re<- 

do en ella «Da gran paiie de voes- cuerdo y escaso fo passadoetc . . . .« 

tras rentas y patrimonio real , y Petición 4.^ 



KMTB III. uno u. 59 

eion qoe so segoia al misoio pelrknooio real : á lo 
cual segij^ian otras proposiciones de medidas econó- 
micas sobre objetos particulares y pontos mas secun* 
dark» de adonoistracíon, y sobre supresión de gra- 
▼ámenea é impoealosi oomo la carga de' aposento de 
corte 7 otras anejantes. Peio al propio tiempo los 
hombres que tan prudentes economías proponían y 
deseaban , reconociendo la importancia de una buena 
l^islacíoD , y queriendo dar á la magistratura el de* 
coro que por su alta dignidad le corresponde , pedion 
ignaimente, no solo que se acabara la recopilación de 
las leyes que se habia comenzado y se estaba hacien- 
do, sino que se aumentaran y acrecentaran ios sala- 
rios á los consejeros reales, á los oidores de las chaü- 
cillerías, y á los alcaldes de casa y corte, qne cottcep- 
tuaban^ y lo estaban en efecto, mezquíname«ite re- 
muaetados^^^. 

Bl hecho, tantas teces repetido, de apoderarse el 
rey del dinero que venia de Indias para particulares y 
Boercaderes , no podia ser tolerado en silencio por los 
procoradores de los ioteneses públicos; y con una va- 
lentía que honra mucho á los diputados castellanos 
pedían al rey que se abstuviera de hacerlo en adelan- 
te, por la ruina que se seguía al comercio , y que lo 

(4) PetioiMies 5.* á -i 3.**^ Ya decorosa MiieDtecioo, y piéioD- 

Ui cbanciUeHa de Granada liabia do que ae lea foreccotara.— Ar- 

repreaenUido ¿ S. M. «n %i de chivo de í^kMocas, Estado, Wga- 

iulio de 4.o57 que el suoldo de jo4iO. 
be oidores do bastaba ^ara su 



60 HmouA DB bspaSa. 

lomado hasta eatoaces se pagara, ó por lo tneiios $ 
situara coq brevedad ^^^ • 

Seguían á esta otras peticiones, muy justas y íun- 
dadas las mas , sobre igualación de pesos y medidas 
en todo el reino (tema que se repetía casi siempre , y 
no se abandonaba nunca), sobre conservación de 
montes, depósitos de los concejos, recursos de fuerza,, 
subsidio del clero , aranceles, y otras materias de ad- 
ministración ; siendo notable la penúltima, por el 
abuso de moralidad que supone en una clase respeta- 
ble del Estado y el empeño de los procuradores en 
corregirle , á saber : que los frailes que iban á vimtar 
los monasterios de monjas no pudiesen entrar en 
ellos , sino que hiciesen la visita desde fuera y por la 
red^ aunque fuesen generales ^ provinciales ó vicarios, 
pudiendo solamente entrar un fraile anciano cuando 
hubiera que renovar el Santísimo Sacramento; «por- 
que asi conviene, decian , al servicio de Dios y de- 
cencia de los unos y los otros.» El mal se conoce que 
no era nuevo , puesto que ya en las Cortes de Valla- 
dolíd de 1 537 , y en las de 1 662 se había propuesto 
una medida semejante ^^^ • 

(I) tOiroBi decimos que por tes pasadas de 55 en la peti- 
haberse tomado para las necesi- cíod 411. Suplicamos á V. M. que 
dades de V. M. el oro y plata que de aquí adelante do lo mande to- 
• ha venido j viene de las Indfiaa mar ni tome, y gue se dé libre- 
están perdidos los mercaderes, mente á sus dueños, y que lo to- 
tratos y tratantes destos reinos, y mado se pague ó sitúe con breve- 
ha cesado la contratación en ellos, dad, y por lo situado se les des- 
de que se han seguido y siguen pachen luego sus privilegios.! 
grandes daños ¿ inconvenientet?, —Petición 33.* 
como se pidió y suplicó en las Gór- (2) Cortes de 4537, petición 



PAftTB tn. timo n. 61 

Obdénrase en estas Cortes » lo priinerot ia decaden- 
cia á que había ido viniendo el respeto á la represen- 
tación nacional , y el ascendiente y predominio qoe la 
autoridad real habia tomado; y lo segundo el carácter 
reservado y misterioso del rey. En las antiguas Cortes 
casi todo lo que los procuradores pedian lo otorgaba 
el monarca , y la fórmnla común que se estampaba al 
pie de cada petición era: «\ esto va$ respondemos que 
se hará como se pide. — A esto vos respondemos que asi 
se mandará guardar;^» ú otra semejante. Desde Cár« 
los y. comenzaron las peticiones de los procuradores 
á ser menos atendidas , y en estas primeras de Feli* 
pe II. apenas se les bizo una concesión categórica » ni 
se les dio una respuesta esplfcitamenle favorable. Las 
contestaciones del rey eran casi todas ambiguas como 
su carácter; sus fórmulas mas usadas: €Mandaremos 
ver y platicar sobre esto.— Terhémos memoria de lo que 
deciSf para lo proveer como mas convenga á nuestro 
servtdo.^'-^Ternémos cuidado se haga al tiempo y según 
como mas convenga.'^^Mandaremos á los del nuestro 
consejo que platiquen sobre lo que converná proveer y 
nos lo consulten:^ aparte de lo mucho que negaba di-» 
ciendo: ^Por agora no conviene que en esto se • haga 
nofvedad.'h 

En el capítulo qoe consagramos á describir la vi- 
da del emperador en Yüste tuvimos necesidad de 

4r7.*— Cortes de 4SMi, petición 63.*— Cortes de 4558, petición 75.» 



62 flisTomiA M wPáHih. 

apuntar, aunque ligeramente , ofreciendo ampliarlo 
en o4ro lugar (y nos referíamos al presente) , cómo 
babia comenzado á penetrar en la misma E^ia dii* 
raate el retiro claustral de Cirios y la ausencia de Fe- 
lipe, la doctrina de la reforma protestante, que tanto 
había dado que hacer al emperador en Alemania , y 
amagaba ocasionar no oienores disgustos al rey en 
los Países Bajos, Indicamos también al i i qne personas 
dd C4>enta babiai^ sido presas en Castilla y entregadas 
al tribunal de la Inquisición oomo propagadoras de la 
doctrina luterana, ó como contaminadas al menos de la 
heregídé Y vimos cuánto enojo babia causado esta no- 
vedad al emperador , y las cartas que rebosando en 
ira y en indignación habia escrito á sos hijos el rey 
don Felipe y la gobernadora doña Juana y á los del 
Consejo de la Inquisición , eKhortándolos i no tener 
piedad ni conmiseracioii coa los bereges , y á casti- 
garlos con toda la dureza y rigor posibles « sin coasi* 
deracion ni escepcion de personas ^^^ • 

Ahora añadiremos , que no creemos necesitaran 
ni el rey ni el Santo Oficio de tan fuertes escitacíoAes; 
pero que si acaso fueron necesarias, de su eficacia pu* 
do hfiber quedado bien satisfecho el emperador si 
su vida se hubiera prolongado unos meses mas, pues 
hubiera* visto elcastigo que sufrieron todos los que 
habian tenido la desgracia de predicar ó profesar las 

(4} Capítulo úUimo del libro preoedeote. 



^^\ATB tu. UitO II. 6i 

doctrínas laieranas, ó dé hacerse sospechosos de he- 
cegía , siquiera foese por sus relaciones de amistad ó 
parentesco con ellos. El tribanal de la Inquisición fun- 
eboaba enloMes en toda sd plenitod , bajo el i aflujo 
de^ inquisidor genera) don Fernando Valdés , arm* 
bispo de Sevilla , el Torquemada del siglo XVI. ; el 
rey le protegía , y las bulas del pontífice Paulo IV. 
abrían tan ancha puerta á los ioquisídores , y daban 
tal laxitud á las interpretaciones mas arbitrarías , que 
bien podían sacrificar impunemente á enantes tuvie- 
ra!) la desdicha de ser denunciados, dando á la sen- 
tencia todo color de legalidad. Pues por una de estas 
bulas facultaba el pontífice al inquisidor general Val- 
dés para que, con los^del Consejo de la Suprema, pn-* 
diera relegar al brazo secular á los dogmatizantes, 
. aunque no fuesen relapsos, y á todos los he. reges que 
mereciesen pena de muerte y abjuraran de la heregfa, 
cao de ánimo y pura conciencia ^ ¿im pet temor de la 
mu/erte ó por librarse de las cárceles <^K^ Con esta bu- 
la, ¿quién ponia trabas á la arbitrariedad de los in- 
quisidores? ¿quién de los denunciados podía creerse 
Kbre de la hoguera? ¿quién podía estar seguro de que 
el mas sincero arrepentimiento, la abjuración y re^ 
tractaoíon mas verdadera no se interpretaría como 
heetia por librarse de las eárceles ó de los tormentos? 
De aqm la multitud de procesos y castigos crueles» 

(1) Bulario de InquisicíoD; en de la llisloria: Buta de Paulo lY* 
la Biblioteca do la lleal Academia en 4 de eDcro de 1559. 



64 iOSTomu DB bspaHa. 

de autos horribles de fé en casi todos los distritos de 
la península , señaladamente en Sevilla y Valladolid. 

Con poco que 90 hubiera prolongado la vida del 
emperador hubiera quedado bien satisfecho el celo 
inquisitorial que desplegó al fin de sus dias, al ver 
procesados por el Santo Oficio tantos personages ilus- 
tres por sus altos cargos, por su ciencia ó por su cu- 
na» iantos arzobispos y obispos, abades, sacerdotes, 
frailes, monjas, marqueses y grandes señores, magis- 
trados, profesores, altos funcionarios del Estado., mez- 
clados con menestrales, artesanos , sirvientes y gente 
mennda del pueblo. Hubiera visto sujetos á un pro- 
ceso inquisitorial á los arzobispos de Gradada y de 
Santiago , á los obispos de Lngo , de León , de Alme- 
ría, á teólogos insignes de los que hablan dado lustre 
á España y á la iglesia católica en el concilio de Tren- 
te. Y hubiera visto denunciado y procesado por sos* 
pechoso de luteranismo al mismo primado de la igle- 
sia española^ al arzobispo de Toledo don Fr. Barto- 
lomé de Carranza, confesor de su hijo Felipe U., y el 
mismo que habia prestado los auxilios de la religión al 
emperador Carlos V. en los últimos momentos de su 
vida en Yuste ; y hubiera visto procesados 4;pn ¿1 á 
todos los prelados y teólogos que habian aprobado $us 
aComentarios al Catecismo déla Doctrina Cristiana.» 

No siendo de nuestro objeto hacer una historia 
completa de lo que en materias de Inquisición pa3aba 
en España en los tres ó cuatro primeros años del rei- 



i 



rAATB III. LIBRO tÚ 65 

nado de Felipe II., nos ooocre taremos en este presen* 
te capftQlo á dar una idea de ello, haciendo una breve 
reseña de los dos solemnes autos de fé que se celebra- 
ron ea Yalladolid en el ano 4 659 » ono en ausencia 

I ' todavía, otro en presencia ya del rey Felipe IL; autos 

que pusieron en movimiento las plumas de Alemania 

^ y de Francia para escribir contra la Inquisición espa- 

ñola, por la circunstancia de que los castigados en ellos 
lo fueron por la heregía de Lutero, no habiendo re- 
parado ea los muchísimos mas que antee lo hablan 
asdo por las sectas judaica y mahometana. 

Verificóse el primero el domingo de la Santísima 
Trinidad (24 de mayo, 4659), con asistencia de la 
princesa regente, del principe de Asturias don Garlos, 
de todos los consejos, de prelados, grandes de Espa- 
ña, títulos de Castilla, individuos de las cbancillerías 
y tribunales, damas ilustres, y muchedumbre de es- 
pectadores de todas las clases de la sociedad. Para 
solemnizar el acto se habia erigido en la plaza mayor 
nn suntuoso estrado con grandes departamentos, gra- 
derías, tribunas, pulpitos y otras diversas localidades, 
unido todo á la casa consistorial. Se levantaron los 
tejados de las casas de la plaza, y sobre sus techum- 
bres se hicieron tablados, para que el numeroso pú- 
blico tuviera desde donde presenciar el espectáculo 
con la posible comodidad ^*) . Treinta y un delincuen- 

I (4) Para estas noticias toDemos testigo competente al diasiguion- 

la vista ana Relación hecha por te del auto en Valladolid, y copia- 

ToMO XIII. 5 



66 ritSTORU DE BSPAÍÍA* 

tes eraa los destíaados á figurar ea esU^ terrible ce- 
remoQía; de ellos diez y seis para ser reconciliados con 
peoitencias» catorce condenados á muerte» y un difunto, 
en estatua. Salió el primero, y sentáronle en la silla 
mas alta del teatro (que asi le llamaban), el doctor don 
Agustín de Cazalla, canónigo de Salamanca y predica* 
dor del emperador y del rey, hijo de su contador, acu- 
sado y condenado á muerte por herege luterano dog* 
matizante: habia negado primero y confesado después; 
se confesó, comulgó y reconcilió con ejemplar arre-^ 
pentimiento con fray Antonio de la Carrera; en lodo 
el tránsito hasta el lugar del suplicio fué predicando 
á sus mismos compañeros de proceso, exhortándolos 
á retractar sus errores y morir en la verdadera fé, 
dirigiendo al pueblo y á los mismos sentenciados los 
consejos mas sanos y ortodoxos, palabras llenas de 
uQjcion y de caridad. Sufrió con resignación cristiana 
la muerte en garrote, y su cadáver fué después que- 
mado en la hoguera ^^K 



da por nosotros del archivo de SI- tico. La Relaoioa concloye dicioD- 
mancas , (Negociado do Estado, do*. «Y ansi pasó delante basta ile- 
leg. 437). En esta relación se dan «gar al palo, predicando siempre 
muy curiosos pormenores , que «y amonestando á que reverencia- 
nosotros no podemos detenernos «fsen los ministros de la Iglesia y 
á referir. «honrasen las religiones. Llegado 
(\) Tenemos también á la vis- «al lugar de su tormento, antes 
ia la información auténtica de los «que se apease para subir, se re- 
últimos momentos del doctor Ga- <icoucilió conmigo que se había 
zalla, dada por su mismo confesor «confesado: luego sin mas dilación 
Fr. Antonio de la Carrera al in« <!rle pusieron en el pescuezo ol ar- 
quisidor mayor, arzobispo de Se- «golla, y estando ansi, tornó otra 
y illa, en que se vo cuan cristiana- «vez á amonestar á todos y rogar- 
mente murió aquel docto eclesiás* «les que le encomendasen á Núes- 



#ARTB t(l. LtBRO lU 67 

2. ^ Don Francidco de Vivero Cazalla, hermano 
del doctor» párroco del obíáp^do dé Paleocía: se con- 
fesó, marió en garrote y tné qtíetnado ^'^ . 

3.^ DofiaBeatrízdé Vivero Cazdlla, hermana 
también, beata: se confesó, marió en el garrote y faé 
qoemada. Llevaba sambenito, coroza en la cabeza y 
cruz en la mano. 

4. ® La estatua y huesos de doña Leonor de Vi- 
vero, madre de los Cazallas. Habiá está señora mner^ 
to en opinión de católica, pero acusada después de 
luterana por el fiscal de la Inquisición, por haberse 
averiguado ser su casa el punto donde se reuniatl sus 
hijos con otros luteranos, se la mandó desenterrar, 
conducir sus huesos en un ataúd al auto de fé, y su 
efigie vestida del sambenito con llamas, para ser to- 
do quemado: se mandó también arrasar su casa con 
prohibición de reedificarla, y que se pusiera en "el 
solar un monumento con una inscripción infama^ 
toria. 



«tro Señor, y ea comeazaado á «ReverendUímo, lo quo pasó en 

cdecir el Credo, le apreiaroo el «eaMs caso, lo cual ful testigo de 

«garrote y el cordel, y llegado al «vista, sio apartarme un punto de 

•cabo ^ le apretaron, y ansí acá- «este hambre, desde que le con- 

«bó la vida con semejante muerte «fesó hasta que fué difunto. — Sier- 

«y dio el alma, la cual por cierto «vo y catJellan de V. S. (., Fr. An- 

«yo tengo averiguado que fuó ca- «tomo de la Carrera.»— Archivo 

«mioo ae la salvación*, en esto no de Simancas, Estado, legajo 437. 
«tengo ninguna dubda, sino que (4) Este, dice la Relación, lie- 

«Nuestro Señor que fué servido Taba mordaza . «é hizo grandes 

«darle conocimiento y arrepentí- bascas hasta que se la quitaron , y 

«miento, y reducirle a la confesión le dieron agua, y luego se la vol- 

«de su fé, será servido darle glo- vieron á poner.» 
•ria. Esto es, señor Ilustrisimo y 



68 HISTOEtA DB ESPAÍIA* 

5. ^ Don Alooso Pérez, presbítero y maestro de 
teología; degradado^ agarrotado y quemado^ 

6. ^ Don Cristóbal de Ocampo, vecioo de Zamo-* 
ra« caballero del orden de San Joan^ limosnero del 
gran prior de Castilla y León; id. 

7. ^ Don Cristóbal de Padilla, caballero de Za- 
mora; id. 

8. ^ El licenciado Antonio Herreruelo , abogado 
deToni; murió impenitente, y fué quemado vivo ^^K 

9. ^ Juan García, platero de Valladolíd; se coa* 
fesó, murió en garrote, y se quemó su cadáver. 

10« ^ El licenciado Francisco Pérez de Herrera, 
juez de contrabandos de la ciudad de Logroño; id. 

11.^ Dona Catalina Ortega» hija de Hernando 
Díaz, fiscal del Consejo real de Castilla, y viuda del 
comendador Loaisa; id. 

12. ^ Isabel de Estrada, vecina de Pedresa; id* 

13.^ Catalina Román, beata, del mismo pue- 
blo; id . 

4 4.^ Juana Velazquez, criada de la marquesa 
deAlcañices; id. 

45. ^ Gonzalo Baeza, portugués, vecino de Lis* 
boa; por judaizante; id. 

Todbs estos, después de haber abjurado y confe-* 
sado como verdaderos penitentes, fueron condenados 

(4) A este le fué predicando el con horrible serenidad, en silen- 

doctor Gazalla hasta el patibulo cío, y sin lanzar un solo grito ui 

?f hasta el mismo quemadero, y no esclamacion de dolor, 
e pudo convertir: sufrió el fuego 



FAETB lU. LIBRO II. 69 

i la pena de garrote, quemados en cadáver y confisca- 
dos sos bieaes, excepto el liceociado Herreruelo que 
fué quemado vivo por impeniteute. Los diez y seid res* 
tanles salieron al auto con sambenito, coroza, soga al 
cuello, cruz ó vela en la mano, y demás signos infa- 
mantes que se usaban, y después de reconciliados 
fueron condenados á diferentes penas, como cárcel 
perpetua irremisible, cáfcel temporal ó al arbitrio de 
los inquisidores, confiscación de bienes, perdimiento 
de oficios, destierro y otras semejantes, según babia 
sido calificado el delito de cada uno ^^K 



(4) Estos reconcüiados y peoa- 8. Dona Ana Eoriquez, hija 

dos faeroD: del marqués de Alcañices: sambe- 
nito, confiscación. 

A. D. Joan de Vivero Cazalla, 9. D. Joan de Ulloa Pereira, 

bennano del doctor : sambenito, vecino de Toro, caballero de San 

coofiscacioa, cárcel perpetua irre- Juan de Jerusalen: sambenito, oo- 

misible. ta de infamia, confiscación de bie- 

S. Dona Juana de Silva, su mu- nes y privación de honores. 

ger; sambenito hasta la cárcel. 40. Doia liaría de Rojas, ber- 

3. Doña Constanza de Vivero, mana de la marquesa de Alcañí- 
hermana de loa Gazallas, muger ees, monja en Santa Catalina de 
del contador del rey Hernando Valladolid: condenada á ser la úl- 
Ortiz : aambenito , confiscación, tima de la comunidad en su con- 
cárcel perpetua irremisible. vento, y á privación de voto actir- 

4. D. Pedro Sarmiento de Ro- yo y pasivo. 

jas, caballero del orden de San- 44. Doña Leonor de Cisneros, 

tía^o y comendador mayor de muger del licenciado Berreruelo: 

Quintana, hijo del primer mar- sanioenito, confiscación y cárcel 

qués de Poza: id. id. perpetua. 

5. D. Luís de Rojas Enriques, 12. María de Saavedra, muger 
sobrino del antecedente: sambe- del hidalgo Gisneros: id. id. 

Dito inaia la cárcel, confiscación 13. Antón Waser, inglés, cría- 
de bienes, destierro, privación de do de don Luis de Rojas: reclusión 
armas y ráballo. por un año en un convento. 

6. Doña Francisca de Zúñiga, 44» Isabel Domínguez , criada 
hija del licenciado Raeza, conta- da doña Beatriz de Vivero: sam- 
dor del rey: sambenito, cárcel per- benito y cárcel perpetua. 

petua y confiscación. 4 5. Antón DommgueZf su ber- 

7. Doña Mencía de Figoeroa, mano: id, id. 

muger del Sarmiento: id. id. 46. Daniel de la Cuadra, la- 



70 HISTO&IA DB BSPAfiA* 

V Al tíempo que esto pasaba eo Valladolid e|ercí« 
taopihíeB el Santo Oficio sas rigores en otros distritos 
de la península. En el parte que los del Consigo de la 
Inquisición daban al rey de haberse verífieado el auto 
de fé de que acabamos de hablar, le decian: «Los in-* 
squisidores de Zaragoza nos han enviado relación que 
i»en 47 de abril hicieron auto de la fát en el cual de* 
» terminaron denlo y doce causas , y entre ellas dos 
»de lutheranos , y que quedan en las cárceles mu- 
»chos presos, y los doce lutheranos.-~Los inquisidor- 
»res de Sevilla avisan que tienen ya votadas mas de 
» ochenta causas, y que con brevedad harán auto: 
»hecho, daremos aviso á V* H. — ^En el auto que úllir- 
» mámente se hizQ en Murcia relaxaron catorce per- 
»sonas , las cpas porceremonias judaicas, y otras por 
)»de moros, y se reconciliaron cuarenta y dos : están 
)»preso8 muchos, y sustáncianse sus procesos para de- 
» terminarlos con brevedad. Esperamos en N* S., co* 
»ya es la causa, dará fuerzas para que todo se haga 
)»á gloria suya y como V. M. seaservido*^.** <^^«» 
De no haber aflojado en la sustanciacion y fallo 



brador, veivico de Fedross*. id. id. los doaumoalios á qu« aquí dos re* 

feriólos. 

Predicó en este célebre auto el (1) «Bq VaHadodíd 30í de mayo 

sermón de la féel maestro Fr. Mol- t559«— De V. If . huMildea cape- 

chor Cano, obispo electo de Cana- «Uaoes que su Reales asaoos oe« 

rías , y nao do los teólogos mas «san.'— Él lioeaciado HoUalora*— 

distiDgaidosqueasistieroaalooB- «El lioenciado do VaHodano,— El 

cilio de TroBto. «doctor Andrés Perez^— El dootor 

Llórente en su Historia de la «Simancas.» — ^Archivo de SimaB!» 

inquisición, tomo IV. cap. XX. cas, Estado, leg. 473. 
demuestra baber conocido tamlMen 



PABTB lil, LIBftO II. 71 

de ias caudas el Iribonal de SevUla , según anQoeiaba 
al rey el Goosejo, dio testimonio el auto de fé que eir 
la plaza de San Francisco de aquella ciudad ae cele- 
bró el 24 de setiembre (1659), con poca menor 
solemnidad que el de Yalladoiid, puesto que solo le 
faltó la asistencia de los principes. Presidíale como 
¥ice -inquisidor general y delegado del arzobispo 
Valdés , el obispo de Tarazona don Juan González, y 
como inquisidores del distrito los muy magníficos se** 
Bores Andrés Gaseo , Miguel del Carpió y Francisco 
6aldo, y el provisor Joan de Ovando. Hubo en este 
auto veintiuno relajados en persona , y ochenta re- 
conciliados y penitenciados, siendo notable por la ca<^ 
lidad de las personas que sufrieron la muerte y la ho- 
guera , y por la tenacidad de aquellas en sostener las 
opiniones luteranas, puestoque los hubo tan contuma- 
eee, que prefirieron ser quemados vivos á dar la me- 
nor seial de retractación ni arrepentimiento , y otros 
solo manifestaron una contrición dudosa cuando se 
viercm alados ya al palo y con el fuego debajo de sus 
pies ^^K 

Suponían los inquisidores que de estos especia-* 

(4 ) Entre las personas notables León, v las doncellas nobles dona 

que perecieron en este a ato de Marta ae Viméa, dona Maria Gor^ 

SevUuA , podemos contar é don nel, doña María de Boborques, y 

Joan Ponce de León, hijo segundo dona Isabel de Baena : las ca» 

del conde de Bailen, j prknoher- sbs de esta última se mandaron 

meoodelduqoe de Arcos, los pros- también arrasar y poner en su 

bíteros y reli^OBOs don Joan Gon- área un mármol oon un letrero in- 

zalez, fray Cristóbal de Arellano, famatorio, como en las de doña 

fray García de Arias, fray Juan de Leonor de Virero en Valladolid. 



72 HISTOEU DE BSPAKA. 

culos tendría gusto en dísfratar el rey don Felipe, 
aasenle hasta entonces ; y asi reservaron , como para 
agasajarle coando viniese á España y para darle una 
muestra ostensible de su celo religioso , la segunda 
parte del auto de 24 de mayo en Yalladolid. Y deci« 
mos la segunda parte , ya porque el de que vamos á 
hablar fué el resultado de la continuación del proce- 
so de los Cazallas , ya porque parece no podía tener 
otro objeto el haberse suspendido la ejecución de al- 
gunas causas fenecidas ya cuando se hizo el auto de 
mayo* Habiendo pues desembarcado el rey Felipe II 
en Laredo en el mes de setiembre (4559), según en 
el capítulo anterior dijimos , dispúsose para solem* 
nizar su regreso de Flandes y su entrada en la capí* 
tal de Castilla el auto de fé de 8 de octubre. Después 
de los arcos triunfales y otras demostraciones de re- 
gocijo, que se hicieron para su recibimiento, y al dar 
principio al espectáculo , el inquisidor general Vái- 
das tomó el juramento de costumbre al monarca de 
que defenderla y protegería el Santo Oficio de la In- 
quisición contra todo el que directa ó indirectamente 
quisiera impedir ó contrariar sus efectos ; jurólo el 
rey con el estoque en la mano ; predicó el sermón de 
fé el obispo de Cuenca , y comenzó el auto con asis- 
tencia del rey, del príncipe su hijo , de la princesa su 
hermana , del príncipe de Parma su sobrino , y de 
casi toda la grandeza de España que seguía la corte. 
Había para este día catorce desgraciados desUna- 



PARTE m. LIBIO ÍU 73 

dos á ser pasto de las llamas , y diez y seis á ser re- 
conciliados con penitencia, casi todos por inficionados 
de la heregfa de Lotero. El primero que fué sacado 
al anfiteatro fué don Carlos de Seso, caballero vero- 
nés, pero domidliado en Castilla y casado y enlazado 
con la familia de los Castillas , descendientes del rey 
don Pedro. Este habia sido el principal dogmatizador 
y el que babia difundido las doctrinas luteranas por 
los pueblos de Castilla. Yióle el rey llevar y entregar 
vivo á la hoguera por impenitente y contumaz , aun* 
que le predicaron atado ya al palo. Sufrió el fuego con 
un valor terrible ; y cuéntase que diciendo al rey: 
«¿Con qué asi me dejais quemar?» le respondió el 
monarca: « Y aun si mi hijo fuera herege como vos^ yo 
mismo traeria la Mía para quemarle (*K» Entre las 
personas sentenciadas á muerte y fuego en este auto 
se contaban , el presbítero don Pedro de Cazalla, her- 
mano del doctor ( que así quedó como esterminada 
aquella noUe familia), Fr. Femando de Puyas , fraile 
dominico, hijo de los marqueses de Poza , una monja 
del convento de Santa Clara de Yalladolid , y cuatro 
del de Belén. Otras tres monjas de este mismo mo- 
nasterio figuraron entre los reconciliados y peniten- 
ciados ^•^ . 

(4) Cabrera, Historia de Fe)i- Fr. Dcmingo de Rojas, eo cadáver, 

pe II., lib. V. cap. 3. El lioenciaao Diego Sánchez, id. 

(3) Nómina de los castigados D. Podro do Gazalla^ id. 

en el auto de fé de 8 de ociabre, Juan Sánchez, vivo. 

Quemados, Doña Maria de Guevara, en ca« 
D. Carlos de Seso, quemado vivo. dáver. 



74 HISTOAU US BSPAÑA« 

Es en verdad circunstanda digna de notarse qoe 
al üempo que en España ejercía de esta manera sus 
rigores el Santo Oficio , á presencia y con aprobación 
y beneplácito del rey y de las personas refiAes» el pue- 
blor omano con ocaáon de la muerte del papa Paolo IV. 
se amotinaba contra los ministros de la Inquisición « 
abría las cárceles, soltaba los presos» asaltaba el mo- 
nasterio de la Minerva, perseguía á muerte á los frai- 
les dominicos, rompía la estatua y escudo del pontífi- 
ce , y hubiera asesinado al cardenal GarafTá y á sus 
hermanos, si Marco Antonio Golonna y Julián Cesaría 
no no hubieran llegado á tiempo de defender contra 
el furor popular asi á estos como á los dominicos in- 
quisidores ^*K 

Felipe , después de haber 8olemnÍ2ado con su pre- 



Doca Calalioa de Reino»», id. Ooaa Teresa de Oxpa, 

Dona Margarita do Saotisteban, Ana de Mendoza. 

ídem. Magdalena Gvtierres. 

Doña Maria de Miranda, id. (Las Leonor de Toro. 

cuatro, monjas de Belén). Ana de Calvo* beata. 

Dona Eufrasia de Mendoza, mon- Francisco de Coca. 

ja de Santa Clara, id. Gertoimo López. 
Pedro de Sotelo, id. Isabel de Pedresa. 
Francisco de Almarza, id. Catalina Becerra. 
Gaspar Blanco, id. Antón González. 
Juana Sancbez , beata , difuB- Pedro de Acuitar. Condenados es- 
ta, quemados sos bueaoa y sa tos á vanas penaa. 

efigie. 

Archivo de Simancae, Cstado, 

Reconcüiados con penitencia, legajo 437.— Llórente, Hist. de la 

Inquisición, tom. IV., capu XX., 

Dona Felipa de Heredia. art. 2.'— Cabrera, Hist. de Feli- 

Uona Catalina de Alcaráz. pe 11. , lib. V., cap. 3. 

Doña Maria de Reinoso (Todas (4) Cabrera, Hist. de Felipe U., 

tres mooias de Belén). lib. V. c. 3.-*Letí, Vita, p. I. li- 
Doña Isabel de Castilla* - bro XIV. 
Doña Catalina de Castilla. 



senda el auto de íé , partió para Madrid , Araojuez y 
Toledo. 

Eo el segundo de estos puntos espidió una prag-^ 
mátíca de tas mas estranas y notables que habrá dic^ 
tado Bingqn soberano. Es un documento que revela 
á las otaras el carácter y las miras de Felipe IK, y 
descubre todo un sistema poUlico y de gobierna 
Decidido » se conoce» á impedir por todos los medios 
imaginables que acabaran de penetrar en España las 
doctrinas de la reforma , que habian comenaado á in«e 
filtrarse en ella , parece se propuso aislarla completar 
mente del movimiento intelectual del mundo , y poner 
una muralla entre España y Europa , y una aduana 
por donde no pudiera pasar una sola idea. Probibiót 
pues t por esta prago^álica á todos sus subditos , ecle*- 
siásticos y legos , ir á estudiar en las universidadest 
colegios ó escuelas de fuera del reino; porque alos 
» dichos nuestros subditos, decia , que salen fuera des- 
víos reinos á estudiar, allende del trab«^, costas y 
» peligros « con la comunicación de los estrangeros y 
»de otras nadones se divierten y distraen , y vienen 
»en otros inconvenientes.. .•«•• Por lo cual mandamos 
i^que de aqui adelante ninguno de los nuestros súbdi- 
utos y naturales, de cualquier esiado, condición y 
«calidad que sean , eclesiásticos ó seglares, frailes ni 
«clérigos, ni otros algunos, no puedan ir ni salir des- 
oíos reinos á estudiar , ni enseñar , ni aprender , ni á 
«estar ni residir en universidades, ni estudios ni co- 



76 HISTORIA DE BSPAfiA. 

Diegios fuera destos reinos ; y que ios que hasta ago- 
»ra y al presente estuvieren y residieren en las tales 
» universidades, estudios ó colegios « se salgan y no 
»estén mas en ellos dentro de cuatro meses después 
hde la data y publicación desta nuestra carta; y que 
)»las personas que contra lo contenido y mandado en 
»esta nuestra carta fueren y salieren á estudiar y 
»aprender, enseñar , leer, residir ó estar en las di- 
i^chas universidades , estudios ó colegios fuera destos 
i> reinos; á los que estando ya en ellos, y no sesalie- 
i»ren y fueren y partieren dentro del dicho tiempo, 
»sin tomar ni volver á ellos, siendo eclesiásticos, 
afrailes ó clérigos, de cualquier estado, dignidad 
»y condición que sean, sean habidos por extraños y 
»agenos destos reinos, y pierdan y les sean tomadas 
)»las temporalidades que en ellos tuvieren; y los 
x>legos cayan y incurran en pena de perdimiento de 
» todos sos bienes, y destierro perpetuo destos reí- 
anos etc. ^*Kt^ 

No era fácil imaginar que hubiera un soberano en 
el siglo XVL que quisiera incomunicar intelectual- 
mente su nación con el resto del mundo, y que hi- 
ciera crimen en sus subditos enseñar á otros hombres 
ó aprender de ellos , hasta el punto de privarlos de 
sos bienes y hasta del derecho de nacionalidad. Con 

(4) Pragmática de 22 de do- 4563 eo Alcalá á continaacion del 
vicmbre de 1559 en Aranjuez.— cuaderBO de cortes de 4559* 
Esta pragmática se imprimió en 



PAiTB ni. UBAO n« 77 

esto y ooD los autos de fé tan repetidos, comprimido y 
como encarcelado el pensamiento , llenas de trabas las 
inteligencias , sujetas las ideas á la suspicaz é inexora- 
ble censura inquisitorial . privada España del comer- 
cio literario con las demás naciones, la especie de cor- 
don sanitario de que se rodeaba á la nacion> sin duda 
era muy bueno para preservarla del contagio de la he* 
regía de que empezaba á inficionarse » y para mante- 
ner la unidad católica ; pero los demás ramos del sa- 
ber humano tenían que estancarse y como enmohe- 
cerse , quedando la España rezagada en la marcha 
intelectual del mundo y á mucha distancia detrás de 
los demás pueblos , tanto como hasta entonces se ha- 
bía adelantado á casi todas las naciones. 

Desde que Felipe 11. volvió de Flandes , no había 
cesado de dar disposiciones sobre el modo cómo ha- 
bía de ser traída á España su tercera esposa la prin- 
cesa Isabel de Valois , hermana del rey de Francia 
Francisco II. , llamada la Princesa de la Paz » asi por 
haber nacido cuando se ajustó la paz de Francia con 
Inglaterra » como por haberse concertado su boda con 
ocaáon de la paz entre Francia y España. Deseaba el 
rey que se le hiciera el recibimiento mas suntuoso po- 
sible. Al efecto comisionó al cardenal don Francisco 
de Mendoza , obispo de Burgos ^*^ , y al duque del 
Infontado para que se adelantaran hasta la raya de 

(1) Burgos no fué silla arzobispal hasta 4575. 



78 HI9T0ftIA DB EflMftl. 

Francia , y en 9U real non^bre se entregaran allí de la 
persona de la reina y la acompasasen hasta Guadala- 
jara, donde él habia de recibirla , dándoles las mas 
minuciosas instrocciones sobre el ceremonial que ha- 
bían de observar y tratamiento que habian de hacer, 
asi á la reina como á los caballeros franceses que con 
ella venían , de los coaies eran los principales el car« 
denal de Borbon y el duque de Vendóme , y espidién- 
doles para ello poderes en toda forma ^^K 

Por varios incidentes se difirió algún tiempo el 
viage de la nueva reina. Al fin cruzó el Pirineo al co- 
menzar el ano 1660 por San Juan de Pié-de-Puerto, 
y en Roncesvalles fué entregada con toda ceremonia 
(4 de enero) á los comisionados regios de Espafia , los 
cuales la trajeron con toda pompa , conforme á las 
instrucciones , hasta Guadalajara t donde se adelantó 
á incorporársele el rey desde Toledo. Veláronse alli 
los r^ios consortes (2 de febrero, 1560) , echándoles 
la bendición nupcial el cardenal obispo* de Burgos, 
y siendo padrinos, el príncipe don Garlos y la princesa 
de Portugal doña Juana su tia ^^ . 



(4) En uQ códice BAS.jle la bi- bre y dioiembre, desde el bosqoe 

blioteca del Escorial, señalado iij de Araojuez, Madrid y Toledo. — 

—23, ge halla la corresponden-» Se ha insertado esta oorrespoo- 

cía del rey con el cardenal obis- dencia en el tomo lll. de la Coleo- 

po sobre eflte asunto , con las cion de Docdmentos inéditos, pá- 

mstracciones y ceremoniales, y el gina 44 8 á 448. 

itinerario que habia de traer la (2) Actas de la entrega de la 

reina desde Poitiers ¿ Roncesva- reina Isabel; archivo de Simancas, 

lies, y otro desde Roncesvalles á Estado, leg. 384 . — Era el rey, di- 

Guadalajara: hay varias cartas del ce el historiador Cabrera, «de 33 

rey, escritas en octubre, novíem- años, 9 meses y 20 dias, y la reí- 



FAftTB HU LMM II • 79 

La entrada y recibimíeBto que en Toledo se hizo 
á la Doera reiaa de España fué solemne , magnifico y 
santooso* Simnliacros de batalla en la Vega por ñame- 
rosos cnerpos de infantería y caballerfa » lujosamente 
vestidos, unos á la morisca» á la húngara otros ; dan- 
zas de doncellas de la Sagra; otras de gitanas y de 
moriscas ; comparsas de gremios con sus estandartes; 
diferentes y muy yistosas mascaradas ; músicas y 
coros de concertadas voces ; arcos triunfales desde la 
entrada hasta la iglesia mayor y el alcázar ; los ofi- 
ciales del Santo Oficio á caballo con su estandarte 
morado; los doctores todos de la universidad; el ca^ 
bildo en pleno de toda ceremonia ; consejos « tribu na- 
les, grando^a de Bspafia ; monumentos con inscríp- 
cioaes alegóricas ; torneos , juegos de cañas y otros 
espectáculos, nadase omitió en aquellos días para 
festejar á la princesa estrangera que venia á sentarse 
en el trono de Castilla ^^K 

A los pocos dias (22 de febrero) fué jurado y re- 
conocido el príncipe Carlos en las Cortes de Toledo le- 
gítimo heredero y sucesor en los reinos de España 
con la mayor solemnidad, jurando él á su vez guar- 
na de 4 8 anos, 9 meses y 48 dias, fiestas, dice Cabrera', si la relDa 
peqaeSa,docQerpebiefrfoniiadOr no habiera enfermado de virue- 
dehcado ea la ciatura , redondo, las.» 
el rostro trígoenoy el cabello ne- Con ocasión de estas bodas 




porque la nicieron las aos co- principe don Larios v la roma Isa- 

roñas.» Bist. de Felipe D. lib. V. bel, esposa de su padre; de lo cual 

cap. VI. nos reservamos tratar adelante 

(4) cY hubieran continuado las con la debida detención. 



80 OISTOMA DB ESPAÑA, 

dar los fueros y leyes de estos reinos. Con este mo- 
tivo, y mejorada la salad de la reina, continuaroa 
las fiestas que se habiaa suspendido , y entre los di- 
ferentes espectáculos no faltó el de un auto de fe que 
se celebró el domingo de Carnestolendas, en que hu- 
bo varios penitenciados ^^K 

En otras Cortes que este año (1 660) se celebra- 
ron en aquella ciudad, y fueron las segundas del reí- 
nado de Felipe IL, bicieron los procuradores de las 
ciudades ciento once peticiones al rey , de las cuales 
algunas merecen ser mencionadas.*M)ue el soberano 
visitara las ciudades del reino para que conociera las 
personas de quienes se podria servir:— Que se refor- 
mara el lujo en los trages, dando S. M. el^ primero el 
ejemplo:— <2ue se suspendiera la venta de los lugares 
pertenecientes á la corona: — ^Que no se levantara ma^ 
no hasta acabar la Recopilación de las leyes: — Que 
no se permitiera sacar carnes y cereales de Castilla á 
los reinos de Portugal , Aragón y Valencia: — Que se 
moderaran los intereses de las deudas del rey: — Que 
no se permitiera sacar dinero del reino: — Que conti- 
nuara el rey no tomando para sí el dinero que venia 
de Indias para particulares: — Que se suprimieran las 
aduanas entre Castilla y Port ugal : — Que no se dora- 
ra ni plateara cosa alguna sino para las iglesias: — 



(4) Tenemos también la lista creemos ya innecesario reprodu- 
nommal de los sentenciados y cir aqui. 
penitenciados en este auto, qae 



pAxth ni. UBEO II. 81 

Qoe se nombraran jueces para conocer en qoé gra- 
do habían de ir las cansas 4 Roma para evitar cos- 
tas y dilaciones ^^^ :»-Que las justicias ordinarias pu- 
dieran castigar loa soldados delincuentes en delitos 
contra paisanos, no valiéndoles el fuero militar: — Que 
los qne tuvieran empleo ú oficio real no pudieran tra- 
tar en mercaderías^*) :— Que los moriscos de Granada 
no pudieran comprar esclavos negros (^^t — Que se 
persiguiera 4 los vagabundos: — Que se marcara á 
los ladrodies en el brazo:--*Que los grandes no tuvie- 
ran muchos lacayos , pues por el aliciente de la li- 
brea dejaban muchos las labores de la agricultura:— 
Qne se fortificaran las ciudades de la costa ^*^ . 

Terminadas estas Cortes, (19 de setiembre, 1 560), 
el rey don Felipe , que siempre había mostredlo afi- 
ción á residir en Madrid en las épocas y temporadas 
qne habia podido, determinó hacer de esta villa la 
residencia real permanente « y el asiento fijo de la 
corte y del gobierno supremo, dando á esta pobla- 
ción los honores y categoría de capital de España, 
llevado sin duda de la circunstancia de su centrali- 
dad, ay para que tau gran monarquía, como dice uno 



(4) Peticiónete.*, 3.?, 5.", preferencia. 

7.«, iO.* , «.•, «6.*, «7.* , 29.», (t) Peticiones 89.*, 90.», 94.», 

«•■,53.»- 98.« 

(2) Peticiones 57.* » 63.* , 64.* En estas Cortes se concedió al 

(3) Esta es la única petición de reino el encabezamiento general 
estas Cortes de que hacen mérito de las rentas y alcabalas reales 
nuestras historias; acerca de las por trece años, de los veinte que 
demás guardan completo silencio: en las auterio^s se habían pedido. 
no entendemos la razoo de esta 

Toxo XIII. 6 



82 nsTOAiA m bspaía. 

de sus historiadores, tuviese ciudad que pudiese ha^ 
cer el oficio del corazón, que su principado y asiento 
está en el medio del cuerpo para mioistrar igual méa- 
te su virtud á todos los estados <^L» Idea y deterooína* 
cioQ que el tiempo, la esperieacia, la razoa y el buen 
sentido han juzgado dq uaa manera poco favorable ai 
talento de aquel monarca. 



(4) Cabrera /Htst. de Felipe II. Tuelio, dice que íelipe IL trajo la 
lib.V., cap. 9.— Quintana, en las corte desde Toledo á Madrid el 
Grandezas de Madrid, fól. 334, ano 4563. 



CAPITULO Hf. 

AFBICA. 

LOS GELBES.-ORAN.— EL PENON DE LA GOMERA. 

1^4559 A 1564. 

PelicioQ de las Cortes al rey sobre los corsarios moros que estragaban 
las costas de B6pana.~EÍgraQ maestre de Malta y el virey de Sicilia 
aoliettankwayaieáreoahrar ¿TrípeH áe Berbería .—Felipe U. les 
eovia oba flota.-^Salida de la expedieieo.— Primeros desastres.— 
Arriba la armada á los Getbes. — ^Toma del castillo. — Piérdese lasti- 
moeamente la armada.— £í almirante turco Pialy y el terrible corsa- 
rio Dragui.*-8itiaii y atacan el fuerte.— Don Alvaro y los capitaue^i 
españoles son llevado» cautívela Constantiaopla.— El virey de Ar- 
gel intenta conquistar á Oran y Mazalquivir.^-Nueva armada espa- 
ñola en África — ^fface retirar af vírey.— Expedición enviada por Fe- 
lipe n. á la reconquista del PeSon déla Gomera.— Frustrase esta 
primera empresa.— $eganda y maá auntevoM armada eontra el Pe- 
non. — ^Don GarÓia de Toledo. — El corsario Mustafá.— Recobran el 
Peñón los españoles. — Grandes proyectos del gran turco contra el 
rey de España. 

«Otro sí dectcDos (le dectaü al rey Felipe 11. los 
procaradores de las ciudades ea las Cortes de Toledo 
de 1560), que aaaque V. fd. baf teaido siempre reía- 
«cioQ de los daños qae los turcos y moros han hecho 
«y hacen podando en corso con tantas vandas de ga«« 



84 BISTOBIA DB BSFAflA. 

* * • 

celeras y galeotas por el mar Mediterráneo, pero no ha 
«sido V. M. informado tan particularmente de lo que 
«en esto pasa, porque según es grande y lastimero el 
«negocio, no es de creer sino que si V. M, lo supiese, 
«lo habría mandado remediar : porque siendo como 
«era la mayor contratación del mundo la del mar Me- 
«diterráneo, que por él se contrataba lo de Flandes y 
«Francia con Italia y Venecianos, Sicilianos, Napolita- 
«nos, y con toda la Grecia, y aun Constan tinopla , y 
«!a Moréa y toda Turquía, y todos ellos con España, y 
«España con todos: todo esto ha cesado, porque andan 
«tan señores de la mar los dichos turcos y moros cor- 
«sarios, ({ue no pasa navio de Levante á Poniente, ni 
«de Poniente á Levante que no caiga en sus manos: y 
«son tan grandes las presas que han hecho, asi de chris- 
«tianos cautivos como de haciendas y mercancías, que 
«es sin comparación y número la riqueza que los di* 
«chos turcos y moros han ávido, y la gran destruicion 
«y assolacion que han hecho en la costa de España: 
«porque dende Perpiñan hasta la costa de Portugal las 
«tierras marítimas se están incultas, bravas, y por la- 
«brar y cultivar; porque á cuatro ó cinco leguas del 
«agua no osan las gentes estar; y asi se baQ perdido 
«y pierden las heredades que solían labrarse en lás 
«dichas tierras, y todo el pasto y aprovechamiento de 
«las dichas tierras marítimas, y las rentas reales, de 
«V. M. por esto también se disminuyen, y esgrandí* 
«sima inominia para estos reinos que una frqntera sola 



PABTB Ul. UBEO lU 86 

\ «como Argel pueda hacer y haga taa gran daño y 

} «ofensa á toda España: y pues V. M. paga ea cada 

P «uQ año taaia suma de dinero de sueldo de galeras* 

ky tiene tan principales armadas en estos reinos, po« 

«dríase esto remediar mttcho> mandando, que las di- 

«chas galeras anduviesen siempre guardando y defen- 

L cdiendo las costas de España'sin ocuparse en otra co- 

«sa alguna. Suplicamos á V. M. mande ver y consi- 

«iderar todo lo susodicho; y pues tanto va en ello» 

«mande establecer y ordenar de manera, que á lo 

«menos el armada de galeras de España no salga de 

I 

j «la demarcación della, y guarde y defienda las eos- 

I «tas del dicho mar Mediterráneo dende Perpiñan 

[ «hasta el estrecho deGíbraltar, é hasta el río de Se« 

«villa; y V. M. mande señalarles tiempo preciso que 

* «sean obligados á andar en corso y en la dicha guar- 

«dia, sin que dello osen exceder: porque en esto hará 

«y. M. servicio muy señalado á Nuestro Señor y gran 

, «hien y merced á estos reinos (^).» * 

Esta sola pelicion de los procuradores de las ciu- 
dades nos revela los daños que á la agricultura y a 1 
comercio de España estaban causando los corsarios 
torcos y moros» la necesidad de defender nuestras 
costas, y los motivos que tuvo Felipe II. para tomar 
las providencias que én esta materia adoptó á luego 
de su venida á España, mejor que todo lo que nos di- 

* • 

oen cuantas historias hemos leído. 

i (i) PeiicioD 07 .> de las Cortes de Toledo de 4559 y 6d. 



! 

í 

I 



86 HISTOEIA DE ESPAIÍA. 

Uúo de los corsarios qne mas estragos habían 
causado en las costas de los dominios -españoles, así 
de la península t como de Italia y las Baleares, era 
aquel famoso Dragut, antiguo compañero y sucesor de 
Barbaroja, de quien dimos noticia en el reinado de 
Carlos y., el conquistador y defensor terrible de la 
ciudad de África, y el que babia tenido la culpa de 
que el turco se apoderara de la ciudad de Trípoli, 
que poseían los caballeros de Malla ^^K Felipe H., en 
vez de obrar como le aconsejaban y pedían los pro- 
curadores, empleando la armada en defender las cos- 
tas del Mediterráneo, «y no€n otra cosa alguna , y 
sin que dello osaran exceder^» tuvo por mejor com- 
placer al gran maestre de Malta y al du^e de Uedi-^ 
nacelit virey entonces de Sicilia ^^ , que le babian pe- 
dido con muchas instancias les diese una armada para ' 
la reconquista de Trípoli, aproveobaado la ocasión de 
hallarse Dragat en lo interior de África haciendo la 
guerra á uno de Tos reyes de Berbería. Envió pues 
el rey una flota á Mesina i cargo de don luán de 
Mendoza, y con estas naves y las galeras <le Sicilia, 
Ñápeles, Boma, Malta y Florencia, y con la española, 
tudesca é italiana, juntó el duque de Medínaceli hasta 
cien velas entre pequeñas y grandes y sobre catorce 
mil soldados. Pero anduvo el duque virey tan poco 

(i) Véaee el cap. XXX. del li- ' eo sus Tablas croooló&icas: de 
bi o precedeute. 11 ápoles k) era don Peraian de Rh 

(2) No de Ñápeles, como dice vera. 
>quivocadameDte el seoor Sábau 



PA»E IIK LIBRO II. 87 

diUgeote, que caaodo partió de M asina óon su arma- 
da (28 de octubre, 1559), había dado lugar á que 
Dragut, que habia vuelto victorioso áTripoli, se aper- 
dbiera del objeto de la armada cristiana, metiera en 
Jrípolí un refaerto de dos mil turcos, y avisara al 
solían de Turquía para que le socorriera contra los 
eristianoa. 

Comenzó bajo malos auspicios esta espedicion, por 
otra parte mal preparada. Los alimentos y provisión 
nes que llevaba eran pocos y mal sanos; y ya en Si-* 
racusa, donde los vientos contrarios obligaron á la 
armada á detenerse, perecieron de enfermedades y 
malas comidas hasta cuatro mil hombros, y diez na- 
ves se quedaron lin gente, lo cual dio también ocasión 
á tumultos, escesos y deserciones. Últimamente, des- 
pués de no pocas averías y desastres, y casi consumi- 
dos ya los bastimentos, el duque continuó su derrota 
con la gente y naves que le quedaban, y que él creía 
le bastaban para su empresa. Mas en vez de marchar 
derecho sobre Trípoli, se encaminó ala isla de los 
Gelbes (febrero, 1 560)., de fatal recuerdo para los 
españoles. Perdió alli un tiempo precioso; las enfer- 
medades proseguian, los víveres no abundaban, mu- 
chos querían volverse á Sicilia, que hubiera sido el 
partido mas prudente, y en varios combates con los 
moros se perdieron algunos excelentes capitanes es- 
panoles. Pero al fin logró apoderarse del castillo, y 
que el jeque prestara juramento de fidelidad al rey 



88 mSTOAIA DB BSPAÜA. 

da España y ser tributario suyo (inarzo). Hizo forlifi- 
car coa graud es baluartes aquel castillo, ooolra el pa* 
reoer de muchos de sus ofioiales» que le aconsejaban 
le demoliese y fícese á atacar á Dragut en Trípoli; bien 
que de contraria opinión' era el valeroso capitán don. 
Alvaro de Sande, eí cual se daba cuanta prisa podia 
á bastecer la fortaleza de artillería, mumciones y vt- 
tuallas, no pudiendo per otra parte persuadiré de 
que. viniese la armada turca en. socorro de Dragafc 
y de los moros. 

Engañóse en esto don Alvaro, tanto como el de* 
Medinaceli, y ambos se llenaron de consternaoioo 
cuando supieron que la armada del sultán , conducida 
por el almirante Pialy , ya conocido por sus estragos 
en las costasde Italia, se aproximaba á los Gelbes(ma- 
yo, 1 5*60). Todo fué entonces confusión y desorden; los 
moros de la isla en quienes antes se hablan fiado se 
volvían en favor.de los turcos; las tropas no se ha* 
liaban en disposición de resistir á tan fuerte enemigo; 
el duque na era gran práctico en las cosas del mar, y 
al ver su irresolución y su aturdimiento, cada nave y 
cada capitán trató de síilvarse como pudo. Muchas 
galeras con la precipitación se estrellaron en los es- 
collos , oirás encallaron en los bajíos, las naves grue- 
sas y pesadas antes de desplegar las velas fueron en- 
tradas por los turcos con miserable estrago, apresaron 
aquellos treinta bajeles , mataron mas de mil hom- 
bres é hicieron cinco mil prisioneros. Los malteses. 



>»jri>:.»ri 



PARTB m. LIBEO U. 80 

de aquellos mares, faeroa los que se 
salfaron. El duque y. Juan Andrea Doria , sobrioo del 
feeiosD almirante gepovés» coa alguaos otros oficiales, 
podieroa salñr de noebe del canal sio ser vistos^ y ar-* 
ribar eon algunas galeras á Malta y Sicilia. 

No paré en esto solo la desastrosa jornada de los 
Gelbe», El virey, que tan en mal hora la babia pre- 
parado y 000 tan poco acierto dirigido , habia dejado 
eoaMModada la defimaa del castillo y el gobierno de 
la islár al valeroso don Alvaro de Sande* ofreciéndole 
qae proolo le enviaría socorros. Este intrépido gefe 
bizo «na defensa heroica contra doce mil turcos y 
multitud de moros insulares que cercaron la fortaleza 
al maftdo de Dragot y Pialy reunidos. No bubo tra<- 
baje que loa sitiados no pasaran, di proeza que no bi- 
derao en cerca de'mes y medio que duró el cerco. 
Hambre, sed, calor abrasador, enfermedades, com- 
bales diarios, salidas vigorosas, asaltos repetidos, lu- 
chas desesperadas 9 fatigas increíbles, mortandad, 
miseria , todo lo que en tales casos puede poner á 
prueba el valor de lo3 hombres, lodo lo sufrieron don 
Alvaro y los suyos, y no fué poco. eLestrago que cau« 
saron á los enemigos. Cuando Pialy y Dragtit , vién- 
dolos reducidos á la situación mas lastimosa , les inti- 
maron la rendición ofreciéndoles la vida , á la voz del 
altivo don Alvaro de Sande unieron las suyas todos 
los que quedaban para contestar que no querían sino 
morir ooQ bonra peleando por su religión y por su 



90 lUSTOlUA D£ BSPASa, 

palria. Y bacicodo ana salida ímpeJtiiOsa á la medía 
noche , forzaron las trincheras, mataron mocbedom- 

bre de turcos > y hubieran llegado hasta la tienda de 
sn general si na los detuvieran los genízaros » con los 
cuales lucharon á la desesperada hasta morir casi loa- 
dos. Don Alvaro con otros dos oficiales se abrió intré- 
pidamente paso por lo mas espeso de las Báas enemi- 
gas , y ganando la playa subió á bordo de un navio 
español barado en la costa , donde le descubrió la laz 
del dia con la rodela en un brazo y la espada en la 
mano rodeado* de turcos , que parecía no querer aca- 
barle , respetando un hombre de tan heroico valor. 
Un renegado genovés le instó á que rindiera las ar-« 
mas bajo el seguro de entregarle al almirante torco, 
y con toda consideración fué conducido á la capitana. 
Los turcos entraron en el desmantelado castillo 
(Gn de junio, 1660^, degollando ó encadenando los 
pocos soldados que eocontraron. El esforzado don Al- 
varo de Sande, don Gastón de la Cerda, hyo del du* 
que de Medinaoeli , los capitanes don Sancho Martín 
nez de Leiva, don Berenguer de Requesens, Galeazo 
Farnesio, don Juan de Córdoba y algunos otros ofi« 
cíales dis\inguidos fueron llevados á Constantinopla. 
Tal fué la famosa jornada del duque de Medinaoeli á 
los Gelbes, isla fatal á los españoles desde la primera 
invasión ^del conde Pedro Navarro en los tiempos de 
Fernando el Calólioo, y que nos recuerda también el 
desastre de don Pedro de Toledo en los de Garlos V. La 



J 



r 



MftTB 111 LfBmO u. 94 

defensa del castillo de tos Gelbes cmira Pialy y Dra« 
gut por don Alvaro de Sande en 4560 tíos trae á la 
memoria la deCast&Inovo contra Barba roja y U lamen 
por el español don Franeisco Sarmiento en 4639. Ni 
una ni otra sirvieron sino para acreditar el valor es* 
panol á costa de preciosa sangre española en- defensa 
de fortalezas que nada le importaba á España poseer, 
y en esto se consumían sus caudales y sns hombres. 
^ El almirante Pialy partió á poco tiempo pera Cons^ 
laotinopla, llamado por Solimán para' emplearle eñ 
las geerrás de Arabia, mas no lo hizo sin estragar an*^ 
les las cosías de Sicilia y de la Calabria Ulterior , y 
prosiguiendo para Mitilene y Gallipoll anibó triunfan-* 
te á la capital del imperio otomáco (27 de setiembre) 
con ios cautivos españoles» Destinó el sultán á don 
Alvaro y sus compañeros á la torre del Perro en et 
Mar Negro, donde murió el hijo de Medinaceli* Los 
demás permanecieron basta 4562, en qne con motivo 
de nn tratado de paz entre .Solimán y el emperador 
don Femando fué concertado en uno de los capítulos 
el rescate de estos ilustres prisioneros , bien que áaU. 
gunbs se les propinó pérfidamente un tósigo, y do pu«* 
dieron volver á servir ^^K 

Las posesiones españolas de la cosía de África eran 

(I) Gabrtra, UiM. de Felipe II. la edad de 93 años, dejando á s» 

lib. V.— Herrera, ea la General sobrino Juan Andrés, 6 Juaneiin 

del Mundo. — Leti, Viba, p I., li- Doria, heredero de su valor y de 

bro XV. tíii espíritu. La vida de aquel ilus-» 

En 4IS60 murió el famoso almi- tro marino fué escrita en italiano» 

ra ote geno vés, principe Doria, á por LorenítoCapellaui. 



92 HISTOMA DB BSPAJÍA. 

Otros tantos monumentos gloriosos del poderío á que 
había llegado la nación en el reinado de los Reyes 
Católicos, de las hazañosas empresas del cardenal 
Cisneros y del conde Pedro Navarro, y de los esfuer- 
zos vigorosos , alternativamente desgraciados y feli- 
ces, del emperador Carlos V. : pero eran también ud 
padrastro de España. Sienifire an>enazadas y siempre 
en pelifi:ro , so conservación costaba á Empana una es- 
pecie de sangría óontinua'de hombres, de naves y de 
dinero. Felipe 11. lo empezó á esperimentar con e\ 
desastre de los Gelbes, uno mas en la serie de los que 
habian sufrido en aquellos mares y en aquellas cos- 
tas las armadas de sus antecesores. Supo después que 
el virey de Argel , Hassen , hijo de Barbaroja , trata- 
ba de enviar una flota para levahtar los moriscos de 
Valencia y dar pasage para África á muchos, y tomó 
la determinación de desarmarlos á todos {1S62), como 
ya en las Cortes de ^ 660 le aconsejaban con mucBa 
previsión los procuradores que lo hiciese con los de 
Granada ^*K La operación se ejecutó bien y sin escitar 
alboroto. 

Pero el mismo Hassen, alentado con la derrota de 

• 

los españoles en los' Gribes, proyectó luego la con-- 
quista de Oran y de Mazalquivir , para lo cual juntó 

• 

un poderoso ejército. Otra vez tuvo Felipe II. que ar- 
mar. y equipar una flota de veinte y cuatro galeras 
que mandó construir en Barcelona , trayendo árboles 

(O PelicionS?.* 



Páxn iiu uno ii« 93 

de Flandes , remoe de Ñapóles » aituibuces y picas de 
Vizcaya , de la cual hizo general á don Jaan de Men- 
doza , dándole cerca de cuatro mil hombres de los 
que habían venido de los Países Bajos. La fatalidad 
mas siniestra parecía presidir á las espedicíones á Ar- 
gel. Apenas esta armada había salido del puerto de 
Málaga , levantóse una tempestad tan furiosa , que las 
mas de las naves se hicieron pedazos^ en las rocas» 
anegándose otras , y con ellas toda la gente de guerra 
y remo, incluso el mismo don Juan qpe la mandaba. 
Animado con esta catástrofe el vir.ey argelino» 
redobló sus escitadones á los príncipes mahometanos 
para que le ayudaran en la empresa de Oran y Ma- 
zalquivir , y en su consecuencia ^ llegó á ponerso so* 
bre esta última plaza con treinta galeras y un ejército 
de cien mil hombres (marzo, 4563). El conde de Al- 
caudete, que gobernaba aquellas tierras , había fiado 
la defensa de Mazalquivir á su hermano don Martin 
de Córdobat resueltos ambos á sostener hasta el últi- 
mo trance aquellas plazas y el honor de las armas es- 
pañolas.. El conde hacía arrojadas acometidas desde 
Oran contra los sitiadores, y don Martin rechazaba 
con no menos arrojo los asaltos. Once veces se vio 
asaltada la plaza por la numerosa morisma: los iofie* 
1^ llegaron en varías ocasiones á plantar sus están* 
dartes sobre las ruinas déla muralla (mayo, 4563^. El 
rey, que no desconocía el apuro en quedebia hallarse 
la guarnición de Mazalquivir, no omitía tampoco dili- 



o ifcí ;mu>» 



9 4 HISrMIA DS E99ÁÍA . 

geneia para enviarle 8aoorro.de Esp aña, y 
venir naves de Italia á Barodon a, y levanlando gente 
en Andalttcía, despachó una nueva armada al m ando 
de don Franciseo de Mendoza, la cuaU 4an pronto €0^ 
mo ll<^ á b viaia de Mazalquivír, acooietíóia flota 
enemiga, le apresó nueve naves y abuyenló las die- 
mas, mieiHras los del fuerte y los de Oran, alantados 
con este refuerzo, atacatMo briosamente las Iropaa de 
Hassen. Levantó pues el argeüno cobardemente el 
cerco á pesar de la gran superioridad numécica de sus 
fuerzas, y huyó precipítadamenle á Atfjtíí (junio). 
Fué persignióndole don Franciseo de Ifeadoaa, pero 
no pudo darle aítcance* Reforzó las guarniciones de 
las dos plazas, las surtió de* basiruientos, y dio la 
vuelta ,á España, donde fué recibido con gran jábilo* 
No dejó el rey sin premio á los heróicoe defensor» 
de Oran y de Mazalqeivir: hiao al conde de Alcaudete 
merced del vireinato de Navarra, premió con bastan* 
te liberalidad á so hermaao.don Martin de Córdoba^ 
y no dejó sin recompensa ni á los oficiales y soldados 
que habían sufrido los trabajos y penalidades del si* 
tio, ni á las mogeres y familias de les que habían 
perecido en él ^^K 

Hecho el socorro de Oran, é instado el rey por 
don Pedro de Venegas, gobernador de MeliUa ,• resol- 



(4) Don Luis de Cabrera, en el sitio por los diarios de Oran que 

libro' lY. do mi Historia de Feli<^ tuvo a la vista^ y feotifica vanas 

f)e lí., cap. 9, 10, Hy 43, refiere equivocaciones en que incurrió 

argamente los pormenores de este Herrera en la Generíí del Mando* 



PASTB iii« umm II. 96 

fió emplear la armada ea la cooquista 6 recoperacíoii 
del PefioD de Velez de la Gomera que desde 4523 
babia caído en poder de Uircos y moros , y estaba 
sieado oído de corsarios (pie molestaban y dañaban 
la costa fffoateriffl de Aadalociat y eran oaa téataoioD 
pedresa pcffa los moriscos granadinos. Bara esta em* 
presa fué noa^brado general, á causa de haber maer-> 
lo eo Málaga dea FraMisco de IMieodoza al salir con 
la es|iediGioii, don Sanche Martines de Letva, general 
qae habia sido de las gateras de Ñapóles. Adelantóse 
con ocho galeras el intrépido y hábil marino don AU 
varo de Bazán» y aegnfaleel resto de la armada* Es«* 
ta espedicion^ á pesar de las esperanzas y iacilidades 
qae habia dado Venegas, no produío otro resultado 
que algunos eneoentros coa los moros de las sierras, 
poes reconocido el Peñón por don Sancho , y habido 
consejo de capitanes, se rescdvió no acometerle por no 
considerarse con safícientes fuerzas para ello, y se 
acordó reembarcar la gente, y r^resá la flota á Má- 
laga (6 de agosto, (1 563). 

Esto encendió al rey don Felipe en mas vivos 
deseos de reconquistar el Peñón, en el cual todas las 
ciodades comerciales del litoral del Mediterráneo veian 
también an estorbo^ para sa .tráfico. Preparó pues otra 
mayor y mas respetable armada» compuesta de* no . 
venta y tres galeras y sesenta buques menores, lle- 
vando á bordo trece mil soldados españoles, italianos, 
alemanes y flamencos. El rey de Portugal y el gran 



96 miniiu os-tt^All^. 

maestre de Malta ayudaroo coo* sos faerzas á esita 
empresa. Habiendo fallecido el gran almirante geno- 
vés príncipe de Ifelfi Andrea Doria, díé el rey don 
Felipe el almirantazgo del- liediterráneft y el ' mando 
de esta armdda á don García de Toledo , marqués de 
Villafranca, daque de Fernandtna, gobernador de Ca- 
taluña, y sucesor del duque de Alcalá, vtrey ya de 
Ñápeles. Parecía demasiada fuerza para tal empresa, 
pero el rey quería as^urarla. Iba también don San- 
cho Martínez de Leiva, el gefede la primera espedi- 
cion. Era alcaide del Peñón el famoso corsario Gara- 
Mustafá, gran inquietador de aquellas costas y mares, 
que se creía invencible y seguro al abrigo .de aquella 
formidable fortaleza, situada entre el continente y el 
mar sobre una escarpada roca, defendida por la na- 
turaleza y por el arta, con maros flanqueados de bas- 
tiones y guarnecidos de gruesas baterías. Mustafá, 
ñotictoso de la espedicibn que contra él se preparaba, 
se había provisto de bastimentos para un año, y aguar- 
daba confia Jámente, sin que por eso dejara de avi- 
.sar al rey de Fe? y pedirle que le ayudara contra 
los cristianos. 

Tan pronto como estos desembarcaron , presentá- 
ronse multitud de moros montaraces sobi^e tas sierras 
y montañas por cuya falda tenía que pasar el ejército 
cristiano para acercarse á la fortaleza. Prosiguió este 
su marcha mirándolos con desdeñosa serenidad , mas 
cuando se acercó al Peñón , parecióles á muchos ofi- 



PAETB ni* LlBBd u. 97 

cíales que era iatento temerario el de tomar uaa for* 
laleza de tan siogolar asiento y que parecía iaexpag- 
DaUe. Tal vez por creerlo asi también el mismo Mas- 
tafáj había salido con sos naves á correr la costa de 
Levante por no perder sos presas , dejando confiada 
la defensa del fuerte al renegado Ferret con doscien- 
tas tarcos. Intimidáronse estos á la vista de las pode- 
rosas faefzas cristianas , y el pánico se apoderó de 
ellos coando vieron desmontados algunos de sos caño- 
nes y derribada una parte del fuerte por la artillería 
gruesa de las galeras españolas. El renegado Ferret 
hoyó á tierra con la mayor parte de su gente , y con 
aviso de otro renegado albanés se acercó Juan Andrés 
Doria con doce soldadosi, á la puerta del fuerte» que an 
alférez turco con tres moros les franquearon > pidien- 
do libertad para otros veintisiete que habían quedado 
(5 de setiembre, 4664). Entraron los aliados en el Pe«* 
ñon f donde hallaron veínticineo cañones con machas 
municiones y vituallas , y don García de Toledo » de- 
jada la competente guarnición en el fuerte i y despe- 
didas las flotas de Portugal y de Malta , dispuso el 
reembarque de las tropas , que fué trabajoso y costó 
muy reñidas escaramuzas con . el xerife de Fez que 
había llegado con gran chusma de moros. Al fin se 
reembarcó la gentCt y llegaron todos á llálaga , don- 
de fueron recibidos con grandes aclamaciones, y des- 
de donde se dio al rey aviso de tan feliz suceso ^*^ . 

(4 ) Cabrera» Hisi. de Felipe 11. lib. Vl.-^ertot, Histoire des Che- 

Tomo xiii. 7 



98 HISTORIA bE ESPAftA. 

Nombrado don García de Toledo virey de Sicilia 
en premio de esta conquista , partió para su destÍDo, 
dejando en Córcega á Juan Andrés Doria con algunas 
banderas , otras en Genova con Eslefano Doria y don 
Lorenzo Suarez de Figueroa i y pagó y licenció las 
tropas alemanas. La conquista del Peñón de la'Gome* 
ra , tanto como llenó de alegría á las provincias meri- 
dionales de España , inquietó y alarmó á las berberis- 
cas t las cuales recurrieron al sultán suplicándole em«- 
prendiera arrojar de él y de todas las posesiones de 
África á los españoles* Pero al propio tiempo le ins'- 
taban sus subditos á que tomara venganza de los ca- 
balleros de Malta , que en todas las empresas ayuda- 
ban á los españoles* Solimán , aunque cargado ya de 
años , no menos ambicioso que en su juventud , de- 
terminó vengarse á un tiempo de la orden de Malta y 
del rey do España. Indeciso algún tiempo sobre si di- 
rigiría primero sus fneraas á Malta ó á Siciliai resol- 
vió por último acometer primeramente aquel baluar- 
te de los caballeros cristianos. Pero esta empresa por 
las grandes proporciones que tomó , y no pertenecer 
ya á las posesiones españolas de África , merece ser 
referida separadamente. 

valiers do HdMe.^Diseurso de la mar el excelente señor don Gar- 
jomada que se ha hecho con las cía de roícdo.— Archivo del es- 
caleras que adelante se espresa- celeniisimo señor marqués de San- 
rdn en este año de 4564 por man- ta Cruz, núm. 45 del legajo 6.»— 
dado de la Mafjeslad del ¡ley de Y en el lomo XIV. de la Colección 
Spaña dun Felipe ¡I, nuestro se- de documenUs inéditos. 
ñor f siendo capitán general de la 



CAPITULO IV. 



MALTA. 



1566. 



Memorable átío de Malta por la armada y ejército de Turquía.— Medi- 
das do defensa del gran maestre de la órdoD La Valette.— Atacan 
los turcos á San Telmo.—- Defensa brillante de los caballeros de la 
religiofn.— ^rácter imperturbable y heroico del gran maestre.— He- 
chos repetidos de heroísmo.— Anltos: resistenoia vigorosa: conflic- 
tos: sacrificios sublimes.— Peligro déla isla.—* Reclama el gran maes« 
tre el socorro prometido de España.^^ontestaciooes del virey de 
Sicilia.— Dilaciones.— Conducta de Felipe U. en este negocío.->Gau- 
^ de la detención del socorro de Bspaña.—Llega la armada espa- 
ñola á Malta.— Fuga y derrota do la escuadra y ejercite otomano.— 
Inmortalidad que alcanzó el gran maestre La Valette.— Temores.de 
Dueta invasión por mayor ejército turco.— Se desvanecen.— Muerte 
deS(^imanII. 



Para quedar desembarazados de las 'gaerras que 
por este tiempo movieron á España los infieles , y 
con qne distrajeron las fuerzas marítimas de este rei- 
no, vamos á dar cuenta del memorable sitio que con- 
tra todo el poder del imperio otomano sufrió la isla 
de Malta» que hizo inmortal el nombre del gran maes- 
tre de los caballeros de aquella orden Juan Parisot de 






1 00 HISTORIA DE ESPAÑA. 

La Valclte, y del gran servicio quo con su socorro 
hizo el rey Felipd lí. á.toda la crisliandad. 

No atendió el viejo Solimán II. á la& fuertes razo- 
nes con que el anciano y esperimentado Mahomet le 
aconsejaba que dirigiera sus fuerzas contra las pose- 
siones españolas de Sicilia antes que contra Malta. En 
su deseo de vengarse de los caballeros de esta orden 
escuchó mejor á los aduladores bajaes que lisonjea- 
ban su pasión, y á las esclavas favoritas de su ser- 
rallo, resentidas de los caballeros porque acababan de 
apresar un galeón en que iba la nodriza de su hija 
Roxelana. Resuelto pues á arrojar aquellos caballeros 
religiosos de la isla de Malla , icomo en otro tiempo 
los habla arrojado de la de Rodas» mandó que con to- 
da prontitud se armaran todas las galeras de su im- 
perio; ordenó á sus vireyes de Argel y de Trípoli, 
Hassen y Dragut , que estuvieran di^^puestos á unir- 
se con sus corsarios á la armada turca; encomendó el 
mando de esta al almirante Pialy y el del ejército de 
tierra al veterano Mustafá-Bajá , y les encargó que 
obraran de concierto con Dragut, el nías esperimen- 
tado y conocedor de aquellos mares. Cuando el gran 
maestre de Malta Juan Parisot de La Yalelte sapo que 
todos aquellos formidables preparativos del turco iban 
dirigidos contra él y contra su religión, invocó el au- 
xilio de los principes cristianos, y principal mente del 
V\ pontífice y del rey de España. 

Ademas de los motivos de agradecimiento que 



PAaTB 111, UBRO lU 101 

Felipe IL tenía á los caballeros de Malla por los gran- 
des servicios que hablan hecho siempre á España en 
todas las guerras y empresas contra los turcos» cono- 
cía sobradamente que Malta era la salvaguardia de 
SQ9 estados, y que. perdida aquella isla peligraban 
mucho sus dominios de África y de Italia. Asi pues, 
desde luego resolvió hacer los esfuerzos mas vigoro* 
sos por defenderla, é inmediatamente dio orden de 
aparejar una armada , y escribió á sus vireyes y alia- 
dos de Italia que viesen de tener prontos veinte mil 
hombres de desembarco para el primer aviso. Lleno 
con esto de confianza el gran maestre , dióse á acti- 
var los preparativos para la defensa de la isla: formó 
compañías de todos los habitantes capaces.de llevar 
armas; llamó todos les caballeros ausentes; reclutó 
en Italia dos mil hombres , y antes que llegara el 
enemigo pasó revista á setecientos caballeros y ocho 
mil quinientos soldados « comprendidos los españoles 
que le envió el virey de Sicilia. Distribuyó convenien- 
temente la tropa, cuidó del buen estado de las fortifi- 
caciones y almacenes , alentó á lodos con enérgicas 
palabras , y esperó el venerable anciano con sereni- 
dad los acontecimientos. 

No se hicieron estos esperar mucho. A mediados 
de mayo (1 565) se presentó delante de Malta la ar- 

« 

.inadft lurca , fuerte de doscientas naves y de cuaren- 
ta y cinco mil hombres , muchos de ellos genlzaros, 
los soldados mas temiblee del imperio. Desembarca- 



i 02 mSTOSIA DB ESPAÑA. 

roD y se derramaron en la campaña de la isla , sem- 
brando la maerlOt la desolación y el incendio, á fin 
-de iofandir desde luego el espanto y la consternación. 
Sin embargo el valeroso y hábil comendador Gopier 
mostró bien no haberse d^ado aterrar por la inva-' 
sion 9 puesto que cayendo de improviso sobre los des- 
tacamentos turcos les mató mil y quinientos hombres, 
perdiendo él solos ochenta. Pero estas pérdidas, aun«> 
que pequeñas , podian perjudicar mucho á la defensa 
general , y así llamó el gran maestre á Copier , y dio 
orden para que todos permaneciesen en sus respecti- 
vos puestos. Determinó el general turco atacar el 
fuerte de San Telmo con una batería de cañones de 
grueso calibre , reemplazando las trincheras que la 
posición no permitía hacer con parapetos de tablas y 
vigas fuertes , sostenidas con tierra mezclada de paja 
y juncos. El gobernador de San Telmo despachó al 
caballero La Cerda á decir al gran maestre que el 
fuerte no podría resistir masr de una semana : a¿Piies 
qtié pérdida habéis sufrido , le preguntó La Yallette, 
para que tan pronto desesperéis^ — El castillo, respon- 
dió el mensagero, debe mirarse como un enfermo este^ 
nuado y sin fuerzas , que no puede sostenerse sino con 
remedios y socorros continuos. -^^Pues yo seré el médi^ 
co , repuso el gran maestre ; y llevaré conmigo otros^ 
que si no pueden curaros el miedo , á lo menos sabrán 
impedir que los infieles se apoderen del casUilo.í^ Y ya 
estaba resuelto á ir él mismo con un cuerpo de sn 



PART^ m. UBRO lU 103 

caofiaDza , cuando ea fuerza de las razones y las ins- 
tancias de los demás caballeros para que no saliese 
de la ciudad donde tan necesaria era su presencia, 
accedió á enviar al caballero Mcdrano , que gozaba 
gran repulacioo de valeroso, hábil y prudente. 

\ Cuando comenzaban los turcos á conocer por las 
bajaa de sus filas que el gobierno de Sun Telmo habia 
entrado en manos mas enérj^icasy vigorosas^ bien que 
BP sío ganar á su vez algunas ventajas , arribó á las 
aguas de Maita el terrible Dragut con trece galeras de 
Trípoli, llevando consigo otro famoso pirata llamado 
Uloch Ali , renegado calabrés, (junio, 1565). A los 
pocos días llcigó también el virey de Argel , Hassen- 
Bajé, Con veintiocho galeras^bien provistas y muni- 
cionadas, en que iban tres mil turcos renegados y ge- 
nfzaros llamados los bravas de Argel. Con esto el sitio 
y combate del castillo se apretó de manera que no po- 
dían gozar un momento de reposo los cristianos , y 
una mañana al romper el dia, hallándose estos venci- 
dos del cansancio y tomados del sueno, se vieron sor- 
Hirendidos por los turcos que matando los centinelas 
babian asaltado el rebellin. Muchos fueron degolla- 
dos en la primera arremetida , pero puesta en armas 
la guarnición , sostuvo un recio, prolongado y reñi* 
dísimo combate desde el amanecer hasta el mediodia, 
en que los cristianos perdieron tres caballeros de la 
orden y den^ soldados , los infieles cerca de tres mil; 
lo cnal obUgó á Mustafá á enviar tropas frescas y á 



1 



4 04 Historia de espaüa. 

reforzar los atriacheramientos , siendo cada vez ma-* 
yor el aprieto de la escasa guarDicíon. 

De tal manera se veía esta aparada, aun con el 
refuerzo que le envió La YalettCi que acordó despa- 
char al mismo Medrano para que representase al gran 
maestre que era imposible sostener ya el fuerte sino 
por algunos días, y eso tal vez á costa de perecer 
toda la guarnición. La mayor parte de los caballeros 
de la orden opinaban y aconsejaban á La Valetta que 
se abandonara la fortaleza, y se empleara aquella 
gente con mas provecho en defender los otros faer^ 
tes de la isla. Harto conocía el gran maestre la triste 
situación de la plaza y la suerte infeliz que aguarda- 
ba á sus defensores. Pero penel,rado también de que 
la conservación de Malta y de la orden, dependía de 
la duración del sitio, guiado ^el principio de queden 
estremos casos por la salud de todo el cuerpo hay que 
hacer el sacrificio de dejar amputar un miembro , re- 
suelto á emplear este remedio heroico, aDecid á lo$ 
caballeros, le contestó á Medrano, que se acuerden de 
los votos que han hecho, de , sacrificar su vida en der . 
fensa de la religión, que yo les enviaré socorros, y que 
iré yo mismo á morir con ellos antes que entregar el 
castillo á ¡os infiele^.)^ Con esta respuesta algunos ju-* 
raron sepultarse bajo las ruinas del fuerte antes que 
rendirle, pero los mas volvieron á esponerle que si á 
la noche siguiente no les enviaba barcos para salir del 
castillo, tentarían ellos á salir espada en mano, reaneU 



rAMTB lU. LIMO lU 105 

106 á morir lodos á trueque de no sufrir olra muerle 
mas ignominiosa sí eran tomados por asalto. ^Para 
morir con honran contestó el venerable y heroico maeS'» 
tre, no basta hacerlo con las armas en la mano; es me-- 

m 

nester ademas el mérito de la obediencia: si abando-' 
nais el fuerte^ no hay que esperar socorros del virey, 
y tras la ignominia de abandonar vuestro puesto os 
veréis reducidos á mas desesperada situación que la 
que queréis evitar. i» 

Y con protesto de examinar el estado del Tuerle, 
pero con el verdadero fin de ir entreteniendo la guar-* 
nicion, envió tres comisionados para que le informad- 
sen. Htciéronlo dos de eltós en sentido de que era im* 
posible sostener por mas tiempo el sitio. Mas el terce- 
ro» el principe griego Constantino Castrioto, opinó que 
aon no era la situación tan desesperada » y en prueba 
de ello se ofreció á encerrarse en el castillo con las 
tropas que quisieran seguirle. Tan digna resolución no 
dejó de encontrar imitadores, y animado con esto La 
Valette escribió t los del castillo que ya tenia nuevas 
tropas que le defendieran» y que ellos saldrían en los 
misaios barcos que las llevaran. aVolved aqui, her-- 
TMnos mú», les decia, y vos estaréis mas seguros y yo 
mas tranqyilo.9 Estas palabras entre dulces y amargas 
hirieron en lo mas vivo el pundonor de aquellos caba- 
lletos, y suplicaron al gobernador Medrano interce- 
diera con su superior para que les permitiese borrar 
con nueva conducta su pasada falta. Recibió La Va- 



1 06 HI9T0ÍUA DE E^AJÍA« 

loltQ esta súplica por medio de un oadador correo; 
regocijóse en el foado de su alma, pero fiogieodo ana 
firmeza que á.él mismo le enteroeoia, respondió: «/Ve^ 
jiero un cuerpo de tropas nuevas á veteranos que no se 
someten á la disciplina militar.» Acabó esta cooles- 
tacioo de com^u-ometer la delicadeza de aquellos ca* 
balleros religiosos» y todos juraron morir eu su pues- 
to. Era lo que se había propuesto coaseguir el polí- 
tico y valeroso La Valette. 

£1 sitio y los combates prosiguieroQ con una furia 
y una heroicidad increibles, sin que á nadie arredra- 
ra la muerte de los compañeros que á todas botas 
veía caer delante ó al lado • Abochornado ya Musíala 
de tanta resistencia^ hizo jugar la artillería toda, y 
cuando tuvo arrasadas las murallas hasta su cimiento 
de roca viva, dispuso un asalto general (46 de julio), 
debiendo acercarse al propio tiempo Pial y con la ar- 
mada á la fortaleza. Seis horas duró el ataque sin po- 
der ganar los turcos un pakno de terreno, y Mustafá 
mandó tocar á retirada. Ordenó luogO estender la lí« 
nea para ver de incomunicar A los sitiados, y batir al 
propio tiempo los castillos de San Miguel y Santánget. 
En esta operación recibió una herida el famoso Dra- 
gut por cuyo consejo se hizo, de la cual sucumbió á 
los pocos días el antiguo gefe de piratas y terror de 
los cristianos. No uno, sino cuatro asaltos volvió, á dar 
Mustafá con su gente en un solo día (24 de julio) , y 
todos fueron rechazados por los malteses oon ímm fir- 



PAEm lU. LUMLO u. i 07 

meza que raya en io iaTerosiinil é iaaudilo. Avisado 
el gran maestre por otro nadador de la situación es-- 
trema de los de San Telmo» despachó en su socorro mu*- 
chas barcas con los que se ofrecieroQ voluntarios á 
arroetrar una muerte cierta. El auxilio fué infructuo- 
so, porque no pudieron forzar la línea de las naves 
enemigas. Viéndose infieiliblemente perdidos los sitia- 
dos, preparáronse á morir cristiaaameiite^ recibieron 
los sacramentos, se abrazaron todos con ternura, y 
hasta los enfermos se hicwron conducir en andas á 
las brechas. 

Imposible era ya resistir á otro asalto que dieron 
k» turcos la mañana del 23 ijuiio) ; y i»n embargo 
san peleó aquel puñado de valientes mas de cuatro 
horas. Todas murieron heráicamenle , esoepto tres 
que ae salvMt)n á oado« Las banderas otomanas se 
plantaron sobro escombros y sobro cadáveres* Caan-> 
do M asíala reconoció el fuerte exclamó ; «¿Qué no 
hará el padre , cuando el hijo que es tan pequeño nos 
ha costado nuestros mas bravos soldados?» Esta ad- 
miración debió haberle inspirado siquiera algún res- 
peto á los inanimados cuerpos de tan valientes ene^ 
migoa^ y no saciar, como lo hizo, su brutal vénganse 
arrancándoles los corazones y poniéndolos en cruz co- 
mo en escarnio del símbdo de su fié. Indignado á la 
víala de tan bárbaro espectácolo el gran maestre^ hi« 
zo degollar iodos las prisioneros turcos, y cargando 
los cañones eoo sas cabeaas^como ;si fuese metralla» 



108 UiSTOBfA DE ESPAÑA. 

las hizo arrojar al campo enemigo : «^ue apreoda el 
bajá, decía , á hacer la guerra con menos ferocidad.» 
La defensa del caslillo de San Telmo de Malta es una 
de aquellas en que ha llegado al mas alto parito el 
heroísmo. Sesenta mil balas de cañón habían arrojado 
los turcos contra el fuerte. 

Con esto y con cañonear después simultáneamente 
el Burgo y el castillo de San Miguel , creyó Mustafá 
acabar de intimidar al gefe de aquella caballería re- 
ligiosa, y le envió un mensagero intimándole se rin- 
diese: ^Ved f le dijo el imperturbable anciano 1^ 
Valetle al mahometano enseñándole el foso , ved el 
único espacio que pensamos neder á vwstro general 
para sepulhira suya y desús genharos.i^ Irritado el 
musulmán con tan altiva respuesta , redobló con fu- 
ria el fuego y los ataquesi Mustafá con sus genizaros, 
y Hassen con sus bravos de Argel^ no dejaron medb, 
ni esfuerzo » ni artificio que no emplearan para batir 
las fortalezas y reducir tan obstinada gente. Pero lo- 
do lo frustraba La Yalette con su vigilancia , con su 
valor y con su prudencia. Combate hubo en que de 
cuatro mil infieles que acometieron por un lado , sob 
quedaron con vida quinientos , y éstos heridos ios 
mas, sirviendo los otros para cubrir el puerto de ar- 
mas* rotas y de cuerpos despedazados. Rebosando ya 
de rabia el bajá , y temeroso de que llegaran los au- 
xilios de España , que nunca creyó hubieran tardado 
lauto » resolvió emplear lodas las foerzas simoltánea- 



PAin nt« uno n. 4 09 

ineiite , las de mar al mando de Pialy contra la ciu- 
dad » las soyas y. las del virey argelioo contra el fuer- 
te de San Miguel. El luroo y el africano dirigie- 
ron los ataques á la fortaleza con personal arrojo, 
pero siempre sus guerreros fueron rechazados por 
los soldados de la religiosa caballerta cristiana» sa* 
lieodo denodadamente á las trincheras con espada 
en mano* .... 

Algo»mas feliz.el almirante Pialy > había logrado 
desmantelar las labras esteriores- de la ciudad, que 
<fefendia en persona el gran maestre de los cruzados, 
y abrir muy anchas brechas en los muros. Ea tal 
conflicto celebró consejo de la orden para deliberar 
lo que habría de -hacerse* Los^ mas opinaron que de- 
herían trasladarse kxlo^ al castillo de Santangel , y 
conducir allí las reliquias de los santos. Desaprobado 
por La Yaiette este dictamen como inconveniente, 
propusiéronle otros que por lo menos retirara ^1 pe- 
ligro su persona • protestando que ellos sabrian de- 
faider la ciudad hasta morir. «No , hermanos míc#, 
les respondió el respetable é impertérrito anciano; 
aqtü debemos vencer ó morir todos. ¿ Podría yo á la 
edad de setenta y un años acabar mi vida mas gh - 
fiosamente qm con^mis hermanos y amigos en defensa 
de ntíestra santa religionl» Y comenzó á dar las mas 
activas y 'Oportunas providencias , y aquella misma 
noche se levantaron parapetos y trincheras, y hasta 
fué atacada la gvardia avanzada enemiga , que huyó 



410 BUTOmU DB B3VMÉA. 

con prócipitacion creyendo qae cargaba sobré ella to« 
da la fuerza reunida de los crístíanod. 

Suponemos ya al lector iuipaciente por ver llegar 
el auxilio de España , como lo estarían los desgracia- 
dos malleses, y deseoso de saber si llegó y las cau- 
sas que pudieron retrasarle tanto. 

El rey don Felipe habia encargado á don García 
de Toledo » el conquistador del Peñón , nombrado vi- 
rey de Sicilia en reemplazo del duque de Medinaceli, 
el de la desgraciada espedicion á los Gelbes , que es- 
piara la armada turca , y tuviera las galeras prepara- 
das en Mesina , y escribió á sus altados y feudatarios 
de Italia que levantaran tropas. 

El gran maestre de Malta pedia al virey de Si- 
cilia los prometido? socorros de España , y don 
García de Toledo se contentaba con enviarte cua« 
tro galeras con cuatrocientos soldados y algunos ca- 
balleros de la religión y otros castellanos conducidos 
por don Juan de Cardona y el maestre de campo Ro- 
bles. Cuando llegó Cardona á Malta» ya se habia per^ 
dido el castillo de San Telmo. A las nuevas instancias 
que La Valette hacía á don Garcb de Toledo para que 
le socorriese, respondía el virey que esperaba la íncor^ . 
poración de diez mil italianos y completar lás noven- 
ta galeras que el rey le habia prometido, con mandas- 
miento de no aventurarlas. El geno vés Jqan Andrea 
Doria f el italiano Pompeyo Colona y otros caudillos 
de la armada» pedian los dejara ir con algunas gale- 



PAATfi m. UB&O lU II i 

ras y compañias en socorro de los malteses aventó^ 
rando sos personas » pero á lodo oponia el vire; óbs- 
táeulos y entorpecimientos. Y el auxilio se difería» 
mientras los turcos estrechaban de cada dia mas á los 
esforzados caballeros de la orden. Arrostrando no fo* 
ees peligros logró La Valette despachar otro oorreo al 
virey de Sicilia avisándole la situación angustiosa en 
que se hallaba; y la respuesta del virey fué que estu- 
viera cierto de que le socorrerla conforme el rey le 
tenia mandado» en cuanto llegaran los de Toscana, y 
que no le maravillara tanta dilación teniendo él que 
obrar por las órdenes que de España recibiese ^'^ 

¿Podrá creerse» en vista del comportamiento del 
monarca español y de su virey en Sicilia > que Felipe 
difiriera calculadamente el socorro» como opinan al- 
gunos historiadores (') » no queriendo arriesgar su 
armada hasta poder atacar con ventaja segura la de 
los turcos , cuando viera á estos debilitados de resuU 
tas del »tío ? Y en este caso» si como politice obró 
con prudencia y como conyenia al provecho propio» 
¿correspondía á la generosidad con que los caballeros 
de Malta se habían sacrificado siempre en las empre- 
sas de los monarcas ee^ñoles» y á lo que demandaba 
la cansa de la cristiandad » espuesta á perder su mas 

(1) Sobre las repetidas recta- 24, 25 y 27 del libro VI. de la His- 

macioDes del gran maestro La Va- loria de Felipe II., por don Luis 

lette, las coDlestaciones dilatorias de Cabrera, 

del f irey de Sicilia, y la cenducia (2) Véase Watsoii, Historia de) 

del rey don Felipe eu este oego- reinado de Felipe 11 , lib. Vi. 
ció, pueden yerse los capítulos 24 , 



fuerte y precioso baluarte ^ peadieote solo acaso de 
la vida del gran maestre , qae de milagro parecía se 
salvaba de tantos y tan diarios peligros? No es tanto 
de sentir el cargo que sobre esto puedan hacerle es<- 
critores estrangeros que no le son adictos , como el 
que se trasluce y desprende del relato de historiado- 
res españoles que le eran aficionados. 

Nonca v sin embargo * había desconfiado el gran 
maestre de que dejara de socorrerle , mas ó menos 
tarde ó temprano, la armada española. De aquí « ha« 
lier cifrado su salvación en prolongar todo lo posible 
la defensa de la isla. Al fin divisaron los sitiados con 
jábilo las naves de España conducidas por el famoso 
defensor del castillo de los Gelbes don Alvaro de San- 
de t Ascanio de la Corgne , Vicencio Yitelli y otros 
buenos capitanes dé mar , con seis mil soldados es^ 
panoles ^ tres mil italianos y mil y quinientos avenía-^ 
reros de ambas naciones (6 de setiembre^ 1 565). Vol- 
vióse don García á Sicilia ' para embarcar la demás 
gente que allá quedaba , pero no fué menester. Enga« 
nado Mustafá sobre el número de las galeras, y cre- 
yendo tener sobre sf toda la fuerza marítima de Es- 
paña , levantó precipitada y aturdidamente el sitio, re* 
tirando la guarnición de San Telmó, y abandonando la 
artillería gruesa. Dos veces cayó su caballo , como si 
participara de la consternación de su dueño. Atrepe- 
llábanse con el miedo los turcos , y caían muchos al 
mar Ó se dejaban acuchillar por los españoles , y bu- 



PAan 111. UJMio lu 443 

)>ierao pereeido muchos mas si Píaly no hubiera ieni^ 
do tan prontas las galeras para recibirlos. Antes de 
alejarse los turcos vieron tremolar lal» banderas de la 
<$rden de Malta sobre el castillo de San Telmo , donde 
poco antes habían ondeado los estandartes de Soli- 
mán. Cuando Mustafá supo que no pasaban de seis mil 
los sc^dados espafk^ies que le habian atacado , mesa- 
base las barbas de pensar en su afrenta , y juraba que 
no tardaría en volvi^r con mayor poder á acabar de 
destruir á Malla. 

Tal fué el feliz remate que tuvo para la Cristian**- 
dad el famoso y memorable siiio de la isla de Malta, 
que hizo célebre en el mundo y eternizó en la historia 
el nombre del grao maestre Juan Parissot de La Va-* 
lette. De lo» cuarenta y cinco mil mahometanos que 
vinieron á combatir una estéril roca solo volvieron ca* 
torce mil, estropeados y Henos de ignominia. El terri- 
ble Dragut encontró allí su sepultura , y los nombres 
de Pialy , de Mustafá y de Hassen , que se pronuncia- 
ban ó con respeto ó con espant<i en Europa y en Áfri- 
ca , perdieron su prestigio en las áridas riberas de 
ana isla. Todas las naciones de la cristiandad celebra* 
ron este suceso con regocijo, y el rey de España , el 
mas interesado en el triunfo * envió un mensage es- 
preso á La Yalette para felicitarle por su triunfo , y le 
regaló una espada y un alfange con puño de oro ma- 
cizo guarnecido de diamantes, en testimonio de su ad- 
miración y de su aprecio , obligándose ademas á pa- 

Toxo XIII. S 



414 HISTORIA DE ESPAÑA. 

garle cierta cantidad anual para ayuda de reparar Jas 
fortificaciones destruidas ^^^ . 

Sentido el turco Solimán de esta desgracia, y 
como supiese las disposiciones de defensa y resisten-- 
cía que tomaban el gran maestre, el rey don Felipe» 
el virey de Sicilia , el de Ñapóles y todos ios prínci- 
pes de Italia , él también quiso hacer otro grande 
esfuerzo; y se propuso juntar hasta quinientas ve- 
las mayores y menores con ochenta mil combatien- 
tes , para lo cual puso en contribución todos sus seño- 
ríos y ciudades de Asia , África y Europa. Pero suce- 
sos posteriores hicieron que todo aquel formidable 
aparato fuera á descargar á Hungría , donde acabó su 
larga vida el anciano Solimán II., terrible y poderoso 
enemigo de la cristiandad , mientras sus tropas asola- 
ban aqueLreino , quedando entretanto acá Felipe lU 
desembarazado y libre para atender á otros cuidados, 

m 

que no eran pocos ni pequeños. 

(4) Baudouio, Historia de Mal- de los eoemigos, fué uoa ciudad y 

ia.*-Vertot, Historia del orden de puerto en la costa septentrional 

Malta. — Cabrera, Historia de Fel i- de la isla, que aun conserva el 

pe 11., lib. VI. nombre de La Valette, su glorioso 

Entre las obras que hizo el gran fundador, 
maestre después que se vio libro 



CAPITULO V. 

RENTAS DEL ESTADO.— CORTES. 

■.OS BCGOfVOTBS.— CONCILIO BE TRBNIPO. 

i»e 1560 «4566. 

Situación económica del reino. — El dinero que venía cada año de In- 
días.-^Défícit en la» rentas. — Gastos de la casa real.— Aemedios que 
proponía el Consejo de Hacienda.— 'Venta de vasallos. — ^Pronunciadil 
opinión del reino contra la amortización eclesiástica. — ^Lo que sobre 
ello se proponia en tDdas las Cortes. — ^Lo que respondía el rey. — 
Errores económicos: leyes suntuarias*, pragmática de los trages.— 
Cortes de Aragón. — ^Petición contra los inquisidores. — ^Felipe II. y 
los protestantes de Francia. — ^Lastimosa situación de aquel reino. — 
Guerras civiles y religiosas — Los hugonotes.— «La reina Cataliüa: 
los Guisas: los Borbones: Conde. — ^El tumulto de Amboise. — Matan- 
zas horribles. — Auxilios de Felipe de España á los católicos. — ^El 

. edicto de Amboise. — ^Entrevista de las reinas de Francia y España 
en Bayona. — ^Nueva convocación del concilio de Trente. — ^Parte prin- 
cipal que en él tuvo Felipe 11. — Graves disputas entre Felipe y ei 
papa Pío IV.— ^Firmeza de carácter de los embajadores y. obispos os- 
pañoles.-^Núq^ero de prelados que asistieron al concilio. — ^Decretos 
sobre dogma, diwsiplina y reforma.— Terminación del concilio. — Có- 
mo fué recibido en cada nación. — Cédula de Felipe 11. mandándole 
guardar y observar. — ^Lo que se debió á los reyes de España relati- 
vamente al concilio. — ^Eminentes prelados, teólogos y varones espa' 
ñoles^ue á él asistieron. 

, Hablando en el capítulo II. acerca de la sítuacioa 
económica del reino , de las necesidades y apares del 



116 UISTOBIA DB BSPASa. 

monarca , del déficit de las reatas y de los arbitrios 
estraordiaaríos , decíamos que todo esto se esperi- 
mentaba al tiempo que coatínuaban viniendo las flo- 
tas de Indias cargadas de dinero. De las que habían 
llegado en e\ período que aquel capítulo comprendía, 
dimos allí razón. Siguiendo la historia económica de 
este reinado, podemos añadir ahora que la remesa 
qne en t560 trajeron las n^ves que venían del Nue- 
vo Mundo ascendió muy próximamente á la suma de 
1 44.000,000 de maravedís '^^ . 

Mas para decirlo de una vez , y no entreteaernos 
á cada paso, ni molestar á nuestros lectores con noti- 
cias de lo que producían á la nación , ó mejor dicho, 
al monarca., las posesiones españolas del Nuevo Mun- 



(1) «Relación del dinero que los 4 de iulio presente, conforme 

ha venido para S. M. de Indias en á lo aue oan scripto loe officiales 

la flota del cargo de Pedro do las y relaciones que han inviadp. Y 

Roelas, y en otras naos ({ue des- esta es fecha en Toledo á 40 del 

pues han llegado de Sevilla hasta dicho me^ de julio, 4560. 

En las primeras naos vinieron para S. M . . . B4 .373,000 mrs. 

En otras vinieron 24.454,840 

En otras 34.327,924 

« 
«iNota, — ^Demas desto han ve- por no estar tasadas, no van car- 
nido en esta nao ciertas piedras, gadas aqui. 
esmeraldas^ perlas y aljófar, que 

En otra nao de Honduras 4.400,000 

En otra > 2.409,400 

En otra llegada de Sah Joan de Puerto Rico. . 456.400 

Monta todo lo venido 143.902,360» 

Archivo de Simancas, Estado, legajó ném. 439. 



PAHTB IIU UBttO IK 117 

do en este reinado , podemos afirmar por los datos ofi- 
ciales que nos dejó el contador mayor del Consejo de 
Indias , que percibía S. M. anualmente de aquellas 
colonias mas de 450 cuentos de maravedís, ó sea 
4.203,233 ducados, de á 375 maravedís el duca- 
do ^^K Suma cuantiosa , atendido el valor monetario y 
los precios de las cosas en aquel tiempo. 

Aun asi continuaban no alcanzando las rentas or« 
diñarías y estraordinarías á cubrir los gastos del Es* 
tado y de la real casa. Por las relaciones y cuentas 
qne tenemos á la vista , se ve que á pesar de las re« 
mesas de Indias y de los impuestos y arbitrios estraor* 
dinarios, resultaba cada año un déficit considerable 



(4) «Montan lo que pueden en que va esta resolución, que lo* 
realar, y al ^yresente rentan á dos van soüalados de mi señal. 
S. 11. todas las Indias en un año Esto es sin reducir á dinero los 
de las' rentas que al presente tie* marcos de perlas ni la cera que 
neeo ellas, que son: quintos del van puestos en esta cuenta. — Añ- 
oro j plata que se funde, y tribu- tonio de Villegas.» — Archivo do 
tos üe los pueblos que están en su Simancas, Estado, leg. 439. 
real corona, y derechos de almo- Las provincias de Indias en que 
jarifazgo que se cobran en \oá S. M. teuia hacienda, erau las si- 
puertos, y derechos de fundidor y guientes*. Nueva España.— Nueva 
marcador mayor, y penas que se Galicia. — ^\ucatan y Cozumól. — 
aplican á su real cámara, 1.002,694 Guatemala. — Honduras. — Nicara- 
pesps, 5 tomines y 44 granos, que gua. — Tierra Firme, llamada Gas* 
contados á 450 mrs. cada peso, tilla del Oro.-— Cartagena. — Santa 
Talen 454.242,031 mrs., que mon- Marta y Nuevo Reino de Granada, 
tan, reducidos á ducados de 375 — ^Popayan. — ^R¡odelaP4ata. — San 
maravedís cada uno, 4.203,233 Francisco y Sancti Spiritus del 
ducados, y 256 mr^. La cual cuen- Brasil. — Venezuela. — Pesquería 
ta, como aquí se contiene, saqué de ¡as Perlas. — Provincia del Pe- 
yó el dicho Antonio de Villegas rú lo que toca á la Nueva Castilla. 
por mandado de los aeuorés del —Nuevo reino de Toledo en el 
Gonaefo de Indias en Toledo á 14 Perú.— Chile. — Isla Española. — 
días del mes de junio de 41^0 Isla de Cuba. — ^Isla de San Juau . 
años, y va escrita en nueve plie- de Puerto Rico. — Isla de la Mar- 
gos de papel horadados, con esto garita. Archivo de Simuncas, ibid. 



4 1^ HISTORIA DE BSPASa* 

entre los gastos y los ingresos. En vez de procurar el 
rey , sí era tan prudente , la conveniente nivelación 
por medio de una justa y bien entendida economía» 
comenzando por moderar los gastos de su casa , Ibase 
acrecentando cada año la despensa » que entonces se 
decia, ordinaria y estraordinaria de S. M. La consig- 
nación para los gastos de la reina , que en 1 560 era 
de 60,0000 ducados, la hallamos en 1562 aumenta- 
da á 80.000; la del príncipe habia subido de 32 á 
50,000 , y al mismo respecto la dé don Juan de Aus- 
tria. De modo que con lo que se asignaba al rey y á 
la princesa montaba la despensa de la casa real en 
1562 la suma de 415,000 ducados, ó sea mas de 
156.000,000 de maravedís; que en unos tiempos eñ 
que se valuaba la fanega de trigo de rentas á 1 60 ó 
200 maravedís, ^'^ y en que los oidores de las dos 
chancillerías del reino gozaban el mezquino sueldo de 
iOO ducados ^^\ supone una espantosa desigualdad, 
que no sería tanta , si como le decia al rey su conta- 
dor mayor, <cS. M. faese servido que se asentasen las 
casas al modo de Castilla , » y no al de Borgoña como 
lo estaban. Asi no era estraño que se debieran en di* 
cbo año á la real casa cerca de 54.000,000 de ma- 
ravedís ^^\ 



(4) Memorial del Coasejo de vo de SímaDcas, Estado, leg. 420. 

Uacienda en 4562. — ^Archivo de (3) Tenemos á la vista para las 

simancas, Estado, leg. 442. proposiciones que aquí asentamos 

(2) Exposición de la cbanci- adornas de los anteciormente ci- 

Ueria de Granada á S. M.— Archi- iados, loa documentos siguientes: 



PARTE ill. JLIBEO II. 119 

Por lo mismo tampoco nos maravilla que el Coa- 
sejo de Hacienda , sí bo veia disposicioa á adoptar re- 
medios económicos, siguiera el sistema que vímoi» 
en el capítulo IL de proponer arbitrios estraordina- 
ríos» tal como el de la venta de vasallos y jurisdiccio- 
nes , fundando la necesidad de la medida en razones- 
tan tristes como las siguientes: i<Ya vio V. M. la reía* 
»cioa del dinero que es menester para cumplir y pro- 
»veer los gastos de este año de 56¿ , y cuan for- 
nzososson, y las consignaciones que hay para ello: 
^presupuesto esto . y que las cosas del crédito están 
i»de manera ^que sobre él no hay que hacer fundamento 
Incierto que se pueda h%llar ningún dinero, ni aun so- 
mbre las consignaciones qtie hay, por ser pocas, y algu^ 
i»nas de ellas inciertas, y que en cualquier caso ha do 
»salir á V. M* muy caro negociar con mercaderes» y 
»que los intereses consumirían mucho, ya que quisie- 
»seQ proveerle,^ lo cual depende de muchas incerti^ 
adumbres; se ha mirado y platicado en la forma y 
i»traza que se podria tenef para el remedio de esto, y 



«RelacioD de lo quo debe V. M. á Ibíd., leg. 4 40. — «Cuenta do lo 

su casa de lo pagado, y de lo que que monta la despensa ordinaria 

ha menester deaciui adelante pa- y estraordinaria de S. M.o Ibid., 

ra el entretenimiento de ella, y legajo 142. — «Copia de párrafos 

ias de la reina Nuestra Señora, de cuenta de las rentas del reino 

príncipe y don Juan de Austria, y y deudas. Relación de todas las 

otros ofieíalés y gastos que se ofre- haciendas de V. M., etc.» Ibid., 

cea entre año.» Archivo de Si- legajo 142. — «Gastos ordinarios 

mancas, &tado,le^. 417. — fRela- de l56¿, y como se apuntan para 

cion délos gastosde la reina Núes- desde el año en adelante.» Ibld., 

tra Señora. Años 4561 y 62.»— legajo 442. 



420 HlSTimu DE BSPAHA, 

aparece qoe ood viene mirar y preveoir coa tiempo, 
cantes que apriete mas la necesidad» de donde y cómo 
»se ha de bascar y proveer lo que falta; y el medio 
»que se halla mas conveniente y menos dañoso para 
»la hacienda de V. M. es qne se vendan algonos va* 
»sallos con sa jorisdiodon , alcabalas y rentas , y que 
»para facilitar las ventas y atraer á ellas á los eorn^ 
»pradores con mas brevedad ^ se hiciese alguna mo* 
)»deracion y baja en el precio de esto de vasallos; por- 
»qne de otra manera se duda qne haya quien quiera 
^comprar, especialmente habiendo de gowr los pne-^ 
«bles que se vendieren del encabezamiento por los 
»quince años de esta prorogacion, que en lodos ellos 
»no pueden los compradores tener ni esperar ningún 
acrecimiento en las alcabalas, que esta esperanza es la 
»que hace comprar á muchos; y demás de esto hay ju« 
)»rosdeá10yá44y otros precios que vender , y los 
vque lo tienen hacen comodidades á los compradores. 
)»Por todas estas causas, y para poder haber con bre-^ 
•vedad el dinero, se tenia por conveniente esto de la 
» moderación X y de la manera que se ha platicado y 
aparece se p'odria haceros la siguiente hasta en can- 
tildad de 700,000 ducados.» Pone la rebajado los 
precios y añade: «Y para que V. M. pueda sacar 
»500,000 ducados de contado se ha de presuponer 
)»que es menester vender valor de 700,000, por ra- 
nzón de los juros que estarán vendidos y situados en 
)»los lugares que se vendieran , que se han de des- 



PAETE m. LIBEO II. 4 21 

BCOQtar del precio de ellos, y recibirse tanto menos 

«dinero como aquello montare. (^^» 

En cambio de esto las Cortes del reino , siempre 
qne se reunían , y á pesar del abatimiento en qae el 
rey procuraba teaerlas , desatendiendo la mayor paró- 
te de sos petítíonea» levantaban su, vos esponiendo loa 
danos de estas ventas de hidajgvías» jurisdicciones y 
vaaalloa. A juzgar jambí^A. por el espíritu y por la 
letaa de los capítulos de las que se celebraron en 
Nadffíden 1 663 ^ no es aventurado decir que en la 
optüioQ general del puebloi una de las causas mas po- 
derosas de su empobrecimiento y de la baja y dismi* 
nucion de la renta del Estado, consistía en la acumu- 
lación de bienes en manos muertas, y en la riqueza 
•^scesiva que babia ido adquiriendo el clero» Al menos 
este era el clamor continuo de los procuradores , que 
en ello no faacian sino obrar con arreglo á las instruc- 
ciones que espresamente sus ciudades les daban. Sin 
retroceder mas atrás de este siglo, ya en las Cortes de 
Valladolid de 1 623 hablan dicho los diputados: «Otro* 
4>sí , que según lo que compran las iglesias y mones- 
aterios, donaciones y mandas que se les hacen , en 
»poco8 años podrá ser suya la mas hacienda del rei- 
»no: suplicamos á ¥• M. que se dé orden que, si me- 
»nester fuere, se suplique á nuestro muy sancto pa- 
iKlre como las haciendas y patrimonios y bienes rai- 

(4 ) Memorial sobre la Yonta de Estado> les« 4 ^S* 
vasallos. Archivo do Simanoas, 



1 S3 HISTOEU DE BSPAÍIa. 

»ces DO se enagenen á iglesias ai á mooeslerios, y que 
minguno no se las pueda veoder, y si por título lu- 
Dcrativo las ovieren » se les pouga término en que las 
«vendan á legos y seglares ^^K» 

«Porque por esperiencia se vee , dijeron en las de 
)>Segovia de 1 532 » que las iglesias y monesterios y 
«personas eclesiásticas cada dia compran muchos he- 
» rodamientos f de cuya causa el patrimonio de los le- 
»gos se va disminuyendo , y se espera que sí ansí va» 

«muy brevemente será todo suyo » y concluían 

haciendo la misma petición que las de ValladoUd ^^K 

«Otrosí , decian las de Madrid de 1 534 , se dé ór- 
«den cómo las iglesias y monesterios no compren bie« 
«nes raices.» Y pedían á S. M. mandara guardar la 
ley séptima que hizo el rey don Juan , de gloriosa * 
memoria , que estaba en el Ordenamiento ^^K «Otro- 
»si, habian dicho en las mismas Cortes, que Y. M« ba- 
«ya bula de Su Santidad para qqe las iglesias y mo- 
«nesterios destos reinos y casas de religión , de cual- 
«quier regla ó religión que sean , que pues están tan 
» ricamente doctadas , que de aquí adelante los bienes 
«raíces que heredaren, se haya breve de S. S. para 
«que dentro de un año los vendan á seglares ^^^ •« 

Estos capítulos de Cortes anteriores, á que parece 
que el emperador no había respondido , los reprodu- 
ce ) Cortes de Valladolid de (5) Cortes de Madrid do 4534, 
45i3, petición 45.<^ peticíoD d,^ 

(^) Cortes de Scgovia de 1532, (4) Las miboias Cortes, peti- 
petición 61.» cionil." 



PAATB Ul. LIBRO ÍU 4 23 

jeron las Cortes de 1 563 á su hijo Felipe IL para que 
les respondiese. Y ademas dijeroa de nuevo los pro- 
curadores lo siguiente : «Y porque se vee notable- 
límente los muchos bienes raices que han entrado y 
jieada día entran en las iglesias y monesterios , asi por 
«donaciones y compras , como por herencias y sub- 
»oes6¡ones; y los pechos y servicios que sobre los di- 
schos bienes se repartian, se han de cargar forzosa* 
Binenie á los otros que tienen los vecinos pecheros 
«vuestros subditos y naturales, los cuales ya no pue- 
»den comportar ni sufrir tan grande carga , si por 
j»V. M. no se remedia ^^^: Pedimos y suplicamos que 

(4) La proporción numérica en según el censo que so hizo en 4 S44 
qoe estaban los hidalgos» y peche- pura el repartimiento del servicio 
ros en las provincias, do Castilla, del año, era la siguiente: 

Provincias. Pecheros. Hidalgos. 

Burgos. . 50,947 12,737 

LeoD 29,680 29.680 

Granada. 38,347 3,483 

Sevilla. : . . 74,476 6,484 

Córdoba. . * 34,735 2,644 

Murcia. ; 47,976 4,284 

Jaén 32,346 2,824 

Zamora 73,500 40,778 

Toro 37,482 3,748 

Avila 28,324 2,832 

Soria 29,785 2,978 

Salamanca 422,880 40,240 

Segovia 34,542 2,253 

Cuenca 30,777 2,564 

Guadalajara 24,238 2,049 

Valladolid 38,922 4.865 

Madrid 42,28» 1,021 

Toledo 74,730 6,227 

Tota': pecheros 781,582 

hidalgos 408,358 

Archivo de Simancas, Contadurías generales, leg. 2,973. 



124 HIÍTORU DB BSPAÜA. 

ȇ lo menos esto se mande efTectuar con brevedad en 
)»cuanl;o á las iglesias cathedrales y colegiales y mo- 
]»nesterios de frailes, mandando á los del vuestro 
i»consejo que entretanto que de Homa se trae la con- 
)>firmacion dello, den provisiones mandando á las di- 
lochas iglesias cathedrales y colegiales y monesterios 
Dde frailes que no compren bienes raices ; y si en aU 
i»guna manera los tuvieren , los vendan dentro de ün 
»año ; y si no lo hicieren , que luego las justicias tas- 
asen los tales bienes , y les hagan dar y pagar el pres- 
i»cio ; y los concejos se encarguen de vender los di- 
Dchos bienes en las personas que quisieren com* 
»prarlos ^*^i> 

Verdad es que asi á esta como á las peticiones da 
igual índole de las Cortes anteriores, reproducidas en 
las de este año de 63, por no haber sido antes contes- 
tadas, á todas dio el rey Felipe IL una misma res- 
puesta, á saber: <(A esto vos respondo que no conviene 
»que por agora se haga novedad.» 

Asi como en este punto de la desamortización cele- 
síáslica andaban por lo común desacordes el pueblo 
y el rey , y era lucha que se venia sosteniendo cons- 
tantemente de siglos atrás ^ aunábanse bien el monar- 
ca y las Corles en otras materias, que estas pedían y 
aquél otorgaba con la mejor intención , y que sin ém- 

Se supone que con las ventas nuyondo el de pecheros, 
de hidalffulas ordenadas por Feli- (2) Cortes do Madrid de 4565, 

pe 11., tuó aumentando bastante petición 405.* ' 
el número de hidalgos, y dismi- 



PARTB ni. LIBRO lU 425 

bargo, eran otros taatos errores ecoDómicos , tales cq- 
mo las ordenanzas represivas del comercio, y las le- 
yes suntuarias ; las que tenían por objeto prohibir la 
estraccion del oro , plata y vellón , de los ganados y 
cereales , de los artefactos y demás productos de la 
industria ó del suelo; y las que se encaminaban á re- 
primir ó moderar el lujo en los trenes y menage , en 
los trages y en los banquetes. Mas bien como mues- 
tra de las ideas y costumbres de aquel tiempo « que. 
como medidas que produjeran el fin que se xleseaba» 
merecen citarse las peticiones de estas Cortes en ma« 
teria de banquetes y de trages. Quejábanse de los 
esceslvos gastos que los grandes y nobles hacian en 
sus mesas y de (os desórdenes que pasaban en sus 
comidas, y para evitarlos y moralizar estas reuniones 
decian al rey , que una de las cosas mas importantes 
y que convendría mas proveer seria, «que en ninguna 
»mesa, de cualquier calidad que fuese , no pudiese 
)»baber mas de dos frutas de principio y dos de fin, 
»y cuatro platos , cada uno de su manjar » y que de 
>alli no se excediesse ^^» 

Consecuencia de lo que estas mismas Cortes le 
expusieron acerca de los perjuicios y daños del inmo- 
derado lujo en el vestir fué una de las famosas prag- 
máticas sobre trages , que espidió este año el rey 
Felipe II. (25 de octubre , 1 563). aSabed , decia 



(4) Gdrtes de Madrid de 4563, petición 39.* 



1 26 mSTOBlA DB BSPÁfÍA. 

' )»eD sa preámbulo el monarca , que eu las Cortes de 
»Maclrid de este presente ano los procuradores del 
Dreino que á ellas vinieron, entre otras cosas» nos pi* 
»díeron y suplicaron con justicia fuésemos servido de 
aponer remedio y proveer cerca del exceso y desór- 
»den que en lo de los trages y vestidos en nuestros 
)>reinos avia; el cual avia venido á ser tan grande» 
»que los nuestros subditos y naturales en los dichos 
» trages y vestidos y invenciones y nuevos usos y he* 
achuras consumían sus haciendas , y muchos dellos 
»estabatt consumidos y destruidos; y demás del daño 
r>de las haciendas se siguian desto otros muchos y 

Dgraves inconvinientes » Y procedia á dictar las 

medidas que creia conducir al remedio del abuso que 
se lamentaba ^^K 

Espidió el rey esta pragmática en Monzón, donde 
habia ido á celebrar Cortes generales de aragoneses, 
y desde cuyo punto y con la propia fecha conñrmó y 

(4) Copiaremos solo los dos nplata falsas, y en telas y telillas 

primeros artículos de esta prag- «barreadas y tejidas en qae haya 

mática, como muestra de lo que »oro ó plata, aunque sea falso, 

eran esta clase de ordenamientos. oAssi mismo mandamos qué 

«Primeramente mandamos que . «ninguna persona.... no pueda 
i^nioguna persona, hombre ni mu- »traer ni traya en ropa ni en tos- 
»ger, de cualquier calidad, condi- ntido, ni en calzas ni jubón.... nin- 
»cioQ y preeminencia quesea, no vgun género do bordado ni reca- 
wpueda traer ni vestir ningún gé- ornado, ni gandujado, ni entor- 
»nerode brocado, ni de tela de cebado, ni chapería de oro ni de 
»oro, ni de tela de plata, ni en ro- » plata, ni de oro de cañutillo, ni 
»pa suelta, ni en aforro, ni en «de martillo, ni ningún género de 
Bjubon, ni en calzas, ni en gual- «trenza, ni cordón, ni cordoncillo^ 
»drapa, ni en guarnición de mu- )>ni franja, ni pasamanp, ni Des- 
via, ni de caballo, ni én otra ma- «punte, ni pernl de oro, ñi p^ta, 
liuera; y que esto se entienda assi «ni seda, ni otra cosa, aunque el 
«mismo en telas y telülas de oro y «dicho oro y plata sean falsos.* 



PARTE III. LIBRO II. 427 

mandó ejecaiar lo deliberado en las de Castilla. En 
aquellas Cortes , bien que algo turbulentas > obtuvo 
el rey por una sola vez un servicio de 254*000 libras 
jaqnesas. Por una de sus peticiones se ve cómo los 
inquisidores iban usurpando jurisdicción y conociendo 
en delitos que no eran de heregía; usurpación contra 
la cual reclamaban con su acostumbrado celo los ara- 
goneses , y en la cual suplicaban al rey pusiese re- 
medio t*í. 

Ya que Felipe IL con los rigores de la Inquisi- 
ción y losantes de fé habia logrado ahogar en Espa- 
ña la doctrina de la reforma protestante que tanto 
vuelo habia ido tomando en Europa , dábanle que 
hacer en este tiempo los reformistas de otras nacio- 
nes, tomando una parte muy principal en las luchas 
religiosas , ya en Roma y en Trente » dónde de nue- 
vo se habia congregado el concilio , como veremos 
luego , ya en los Países Bajos , donde comenzaban á 
rebelársele los mas poderosos de sus subditos y ame- 
nazaba una guerm de independencia y de religión, 



(4) «Y porque los inquiíSidores ees algunos; los cuatro brazos 
(deeiao) en macbaa cosas y negó- dol reino de Aragón huroilde- 
cios han puesto la mano fuera de mente suplican á V. M. sea servi- 
les dichos casos (de heregia), y de do proveer en esto de suerte que 
lo que en virtud de la comisión semejantes agravios ni otros al- 
apostólica deben conocer, con mu- gunos se ha^^an á los de este reino 
cno daño y agravio de los regní- por los inquisidores que hoy son, 
colas deste remo, verdaderos cris** ni los que de aqui adelante fueren .» 
tianos y fidelísimos vasallos de El rey dio por toda respuesta, 
V. M.; y como á V. M. toque que lo hablaría con el inquisidor 
amparar sus vasallos, para que general, 
no se les haga agravio por jue- 



1 28 HISTORIA DB ESPAÑA. 

lo cual trataremos separadamente, ya en Francia, 
donde una contienda á un tiempo religiosa y política 
estaba produciendo sangrientos disturbios, y había 
sido invocado el auxUio del Fey de España como gran 
protector de los católicos. 

Un drama trágico que por espacio de un tercio de 
siglo habia de inundar la Francia de sangre, se había 
inaugurado en el reinado del joven Francisco IL, her- 
mano de la reina de España, príncipe tan débil de es- 
píritu como de cuerpot. Su madre, la reina Catalina de 
Médicis, quiso cobrar entonces una influencia en el go- 
bierno que en vano habia intentado adquirir en vein* 
te y seis años de matrimonio con Enrique II • Pero no^ 
podía evitar que sa apoderaran del influjo y del go- 
bierno los miembros de ia ilustre casa de Lorena, el 
cardenal y el duque de Guisa su hermano, . tíos de la 
reina María Stuard , la esposa de Francisco IL Estos 
eran católicos , y el de Guisa era ademas el general 
mas acreditado y de mas prestigio de Francia. Te-^ 
míendOy sin embargo, la reina madre que quisieran 
subyugarla con su preponderancia los de Lorena, 
procuró disimuladamente suscitarles rivales, y en lu- 
gar de vengar antiguos agravios recibidos del viejo 
condestable Montmorency , le guardó ciertas conside * 
raciones , ya por él , ya por sus tres sobrinos el car-* 
denal de Chatillon , el almirante Coligny y Dandelot, 
todos tres mas ó menos adictos á la reforma. El poj-- 
der de los de Lorena , de los cuales el cardenal fué 



FAETB III. uva» lU 429 

DOiBbnido superiateodeote general de la hacienda, el 
de Guisa lugarteniente general del reino , excitó el 
reawUiniento de los principes de la aangre , á saber^ 
d cardenal de Borbon , Antonio, duque de Vendómei 
que continua^ titulándose rey de Navarra por su en* 
laoe con Juana de Albret , y el príncipe de Conde , á 
los coaies se agregaban el duque de Montpensier y pl 
príncipe de la Rochen-sur- Yon* Para alejar ios de Lo* 
rena á los Borbones de Francia los comisionaron para 
acompaiiar en su yiage á España á la princesa Isabel, 
muger de Felipe II. (4559). 

Un edicto de ios Guisas que afectaba i los intere- 
ses de la nobleza y alejaba bruscamente de la corte á 
ios que iban á reclamar créditos ó á solicitar mercedes 
del nuevo monarca , produjo general descontento , y 
aun indignación contra ios Guisas, y muchos nobles se 
Qoieron á los protestantes franceses, los mas de ellos 
calvinistas, pero comprendidos todos bajo el nombre 
genérico de Hug<mot€s <*', que perseguidos por los ca^» 
tólicos , oonspiraban contra el de Guisa y su hermano, 
á quienes hacían autores de las persecuciones y de 



(4) Los franceses mismos no de Hus; otros de Hugo Capeta ^ de 

ealitt segaros» y mucho meaos qoien se decís n desoendientes; 

acordes sobre el origen y deriva- otros que de Eidgnossen, aliados 

cioB de la palabra Hugyt¿Mti$ toa eo la fe; otros ^ue de Buc nos, etc. 

<)ae se designó cp Francia á todos Pasquier ha dejicodo un capitulo 

los so ^al6lieos,faeseiu hilera Aos, eMara de sus Asoftireb*! sur la 

calvinistas ú otros cualesquiera Franee á este objeto, y sin em- 

btregea ó teformadores. Unos burgo, ni es oesa af enguada, ni 

Íoíeren one viniera de GejnouBde im|>orta tampooo á nuestro pru-^ 

Tti^, imitaderes {monoí) de Juan pwito. 

Tomo xiii, 9 



4 30 HISTOBU dA bsfaIía. 

los suplicios. Uoidos lodos , nobles y protestantes, 
contra los tios maternos del rey, aunque con díferen* 
tes fines» y tomando por gefe al príncipe de Conde, 
Cfinjuráronse para atacar con las armas y apoderarse 
del castillo de Amboise , donde por precaución babia 
sido llevado el rey. El famoso tumulto de Ambom 
fué vencido y deshecho por los guardadores del rey 
y del castillo « y la sangre de los hugonotes comenzó 
á correr á torrentes en los campos y en los patíbu- 
los (1560). El príncipe de Conde, gefe secreto fleca^ 
piíaine muet) de la conjuración de Amboise, supo sin- 
cerarse delante del rey. El de Guisa se empeñaba en 
establecer la Inquisición en Francia , mientras Golig- 
ny y los demás sobrinos del condestable trabajaban 
para que la reina Catalina favoreciera á los hugonote». 
Congregados en Orleans los estados generales , á 
instancias de Coligny y otros notables reunidos en 
asamblea en Fontainebleau, los Guisas , que contaban 
con una mayoría católica en los estados y en el reinos 
prepararon la prisiob de los dos príncipes Borbones, 
á saber , el rey de Navarra y Conde : de este último 
se sabia ya que era el gefe secreto de la conjuración 
de Amboise. Ambos fueron arrestados á su entrada 
en Orleans, y sin duda el tribunal encargado de fallar 
el proceso de Conde hubiera sentenciado á muerte al 
descendiente de San Luis , si en este intermedio no 
hubiera ocurrido la muerte del joven rey Francisco II. 
(5 de diciembre, 1560), según unos de enfermedad, 



PAATB rn. UBEO Ik 431 

s^iiD otros de veneno. Esto salvó á los Borbones ; el 
duque de Vendóme, rey de Navarra, faé pnesto en 
libertad; Conde foé trasladado á La Fére , en los es- 
tados de sn hermano , 1 o que equivalía á un sobre- 
seimiento. No con venia á la rei na Catalina dejar que 
triunfaran por completo los Guisas. 

Bajo Carlos IX. , niño de diez años y medio , que 
SQcedid á sn hermano Francisco IL alcanzó su madre 
Catalina de Médicis todo el influjo q ue deseaba. Sin 
ser regente del reino , ejercía de h echo toda la auto- 
ridad , que era lo que apetecía. Sin convicciones pro- 
pias» ni en política ni en religión, ni interesada por 
los católicos , ni amiga de los protestantes , su sistema 
era mandar á toda costa sin reparar en los medios; 
ástema de válvula y de equilibrio , de favorecer y 
abatir alternativamente los partidos para no dejar pre- 
valecer ninguno y seguir mandando. Uno de sus me- 
dios faé rodearse de multitud de bellas damas de ho- 
nor , hasta el número de ciento cincuenta , cuya in- 
floencia amorosa sabía emplear con sagacidad en el 
sentido que le convenia ^^^ Asi , el reinado de Car- 

(4) «Stts coetambres do eran res, á las foccicoes, ¿ las mtrígas, 

dÍ8oÍatas,dice un historiador fran- á los enveDeDamieDlos, y á las pu- 

Cés, pero su corazoo rebosaba ñaladas..,.BraÍDcróduia ysupers* 

aquella corrupción italiana, qaé ticiosa como los italianos de su 

■o ceja ante ningún medio con tal tiempo: en calidad de incrédula, 

5ue lleve al fin.» — Saint-Prosper no profesaba odio alguno á los pro- 

iné.Hipt. de Franco, Charles IX. testantes, é hizolos asesinar por 

—«Catalina era italiana, dice otro política'...» — Chateaubríand,Estu-* 

kistoríador francés, bija de una fa* dios históricos, tom. III.— Airi la 

milia de mercaderes .« . estaba acos- jjazga n los dema s. 
lumbrada á las tormentas popula- 



4 3S HISTOEIA DB BSPiÜA. 

los IX Gomcozó por una Iregaa entre los pftrtidos. El 
príQcipe de Conde se presentó altivamente al consejo 
del rey en Fontainebleau » y faé declarado iooceale* 
Et condestable » los Borbones y Coligny pedían á la 
veíoa el destierro de tos Guisas: este era na partido 
estremo á que Catalina no podia aceeder. Por último, 
se forma un triunvirato compuesto del duque de Gui- 
sa , del condestable Montmorenoy y del mariseal de 
Saint- André (1564). El consejo de Estado acuerda 
cometer á los obispos el conocimiento del crimen de 
heregfa, y se decretan penas contra los qu^ asistieran 
al culto protestante. Coligny y sua hermanos reda- 
man contra este acuerdo, y amenaza una gmerra civil, 
que deja de estallar por la repentina , aunqoe simala- 
da reconciliación del daque de Guisa, gefe de los ca« 
tólicos, y el príncipe de Conde, gefe de los bugono^ 
tes. Celebran católicos y hereges una especie de duelo 
teológico en el llamado Colcquio de Poissy, en que 
pronunciaron largos y enérgicos discorsos, el carde- 
nal de Lorena en favor de aquellos , en favor de estos 
el célebre Teodoro de Beza , pero se separan sin po- 
nerse de acuerdo en un solo punto. 

Por mas que la reina Catalina ponía en juego toda 
su habilidad para sostener el equilibrio entre católi- 
cos y protestantes , las pasiones de partido y el fervor 
religioso prevalecian sobre sus artiñcios políticos, y 
llegó el caso de insultarse unos á otros en las iglesias 
de París en el acto de celebrar los oficios , de inter- 



»ARTB III. umoii. 433 

riimpirse mutua y víoleo lamente el culto, de venir á 
ias manos dentro de los templos mismos , de asesinar- 
se con rndo furor, de poner en consternación la ca- 
pital, ^e encenderse la guerra en otras poblaciones, y 
de perecer machos hugonotes , que eran los menos, 
en las hogueras y en los suplicios. Temiendo, no obs- 
tante, el dero católico francés que la reina madre, 
de quien ya no se fiaba» se declarara por los heregcs, 
discurrió buscar su apoyo en el rey Felipe II. de Es- 
pana t como el mas celoso y resuelto defensor del ca- 
tolicismo , á cuyo efecto le envió un embajador , que 
tuvo la de^racia de ser detenido. Pero ya Felipe se 
babia anticipado á manifestar á los embajadores de la 
reina de Francia, su suegra , en Madrid , que estaba 
resuello á sacrificar sus haciendas y hasta su vida por 
detener el contagio de la heregía que amenazaba 
igualmente á Francia y á lüspaña. La reina Catalina, 
sin romper con Felipe , siguió en su sistema de tole- 
rancia con los hereges que le aconsejaba el canciller 
de l*Hopital , y en 1 7 de enero de 1 562 se dio el pri- 
mer edicto en favor de los hugonotes, permitiéndoles 
cierta libertad de culto en los pueblos rurales, edicto 
que al principio se resistía á registrar el parlamento 
de París, y contra el cual alzaron el grito los católi* 
eos, llamándole escandaloso sacrilegio, al propio 
tiempo que aumentó la audacia de los hereges. 

Asi ias cosas, el gefe de la rama de los Borbones, 
Antonio, duque de Vendóme, que habia negociado en 



434 HISTMIA DE ESPARA. 

vano coa el papa para que se le diese el reiao de Na- 
varra, de qae se Uialaba rey» llevado de la esperanza 
de que congraciando al monarca español podría aspi* 
rar á la posesión de los antiguos estados de Albret« 
abandonó é los reformistas y se hizo de repente cató- 
lico y aliado de los Gnisas y del triunvirato , y aun 
obtuvo la lugartenencia general del reino. De este mo- 
do se bailaron frente á frente los dos hermanos, el d^ 
Vendóme como gefe de los católicos , y el de C!ond¿ 
como el primer caudillo de los hugonotes. La reina 
madre por lo que pudiera acontecer se llevó consigo 
al joven rey al pequeño y retirado palacio dé Mon- 
ceauK. 

En esto ocurrió un suceso trágico qae precipitó la 
guerra civil y religiosa de la manera mas sangrienta 
y horrible. Al pasar el de Guisa con su hermano el 
cardenal de Lorena por la pequeña ciudad de Vassy, 
supo que al tiempo que alli se celebraba la misa , en 
una granja vecina estaban ejerciendo su culto los pro- 
testantes. Intimóles el de Guisa que suspendieran sos 
oficios ; apelaron ellos al derecho qne les daba el de- 
creto de 4 7 de enero : agriáronse las contestaciones 
entre católicos y hugonotes , acometiéronse con furor, 
los soldados católicos con armas , los protestantes con 
piedras y cuantos proyectiles tenían á mano : una pie- 
dra hirió en el rostro al duque de Guisa y le bañó en 
sangre ; creció con esto la rabia de los católicos , y 
como eran mas en número y armados, se arrojaron so- 



F^ukTS iu. uno II. 1 35 

bre los hugonotes y los degollaron á todos sin piedad. 
A aqaella sangrienta jornada le quedó el nombre de 
La matanza de Vassy. Esta fué la señal y el principio 
de una guerra civil espantosa que inundó de sangre 
el suelo francés. En todas las comarcas » casi en todas 
las poblaciones se combatía á hierro y á fuego entre 
católicos y protestantes. Rompiéronse todos los víncu- 
los sociales, desatáronse los lazos de familia » y pare^ 
ció haberse borrado del corazón de los franceses todo 
sentimiento de humanidad. Tedios parecían poseídos 
de un freneijrf, de un vértigo de destrucción y de muer- 
te.. El hermano asesinaba al hermano. que no creia lo 
mismo que él ; el |>adre enviaba al cadalso al hijo que 
00 tenia sus creencias ; y el hijo introducia el acero 
parricida en el corazón del padre que no se acomoda* 
ha á su culto religioso. En las ciudades en que preva* 
ledan los hugonotes eran profanados y demolidos los 
templos , hechas p^da^s tas imágenes y reliquias de 
los santos, conculcada la hostia sagrada» y lanzadas 
de sos asilos y violadas las vírgenes consagradas á 
Dios. Donde dominaban los católicos degollaban con 
frenético furor á centenares los hereg«^ ; mugeres y 
niños caiaabajo sus cuchillas ; había magnate que re- 
.corria el pais acompañado de dos verdugos que nom- 
braba sus lacayos; habla quien devoraba con bárbaro 
furor los corazones de sus víctimas ; la crueldad en 
las ejecuciones llegó á un refinamiento feroz ; el fue-^ 
go redocia.á cenizas las ciudades y el acero dejaba si u 



1 36 mnoKUL pb bsfaAa. 

habitantes las poblaciones i y oooia el pais era geno- 
ralmenie católico » los hereges eran perseguidos y ca- 
zados en los cainpos como fieras salvages (4 K6B). 

El prfnoipe de Conde « gefe de ios hugooatee» 
marchaba hacia París contra sn hermano «el rey de 
Navarra, hecho recientemente gefe de los catélicos; 
los unos y los otros pugnaban por apoderarle de la 
reina madre y del rey niño; unos y otros publicaban y 
llenaban de manifiestos la Francia ; la reina hacía in- 
útiles esfuerzos por reconciliar á los gefbs de los opaes- 
tos partidos ; el parlamento de Piarís proscribía á todos 
los hugonotes en masa ; con esto se ei^asperaban mas 
los protestantes, se alentaban los católicos, y se re- 
novaban con igual ó mayor ferocidad las matanzas en 
todos los puntos del reino ; el de Guisa y \oñ triunvi- 
ros llevaban á Francia tropas au&iliares de Alemania, 
de Suiza y de España ; Coligny y los gefes de los hu- 
gonotes invocaban y obtenían auxilios de Alemania y 
de Inglaterra ; el llamado rey de Navarra , gefe de 
los Borbones, recibió sitiando á Rúan una herida de 
que murió pronto en Andel ys en los brazc» de una de 
las damas de la reina ; el de Guisa se apoderaba de 
Rúan y la eotr^aba al saqueo ; el príncipe de Conde 
atacaba los arrabales de París, cuya capital salvó Mont- 
pensier con tres mil e^ñoles y cuatro mil gascones; 
y como si los franceses no bastaran solos á destruir su 
patria, cada nación babia enviado su contingente pa- 
ra acabar de desolar .y arruinar el reino, siendo tales 



«MtTB 111. Limo lU 1 37 

k» de9aglres« que el país, antes taD floredenle, pare- 
da iba á ser borrado del mapa de las naciones. 

BaHáron» al ñu loa gefes de ambos partidos fren- 
te á frente en Dreux con sus respectivas tropas : de un 
bdo ios IríonTiroSf el viejo oondestable Montmoren- 
Gf , GfOisa y Saint^André , de otro*^ príncipe de Con- 
de , Coligny y Dandelot. Los oatólicos eran mas en 
número , pero el primer triunfo foé de los protestan- 
les : la acción fué mortífera : el anciano oondestable 
cayó prisionero; un correo llev6 esta funesta noticia 
á la oórte consternada ; solo Catalina de Médicis la 
reoibió ^x>n fría impasibilidad, diciendo: tBien^ inré-- 
mo$ la misa en francés. » Mas luego revolvió el du « 
^ae de Guisa contra los vencedores y les arrancó la 
victoría , é hiso prisionero al principe de Conde ; et 
Biariaeal de Saint-André quedó muerto en el campo; 
otro oorreo llevó á la corte la nueva del triunfo de 
los caUUitos , y la reina madre mudó de lenguaje y 
se mostró contenta. Aquella noche partió su lecho el 
duque de Guisa con el principe de Conde ; éste no 
pudo dormir, el de Guisa durmió toda la noche. El 
prisionero Montmoreocy fué llevado á Orléans, ciu- 
dad en que dominaban los protestantes. Pasó el de 
*Guisaá sitiarla; y en el cerco fué asesinado de un 
pistoletazo con tres balas envenenadas por el trai- 
dor Peltrot, no sin conocimiento y participación 
del almirante Coligny (febrero, 1563). En virtud 
de sentencia del parlamento de París, murió el ase- 



138 HI5T0IUA DB WíAa. 

fino tirado y desgarrado su cuerpo por ouatro ca^ 
tallos. 

Asi iba acabando la guerra de religioa ood los 
hombrea ipas eminentes de Francia, cofi todos los qoe 
represen taban las glorías del reipo. La. reina Catalina 
hizo otro esfuerzo por reconciliar á los dos partidas, 
y merced á su mañosa habilidad , se dio el Edicto de 
Aniboise (19 de marzo» 1563), primer tratado de paz 
entre católicos y hugonotes, por el cjüial se permitía 
el culto, reformado en las aldeas y en los castillos de 
los nobles* Sin embargo, unos y otros quedaron des- 
coptenlos; los hugonotes habían pensado siacar mas 
partido de las relaciones de la. reina con el príacipe 
de Conde; los católicos denunciaban la tolerancia de 
Catalina de Médícis como un insulto hecho á Dios; el 
parlamento de París se negaba á registrar el Qdictp 
de Amboise, pero al fin se resignó á. aprobarle, y Ifi 
reina madre consiguió reinar sobre todos por primen 
ra ve?. 

Con motivo y como en celebridad de haber res- 
catado el Havre-de-Gracia de poder de los ingleses, 
hizo declarar mayor de edad á su hijo el joven rey 
Carlos \X* f pero tuvo mana y destreza para conser- 
var el poder y mandar mas que nunca. Determinó 
visitar las provincias en compañía de su hijo (1 564), 
y como en este viage de esploracion adquiriese el 
convencimiento de que Ta mayoría del pueblo francés 
era católipa , comenzó á modificar el edicto de Am- 



y á oeroenar la Uberiad por él otorgada á los 
protestaniea. 

Felipe IL de España , qae tan ta parte hahia toma* 
do' en la guerra civil de Franda en favor de los cató- 
licos^ aprovechó este viage de Carlos IX. y de Gata» 
lina de Mediéis al Mediodía de aqnel reino, para que 
se viesen en Bayona la reina Isabel de España y su 
hermano el rey de Francia Carlos IX. Envión pnes, á 
su esposa , acompañada del duque de Alba y. de va* 
ríos obispos y personages. Salió á esperarla ¿ la raya 
de ambos reinos su hermano el duque de Orleans , y 
juntos pasaron á Bayona (junio, 4565), donde se ha^- 
llaban con la reina y el rey el cardenal de Lorena , el 
condestable y los nuevos duques de Guisa y de Ven- 
dóme. En esta entrevista pidió el duque de Alba , á 
aombre de su rey , medidas rigorosas contra los pro- 
testantes franceses , y es fama que en estas conferen- 
cias quedó ya concertado hacer unas Vísperas Sicilia- 
nas con los hugonotes de aquel reino. Terminadas Itt 
vistas^ la reina Isabel y el de Alba se volvieron á 
Madrid («> . 

Otro de los negocios mas graves y de los que ocu* 
-paron mas en este tiempo al rey Felipe II . fué el del 
concilio de Trente , de nuevo convocado , después de 

(4) De Tbou, Hist. lib. XXIII á Bocíao Caler ino D avila, Hist. de 
XXVni. — ^Daniel, Hiftt. de Fraace, las Guerras civiles de Francia, 
i. IX y X.~-GarQÍer,UÍ8t. de Fraa- trad. — ^Memoires de Conde*— Me- 
ce, Francia U. ot Charles IX.— moiresdeCoUgny,— ^labrera, His- 
Brantóme, Vie de V Amiral Chati- loria de Felipe li. lib. VI. 
Uonk— Memoirea de Tabannes.— 



I tO HUTOUA DI ESPAÍÍA« 

tantos año$ de suspeasíon , por el papa Pió IV ^*) . Es* 
le pontífice , mostrando por una parte mas respeto 
que algunos de sus antecesores á las necesidades de 
la cristiandad y á los deseos y reclamaciones de los 
príncipes Católicos , temiendo por otra parte que los 
franceses » con motivo de sus disturbios religiosos* 
realizaran el proyecto que tenian de celebrar un con- 
cilio nacional (lo cual , dicho sea de paso , trabajó por 
impedir mas que nadie Felipe II. , conociendo cuánto 
podría perjudicar á los buenos efectos del concilio 
general)» creyó ya de necesidad ábK)luta para reme*- 
diar ios males que seguían afligiendo al mundo cris* 
tiano congregar la interrumpida asamblea , y no obs- 
tante la oposición de una parte de la corte romana, 
que lemia comenzara por ella la reforma , expidió la 
bula convocatoria (29 de noviembre , 4 560)« Los (ér«- 
minos de la bula eran tan ambiguos, que de ellos no se 
podría deducir con certeza si el concilio habia de ser 
continuación del anterior , como queria con empeño 
Felipe IL y le habia prometido el pontifico , á si era 



(O Luego que ocupó este papa tifiee traidor!» aludiendo á Feli- 

la silla pootificiav fueron presos y pe U y á Pió IV.^ que oq efecto 

procesados los CaraSas, sobrinos parece les hablan ofrecido perdoo. 

ae Paulo lY., los rencorosos é io^ AI cardenal le dieron barrote; el 

trisantes enemigos de Garlos V. duaue y sus cómplices fueron de- 

y de Felipe II. Cuando eran lleva- goliados. con universal contento 

des al castillo iba diciendo el car- del pueblo de Roma, porque eran 

denal Garsfla! ^TcU merecé 4¡wm odiados de todo el maodo, á causa 

á Mediáis kizoponti/ioe.* Los jue* de su mal proceder y de sus t(^^ 

ees los sentenciaron á muerte: al tumbres, motivo por que no en- 

notificar la sentencia al cardenal, contraron uo solo príncipe que 

exclamó: ^¡Oh rey Cruel! ¡Ohpon- por ellos se interesara. 



pAinin.uiMiu 441 

fineM indicción f cosa á que decididanieDle se oponía 
et rey de España , porque cedía eo detrimento de las 
anteriores deeisiODes del concilio , y era predsamen-^ 

te lo qoe deseaban los protestantes. Con tal motivu-* 

• 

envió Felipe á Roma á don Juan de Ayala con ios- 
trncGionea de lo que había de hacer y decir cerca de 
So Santidad, recomendándole en especialidad muy 
enérgicamente qae no transigiese en manera álgoiia 
en dejar dodoso lo de la continúad&n « basUl coose^ 
guir que el papa lo declarase aá esplicilamente antes 
déla reunión del concilio (^^ • Aon asi no lo pttdo re« 
cabar al pronto del pontífice , y esto fué ocasión de 
largos y fuertes debates y aun de ásperas contesta- 
ciones entre el papa i los embajadores del rey , y el 
rey mismo. 

^ pues, el concilio sin resolverse esta 



(4) «Si Sm Santidad (le decía •satisfacer á etee piüito serán m- 

» entre otras cosas en el Memorial » cesarios...» 

>ó instruocioo) respondiese con T en el dietámeo qne sirrió de 

•generalidad sin querer Teñir á base al despacho, se decía, gue la 

»psrticolar remedio, diciendo que conTocacion qae S. S. había be- 

noos debemos satisfacer con lo que cho conforme al tenor de la bula, 

»á él y al colegio ha parecido era derecba y claramente nueva 

>ó si S. S. quisiere todavía, como indicción^ y no continwicion del 

»8e ha de sa parte apuntado, que Concilio de Trente, de lo coal se 

•esto se remita al concilio y que sesnia notorio perjuicio á laaato- 

»alU se determinará; en tal caso, ríoad de dicho concilio y de otros 

»89kaderepUearéiiMi9tirenque que la iglesia había celebrado, 

*en nmgtina manera convieneni contra lo cual protestaba enérgica 

»Io uno ni lo otro, ni puede que- y resooltamente el rey. 

•dar este negocio ansí, ni congre* Las fechas de estos documentos 

•garse el concilio debajo desta sonde 13 y Hde mayo de 4561 

»lan gran díScvltad j oonfosloDf en'Toledo.-*«Af chivo de Simancas, 

»y procnrar de aducir á S. S. á Estado, Roma: y Colección de Do- 

»qne quiera Teñir é tratar del re- comentos inéditos, ton|« IX . 
■medio y de los medies ane para 



1 4SÍ HI9TCMBIA DE BSPAfTA. 

ouestíoD (48 de enerot 4 562), con asistencia de ciento- 
doce prelados , de los embaja dores (le todas las n»- 
cienes, y otras personas que tenían derecho á concnr* 
rír por diferentes títulos. En la primera sesión no se 
hizo sino declarar el objeto de la congregación, que 
era apaciguar las contiendas reli giosas , corregir y re» 
formar las costumbres y restablecer la unidad y la 
paz de la Iglesia. Pero en aquella sesión se intercala* 
ron en la fórmula del decreto unas palabras, á saber, 
^proponentibus kgatís^y^ que no dejaron de ser objeto 
constante de serías contestaciones ent re el pontífice y 
eí rey de España y los embajadores y prelados espa^ 
ñoles, oponiéndose estos y rechazándolas incesante- 
mente desde el principio hasta el fin del concilio, co*^ 
mo restrictivas de las facultades de la asamblea. Infi* 
nitas fueron las réplicas y d isputas que sobre este 
punto mediaron entre Pió IV. y Felipe 11. , y los repa- 
ros y protestas que sobre ello hicieron los embajado- 
res de España ; y por mas esplicacion^ que el papa 
dio para atenuar la mala impresión que aquella cláu- 
sula habia causado , nunca los prelados españoles se 
pudieron avenir bien con ella , y los hubo que esplí- 
citamente protestaron, é hicieron constase su voto en 
contra de las palabras , por desusadas y por limitato- 
rias de su autoridad ^^^ . 

(i) «No me conformo, dijo el no ser costumbre ponerlas en se* 

«obispo de Orense, con las pala- mejantes decretos, como poni|oe 

» bras ProponmHbus legatis, a pro- dan á entender cierta limitación , 

vpueatade los legados,» asi por que no es conforme al orden de un 



Trátese del dalvo^condocto que pedían y se había 
de dar á los príncipes , obispos y teólogos protestan- 
(és qoe quisieran asistir al concilio , y en esto anduvo 
aquella venerable asamblea tan generosa que sé le 

coocilio general; y adema» de es- » poderlo esplicar, ni lleva camino 
to, porque no se bailan en la bula >baceUe mudar desta condición 
de convocación de éste, ¿ la qoe »que tan perniciosa es para si y 
debe conformarse el decreto de su ^^para todos, y tan fuera de prín- 
apertura* en cuya consecuencia >cipe, y masaelque es vfcanpde 
pido, que de no borrarse dichas »Di08, y padre y pastor univer- 
palabras, inserte el Reverendo »sal.... Yo tuvo l'u^^ar detractarla 
señor secretario este voto mío, » materia como fué menester, é 
después del mismo decreto: en lo »ioculcalle que el remedio que 
demás me conformo. Non plctcent » V. M. le representaba era el mas 
illa verbal Proponentíbu$y etc.» 'honesto y acomodado.... el cual 
—*Lo mismo hanie protestado el » ponderó S.S. tres ó cuatro veces, 
arzobispo de Granada, y también 'jurando que aquella cláusula nuo- 
hicieron sus salvedades los de León >ca se lecomuDicó, y que le pesó 
y Almería. » cuando la vido puesta, pero que 
En el Archivp de Simancas, (Ne- ' los legados la habian pasado con 
gociadode Estado, legajo 890 y >e1 sínodo y en conformidad de to- 
otros) hemos visto y leído multi- »dos, sacando tres ó cuatro que 
todde cartas del embajador en » contradijeron. Bespondile que 
Roma Francisco de Vargas al rey »asi lo tenía por cierto y escripto- 
Felipe II,' del arzobispo de Grana- vio á V. M., y tanto mas por esto 
da, del obispo de Gerona, del de >de no lo haber sabido y pesado- 
Lérida, del marqués de Mantua, »le, tenia S. S. obligación al re- 
dol de Pescara, de los legados pon- «medio que se le pedia. Replica 
tificios, del mismo pontífice al rey, »que no babia perjuicio en aque-> 
sobre tos dos cuestiones, la de la »llas palabras, y que a4 sínodo se 
Continuación y la de la cláusula >le guardaría su libertad y se les 
Proponentibus legaiig^ en que se »d¡ria de palabra á los* padres: pe- 
ve la insistencia y la energíu con »ro que tooar á la cláusula por es- 
qve Felipe U. y sos embajadores »cripto no se haría, porque ni era 
reclamaban del papa la supresión > costumbre ni seria nonra de los 
de ésta y la aclarabion de aquella, «legados, aue eran personas de 

Jf los medios que el pontífice y los «mucha cualidad, y el de Mantua 

egados buscaban para eludir el » príncipe. Díjele que mas princi-' 

comproiñiso y aprietos en que los »pal era Dios y la verdad; que me 

poma el rey. «Ésplicándole (á Su «maravillaba de S. S, siendo tan 

«Santidad), decía en una de sus «prudento y tan celoso del bien 

•cartas e( embajador Vargas al > público, usase de semejantes eva- 

>rey, lo qoe V. M. decía en ambos «sienes, y que le suplicaba lo pen- 

> punios de CanUnuaeion j cláu* »sase con mas quietud, y que yo 

»fola Propanentíbus, fué tanto lo «esperaba lo remediaría como con- 

«que SB silero y arrebató de cóle« i venia , cofi jue enündiese qué 

«ray qie do bay palabras con qué adonde ofendía lo e$cripto no bas- . 



4 44 HUTORU DB BMtjAA. 

concedió amplio y sin restriociones ni liaiilaciónoSi no 
solamente á los protestantes de Alemaüia > sino á to-» 
dos y cualesquiera otroa que estuviesen separados de 
la comunión católica , <de cualesquiera reinos , nació* 
nes , provincias , ciudades ó lugares que fuesen, don* 
de se enseñara ó creyera lo contrarío á lo que ense« 
ña y cree la santa iglesia romana.» 

Cada dia iba acudiendo mayor número de prela* 
dos y personages de todas las naciones, basta llegar 
á reunirse doscientos cincuenta y cinco padres, á sai- 
bor : cuatro legados , dos cardenales , tres patriarcas, 
veinte y cinco arzobispos, ciento sesenta y ocho obis* 
pos, siete abades, treinta y nueve procuradores con 
legítimos poderes de los ausentes, y siete generales de 
órdenes religiosas , los cuales todos suscribieron los 
decretos , cánones y decisiones del sínodo. Duró este 
tercero y último período cerca de dos años, desde 
eH 8 de enero de 4 562 hasta el 4 de diciembre de 
4563, en cuyo tiempo se celebraron nueve sesiones 
solemnes, que se cuentan desde la diez y siete hasta 



•toban paiobraSf y que por eS' éste era cootioaacion del ooocUio 

» cripta y acto íolemne iinodal $e de Treoto y uo otro, prosi^oieodo 

» Aooia de remediar.. . etc.» la dedaracioo do laa doctrinaa lo- 

Gon este nervio hablaban g¡em« tantea al dogma en el ealado que 

pré y en todo al Samo FonUfiee qoedaron cuando te biio la sae» 

loa embajadores de Felipe IL, au* pensión: asi es, qne la sesión I.* 

torixidos por sa monarca, de lo de eafce tercer periodo, no ae oom* 

eaal podríamos presentar infinitos bró asi, sino la 47.* del concilio, 

testimonios. y ¿ este tenor las demás, oon que 

Al fin, lo de la (UnUmuacion se no quedó duda do qne era oúniíi^ 

salvó de un modo ingenioso, ha- nuadon del mismo coooiiio de 

ciendo que re ip»a constase que Treoto, y no otro nuevo coDciho. 



PARTE til. LIBEOIf. fir> 

k veiote y cinco» ambas ioclusive) del concilio. Diez 
y ochó años, contadas las suspensiones , fué la dura** , 
cíoQ total de este célebre sínodo. 

Sabidas son, y conocidas de todos los mcdiana- 
roente versados en la historia eclesiástica, las sabias» 
luminosas é ioaportantísimas declaraciones, decretos y 
disposiciones del sacrosanto y ecuménico Concilio Tri- 
dentino en esta postrera congregación , asi en lo reía-* 
tivo al dogma y á la disciplina eclesiástica, como en 
los pantos referentes á la reforma de las costumbres* 
señaladamente de los eclesiásticos y de las órdenes 
religiosas de ambos sexos. La prudencia » la discre-< 
don, la sensatez y la cordura mas recomendables 
reinaron en sas discusiones y deliberaciones; el or- 
den y la sabiduría presidieron en aquella asamblea 
congregada á nombre del Espíritu Santo; Gjóse con ad* 
milrable precisión y claridad la verdadera doctrina de 
la fé católica; se condenaron con dignidad las here* 
gías que infestaban el mundo cristiano ; se dieron re- 
glas seguras para saber lo que habia de creerse en 
los pantos mas esenciales de la religión ; se estable- 
cieron atilísímas reformas ; y el concilio de Trento* 
el último general que ha celebrado la Iglesia , fué la 
obra mas provechosa y mas grande del siglo XVI. 

Felicitábanse mutuamente y machos prelados llo^ 
raban de alegría al ver que habian tenido la felicidad 
(le poner Ja última mano á esta grande obra » comen-^ 
zada y proseguida en medio de tantos trabajos y di&'^ 

Tomo xin. 10 



1 46 HISTORU DB BSPAfiA, 

cullades. El cardeDal de Loreaa, el mismo de quien 
« tanto hemos hablado al tratar de las turbulencias po- 
líticas y religiosas de Francia, habia arreglado para 
su conclusión una fórmula semejante á la de los auii- 
gaos concilios. Después de dar las gracias y bendiciones 
alpapa» al emperador , á los reyes y príncipes, á los 
legados » cardenales y obispos , y á todo aquel santo 
senado, esclamó: < El Concilio Tridentino es sacrosan- 
to y ecuménico ; confesemos siempre su fé ; guarde* 
mos siempre sus decretos.— Los padres contestaron: 
«Confesémosla siempre; observémoslos siempre.» — ^El 
cardenal : <c Todos lo creemos asi : todod sentimos lo 
mismo: y consintiéndolo todos , lo abrazamos y suscri- 
bimos. Esta es la fé de San Pedro y de los apóstoles; 
esta es la fé de los padres ; esta es la fé de los católi- 
cos.»— Los padres: «Asi lo creemos; asi lo sentimos; 
asi lo firmamos.» — ^El cardenal: «Anatema á todos los 
hereges.» — ^Los padres: «Anatema, anatema.» — Los 
legados y presidentes mandaron bajo pena de esco- 
munion á todos los padres que antes de salir de Tren- 
te firmaran de su propia mano los decretos del conci- 
lio, y todos lo firmaron en número de doscientos cin- 
cuenta y cinco. 

El papa Pío IV. hizo celebrar rogativas públicas 
en acción de gracias por la feliz terminación del con- 
cilio , y confirmó solemnemente sus decretos (2G de 
de enero, 1564). Yenecia fué la primera á recibir, 
publicar y mandar la ejecución de todo lo dispuesto 



PARTB III. LIBRO II. 1 47 

en el Concilio Trídentino. El rey Felipe 11. de Espa- 
ña , que taa principal parle había tenido en él, le 
aceptó , recibió» y mandó guardar , cumplir y ejecu- 
tar en todos sus reinos, y señoríos de España, Flan* 
des, Ñapóles y Sicilia (12 de julio, 1664). El rey don 
Sebastian de Portugal le recibió pura y simplemente. 
Sigismundo III. de Polonia le aceptó en una dieta 
general del reino. Los príncipes protestantes rehusa- 
ron, como era dé esperar , someterse á sus decisio* 
nes. Los ministros de la confesión de Augsburgo pro- 
testaron contra él ; pero el emperador le recibió en 
sos estados particulares , y mas adelante fué acepta- 
do por toda la Alemania católica. Hallóse mas dificuU 
tad en Francia, cuyos monarcas, á pesar de las repe- 
tidas instancias de los pontífices, nunca han consenti- 
do que sds decretos tengan fuerza de ley, fundados 
eo que muchos puntos de disciplina y policía de los 
establecidos en el concilio se oponen á las máximas 
del reino, á los derechos del soberano , á la autoridad 
de los magistrados , á las antiguas prácticas y liber- 
tades de la iglesia de Francia : sin que esto obste á 
que la iglesia francesa reconozca y confiese toda la 
parte dogmática de aquella augusta asamblea, y aun 
mochas de sus disposiciones disciplinarias ; estando la 
diferencia en que á estas últimas no están obligados 
sino por las leyes positivas del reino , no por la auto- 
ridad del concilio. 

No podemos terminar este capítulo sin dejar con- 



4 i8 HISTORIA DE ESPAÑA. 

signado que los grandes beneficios que las' naciones 
cristianas, la causa del catolicismo y la unidad de la 
fé reportaron de la celebración del Concilio Tridenli- 
no, fueron en muy gran parte debidos al celo y soli- 
citud de los católicos reyes Garlos I. y Felipe IL de 
España. Sin los esfuerzos del emperador, sin sus rei- 
teradas excitaciones , sin sus enérgicas instancias y 
sin la eficacia y decisión para Yencer el cúmulo de 
dificultades y embarazos que se presentaban y ofre- 
cian, nosotros tenemos por cierto que no' se hubiera 
reunido el concilio ni en la primera ni en la segunda 
indicción. Su hijo Felipe tuvo cuidado de incluir en- 
tre las condiciones del célebre tratado de Cateau-Gam- 
bresis, el primero que en su reinado hizo con la 
Francia , trabajar por que se congregara nuevamente 
el concilio de Frente, y ya hemos visto y aun pudié- 
ramos aducir muchos mas testimonios de la principa- 
lísima parte que tomó en esta tercera reunión* y de 
la que tuvieron^ movidos por su impulso, los embaja* 
dores y prelados españoles. 

Honra será también siempre de España la que al- 
canzaron en aquella venerable asamblea en sus tres 
períodos, distinguiéndose por su ciencia, por su elo- 
cuencia , por sus virtudes y por su brío, entre todos 
los prelados de la cristiandad , los obispos , teólogos 
y jurisconsultos españoles. Bien necesitaban ser tan 
eminentes en letras y tan profundos en saber como lo 
fueron , para brillar en aquella congregación de sa- 



PABTE lU LIBRO II. 1 49 

bios / hombres como Alfonso Salmerón , como fray 
Bartolomé de Carranza » como fray Alfonso de Castro, 
como los dos Sotos, fray Domingo y fray Pedro, 
como fray Melchor Cano , como los hermanos Covar- 
rabias, don Diego y don Antonio, como Antonio Agus- 
tín , como Benito Arias Montano , y otros doctos y 
esclarecidos varones, cuyos escritos llenos de sabidu- 
ría admiraron entonces, se veneran hoy y se respe- 
tarán siempre. Los monarcas españoles fueron los que 
promovieron é impulsaron mas el concilio de Trenlo, 
y los prelados, teólogos y canonistas españoles los que 
resplandecieron mas en aquella veneranda asamblea 
religiosa. 



CAPITULO VI. 



FLAlVDtSI». 



ORIGEN Y CAUSAS DE LA REBELIÓN. 



De1S59 6 1567. 



Couducta de Felipe II. en los Países Bajos. — Causas del disgusto de los 
flamoDCOs. — El carácter del rey. — Su preferencia hacia los espaDO* 
les. — La creación de nuevos obispados.— La Inquisición. — Los edic. 
tos imperiales.— La permanencia de las tropas españolas. — La pri- 
vanza de Granvela. — La ambición y el resentimiento de los nobles. 
— Quejas contra Granvela. — Odio que letenianlos flamencos. — Pri- 
meros síntomas de sedición. — ^Teson del rey en proteger al carde- 
nal. — Comportamiento de la duquesa de Parma, regente. — ^Prlmera 
venida dé Montigoy á España. -«-Resultado de su misión. — Planes 
de rebelión en Plandes. — ^Petición al rey contra Granvela. — Dilacio- 
nes de Felipe en proveer á lo de Flandes. — Consulta al duque de 
Alba, y su respuesta. — Sale Granvela de los Paises Bajos: alegría 
de los nobles y del pueblo* — Rigor inquisitorial: oposición del país: 
disturbios. — Resistense á recibir los decretos del concilio de Trento: 
insistencia del rey. — Venida de Egmont á Madrid. — ^Respuesta que 
lleva del monarca. — Disposiciones de Felipe II. contra las instruccio- 
nes dadas á Egmont. — Resistencia de los flamencos á admitir la In- 
quisición y los edictos.— Tenacidad del rey. — Conflictos de la prin- 
cesa regente. — Confederación de los nobles contra la Inquisición.— 
El compromiso de Breda. — ^Peticion de los confederados á la gober- 
nadora. — Respuesta de la princesa. — Notable distintivo de los coli- 
gados.— Segunda venida de Montigny á España. — Entretiénele el 



PARTB llU LIBRO II. 1 51 

rey sío responder á su comisión.— Situación critica de Flandes.— 
Doble y artera política del rey. — ^Gstalla la revolución religiosa en 
ios Países Bajos.— Tumultos: profanación, saqueo y destrucción de 
templos. — ^Luchas sangrientas entre oetólicos y bereges.— El prin- 
cipe de Orange, y los condes de Egmont, Horn, Aromberg, Mans- 
feld, Berghes y otros — Nuevos disturbios y desmanes. — Apremian- 
tes reclamaciones de la princesa regente al rey, y respuestas dilato- 
rias y ambiguas de Felipe. — Grandes dimensiones que va tomando 
la revolución.-— El rey ofrece ir á Flandes. — ^Planes do los confede- 
rados. — Determina Felipe II. subyugarlos con las armas. — ^Nombra 
al duque da Alba general del ejército que ha de enviar ¿ Flandes. 



Vamos á tratar coa todo el desapasíoaamíento, con 
toda la severa imparcialidad de que el magisterio his- 
tórico debe estar siempre revestido, de la famosa re- 
belión y levaotamieato de los Paises Bajos , que co- 
menzó en los primeros años del reinado de Felipe II., 
de las largas^ porfiadas y sangrientas guerras que le 
siguieron, que asolaron y devastaron aquel desgra- 
ciado pais , que convirtieron sus ricas ciudades en las- 
timosas ruinas, sus bellos campos en vasto cemente- 
rio de hombres, que consumieron á España sus hijos, 
su sangre y sus tesoros , que asombraron al mundo 
por el valor , la constancia y el tesón de que es capaz 
un pueblo que se levanta en defensa de sus antiguas 
leyes y de la libertad de que se intenta despojarle. 
Diremos solamente en este capítulo lo que por la par- 
te de Flandes aconlecia en este período y durante el 
tiempo que hemos visto á Felipe 11. ocupado en los 
asuntos interiores de España , en el castigo de los lú- 



(éranos españoles » ea las solea)DÍdades de su tercer j 

malrimoDÍo , en las empresas navales de la costa de 
Arríca, en el socorro de Malta , en la intervención en 
los disturbios religiosos de Francia» y en los graves 
negocios y deliberaciones del concilio de Trento. 

Cuando Felipe II. partió de los Paises Bajos para 1 

volver á España (setiembre» 1559), pareció haber ol- 

■ 

vídado (y atiéndanlo bien los que niegiien la elocuen* 
te y provechosa enseñanza de los ejemplos históricos)» 
pareció » decimos » haber olvidado lo que cuarenta y 
dos años antes habia acontecido en España cuando su ^ 
padre Carlos partió de este reino para el imperio ale- 
mán. Circundado de flamencos habia venido Carlos 
de Flandes; flamencos y no españoles eran los que 
constituían su consejo; flamenco hablaba él y no es- 
pañol ; á flamencos y no 4 españoles dio los primeros 
empleos y las mas altas dignidades eclesiásticas de 
Castilla; tropas flamencas habia traido consigo; á 
Flandes iba el dinero de España ; sin ningún acata* 
miento habia mirado las leyes, las antiguas eos-* 
tumbres y libertades españolas ; sin consideración 
habia alterado el orden y lugar de celebrar Cortes; un 
regente flamenco habia dejado á su partida de Casti- 
lla ; y apenas abandonó las playas españolas» el pun- 
donor nacional resentido estalló en las alteraciones y 
revueltas que en otro lugar hemos contado » y que es-r 
tuvieron á punto de costarle las coronas de estos rei-» 
nos: él tuvo la fortuna y el reino la desgracia de aho- 



PAftTB MU LIBRO 11. 1 53 

gar en sangre aquel movimiento popular, pereciendo 
ea palíboios los defensores mas exaltados de las . li-^ 
bertades castellanas. 

En muy semejantes circunstancias á las de Carlos 
al salir de Castilla se habia hallado su hijo Felipe al 
dejar á Flandes. Su conducta tuvo muchos puntos de 
parecido , y las consecuencias fueron no menos desas- 
trosas. Nunca habia agradado á los flamencos el ca- 
rácter taciturno y tétrico de Felipe 11. ; disgustábales 
que ni hablara su lengua , ni mostrara deseos de 
aprenderla y hablarla : ofendfales que sus consejeros 
fueran todos españoles, españolas sus costumbres y 
españoles todos los hombres de su privanza. Aquel 
apego y cariño de Felipe á las cosas de España, cua- 
Küad ñn duda muy recomendable para los españoles» 
era capital defecto para los flamencos ; achaque de 
quien abarca bajo su dominación reinos y estados de 
hábitos y costumbres diferentes , sin genio para aco- 
modarse á las de cada uno de ellos. Y tanto menos so- 
portable se les hacia á los de Flandes el desdeñoso y 
desabrido trato que recibían de Felipe, cuanto que es- 
taban acostumbrados á cierta preferencia con que los 
habia mirado siempre el eo^perador , como nacido y 
criado entre ellos , al genio espansivo de Carlos , y á 
aquella política acomodaticia que la necesidad le ha- 
bia enseñado, y con que procuraba hacerse alemán 
con los alemanes, italiano con los italianos y flamenco 
con los flamencos. 



154 HISTORU DB ESPAÑA. 

Sin embargo , esta falta de simpatías entre el rey 
y sus subditos de Flandes do habria sido por sí sola 
suficiente para-producir los gravísimos disturbios que 
después hubo que lamentar » si Felipe hubiera sido 
mas político con ellos , si los flamencos no se hubieran 
creido lastimados en la parte mas viva y mas sensi- 
ble , que tal era para ellos la conservación de sus an- 
tiguos privilegios y de su libertad. Pero aquellas diez 
y siete ricas , fértiles , industriosas y pobladisimas 
provincias, en que se contaban mas de trescientas cin- 
cuenta cindades, la mayor parte muradas^ coninna- 
merables castillos , gozaban desde muy antiguo de 
muy apreciables franquicias , y regíanse casi libre- 
mente en su gobierno interior , y sus valerosos natu- 
rales eran en esto tan celosos , que , como dice un 
apreciable historiador , aen ¡defender la libertad se 
calientan mas de lo que basta , porque se precian de 
preferirla á todo lo demás , pasando tal vez por esta 
causa á tomarse mas licencia de la que permiten los 
fueros de la libertad ^^\y^ Felipe II., menoa atento de 
lo que debiera al carácter de aquellas gentes, frías 
en lo demás , pero en esto fogosas sobremanera , co- 
menzó á cercenarles sus privilegios y quebrantarlos. 
La erección de catorce nuevos obispados , sobre los 
' cuatro que en los estados de Flandes habia antes so- 
lamente , fué recibida como una infracción escándalo- 

0) Estrada, Guerras de Flandes, Decada I. Jib. I. 



I^ABTB llt. LIBRO H« 1 55 

sa de los privilegios bravaalinos. Los abades , á quie*- 
nes los obispos reemplazaban, vieron rebajada su an« 
tigoa representación y su influenóia en el país. Los 
monjes se quejaban de verse privados del derecho y 
costumbre inmemorial de nombrar sus abades , y de 

é 

sujetarse á superiores que no entendian de la discipli- 
na regular. Los nobles se alarmaron al considerar el 
influjo que los obispos iban á ejercer en las Cortes ó 
Estadóis generales, como puestos por el rey y adictos 
al papa, y comprendieron cuánto iba á perder la an- 
tigua autoridad de la nob)ez|^; y el pueblo vio con 
recelo el poder que se daba al brazo eclesiástico. 

Otro motivo concitó todavía mas los ánimos de 
los flamencos, á saber, el empeño de Felipe IL de es- 
tablecer en los Paises Bajos ta Inquisición Je España, 
y la renovación de los terribles edictos de Carlos V. 
contra los bereges. Detestaban los flamencos la Inqui- 
sición, tanto ó mas que habian mostrado aborrecerla 
los de Ñapóles. Y al odio con que ya miraban el adus- 
to tribunal se agregaba la circunstancia de ser mu- 
chos los que temian sufrir sus rigores , porque con 
el trato y comunicación y el continuo roce que por ei- 
comercio y las guerras habian tenido y tenían con 
los alemanes , habian cundido y difundídose por los 
Paises Bajos los errores ^e Lutero y de Zuinglio, y 
eran muchos los que se hallaban contaminados de 
heregia. 

Fué otra de las causas del descontento de los fla- 



1^6 HISTORIA DE ESFASí. 

meneos la privanza de que gozaba con el rey el obis- 
po de Arras , después cardenal Gran vela , y la pode- 
rosa intervención é influjo que por espreso encargo y 
recomendación de Felipe ejercía aquél en el consejo 
privado de la duquesa de Parma , gobernadora de 
aquellos estados, señora por otra parte de grande 
. ánimo y espíritu , prudente , hábil y piadosa en estre- 
mo ^^\ El valimiento de Granvela , á quien suponian 
como el oráculo del rey y la gobernadora , se hacía 
insoportable á los proceres flamencos , que le profe- 
saban odio , mas ó menos en razón fundado , y bas- 
taba en los consejos que Granvela fuese de un dicta- 
men , para que ellos disintieran y votaran lo contra- 
rio: y era lo peor para ellos y lo que mas les irritaba 
que el parecer de Granvela prevalecía siempre sobre 
los de todos. 

Habia también mucha parte de ambición en los 
nobles. Orgullosos con haber «tenido tan principal 
parteen los triunfos de Felipe II. contra \o9 france-- 
^sen San Quintin y en Gravelines, aquellos á quie- 
nes el rey á ssu partida no habia dejado el gobierno 
de alguna provincia ó ciudad, se mostraban altamen- 



(1) Un diü la duquesa rasgó cidos rasgos de juslificacioa cap* 

por su roano en pleno consejo el taban á la gobernadora el respeto 

memorial de uno que habia ofre- y estimación de nobles y pueblo, 

cido cierta siiúia por el destino — ^arta de Tomás Armontcros, 

que pretendía^ y declaró que ha- secretario particular de la prince- 

ria lo mismo en fo sucesivo con to- saf, á Gonzalo Pérez ; Bruselái?, 

dos los que se valieran de seme- 4 de octubre, 4599. — Archivo da 

jantes medios. Estos y (^os pare- Simancas, £slado> leg. núm. 548. 



PABTB III.-. LIBRO It. 157 

le reseDtidos y quejosos , y los que los obtenían « aun* 
no se consideraban debidamente remunerados. Entro* 
estos era el principal Guillermo de Nassau , príncipe 
de Orange, el mas ilustre y el mas poderoso de aque- 
llos magnates , general en gefe de todo el ejército en 
tiempo de Carlos Y., siempre muy favorecido y con'* 
aderado del emperador , que le fiaba los cargos mas 
delicados y las embajadas mas importantes; el mismo 
Felipe le habia confiado el tratado de paz con Francia, 
y era hombre que gozaba de gran {)restigio en el 
país. Y como el de Orange babia aspirado á quedarse 
con el gobierno universal de Flandes, que se dio á la 
princesa Margarita , consideróse desairado , no obs*- 
lante haberle sido conferido el mando de las mejores 
provincias « y desde luego se le vio dispuesto á acau- 
dillar á los descontentos. Y en verdad que pocos ge* 
fes de revolución podria haber mas temibles , porque 
ademas de su ventajosa posición, era maravillosameur 
te diestro en ganar voluntades y le favorecían mucho 
su genio y sus naturales dotes. 

Dábase el pueblo por ofendido de la permanencia 
de las tropas españolas en Flandes mas tiempo de lo 
que había ofrecido el rey. La prudente gobernadora, 
conociendo el disgusto popular y temiendo sus conse- 
caencias, preparó el embarque, de los españoles, á 
cayo fin los envió al puerto de Flesinga en Zelanda. 
Has al tiempo de verificarse la partida, llegaron car- 
las del rey mandando que se suspendiese el embar- 



1 58 HMTOEtA DB BSPaSa. 

que hasta nueva orden. Culpábase de esta determina- 
ción á Granvela , que en sus cartas al rey le repre- 
sentaba la necesidad de tener allí las tropas para 
contener los conatos de sedición del pueblo y de la 
nobleza. De todos modos la orden del rey ponia en un 
conflicto á la princesa gobernadora; pues por una 
parte era .tal la indignación y el encono de los zelan- 
deses contra las tropas españolas , que no querían 
poner mano en las obras de los diques » diciendo en 
SQ desesperación que consentian esponerse é que los 
tragaran á todos las olas del mar si no habiau de ver- 
se libres del yugo de soldados estrangeros. Por otra 
parte ta retirada de las tropas de Zelanda ofrecía no 
pequeñas dificultades y riesgos. Invernar todas juntas 
len una sola ciudad era una carga insoportable para 
la población , cualquiera que fuese; dividirlas era es- 
ponerlas á los ultrages de los pueblos; y á mayor 
abundamiento las provincias habían protestado « que 
no solo no darían un florín para el sostenimiento de 
los españoles, sino ni para la milicia misma del país, 
mientras no le evacuasen los estrangeros. Todo esto 
lo espuso la princesa Margarita al rey en términos tan 
enérgicos y fuertes, que Felipe se resolvió, aunque 
de mal grado , á dar orden para que los tercios de 
Flandes fuesen enviados á Ñapóles y á Sicilia , donde 
vendría bien este socorro, ocupados los napolitanos en 
la empresa de los Gielbes. Salieron^ pues, los españo- 
les de Flandes en el rigor del invierno (de 4 560 



PARTB Ilf • UBEO U. 1 59 

á 1 561 ) con gran conteato y regocijo de todos los 
flamencos i^K 

Aquella alegría se conturbó no poco con la nueva 
que llegó de haber sido investido Gran vela por el pon- 
tífice Pío IV. con el capelo de cardenal. El rey le fe- 
licitó en carta de su puño (17 de marzo » 1561), ma- 
nifestándole el júbilo que le había causado «su mere- 
cida promoción , » y díciéndold al propio tiempo que 
había pedido á S. S. le dispensara la asistencia al, 
concilio de Trento ^^K Pero estas singulares distincio- 
nes que Granvela recibía del pontífice y del rey de 
España no hacían sino enorgullecer mas al prelado y 
añadir quilates á la enemiga con que le miraban los 
proceres flamencos. Tanto, que los dos mas principa- 
les « el príncipe de Orange y el conde de Egmont, se 
decidieron á escribir al rey (25 de julio , 1 56.1 ) , re- 
cordándole que cuando á su partida los dejó nom- 
brados gobernadores de provincias y consejeros de 
Estado , les prometió que todos los negocios de im- 
portancia se resolverían en Consejo » en cuya confian- 
za aceptaron : mas como quiera que después hablan 
visto que los negocios que se llevaban al Consejo eran 
los mas fútiles, y que los de grave interés se delibe- 
raban sin su conocimiento por una ó dos solas perso- 



(4) Cartas de Granvela á Goa- ras de Flandes, Decada I. lib. III. 

zalo Pérez, Bruselas 31 de octu- (2) Biblioteca de Besanzon, 

bre de 4560, y tí de eoero de Papeles de Estado del carde oal 

4561.— Archivo de Simaocas, Es- Granvela. — Archivo de Simancas, 

tado, leg, 520.-— Estrada, Gaer- Estado, leg. 520. 



i GO HISTORIA DE ESPAÑA 

ñas; y copo hubíedea oido á Graoveia que todos los 
consejeros serian igualmente responsables de los acón- 
tecimientos que pudieran sobrevenir, pedían á S. M. 
ó que se Jes admitiera la dimisión que de sus cargos 
iiacian, ó que ordenara que en lo sucesivo todos los 
asuntos se trataran y resolvieran en pleno Consejo» De 
la gobernadora no se quejaban , antes se mostraban 
muy satisfechos de ella ^'^ . 

Contestóles el rey que agradecía su celo por él 
buen servicio ( 29 de setiembre ]; que el conde de 
Horn , que á la sazón se hallaba en España y partiría 
pronto para Flandes, les llevarla la respuesta sobre 
el objeto de sus quejas ; que entretanto les recomen- 
daba la buena administración de sus provincias , que 
velaran por el mantenimiento de la religión y por el 
castigo.de los hereges. En efecto^ á poco tiempo vol- 
vió allá el conde de Horn» portador de la resolución 
del rey (1 5 de octubre) , escrita de su mano , pronie- 
tiendo que los negocios so tratarían en lo sucesivo de 
otra manera y como ellos deseaban ; añadiendo el se- 
cretario Eraso que nada harian que fuese tan agrada- 
ble al rey como el celo que desplegaran locante 
á la fé y á la religión. Pero llegó esta carta precisa- 
mente cuando el príncipe de Orange habia ido á ce^ 
lebrar sus bodas con una hija del difunto Mauricio de 



(1) ArchÍTO de Simancas, Es- Ademas el do Egmont escribió 
lado, les. 521 . — La carta estaba otras en el propio sentido al secre- 
escrita de mano del principe. — tario Braso (15 de agosto). . 



m 

PAETB III. LIBHO II. 161 

Sajoaia , edacada en la doctrina luterana » bien que 
protestando á la gobernadora que esto no le baria va« 
ríar de religión ni dejar el catolicismo ; y cuando 
Granrela se disponía á tomar posesión del arzobispa- 
do de Malinas, que también le habia sido conferi- 
do (*). Elementos todos que iban añadiendo leña al 
fuego de las rivalidades y de las discordias religiosas 
qoe no habia de tardar en estallar. 

En este tiempo ardian ya en Francia las sangrien* 
tas guerras y sucedían las terribles matanzas entre 
católicos y hugonotes , de que en otro capítulo hemos 
hablado. Y Felipe II. , que habia dado auxilios de 
tropas á los católicos franceses , mandó también á la 
gobemadc^a de Flandes que enviara en socorro de los 
mismos toda la caballería flamenca. Opusiéronse á 
esto los nobles con tal energía y obstinación , so pro- 
testo de (|be á ellos favorecían á los católicos de Fran- 
cia los protestantes alemanes volverían las armas con- 
tra sos propios estados , que no habia manera de ha* 
oer salir la caballería de Flandes sin riesgo de un 
levantamiento. En tal conflicto la prudente Margari- 
ta discurrió un arbitrio para no dar ocasión á distur- 
bios interiores y no dejar sin ejecución la orden del 
rey , que fué recoger y enviar dinero á la reina de 
Francia , )o cual sabía que habia de agradarla tanto 
como los soldados , y de ello dio aviso á su hermano 

(4) Carta del cardenal Gran- bro de 4564 .^ArchWo de Siman - 
▼eiay de Bruselas, 40 de diciem- cas, Estado, leg. 592. 

Tomo uii. 1 1 



1 62 flfSTOKlA DB ESPAÑA. 

^1 monarca español (1562)» esperando que le habrían 
de satisfacer las razones que la habian movido á 
obrar asi. 

Trabajábase en tanto en Flandes por poner cuan* 
tos entorpecimientos se podia á la provisión de \oi 
nuevos obispados erigidos por el rey , á los cuales se 
consideraba comp precursores de la Inquisición ; y 
como se atribuia todo al consejo y sugestiones de Gran- 
vela > lejos de irse templando el odio que contra él 
babia » era cada vez qbjeto de mayor encono : publi- 
cábanse pasquines y libelos , se esparcían calumnias, 
se hacia correr la voz de que queria ia destrucción 
de Flandes, de que habia dicho al rey que mientras 
no hiciera cortar medía docena ó mas de cabezas de 
los principales personages, nunca llegaría á donainar 
el país, de que mantenía correspondencia con los Gui- 
sas de Francia , y de que existia una liga ^ret9 de 
que él era el alma y el promovedor. De todo esto daba 
el cardenal amargas quejas al rey , protestando que la 
causa de aquella enemiga y de todos sus sinsabores 
no era otra que su empeño en sostener la autoridad 
real : que el verdadero motivo de la oposición de 
los nobles á la creación de los obispados, era que 
querían ellos manejarlo y mandarlo todo ; que ellos 
eran los que se entendían con los hereges franceses y 
alemanes , en prueba de lo cual habian enviado á con- 
sultar con los de París al doctor Dumoulin /mas he- 
rege que el mismo Lutero ; ponderaba la mala dispo- 



PAETB' III. LIBRO II» 4 63 

sJcíoD de los ánimos; denunciaba las confederaciones 
y planes qae se fraguaban , y en todas sus cartas in- 
sistía en la necesidad de qne fuese allá el rey , como 
único remedio para reprimir las conjuraciones y acá-* 
liar y sosegar los espíritus , pues de otro modo pro- 
nosticaba que ni la prudencia y esfuerzos de la prin- 
cesa regente ni menos los suyos bastarían á evitar un 
rompimiento. 

Felipe IL, en vez de adoptar uno de dos medios, 
ó de variar de sistema ó de obrar con mas energía, 
se contentaba con escribir, y eso de tarde en tarde» 
á la gobernadora y^ al cardenal , asegurando que no 
habia motivo ni razón para calumniar asi á Granvela, 
ni para aborrecerle de aquella manera y perseguirle; 
qae no era cierto que él le hubiera aconsejado la erec-> 
cien de obispados ni el establecimiento de la Inquisi*» 
don, ni menos lo de cortar la media docena de 
cabezas , « aunque quizá no seria malo hacello , » ana-* 
dia ^*^ ; que reconocía la conveniencia y aun la nece* 
sidad de ir en persona á los Paises Bajos , pero que 
no le era posible por In falta absoluta de dinero, 
«pues no podéis pensar , decia , hasta qué punto me 
hallo exhausto de numerario.» Y entretanto el espiri- 
ta público iba empeorando en Flandes ; crecia el odio 
contra Granvela ; el de Orangé y los suyos se corres- 



(4) Carta del rey ¿ la duquesa lio de 4562.— ArcbÍTO de Siman^ 
de Parma, eo Madrid, á 47 de ju- cas, Estado, leg. 525. 






16i HISTORIA DB BSPAÜA. 

pondiaa coq la reina de Inglaterra y se etopeñaban 
en asistir á la tlieta alemana de Francfort contra la 
volantad de la gobernadora ; esta se negaba ya á con- 
vocar los Estados generales de Ftandes, coya congre- 
gacion aquellos pedian; el cardenal rogaba ^por amor 
de DioiM al rey qoe fuese » porque si el pueblo se su- 
blevaba todo era perdido ; y el modo que tuvo Felipe 
de congraciar á la princesa regente que tanto sufría 
por sostener su autoridad fué negarle el castillo de Pía- 
sencia, que le había pedido devolviese á su marido 
el duque de Parma ; negativa que llenó de aflicción á 
la duquesa , que lahizo verter muchas lágrimas^ pror- 
rampir en amarguísimas quejas contra el ley , y la 
puso á puDto de hacer renuncia del gobierno , que 
hubiera sido una fatalidad , pero también una mere- 
cida lección para el monarca ^'^ 

La situación de Flandes se iba haciendo crítica, y 
se acordó enviar á España al señor de Montigny pa- 
ra que informase al rey del estado alarmante del 
país, y de sos verdaderas causas. El mismo Felipe le 
instó á que se las manifestara con franqueza , y el 
magnate flamenco le señaló las tres principales, á sa- 
ber: Primera : la elección de nuevos obispados sin 
coiise}0 ni inlervendon de los naturales del pais. Se-» 
guada : el rumor de que se intentaba establecer en 



(4) Correspondencia de la go- 1562.— Archivo de Simancas, Es- 
benuidora y it Qranvela con Fe* lado, leg. 524 y 52t. 
lipe 11., setiembre y octubre de 



FiATB 111. LIBRO 11. 165 

las provincias la loquisicioD á esUlo da Es(>aaa. Ter- 
cera: el odio general con que era mirado el par* 
denal Granvela , no solamente por los nobles, sino 
por todo el paeblo , odio tan profundo , que era ifiuy 
de temer produjera una sublevación. El rey contestó 
á estos cargos diciendo: que el odio á Gran vela era 
infimdado é injusto , porque él no habia tenido parte 
alguna en las medidas de que los ftamenoos se queja-* 
ban; que la creación de obispados no tenia mas otge- 
u> que proveer á las necesidades religiosas de las pro- 
viadas, y que nunca habia entrado en su pensamien- 
to establecer en Flaodes la Inquisición de España 
(didembre; 4 S6S1)« El efecto que prodigo en los Paí- 
ses Bsyos el eobocimíento de estus respuestas, ya 
trasmitidas por el rey i la gobernadora y al cardenal, 
y publicadas por Monligny i su regreso , ooo ansia 
deseado, fué del todo contrario al q^e Felipe II. se 
babia propuesto. Los ánimos se enconaron mas; las 
cosas fueron á peor;, sin rebozo se fraguaban ya pla- 
nes y confederaciones conlra el cardenal y los llama- 
dos cardenal istas, por el principe de Orange, los con- 
des de Egmont y de Hom, el marqués de Berghes, y 
otros magnates y barones; basta el mismo Montigny, 
calificando de abuso la pena de muerte por delitos 
en inaleria de religión , que se le mandaba aplicar 
á los turbulentos hereges de Valenciennes y de Tour- 
nay, se uniaá los prócenes conspiradores. Tal era ya 
la inquietud de la princesa y del cardenal, que aque- 



166 msToniA de esvaSa. 

lia se empeñaba eo resignar el gobíerDo, y éste pro* 
poDia TeDÍrse á Madrid. 

¿Qaé medidas tomaba para conjurar tan inminen- 
te tormenta Felipe II.? Instar á la daqnesa de Parma 
á qae continuara al frente del gobierno; decir á Gran- 
vela que no viniese , que allí podría hacerle mejor 
servicio , que se mantuviera firme , y no renunciara 
el arzobispado de Malinas ; y aconsejar á la ana y al 
otro que procuraran introducir la desunión y la dis- 
cordia. El rey no creiani podia persuadirse de qae 
las cosas pudieran llegar al punto que allá temian , y 
de que diariamente le avisaban ^^K 

No obstante los manejos empleados paifa dividir á 
los enemigos de Gran vela, y que produjeron la de- 
serción de) conde de Aremberg y de algunos otros, 
los demás continuaron sus trabajos , resolviéndose, 
antes de apelar á otros estremos, á pedir al rey abier- 

(4) Para evitar la multiplica- publicaron en Amsterdan en 4729 
clon de citas advertimos á núes- para ilustrar la histeria de las 
tros lectores, que escribimos los Guerras de Flandes del Padre Es- 
sucesos de Flandes teniendo á la trada, Ur. Gachard, archivero ge- 
vista una inmensa corresponden- neral de Bélgica , t miembro de 
cía oficial y privada, casi diaria, la Academia Real de la Historia, 
entre todos los personages, asi ha dado á luz en 4848 y 4851 dos 
flamencos como españoles , inclu- gruesos velámenes en cuarto ma- 
so el rey y los secretarios de los yor de 650 páginas cada uno, coa 
cobiernos de allá y de acá, que una reseña de cerca de 4 ,500 do- 
figuraron en aquellos ruidosos cumentos relativos á los negocios 
acontecimientos. La correspon- de los Países Bajos , copiados por 
dencia es copiosísima, y sobre- él de nuestro archivo de Siman- 
manera abnoaantes los documen- cas, donde por comisión de so 
tos auténticos que poseemos. Ade^ gobierno ha permanecido por es- 
mas de los muchos que por nos- pació de cuatro á cinco años. To- 
otros mismos hemos examinado do esto tenemos á la vista para b 
en el archivo do Simancas, y de noticia que vamos dando do agüe- 
los tomos de documentos que se Uds acontecimientos. 



iPAATB iiK Linao II« 1 67 

tameote la separapioo de Graovela , como lo hicieroi> 
el de Oraoge y los de EgmoQi y Hora , en carta que 
le dirigieron á 1 1 de marzo (4 563) , en la cual y en- 
tre otras cosas, le decian: «Cuando los hombres prin* 
»cípales y los mas prudentes consideran la adminis- 
tttracion de.Flandes, claramente afirman que en el 
^cardenal Granvela consiste la ruina de todo el go- 
nbierno ; por lo cual se sienten tan altamente (raspa- 
AsadóS los ánimos de los flamencos , y con taa firme 
» persuasión , que será imposible arrancarla de ellos, 
» mientras él viviese entre nosotros. Pedimos, pues, 
^humildes, por aquella lealtad que siempre habéis 

»esperímentado en nosotros que os sirváis de po- 

i»ner en consideración cuánto importa atender al co* 
i»mun dolor y quejas de los pueblos. Porque una y 
)»otra vez rogamos á V. M. sea servido de persuadir- 
»se á que jamás^ tendrán feliz suceso los negocios de 
)»las Provincias , si advierten los subditos que el ár« 

»bitro de ellos es un hombre á quien aborrecen 

»Este ha úáo el motivo por que los mas de los seño- 
uresy gobernadores de estos estados , y de otros no 
npocos » han querido significaros estas cosas , para 
»que se pueda obviar á tiempo la ruina que amena - 
»za. Obviaréisla sin duda, señor , como esperamos; y 
«ciertamente podrán mascón V. M. tantos méritos de 
^vuestros flamencos y tantos ruegos por el bien pú- 
»blico, que no la atención á un particular , para que 
)»querais por solo él despreciar á tantos obedienlísi- 



4 68 mSTOBIA DE ESPAÑA. 

)»mos criados de V. M. Y oías cuando no solo no 
»paede quejarse nadie de la prudencia de la go- 
ubernadora , pero aun os deberemos dar todos in* 
» mortales gracias por su gobierno.» Y concluían pi- 
diendo que de todos modos los relevara de concurrir 
en adelante al consejo con el cardenal. 

' Tardó el rey tres meses en contestar á esta carta, 
al cabo de los cuales respcmdió (junio, 4 563), que 
sería bueno que alguno de los tres viniera á España á 
esplicarle de palabra los motivos de sus quejas. Y pa* 
reciéndole el de Egmont el mas á propósito por su ge- 
nio para poderle ganar con mercedes y halagos, le es- 
cribió particularícente á él mismo, mvitándoleá que 
viniese: porque el objeto del rey era introducir las 
sospechas y la discordia entre los de la liga y debili- 
tarlos dividiéndolos. Pero el de Egmont se negó siem- 
pre bajo diferentes escusas á hacer el viage á España 
para acusar á Granvela , penetrando acaso las inten-^ 
ciones del rey. En el propio sentido se conducían y es- 
pilcaban los demás confederados, y en vez de venir á 
dar esplicaciones al monarca, dejaban de asistir al se- 
nado con Granvela, y públicamente se congregaban y 
platicaban entre s( y se correspondían con los refor- 
mistas alemanes, ingleses y franceses, sin que la prin- 
cesa gobernadora , con toda su prudencia y so políti- 
ca , lo pudiese remediar. Y sin embargo , esterior- 
mente mostraban el mayor celo por la religión 
católica. 



PARTB III. UBEO II« 1 69 

Juzgó ya oeoesario la princesa Margarita despa- 
char á su mismo secretario Tomás Armenteros con 
instraociones de lo que había de informar , proponer 
y pedir al rey sobre el estado alarmante de Flandes. 
Decíale que la heregía se propagaba en la Baja Flan- 
des por las relaciones de esta provincia con Inglater- 
ra y Normandía; que la secta de Calcino inficionaba 
rápidamente la S^landa y la parte de Luxemburgo 
colindante con Francia ; que el principe de Orange» 
los condes de Egmont y de Horn» el marqués de 
fierghes, los condes de Mansfelt, de Meghem y el 
señor de Montigny, en varias audiencias que con ella 
hablan tenido, hablan tratado de justificar su retira- 
da del Consejo de Estado; que el tesoro de Flandes es- 
taba exhausto , y las cargas anuales escedian á las 
rentas en mas de seiscientos mil florines ; que las pla- 
zas de las fronteras necesitaban ser reparadas y au- 
mentadas ; qqe le dijera cómo habia de conducirse en 
el caso que los señores disidentes se obstinaran en la 
congregación de los estados generales ; que habia 
apurado infructuosamente todos los medios para re- 
conciliar á los magnates con Granvela ; que el prela- 
do era muy celoso por el servicio de Dios y del rey, 
pero que no dejaba de conocer que su permanencia 
en los Paisas Bajos á disgusto de los proceres ofrecía 
gravísimos inconvenientes, y podia producir hasta 
un alzamiento en el pais (agosto, 1 563). 

No comprendemos la dilación del rey en contes- 



L 



1 70 HlSTOItU DB ESPAÑA. 

lar á tan alarmantes cartas. Hasta octubre oo respon* 
dio á esta y á otras dos de la gobernadora , desde 
Monzón» donde celebraba Cortes , y aun entonces^ 
limitó á decirle que agradecía su celo y diligencia, 
que le causaba gran pesadumbre el estado de la re- 
ligión en los Países Bajos , y que con Armenteros le 
respondería mas particularmente. Pero Armenteros 
no fué despachado á Flandes hasta el 23^ de enero 
de 1564 9 y las instrucciones que el rey le dio se 
reducían á decir á la princesa: que quería que los he- 
reges fueran castigados ; que escusára cuanto le fuese 
posible la reunión de los Estados generales , y en .el 
caso de verse hostigada , se remitiera á él ; que debía 
trabajar por que el de Orange y demás nobles disi- 
dentes volvieran al consejo de Estado ; que en coanta 
á Granvela , se reservaba deliberar , y le haría cono- 
cer su determinación; que conocía los buenos efectos 
que su presencia podría producir en los Países-Bajos, 
pero que eran tantos los negocios que tenía que arre- 
glar en España , que no sabía cuándo podría efectuar 
su viage; que entretanto le recomendaba la mayor so- 
licitud por la religión, y que fuera entreteniendo las 
esperanzas de los señores flamencos. 

Mas en este intermedio no había dejado el rey de 
consultar al duque de Alba sobre el partido que con- 
vendría adoptar. «Síenrpreque veo cartas, de esos tres 
Dseñoresde Flandes, le contestaba el de Alba, me aho- 
«>ga la cólera en términos, que si no me esforzara por 



PABTB III. LIBRO II. 471 

1» reprimirla , creo que mi opiaíon parecería á V. Itf. ia 
»de un hombre freoélico.i» Decíale que lo mas justo 
sería el castigo» pero no siendo posible por el momen- 
to, convenia sembrar entre ellos la cizaña y dividirlos; 
mostrar enojo contra aquellos que no merecían una 
pefna muy fuerte; y en cuanto á los qxée merecian que se 
les cortara la cabesaj seria bueno disimular hasta que 
se pudiera hacerlo; que Gran vela debería salir secre- 
tamente y como fugado de Flandes , irse á Borgoña, 
y de alli escribir á los Paises Bajos que habia abando- 
nado á Flandes por ponerse en seguro , porque alli 
peligraba su vida ^*K 

Al fin salió Granvela de Flandes á Borgoña (mar- 
zo, 4564), con gran júbilo de los nobles, que desde 
luego comenzaron á asistir al Consejo de Estado , y 
con no poco contentamiento del pueblo , del cual so- 
lia decir el cardenal con sarcástico ludibrio: ^ese pro- 
tervo animal llamado pueblo ^^Ki> Y salió en buena 
ocasión , porque los pasquines que contra él diaria- 
mente aparecian mostraban hasta qué punto habia 
provocado ya la irritación popular. El conde de Eg- 
moni le decia con franca lealtad á la duquesa de 
Parma que si Granvela volvia á Flandes , como des- 
de el principio se comenzó á susurrar , peligraba de 

(4) Correspondencia de Feli- Bruselas 25 de febrero, 4564. — 

{te U. y el duque de Alba. — ^Ar- Archivo de Simancas. Estado, le- 

chíYO de Simancas, Estado, lega- cajo 526.»Papeles del cardenal 

jo 143. Granvela en la Biblioteca de Be- 

(3) Carta de Oranvela al rey, sanzon. 



172 HISTORIA DE ESPAÑA. 

seguro su vida ^ y el rey se ponía en manifieslo ries- 
go de perder los Países Bajos. Una librea que los se* 
ñores flamencos acordaron en este tiempo adoptar 
unánimemente , á estilo é imitación de las que asaban 
los señores de Alemania , pero en cuyas anchas man- 
gas habia unas cabezas^ humanas bordadas á aguja,* y 
unos capirotes como los que llegaban los fatuos y ju- 
glares, dieron ocasión á mil interpretaciones sinies- 
tras ; en los capirotes ereian ver representado el ca- 
pelo del cardenal , y en las cabezas veían simboliza* 
das las de los llamados cardenalistas ; todo lo cual- 
exaltaba los ánimos del pueblo, y cualquiera que 
fuese la versión , era de naturaleza de hacer recelar 
próximos disturbios (^). 

Cuando Cal agitación remaba en los ánimos, cuan- 
do se cuestionaba entre el rey , el duque de Alba y la 
gobernadora , si traer al cardenal Gran vela de Besan- 
zon á España ó llevarle á Roma , la princesa regente, 
cumpliendo con los repetidos encargos , órdenes y re- 
comendaciones de su hermano Felipe , comenzó á per- 
seguir y castigar á los hereges de Flandes , á eacer- 



(4) «Dtró á V. Jí. (decía la «na qui^ sensa \aMo aleuno ti $a- 

«princesa Margarita en sus cartas lirá ansazsat, sen%a che nessun 

«al rey) che se tlcardinale ritorna «di loro $ia parle per poterlo ri- 

«qtii, ridurrá le cose in peggior ^mediare, come hanno fatto per 

titermine che fassero mai, secofido «ti passato, di chi veramente ri- 

mquello che moUo apertamente mi •sultaria la perdita della religio- 

Mñannosigni/icaiosemprelamag' «ne in questi paesi, et per conse^ 

•gior parte di questi si{fnori^ i tiqueniia qualche grande emotiO" 

«guaf» dinuovo mi dicono chior- ^ne >* Archivo de SimaBca8> 

«ramente che se il cardinal» tor- Bsiado, leg. 545. 



PAftTB 111. LIBAO II» 173 

rarloseo calabozos, y á llevarlos á los patíbulos. No- 
bles y pueblo se alteraron y conmovieron con esto; 
proclamaban públicamente y á voz en grito que era 
intolerable crueldad castigar* los hombres por asun- 
tos de conciencia , y no siendo culpables de rebelión 
ni de tumulto , y protestaban y juraban que « ó no 
se babian de ejecutar los edictos inquisitoriales, ó 
habían de verse en los Paises Bajos cosas mas terri- 
bles qne en Francia , y de ello comenzaron á dar al- 
gunas muestras* ün tal Cristóbal Fabricio había sido 
llevado á la hoguera en Amberes por herege , y en 
el momento de aplicar el verdugo el fuego á aquel 
desgraciado, una lluvia de piedras lanzadas por la 
gente del pueblo cayó repentinamente sobre el eje- 
cutor y los testigos del suplicio: el verdugo remató 
con el puñat á su víctima para acelerar la operación 
y huir del p^ii^ro, y el alboroto se reprodujo con 
furor al siguiente día. En Bruges el senado mis- 
mo de la ciudad arrancaba de las manos de los 
alguaciles otro herege condenado por el inquisi- 
dor , y encBTcelaba á los ministriles , y se quejaba 
á la gobernadora contra el representante del Santo 
Oficio. Escenas semejantes acontecían en otros pue- 
blos. Fluctuaba el ánimo de la princesa entre los in- 
convenientes y peligros del rigor inquisitoriil , y 
los apremiantes mandamientos del rey , ordenán- 
dole el castigo de los hereges, que él mismo de- 
signaba desde España » individualizando sus nom- 



174 HISTORIA DE ESPAÑA. 

bres, sus oficios y las seD9s de sus viviendas U). 

Agregóse á esto el empeño de Felipe IL de hacer 
recibir ea Flandes y guardar y cumplir como ley del 
Estado los decretos del concilio de Trento, á la mane- 
rsr que lo habia hecho en España y en otros dominios 
de su corona. De aqui surgieron nuevas y mas gra- 
ves dificultades y complicaciones en los Paises-Bajos, 
harto conmovidos ya. La mayoría de los nobles resis- 
tió fuertemente esta medida , fundándose en que va- 
rios de los capítulos y disposiciones del concilio eran 
contrarios á los privilegios de algunas provincias y 
ciudades , y negábanse á recibirle , por lo menos 
mientras aquellos capítulos no se esceptuasen ó su* 
primiesen. Insistia el rey en que se aceptara sin res- 
tricciones ni limitaciones, pues no podia sufrir ni to« 
lerar que habiendo sido recibido en España en todas 
sus partes , se le pusieran embarazos y se exigieran 
condiciones en ninguno de sus señoríos, con menos- 
cabo de su autoridad y con tan funesto ejemplo para 
la vecina Francia » donde tampoco era recibido. La 
princesa Margarita encontraba apoyo en el consejo 
privado para la ejecución de la voluntad del monarca 
español , pero oponíale tenaz resistencia el senado ó 
consejo general (de setiembre á diciembre de 1 564)/ 

En este nuevo conflicto túvose por convenienie. 



(4)> Docamentos del archivo de des, Década I. lib. IV.^Beniibo- 
Simancas, Estado, legajos 525 y glio. Guerra de Flandes, lifo. U. 
526.~Estrada, Guerras de Flan- 



PARTB ni. UBBO lU 17S 

y aaa necesario, enviar á España al conde de Egmont 
para que espusiese y representase al rey la verdade- 
ra situación del pais , sus necesidades y sus peligros, 
y le hablase al propio tiempo de otro suceso que es- 
taba aumentando la alarma de los flamencos, á sa-» 
ber, la entrevista y las pláticas que celebraban en- 
tonces las reinas de Francia y de España en Bayona, 
de que antes dimos cuenta , y sobre las cuales cor- 
rían en Flandes las conjeturas y rumores mas sinies* 
tros. Esta vez aceptó el de Egmont con gusto su em- 
bajada á Madrid con la esperanza de alcanzar medros 
en sus personales intereses. Recibió Felipe II. con 
mucha complacencia (marzo , A 565) al ilustre capitán 
á quien debió algunos años antes el glorioso trinnfo 
de Gravelines. Oidas sus esplicaciones verbales , é in- 
formado de las instrucciones que el de Egmont traia 
de la princesa , reunió Felipe II. una junta de teólo* 
gos y doctores para consultarles sobre el punto de la 
religión y de la libertad de conciencia queseen empe- 
ño pedian las ciudades de Flandes. Respondiéronle, 
después de una madura reflexión , los teólogos con- 
sultores , que atendido el estado de aquellas provin- 
cias y los males que de provocar una rebelión podian 
seguirse á la Iglesia universal , creian que podía muy 
bien S. M. sin ofensa de Dios dejarles el libre culto, 
sin cargo alguno para su real conciencia. Entonces e( 
rey • separándose del dictamen de sus asesores , pro- 
testó y juró que preferirla perder mil vidas que luvíe- 



n 



176 HISTORIA f>B BSPASA. 

se á permitir se quebrantara en un punto la unidad 
religiosa y que le ilamáran señor de quienes tanto 
ofendiaaá Dios. Y á poco tiempo despachó al de Eg- 
mont (abril, 4665) con las cartas de respuesta á la 
princesa gobernadora ^^K 

Partió, pues, el oonde flamenco de Madrid con 
laa instrucciones , muy complacido y contento por las 
mefcedes personales que recibió de su soberano y 
cuya esperanza le babia hecho la embajada tan agra- 
dable , llevando al propio tiempo á la princesa regen- 
te su hijo Alejandro , principe de Parma , criado en 
la corte de España , y casado ya con la princesa Ma- 
ría de Portugal , hija de Eduardo y nieta del rey don 
Manuel , causando gran contentamiento y placer á 
Margarita de Austria , que después de tantos años 
volvia á abrazar con la ternura de madre á su hijo ^^K 

Mas sucedió qile á poco de haber regresado Eg« 
mont con los despachos del rey , escritos en sentido 
bastante templado, y cuando en !su virtud parecía 
que los ánimos comenzaban á aplacarse algún tanto, 
se recibieron otros espedidos en Yailadolid , de todo 
punto contrarios á los que llevara el conde mensage- 
ro , mandando i la princesa que no aflojara en ma- 
nera alguna en la pesquisa y castigo de los anabaptís- 

(4) tlnstruccion de Uis cosas Siroaocas, Estado, leg. 627. 
qu9 vos, principe de Gavre^ can*' (2) Esie Aleíandro es el que 
de de Egmont, mi primo y de mi veremos mas aaelaute rigiendo y 
Consto de Estado, nabeis dededr gobernando los estados de Fias- 
en mi nombre á la duquesa de Par- des. 
ma^ mi fcermofia.»— Archivo de 



PAHIE. III.. LIBRO II. 1 77 

tas y otros bereges , qae restableciera eo todo su vi- 
gor los edictos imperiales , que publicara el concilio 
sia restricciones « que reorganizara el Consejo de Es- 
tado» que hiciera á los nobles abolir y desterrar la 
aneva librea, con otras prevenciones no menos rigo^ 
rosas ni menos opuestas á las que un mes antes había 
dado. Encendiéronse con esto y se irritaron mas los 
espíritus; creqió la indignación del pueblo ; los nobles 
tomaron una actitud mas siniestra y hostil y se confe* 
derabaa mas abiertamente ; el mismo conde de Eg- 
mont se quejaba amargamente del compromiso en 
qne el rey le habia puesto , en detrimento de su buen 
nombre , con medidas tan contrarias á las instruccio- 
nes que le dio por escrito y á las ofertas que verbal- 
mente Iq habia hecho, y amenazaba retirarse del ser- 
vicio de su soberano. La gobernadora , que por una 
parte, en obediencia á las órdenes de Felipe, publica- 
ba el concilio , restablecía los edictos , y empleaba 
fuertes medidas contra los protestantes , por otra no 
dejaba de arbitrar medios para templar la efervescen-* 
cia popular , escribía frecuentemente al rey pintándo- 
le b» alarmante y peligroso de la situación si no ami- 
noraba sus rigores, inclinábale á ello, y le escitaba 
vivamente á que pasase allá para que viese por sí 
mismo el estado del. pueblo y los inconvenientes y 
riesgos de su sistema de intolerancia. Mas to4os sus 
esfuerzos se estrellaban contra la insistencia, y la du- 
reza del rey , que no cesaba de repetirle que castiga - 
Tomo xiii. 12 



1 78 HISTOBIA OB BSPAHA. 

ra y procediera contra los hereges, síq remisión , sin 
consideración á clases ni á personas ; que tales males 
no se curaban con reníedios suares , sino con ásperos 
cauterios; que diera todo género de protección y ayu- 
da á los inquisidores » y que esta era su voluntad » la 
cual quería se ejecutara y cumpliera y la hidera eje- 
cutar y cumplir á todos los magistrados de las pro- 
vincias. 

Así pasó todavía aquel año , pareciendo milagroso 
que tardara tanto en reventar con fuerte estampido 
tan profunda y general irritación; y todavía en enero 
de 1 566 volvía la gobernadora á decir á Felipe: «La 
resolución de V. M. sobre la Inquisición y la obser- 
vancia de los edictos empeora esto de din en día; de- 
ploro la determinación, y oreo que Y. M. ha sido mal 
aconsejado: la Inquisición se haca insoportable á estas 
gentes: en Amberes y en Bruselas se publican carteles 
y circulan libelos que provocan á la rebelimí , y el 
presidente Vigilo y los mas afectos á V. M. me acon- 
sejan que no dé apoyo á los inquisidores para castigar 
estos delitos, por temor ¿ los gravísimos inconveaien- 
tes que se podrían seguir: los gobernadores y magis- 
trados de las provincias me dicen sin rebozo que no 
quieren ayudarme y contribuir á que sean quemadas 
cincuenta ó sesenta mil personas. La escasez y cares- 
tía de las subsistencias , los atrasos en las pagas de 
las tropas y la poca confianza que me inspiran au^ 
montan mis temores y me hacen temblar : os suplico 



MftTB til, LIBftO ti. 179 

httmUdeuieale que lo meditéis bieo y deis alguú^ sa- 
üsfaocioa á los aefiores del país^ es imposible hacer 
mas de lo que yo estoy haciendo* y lo úoico que de- 
seo y me resta es poderme retirar ^^^ •» 

Felipe IL se manteaia iaexonAle i y tan violenta 
sitaaoion no podía mantenerse asimnebo tíempo. Va- 
rios jóvenes de la noblexa ^ qae se corresponcjiían con 
los protestantes i^lemancs» ingleses y franceses , hicie- 
ron en Breda una liga ó confederación » en que se 
obligarcm bigo juramento ¿ resistir con la fuerza y 
rechazar coa las armas, la Inquisición y los edictos, 
protestando no proponerse en ello sino el mejor ser- 
vicio de Dios y del rey« Centenares de nobles y ca- 
balleros se fueron adhiriendo al Compromso de Bre^ 
da» Sin embargo» no todos los conjurados se propo- 
nian los mismos fines: los había que proclamaban la 
libertad de conciencia ; algunos solo se oponían á ios 
rigores de la Inquisición y de los edictos ; otros aspi- 
raban á variar de soberano adamando la libertad del 
pnis , y A faltaban quienes se preponian solo medrar 
con la revolución ; pero el grito general y el clamor 



(4 ) La duquesa de Parma al rey, zb\o Pérez: tSB muy necesario que 

de Bruselas, ¿ 9 de enero d&4566. S. M. e$er\ha litego pera q%Mar 

— Archivo de Simancas^ Estado, esta o^rwm de Inquisición^ y no 

ieflaj«e630y 534.' hay que pensar de ponerü en 

Tal llegó a ser e\ convencímien- Flanaes, ni á NápoUs^ ni á Mi- 
to del édio O0D croe era mirada U Iftn^ so pena de e^eri» oíóorato.» 
loquisicion en rlandes, que él Do Boma, 4 .<> de febrero, 1566. — 
mismocafdeaal Granveia, desde Archivo de Siinancas, Estado, le> 
Roma, donde había ido de orden gajo 903. 
del roTfle decía al secretario Gon- 



180 HISTORIA DE ESPAÑA. 

unáDÍme era contra la loquístcioa y los edictos ce- 
sáreos. Su plan era sublevar de pronto las pro- 
vincias de Frisia , Güeldres, Holanda y Utrech, para 
caer luego sobre Bravante. Los principales nobles, 
el príncipe de Oránge, los condes y marque- 
ses de Horn» Berghes , Mansfeld , Meghem» Hooghs- 
traeten, Egmont, Montigny y otros, se mostraban 
ágenos á la confederación , aunque se quejaban 
de le conducta del rey para con ellos , y de que los 
tuviera y tratara como sospechosos. La princesa los 
consultaba « y todos unánimemente le respondian que 
no había mas medio de conjurar la tormenta que 
abolir la Inquisición y moderar los edictos , y la du- 
quesa á su vez escribia al monarca que no le queda- 
ban sino dos estremos » ó emplear pronto el rigor y 
la fuerza , ó conceder lo que los sediciosos pedian. 

El 2 de abril (1 566) entraron en Bruselas Brede- 
rodé y el conde Luis de Nassau , hermano del de 
Orange , con doscientos ginetes, llevando todos en el 
arzón de la silla un par de pistolas , y los dbs gefes 
se alojaron en la casa del príncipe de Orange. El 3 
llegaron los condes de Vanden Berghe y Galembourg 
con ciento cincuenta caballos , sin los que iban entran- 
do á la desfilada. Con este alarde y aparato dé fuer- 
za se proponian los conjurados presentar á la go- 
bernadora su memorial ó petición. La princesa, sin 
embargo , les puso por condición que habian de pre- 
sentarse desarmados. Hiciéronlo asi en número de 



trescieolos caballeros, llevando la palabra el conde 
de Brederode. A los pocos dias -respondió la gober- 
nadora á la reqaesia de los conjurados , dándoles es- 
peranzas de que sería abolida la Inquisición , de que 
se moderaría el rigor de los edictos , y se concedería 
un perdón general, pero teniendp que consultar la 
intención y la voluntad del rey. Como los coligados se 
presentaran en la audiencia sin insignias ni condeco- 
raciones, y todos con unos sencillos trages grises, el 
conde de fierlaymont, del partido del rey, á quien la 
princesa confió la alarma que aquello la causaba, qui- 
so tranqoilizarla diciendo: «Señora ^ no son sino unos 
pobres mendigos : Ce ne sorU que de gueuo) ^^\t» Hízo- 
les gracia el nbmbre á los de 1% liga , y en sus ban- 
quetes brindaban gritando: <c¡Vivan los mendigos! 
/ ViverU les guevaoh Tomáronlo , pues , por divisa , y 
todos los confederados adoptaron un tosco vestido 
gris, y andaban con una alforja al cuello > unas es- 
ondulas de palo á la cintura , y una medalla al pecho 
que representaba en el anverso* la efigie de. Felipe IL 
con el mote: En todo fieles al rey; y en el reverso 
dos manos sosteniendo una alforja, con el lema: Has-- 
ta llevar la alforja^ Las escudillas , que al principio 
eran de palo , las llevaron después de oro los gefes 
de los confederados. 

(1) Gueux. Ek que asi los llamó bres, ó mendigoSi coo puoias d« 
quiso siiuiificar, según la priucesa vagabundos. 
misma decia en sus cartas, po- 



1 82 HlStOElA DB BSPAÜA. 

A oonsecoencia de la oferta hecha por Margarita 
de Austria á los de to noble unión , que asi se lítala- 
baa también, acordó enviar ¿ España ai marqués de 
Berghes , gobernador de Henao , y al barón de Mon- 
tigny , que lo era de Toumay , para que vieran de 
persuadir al rey su hermano d& lo mismo que en' los 
despachos le decia, á saber; que accediera á abolir la 
Inquisición y á moderar los edictos» según ella habia 
ofrecido á tos peticionarios, y en cuya necesidad con- 
venian los caballeros del Toisón y los gobernadores 
de las provincias á quiénes había consultado; y al 
tiempo que esto hacia recibía cartas de Felipe en que 
daba su aprobadon á muchos actos de la princesa» 
pero manifestando no consentiría en la supresión del 
Santo Oficio , ni en la modificación de los edictos , ni 
en la asamblea de los Estados generales (mayo, 1 S66). 
La discreta Margarita ocultaba muy prudentemente 
las iotenciones y mandamientos del rey hasta saber 
el resultado de la embajada. 

No es fácil esplicar favorablemente la conducta mis* 
teriosamente sospechosa y doble de Felipe 11, en nego- 
cio de la calidad del de Flandes , tan importante y de 
tan inmensas consecuencias. Demás de la incompren- 
sible dilación del remedio, de que amigos y enemigos 
juntamente y con razón ya se quejaban, después de 
la venida de Monligny pasábanse meses sin dar mas 
resolución al magnate flamenco, sino que lo pensaría 
y avisaría tan pronto como los negocios de España se 



PARTE 111* UBBLO II. 1 83 • 

lo permiUeran. Hablábale con mucbot agrado , y le 
entretenia.lieváadole de Madrid al Escorial , del Es- 
corial al bosque de Segovia y otros lugares , mas siu 
darle nuoca una coutestacion. defioitiva. Al marqués 
de Bergbes , que desde el camino queria volverse á 
los Países Bajos t le escribía el rey que no dejara ea 
manera alguna de venir á Madrid (agosto» 1566). Y 
cuando lavo aqui al segundo mensagero , no estuvo 
con él fluas explícito que con Montigny: á ambos los 
retenia sin darles respuesta» y sin saber ellos qué pen- 
sar de tan estrana conducta, \ Ojalá hubiera sido este 
el peor mal para ellos I 

Entretanto la tempestad allá arreciaba: á la con- 
joracíoQ de los nobles siguieron los tumultos en los 
pueblos ; multiplicaban^ los libelos , los pasquines, 
las proclamas incendiarias; predicadores protestantes 
derramados por todo el pais acaloraban á las masas 
con sus sermones ; cantábanse por las calles de las 
ciudades los salmos de David con la glosa luterana; 
doscientos nobles de los coligados^ reunidos en Saint- 
Trond, anadian á las tres peticiones anteriores la de 
que se congregaran los Estados generales; celebrá- 
banse en varias poblaciones reuniones populares y tu* 
muUuosas de ocho , diez, doce y die¡^ y seis mil per- 
sonas. A las repetidas y apremiantes consultas que en 
su conflicto sobre tan alarmante estado le dirígia la 
princesa regente , ¿qué respondía el rey? La mandaba 
que se mantuviera firme en negar y resistir la con* 



M 84 HiSTO&iA oís es^aSa. 

gregacion de los Estados generales , pero eDcargáo-* 
dola 00 revelase á nadie esta órdea suya. «Vos do io 
Dcousentiréis, ni yo lo coDsenliré tampoco, pero oo 
^conviene que eso se eniieada allá , oi que vos tenéis 
x>esta orden mia » si no es para lo de agopa , pero que 
i>la esperáis para adelante , no desesperando ellos pa* 
»>ra entonces dello, aunque, como digo, yo nolo 
»haré , porque entiendo muy bien para lo que se pre* 
» tende , y por esto mismo no he querido permitirle 
cantes (*). 

La autorizaba, aunque en términos no muy espli- 
citos , para otorgar un perdón general á los subleva- 
dos , y levantaba un acta ante el notario Pedro de Ho- 
yos^ y á presencia del duque de Alba, del licenciado 
Francisco de Menchaca , y del doctor Martin de Ve-* 
lasco (9 de agosto), declarando que no lo habia hecho 
libre ni espontáneamente, y que por tanto no se creía 
ligado por aquella autorización, sino que se reserva- 
ba el derecho de castigar á ios culpables', y especial- 
mente los autores 6 motores de los disturbios ^^K Ofre-^ 
cia á los flamencos que baria cesar la Inquisición , y 
escribia á don Luis de Requesens , su embajador en 
Roma, que casi se alegraba de que le hubieran for- 
zado á ello, porque siendo un tribunal puesto por Su 
Santidad , mientras Su Santidad no le suprimiera, 

(4) Carta de Felipe II. ala du- {%) Docuaxento en latió, Ar- 

3uesa de Parma, de Balsain á 2 chivo de Simancaii Estado, le- 

e agosto, 4556.— Archivo d^ Si- gajo 531. 
mancas, Estado, leg. 532. 



quedaba en franquía de dar por nula la abolición 
coando le conviniera ^^^ • Y respecto al perdón ofred- 
do, tan lejos estaba de su ánimo realizarlo, que aña- 
día: «Y assi podréis certificar á So Santidad que an- 
otes que sufrir la menor quiebra del mundo en lo 
»de la religión y del servicio de Dios , perderé todos 
«mis estados y cien vidas que tuviese , porque yo ni 

)» pienso ni quiero ser señor de bereges y si no se 

«puede remediar todo como yo deseo sin venir á las 
)»armas , estoy determinado de tomallas, y ir yo mis- 
»moen persona á hallarme en la execucion de todo, 
»9in que me lo pueda estorbar ni peligro, ni la ruina 
r^de todos aqwllos países, ni la de todos los demás que 
)»me quedan ,«á que no haga lo que un príncipe cris- 
»tiano y temeroso de Dios debe hacer en servicio 
»suyo....» 

Mas, ó llegó tarde el remedio, si remedio era, 
ó la forma de las concesiones no satisfizo á los flameh- 
008, ó penetraron estos las intenciones del rey, es lo 
cierto que la tempestad que tanto tiempo estaba ame- 
nazando estalló al fin de un modo estruendoso y hor- 
rible. En Saint*Omer , en Iprés , en Aroberes , en 
Gante^ eií multitud de ciudades flamencas , casi á un 
tiempo y en unos mismos dias fueron furiosamente 



(4) tYporla priesa que diC" atándola S. S., que es guíenla 

^ron en esto no ubo tiempo de npone; pero en esto conviene que 

^consultarlo á S, S. como fuera 9 aya el secreto que se puede consi- 

Injusto, y quisa abrá sido asi me- )»derar»-r Sima ocas, Estado, le- 

»jor, pues no vale nada sino qui- gajo 904. 



4 86 UISTOUA DB B«PAÑA* 

asaltados é iovadidos por frenéticas baodas de bere-^ 
ges los templos , destruidas las saotas imágeúes , he- 
chos pedazos los altares , hollados los taberoácalos y 
los vasos sagrados, quemados los libros del oficio di- 
vino, los ornamentos y vestiduras sacerdotales , des- 
trozados los órganos, los pulpitos, los preciosos cua- 
dros , los objetos todos del culto • ó con implo furor, 
ó con sacrilego escarnio. Sobre cuatrocienlas iglesias 
sufrieron los rigores del mas desatado vandalismo. 
Entrábanse las (urbas de tropel en los conventos , y 
los frailes eran lanzados de alli coo groseros insultos, 
ó los golpeaban y apedreaban. Las vírgenes abando- 
naban despavoridas sus religiosos asilos, guareciéndo- 
se cada cual donde creyera estar mas escondida y se- 
gura. En los varios dias que duró la destrucoían , la 
profanación y el saqueo, los magistrados no dieron 
señales de querer emplear su autoridad para reprimir 
los desórdenes ni castigarlos: condujéronse casi to- 
dos ó como cómplices, ó oomo cobardes, y el país es- 
tuvo á merced de los amotinados, basta que sus mis- 
mos caudillos los mandaron cesar, creyendo que ya ea 
adelante nadie se atreverla á molestarlos en materia 
de religión. La regente envió á algunas parles las por 
.cas tropas de que podía disponer, y en otras exas- 
perados los católicos se levantaban á su vez contra 
los profanadores y destructores de sus templos , y 
dentro de los templos mismos se herian , mataban y 
degollaban bereges y católicos con igual rabia y ^xal- 



PAftTB in. UBftO II. 187 

iacion. La misma princesa regente , sabedora de que 
había eá Bruselas mas de quince mil protestantes, in^ 
tentó dos veces huir de aquella ciudad y refugiarse á 
Moos » y ambas la disuadieron de ello ei de Oraifge, 
el de Egmont y otros magnates, y aun le cerraron 
las paertas de la ciudad para que con so fuga no 
crecieran mas la anatquia y los desórdenes. 

Reunido por ella el senado , algunos proceres le 
ofrecieron francamente sus servicios, como el de 
Mansfeld , que se mostró decididamente adicto al rey 
y á la gobernadora , el de Aremberg , el de Noircar-* 
mes , el de Beríaymont y otros. Pero el de Orange, el 
de Egmont, el de Horn y otros de los mas poderosos 
é influyentes , y de los que aparecían mas templados, 
espoofanie que lo primero de todo era la conserva- 
don del Estado , y después se restablecería la religioni 
pedíanle la convocación de 'los Estados generales» 
pues asi lo qnerian las provincias, y de no convocar- 
los, se reunirían eHas mismas de su propia autoridad; 
que ofreciera perdón general á los confederados, y se 
les haría deponer las armas y romper el Compromiso. 

La gobernadora , á fin de evitar mayores males é 
inconvenientes , tuvo por oportuno ceder á la necesi- 
dad, y en su virtud espidió un edicto (23 de agosto), 
prometiendo que si ellos desarmaban al pueblo en los 
lugares donde se predicaba , y se contentaban con 
tener su culto sin desórdenes ni escándalos , ella no 
usaría de la fuerza ni obraría contra ellos , míen- 



488 BISTOEU DB ESPAÑA. . 

tras S. M. coq parecer de los Estados generales otra 
cosa DO ordenase , á condición de que ellos tampoco 
estorbarían el ejercicio de la religión católica <^). 

*Daba puntuales y circunstanciados avisos al rey; 
inclinábale á que permitiera la asamblea de los Es- 
tados; instábale á que apresurara sa ida á Fiandcs 
(1 3 de setiembre 9 1566), porque sí la difería dos 
meses, todo se perderia sin remedio; enviábale una 
lista de los nobles que sabía entraban eñ la confede- 
ración, y de los que se mantenian adictos al rey; 
decíale que el príocipe de Orange^á quien los pro- 
testantes de Amberes aclamaban , por mas que él se 
mostrara tan católico , les habia concedido tres tem- 
píos para sus predicaciones y para su culto en Jo in- 
terior de la ciudad ; que el conde de Horn habia he- 
cho otra concesión semejante en Tournay , donde le 
habia enviado á sofocar las turbaciones; que el de 
Egmont no le inspiraba ya confianza ; que recelaba 
mucho de poner en manos de los gobernadores de 
las provincias las tropas destinadas á obrar contra los 
sectarios; que en Francia , en Inglaterra , en Sajonía, 



(4 ) •Moyennant les choses con- faire ancunt scandale ou desordre, 
tenues ei lettres d'asseurance , et loo n^usera de forcé dí de voye 
consideré la forcé et necessité de íait condte eux en dictz lieux, 
inevitable, presentement regnaut, ni en alant, ni en venant, tant que 
80U Allesse sera contente aue les par S. M. ¿ l*advis de Estatz ge- 
seigneurs traitans l'accord avec neraulx sera autrement ordonaé, 
ses Gentilzbomes leur dient que avec telle coLdition quilz adem- 
en mettan aux les armes has au pescberont aucunement en auel- 
peuple, es lieux ou de fait ae font que maniere que se soit la neli- 
los presches, et se contentans sans gíon catholique, etc.» 



PASTE III. LIBRO II. 489 

en Hesse y ea otros varios pantos de Alemania se le- 
vantaban tropas en favor de los confederados y con- 
tra los católicos de Flandes. 

A estos y otros no menos alarmantes avisos , ¿qué 
contestaba el rey Felipe 11. y con qaé medidas res- 
pondía? Decíale en 1 .^ de octubre á la gobernadora, 
que le causaba gran pesadumbre el estado fatal de 
ios Países Bajos; que aprobaba y agradecía su com- 
portamiento ; que economizara los dineros que le en- 
viaba; que la autorizaba para levantar tropas de in- 
fantería y caballería; que en lo sucesivo no enviara 
á las ciuflades católicas y fieles hombres dañados; que 
si no fiaba de los gobernadores de las provincias, los 
retirara lo mas politicamente posible, y los reempla* 
zara con otros, aunque fuesen de inferior categoría, 
con tal que fueran probados católicos. Y en cuanto á 
su ida á Flandes, manifestaba haber de diferirla por 
hallarse enfermo de tercianas. Y entretanto ardían 
en Flandes las turbulencias en términos, que hasta 
las mugeres y las señoras tomaban parte en ellas y 
96 tumultuaban, unas contra los protestantes, otras 
contra los católicos. Las de Amsterdam se arrojaron 
denodadamente sobre los hereges , que acababan de 
lanzar á palos y á pedradas los frailes franciscanos de 
SQ convento; pero en cambio las de Delft penetraron 
con loco frenesí en otro convento de San Francisco, 
derramáronse arrebatadamente por el templo , por 
los claustros y las celdas , intimidaron é hicieron es- 



490 HISTOftlA DB E9MJfl« 

conderse á los religioaos, y deBtrozaron cuanto cayó 
eo BUS manos. 

Ya no eran solamente interiores disturbios los 
que agitaban los Países Bajos , aunque aquellos tam- 
bién crecían y se aumentaban diariamente , sino que 
la cuestión iba lomando por fuera dimensiooes cokH' 
sales, puesto que casi todos los príncipes y estados de 
Europa se aprestaban á favorecer con las armas uno 
de los dos partidos en que estaban divididos los fia- 
meneos , como lo estaban los franceses y alemanes. 
Era la guerra de religión , que después de baber de- 
vastado las poblaciones y enrojecido de sangre log 
campos de Alemania y de Francia , anunciaba que 
iba á trasladar du 9angriento teatn> á los Países Ba- 
jos. Asi es que los protestantes ftaaMooos contaban 
con el apoyo de Inglaterra y con el auxilio de Suiza . 
el principe de Conde» el almirante de GoUgny y Im 
demás gefes de los hugonotes de Francia daban su 
mano á los hereges de F laudes ; mientras el rey Car- 
los IX. y la reina Catalina habían de ayudar á Feli- 
pe II. » á Margarita de Austria y á los católicos fla- 
mencos t según ya se esperaba de las conferencias de 
Bayona., La Alemania protestante daba tropas á los 
confederados Qamencos , y los estados oAtóIioos de 
Alemania estaban prontos á suministrarlas á la prin- 
cesa regente y á los católicos de Flandes: decididos 
estaban <)n favor de estos los duques de Brunsvick y 
de Baviera , con otros príncipes de su comunión , y 



PAETB IIU LMnO II, f 91 

yesuellOB estiúban á socorrer á aquellos los de 3djo- 
nía , Hesse y Witemberg , el conde Palatino y otros 
príncipes luteranos. El emperador Maximiliano , que 
había sucedido en el trono imperial de Alemania á su 
padre Femando, tío de Felipe IL, si bien mostraba 
estar dispuesto á dar su ayuda al rey de España y á 
la gobernadora de Flandes , y mandaba por edicto 
que ningún alemán pasase á bacer armas contra los 
católicos flamencos » inclinábase mas á ser mediador 
de paz y á buscar un término á aquellas turbaciones 
por el camino de la conciliación > porque él también 
temia desmembrar sus fuerzas á causa de las amena- 
zas del turco. 

Con esto, y con las noticias que Felipe seguía re- 
cibiendo de Flandes , de nuevas reuoiones de los no- 
bles confederados en Termonde , de la conducta am* 
biguá é indefinible de los condes de Hom y de Eg- 
moni , de algunas arrogantes y amenazadoras pala- 
bras del príncipe de Orange , á quien Felipe antes 
habia ent»alzado tanto y escrito frases tan lisongeras, 
y con las instancias de la gobernadora (octubre y no- 
yiembre , 1 566) para que apresurara su ida allá , sin 
reparar-en que fuese invierno > porque tampoco su 
padre Garlos V. había reparado en marchar en la es- 
tación mas cruda á reprimir y castigar el motín de 
Gante, resolviese ya Felipe II. á enviar un ejército de 
españoles é italianos , y á dar orden y nombrar capi- 
tanes para las banderas que habían de ir también de 



1 9á IllSTOEU DE BSPAÜA* 

Alemania, aunque él esperaba que no darían lugar los 
confederados de Flandes á verse acometidos por el 
ejército real ; antes fiaba en que , penetrados de la 
inferioridad de sus fuerzas para resistirle » habían de 
someterse sin que hubiera necesidad de emplear con- 
tra ellos la fuerza. Mas en cuanto á su ida á los ' 
Paises Bajos , si bien protestaba que se engañaban 
mucho los que andaban vociferando que no acabaría 
nunca de salir de España , y asi lo prometia también 
á la gobernadora (29 de noviembre) , lejos de apre« 
surar el viage, decíale en carta confidencial al car- 
denal Granvela que esperaba las deliberaciones de las 
Cortes de Castilla, convocadas á principios de diciem-* 
bre, para ponerse en camino. 

Por su parte los confederados , á quienes no fal- 
taban confidentes en la corte de España que jes in- 
formaran de todo , alarmados con la noticia de la ida 
del rey con ejército , reuniéronse otra vez en Termon- 
de para tratar de si habían de someterse entregando-^ 
se á su clemencia , ó si habían de oponerse á su en- 
trada. De todo hubo pareceres, y no fueron pocos los 
que opinaron que sería lo mas conveniente mudar de 
señor , y ofrecerse por vasallos al emperador Maxi- 
miliano, que era de la misma casa de Austria , y ha- 
bía mostrado deseos de componer por medios pacífi- 
cos sus discordias. Discurrían que aquella espontá- 
nea elección le obligaría y comprometería á tratarlo^ 
bien, y cuando no la aceptase, por lo menos en agrá- 



PARTB III. LIBRO II. 193 

decimieoto interpondría en favor de ellos sus buenos 
oficios con el rey Felipe. Sin haber tomado alli una 
deliberación, se congregaron otra vez en Amsterdam, 
donde por áltimo acordaron dirigirse al emperador 
rogándole mediase con el rey de España , á Rn de 
qae no fuese allá con ejército : y si esto les fuese ne- 
gado , resistirle con las armas y cortarle el paso por 
Saboya. Hieteron solemne alianza con la plebe fla- 
menca, y se empeñaron con los electores del imperio, 
paraqueen caso de desatenderlos el emperador, le 
negaran á él todo aaxilio contra el turco. Para con- 
tentar á los luteranos alemanes , y para que no per- 
judicara á los confederados la variedad de sus sectas, 
siendo unos calvinistas , otros anabaptistas y otros lu- 
teranos, convinieron en hacer, al menos temporal- 
mente, el sacrificio de sus particulares creencias , y 
para que hubiese entre todos cierta unidad , acorda- 
ron redactar una fórmula de profesión semejante á 
la confesión de Augsburgo, á la cual se ajusta- 
ron todos. 

A fines de este año (1 566) la princesa regente, 
caya paciencia y perseverancia asombra tanto como 
su laboriosidad en tan largo período de turbulen- 
cias í*í, se había visto precisada á hacer levas y en- 



.(4) «CoQ mucha razón le escri- la pronta venida del rey. Yo temo 

# bia su secretario Armenteros a 1 que contraiga alguna grave enfer- 

del lej Felipe II., Antonio Pérez: medad ^ consecuencia de tantas 

«No sé cómo vive esta señora.... penas y tantos sinsabores como 

Solo la sostiene ya la confianza en sufre incesantemente. Hace maií 

Tomo xiii. 1 3 



194 HISTORIA DS RSPAfiA. 

viar las tropas de que podía disponer para sujetar al- 
gunas ciudades rebeldes, á renovar rigorosos edictos 
contra los predicadores protestantes que infestaban 
todo el país , y á tomar otras medidas para ver do 
reprimir la audacia y atajar los vuelos de los disiden.* 
tes» qae en ciudades de importancia , como Amberes 
y. otras ño menos populosas, habian procedido á crear 
sus consistorios , nombrar magistrados * y establecer 
su forma de gobierno como si ellos fuesen ya los do- 
' minadores. Pero aquel mismo rigor habia exasperado 
á los confederados, y los mismos que basta entonce^í 
respetaran mas su persona , proclamaban que , pues 
la gobernadora recurría á la fuerza , ellos también 
mostrarían que tenian gente y entendían de manejar 
las armas. Y basta el de Orange, que pidió ir á su 
gobierno y estados de Holanda , ya que no se le con- 
cedió que gobernara en su nombre aquel país Brede- 
rode, gefe de los insurrectos , dijo á la gobernadora 
que el único remedio que á tantos males veia era el 
que se permitiese la libertad de religión y de con- 
ciencia, y que se dejara á cada uno profesar la con- 



de tres meses que se levanta ao- de Símaucas, Estado, legajo 531 
tes de amaDecer, y los ma<( de los — Y podia baber añadido: «Y oo 
dias tieoe coasejo por mañana y escribir al rey su hermano tantas 
tarde: el resto del día y de la no- y tan largas cartas que parece im- 
cho le invierte en dar audiencias, posible que tuviera tiempo y va- 
en leer tas cartas y avisos que re- gar para ello.» Nosotros^' hemos 
cibe de todas partes y en contes* visto centenares de carias esteo- 
tar á todo.w Carta de Armenteros sisimis escritas por ella sobre to- 
á Antonio Pérez, de Bruselas á 24 dos los sucesos y negocios del Es- 
de diciembre de 4 560.— Archivo tado* 



PAKTB III. LIBBO II. 1 95 

fesioD de Aagsburgo ó vivir en su casa á su libertad, 
con tal qoe eo público no escandalizara. 

Habiendo llegado las cosas á este eslremo, Feli- 
pe 11. , consaltados los de sa Consejo sobre el partido 
que en los negocios de Flandes debería tomar, y oidos 
los diversos pareceres » adoptó, como era de esperar, 
el del duque de Alba, que siempre habia aconsejado 
qoe se empleara la fuerza y el rigor contra' los here- 
ges. Y ademas le nombró general en gefe del ejér- 
cito que babia de ir á los Paises Bajos , y preparó 
todo lo necesario para la espedicion , que habia de 
ejecutarse tan pronto como apuntara la inmediata pri- 
mavera, y escribió á la princesa su hermana (desde 
el Escorial, 31 de diciembre, 1 566) anunciándola ha- 
ber elegido al duque de Alba como capitán general 
del ejército que tenia determinado enviar á Flandes, 
y siempre asegurándola que iría también él mismo en 
persona. 

Tal era el estado de las cosas al terminar el 
afio 1566, donde suspendemos este capítulo, porque 
basta aqui llega el que podemos llamar primer perío- 
do de las tuv'bulencias de Flandes ^^K 

H) Hemos sacado este estrado por Foppons en el Suplemento á 
<iei origen, caosas y principio de la obra de Estrada, de la Historia 
las turbalencias, y preparación de de éste , Década 1. libros I. al VI.. 
los grandes acontecimientos do de la Historia de las Guerras de 
Flandes. de mas de quinientos do- Flandes del cardenal Bentivoglio, 
comentos originales y auténtioos lib. I. ¿ IV., de la de Felipe H. de 
del Archivo general de Simancas, Cabrera, lib. V. y VI. y de I05; Co- 
que constituveu una gran parte mentartos de don Bernardino de 
del tomo 1. ie la pubtioaciou de Mendoza, lib. I. 
Mr. Gachard, de los publicados 



CAPITULO VH. 



EL DUQUE DE ALBA EN FLANDES, 



SUPLICIOS. 



1567.— 4568. 



Aconsejan todos al rey que vaya á Flandes. — ^Lo ofrece machas Teces 
y muy solemnemente, y no lo realiza .^Disgu^ de la princesa 
gobernadora por la ida del duquo de A.lba.— Situación de los Paiscs 
Bajos á la salida del duque de España.— Rebeliones que había ha- 
bido. — Alzamientos de ciudades: Tournay» Valenciennes, Amberes, 

' Maestrich, Bois*le-Dttc , Utrech, Amsterdam» Groninga. — Nobles 
conjurados: nobles adictos al rey. — ^Enérgico y heroico comporta- 
miento de la princesa de Parma para sofocar la revolución. — Va 
sujetando las ciudades rebeldes de Henao, Bravante , Holanda y 
Frisia.— Castigos. — ^Restablece la paz. — ^Nuevo juramento que exije 
á los nobles.— Quiénes se negaron á prestarle. — ^El principe de 
Orange se retira á Alemania. — ^Desconcierto y fuga de los rebeldes. 
— ^Castigo de hereges y restablecimiento del culto católico. — ^Paz de 
que gozaba Flandes cuando emprendió su marcha el duque de Al- 
ba.— Llega á Bruselas.— Su entrevista con la princesa Margarita. 
— Resiéntese la gobernadora de los amplios poderes de que iba in- 
vestido el de Alba, y hace vivas instancias al rey para que la rele- 
ve «iel gobierno. — ^Instituye el de Alba el Consejo de los Tumultot^ 
ó Tribunal de la Sangre, — ^Enga^oso artificio que empleó para 
prender á los condes de Egmont y de Horn y otros personages fla - 
meneos.— Los encierra en el castillo de Gante. — Sensación de ter- 



PAETB 111. UKHO 11* 1 97 

ror en el pueblo.-^Admite el rey la renuncia de la gobernadora.— 
Pesadumbre de los flamencos por la marcba de la princesa Marga- 
rita: sus últimos consejos. — ^El duque de Alba gobernador de Flan- 
des.— Gobierno sanguinario del duque de Alba confesado per é 
mÍ8mo.^-^uplícios. — ^Bspiritu del pueblo y del tribunal contrarío á 
su sistema.— Invasión de rebeldes en los Países Bajos. — ^Derrota de 
españoles en Frisía. — Sentencia del duque de Alba contra el princi- 
pe deOrange. — Sentencia contra los condes de Egmont y de Hora. 
—Son decapitados en la plaza de Bruselas.— Sentimiento é indigna- 
ción general. — Síntomas de tulura venganza. — Miserable suerte de 
la virtuosa condesa de Egmont. — Notable correspondencia entre el 
duque de Alba y Felipe 11. sobre este asunto.— «Tiránicas medidas 
del daqoe de Alba en Flandes reveladas por él mismo. 



Lo que la princesa Margarita, gobernadora de 
Flandes, pedia incesantemente al rey Felipe IL su 
hermano^ lo que le suplicaba mas de un a£k> hacía 
en todas sus cartas con el mayor ahinco y empeña, 
era que pasase en persona á los Paises Bajos , conu) 
único medio para aplacar aquellas turbulencias. Lo 
mismo le rogaban todos los nobles flamencos que se 
le conservaban adictos y trabajaban por el manteni- 
miento de su autoridad y de la religión católica. Otro 
(anto le aconsejaba desde Roma el cardenal Gran vela. 
Eq el propio sentido escribían todos los personages 
que mantenían correspondencia con su secretario Gon- 
zalo Pérez , y después con Antonio Pérez , su hijo y 
sucesor en aquel cargo. El pontífice Pió Y. , que ha- 
bía sucedido á Pió IV. en enero de 1 666, le exhor- 
taba igualmente , ya por cartas , ya por medio de su 
embajador en Madrid, á que se apresurara á sosegar 



4 98 ' HISTORU DB ESPAÑA* 

con su presencia los pueblos sublevados , diciéndole 
que si lo difería , ó lo encomeudaba á alguno de sus 
ministros « «Flandes perdería la religión, y el rey 
perdería á Ftandas.» 

Todos recordaban, y los que mas confianza lenian 
con el rey le Iraian á la memoria el ejemplo de su 
padre Carlos Y. , que para sosegar el motín de una 
sola ciudad flamenca. Gante, no habia vacilado en 
partir rápidamente de Madrid, aventurando su per- 
sona hasta ponerse en manos de su gran rival Fran- 
cisco I. pasando por Francia para llegar mas bre- 
vemente» 

Mas de un año hacia también que Felipe II, oon* 
testaba á todos anunciando su resolución de marckar 
á los Paises Bajos, dejando unas veces entrever espe- 
ranzas, y asegurando otras en términos esplícítos la 
proximidad de su víage ^^^ . Sin embargo , tanta díla*' 
cion en verificarle pudo inspirar á algunos cierta 
desconfianza en las reales promesas , y ver en ellas 
una política de entretenimiento. Mas todos estos re- 
celos, cualquiera que los abrigara , parece debieron 
quedar desvanecidos al ver al rey afirmar solemne- 
mente en las Cortes de Castilla , que siendo como 
era tan necesaria y urgente su presencia en los es- 
tados de Flandes, no podía menos de dejar tempo- 

(4) CorrespoDdeDcia de Felí- rora, Cabrera, Estrada , Benti To- 
pe II., tom. I. de los publicados glio, Mendoza, en sus Bistorías, 
por Gachard. — Coleccicn de do- pcLssim, 
cumentos íuéditos, tom IV.— Her- 



PARTB 111. LIBRO U. 199 

raímenle sus reinos de España» y teoia determinado 
partir á la mayor brevedad á aquel país ^^^ • Por es- 
pacio de muchos meses continuó todavía, después 
dando las mismas seguridades. Y sin embargo , no 
solamente no verificó entonces su espedicion» sino que 
no U^ó á realizarla nunca. 

Sí la presencia de Felipe II. era tan útil y tan ne- 
cesaria para sosegar las alteraciones de Flandes como 
unánimemente lo daban á entender todas las personas 
de mas autoridad y mas conocedoras del espíritu de 
aquellos países y de la índole de su rebelión , difícil 
es salvar al monarca español del cargo de no haber 
ejecutado lo que todos le pedían ó aconsejaban, y lo 
que á todos constantemente prometía. Porque las ra- 
zones que algunos historiadores alegan para salvarle 
de la falta de cumplimiento de tantas palabras empe- 
ñadas y de la responsabilidad de los sucesos que des- 
pues sobrevinieron» á saber» <cque se traslucían ya 
en España algunos principios de la rebelión de los 
moriscos^ y que abrigaba en su pecho disgustos y des- 
confianzas de su hijo el príncipe don Garlos »» na nos 
parecen bastante poderosas para dejar de aplicar el 
remedio tan universalmente aconsejado á un mal que 
iba tan directamente contra la religión, y á que no 
era agena la conservación ó la pérdida de un rico 
estado. 



(1) Cuadernos de Cortes de la la Ihstoria: Cortes de KWl. Petí- 
Bibliotoca de la Real Academia de clon 4 .<* 



200 HISTOBIA DE ESPAÍÍA. 

Ed su lugar determioó» como hemos visto, enviar 
coa ejército al duque de Alba, don Fernando Alvarez 
de Toledo, de cuyo nombramiento comenzó pronto á 
mostrarse disgustada y sentida la princesa de Parma, 
gobernadora de los Paises Bajos , previendo lo que 
con él iba á rebajarse su autoridad , y asi lo mani- 
festaba sin rebozo al rey. La elección del duque de 
Alba , personage conocido por la severidad de su ca- 
rácter y por sus tendencias al rigor y á la crueldad, 
representaba ya bien á los ojos de todos el sistema 
que Felipe II. se proponía seguir para con los disi- 
dentes de Flandes. Y no era en verdad este el que 
teaian por mas conveniente y acertado los mas pru- 
dentes de sus consejeros, aun los enemigos mas de- 
clarados de los flamencos sediciosos. El mismo carde- 
nal Granvela , tan aborrecido en Flandes, tan resen- 
tido de los proceres que le habian lanzado de aquellas 
provincias, el que habia trabajado mas á riesgo de su 
persona por establecer en ellas el rigorismo inquisi- 
torial , el consejero privado de Felipe y de Margarita, 
no cesaba de exhortar al rey á que usara mas de ele - 
mencia que de severidad ^^K 

(4) nl)e la cimI (de la ciernen- lo que dice Watson (Historia de 

cía) es muy tiecesario que V. M» Felipe II. lib. VIH. )f que eV carde- 

usBy y que antes dexe sin castigo nal Granvela exponía al rej que 

tnuclios, que dar castigo y pena á nunca fubra menos á propósilo la 

los buenos que no lo merescen, clemencia , y aue si prontamente 

antes g alar don,y> — Carta de Grao- no se castigaba la msolencia y 

vela al rey, de Roma á 15 de abril presunción de los flamencos, no 

de 4567. — Arch. de Simancas, Es- tardarían en disputarle el derecho 

tado, leg. 904. . de mandarlos, etc. 

Es por consecuencia inexacto 



PARTE IIU LIBRO II. 201 

La salida del duque de Alba de España se diñrió 
hasta principios de mayo (1567). Veamos lo que en 
este iotermedio habia acoutecido en Flandes, y cuál 
era la situación de aquellos paises para poder juzgar 
de la oportunidad ó inconveniencia de la ida del du- 
que en aquella ocasión. 

A consecuencia de haber revocado la gobernado- 
ra el edicto de agosto de 1S66, que permitía la libre 
predicación á los reformistas ó protestantes » con tal 
<]ae lo hiciesen sin tumulto ni escándalo y soltasen 
las armas, exacerbáronse de nuevo los de la liga, 
estrecharon su confederación y sublevaron abierta- 
mente varías ciudades , demás de las que estaban ya 
levantadas , y en que dominaban tumultuariamente 
los adversarios de los católicos. Eran las principales 
de aquellas Tournay y Valencienúes en el Henao; 
Amberes, Maestrich y Bois-le-Duc '^^ en Bravan- 
te; Utrech y Amsterdam en Holanda; y Groninga en 
la Frisia. Sobresalía como el mas activo y el mas 
audaz caudillo de los sublevados Enrique de Brede- 
rode» señor de Vianen, que quiso presentar á la prin- 
cesa regente un nuevo memorial de los confederados, 
y Margarita le prohibió llegar á Bruselas. El príncipe 
de Orange , que hasta entonces habia seguido una 
conducta incierta, sin acabar de declararse ni por los 
católicos ni por los hereges, se puso ya manifiesta- 

(4) La que nuestros historiadores llamao Bolduque. 



202 IllSTORU DB ESPAÑA . 

méate del lado de los de la liga» y era teiaible el de 
Oraoge en las provincias de Holanda en que tenia 
su gobierno, y en la importante ciudad de Ambe- 
res , donde los sediciosos le habían varías veces 
aclamado. 

Quedaban, Jio obstante, todavía en Tavor del rey 
y de la regente muchos nobles y magnates flamencos, 
entre ellos los condes de Aremberg , de Arschot , de 
Meghem y de .Berlaymont , los señores de Noirquer- 
mes, de Beauvoir y de La Gressouniere , y sobre to- 
dos el conde de Mansfelt, el mas decidido servidor de 
la princesa Margarita, y cuya adhesión é importantes 
«ervicios no dejaba nunca de recomendar en sus in- 
finitas cartas al rey su hermano^ no cansándose de 
encarecer cuánto le debía en aquellas criticas circuns- 
tancias, y cuan digno era de que le dispensara consi- 
deración y mercedes el monarca español. El ilustre 
conde de Egmont, como mas detenidamente adelante 
diremos, se había negado á entrar en la liga, por 
mas que le invitaron sus mayores amigos , y entre 
ellos el de Orange , y se mantenía fiel á la regente 
y á la causa católica, limitándose á ofrecer que haría 
deponer las armas á los sublevados con tal que se le 
asegurara que en soltándolas habrían de obtener per- 
don general. 

Resuelta la princesa á hacer observar su último 
decreto contra los hereges; sin caer de ánimo con 
tantas rebeliones y alzamientos de ciudades; sin que 



PAETB IIK UBBO lU 203 

la arredrara verse sin otras tropas que las escasa» 
gaamiciones ordinarias, algunos centenares de infan* 
tes walones para la guarda de su persona, y muy po- 
cos arcabuceros de á caballo; sin que la intimidaran 
los auxilios que los rebeldes aguardaban de los prin- 
cipes luteranos de Alemania, propuso en consejo le* 
vantar gente de guerra para combatir fuertemente la 
revolución, y contra el dictamen de los mas , que te- 
merosos de poner las cosas en mayor peligro le 
aconsejaban lo suspendiese por lo menos basta que 
fuese el de Alba , procedió con heroica resolución á 
reclutar gente en el país y á alzar banderas en la al- 
ia y baja Alemania , y á formar coronelías y á nom- 
brar y designar los gefes que hablan de mandarlas^ 
(]^ue fueron los mismos proceres flamencos de su ad- 
hesión que arriba hemos mencionado. Consultado el 
Consejo, se acordó dirigirse primeramente contra 
Tournay , por ser menos fuerte, para marchar des- 
pués sobre Valenciennes» Partió, pues, de Bruselas el 
conde de Noirquermes , á quien se encomendó esta 
operación. El intrépido flamenco, llevando consigo 
ocho banderas de infantería walona y sobre trescien- 
tos hombres de armas, se encaminó primeramente y 
con admirable rapidez hacia Lille, donde supo se ha- 
llaban reunidos mas de cuatro mil calvinistas , gente 
de la tierra , con ánimo de entrar en Yalenciennes, y 
atacándolos repentinamente , ios arrolló y deshizo, 
degollando cerca de dos mil , después de lo cual , re- 



so 4 HISTORU DB BSPAÑA. 

volvió sobre Tournay, entró en el castillo , y á poco 
tiempo se le rindió la ciudad. 

De alli, dejando presos á los autores de la rebe- 
lión , desarmado el pueblo , y encomendado el go- 
bierno de la ciudad al conde de Roeux, en reempla- 
zo del barón de Montigny que se hallaba en España, 
marchó sobre Vatenciennes. Esta era plaza mas fuer- 
te, y de mas tiempo rebelada. Necesitó , pues , el de 
Noirquermes cercarla formalmente y emplear contra 
ella la artillería. Aun asi, y estando batiéndola , sa- 
quearon los rebeldes é incendiaron los monasterios 
contiguos. Creyó oportuno la gobernadora despachar 
al conde de Egmont y al duque de Arschot para que 
exhortasen á los sublevados á ceder de su pertinacia 
y les aconsejaran rendirse. Desoídas é infructuosas 
fueron las exhortaciones do los dos magnates; en su 
vista, el de Noirquermes hizo jugar todas las baterías 
en las cuales hubo hasta veinte cañones gruesos, que 
vomitaron mas de tres mil tiros contra las murallas, 
y destrozadas estas, se rindió la ciudad á discreción. 
Era el Domingo de Ramos , y entró el vencedor como 
en triunfo en la plaza. Encarceló,' como en Tournay, 
á los motores y cabezas de la sedición , removió todas 
las autoridades , abolió los privilegios, restituyó á los 
templos el culto católico^ remuneró á sus soldados 
con los bienes confiscados á los culpables , y dejada 
la correspondiente guarnición , se dirigió á Bravante 
á combatir á Maeslrich. 



PABTB III. UBEO II. 20S 

Eq esté tiempo, y con ia noticia de c|ue el rey se 
prevenia para ir á Flandes enviando delante al duque 
de Alba , discurrió la princesa comprometer mas á 
los nobles, exigiéndoles el juramento de que ayu- 
darían al rey contra cualesquiera que en nombre 
de S. M. fuesen asignados. Juraron sin dificultad el 
duque de Arschot , y los condes de Mansfeldt , Eg- 
mont, Meghem y Berlaymont. Negáronse á prestar 
el }Qramento Enrique de Brederode, y los condes de 
Horn y de Hoogstrat, á quienes costó perder sus ge* 
biemos. No hubo manera de hacer jurar al príncipe 
deOrange , por mas recursos y artificios que la go- 
bernadora empleó á intento de persuadirle y conven- 
cerle. De entre las muchas razones que el príncipe 
alegaba para resistirse al nuevo juramento, no duda- 
ba nadie que era la principal su antipatía al duque de 
Alba 9 de cuyo carácter tétrico , adusto y vengativo lo 
temia todo , hasta el que en fuerza de aquel juramen- 
to quisiera obligarle á entregar al suplicio á su mu- 
ger , que era luterana. Y no dejándose vencer ni de 
persuasiones ni de ruegos, determinó retirarse con 
su familia á sus estados de Nassau en Alemania. Guén- 
tase que antes de partir, viendo que no lograba per- 
suadir á Egmont á que huyese como él la nube de 
sangre que sobre todos amenazaba descargar , fiando 
aquél en los servicios hechos á Felipe y en la clemen<^ 
cía del soberano , le dijo estas fatídicas palabras , que 
muy en breve tuvieron una triste realización: ^Esa 



206 HISTORIA DE ESPAÑA. 

clemencia dd rey que tanto engrandecéis^ oh Egmont^ 
os ha de perder, j Ojalá mis pronóstic&s salgan falli- 
dos! Vos seréis el puente que pisarán los españoles 
para pasar á Flandes.'» 

La resolacion del de Orange, junto con la defec- 
ción del de Egmont, desalentó á los de la liga, y los 
anos , como el conde de Goalembarg , abandonaron 
á Flandes; los otros , como el de Hoogstrat y el de 
Horn , prometían á la gobernadora jurar en su pre* 
sencia ; Luis de Nassau creía prudente seguir al prín- 
cipe su hermano, y todos los confederados se desban- 
daban, quedando Brederode , el mas tenaz y el mas 
osado de todos , para resistir á los embates de una 
lucha desesperada. 

Noticiosos en tanto los de Maestricht de la rendi- 
ción de Valenciennes y de la proximidad del de 
Noirquermes con veinte y una banderas y diez piezas 
de batír, despacharon una embajada á la gobernado- 
ra implorando su perdón y prometiendo someterse á 
la obediencia del rey. Sin embargo , el autor princi- 
pal de la rebelión fué colgado por orden de Noirquer- 
mes en la plaza pública. Quedó con el gobierno de la 
ciudad el conde deBerlaymont, y el victorioso gene- 
ral prosiguió á juntarse con el de Megbem la via de 
Holanda. Atemorizados los de Bois-le-Duc con los 
triunfos de las armas reales, después de varias emba- 
jadas acabaron por ponerse en manos de la goberna- 
dora sin condiciones, y Margarita difirió su perdón ó 






PAETB III. LIBRO II. 207 

castigo hasta la ida del rey, en que todos seguían ere* 
yendo. Amberes , el gran núcleo de los reformistas 
flamencos y alemanes, después de deshecha por el 
señor de Beauvoir una masa de millares de hereges 
en una aldea á orilla del Escalda , y muerto en la 
plaza de la ciudad el señor de Tolosa , qoe hacía de 
cabeza del tumultuado pueblo protestante, se redujo 
también á la obediencia de la gobernadora , lanzando 
de su seno la turba de ministros y predicadores de la 
heregía. La princesa regente dio tanta importancia á 
la rendición de esta ciudad, que después de enviar 
delante al conde de Mansfeldt, el hombre de su ma* 
yor conCanza , para que tomara posesión de ella en 
su nombre, pasó ella misma á Amberes , donde entró 
coo gran pompa , rodeada de magistrados , conseje- 
ros, gobernadores de provincias y caballeros del Toi- 
son de oro. Dedicóse á reparar los templos destruidos, 
á restablecer el culto católico , á dar orden en el go- 
bierno político de la ciudad, á hacer pesquisa de los 
principales perturbadores , y á recoger las armas de 
manos de los del pueblo. 

Alli vinieron á hablarla embajadores de los prín- 
cipes protestantes de Alemania , á saber , los de Sa- 
jpnia, Brandebnrgo, Wittemberg, Badén y Hesse, 
los coales, ya que no hablan dado á sus correligio- 
naros flamencos el socorro material de tropas que de 
ellos esperaban , iban á pedir que no se prohibiera 
el libre ejercicio de su religión á los que profesaban 



¿08 rnsTOMA de españa. 

la Confesión de xiugsburgo, ni menos se les aplicaran 
las demás leyes de España. Fuerte, y aun áspera fué 
la respuesta de Margarita , diciéndoles entre otras co- 
sas, «que dejasen al rey gobernar sus reinos, y no 
fomentasen disturbios en provincias agenas , hacién- 
dose abogados de hombres turbulentos* d Con cuya 
desabrida contestación se volvieron disimulando mal 
su enojo. 

De la misma manera que el Henao y Bravante se 
fueron sometiendo la Holanda y la Frisia. El conde 
de Meghem destrozó con trece compañías mas de cua- 
tro mil rebeldes holandeses , teniendo que fugarse 
por mar los que habian quedado. Incorporados ya 
Meghem y Noirquermes , lanzaron de Amsterdam á 
Brederode, el mas contumaz de los' confederados, que 
fugado primeramente á la Frisia Oriental , y refugia* 
do después en Westfalia , murió allá mas adelante, 
acaso menos de enfermedad que de frenética deses- 
peración. Amsterdam, Leyden, Hariem, Delftyotras 
ciudades de Holanda recibieron á las tropas reales. 
Middelburg y demás poblaciones de Zelanda recono- 
cieron la autoridad de la gobernadora. Toda la Fri- 
sia, inclusa Groninga , se sometió al gobernador con- 
de de Aremberg. Finalmente, no quedó en los Esta- 
dos de Flandes provincia, ciudad, villa, aldea ni cas- 
tillo que no se sujetara, de bueno ó de mal grado", á 
la princesa regente ^^^ . 

(1) Estrada, Guerras de Flaa- des, Década 1., lib. VI.— Mendo- 



PAtTB ni« LIBRO II« 209 

Increíbíe parecería » á do persuadirlo la incontras- 
table elocaencia de los hechos» qoq en el espacio de 
pocos meses se hubiera sosegado una tan general alte* 
ración, reemplazándola una pacificación tan general: 
testimonio grande de la prudencia y de los esfuerzos 
de la princesa Margarita, y del prestigio que sin duda 
había alcanzfido su nombre en el país. Ocupóse la de 
Parma en guarnecer las ciudades rebeldes, haciendo* 
les mantener á su costa la milicia; en levantar ó pro- 
yectar fortalezas que las sujetaran, señalando ya el 
sitio en que había de erigirse la cindadela que había 
de tener en respeto á la turbulenta Amberes ; ei^ ha- 
cer pesquisa y castigo de los motore3 de las revueltas 
y de los violadores de las sagradas imágenes ; en re- 
edificar los templos católicos destruidos y en demoler 
alganos levantados por los luteranos. La plebe, feroz 
por lo común , cualquiera que sea el principio que 
aclame, al derruir los templos luteranos , de las mis* 
mas vigas que derribaba construía horcas para colgar 
de ellas á los enemigos del culto católico. Con estas 
terribles escenas y con el pavor que infundía la pro* 
xima llegada del duque de Alba con los españoles, 
fnultítad de flamencos emigraban á otras tierras lle- 
vándose consigo su industria , sus mercancías y sus 
capitales. 

za. Comentarios, lib. I.— 'Benti- Corresponde ocia de Felipe II. lo- 

voglio, Guerra de Flandes, lí- mo I.— -Colección de documentos 

hro III. — Cabrera, Historia de Fe- inéditos, tom. IV. 
lipell. lib. VII. y VIIL— Gachard, 

Tomo xiii. 14 



^ 



24 O HISTORIA BE ESPAÑA. 

Tal era la situación de los Paises Bajos ouendo el 
duque de Alba salió de Madrid para Aranjuoz (15 de 
abril, 1 567) á despedirse del rey Felipe II. para em- 
prender su jornada á Flandes, como capitán general 
del ejército de España. Dióle Felipe una real cédula 
concediéndole facultad para proceder contra los ca** 
balleros del Toisón de oro que hubieran sido autores 
ó cómplices de la rebelión', no obstante los privilegios 
que les daban las constituciones de su orden (*) . Con 
lo cual partió de Aranjuez para embarcafse en Car- 
tagena. 

¿Era ya necesaria la ida^ del duque de Alba á 
Flandes con ejército? ¿Era prudente? 

La gobernadora, que á costa de tantos esfuerzos 
acababa de pacificar como milagrosamente el país» le 
deciaaírey: aPara conservar loque se ha conseguido* 
y aun para que esto marche en bonanza, bastará la 
presencia de V. M. Pero un ejército nuevo para un 
país que acaba de someterse, sobre su escesivo coste 
para España y pira Flandes , hará que estos^ pueblos 
le miren como una calamidad , como un azote san- 



(4) Archivo de Simancas, Esta- El de Berlaymont. 

do, leg. 535. El de Meghem. 

Los caballeros de la orden del El de Ilorn. 

Toisón en los Paises Bajos^ eran El marqués de Berghes. 

catorce, á saber: El principe de Orange. 

El conde de Ostfríse. 

El conde de Egmont. El señor de Arcbcourt. 

El de Mansfeldt. El barón de Mootigtiy . 

El de Aremberg. El conde de Ligne. 

El de Arschot. El de Hoogstrat. 



PAETB Itl. Limo tu 211 

grieato'^ara SU. castigo^ y todos querrán abandonar 
esla tierra , porque al solo rumor de su venida mu-* 
chos se han apresurado á marcharse con sus familias, 
sos fábricas y sos mercancías. Asi pues, os ruego en- 
carecidamente que vengáis á estas provincias sin ar- 
mes, y mas como padre que como rey«» Representá- 
bale ademas que el duque de Alba , naturalmente al- 
tivo y severo I podría desbaratar todo lo que ellaá 
faerza de trabajo y de prudencia había logrado. 

Quejábase al rey de que sus órdeues ie ataban 
las manos para acabar de estinguir las llamas de, los 
pasados disturbios. Pronosticaba que la autoridad que 
alli iba á ejercer el duque redundaría en mengua y 
detrimento de la suya» y de su crédito y reputación; 
y previendo todo esto » suplicaba á su hermano Felipe 
tuviera i bien permitirle dejar un país donde tanto 
había trabajado, y donde había perdido su salud « y 
retirarse á gozar del reposo de que tanto necesita- 
ba ^^^ . Viglio, el presidente del senado, y el conde 
de Mnnsfeldt , los dos mas decididos campeones de la 
causa del rey y del catolicismo en JPiandes , ambos 
escribían á Felipe y á los del Consejo de estado pro- 
nosticando m^ de la ida del duque de Alba y acon- 
sejando al monarca que usara de clemencia con los 
vencidos ^*^ . 



(4) Difercnidscartasdelapria" (2) Tomo II. de documeDloi» 
cesa Margarita al rey. Archivo de publicados para servir de suple- 
Siinaocas, Estado, leg. 536. mentó á la Historia de Estrada. 



212 H19T0BIA DE BSPAHA. 

¿Era prudente obrar coatra el diclámen y A>Qsejo 
de personas tan autorizadas y competentes^ tan leales 
y tan fuera de toda sospecha de parcialidad en favor 
de los sublevados, como Viglio y Mansfeldt? ¿Era jus- 
to contrariar el parecer y voluntad de la gobernado- 
ra » suscitar su resentimiento cercenando su auto- 
ridady enviarle un rival de quien lo temia todo» es- 
ponerse á malograr el fruto de tantos sacrificios , re^ 
volver de nuevo los humores de un pueblo que 
comenzaba á entrar en reposo, y poner á la princesa 
en el caso de renunciar agriada al gobierno de un 
país, cuya coáservacion, en el común sentir, era á su 
sola prudencia debida? 

A pesar de todo, el duque de Alba marchó á Flan- 
dei con su ejército, embarcándose en Cartagena (1 de 
mayo, 4667) en las galeras de Juan Andrea Doria. 
La 4*uta que se le habia señalado era la via de Italia, 
cruzando los ducados de Saboya, Borgona y Lorena; 
porque el rey Carlos IX. de Francia habia negado el 
paso por su reino al ejército español, dando por*mo- 
iivo el con3Íderarlo peligroso en ocasión que la Fran- 
cia se hallaba alterada con nuevos movimientos de 
los hugonotes. La marcha fué lenta y pesada por las 
detenciones á que obligaron al duque unas calentu- 
ras que en la navegación le sobrevinieron. Componía- 
se el ejército de ocho mil ochocientos infantes y mil 
doscientos caballos, con algunos mosqueteros , gente 
toda escogida , porque los mas eran españoles vetera-- 



PARTB lU. UBmO 11. 21 3 

nos dé ios tercios de Milán , Ñapóles , Sicilia y Cer- 
dena , y la gente bisoña la destinó á las gaarniciones 
de las plazas que dejaban aqaellos. Dividióle el da- . 
que en cuatro tercios al mando de capitanes esperi- 
mentados » como Alonso de Ulioa , Sancho de Londo* 
fio , Julián Romero y Gonzalo de Bracamente. Fer- 
nando de Toledo , hijo natural del duque , y prior de • 
la órdeu de San Joan, mandaba la caballería. Era 
maestre general Chiapino Vitelli , capitán probado en 
muchas victorias y muy perito en la fortificaóion y 
tormentaria. Dirigía la artillería Gabriel Cérbelloni, 
señalado por sus conocimientos en el ramo. El mismo 
duque marchaba á la vanguardia al frente del tercio 
de Ñápeles t*^ 



(4) En el tomo IV. de la Co- legajo 535. 
leccioo de docomeDios inéditos. tLa caballería ligera y arcabu- 

se baila la siguiente curiosa nota ceros de á caballo (|ue llevó el 

sacada del arcbi?o de Simancas, duque de Alba de Italia á Flandes. 

Don Lope Zapata, con 400 lanzas. 

Don Juan Velez de Guevara 400 

Don RaEael Manrique 400 

Don César üávalos 100 

Nicolao Basta ' 400 

Don Roy López Dávalos 400 

Conde de Novelara 400 

Conde Corcio Martinengo 400 

Conde de Sant Segundo. 400 

Montero, cien arcabuceros 400 

Pedro Montanos 400 

Sancho Dávila, capitán de las guardas del duque» con 

cien lanzas y cincuenta arcabuceros. . ¿ . » . 450 

4 ,%50 

Infantería española^ 

Don Sancho de Londoño, por maestro de campo del ter- 



21 i HISTOBIA 1>B BSPASa. 

Eq ThioQville fué el duque recibido por Yarto<( 
gefes de las coronelías y por los condes de Berlay- 
mont y Noirquermes , que se habían adelantado á 
cumplimenlarie en nombre de la princesa » y él tam- 
bién envió á Francisco de Ibarra á hacer el mismo 
cumplimiento á Margarita» y á tratar sobre el aloja* 
miento de los tercios. Al fin, el 22 de agosto (1 867) Ue^ 
gó el duque de Alba á Bruselas ,^ y aunque la gober- 
nadora habia mostrado querer libertar aquella dudad 
de la carga de las tropas» el duque designó á su vo- 
luntad los cuarteles , destinando á Bruselas el tercio 
de Sicilia: los demás los distribuyó entre Gante, Lier- 
re» Enghien, Amberes y otras poblaciones de Bravao- 
te. Por el recibimiento que tuvo en Bruselas pudo juz- 
gar el duque del mal efecto de su presencia en el pafs. 
Ni Egmont» ni Arscfaot, ni Mansfeldt salieron á reci- 
birle. El pueblo mostraba harto á las claras su des- 
agrado. En su primera ida á palacio la guardia de la 
princesa no quería dejar pasar á los alabarderos del 

ciodeLombardia, con diez compaaiasque teraian po- 
co mas ó menos dos mil hombres 2,000 

El maestro de campo don Alonso de Ulloa, con el tercio 
de Ñapóles, que tenia áiez y iiueve banderas^ y en 
ellas tres mil quinientos hombres poco mas ó menos. 3,500 

Don Gonzalo de Bracamente, con el tercio de Gerdeña, 
en que faabia diez banderas que tejrnian poco ipas ó 
menos 4,800 

£1 maestro del campo lulian Romero, con el tercio de 
Sicilia, con otras diez banderas en que habrá. ... 4 ,500 

8,800 

I . 

De manera, que entre caballeria é infantería, fueron 
diez mil y cincuenta 40,050 



PABTB 111. liAEO iU 21 6 

doqae, y llegó el caso de poner unos y otros maoo á 
las armas á riesgo de ud grave conflicto, que por for- 
tuoa acertó á evitar el capitán de. la guardia. La en- 
trevista con la princesa regente tuvo mas de fría y 
severa por parte de Margarita que de espapsiva y 
afectuosa • por ipas que el dizque se deshacía en cor- 
tesías y en dQmosti:aciones de respeto. Ambos estu- 
vieron en pie todo el tiempo que d^ró la plática» apo- 
yada la gobernadora sobre una mesa ^^^ . 

Luego que vio la princesa que el de Alba, no solo 
llevaba patente de capitán general con facultad para 
disponer en lodo lo coucerpiepte á la inilicia, sino que 
iba también investido de amplios poderes para enten- 
der en todo lo tocante á la rebelión , con autorización 
para castigar á cualesquiera personas, prender , con- 
fiscar, imponer la última pena, remover magistrados 
y .gobernadores^ levantar castillos, y aun para otras 
cosas y particulares de que á su tiempo le daria cono- 
cimiento» comprendió demasiado lo rebajada que que-» 
daba su autoridad, como desde el principio habia re- 
celado. Y por mas que el duque protestara que no 
era su intención alterar en nada el orden del gobier- 
no, sino ser un mero ejecutor de lo que ella le pre- 
ceptuase, apresuróse la de Parma á escribir al rey ^^\ 



(4) Carta descifrada de Miguel plática que el duque mi seuor tu- 

de Meudivil, contador de artille vo con Madama de Parma lunes á 

ría, al rey; de Bruselas á 29 de los 26 do agosto de 4B67. — Ibid. 

agosto. Archivo do Simancas, Es- legajo 543. 

tado, leg. 53$. --Relación d« la (i) Simancas, Estado, leg. 536. 



816 BiSTOUA DB BSPAIÍA. 

instáiulole á que la relevara del cargo y le otorgara 
su licencia para retirarse » dándose por muy senüda 
de que la hubiera puesto en parangón con el duque 
de ^Iba (29 de agosto)» el cual hacía todo lo que era 
de su gusto , aunque fuese contrariando la voluntad 
de la princesa que tanto fingia acatar, como había su- 
cedido con lo de los alojamientos. 

De ser asi dio pronto ol duque la mas terrible y 
patente prueba » nombrando sin conocimiento de* la 
gobernadora y .en virtud de los poderes que llevaba 
del rey, un tribunal de doce personas , á saber, siete 
jueces^ con sus correspondientes abogados fiscales y 
procuradores para entender y fallar en los delitos de 
rebelión (5 de setiembre, 1 567.), el cual fué denomi- 
nado en el país el Consejo deMos Tumultos {Conseit 
des Troubles) , y también y mas comunmente el Tr í- 
bunal de la sangre. Con esto la princesa volvió á es- 
cribir al rey (8 de setiembre), quejándose de que no 
le hubiera enviado todavía el permiso tantas veces 
pedido para resignar el gobierno; de la autoridad su- 
prema de que habia investido al de Alba; de la ingra- 
titud con que la trataba, y de la injusta humillación 
que la hacía sentir; le recordaba la situación en que 
él dejó los Países Bajos, los trabajos, las fatigas, los 
riesgos que en cerca de^ nueve años había corrido con 
menoscabo de su salud y con peligro de su misma 
. vida, para hacerle el soberano mas absoluto de ellos, 
y le preguntaba si era justo que cuando ella acababa 



PAmTB 111. LiBftO II. 217 

de pacificar el país, viniese otro á recoger el froto de 
sus afanes; insistiendo por último en que si difería la 
respuesta , lo tomaría como un consentimiento táci- 
to de su renuncia, y sin esperar mas, partiría á su 
retiro. 

Al día siguiente de escrita esta carta (9 de setiem- 
bre) snpo con sorpresa la gobernadora haber sido 
presos por el duque de Alba, los condes de Egmont y 
de Horn , el secretario de éste^ señor de Backerzeele^ 
y Antonio Van Straelen, cónsal de Amberes é íntimo 
amigo del príncipe de Orange. La ejecución de estas 
prisiones, que hacia dias tenia determinada, la habia 
ilíferído hasta poderlos coger á todos aun tiempo , y 
ano al conde de Hoogstrat, comprendido en la orden 
de prisión, le salvó una casualidad feliz. El medio de 
que se valió el duque para ejecutar esta medida fué 
uo artificioso engaño , indigno de la nobleza de saes-' 
iirpe. Aquel dia acordó celebrar Consejo' en Bruselas 
para tratar de las fortificaciones de Thionville y Lu- 
xemburg: á este Consejo convocó á los condes de Eg- 
mont, Hprn, Aremberg, Mansfeldt, Arschot, Noir- 
quermes , Chapino Vitelli y Francisco de Ibarra. To- 
dos asistieron al .Consejo^ presidido por el duque: 
cuando á éste le pareció oportuno , levantó la sesión: 
al salir de la sala , se halló sorprendido el conde 
de Egmont, al verse intimado por Sancho Dávila á 
que se diese á prisión y entregase la espada á nomr 
bredel rey. fuTomadlay contestó el de Egmont, vién- 



9[Í8 HlST<ttlA DB RSPAÑA* 

dose rodeada de otros capilaaes ; pero sabed que con 
esle acero por desgracia he defendido muchas veces ¡a 
causa del rey.i^ Y era así en verdad. Entretaoto eje- 
cutaba lo mismo coa et de Hora el capitán Salinas. 
Durante el Consejo habiasído llamado también enga- 
ñosamente -el secretario Backerzeele á casa de Albor- 
noz, donde fué detenido. La prisipn de Straelen , que 
se bailaba en Amberes, babia eido encomendada á los 
capitanes Salazar y Juan de Espucbe. El encargado 
de disponer todas estas operaciones fué el hijo del 
duque de Alba , don Fernando de Toledo ^^^ . 

Estas prisiones y la manera de realizarlas llena- 
ron de asombro, de terror y de indignación al pueblo^ 
que con enérgico lenguaje deoia que la pristen de los 
condes significaba la prisión de toda Flandes ; com- 
padecía la escesiva confianza de aquellos proceres» y 
aplaudía la previsión del de Orangeen haberse salva- 
do á tiempo, y en él cifraba todavía alguna esperanza 
de libertad ^^^ • La razón que daba el de Alba 4 1^ 
gobernadora de haber tomado tan dura y ruidosa me- 
dida sin su anuencia y conocimiento era, que. asi la 
había dispuesto el rey para que no la alcanzara la 
odiosidad que aquel rigor pudiera llevar consigo. La 

(1) Todo consta minuciosamen- ^unió: «¿Y ha sido preso tafnbien 
le de las cartas y despachos origi- el Taciiumof (asi llamaba al de 
nales de la princesa v del duque Orange}*.» — Y como le respondíe- 
«I rey, existentes en eiArcbivo de sen que no, esclamó: uPues no 
Simancas, Estado, leg. 535. habiendo caido aquel en la red, 

(2) Cuéntase que cuando noti* poea caza ha heeno el duque de 
ciaron al cardenal Granvela en il26a.»— Estrada, Decadal.Ub. VI. 
Roma los sucesos de Bruselas, pre- 



PARTE 10. LUIEO 11. 81*9 

princesa disimulaba cuanto pedia, y solo aguardaba 
el regreso del secretario que babia enviado á Madrid 
solicitando de Felipe la admisión de sii renuncia, pa- 
ra abandonar cuanto antes pudiera nisk país donde se 
encontraba tan humillada, y dcmde con tal ingratitud 
veia remunerados sus servicios ^'^ • I^s condes de Eg* 
mont y de Born fueron llevados ai castillo de Gante, 
donde el duque de Alba para' mayor seguridad puso 
presidio de españoles. 

Admitió el rey al fin á la duquesa de Parma la re- 
nuncia tantas veces y tan vivamente solicitada del 
gobierno de- Flañdes (& de octubre, 4&67), señalán- 
dole ademas para su retiro una pensión de catorce 
mil ducados ; con lo cual comenzó aquella señora á 
preparar su apetecida marcha. Paro antes escribió al 
rey su hermano (22 de noviembre), dándole las gra- 
cias por ei permiso que le otorgaba y por la merced 
que le hacía ; volvíale á inculcar el mal efecto que 
hacia en el país la palabra real constantemente y cada 
día empeñada y nunca cumplida de ir personalmente 
á Flandes; asegurábale que nunca 4e olvidaría de un 
país por cuya couservacioo tanto habia trabajado , y 
que tanto importaba á S. M. ; y suplicábale muy en* 
carecidamente que usara de clemencia y fuera indul- 
gente, como tantas veces lo habia ofrecido y hecho 



(t) 'El secretario aue envióla un MS. de Ja BibliotecS nacioDo! 
priucesa se llamaba Machiavel, y señalado X. 172. 
lie sa misión' se hali&n noticias eu 



320 UISTOBIA DB BSPAKA. 

esperar, coa los que tal vez mas por seducción qué 
por malicia babian faltado á su servicio : «y tened en 
)>memoria, le decia, quejcuanto mas grandes son los 
» reyes y se acercan mas á Dios, tanto mas deben ser 
«imitadores de esta grande divina bondad, poder y 
«clemencia , y que todos los reyes y príncipes , cita- 
»l€¡squiera que bayan sido, se ban siempre contenta- 
ndo con el castigo de los que ban sido caberas y con* 
«ductores de los sediciosos, y cuanto al resto de la 

«muobednmbre los ban perdonado Otramrate, 

«señor, asando de rigor, es imposible que el bueno 
«no padezca con el malo; y qne no se siga ana cala^ 
«midad y destruicion general de todo este Estada, 
«cuya consecuencia y. M. la puede bien entender... « 
Y en la entrevista que para despedirse tavo con el 
duque de Alba á preseacia de los del Consejo (47 de 
diciembre] le babló también de la conveniencia de un 
indulto general y de la convocación de los Estados; 
y recomendándole un país que por tantos años babia 
regido , y trasfiriéndole el gobierno , partió la ilustre 
princesa de los Paises Bajos, dejando á ^s pueblos 
sumidos en la mayor pena y aflicción , y acompañán- 
dola el duque basta los confines de Bravante, y la 
nobleza flamenca basta Alemania , llegó á Italia \ don- 
de fué recibida por su marido Octavio con gran co- 
mitiva y cortejo, y siguiéndola hasta alii con su cari- 
ño y sifi corazones los desgraciados. flamencos. 

El cardenal Granvela desde Roma, los condes de 



PARTB ni« LIBBO II. üi 

Mansfeldt y de Berlaymool desde Flandes, lodos mas 
ó menos espUcitameate» segua la mayor ó menor 
ooofiaiiza qoe teniaii coa el rey , cootÍQuaban habláo- 
dolé en sos cartas ea el propio sentida que la prince- 
sa gobernadora , de ser mas digno, mas útil y con- 
veniente para la conservación y seguridad de. aque- 
llos Estados , ser parco en los castigos que severo y 
rígoiX)SO con los delincuentes. Y sin embargo, el du- 
que de Alba , obrando en conformidad á las instruc- 
ciones de su soberano y apoyado en la aprobación que 
merecían al rey todas sus medidas ^^^ ,- no solo no 
afloié, cuando quedó con el gobierno de los Paises 
Bajos, en el sistema de rigor que babia inaugurado 
á su entradar sino, que arreció en severidad en los 
términos que iremos viendo. Para que el nuevo Con- 
sejo de los Tumultos ó Tribunal de la Sangre obrara 
con mas actividad , le reunia en su misma casa • y ce- 
lebraba una ó dos sesiones diarias ^^K No solo prese- 



(I) «Qoedo contento y satiafer no tenso que deciros, sino remiti- 
cho, le decía el rey, de la buena ros alia que hagáis lo que o^ pare- 
manera coB ^e es gobernáis en ciere, pues esto será lo mas acer- 
ías cosas de mi servicio... » — «He tado, etc.v Cartas de Felipe If. al 
boleado óe ser lo que pasastes con duque de Alba, passim» 
Ifaoama sobre lo de su liconcin. . .» (2) Los j ueces nombrados eran: 
— «Hameparecido muy bien loque el canciller de GUeldres, el presi- 
habéis hecho para aseguraros del dente de Flandes, el de Artois, el 
castillo de Gante...»— «La nomi- doctor Juan de Vargas, el doctor 
nación que habéis .hecho de ñor- Luis del Rio, Blaser, consejero de 
sonas para el tribunal que baDeis Malinas, y Hessel, del Consejo do 
instituido, me ha contentado mu- Flandes. uabia ademas, como he- 
cho...»— «He holgado de ver lo mos dicho, los correspondientes 
que escribís de la plática que pa- abogados fiscales, procuradores y 
sastes con la duquesa de Loreoa. . .» secretarios. 
—«En lo demás que me escribís. . . 



222 HldtORIA ÚB BSPAMA. 

gaia con empeño las causas dg los • ya presos , sino 
que ordenaba cada dia nuevas prisiones. Citó y em- 
plazo por público edicto al principe de Orange ^ ó su 
hermano Luís de Nassau , á Goulembonrg^ á Brede- 
rodé, y & todos los que babian tomado parte en la 
rebelión y se hallaban ausentes » para que compare- 
ci^esep ante el tribunal en el término de cuarenta y 
cinco dias á dar los descargos en los capítulos de que 
se los acusaba. Y como ni el de Orange ni sus oóm* 
plices se presentasen al plazo prefijado, se los proce- 
só y condenó en rebeldíi^ como á rebeldesoontüma*^ 
ees y como á reos de lesa magestad , y les fueron 
secuestradas sus haciendas. Un hijo del de Orange, 
de edad de trece años , que se hallaba estudiando en 
la universidad de Lovaina , fué traído á España de 
orden del rey, á título de educarle en la religión ca- 
tólica , cosa que sintió su padre amargamente , y le 
hizo prorumpir en fuertes imprecaciones, apellidando 
bárbara crueldad la de arrebatarle su hijo/ 

Los procesados, que eran caballeros del Toisón, 
reclamaban la observancia de los estatutos de su or- 
den, según los cuales no podían ser juzgados por el 
duque de Alba y el nuevo Consejo, sino solamente 
por el rey y por un número de caballeros de la ór« 
den. Era esto un embarazo y una dificultad , en es- 
pecial para algunos jueces , como Berlaymont- y Noir- 
quermes , nombrados individuos del tribunal , y que 
eran también caballeros. Mas todas las dudas, con* 



I 

* 



PAETB III. LIBRO 11. 223 

soltas y dificoltades se cortaron con reproducir el rey 
la pateóte que aates había dado al duque de Alba para 
proceder coQtra los caballeros del Toisón » «tno obs- 
tante cualesquiera leyes» estatutos, constituciones, 
prívilegioe ú otros cualesquiera ordenamientos gene- 
rales ó particulares, comunes 6 privados...^ dándolos 
por abrogados y derogados, porque esta es nuestra 
▼oloiilad, y asi queremos y mandamos que se obser- 
ve , etc. ^V*» Y á otras dudas y consultas sobre si se 
los habiá de degradar antes de llevarlos al Suplicio, 
y de qué manera y con qué formalidades , respondió 
el rey que bastaba con que en la sentencia se los de- 
clarara privados del coliar. Pero á estas consultas y 
reliaros se debió el que se fuera difiriendo el fallo de 
la causa de los condes de Horn y de Egmont. 

Ejecutábanse en tanto prisiones en abundancia en 
la gente del pueblo, y se hacian terribles castigos. 
Arrasábanse las casas del conde de Goulembourg , y 
en su solar se levantaba una afrentosa columna de 
mármol. Dábase prisa el duque á le construcción de 
la ciudadela de Amberes ^^K Y- agregándose á esto las 
noticias qu& de España se recibían « de haber preso 
el rey al barón de Montigny, y lo que era mas , á su 

(4) «HsBC est enim certa vo- el insenieTO Pacciotto, y ediñcada 

loólas Dostra , sicque ob^ervari en elmísmo sitio que habia seua- 

volumuset jobemus harum testi- lado ya la duquesa de Parma, era 

oiodío lilterarQiii,etc.»-«PaUbras uq peotágooo regular, cttyos ba- 

de la iMiteote, escrita toda en la- luartes y cortioas conservan aun 

tin. Archivo de Simancas, Estado, los mismos nombres que les puso 

legajo 535. el gobernador, ¿ saber, Fernando, 

{t) Beta ciudadela dirigida por Toledo, Duque^ Alba y Pacciolto. 



221 HISTORU DE E.^PAÑA» 

mismo hijo el príocipe don Carlos ^^^ , apoderóse de 
los ánimos ua terror general » y millares de familias 
abandonaban asustadas un país en que ya nadie se 
contemplaba seguro, confesando el mismo duque* que 
pasaban de cien mil individuos los que babian huido 
á los vecinos estados , llevando consigo sus fortunas. 

Acerca de las crueldades ejecutadas por el duque 
de Alba en los Países Bajos ban sospechado omchps 
(y nosotros fuimos de este número bastante tiempo), 
si serian apasionadamente exageradas las relaciones 
de algunos historiadores. Mas desgraciadamente no 
nos es permitido^ ya dudar de 3u sistema horrible- 
mente sangriento^ puesto, que de él nos cejrtiftca un 
testigo de toda calidad y escepcion, cuyo testimonio 
creemos que nadie podrá rechazar. Este testigo es el 
mismo duque de Alba. Oigámosle: 

«El sentenciar los presos, le decía al rey en 43 de 
»abril de 1568 , aunque se pudiera hacer antes de 
» Pascua, no parece que en Semana Santa, no ha- 
» hiendo inconveniente en la dilación, era tiempo 
»para hacerse, no embargante que yo misnio he pre- 
» venido la parte, y por tres v^ces díchole que en* 
»tienda que en cualquier estado que esté el proceso, 
Mse ha de sentenciar antes de Pascua ; pero todo esto 
»no ha bastado para que hasta agora hayan pi^esenta-* 
»do ningún testigo , ni un papel , ni la menor defensa 

(1) De esUui dos ruidosas pri- mas detenidamente, 
siones hablaremos en otro lugar 



PARTE III. LIBRO lU ¿SIS 

«de cuantas se podiaD imaginar en cl mundo. Pero 
«pasada la Pascua , ya no aguardaré mas , porque sé 
«que si diez años se estuviese dando término, al cabo 
«dellos dirian que se bacía la justicia de Peralviilo; 
«y por bacerlo todo junto en un dia , guardo para 
«entonces declarar las sentencias contra los ausentes. 
»Traslos quebrantadores de iglesias, ministros 
«consistoriales y los que han tomado las armas con- 
«tra V. M. se va procediendo á prenderlos , como en 
«la relación podrá V. M. ver: el dia de la Ceniza se 
i^prendieran cerca de quinientos, que fué el dia seña- 
«lado que diñara que en todas partes se tomusen; 
«pero asi pafa esto como para todas las otras cosas, 
«no tengo hombre sino Juan de Vargas , como abajo 
«diré. He mandado justiciar todos estos , *y no basta 
«habello mandado por dos y tres mandatos, que cada 
«día me quiebran la cabeza con dudar que si el que 
«delinquió desta manera meresce la muerte, ó si el 
«que delinquió desta otra meresce destierro , que no 
«me dejan vivir, y no basta con ellos. Mandado he 
«espresainente de palabra que se juzgue conforme á 
«los placartes ^^^ , y últimamente he mandado que se 
«les escriba á todos que de los delincuentes que están 
«espresados en los placartes todos los ejecuten al pie 
«de la letra; y si hubiese alguno que no esté com- 
«prendido, este me consulten y no otro. Tengo co- 

(4) Edictos , píacarts. 

Tomo xiii. 15 



226 HISTORIA I>B BS^ASA. 

emisarios por todas partes para iaquírir culpados: ha- 
»ceD tan poco, que yo no sé cómo do soy ahogado de 
»coogoja. Acabado este castigo , comenzaré á prender 
^algunos particulares de los mas culpados y mas ri- 
»cos 9 para moverlos á que vengan á composición, 
» porque todos los que han pecado contra Dios y 
»contra V. M* sería imposible justiciarlos: que á la 
^cuenta que tengo echada, en este castigo que agora 
]»se hace y en el que vendrá después de Pascua tengo 
»que pasará de ochocientas cabezas, que siendo esto 
»asi> me parece que ya es tiempo de castigar á los 
»otros en hacienda, y que destos tales se\saque todo el 
ytgolpe de dinero que sea posible antes q^e llegue el 
i> perdón general. En estas tales composiciones no se 
)>admilirán los hombres que cualificadamenle hayan 
»errado. Juntamente con esto comenzaré á proceder 
iDContra ias villas que han delinquido , y hacerles he 
aponer las demandas y procederé hasta la definitiva 
»con toda la prisa que en el mundo me será posible, 
»y no será negocio de mucha dilación, porque sus 
»culpas son públicas, y los comisarios que tienen de 
»algunos dias acá orden mia particular para proceder 
»contra los magistrados, tendrán hechas las informa- 
aciones, aunque mal hechas , según yo lo espero d^ 
»llos, y con esto el negocio tendrá mucha brevedad.» 
Y en otros párrafos de la misma carta: «Para tra- 
)>tar estas cosas (dice) yo no tengo hombre ninguno * 
» de quien poderme valer , porque estos con quien 



PAATE IIK LIBRO II. 227 

nagora lo platico, que era de los qae me habia de 
»ayodar , los hallo laa dificultosos cocQo V. M. vee 
npor lo que teugo dicho. 

»Ea los negocios de rebeldes y hereges tengo so- 
»lo á Juan de Vargas , porque el tribunal todo que 
»hice para estas cosas,, no solamente no me ayuda^ 
Apero estórbame tanto, que tengo masque hacer con 
i»eIlos que con los delincuentes; y los comisarios quo 
»he enviado á descubrir ningún otro efecto hacen que 
)»procarar encubrirlos de manera que no puedan venir 
i»& mi noticia. El robo que yo tengo por cierto que 
»hay en las condenaciones , en las haciendas de los 
^culpados, me le imagino tan grande , que temo no 
» venga á ser mayor la espesa de ios delitos^ que el 
»útil que dello se sacará. Y. M. entienda que han to- 
»mado por nación el defender estas bellaquerías y 
nencubrirlas , para que yo nó las pueda saber, como 
Bsi á cada uno particularmente les. fuese la hacienda, 
Dvida, honra y alma (*^» 

Por este solo documento, dado que otros muchos 
de semejante Índole no tuviésemos, se ve el afán del 
duque de Alba por buscar delincuentes é imponer 
castigos ; el número horrible de justiciados ; el gusto 
que tuvo en solemnizar con el llanto de quinien tas 
familias el dia que la Iglesia destina á la sagrada ce- 
remonia del emblema de la penitencia ; que procesa- 

(4) Carta descifrada del duque de abril de 4568.— Archivo de Si- 
de Alba á S. M. De Bruselas á 43 mancas, Bstado, leg. 539. 



¿28 HfftTOHIA ilE ESPAÑA. 

ba á los ricos para hacerlos venir á composícioa y 
sacarles dinero ; qae no hallaba qaiea le ayudara en 
su afán de inquirir culpables y ejecutar suplicios ; que 
ni el tribunal ni los comisarios le auxiliaban en su 
sanguinario sistema ; que no tenia de quien valerse, 
sino de tal cual contado instrumento de sus cruelda- 
des; que el país en general repugnaba aquel rigor, 
y se habia hecho causa nacional el encubrir los de- 
lincuentes que él con tanta solicitud buscaba ; en una 
palabra , que el sacrificador se encontraba solo, arma- 
do de su cuchilla. 

Entretanto no habian estado ociosos ni el de Oran- 
ge ni sus hermanos Luis y Adolfo^ ni el de Hoogs- 
trat , ni los demás nobles flamencos emigrados y pros- 
critos. Apoyados por los príncipes protestantes de 
Alemania , con quienes los unian lazos de religión y 
de parentesco , y por los príncipes y caudillos de los 
hugonotes de Francia , se resolvieron á invadir los 
Estados de Flandes por tres puntos , fiados en que el 
odio popular de los flamencos al de Alba los ayudaría 
* á arrojar de los Paises Bajos al duque y á los españo<- 
les. Salióles , no obstante , fallida esta primera tenta- 
tiva á los que se dirigieron al Artois y al Mosa , sien-- 
do vencidos y derrotados por Sancho Dávila y por 
los coroneles que el rey Carlos IX. de Francia envió, 
pagando asi al duque Je Alba el auxilio que de ésle 
habia él recibido antes contra los hugonotes de su 
reino, á cuya espedicion habia sido destinado el conde 



PARTE III. UBHO II. 229 

de Aremberg. Otro resultado tuvo la iovasioa por la 
parte deFrtsia que este mismo conde de Aremberg go- 
bernaba. Habían entrado por allí Luis y Adolfo de 
Nassau, hermanos del príncipe de Orange. Contra 
ellos envió el de Alba á Gonzalo de Bracamente con el 
tercio español de Gerdeña. Impacientes los españoles 
por entrar en combate, empezaron á murmurar del 
de Aremberg por la dilación que ponia en dar la ba* 
talla á los orangistas^ manifestando sospechas de que 
se entendiera en secreto con ellos. Picado y sentido 
de estas hablillas el pundonoroso conde , y no que- 
riendo que por todo lo del mundo le tildaran ni de 
sospechoso ni de cobarde , aun conociendo cuánto 
aven taraba en renunciar á sus planes » ordenó sus 
escuadrones , y no ot»stante su desventajosa posición, 
arremetió al enemigo. Cuerpo á cuerpo pelearon el 
de Aremberg y Adolfo de Nassau ; ambos se. atrave- 
saron con sus lanzas; ambos cayeron exánimes, y los 
dos á un mismo tiempo y á muy corta distancia ex- 
halaron envueltos en sangre el último suspiro. El 
tercio español , que no conocía el . terreno , cayó en 
ona emboscada que habían preparado los de Nassau, 
y fueron acuchillados muchos valientes españoles, 
entre ellos cinco capitanes y siete alféreces : perdióse 
todo el dinero y los seis cañones gruesos que el de 
Bracamente llevaba ^^^ . 



(4] Estos seis cauoiies se Dom- Estrada. Guerras de Flandes, De- 
brabaD C7r, ñey Mi, Fa^ Sol, La.— cada [. lib. Vil. 



830 UISTOlllA DB ESPAÑA. 

Grandemenle irritó al duque de Alba la derrota 
de Frisia, y llególe al alma la pérdida del ilustre y 
valeroso conde de Aremberg, uno de los mas firmes 
y decididos campeones de la causa del rey en Flan- 
des ; y tanto por vengar aquella derrota y aquella 
muerte , como por el aliento que conocía habría de 
infundir á los orangistas aquel triunfo, si no eran sus 
vuelos inmediatamente atajados , hubiera ido al ins- 
tante en persona á Frisia, mas no se atrevió sin dejar 
antes hecha la ejecución de los nobles procesados , y 
especialmente de Iob condes de Egmont y de Horn» tan 
queridos del pueblo , que temia que quedando vivos 
se amotinaran en su ausencia los flamencos y se levan- 
taran en masa para salvarlos. 

Procuró , pues , el duque de Alba desembarazarse 
cnanto antes de los procesados, para lo cual hizo que 
el tribunal abreviara los fallos de las causas pendien- 
tes. El S8 de mayo se publicó la sentencia contra el 
príncipe de Orange, condenándole á destierro perpe- 
tuo de aquellos estados, privación y confiscación de to* 
dos sus bienes, rentas, heredamientos, derechos y ac-- 
cienes ^^K Siguió aquellos días fulminando sentencias 



(4 ) Copia de la sentencia dada » pay s de pardeoa , les deffaalU ob- 

contra el principe d^Orange, fe- «tenuz parle procareur geoerai 

cha en Bnuelae á 28 de mayo de »de Sa mageste impetrant de man- 

4568. sdemeot crimioel et demandeor 

«d'uDe part contra GuiUermoda 

«Vea par monaeigneur le dac »Nassau, prince de Oraoges et 

» d^Alve, marquis de Coria, et Lieu- Badjourné á compareir en person- 

> teoant goverseur et capitaine ce- » ne par ^deoant son exceUence á 

» oeral pour le Roy notre Siró des »ce speciallement par aa dicte Ma- 



PARTE ill. LIBEO II. 231 

coDtra los ausentes y presentes. El 1 ."" de junio fueron 
decapitados en la plaza del Sablón de Bruselas diez y 
ocho nobles délos presos en el castillo de Vilvorde, 
y al dia siguiente sufrieron la misma pena otros tres. 
Aguardábase con general ansiedad, aunque se 
temia ya , la suerte que correrían los dos ilu^res 
condes de Horn y de Egmont , presos hacía nueve 
meses en el castillo de Gante- El primero , hermano 
del barón de Montigny, de la esclarecida estirpe de 
ios Montmorency de Francia; el segundo, príncipe de 
Gavre , del antiguo linage de los duques de Güeldres, 
ambos gobernadores , el uno de Flandes , el otro de 



tjesté eommisé ei depute deue- »journe de toules ses eiLceplious 

vment con^umaceel deboutede »etdeffences aocetout ce qui fai- 

»toutes exceptiODs ei deffences d* » soit á considerer et ayani sur tout 

«aattre cbaree par le dict procu- vmeureroentesso delibere oucod- 

»reur general davoir commís cri- vseíl lez son ezcellience sa dicte 

vme de lese Majesté, et ayant de- »excelUence vuydant le prouffit 

•pois au contempt et vitupere de »des dicta defiaults et deboute- 

»la litis pendence et procedeurs vment bannit leditadjournehors 

fccontro lay inténteos a raison du «de tous les pays et secretarles de 

•dict crime, DOD leuUoment pris «sa dicte Magesteperpetoellemeot 

»les armes mais aussy cognu et »et ajamáis «ur la -vieet confisque 

•dcDomme plusieurs colonnelz et vtous et quelconques ser biens 

Bcapitaines de gens de guerre »meubleset inmeubles droictz et 

«taot de cheval que de pied, quil »actions íiefs etberitages de quel- 

»a mis et faict roarcher en cam- »que nature ou qualite et la part 

• paigne ensagnesdesployeescon- »ou iiz sont scituez et pourront 

»tresa dicte maeeste, ses^statz vestre trouvez auprouffict de sa 

npays et subjets ae parde(;a com- » dicte Majosté. Ainsy arretó et 

»me il está cbacun nctoire et eo «prononcó á Bruxelles le 28 jour 

>ia quelle rebellion il est encoré vdu mois de may de Tan mil cmcq 

oastaellement persistant. Veues «cens soixante et buict. Signé le 

» aussy les ynformations Ictraiges «duc d*Alve, et plus bas moy pre- 

»et aultres enseignements par »sident Mesdacn.» 

nicelluy procureur general pro- Archivo general de Simancas, 

kdttictz ensemble les actes et ex- Negociado de Estado. — Flandes, 

>ploitz yjoínctz et par especial legajo 5i9. 
tiettre de debotttementdu dictad 



23á HISTOEU DB BSPJJa. 

Ariois, ambos distinguidos capitanes de Carlos V. y 
de Felipe II. , á quienes dieron muy gloriosos triun- 
fos^ y ambos muy queridos del pueblo. Éralo espe- 
cialmente el de Egmont por su afabilidad y sus gra* 
cias personales. Habia hecho servicios eminentes á 
Carlos V. y á Felipe II. Habia acompañado al empe* 
rador á África y reemplazado en el mando del ejér- 
cito al príncipe de Orange muerto en Saint-Dizier: 
socorrió á Carlos contra los protestantes de Alemania, 
;^ le acompañó á la dieta de Augsburgo ; negoció el 
matrimonio de Felipe con la reina María de Inglater^ 
ra ; se le debió en gran parte el triunfo de San Qnin-> 
tin y del todo la victoria de Gravelines ; ajustó la paz 
con Francia ^ y concluyó el segundo matrimonio de 
Felipe con Isabel , hija de Enrique IL: el rey, á su 
salida de Flandes, le dejó de gobernador del Artois; 
en el principio de las turbulencias vino á España co* 
misionado por la princesa Margarita , y Felipe II. le 
honró y colmó de mercedes : se habia negado á en- 
trar en la confederación rechazando las escitaciones 
del príncipe de Orange y de los demás nobles co}iga- 
dos; prestó el segundo juramento de fidelidad al rey, 
cuando le exigió la princesa regente ; la misma Mar- 
garita le comisionó para exhortar á la sumisión á los 
rebeldes de Valenciennes ; él habia estado siguiendo 
correspondencia directa con el rey hastsi muy poco 
antes de la llegada del duque de Alba: hemos visto 
sus últimas cartas de 16 y 26 de junio (1567), en 



PARTB lU. LIBao lU 233 

que mostraba su contento por saber de las que había 
recibido de S. M, que estaba muy satisfecho de su 
conducta en Flandes y en Valenciennes ; en que le 
decía no emprenderse nada contra los rebeldes sin su 
parecer y consejo » y que para ello estaba siempre 
pronto á arriesgar su persona ; que si contra algunos 
habia procedido con alguna lentitud , la convenien- 
cia y la lealtad al rey se lo aconsejaban asi : esponíale 
la utilidad de erigir fortalezas en algunas ciuda- 
des principales: suplicábale que abreviara su ida 
á los Países Bajos, y se ofrecía á tomar la posta pa- 
ra venir á buscarle á España y acompañarle en. su 
víage ^*K 

Tales eran los méritos , la conducta y las relacio- 
nes del conde de Egmont con el rey , cuando fué pre- 
so por el duque de Alba juntamente con el de Horn 
de la opanera capciosa que antes hemos referido. Du- 
rante su largo proceso , escitaron los dos ilustres pre- 
sos tan general y tan vivo interés, que llovían de 
todas partes las recomendaciones y suplicas en su fa- 
vor al de Alba, al rey , al emperador, á los electores 
del imperio, á los caballeros del Toisón. María, her- 
mana del de Horn, y Sabina , esposa del de Egmont, 
no cesaban de dirigir sentidísimos memoriales al rey. 
Entre ellos puede servir de muestra el siguiente de 



(4) Hállunse eslas cartas cd ol de Estado, Flaades, leg. 536. 
ArcDÍ?o de Simancas, Negociado 



834 HlSTOaiA DI BftPAftA. 

la condesa , que fué odo de los primeros : «Sabina 
> Palatina t duquesa de Ba viera, desdichada princesa 
»de Gavre» condesa de Egmont, muy humildemente 
» representa á V.M. como á los 9 del presente mes de 
» setiembre el príncipe de dicho Gavre , conde de Eg- 
)»montt caballero de la orden del Toisón de Oro , su 
tobuen señor y marido, después de haber estado en el 
^Consejo de V. M. en la casa del duque de Alba , su 
^capitán general en estos Paises Bajos ^ fué detenido 
»en prisión por orden del dicho señor duque, y á 
»los 22 del mismo fué enviado al vuestro castillo de 
«Gante con muy estrecha guarda , sin habérsele has- 
»ta agora declarado la causa de su prisión , ni (se- 
ugun paresce) tenídose respecto á los estatutos y or- 
)»denanzas de la institución de la dicha orden y del 
«derecho escripto. Suplica muy humildemente á 
>V. M. que conforme á los estatutos y privilegios 
«de la dicha orden, contenidos en los 14, 45, 46 
«y 19 capítulos de las adiciones hechas por la pasada 
V memoria del emperador Garlos vuestro señor y pa- 
«dre, que Dios perdone, y confirmados en el año 4 556 
«por V. M. , sea servido mandar que el susodicho 
> príncipe su marido sea sin dilación remitido y pues* 
«to en la guarda del colegio y amigable compañía de 
«la dicha orden, para que después en ausencia de 
«y. M. conozcan do su prisión el caballero de la di- 
«cha orden á quien V. M. lo ha cometido y los demás 
«caballeros sus cohermanos, y que se tome informa- 



PAETB lU. UMO IK 935 

»don ¿ cargo y descargo de lodos los del Consejo 
»de Estado de Y. M. y los gobernadores , capitanes, 
»Iagartenientes y oficíales que han estado debajo de 
psn cargo, y á cualesqaier otros« Saplicándole allende 
»de esto no quiera poner en olvido los largos , con- 
» tinaos, señalados y leales servicios que el dicho 
Asenor su marido ha hecho desd3 su edad de diez y 
»ocbo anos á esta parte , asi en Berbería en el viage 
»de Argel, en Inglaterra para el casamiento de V. M., 
«como en todas las guerras que del año de 4 544 á 
»esta parte la Magostad Imperial y V. M. han tenido, 
x>asi contra los de Güeldres y franceses , como espe- 
Bcialmente en las victorias tan importantes de San 
»Qaintin y Gravelines, habiendo tantas veces en ellas 
1 pospuesto su persona por mantener estos Paises Ba- 
i»jos á vuestra corona , sin olvidar los viages que ha 
ahecho en Francia por lo del jurar la paz , y después 
i»coa grandes fatigas y trabajos , asi de cuerpo como 
»de espíritu en estas últimas turbaciones contra los 
ñhereges y rebeldes: suplicando de nuevo muy hu* 
Dmildemente á Y. M. no permita que el dicho vues- 
»tro muy humilde servidor , y yo vuestra humilde 
»parienta y nuestros once hijos, seamos para siempre 
» miserables testigos de nuestras tan grandes infelici- 
)!»dades y de la instabilidad mundana , mas como rey 
«benignísimo quiera echar aparte su indignación con 
»las razones susodichas , y acordarse que los gran«» 
i>des reyes no tienen cosa mas agradable á Dios 



236 UISTOEIA DB BSPAÍÍA. 

»que la mansedumbre, clemencia y blandura (*^i» 
Los memoriales y súplicas de la condesa no ablan- 
daron mas el duro corazón del rey y del duque de 
Alba que la intercesión y los ruegos de tantas perso- 
nas de valer como abogaban por el perdón de ios 
ilustres presos. El proceso se. siguió con todo ri- 
gor w, y el 4 de junio (1568), llevados los doscon* 
des de Gante á Bruselas , se pronunció contra ellos 
la fatal sentencia, condenándolos á muerte, y á ser 
puestas sus cabezas en lugar público y alto para que 
sirvieran de ejemplar castigo de los delitos , hasta 
que el duque otra cosa ordenare , secuestrados y 
aplicados á S. M. todos sus estados y bienes ^^^ . La 

(4) Traducción del origÍDal instigado por el cardenal Espino- 

francés, en el Archivo de Siman- sa , reprendió por su dilación al 

cas. Estado, leg. 549, fol. 65. de Alba , y le mandó que ejecuta- 

(2) El jesuíta Estrada, que tu- se al momento el suplicio según le 
vo los autos en su mano, trae un tenia ordenado. El Historiador ro- 
resúmen de los cargos que se les mano no parece que da gran cré- 
hicieron, y de jos descargos de los dito á esta especie , y nosotros 
acusados. Del iuicio del religioso tampoco hemos hallado documen- 
historiador se deduce que el delito to que la confirme, 
de los dos condes consistía, mas (3) Copia de la sentencia pro- 
que en otra cosa, en nu haber re- nunciada contra el conde de Eg- 
primidola rebelión, y en haber si- montj fecha en Bruselas á i de 
do, como consejeros y gobernado- jtmio, 4568. 
res do provincias, mas considera- 
dos é indulgentes que duros y ri- «Veu par monseigneur le duc 
gorosos con Jos confederados. ¿Se »d*Alve, marquiz de Coria, lieute- 
podrá estrañar esto, siendo todos »naut gouverueur etcapitaine ge- 
compañcros, parientes ó amigos uneral pour le Roy et pays de par- 
Ios ae la liga, y siendo ellos íla- »dega le procos crimmel entre le 
meneos y flamencas todas las po- »procureur general de sa majeste 
blaciones que se sublevaban? )>aemandeur airencontre la Moral 

Añade el autor de las Décadas nd'Enmont. prince de Gaure, coa- 
haber leído que el de Alba quería «te d'Egmont , prisonnier deffen- 
dilatar la sentencia y ejecución »deur , veu aussi les onquestes 
temiendo las consecuencias, y que »faictspar le dict procureur ge« 
el rey, irritado contra Egmont, é »ueral tíitres et lettraiges par 



PAATB lil. UBRO 11. 237 

mañana siguiente , notificada qae les fué la senten- 
cia, el de Egmont escribió al rey la siguiente carta: 
«Señor : esta mañana he entendido la sentencia que 
»V, M. ha sido servido de hacer pronunciar contra 
)»mí, y aunque jamás mi intención fué de tratar n 
]» hacer cosa contra la persona ni el servicio de Y. M., 
»ni contra nuestra verdadera , antigua y católica re- 
Bligion , todavía yo tomó en. paciencia la que place á 
»mi buen Dios de enviarme ; y si durante estas alté- 
is raciones he aconsejado ó permitido que se hiciese 
^alguna cosa que parezca diferente , ha sido siempre 

»icel1uy exbibez led confessioDS »suyuaat á le dict conté auoír 
>du dict prisoDoier auecq ses def- »commis crime de lese majesté et 
BÍenses, tiltres et letlraiges se- «rebelUoa et comme tel deuoít 
sniies á 6a descharge. Veu parei- »estre executé par Tespee, et la 
sllemoDt les charges resaltaots du »tet misse en lieu publícq et bault 
> dict proces d'auvoír le dict comp- » A fío qu'elle soil veue duug cbas- 
»te commis crime de lese majeste »cuq ou demeurera si longuement 
>et rebeUiou fauorisaut et estaut »ot jasquos á taot que par sa dict 
«cómplice de la ligue et coaju- «oxcellence aultreinent sera or- 
»ralioii abomiuable du priace »doQDe, et ce pour exemplaire 
»d*0raDge et quelques aultres »cbatoiffdes delictset crimes par 
•seignears des dicts pays, ajan t > le dict conté d'BgmoDtperpetrez, 
>aussi le dict deffeodeur on en »cocnmaudant que persoune ne 
»sa protection et saluegaioe les »soitosó déla oter soubz paine 
•geotüz bommos confedercz du » dudonersuppliceet decía ¡re tous 
»coinpromis et les maubals offices «et quelz concques ses bieos 
»quil a faict en son gouvernement »meuDles et immeubles, droict et 
»ae Flandres alie droit de la con- »actions fiefz et boritages de quel- 
»seruBlion de notre saincte foi »que nature ou qualite et la part 
kcatholique et diffence d' icetle «ou ilz sont scituez et pourrout es« 
>auecq les scclaires seditieulx »tre trouuez confisquez au prou- 
>et rebelies de la saínete eglize «ffictdesa majesté ainsi arresté 
«appostolicque romaine et de sa »etpronuntions, ele. áBruxelles 
»majeste; considere en ouUre tout » le Illl.<> de juing 1568. Signé duc 
>ce que resulte du dict proces, »d'Alve.» 
»son excelleuce tout meuremeut Archivo general de Simancas, 
»deliberé auec le Gonseuil les elle Negociado de Estado. — Flandes 
•adiuge au dict ()rocureur geno- leg. 549, fol. 66. 
>ral ses coocluaions et declaire 



238 HISIOEU DB ESPAÑA. 

)>coD una verdadera y buena intención al servicio de 
»Díos y de y. M. , y por la necesidad del tiempo, y 
»asi ruego á V. M. me lo perdone* y quiera tener 
)» piedad de mi pobre muger , hijos y criados , acor* 
i>dándose de mis servicios pasados » y con esta con- 
afianza me voy á encomendar á la misericordia de 
)»Dios« De Bruselas , muy cerca de la muerte, hoy 6 
«de junio, 4S68. — De V. M. muy humilde y leal va- 
»sallo y servidor.— Lamoral d'Egmont ^^^ •» 

Entregó esta carta al obispo de Iprés , con quien 
se confesó muy cristiana y devotamente, y lo mismo 
hizo después el de Horn. En la plaza del Sablón de 
Bruselas , cubierta toda de paños negros, se habta le-* 
vantado el cadalso: rodeábale el tercio del capitán 
Julián Romero: al medio dia fueron llevados los ilus- 
tres presos, acompañados del obispo de Iprés: Eg« 
mont habló un poco con el prelado, se quitó su som- 
brero y su sobreveste de damasco , se arrodilló y oró 
delante del Crucifijo , se cubrió el rostro con un velo, 
y entregó su cabeza al verdugo. Lo mismo ejecutó 
inmediatamente el de Horn, y las dos cabezas, clava- 
das en dos escarpias de hierro , estuvieron espuestas 
por espacio de algunas horas al público. 

Indignación y rabia , ""mas todavía que dolor y 



(f ) Esta earta la publicó Fop<- correspoDdencia de Felipe II. od- 

peDs en francés, en que se escri- mero 474. La traducción que nos- 

Dióy en el Suplemeiito á Estrada^ otros damos es la que se nalla en 

tomo I., p. Í6l; y la ha reprodu* el Archivo de Simancas, Estado» 

cido literalmente Cachara en la legBJo538. 



PAHTB III. LIBHO II. 839 

llaDlo, escitaroQ estas ejecuoioues en tos flamenoos. 
Hubo algunos » que atropellaodo por todo , empaparon 
sus pañuelos ea la sangre de Egmoat , y los guarda-* 
ban como una preciosa reliquia ; otros besaban la 
caja de plomo que había de guardar su cuerpo ; no 
pocos juraban venganza ; maldecían muchos el nom- 
bre del de Alba , y protestaban que pronto envolve- 
rían áFlandes nuevos tumultos: difundióse por el 
pueblo la voz de que en tierra de Lovaina había llo- 
vido sangre , y sacaban de aquí los mas fatídicos pro* 
nósticos : el embajador francés escribió al rey Carlos 
qne había visto derribadas las dos cabezas que habían 
hecbo esl remecer dos veces la Francia , y el terror 
mezclado con la ira se apoderaron de todos los ánimos 
de los flamencos. 

De haberse ejecutado estas sentencias daba parte 
y conocimiento el duque de Alba al rey en los térmi- 
nos siguientes (9 de junio):— -«S. C. R. M Los 

i>procesos de los señores ausentes y presentes se ban 
^acabado , y no se ha hecho poco según los letrados 
»de este país son tardíos; de cuyas sentencias envío 
»á V. M. copia: á mí me duele en el alma que sien- 
»do personas tan principales , y habiéndoles V. M. 
» hecho la merced y regalo que lodo el mundo sabe, 
chayan sabido tan mal gobernarse que haya sido ne- 
»cesario llegar con ellos á tal punto. El martes 1 ."" de 
Ȏste se degollaron en la plaza del Samblon diez y 
>ocho de los que estaban presos en Vílvorde. El día 



240 HISTORIA DB BSPAÑA. 

»stguieoto tres :' los dos que se tomaron coa las ar- 
omas en la mano cerca de Dalen. El sábado á los 5 se 
»degollaron en la plaza de la villa los condes de 
»Horn y Agamont » como V. M. verá mas pariicolar- 
emente por la copia de las sentencias : yo hé grandí- 
x>sima compasión á la condesa de Agamont y á tanta 
Y>gente pobre como deja. Suplico á V. M. se apiade 
»de ellos, y les haga merced con que puedan susten- 
»tarse , porque en el dote de la condesa no tienen 
>para comer un ano ; y V. M. me perdone el adelan- 
»tarme á darle parecer antes que me lo mande. La 
Acondesa tienen aqui por una santa muger, y es cier- 
»to que después que está su marido preso han sido 
apocas noches lasque ella y sus hijas no han salido 
^cubiertas, descalzas, A andar cuantas estaciones tie* 
»nen por devotas en este lugar, y antes de agora 
1» tiene muy buena opinión , y V. M. no puede en nin- 
)»guna manera del mundo , según su virtud y su pie- 
»dad , dejar de dar de comer á ella y á sus hijos , y 
)isería , á mi parecer, el mejor término para dárselo, 
»que V. M. enviase á mandar que ella se fuese en 
)>España con sus hijos todos , que Y. M. queria ha- 
>i corles merced y entretenerlos , y á ella en alguo 
»lugar ómonesterio, si le quisiese, dalle con que 
»pueda vivir, y sus hijas meterlas monjas , ó tenerlas 
)>consigo , si allá no les saliese algún casamiento que 
>iV. M. viese para ellas. A los mochachos haoellos 
)iestudiar , y saliendo para ello , darles V. M. de co- 



PiATB lll. UBM U* 241 

umer i^r ia Iglesia , porque taíi desamparada casa 
»como' esta queda yo creo qne no la hay en la tier-- 
»rat qne yo prometo á V. M. que no sé de dónde 
atengan para .cenar esta noche , y yo creo qne llevar 
llalla toda esta familia, que demás de la obra taü tir-* 
»tao8a» para quitar muchos inconvenientes; sería de 
»graQ' frhto; y. llevarlos por otra via que por esta, 
i^parece que aunque haya causa > la justicia no alcan^ 
«aá que se pueda hacer. Cosa de grande admira* 
^eíoii ha sido en estos estados .el caétigo hecho en 
^Agamont; y cuanto es mayor la admiración , será de 
>maa fruto á Icvquese pretende el ejemplo.;.. «. <^h)» 
¿Y qué contestaba á esto el monarca español? Sin 
apresurarse á responderle , pues lo díftrió hasta el^ 1 8 
de julio, aprobaba todo la hecho; y tampoco se daba 
gran prisa por remediar la neoesídad y pobreza de 
la iftfeUz condesa "«^iuda y de sus ocho hijasy tres hi- 
jos que le quedaron , que bien apremiante debia ser 
sn estrechez y miseria, y muy grandes y reconocidas 
debían ser sus virtudes cuando asi se interesaba por 
ella el duque de Alba. <xLa orden que habéis guarda-^» 
i»do , le decia el rey , en los negocios que tenéis en-"* 
i»tre manos , así tocantes al castigo que se ha hecho y 
)»á la justicia y hacienda , como principalmente á lo 
i»de la religión , ha sido tan acertado como lo va 
t>mo(trando el suceso ; y la carta que de esto trata 

(4) Archivo de Símaücas, Estado^ leg. 539. 

Tomo XIII. 1 6 



342 HISTMHJl DB BSMÍÍA. 

)>coiilÍ6tte Utt buenas cosas, y de tanta sostancia y 
)»lan bien dispuestas, qoe se conosce ser vae^ri, y 
)»es así cierto qae á mí me ha pesado em grao manera 
»de que las culpas deles condes fuesen taagraTes, 
»que hayan merescido por ellas la justíeía que ue 
^ejecutó en Sus personas; mas pues se hizo coa tanto 
» fundamento y justificación > no hay que decir gma 
y^encomendarlos á Dioe ; y en lo que me escribís de 
)»la muger é hqos del conde de Egmont , en cuanto á 
atraerlos acá ó dejarlos allá , veré lo que será nu§er 
nhacer; y can otro oí avüari la resolución ftie tamárCf 
»que de una manera ó de otra es justo remediar su 

:s»necesidad U).» 

La otra carta del duque á que aludía en su res- 
puesta el rey , era una en que le daba cuenta de los 
medios que empleaba para sacar dinero, de la visita 
y escrutinio que pensaba hacer de todas las impreoybis 
y librerías , del arreglo de lae escuelas de sinos , de 
la reproducción de los edictos , del negocio de los 
obispados, del castigo de las villas, de que ibaá 
poner la Inquisición en los términos que el rey tenia 
maudado , y de que luego vendría el perdón geoie- 
ral. La situación del país y el carácter del duque es^ 
tan perfectamente retratados en algunos párrafos de 
esta notable carta. «Ahora paresce que conviene le<- 
»vantar el cuchilla, y ver si con esto se podrán traer 

(1) Archivo de Simancas, Estado, leg. 540. 



FAUn lll. LIMO II* 



213 



•abanos pirticolaret á coBiposioiofi , para sacar aU 

»gdn golpe de dinera. Ahora que ae I» acabado 

i»la de los procesos de loa presos « meteré la mano de 
>tyeras eo eib» aooqne 00 dejan de aerme oonlrario», 

»y todos aborrecen et alcabala Acabadas (odas 

nestaa ooeas, entraré loego al castigo de las TÍUas.... 
al» que riere que no camina de ho&a píe , coenraza** 

9fé toego por ella leego daré tras de las trasvi'^ 

aliag Amberes « Boologne y Bruselas , y privarlas hé 
»de voto, de manera qae quede solo Lovaisa con los 
«prelados y nobles, y despees pasaré al castigo que 
»se les ba de dar, la justicia cómo se ha de hacer en 

vellos , la hacienda cómo se ha de aplicar En 

» ninguna manera se puede escusar ni diferir mas el 
» tratar desta materia (el perdón), y desde luego me- 
ntor la mano á los particulares para ver si se podrá 
»sacar algún dinero , aunque yo estoy muy deseen- 
»fiado; pero principalmente conviene para que los 
Bsábditos vean que comienza á abrirse la puerta ¿ la 
«clemencia, y vayan aquietando los ánimos que ahora 
«tienen desasosegadísimos, y tengan paciencia para 
«esperar al general , porque están con tan gran mié- 
«do, y baúles puesto tan gran terror las justicias que 
«se han hecho , que piensan que ya perpetuamente 
«no ha de ser otro gobierno que por sangré , y mien- 
«tras tienen esta opinión , no pueden en ninguna ma- 

«nera del mundo amar á V. M y el comercio de 

«los naturales comienza á enflaquecerse un poco, 






244 HISTORIA DE ESPAÑA. 

))porqae los estrangeros no osaá fiarles nada , pen« 
)>saDdo cada dia que les pueden tomar sus haciendas, 
> y ellos también entre si no osan fiarse el hermano 
}»del hermano, ni el padre del hijo, etc. (*^.b 

Ejecutados aquellos suplicios, dedicóse el duque 
á atender á la guerra, encendida ya en Frisia, y que 
amenazaba también por Bravanle, de la cual daremos 
cuenta en otro capítulo , por constituir ya como ud 
nuevo período en la historia de nuestra dominación 
en los Paises Bajos. 

Vengamos á lo de España. 

(1) Archivo de Simancas, Estado, leg. 539, 



GAPITIILO Vlir, 



ESCORIAL.— REFORMAS. 



MOBISCOÍ». 



^ 562.— i 569* 



Causas de la fuadacíoQ del Escorial. — Su objeto. — Coosideracioncs 
que influyeroD en la elección de sitio.— El arquitecto Juan de To-. 
ledo.— Fr. Antonio de Villacastin.^La silla de Felipe II. — Iglesiu 
provisional .—Carácter del edificio y de sa regio fundador. — So- 
lemne recepción del cuerpo de San Eugenio en Toledo. — ^Re- 
lajación de las órdenes monásticas. — ^Reforma que en ellas hizo 

' Felipe II. — ^Peticiones délas Cortes de Castilla relativas á iglesias y 
monasterios. — Cuestión entre el rey y el pontífice sobre jurisdic- 
ción. — Sostiene el rey el derecho del Regium exequátur. — Medidas 
contra los moriscos de Granada. — ^Reclamacioifed. — Primeros sín- 
tomas áh rebelioQ. — Los monfis ó salteadores.— Providencias des-» 
acertadas. — ^Fragmática célebre. — ^Efecto que produce en los mo- 
riscos. — Irritación general. — Discurso do Nuñez Muley. — Conduc- 
ta del consejero Espinosa , del inquisidor Deza , del capitán ge- 
neral marqués de Ml)ndejar. — Prepárase la rebelión. — Los moriscos 
del Albaicin — Los de la Alpujarra. — Plan general. — Aben Fa- 
rax. — Aben Üumeya. — Insurrección general de los moriscos de la 
Alpujarra. — Horribles crueldades y abominaciones que cometieron 
con los erigíanos.— Ferocidad dc^Aben Farax.<^Es depuesto por 



246 * BISTOHIA DB BSPAJÍA. 

AbeD Humeya.— Regulariza éste ia iasurreccioú.-^Üedidas qoe se 
tomaron en Granada.— Emprende el marqués de Mondejar la cam- 
paña contra los moriscos. 



Mientras en una gran parte de Europa sufrían 
grandes embates las doctrinas y los monumentos de 
la religión católica $ y mieQtra$ en los dominios mis- 
mos del monarca español , en las bellas provincias de 
los Paises Bajos , ciudades y comarcas enteras se le- 
vantaban proclamando las doctrinas heréticas de 
Cal vino , de Muncer y de Lulero , y la nobleza, coa- 
taminada de la beregía » se rebelaba dbntra su rey y 
proscribía el antiguo culto de sus templos , y el pue- 
blo tumultuado profanaba y destruia las iglesias, dier- 
ribaba y rompia las imágenes y destroasaba y hollaba 
los mas sagrados y venerables símbolos de la religión 
del Grud&cado, en Espafia se estaba levantando 
al propio tiempo un monumento religioso que había 
de asombrar al mundo por su grandiosidad y mag- 
nificencia, un tabernáculo suntuoso á la par que sen- 
cillo y severo, donde perpetuamente hubieran de 
resonar alabanzas al Dios de los cristianos. De Espa- 
fia salió también la voz del catolicismo , en oposición 
al grito reformador que se difundia por casi todo el 
ámbito de Europa. Contra las predicaciones de Mar- 
tin Lutero en Alemania, habia alzado el estandarte 
de la fé ortodoxa en España Ignacio de Loyola, Y al 
tiempo que en Flandes se demolían los templos de los 



MKTB lU. LiBM ll« 347 

católicos y se apedreaba á los moradores da k» daus^ 
iros , en España se erigía el gran monasterio del Es« 
Gorial y se poblaba de monges. 

Desde qae las armas de Felipe II. alcanzaron el 
glorioso y memorable trionfb de San Qainlin contra 
ios franceses « formó la intención y propósito de eri- 
gir an monomento qae perpetuara la memoria de 
aquella jomada, y recordara á las generaciones foto- 
ras tan señalada viotoria. Y como el día qae la con- 
sigoió foó el qae la Iglesia aaaalmente consagra á la 
conmemoración del martirio de San Lorenzo. (4 O de 
agosto de 4557), quiso que el monumento que 
hubiera de erigir llevara el nombre y la advoca- 
ción de aquel glorioso mártir. De las ideas religio- 
sas del monarca y del espíritu de la época , en que 
las ouesiioaes de religión preocupaban con preferen- 
cia todos los ánimos , era de esperar que aquel mo- 
numento , cualquiera que fuese, habría de participar 
también del espirita religioso y del carácter tétrico, 
adusto y severo de su real fundador. Meditó, poes, 
Felipe edificar un monasterio y un templo , que %\ 
mismo tiempo que revelara su gran poder y esce- 
diera en grandeza á cuantos edificio^ existían del 
mismo género, fuera uo lugar en que día y noche síe 
rindieran alabanzas al Dios de los ejércitos , á quien 
debía los laureles que coronaron la primera campaña 
con que tan felizmente inauguró su reinado. La cir- 
cunstancia de haber vivido el emperador Carlos V. 



S148 HiSTOtU 09 BSPAftA« 

8u padre los últimos años en ud monasterio de la ór- 
den de San Gerónimo , y de haber dejado encomen-» 
dado al tiempo de morir á su hijo la elección del la* 
gar en que definitivamente hubieran de reposar sus 
cenizas, fué un motivo mas para decidir á Felipe á que 
el monasterio que proyectaba edificar hubiera de ser 
de padres gerónimos, y para agregar al proyecto de 
templo y casa religiosa la de un mausoleo ó panteón 
digno de encerrar los mortales restos de tan grandes 
principes como el emperador y la emperatriz sus pa- 
dres í9. 



(i) No es exacto, como apuu- Fr. Juan de San Gerónimo on el 

tan algunos historiadores, y entre Libro de Memorias del Monasterio 

ellos Herrera etí la General del del Escorial; Quevedo en la Histo- 

Mundo, que uno de los motivos de ría del mismo. Este último^ mon«e 

esta determíoacion del rey fuese y bibliotecario que fué en el mo- 

el haber aaolado el dia de la bata- nasterio, ha publicado una HisU- 

Ua un monasterio de San Lorenzo ria y Descripción de la casa, tem- 

que habia cerca de la ciudad, ni pío y palacio del Bscorial, para 

que hubiese hecho voto de ediíi- la cual tuvo ocasión de consultar 

carel monasterio si salía vencedor los archivos del monasterio y de 

en la jornada , ni menos que el la villa, las Memorias manuscritas 

pontífice le impusiera esta ooliga- de Pr. Antonio de Villacasiin, las 

cioD en expiación de las mucnas Historias de la Orden de fray Juan 

▼ictimas que sus tropas sacrifica- Kuñea: y fray Francisco Salgado, 

roñen SanQuintio. Los motivos también manuscritas, los Libros 

fueron los que hemos espresado, de actas capitulares, y otros va- 

y son los que el mismo rey expre- rios interesantes documentos que 

só en la carta de fundación. 4le- so hallan en su preciosa Bjblíote- 

» conociendo los muchos y gran- cs^. Las Memorias que dejó escri- 

» des beneficios que de Dios Núes- tas fray Juan de San Gerónimo, 

«troSeüoravemosrecebido, y ca- uno de los primeros mongos del 

»da día recebimos, y quanto él ha Escorial, con el título de: Libro de 

» sido servido de encaminar é guiar Memorias deste monesterio de $«1 

«nuestros hechos y negocios á su Lorencio el Real, el cual comien-' 

j»8anto servicio.... etc.» 2a desde la primera fundaám 

Véase el P» Fr. José de Siguen- del dicho monesterio como pares- 

za en la Historia general de la Ór- cerd adelante, se publicaron en la 

den de San Gerónimo; Cabrera en Colección de Documentos inéditos, 

la Historia de Felipe n., lib. Yl.; y ocupan casi todo el tomo Vil. Es 



PARTB UU uno II* 2i9 

Luego que Felipe IL regresó de los Paises Ba- 
jos (4659) , comenzó á pensar en la manera de reali* 
zar el proyecto que de allá traía , y como lo primero 
y mas necesario , en la elección del sitio en que ha- 
bía de edificarse el monasterio. Su genio tétrico y me- 
ditabundo le inclinaba á dar la preferencia á los lu- 
gares solitarios ^ ásperos y agrestes , que eran tam- 
bién los que se adaptaban mas al objeto á que habia 
de destinarse el edificio ; y como gustaba de ir á 
pasar la Semana Santa al monasterio de Guisando» 
sito en. un monte cerca de los célebres toros de aquel 
nombre j entre Gebreros y Cadalso , discurrió que no 
lejos de aquel sitio y mas cerca de la corte , tal vez 
á las faldas ó en la ladera de las sierras que se des- 
prenden del Guadarrama , se hallaría algún lugar á 
propósito para su objeto. Nombró » pues, una comi- 
sión compuesta de arquitectos, médicos y geólogos, 
para que reaorriesen y examinasen aquellas comar- 
cas y territorios, y le propusieran el que juzgasen 
mas adecuado á sus fines. Hiciéronlo estos con el es* 
mero y cuidado que el regio mandamiento requería, 
y después de haber recorrido varios terrenos , fijá- 
* ronse en el que les pareció llenarla mejor los deseos 
del monarca , asi por la abupdancia y buena calidad 
de las aguas , y por su frescura y fertilidad , como 
por teaer cerca los principales materiales de .cons-> 

i(na de las fuentes mas auténticas noticias acerca de este asunto. 
y en qu» s^ hallan mas curiosas 



250 EI0TMtA DK UFANA. 

truecioD » á saber , «buDdantes pinares y grandes cao- 
leras de piedra berroqueña ó de granito* Era este si^ 
tip á la mitad de la falda de la cordillera de montes 
que salen del Ckiadarrama » á oobo Jegoas Norte de 
Madrid , cerca de la Alberqnilla y . del Escorial , in- 
mediato á la dehesa de la Herrería. 

Quiso el rey ver por $1 mismo el sitio pmpaesta 
por los comisionados , y le agradó sobremanera, lia-- 
Ilándole el mas á propósito por su salubridad y por so 
frondosidad melancólica » para asilo de mongea y pa* 
ra retiro donde él mismo pensaba también dadtcarde 
en la soledad y el silencio al despacho de los graves 
negocios del Estado , no lejos de la corte, donde mo- 
chas v^ces habría de ser necesaria su presencia. Pro* 
cedió, pues, á proponer al capítulo general de la ór^ 
den de San Gerónimo, que á la sazón se celebraba en 
San Bartolomé de Lopíana (IMl)» el nombramiento 
de prior y fundadores para la nueva casa de la orden 
que pensaba dedicar al mártir español San Lorenzo, 
y el capitulo nombró prior al P. Fr. Juan de Huete, 
que lo era de Zamora , y vicario á Fr. Juan del GoU 
menar , que lo era del monasterio de Guisando. Los 
nuevos electos , junto con el prior de San Gerónimo 
de Madrid , Fr. Gutierre de León , con el arquitecto 
mayor del rey Joan Bautista de Toledo , y el secreta- 
rio de S. M. Pedro de Hoyo, celebraron de orden del 
monarca una reunión el 30 de noviembre (1 661 ) en 
Guadarrama , para pasar desde alli juntos á recono* 



m. URO n* 251 

cer el terreno que mejor se prestaría á la edifica* 
doa ^^K Scfialado que fué, y visto también después y 
aprobado por el rey , se procedió á desbroaarie de los 
eqiesosy enmarañados jarales que ea él crecían » y á 
coya inmediación tenían los pastores sus rediles > y 
abrevaderos para el ganado. Hecho ei desmonte y 
arrancada la jara, el entendido arquitecto Juan Bautis* 
la de Toledo, á presencia del rey y de loe caballeros 
de Ja corte» tiró las lineas y acordeló y estacó el sitio 
que debía abarcar el edificio, y en la forma y con ar- 
reglo al {daño que él mismo había trazado (1&68), y 
desde entonces dispuso el rey que aquel terreno se 
llamaae ea adelanto Real Sitia de San Lorenio. 

Practicada este operación , se dio principio á la 
pr^nacion y laboreo de materiales para la obra, 
y acudieron de todas partes maestros y operarios de 
todoe los oficios. Dirigía la obra el arquitecto ma- 
yor Juan Bautiste de Toledo, y ayudábate- como obre* 
ro mayor Fr. Antonio de Villacastin, lego pcofeso del 
aumasterio de la Sísla de Toledo , hombre ndabte en 



(I) Confitase qne habiendo bro VI. c. M.— No 68 maravilla 
procedido iambien eljuex de bos- que el alcalde de uoa aldea inter- 
ques á lomar loformacioDes de los pretára aii et peosamiento de Fe- 
alcaldes de las TecÍDas aldeas, le. lipe II., cusdgÍo muchos hombres 
dijo el de Galapagar: «Asentad que son tenidos por ilustrados han 
»qiie ieogo noventa oños, que be dioho después: t^us Féiife IL hch 
wsido veinte veces alcalde y otras bia destruido y despoblado mu- 
»ta»tas rendar, y que el rey bará ohas ütUoi y luaarn fMra poblar 
»ahi un nido de oruga que se co- xmmona^ierio de fraües.n ¿Cómo 
»maitoda esta tierra; pero aote* puede librarse un gran peosa- 
^ póngase el servicio ae Dios.»-— miento de ser el blanco de todo 
Cabrera, Hist. de Felipe II., li- linage de ioterpretacioDesT 



252 HISTOEU 1>B S^PAÑA. 

el arte de edificar « y el mismo que h^bia dirigido ya 
las obras de la habitación destinada para Carlos V» ea 
Yaste. £1 23 de abril de 1 563 se colocó solemnemeo- 
te la. primera piedra del monasterio en el centro de la 
fachada del Mediodía: eracnadrada^ y en sus tres 
lados se habian. grabado Ires inscripciones, una de 
ellas invocando el auxilio divino^ y las otras dos es- 
presando los nombres del fundador y del arquitecto y 
la fecha del año y del dia. Y el 20 de agosto se asen*- 
tó la primera piedra del templo con mucha mayor so*^ 
lemnidad, asistiendo el rey con muchos grandes de la 
corte 9 los monges que habitaban provisionalmente en 
la pequeña aldea del Escorial , los maestros y opera-- 
ríos todos* «n, procesión , á cuya cabeza iba el obispo 
de Cuenca vestido de pontifical , que bendijo la pie- 
dra, la cual colocó el rey por su mano, cantando 
todos después los salmos y oraciones que prescribe el 
ritual de la Iglesia. 

Tales, fueron los principios de ese gran monumen- 
to que al cabo de algunos años habia de causar gene- 
ral admiración y asombro, y que con mas ó menos 
razón y exactitud , babia de llamarse la octava ma- 
ravilla del mundo^ El rey don Felipe , que mostró 
siempre el mas vivo interés en que adelantara todo 
lo posible esta grande obra , la visitaba con frecuen- 
cia « cuidaba de los operarios, inspeccionaba minucio- 
samente los trabajos por sí mismo, y desde la humiU 
de vivienda que provisionalmente en los dias de su 



PAETB IIK LlB&ft it. 253 

perinaneDcia habitaba , despachaba los negocios de 
sos vastos dominios, y regia dos mundos. Desde la 
cambre de tm cerro, media legua distante del monasr 
terio^ es fama tradicional que inspeccionaba con su 
anteojo, como desde una atalaya, las obras de cante'>- 
ría y acarreo , y que aun desde alli trasmitia sus (}r* 
denes , sentada en una roca de granito que por su 
forma conserva el nombre de la silla de Felipe IL 
ahí recibid tal vez mochas veces los partes y comuni^ 
caciones de la princesa Margarita, gobernadora de 
los Países Bajos , su hermana , anunciándole la des* 
truccion de los templos y de los conventos de Flandes, 
mientras él "Veia cómo se levantaba y crecia el mo«« 
nasterio y el templo que habia de maravillar al mun-» 
do, y de alli tal vez partían muchas veces las órde- 
nes y mandamientos para los castígos de los rebeldes 
y hereges de Plandes , ó para que marchasen . tropas 
de socorro al rey de Francia contra los hugonotes de 
aqaeV reino. 

Compraba el rey los terrenos , granjas y luga- 
res vecinos para la dotación del futuro mohasterio* 
En 4 567 le hizo anexión de la abadía de Parraces, 
que era de canónigos regulares de San Agustín» re- 
coDQpensando á los canónigos con pensiones y dignida- 
des , y estableciendo en el edificio de la abadía un 
colegio seminario para la educación literaria y reli« 
giosa de cierto número de niños y jóvenes destinados 
á poblar después los claustros del monasterio de San 



2Si Buriávk DE isnftA* 

Ix)reD2a. Ibtle al propio tiempo eoriquecíenifo <xm 
reUqaias de sanios qoe hada traer de varias partes ea 
prooesioQ y con ceremonias solemnes. La fábrica t Án 
embargo ^ oo progresaba con tanta rapidez como el 
monarca deseaba en su impaciencia por ver condci-*^ 
da la obra qoe embargaba todo su pensamiento. Sien-» 
do lenta la constrnccion del templo principal , se edi^ 
fio6 mía iglesia proviiionaU á cnyo lado se biso el 
rey constmtr un aposento con su trSmna, desde ddh* 
de ofa la misa y asistía á los oficios divinos , caanck> 
no se sentaba en el coro al lado dd prior y entre ks 
monges qne habían hecho ya profesión de vitir en la 
nneva casa* Era tal sn afán por enoerrarw en «¡nel 
asilo religioso» qoe ton pronto como estove concloido 
sa aposento , se foé á ywiv á él (i874 ), podiendo de- 
cirse qne foé el primer morador de aqnella casa re-* 
ligiosa , y como el primer monge del monasterio del 
Escoria). 

Puesto qne tendremos necesidad de vohrer á ba>* 
blar mas adelante de esta insigne obra monumental 
del siglo XVI.t nos limitamos ahora á decir que pro* 
siguió los aftos sígoienles la fabricación de la casa» 
templo f panteón y palacio bajo la direceten del ar^ 
qniteeto Juan Bautista de Toledo , autor del primer 
plan* hasta 4575 que le reemplazó el oél^re Joan 
de Herrera , qoe aun Uegó ¿ tiempo de inmartaliíaf 
su wHnfare ccb lo qne restaba de esta obra , y euya 
dirección inanguió una segnnda época 6 período en 



la edifieacioii dá santoeM monasterio de\ Esoorial. 
En este intermedio había beoho el rey trasladar aili 
las ceaÍMadel emperador y la emperatrK& sos padres, 
y de otros rayea y príncipes de España , para tenerlos 
provisionalmente cosfodiados hasta poderlos depositar 
definitivameate en el gran mansoleo regio qoe U» 
prepafaba^ 

Sabido es que siguiendo las inspiraciones y el 
guato del regio fiandader , se dio al todo del edificio 
Ja fi>raui de un paralelógramo rectangular » 6 sea de 
unan parrillat vueltas al revés , emblema y símbolo 
del kistruuiento en que redhió el martirio de foego 
el santo i cuya memoria se consagraba , y cuya ad-- 
vocación había de llevar : idea que ha sido , lo mis* 
mo que, el pensamiento general de la ftindaaion^ de 
diversas maneras interpretada y juzgada por los ami^ 
gDS y adversarios del rey » viendo en ella los unos 
solamente una conmemoración loable y piadosa » los 
otros una representacimí de las tendencias del sobe- 
rano á encender hogueras para castigar á los que de-^ 
linqnian contra la retigion y la fé. Pasaba Fetípe II. 
talegas temporadas cada año en su celda del Escsrial, 
de donde salían sos providencias de gobierno para 
sus dominios de ambos mundos. 

Todos los aetoa y medidas del rey don Felipe en 
eale taempn llevaban el mismo sello y tinte religioso 
que le había inspirado la fundación del Escorial. A su 
impuflso y escitacioB, después de publicadas y ,man^ 



256 HISTORIA DB BSPAÑA. 

dadas observar ea España las decisiones del concilio 
de Trente » al teaor de Ip qae en otro capttolo diji* 
mo6 , se celebraron concilios provinciales en. varias 
metrópolis de la peniasula para dar mas autoridad á 
los decretos y cáncoes del sinodo Trídentino» y hacer 
saludables estatutos para su mejor observancia y cnm-* 
plimiento. Durante la celebración del de Toledo, . se 
verificó en aquella imperial ciudad una. pomposa y 
solemne festividad religiosa., á saber, la recepción 
del cuerpo del glorioso mártir San Eugenio , sa pri- 
mer arzobispo, que se guardaba bacía siglos en el 
panteón de la famosa abadía de Saint-Denis de Fran* 
cia« Conociendo el cabildo de Toledo los sentimientos 
religiosos del rey , y aprovechando la circunstancia 
de reinar en España una hermana del monarca fran- 
cés , suplicó al rey y á la reina intercediesen con la 
reina y el rey de Francia ,.su madre y hermano, pa<» 
ra que permitieran restituir y trasladar á España los 
preciosos r^sto? del santo arzobispo toledano. Vinieron 
en ello muy gustosos los monarcas, y dio Felipe órde» 
á su embajador ea París don Francés de Álava , para 
que hiciera la petición en su nombre , esponiendo á 
los reyes su gran desép de complacer al cabildo de 
Toledo (1565). Oída y otorgada por aquellos la re- 
clamación, y vencidas las dificultades que opuso pa- 
ra su ejecución el cardenal de Lorena , abad de SM 
Dionisio, dificultades que estuvieron á punto de pro- 
ducir un conflicto entre los dos reinos en ocasión que 



PAatv III. uBRO II. S57 

tanto necesitaba aquél de la buena amistad y aun del 
favor de éste , al fin se dio al canónigo don Pedro 
Manrique de Padilla la honrosa comisión de pasar á 
recoger una reliquia de tan inestimable precio para 
los españoles. 

El canónigo comisionado encontró ya en Burdeos 
el sagrado cuerpo encerrado en una caja sellada. Ha- 
bía sido sacado secretamente de Saint-Denís para no 
mover escándalo, y bajo la promesa de que el rey de 
España baria en retribución á. aquella catedral alguna 
donación semejante , y habíale conducido el duque 
deNevers biista Burdeos. Entregado alli con. toda ce- 
remonia al canónigo Manrique, trájole éste á España 
con la precaución , decoro y dignidad correspondien- 
tes. Su entrada en Toledo fué una verdadera festivi- 
dad religiosa: obispos , cabildo , clero, hermandades, 
pueblo, todos salieron á recibir el arca sagrada : la 
procesión apenas podia caminar por las calles hen- 
chidas de gente y decoradas con magníficas colgadu- 
ras: el rey, los archiduques que se hallaban á la sa- 
2son en España , y otros grandes señores tomaron la 
caja en hombros , "^ la llevaron hasta la puerta de la 
catedral con gran edificación del pueblo , y allí la re- 
cibieron los obispos , y la colocaron en el altar mayor 
con el mas pomposo cerem^onial , siendo aquel uno de 
los dias.de mas jútñlo que cuenta en sus anales aque- 
lla ciudad de tantos recuerdos religiosos ^^L 

(4) Cabrera, Hist. de Felipe lí. lib. VI., cap. ti. 

Tomo xiii. 17 



Sl&8 BISTOIU DR RSPAKa» 

Un monarca ian aBcionado al reoogioiieQto y ton 
amigo de la severidad monástica , no podia tolerar la 
indisciplina y relajación á qne habian venido las co- 
mnnidades religiosas de ambos sexos. Y al liem«* 
po que protegía de la manera que hemos visto la dr** 
den de San Gerónimo , impetraba un breve pontificio 
para reducir á la estrecha observancia de suñ reglas 
les demás comunidades (1 &66)« Las monjas y bea- 
tas , que como dice un historiador , «salían de sos 
encerramientos con libertad» peligro y escándalo ^*\» 
flieroQ obligadas á guardar mas recogimiento y mas 
clausura. Refrenó la vagancia de los franciscanos^ 
envió visitadores á los conventos de la Merced » de la 
Trinidad y del Gármjea > y propuso al pontífice las 
medidas eonvenientes para el remedio de ios abuses y 
desórdenes que habían -corrompido la antigua moral 
del claustro. Las que menos sufrieron el rigor re(6r« 
mista fueron las órdenes de San Gerónimo y Santo 
Domingo « ya porque realmente fueran lasque meóos 
habian quebrantado la disciplina de su instituto, yá 
porque la primera era la favorecida d^l rey , y á la 
segunda habla pertenecido- Pió V., que á la saaoa 
ocupaba la silla de San Pedro , y de ella salían los ifl-^ 
qoimdores. Proponía Felipe IL Ja estincion de todas 
las casas de premostratenses , de los cuales hada la 
siguiente triste pintura: «Estos son todos idiotas (da^ 

(1) Cabrera, His). de Felipe II. lib. YIK, cap. 44 . 



PAtTB f II. LIBRO Iff. 239 

»cia) síd letras m doetríDa» y no hay en ellos predi* 
«cador» Di aan pulpitos en algunas de sos «asas; y 
»alteade ser idiotas, son en las costumbres may dis^ 
»iraido9y de muy mal ejemplo, pnes ni guardan 
»cla(i8ora, ni tienen modo ni forma de orden , ni ob- 
•serf ancia algona; y qne estb es de manera , que no 
»9olo de ellos no se recibe baneicio en el pneblo, an« 
>tes mucbo escándalo , que resulta en desaoctorídad 
»desfa orden , y anú disminuye y enflaquece el qcie 
»se ba de tener de las otras <'>.»¥ nada por cierto ao 
ocultaba al rey de lo que pasaba en loa cooténtM^ ni 
de lo qué fuera de etlos bacian los frailes , qm para 
690 tenia en todas partes comisarios qae le atisáfrav 
de todo f ya que tos prelados no lo hicieran. 

A esto de la reforma de las comunidades no de* 
jaban también de estimularte las Cortes del reino ; y 
en las qué se celebraron en Madrid en 1 667 se re*** 
produjo la peficfoi para que se corrigiesen los abasea 
y escándalos que con harta claridad daban á en4eit-« 
der se cometían en las visitas de los frailes á los con- 
ventos de monjas, propoaiendo entre otras medidas 
que se lea probíbíera entrar en ellos , y no Se les per^ 
miüera hablar sino por tos tofnos y redes ^K 

Tan conformes se hallabaü en éste pnnto el mo- 

ff) Carta de Pél»e« \h á Jaaá W fMioiéa Tt.* 4e hM CórMr 

(foZá&itt.stfétmbájMúf 6üR<MM, de Mtdrid d«í 45a7.-*-Cuaderuoft 

deárañjaezál4deiii^ode4Saa. de corle* de la KiM^ieteéa de la 

-irchWo de Simaneai, Estado, Keat .^ead^siia d« ti Hl^rfa. 



260 HISTORIA DB ESPAÑA. 

narca y los representantes del pueblo , como des- 
acordes en lo tocante á poder ó no adquirir y poseer 
bienes raices las iglesias y monasterios: cuestión an- 
tigua ya , como hemos visto por los capítulos anterio- 
res, entre el trono y el pueblo. Las Cortes de 4567 
insislian en lo mismo qhe habian suplicado ya las 
de 1 523, 32, 34 y 63, «que los monasterios , iglesias 
}»y personas eclesiásticas no pudiesen comprar bienes 
-»raices, ni heredallos ni recibillos por donación, y 
)»que pudiesen los parientes del vendedor y donador 
«sacárselos , dándoles el valor de dichos bienes.» Y 
el monarca respondia como siempre : «Cerca de lo 
)>conferido en vuestra petición, no conviene por ago- 
x>ra hacer novedad ni otra declaración (*>•» Y no pe- 
dia esperarse otra respuesta del soberano que cuando 
tal petición le hacian los procuradores de las ciuda- 
des , estaba dotando de pingües fincas y cuantiosas 
rentas el monasterio del Escorial que á la sazón se 
erigia ^^K 

(4) Petición 71.* de su salvación, y suceden otros 

■ (%) En estas Cortes de 4567 inconvenientes dtgnos de reme* 

que casi ningún historiador men- dúf. suplicamos á V. M. provM 

ciona, á pesar de haberse tratado y mande ^ue de aquí adelante no 

en ellas tantos y tan útiles puntos se corran mas, y en lugar destas 

de administración y gobierao) ha- fiestas se introduzcan ejercicios 

llamos una petición muy notable müitareSy en que los sf&bditos dé 

hecha por los procuradores, á sa- V. M» se hagan mas hdUlespara 

ber, que se suprimieran las corri- le servir,^ Pero á esta petición de 

das de toros, j se reemplazaran los procuradores, que sin dada 

por otros ejercicios militares, conocian bien los males que oca- 

«Otrosi decimos aue por esperten- siooaban semejantes fiestas, res- 

cia se ha entendido que de correr" pondíó el rey. «A esto vos respoa- 

se toros en estos reinos da oc€LsUm » demos, que en cuanto al aaño 

á que muchos mueran con peligro »que los toros que se corren ha- 



PARTE 111, LIBRO 11. 261 

Para las reformas de qae hablamos pedia siem- 
pre Felipe II. sa aatorizacion al romano poñtiñce; 
mas si en esto se mostraba tan deferente al gefe de la 
Iglesia , otro tanto se manifestaba celoso del mante- 
nimiento de su jurisdicción como soberano temporal 
aun en los negocios eclesiásticos , cuando el papa in- 
tentaba invadir algunas de sus atribuciones. Hemos 
hecho observar antes la entereza de Felipe IL en es- 
las materias » y la misma mantuvo en este tiempo. 
Quejábase el papa Pió Y. (4 566) de que sus bulas no 
fuesen recibidas y obedecidas en los reinos de Ñápeles 
y Sicilia » en el ducado de Milán y en otros estados 
sujetos á la corona de Bspaña , sin que el Consejo res« 
peetivo les diese su Exequátur , y empeñábase en 
que no habian de necesitar de este requisito, que- 
riendo restabl^er la antigua omnipotencia jurisdic- 
cional que habian tenido algunos pontífices sus ante- 
cesores* Defendían los Consejos sus derechos con vi- 
gor y entereza. El rey sostenía también firmemen- 
te sus prerogativas, y á las quejas del pontífice sobre 
jurisdicción respondía ; que deseaba la concordia con 
la Iglesia , pero sin perjuicio ni menoscabo de su au- 
toridad , heredada de príncipes religiosísimos; y que 
le admiraba el escándalo de Su Beatitud y la ofensa 

»ceD, los corregidores y justicias » tambre eo estos nuestros reinos, 

»lo prevean, ypreYongan dema- >y para la quitar, ¿era menester 

•ñera que aquel se escuse en cuan- «mirar mas en ello, y asi por aho- 

» to. se pudiere; ven cuanto al cor- » ra njr conviene se baga novedad .» 

>rer de los dichos toros, esta es Petición 54 .■ 
»uQa muy antigua y general eos- 



S6S HISTORIA DB ESFASa, 

q^e mostraba del uso de bus realee privilogiofi» coan- 
do sabía que lo ipismo bftbiaiQ becbo suB progeailo- 
res , á quienes la Iglesia y \os pontífices habían sido 
devMÜores <de grandes servicios y beneficios. El dere- 
cbp d^l Regium tcoequatur sé madluvo (^). 

Uevado Felipe II. de aquel espirita religioso y de 
aqnel smof A la unidad católica quo aolia sellar sus 
actos de gobierno, babia tomado ciertas medidas con 
los moriscos del reino de Granada , que vinieron al 
fin i dar origen á una formal sublevación y á ona 
gUerrn séngrienta y costosa* Desde la conquista de 
Graiiada por los Reyes GatóKoos , ni los moriscos que 
quedaron en las provincias meridionales y orientales 
de España babian abrazado con sinceridad la religión 
cristiana -, ni habían recibido generalmente el bauiís^ 
me aJAo violentamente y por foerza , ni abandonaron 
sino esteriortíiente la Sé de sus mayores y los ritoft del 
cvltQ louslímieo en que bebiaid sídLo criados, ñi loa mo* 
narnas cristianos cesaban de compelerlos con medidas 
seferas 4 observar lao ceremonias del cristianismo/ y 
i reonnciar al trage « á las costumbres, al idioma y 
al culto mahometano , ni ellos lo snfriait con pacien » 
cia, sublevándose de tiempo en tiempo contra la 



(4) En el capHulo 4S, líb. VII. sejos produjo en los dominios es- 
de la Historia de Felipe II. de Ca^^ panoles de Italia , llegando en al- 
brera se refiecen oon bastante la* «unos pantos á vías da beobo y á 
titod dilerentes cboqoes gravisii- tiicbas aan^ientas y escaodalolEas 
mos que la redamación del ponU- entre los defensores de ambas au- 
fice Pío V. para que pasasen sos torídades. 
bulas sin el Execuatw- de los Con- 



rAATf.Ill. LI0BO ll, %^i 

ofrmoü que se los hadé sufrir, £1 lector recordar^ 
las álümas rebelioae& de |o$ mqrisoos de Valeinna y 
AragDa eo el reioado de Carlos V., cóipQ fqerou vea- 
cidos , las proYÍdeociaa q«e coa ellos se adoptaron , y 
las medidas que tomó^el eoo^perador para cqu los del 
reioo de Granada ^^. 

Ea las primeras Corles que Felipe II. celebró, ^n, 
Casulla ásu regreso, de los Países B^jos (i5!$9i-4 560)» 
i peticioa de los procuradores, prohibió, á los moria- 
ooa del reino granadino servirse de esclavos oegro^, 
porque viiMendo estos de su país sio nociones algunas 
de religión 4 eran secretamente instruidos ea el ma- 
hoaieliamo • que ellos C&cílmente adoptaban,^ Queja'- 
ronse los morísooSt y reclamaron del agravio y per* 
juicip que se les bacía en privarlos de una propiedad 
y de los brazos que tenían para los trabajos de la agri* 
cultura» ademas de que esto era tratarlos como sus-^ 
pechosoa , cuando había muchos que se preciaban de 
buenos oristíanos y de estar emparentados coa ellos. 
'Aunque el rey declaró que con estos no se en^ndia 
la naedida , ellos no se dieron por salisfeckos , y. pí<- 
dieron su anulación, acudiendo al conde de Tendí I la, 
don liigo López de Mendoza t capitán general de Gra- 
nada , para que intercediese en su favor con su padre 
el marqués de^Mondéjar, presidente del Consejo de 
Castilla. Como el conde acogiese tibiamente su pret- 
il) Véase, el cap. 4 4 del 1i- loria, 
bro I. parte III. de nuestra His- 



264 HISTORIA DE BSPAÍÍA. 

tensión , buscaron apoyo en la chancillería, qae inte- 
resada en disminuir el poder de la autoridad militar, 
revocó una merced que el rey había otorgado al de 
Tendilla. El capitán general en desquite renovó una 
cédula de 1 553 prohibiendo á los moriscos llevar ar- 
mas sin su autorización, y avocando á sí ei conoci- 
miento de las causas; no le f^tltó tampoco manera de 
vengarse á, su vez de los magistrados ; prosiguieron 
las competencias y rivalidades de autoridad y jaris^ 
dicción entre el poder judicial y el militar, inclinán- 
dose el rey alternativamente ya á un lado ya á otro; 
y por último se resolvió la osestion en favor del ca- 
pitán general (1563), obligando á los moriscos á pre^ 
sentar ante él sus armas y sus licencias en el término 
de cincuenta dias, bajo la pena de seis anos do gala* 
ras, y dejando al arbitrio de la autoridad militar el 
castigo de los que falsificasen el sello que se ponia á 
las armas. Muchos no qoisieron usar del beneficio de 
las licencias. Escondíanlas los mas; diariamente se da- 
ban quejas y delaciones, se multiplicaban los procesos, 
se repellan las provisiones , menudeaban los castigos, 
se fatigaban los magistrados , se desautorizaban las 
providencias , y la efervescencia entre los moriscos 
tomaba un aspecto amenazador ^^K 

(i) Por este tiempo habiao si- el rey tan acertadas disposiciones 
do desarmados también los morís- que en un solo día se hizo eL des- 
eos de Valencia 14562), con mo- arme general, según dejamos ya 
tivo de las relaciones y tratos que apuntado en el capitulo 3.o dees-* 
mantenían con los moros y con el te libro, 
virey de Argel. Alli babia tomado 



PABTE Ut. UBEO U. 265 

La única esperanza de eludir el castigo que que- 
daba á los moriscos deÜDcuentes, á saber, los lugares 
de asilo, qn^ eran los templos y las tierras de señorío, 
donde mnabos se refugiaban , les faltó también , por 
otra real provisión aboliendo la inmunidad de las tier- 
ras señoriales, y restringiendo la de las iglesias á so- 
los tres dias (156i). Privados de. este recurso y de 
esta esperanza de seguridad^ fuéronse á las monta- 
ñas, donde se dieron á la vida de salteadores. Guan- 
do mas falta hacia el acuerdo entre las autoridades 
para dictar las convenientes medidas contra los nue- 
vos bandidos, renováronse con mas viveza las dispu- 
tas de jurisdicción entre el capitán general y el pre- 
sidente de la chancíllerfa. El rey creyó cortar la com- 
petencia, y lo hizo de la manera mas inconveniente. 
En vez de concentrar la fuerza en una sola mano, la 
repartió entre los dos poderes: otorgó al presidente de 
la audiencia y á los alcaldes facultad para levantar y 
mandar tropas en pequeñas cuadrillas, y dejó al capi- 
tán general la.inspeccion de la costa marítima. Lo ab« 
sardo de esta medida se patentizó bien pronto. Las 
peqaeñas cuadriilasque formaron losalcaldesno eran, 
como dice un historiador de aquel tiempo, cni bastan- 
tes para asegurar, ni fuertes para resistir ^^K» Prote- 
gidos los alguaciles por los isoldados , y escudados los 
soldados con los alguaciles , eran mas los desmanes y 

(4) Mendoza » Guerra de Granada, lib. I. 



266 HUTOUA DB m^aíá» 

críipeoe^qoe coineUaii ellos que los crUninate» queco- 
gi^D. A estas vejaciones se agregaba el rigor y la opre* 
sioa ioquisilorial que se ejercía sobre los ^orisco^ d^ 
las poblacioDes; y la per3ecucion armada (iela^ justi- 
cias eclesiástica» civil y militar, que eo todas parte^i 
hallaba culpables, exasperaba mas y mas 4 los mo- 
riscos; lauzábaase estos á bandadas á las sierras» y 
Uegabaa ya á ser meóos los moradores pacíficos de los 
pueblos que los monfís^ 6 salteadores» que aadabau por 
las moataaas ('). 

. A vista de esta actitud de los moriscos» trafajse eii 
el concilio provincial de Granada, presidido por el ar* 
xobispo don Pedro Guerrero, la manera de sosegar 
aquella alteración y de que no se perdiesen aqqellas 
almas» y propusieron los obispos sua medida.s al rey, 
que las remitió al Consejo, presidido por doq Diega 
de Espinosa, obispo de Sígtteosa. En este pooser 
jo» al que ooncurrieron el duque de Alba» el prior de 
San Juan don Antonio de Toledo » el vioacanoiljer de 
Aragón don Bernardo de Bolea» el obispo de Oribuela 
maestro Gallo» el inquisidor don Pedro de Desa» el li- 
cenciado Mencbaca y el doctor Velasco» del Consejo y 
cámara real» se determinó reproducir» pero coa mas 
rigor » la pragmática de \ S26 de Carlos V» y las pnv- 
videncias y medidas acordadas entonces ea La junta 
de Granada. Los capitules acordados en esta junta 

(\ ) MarmoV, Rebelión y castigo '¡^a , Guerra de Granada, lib. I. 
de los moriscos, lib. lI.-**MeDdo-' 



VABTB lU. Listo U« 267 

fueroo: prolubicion abeolúta á los moriscos de hablar 
y moribif la leogna arábiga, m en público ai en se* 
creto; oUigacioQ de hablar castellatio, y entregar to* 
doíB aos libros arábigos al preaidente de la audiencia; 
reobncía completa de los ritos, trages, nombres y cos^ 
tombres moriscas; destruccioo de sus baños medici- 
Didea y de aseo; mandamiento de tener abiertas sus 
casas y de andar las mngeres con los rostros descu- 
bierloa; en usa palabra, dejar todo lo que era morís- 
eo, y hacer pública y privadamente todo lo que ha«- 
cian tos cristianos. Firmó el rey esta pragmática en 47 
de noviembre de 4 566. 

Opinaban mochos y proponían que estos capítulos 
se fuesen ejecutando poco á poco y por partes , pero 
el presidente Espinosa se empeñó en que habían de 
hacerse cumplir todos juntos y á un tiempo. Para esto 
M nombró'presidente de la audiencia de Granada al 
^aquifiidor Deza, qae marchó á aquella ciudad á dar 
compiimieoio al acuerdo del Consejo, y se hizo ir tam« 
bien al capitán general don Iñigo López de Mendoza, 
ya marqués de Hondejar por muerte de su padre don 
Luis Hartado, para que diese calor á aquellas medidas 
con sn presencia. El presidente Deza hizo imprimir 
secretamente la pragmática , y dispuso pregonarla sí- 
ninltáneamente en Granada y en todo el reino eH «* de 
enero de 1567, víspera de la fiesta que se celebraba 
todos los anos en conmemoración del día en que fué 
ganada á los moros la ciudad , para iofundir asi ma^ 



I 

268 HlSlOatA DE B8PAÍrA. 

yor consleroacion y terror á los moriscos. El pregoá 
se hizo coa toda pompa, y á son de trompetas, timba- 
les y dulzaioas; pero el efecto que produjo ea los mo- 
riscos DO fué de cousteroacion y de terror, sído de íq- 
digoacioQ y de ira, que do podian reprimir, prorum- 
pieado udos ea amargas quejas, otros en ameoazasde 
veagaaza, y pronosticando los mas ancianos que aque- 
lla pragmática habia de traer la destrucción del rei- 
no. Los lüoriscos de la Alpujarra y de las serranías y 
marinas* despacharon inmediatamente comisionados á 
Granada á informarse de cómo lo habian tomado y lo 
que pensaban los del Albaicin. No estaban estos me- 
nos irritados que los de la sierra, pero eran ricos é in- 
dustriosos, y creyeron prudente, antes de apelar á re- 
medios eslremos , ensayar algunas negociaciones. 
Determinaron, pues, enviar á Madrid como procura- 
dor general á Jorge de Baeza para que solicitara del 
rey la revocación de la pragmática» y que Francisco 
Nuñez Muley , hombre entre ellos respetable por su 
edad, saber y esperiencia, se presentara al presiden- 
te Deza y viera de ablandarle con razones. 

El discurso de Nuñez Muley fué enérgico, vigoro- 
so y elocuente, y en él iba demostrando capítulo por 
bapítulo, ó la injusticia, ó el riesgo, ó la inutilidad de 
las medidas ^^K Algunas de sus razones eran convin- 

(4) SoQ notables varios parra- ^cristo, *DÍogaiia condicioo hubo 

fos de este discurso : «Guando los »que los obligase á dejar eíbá- 

«naturales deste reino (empieza) »bito ni la lengua, ni las otras 

»8Q contirtieroa á la fé de Jesu- » costumbres que tenian para re^ 



PARTB III. LIBRO II. S69 

ceníes, y de aqaellas qae no admiten réplica ; mas no 
era hombre de dejarse ablandar por ellas el presiden- 
te» y después de algunas buenas palabras concluyó con 

vgocijarso con sas fiestas, zam- )> turquesca.... hablan arábigo y 
«oras y recreaciones; y para de- » turquesco, no saben latín ui ro- 
•cír verdad, la conversión fué por » manee, y con todo eso son crís- 
«foerzaf contra lo capitulado por »tianos. Acuerdóme, y habrá mu- 
slos señores Reyes Católicos cuan- »chos de mi tiempo que se acor- 
ado el rey Abdilehi (nuestro Boa6- » darán, que en este reino se ha 
^dil) les entreffó esta ciudad, y «mudado el hábito diferente de lo 
«mientras sus Altezas vivieron, no »que solia ser, buscando las sen- 
» hallo yo con todos mis años que »tes trage limpio, corto, liviano y 
>se tratase de quitárselo. Des- »de poca costa, tiñendo él lienzo 
«pues, reinando la reina doña Jua- «y vistiéndose dello. Hay mugor 
»na, su hija....// — ^Va haciendo la «que con un ducado anda vestida, 
historia de las.provisiones que eo «y guardan las ropas de las bodas 
diferentes tiempos se habian dado »y placeres para tales dias, here- 
contra ellos, y de la contradicción «dándolas en tres y cuatro heren- 
que siempre habían hallado, hasta »cias. Siendo, pues, esto ansí, 
venir á los capítulos de la presen- «¿qué provecho puede venir á na- 
te pragmática « y dice: «Quien vdie de quitarnos nuestro hábito, 
«mirare las nuevas promáticas por oque, bien considerado , tenemos 
»de fuera, pareceránle cosa fácil »comprado por mucho número de 
»de cumplir; mas las dificultades » ducados con que hemos servido 
>aae traen consigo son muy gran- » en las necesidades de los reyes 
«des, las cuales diré á vuestra so- «pasados? ¿Porqué nos quiereu 
»ñoria por estenso, para que «nacer perder mas de tres millo- 
» compadeciéndose deste mísera- »nes de oro que tenemos emplea-^ 
vble pueblo , se apiade del con vdo en él, y destruir á los merca- 
•amor y caridad, y le favorezca &deres,á los tratantes, á los pla- 
>cpn S. M., como lo han hecho »terosyá otros oficiales que viven 
«siempre los presidentes pasados, «y se sustentan con hacer vesti- 
•Nuestro hábito cuanto á las mu- «dos, calzado y joyas á la moris- 
•guresnoesde moros; es trage Mca? Si doscientas mil mogeres | 
»de provincia, como en Castilla y «que hay en este reino, ó mas, se , 
«en otras partes se usa díferen- «han do vestir de nuevo do pies a 
ttciarse las gentes en tocados, en «cabeza, ¿qué dinero les basta- , 
«sayas y en calzados. £1 vestido »rá?... Los nombres todos auda- 
i»de los moros y turcos ¿quién ne- nmos á la castellana , aunque por 
«gara sino que es muv diferente »la mayor parte en hábito pobre: 
«del que ellos traen? Y aun entre »sí el trage hiciera seta, cierto es 

«ellos mesmos se diferencian »que los varones habian detener 

«Si la seta de Mahoma tuviera »mas cuenta con ello que las mu- 

Mtrage propio, en todas partes ha- «geres....» 

«bia de ser uno: pero el hábito no Tratando de la variación de 

«hace al monge. Vemos venir los lengua , decía: «Pues vamos á la 

«cristianos, clérigos y legos de » lengua arábiga, que es el mayor 

«Soria y de Egipto vestidos á la «inconveniente de todos. ¿Cómo 



¿70 HISTOttlA D8 BSPAÜA. 

decir que luvieseii por cierto que la pragmátíca no 
se habid de revocar, c pues era tau santa y pora , y 
había sido liecha cob lanía deliberación y acuerdo.» 
Y llamando á Jorge de Baeza, le intimó que por nin- 
guna via viniese á Madrid á tratar do aquel negocio 
con el rey, pues S. M. no gustaría de ello* Tampoco 
consiguió nada ei marqués deMondejar, que se halla- 
ba en la corte ,- representando > como persona tan 
competente qud era por su cargo de capitán ge- 
neral, los inóón ven ¡entes de tan duras medidas. Et 

»se ba de quitar á las gentes sa »qae úo hiciesen otra cosa sitio ir 

»ledgua' natural, tonque oacie-> »y venir á la escuela. Claro está 

«ron y se criaron? Los egipcios, «ser este un articulo intentado 

«surianos, malteses y otras ge^ites »para nuestra deslrofcion, pues 

«cristianas, en arábigo babiao, » no habiendo quien enseñe la len-» 

«leen /«escriben, y son cristiano^ xgua aljamía, quieren que la 

«como nosotros; y aun ao se ha- «aprendan por fuerza, y que de- 

«liará que en este reino se haya «jen la que tienen tan sdbjd;í, y 

«hecho escritura, contrato ni tes- «dar ocasión á penas y achacfttes, 

)>tamento en letra arábiga desde »y á que viendo los naturales que 

«que se convirtió. Deprender la «nopueden llevar tanto gravámea 

» lengua castellana todos lo desea- «de miedo de Us penas dejen la 

»roos, mas no es en manos de gen- «tierra, y se -vayan perdidosa 

«tes. ¿Cuántas personas habrá en «otras parfbs y so hagan monfíes 

«las villas y lugares fuera desta « (salteadores). Quien esio orden 6, 

«ciudad y dentro della , que aun «con fin de aprovechar y para re- 

%su lengua árabe no la aciertan «medio y SaWacion de las alAas, 

«á hablar sino muy diferente unos «enlienna que no puede dejar de 

»de otros, foliando acentos tm «redundai'enerandisimo dalio,y 

«contrarios, que en solo oír ha- «que es para níayor condenación, 

«btar un hombre alpujarreño sé «Considérese el primero Adnda- 

«conoce de qqé taha es? Nacieron «mrentQ, y amando al prójimo, no 

«y criáronse en logares nequenos, «quiera nadie para otro lo que no 

«áonde jamás se ha habtádo el al- «querría para ai; que ai una a^a 

«jamia ni hay quien la entienda, «cosa de tantas como á nosotros 

«sino el cura ó el beneficiado ó el «se nos ponen por premáttea se 

«sacristán, y estos habían siempre « dijese á los cristianos de Castilla 

«en arábigo: dificultoso será y ea- ró del Andalucía, tooririén de pe- 

«si ¡mposTble que los tiejos la «sar, y no sé lo que harían....* 

«aprendan en lo qoe les queda de Puede verse el diacorso integro 

«vida, cuanto mas en tan breve en Mármol, Rebelión, lib. H., ca- 

«tíempo como son tres años, aun- pitulo 1 0. 



IPAftTB III. UBAO If. 271 

presidente Espinosa le dio por toda respuesta, que 
aquella era la toluntad de S.Mm y que se fuese cuan- 
to antes á Granada^ doüde era aeoesaria su preseoda. 
Los dos inquisidores preaidentes, Es{Hno9a del conse- 
jo, y Deza de la chancillería, hicieron imposible toda 
modificación en los capítulos. 

Habíase señalado él último día de diciembre de 
4667 para que las mugeres moriscas dejasen sos an- 
tiguos truges; el presidente y el arzobispo de Grana- 
da ordenaron á los párrocos de todo el reino que lo 
anunciaran asi en las iglesias en la misa mayor: que 
se empadronaran todos los niños y niñas de los moris- 
cos de tres á quince años pera hacerlos ir á las escne*- 
las á aprender la doctrina y la lengua castellana; que 
todos los de las sierras y valles que hablan ido á ave- 
cindarse en Granada con sus familias > salieran otra 
ve2, pena de la vida , á poblar los antiguos lugares. 
Reclamaron de nuevo los moriscos al presidente sobre 
la injusticia de tales mandamientos, y no obtuvieron 
de él mas indulgencia que antes. Vino á Madrid á in- 
terceder por ellos el ilustre don Juan Enriquez de Ba- 
za. Mas sus buenos oficios se estrellaron también en la 
infiexibilidad del presidente Espinosa. cAdmírome, le 
»dijo, que ona persona de vuestra calidad haya acop- 
etado semejante encargo.» — «(Precisamente mi cali^ 
edad, le contestó Enriquez, es la que me ha hecho to- 
»mar á mi cargo un negocio de que depende la tran- 
»quilidád del reino, y si los hombres de mi calidad no 



27á HISTORIA DB BSPASa, 

»poneD en ello la manot ¿quién con mejor título lo po- 
»drá hacer?» Y á influjo de Espinosa, el rey, sin que- 
rer abrir siquiera el memorial que llevaba el ilustre 
mediador, decretó que acudiesen al presidente don 
Pedro de Deza. 

Últimamente, desatendidas todas sus instancias y 
reclamaciones, y desahuciados los moriscos , así en 
Madrid comeen Granada , se prepararon para. alzarse 
en rebelión , á cuyo efecto sacaron á luz ciertas pro- 
fecías, llamadas jo/bres, que algunos tenian en sus li- 
bros ^^K Solo la desesperación pudo inspirar resolución 
tan arriesgada y atrevida á unos hombres sin armas, 
sin municiones, sin vituallas, sin disciplina militar, 
sin fortalezas y sin dinero, teniendo que habérselas 
con el mas poderoso soberano de la tierra : asi es, que 
los ministros del rey tenian por cosa tan fácil el suje- 
tarlos , en el caso de alteración , que cuando hicieron 
marchar al marqués de Mondejar de Madrid le dieron 
por todo refuerzo trescientos hombres. Los moriscos 



(4) Hó aqui como comenzaba •gerodeDios! haznos saber cómo 

uno de estosjofores: aEn ol oom<- »oa de quedar el mundo á tu fa- 

)»bre de Dios piadoso y misericor- »milia al fin del tiempo, y cómo se 

«dioso. Léese en las divinas his- »ha de acabar.» El cual les dijo: 

utorias que el mensagero de Dios »El mundo se ba de acabar en el 

» estaba un dia asentado, pasada » tiempo que hubiere la gente mas 

»la hora de la oración que se hace i» perversa y mala »— Trad. de 

sal medio dia, hablando con sus Marmol, lib. lU., cap. 3. 

ndiscípulos, que están todos acep- El conde de C ircourt . en su His- ) 

»tos en gracia, y á la sazón sobre- toria de los Moros miideiaros y de 

Dviuo el hijo do Abi Talid y Fúti- los Moriscos deEsoaña, ha punli- 

»ma Alzaba, que están asimesmo cado, traducidos al francés. elDis- 

»aceptos en gracia, y asentándose curso de Nuñez Muley y esta pro- 

upar del, le dijeron: lOh mensa- fecía, en el tomo II., apend. 8 y 9. 



f 



PARTB m. uno lu 273 

del Albaicin excitaban mañosa y secretamente á los 
de la Alpujarra, animándolos con muy halague-^ 
fias esperanzas , en lo caal no tanto se proponían ellos 
el triunfo de la rebelión^ cuanto . lograr á costa de 
otros el qae por temor al levantamiento se viniese á 
sospender la pragmática» De entre los granadinos, solo 
OQ tintorero , llamado Farax Aben Farax , del linage 
de los Abencerrages « hombre may para el caso por 
su energía y valor » y de muchas relaciones por su 
tráfico y oficio en todo el reino » fué el que se atrevió 
á tomar el negocio á su cargo , y comunicándolo con 
algunos de sus amigos de Granada, entre ellos 
Femando Muléy de Valor , llamado comunmente 
el Zaguer , Diego López Aben Aboo , Miguel de Rojas, 
Aben Thoar , y otros varios, concertaron dar el gol- 
pe el dia de Jueves Santo (1 4 de abril , 1 566), como 
dia en que los cristianos, ocupados en las ceremonias 
y actos religiosos , estarían mas descuidados. 

Mas como esto llegara á adquirir cierta publici- 
dad , y los del Albaicin tuvieran iuierés en alejar de 
sí toda sospecha , presentáronse los mas ricos y prin- 
cipales al presidente de la audiencia, é lucié- 
ronle mil protestas de su cristianismo y su fidelidad. 
Esto no impidió para que el presidente mandase á los 
alcaldes de chancillería y escribanos del crimen que 
buscaran todos los procesos que hubiese contra los 
moriscos , y que fuesen poco á poco prendiendo á los 
procesados y sospechosos > cuyo mandamiento produjo 
Toxo xui. 1 8 



274 BISTOEU DB BSPAfijl. 

nuevos agravios « viéndose perseguidos y atropellados 
hombres que habian hecho grandes servicios. Pero 
observando los gefes de la rebelión las prevenciones 
de las autoridades , avisaron para que se suspendiera 
el movimiento. 

Pasó el Jueves Santo sin novedad ;. pero la noche 
de la víspera de Pascua » creyendo el centinela de la 
torre de la Alhambra que eran moriscos unos soldados 
que subian con hachas de viento al cerro del Albaicin» 
tocó la campana de rebato , y gritaba desde la torre: 
ocCristianos , alerta , que esta noche vais á ser dego- 
llados 1 > Alborotóse con esto la ciudad ; las mugeres 
corrían á los templos ; los hombres salian armados y 
medió desnudos, sin saber dónde habian de acudir; 
hasta los frailes de San Francisca se presentaron ar- 
mados en la plaza ; el presidente de la audiencia y el 
corregidor hicieron tomar las boca-calles del Albai- 
cin , y pasaron toda la nocbe rondando » basta que se 
penetraron del motivo de la falsa alarma. Al dia si- 
guiente (17 de abril] llegó á Granada de la corte el 
marqués de Mondejar, con cnya presencia se aquieta* 
ron un tanto los moriscos, puesto que les permitió re- 
presentar de nuevo á S. M. sobre las injusticias, tira- 
nías y agravios que con ellos se cometían. El encarga- 
do de esta comisión fué el ilustre don Alonso de Grana- 
da Venegas, descendiente del célebre príncipe Cid Hia- 
ya, de quien tanto tuvimos que decir en la historia de 
los Reyes Católicos. Pero la misión de Venegas no tuvo 



c;i? 



PAETB III. LIBRO II. 275 

mas favorable éxilo que la anterior de don Joan Eori. 
qoez. Ahora como antes, el presidente del consejo de 
Estado, Espinosa, lo remitió al de la audiencia de 
Granada , á quien estaba cometido aquel negocio* 

Como se ve, no faltaban personages de cuenta 
qae intercedieran y abogaran con interés por los mo-* 
riscos ; mas todos sus buenos oficios se estrellaban en 
la dureza de cdos bonetes» , como decia el marqués 
de Mondejar , aludiendo á los dos presidentes inquisi- 
dores. Espinosa y Deza. El mismo marqués, con ser 
el capitán general del reino de Granada , destinado á 
hacer ejecutar la pragmática ó á perseguir á los re- 
beldes , tendia mas á transigir con los moriscos que 
á hacerles guerra. Pero sucedió que yendo con su hijo 
el conde de Tendilla á visitar la costa , vinieron á pa- 
rar á sus manos un libro arábigo y unos papeles 
sueltos que se le habian caido á un morisco del Al- 
baicin, que con algunos otros, conducidos todos por 
Aben Daud , habian intentado embarcarse para Áfri- 
ca, llevando consigo algunas mugeres y tres cristia- 
nos cautivos , y por haber sido denunciados y descu* 
biertos habian tenido que volver á refugiarse en la 
sierra. Los papeles sueltos eraA una larga elegía 
en verso , pintando los trabajos y la opresión en que 
vivían los moriscos andaluces , y una carta escrita por 
Daud á los moros de Berbería suplicándoles viniesen 
á ayudarles á sacudir el yugo y á salir de la angus- 
tiosa esclavitud en que gemian , y que los nuevos 



276 HISTORIA DE ESPAJÑA* 

baados ibaaá hacer mas insoportable. Con esto ya no 
quedó duda al marqués de los designios de los mo- 
riscos, á pesar de la quietud y sosiego que aparen- 
taban. 

A8i fué , que congregados los del Albaicin en una 
casa no lejos del edificio mismo de la Inquisición, 
acordaron la necesidad de un pronto y general alza- 
miento para la noche del dia de año nuevo , porque 
sus pronósticos aseguraban que Granada sería recon-^ 
quistada por los musulmanes el mismo dia que se ha- 
bia perdido. El plan era que la revolución comenzara 
en el mismo Albaicin , no moviéndose los de las sier- 
ras y valles hasta que se les diera aviso y señal de la 
ciudad. Entretanto se enviaron oficiales de confianza 
para que empadronaran con el mayor disimulo posible 
hasta ocho mil hombres eu los lugares de la Vega y va- 
lle de Lecrin, y otros dos mil en la sierra. A la señal que 
se les haría del pico de Santa Elena acudirían todos 
estos vestidos á la turca , para que pareciesen tor- 
cos que venian de socorro. El orden que los de 
la ciudad hablan de seguir, era dividirse en tres 
trozos , mandados cada uno por un gefe ; se seña- 
laron los colores de cada estandarte , los barrios y 
parroquias cuya gente habia de acaudillar cada uno, 
los puestos que cada cual habia de atacar , debiendo 
todos matar los cristianos que pudieran * soltar los 
presos de las cárceles de Chancillería é Inquisición, 
prender ó matar al presidente Deza y al arzobispo, y 



FARTB III. LIBRO II* 277 

reuDÍrse todos en la plaza de Bibarrambla » donde ha- 
bían de acndir los ocho mil hombres de la Vega y 
valle de Lecrin , y de allí á donde conviniese para 
poner á fuego y sangre la ciudad. 

Por mas que el plan de los conjurados no dejara 
de traslucirse^ ni el presidente ni el marqués acaba- 
ban de persuadirse de que pudiera hacerse un levan- 
tamiento general , y atribuíanlo todo á algunos per- 
didos « interesados en revolver el pais; y aunque uno 
de ellos, acaso arrepentido , reveló como en confesión 
cuanto se trataba á un jesuíta llamado el padre Albo- 
todo (S3 de diciembre , 1568), y éste dio cuenta de 
ello á las autoridades » contentáronse con reforzar las 
guardias y rondar aquella noche. Sucedió en e3to que 
los monfis ó salteadores al pujar renos , movidos ya por 
Farax Aben Farax , no tuvieron calma para esperar, 
y arrojándose sobre varios escribanos y alguaciles de 
la audiencia, que hablan salido á la sierra á pasar , se- 
gún costumbre, las vacaciones de Pascua , y andaban 
por los pueblos haciendo vejaciones á los moriscos, los 
asesinaron y se apoderaron de cuanto llevaban. La 
noticia de este suceso, que llegó el primer dia de Pas- 
cua á las autoridades granadinas, no las alarmó tanto 
como era de esperar ; creyeron que algunos moros 
berberiscos habrían desembarcado en la costa para 
ayudar á los monfis á tomar algún lugar, como otras 
veces lo hablan hecho ; y como aquel dia lo fuese de 
un temporal frió y deshecho de agua y nieve , ni si- 



878 HISTORIA DB ESPAÑA. 

quiera se creyó hacer en la ciudad la ronda de cos- 
tumbre. 

Muy de otra manera obró el activo y resuello 
Aben Farax. Sin reparar en lo terrible y crudo de la 
noche, con menos de doscientos salteadores de la sier- 
ra que pudo recoger , diciendo á los alpujarreños que 
los del Albaicin les darían ya pronto la señal de la in- 
surrección , y asegurando á los del Albaicin que los 
ocho mil hombres de Lecrin y de la Vega le seguían; 
haciendo á sus salteadores vestirse tocas y turbantes 
turquescos, á la media noche llegó á las puertas de 
Granada; con picos y otros instrumentos que llevaba 
agujereó el muro^ entró audazmente en la ciudad, 
sorprendió un centinela y una guardia de soldados 
cristianos , recorrió con su gente dividida en dos cua- 
drillas varias calles , asaltó con ella algunas casas, 
despertó á voces á los moriscos del Albaicin llamán- 
dolos á las armas , porque era llegada la hora y toda 
la tierra de los moros se habia ya alzado. Mas como 
aquellos mirasen y viesen tan poca gente, aldos con 
Dios , hermanos , les dijeron . que sois pocos y venís 
sin tiempo.» Con esta respuesta , y oyendo ya tocar ¿ 
rebato las campanas de San Salvador , el atrevido 
Aben Farax , renegando de sus hermanos del Albai- 
cin , é insultando groseramente su cobardía , volvió 
á salirse al rayar el alba por el portillo por donde 
-habia entrado, la vuelta de Cenes , no habiendo acu- 
dido tampoco á auxiliarle los de la Alpujarra, por- 



PARTB mí UBEO II. 279 

que la nieve do les había permitido franquear la 
sierra. 

De tal manera había sido aquella entrada , que se 
pasó gran parle del dia sin poderle averiguar en la 
ciudad la verdad de lo que habia pasado, y quiénes, 
y enantes; y de qué calidad habían sido los invaso- 
res. El marqués de Mondéjar hizo reconocer con mu- 
chas precauciones el Albaicin , y le halló sosegado y 
todos los moros encerrados en sus casas para no ser 
robados en el alboroto. Con noticias que fué adqui- 
riendo, despachó á uno de sus escuderos para que 
averiguara la dirección que los monfis llevaban en 
su retirada. Guando volvió el esplorador con noticia 
de haberlos visto, salió el marqués con sus hijos y 
cuantos caballos habia disponibles en su seguimiento, 
dejando orden al corregidor para que le enviara la 
infantería , según se fuera reuniendo, hacia Dilar por 
la falda de Sierra Nevada, qae era el camino que He- 
vaban los monfis. Pero se habia perdido ya tanto tiem« 
poy que cuando los cristianos llegaron á darles vista 
era ya casi de noche, y Aben Farax y los suyos se 
ocultaron entre las sierras cubiertas de nieve , y re- 
nunciando el marqués á darles alcance, se volvió á la 
ciudad. 

Babia entre los moriscos granadinos un joven Ha-- 
mado don Fernando de Córdoba y Valor , descen- 
diente de los antiguos califas Beni-Omeyas , que ha- 
bia sido caballero veinticuatro de la ciudad de Gra- 



280 UiSTOftlA DB BSPAÑA* 

nada. Este joven, de carácter ligero, de no may 
arreglada conducta, y que por su prodigalidad se 
hallaba cargado de deudas habiendo tenido que ven- 
der hasta su veinticuatría , y se encontraba reducido 
á prisión, tuvo medio de evadirse la noche de la vis- 
pera de Navidad , y dio consigo en la Alpujarra 
acompañado solamente de una morisca su amiga y de 
un esclavo negro. Alojóse en Beznar en casa de un 
pariente suyo , donde concurrieron otros muchos de 
su parentela. Acordaron estos entre si » y con otros 
moriscos rebelados de tierra de Orgiba que alli acu- 
dieron , que puesto que el país se sublevaba y no te- 
nían cabeza á quien obedecer , sería bueno nombrar 
un rey r y nadie podia serlo mejor que el mismo don 
Fernando Valor , toda vez que venia de línea dere- 
cha de reyes, y no estaba menos ofendido que otro 
alguno de los cristianos. Aclamáronle , pues, por rey 
de Granada y de Andalucía con el nombre de Muley 
Mohamet Aben Humeya. Hizose la ceremonia de la 
coronación con la antigua fórmula de ios musulma- 
nes , rezó su oración , juró morir en defensa de la 
fé muslímica, y todos le fueron besando la mano se- 
gún la costumbre antigua de sus mayores. 

Al segundo dia de este ensalzamiento, aparecióse 
alli Farax Aben Farax de regreso de Granada con sos 
compañías de bandidos con una algazara como si vol- 
viera victorioso. Alteróse grandemente al saber qae 
acababa de ser alzado por rey don Fernando de Ya- 



rAETB 111. LIBRO íl* 281 

lor, siendo asi que él había sido nombrado antes ca- 
beza y gobernador de todos los moriscos por los del 
Albaícin» diciendo á voz en grito que si la estirpe de 
don Fernando era ilustre, él también descendía de la 
noble familia de los Abencerrages , y era el primero 
que había dado al pueblo la voz de libertad. Insistían 
los de Beznar en que no babia de ser otro que el que 
-habían elegido; sobreesté hubieron de venir alas ma- 
nos, pero mediaron algunos, y lograron concertar á 
los dos aspirantes á aquel simulacro de trono , que- 
dando convenido que don Fernando de Valor seria el 
rey, y Aben Ferax su alguacil mayor , cargo el mas 
preeminente entre los moros cerca de la persona real. 
De nuevo aclamaron los de Beznar á Valor en el cam- 
po debajo de un olivo, y Aben Ferax se fué con tres- 
cientos monfis ó salteadores á acabar de sublevar la 
Alpujarra. 

«Congoja pone verdaderamente pensar/ cuanto 
«mas haber de escribir las abominables maldades con 
«que hicieron este levantamiento los moriscos y moofis 
«de la Alpujarra y de los otros lugares del reino de 
«Granada.» Con estas palabras comieuza el minucioso 
historiador de la Rebelión y Castigo de los Moriscos 
la. narración del alzamiento general de las tahas ó 
distritos en que moraban los moros alpujarreños ^^) . 

(4) Taha ó taa se llamaba el tahas 6 cabezas do distrito eraa 

partido, distrito, iurisdiccioo ó doce: Orgiba» Poqaeira, Ferreira, 

aeregaciou de pueblos sujetos á un Jubiles, iJjijar, Andarax, Luchar, 

alcaioie ó gobernador militar. Las Marchena, Los Cébeles, Adra, 



282 HISTORIA DB BSPAÜA. 

Ed verdad estremece y horroriza la relación de las 
atroces y bárbaras iniquidades que se cometieron en 
esta insurrección, autorizadas unas y mandadas otras 
por el feroz Faráx Aben Farax. Si la causa de los 
moriscos hubiera sido justa» bastarían á hacerla de- 
testable las crueles abominaciones con que la man- 
charon, sin que por eso disculpemos ni menos po* 
damos justificar á los que con medidas ó impruden- 
tes 6 exageradas exasperan á un pueblo y le oondu- 
cen á la desesperación. 

Estremecen , repetimos^ y horrorizan los actos de 
bárbara venganza que ejercieron en los cristianos 
aquellos terribles monfís ó salteadores , y hacen re- 
bosar de amargura el corazón , y hasta la pluma pa«* 
rece resistirse á estamparlos. Era poco saquear y des- 
truir casas y templos, romper imágenes , despedazar 
reliquias, hollar las formas sagradas, y profanar to- 
dos los objetos del culto religioso: era poco prender 
los sacerdotes , pasearlos desnudos y descalzos por 
plazas y calles con público escarnio y ludibrio: era po- 
co dar muerte á todos los cristianos que pudieran ha- 
ber de diez años arriba, «sin respetar vecino á veci- 
no, compadre á compadre, y amigo á amigo:i> era 
poco incendiar la torre ó el templo en que se hubie- 
ran refugiado los niños y mugeres cristianas huyendo 

Berja y Dalias. Se conserva toda- españolas geográficas , publicado 
Tia en Andalucía esta voz geográ- por la Academia de la Historia, 
fica , dice el Diccionario de voces 



PABTB IIK UBEO tí. 283 

del cachillo homicida, hasta hacerla deslomarse so- 
bre los infelices que Qslaban den tro* aplastándolos á 
iodos: era menester á aquellos hombres furiosos é 
iracundos apurar el refinamiento de los tormentos, de 
los martirios mas atroces y bárbaros. Aqui enterraban 
á un sacerdote vivo hasta el cuello, y se entretenían 
en asaetearle la cabeza. AUi mutilaban á otro miem- 
bro á miembro, y luego entregaban el cuerpo á las 
mugeres para que le picasen con agujas. Acá quema- 
han un convento de agustinos, y anegaban á los infe- 
lices en aceite hirviendo. Allá eran centenares de pri«« 
sioneros, á quienes después de haber atormentado 
con todo género de instrumentos cortantes y de pun- 
ta, los llevaban á la hoguera, quemándolos de cuatro 
en cuatro, para que durara mas tiempo el espectácu* 
lo y presenciaran los unos los suplicios de los otros. 

Hombre había mas no hombre, sino fiera, que 

arrancaba el corazón á un cristiano, y le devoraba co- 
mo hambriento tigre. Eclesiástico hubo á quien des- 
pués de muerto llenaron el cuerpo de pólvora y le 
pusieron fuego por tener el placer de verft estallar 
como una bomba. El martirio del cura de Ganjayar 
don Marcos de Soto enciende en ira santa al hombro 
que no tenga del todo borrado el sentimiento de la 
humanidad. Después de haberle de^ mil maneras es- 
carnecido en el pulpito de su misma iglesia á que le 
amarraron y sujetaron; después de haberle arrancado 
la barba y las cejas; después de haberle ido mutilan- 



284 HISTOEU DB E8PAfÍA. 

do las estremidades, extraídole los ojos cod que los vi- 
gilaba, y sacádole la lengua con que los reprendía, 

echaron su corazón á los perros No podemos 

proseguir ^^K 

Sobre tres mil españoles perecieron de estas hor- 
ribles maneras en el espacio de seis dias , por orden 
y á presencia del feroz Aben Farax. Al fin el reye* 
zuelo Aben Humeya, bien fuese que le repugna- 
ran tales horrores y crueldades^ bien que entrara en 
su cálculo observar otra política^ mostróse indignado 
de ver las sendas y caminos por donde andaba sem- 
brados de cadáveres, y mandó por pregón que no se 
diera muerte á las mugeres ni á los niños» y que á los 
hombres mismos no se los ejecutara sin formación de 
proceso. Creció su indignación al ver que ni sus ami- 
gos personales habian sido perdonados por su bárba- 
ro alguacil mayor, y al llegar al castillo de Laujar 
(29 de diciembre, 1568), residencia en otro tiempo 
del desgraciado Boabdil, mandó comparecerá Farax, 
y haciendo mañosamente retirar á sus monfis, y pri- 
vándole ali del apoyo que pudieran darle aquellos 



(4) Mendoza, en el libro I. de cunstancias del alzamiento de ca- 

su Guerra de Granada da cuenta da una, y á consignar los actos da 

de estas atrocidades en globo, y horrible barbarie auc se cometie- 

sclo reñere en particular alguno ron en cada pueblo. Crónica es- 

que otro caso notable. Mármol, candalosu de los moriscos se po-* 

mas estenso y minucioso, dedica dia llamar este libro IV. de la Úís- 

uuos treinta capítulos del libro IV. toria de su rebelión, y de él podía 

do su obra á hacer la descripción sacarse un cuadro estadístico cri- 

topográfíca de cada taha, á contar minal que repugnarla leer, 
detenidamente la manera y cir- 



PABTB III. LIBRO IK 88S 

verdugos, le ídUidó que rindiera cuentas de sus robos 
al tesorero Miguel de Rojas. No era fácil que se pu- 
diera justificar el autor de tantos crímenes, y aunque 
Aben Humeya no le impuso toda la expiación que me«- 
recia, al menos hizo un bien á la humanidad con inu- 
tilizarle quitándole el cargo y mando de alguacil 
mayor , y trasfiríéndósele á su antagonista Aben 
Jahuar el Zaguer, tio de Aben Humeya. 

Este rey de los moriscos, después de haberse hecho 
coronar de nuevo solemnemente en Laujar , publicó 
un edicto ordenando la insurrección general de todos 
los moriscos del reino, pero prohibiendo los asesina- 
tos bajo pena de la vida y de confiscación de bienes. 
Nombró un alcaide para cada taha, y volviéndose á 
Ujijar pasó á correr el valle de Lecrin (30 de diciem- 
bre), que todo hasta el pie de Sierra Nevada es- 
taba por los moriscos, rechazadas de él las avanza- 
das cristianas. Para acreditarse de verdadero musul- 
mán, inmediatamente después de su coronación se 
había casado con tres mugeres, de familias influ- 
yentes, ademas de la que de Granada habia llevado 
consigo. 

Mientras asi se habian ido alzando una tras otra 
y con poco intervalo de tiempo todas las tahas de la 
Alpujarra, en Granada, después de muchas dudas so- 
bre el partido que convendría tomar para sofocar la 
insurrección, reunida la audiencia con su presidente 
don Diego de Deza^ propuso uno de sus individuos, 



286 HISTORIA DB B5PAÑA. 

el licenciado Nuñez de Bohorqaes, consejero que ha- 
bia sido de Castilla y de la Inquisición, que se hicie- 
ra salir veinte leguas tierra adentro de la ciudad á 
todos los moriscos del Albaicin y de la Vega, donde 
no pudieran auxiliar á los de la sierra ni con avisos, 
ni con armas, ni con gente, ni con consejo; la medi- 
da parecia bien á todos, pero se tuvo por peligroso 
ejecutarla, y por prudente suspenderla. Dióse de todo 
parte al rey, y el marqués de Mondejar ordenó á to- 
dos los señores de Andalucía que le acudiesen á la ma- 
yor presteza con gente de armas, El presidente de la 
audiencia por su parte, con noticia de que la rebelión 
se estendia ya hasta el reino de Murcia, acordó avi- 
sar también al adelantado de aquel reino don Luis 
Fajardo marqués de los Velez, creyendo que su solo 
nombre llenaría de terror á los moriscos y los haría 
entrar en razón. Los de la ciudad se presentaron otra 
vez con su procurador general ai presidente Deza, 
protestando de nuevo no tener parte alguna en el al- 
zamiento, estar prontos á servir al rey con sus ha- 
ciendas como buenos y honrados, y á observar y 
cumplir la pragmática de S. M. Pero continuaron las 
precauciones, la vigilancia y las rondas en Granada, 
asi como la insurrección prosiguió estendiéndose por 
todo el pais comprendido entre Granada , Málaga, 
Murcia y Almería. 

Daban ya harto que hacer los rebeldes moriscos 
á los capitanes cristianos Diego de Quesada , García 



PAETB III. LUmO 11» 287 

de Villaroel , Diego de Gasea, Ramírez de Haro y 
otros, en Orgiba, ea Tablate, en las Guájaras, ea Sa- 
lobreña, en muchos lugares de la Alpujarra y valle de 
Lecrin y las cercanías de Almería, cuya ciudad se veía 
amenazada, mientras Aben Humeya se fortificaba en 
la taha de Poqueira, el mas áspero territorio de la co- 
marca insurreccionada. Aunque no abundaban en Gra- 
nada los recursos para emprender una guerra, porque 
hombres, dinero, vituallas, todo lo necesitaba el rey 
para las que estaba sosteniendo eu otros países, la ne- 
cesidad era urgente^ si no se había de dejar á los mo-^ 
riscos enseñorearse de todo el reino. Y asi, recogiendo 
el marqués de Mondejar cuantas compañías de infan- 
tes y caballos pudo de las ciudades de Loja, Alhama, 
Alcalá la ReaU Antequera, Jaén, y de ios lugares de 
la Vega; dejando el gobierno militar de Granada á 
cai^o de su hijo el conde de Tendilla , emprendió la 
campaña contra los moriscos sublevados (3 de enero 
de 1569), con poco mas de dos mil hombres, gente 
lucida y bien armada, pero nueva y poco hecha á la 
disciplina, llevando consigo á su yerno don Alonso 
de Cárdenas, á don Francisco de Mendpza su hijo, á 
don Luís de Córdoba, don Alonso de Granada Ye^ 
Degas, don Juan de Villaroel y otros muchos ca- 
balleros, y los capitanes de la gente de las ciudades 
nombradas. 

Con este pequeño ejército llegó al lugar del Pa- 
dul, donde habremos de dejarle por ahora, mientras 



288 aisTouA db isfaSa. 

damos cuenta de otros sucesos noúmenos ruidosos que 
entretanto habían acontecido en la corte '*K 



i 



(4) A DO dodar, losdosautores energía, sa valor, y aun so daren 
de mas crédito y que pueden me- en defender los derechos y prero- 
ur servir de guia para conocer gativasdesu soberano contraías 
as causas que prepararon y pro- pretensiones de la corte pontificia: 
dujeron este .lamentable episodio nombrado por Felipe II. para una 
de la historia de España, el carác- comisión delicada en Aragón; por 
ter del levantamiento de los mo- último , alternativamente dester- 
riscos , y los sucesos de la san- fado é indultado por el rey á cau- 
grienta guerra que dejamos co- sa de algunos arranques de su ge- 
menzada , son don Diego Hurtado oio severo y un tanto impetuoso; 
de Mendoza y Luis del Mármol, poseedor de una preciosa librería 
ambos contemporáneos y que pu- que regaló al rey para su biblio- 
dieron ser testigos de los aconto- teca del Escorial ; autor de varias 
cimientos, ambos dotados de claro obras literarias graves y festivas, 
y recto juicio, de cualidades histó- de las cuales unas se hau publica- 
ricas, de grande erudición , y co- do impresas, y otras existen ma- 
locados en condición ventajosa por nuscritas en la Biblioteca Nacio- 
su posición social para poder es- nal : tales son en compendio los 
cribir con conocimiento y con títulos del autor de la Guerra de 
datos. los moriscos de Granada. Mués* 
Don Diego Hurtado de Mendoza, trase en ella familiarizado con las 
autor de la Guerra de Granada, escenas que describe y con lossa- 
vastago de una de 1a^ mas nobles cesos que relata, los cuales se ven 
y esclarecidas familias del reino, por lo tanto marcados con el sello 
descendiente del célebre marqués de la verdad. Su estilo es por lo 
de Santillana , y quinto hijo de común vigoroso y brillante, bien 
don Iñigo López de Mendoza, se- que se note demasiado estudio en 
gundo conde do Tendilla, primer imitar á los clásicos antiguos, y en 
merques de Mondéjar; discípulo especial á Salustio, que parece se 
del sabio Pedro Mártir de Anglo- propuso por modelo. Es digna de 
ria y del famcoo sevillano Montes- elogio la franqueza con que suele 
doca; \ersado en los estudios de censurar, asi las providencias del 
jurisprudencia y de humanidades, gobierno, como las operaciones de 
y en las lenguas latina , griega, los generales cristianos, á pesar 
arábiga y hebrea, que babia cul- de haber sido algunos de ellos tan 
tivado en Granada, Salamanca, próximos parientes suyos. Sin 
Padua, Roma y Bolonia; distinguí- embargo, su obra se puede consi- 
do como militar en las guerras de derar más como un bosquejo que 
Italia del tiempo del emperador; como una verdadera historia de 
embajador por Carlos V. en Vene- aquel periodo- Asi poco mas ó me- 
cia y en Roma, y uno de los no- nos la juzjgao también Ticknor en 
bles españoles que asÍ5tieron en su Historia de la Literatura espa- 
representacion y con poderes del ñola, tom. IL,y el autor de la No- 
emperador al concilio do Trento, ticia de las ooras y autores de 
y de los que se opusieron á su historias de sucesos particulares 
traslación á Bolonia ; en cuyos que precedo al tomo XXL de la 
honrosos cargos se señaló por su Biblioteca de Autores españolea. 



PARTE m. LIBRO II. 289 

Luis del Hánnol Carvajal, tam- cias, sabe darles el interés de 
bien guerrero antes que historia- quien pinta lo que ha yisto. Su 
dor como Mendoza; que por espa« narración es dará, el lenguaje pu« 
cío de veinte y dos años siguió ro en general, los períodos á ve- 
las banderas imperiales en todas ees demasiado prolongados , y 
las empresas de África; que hizo abunda en documentos importan - 
otros viages por mar y por tierra, tes y curiosos, 
j visitó muchos reinos y paises de El conde Alborto de Circourt. 
África y Asia; versado igualmente que ha escrito en nuestros días 
en las nistorias latinas, griegas, la HistoriQ de los Moros Mudé- 
árabes y vulgares; comisario y or- jares y de los Jtfortsco& de Espa- 
donador que fué de ejército ; de fia , se ve que ha seguido sene- 
familia noble también, aunque él raímente á Mármol, aunque*! ve- 
solamente se titula andanle en ees se desvia do él , anteponiendo 
oirUf dio mucha mas latitud á su ó posponiendo algunos sucesos , y 
obra titulada: Historia del Bebe^ ha tomado también algunas noti* 
lion y cMtigo de los moriscos de cias de Bleda, de Pérez de Hita y 
Granada; es como el desarrollo, de Poraza, Antigüedades eclesiás- 
el cuadro completo de lo que Men- ticas de Sevilla ,' que no añaden 
doza habia hecho un diseño. Mi- interés particular a las que sumi- 
nucióse y prolijo en el relato de nistrau los dos principales histo- 
lo8 pormenores de los sucesos, ríadores antes mencionados, 
como un testigo de suscircunstan- 



Tomo xiii. 19 



CAPITULO IX. 



ÉL PRINCIPE CARLOS. 



1545.— 1558. 



Por qaé interesa tanto la historia de esto principe. — Fábulas con que se 
la ha desfígurado.-*-Su nacimiento y educación. — Su carácter, genio 
y costumbres. — Si tuvo y pudo tener las intimidades que se han su- 
puesto con la reina. — Casamiento de Falipe II. con Isabel de Valois. 
— Juramento del principe en las Cortes de Toledo. — ^Falta de salud 
de don Carlos. — Proyecta su padre enviarle ¿ una ciudad de la costa. 
— ^Le cnvia por último á Alcalá. — Gaida fatal del principe. — Peligro 
de muerte en que se vio. — Su restablecimiento. — Cómo quedó su 
cerebro. — ^Testamenlo del principe: cláusulas notables.— Atentados 
y desmanes que cometió* — Quiere asesinar al duque de Alba.— Id- 
tenta fugarse á Flandes. — ^Proyecta después marcharse á Alemania- 
— ^Decreta y ejecuta el rey el arresto de su hijo.— Circunstancias de 
la prisión. — ^Severidad con que era guardado y vigilado. — Cartas 
de Felipe li. dando parte de la reclusión del principe. — ^Procesodedon 
Carlos.— -Discúrrese sobre las causas de su prisión. — Lo qud' resul- 
taba del proceso. — Entereza y severidad del rey.— Loca y desarre- 
glada conducta del príncipe en la prisión. — Enfermedad que le pro- 
ducen sus desórdenes.— «Muerte de Carlos. — ^Falsedades y errores 
que acerca de ella se han escrito. — Juicio del autor sobre este suce- 
so. — Muerte de la reina Isabel de Valois.— Sentimiento del rey. 



La prematura y desgraciada muerte de este prín- 
cipe « y los novelescos incidentes que sobre su prisión 
y sobre las causas que la motivaron han inventado 



PAETB III* LIBRO lU 891 

historiadores estraogeros, de no escasa nota por otra 
parte, han dado al hijo primogénito de Felipe II. cier* 
ta celebridad histórica que de otro modo no hubiera 
tenido nunca, y nos obliga á hacer en este capítulo 
mas oficio de biógrafos que de historiadores, precisa-- 
mente con quien no había hecho los mayores mere- 
cimientos para ello. Es, sin embargo, innegable que 
todo lo que se refiere al principe Carlos escita cierta 
curiosidad y se oye ó lee hasta con avidez , por lo 
mismo que sobre su carácter se han hecho t^n diver- 
sos y aun encontrados juicios, y que algunos lances 
de su vida quedaron envueltos en el velo del miste* 
río. Que es natural tendencia del genio humano des- 
dañar lo conocido , y afanarse por penetrar en lo 
hondo de los arcanos. 

El hecho poco común de aprisionar un rey á su 
propio hijo, y formarle proceso y sentenciarle como 
criminal; la reserva y misterio que rodeaba comun- 
mente las acciones de Felipe II., y mas en un caso tan 
delicado y grave como este ; el interés que escitaba 
entonces en Europa todo lo que acontecía en España, 
ya por el carácter especial del soberano que ocupaba 
el trono, ya por el influjo y la trascendencia que ejer- 
cía en todos los demás paises; lo estraordinarío del su- 
ceso; las diferentes versiones que el espíritu deparli-- 
do estaba dispuesto á dar á los actos de Felipe IL se- 
gm las ideas y las pasiones que en aquel tienípo domi- 
naban, todo ofreció ocasión oportuna á escritores apa- 



292 HMTOEIA DB ESPAÑA. 

sionados^y á forjadores de dramas y de novelas, para 
dar suelta á sü imaginación y desfigurar á su placer 
el carácter y las acciones de don Carlos, y los motivos 
y circunstancias de su prisión y muerte. Y cuando los 
poetas y novelistas han tomado por su cuenta á un 
personage histórico , dejan siempre por herencia al 
historiador la ingrata, difícil y pesada tarea de segre- 
gar la parte verdadera y cierta, por lo común seca y 
árida, del oropel y de los adornos con que la fábula 
los haya engalanado. Sucede al historiador en casos 
tales lo que al médico, á quien es mas trabajoso y di- 
fícil hallar remedio á una enfermedad agravada por 
medicamentos inoportuna é inconvenientemente apli- 
cados antes por otro , que corregir un vicio de la na- 
turaleza, remediar un trastorno de las funciones na- 
turales en que otro no haya puesto todavía la mano. 

Nosotros vamos á esponer con nuestro acostum- 
brado desapasionamienlo lo que acerca de este prín- 
cipe tenemos ya por averiguado y cierto , y ío que 
nos parece todavía problemático y dudoso. 

El príncipe Carlos, primogénito de Felipe II. y de 
su primera esposa la princesa doña María de Porlu- 
I gal, nació en Valladolid , á 8 de julio de 1 545 , y ¿ 
los pocos dias descendió á la tumba la bella y joven 
princesa que acababa de darle á luz , según en otra 
parle dejamos contado, cambiándose en tristeza y Wo 
para Felipe y para el pueblo español las fie$tas y «b- 
gocijos con que la España acostumbra á solenanizar 



PilETB lU, UBEO II. 298 

los Dacimientos de sas príDcipes. Aunque Felipe pro* 
curó rodear á su hijo de ayos y maestros que le edu- 
caran y dirigieran en sus primeros años, no pudo cui- 
dar personalmente de su educación por las ausencias 
que tuvo que hacer á Inglaterra, Flandes y Alemania. 
Mucho menos pudo educarle ni formar su corazón su 
abuelo Carlos Y., como con increible ligereza a&rmaa 
algunos historiadores, siendo tan sabido que el empe- 
rador, casi desde que nació su nieto , estaba tan lejos 
de España, que cuando vino le halló ya en edad de 
cerca de trece años. Crióse, pues, el príncipe bajo la 
inspección de los archiduques Maximiliano y María, 
y de la princesa doña Juana de Portugal, su tía pa- 
terna, regentes y gobernadores del reino durante las 
ausencias de su abuelo y de su padre. 

Desde sus primeros años comenzó el principe lá 
descubrir sus malas inclinaciones, su índole aviesa, 
su genio impetuoso y violento, su tendencia á la 
crueldad, citándose entre otras señales de su natural 
feroz la complacencia y fruición que tenia en degollar 
por su mano los gazapillos que le traían vivos de la 
caza, gustando de verlos palpitar y morir ^*^ . De lo 



(4) Eq describir asi su carácter y Leen, Historia de don Juan de 

é luclinaciones coQvieneD los mas América ; Llórente, Historia de la 

autígaos 7 mas acreditados bisto- loquísiciou, tom. VI. (Edición de 

riadores españoles, y los estrange- Barcelona) cap. 54 .; Estrada , Gucr^ 

ros mejor informados y de mas au- ras de Flandes, Dec. I. líb. VH. 
toridad. Véanse. Cabrera, Historia De esto al joven virtuoso, al com- 

do Felipe H., lib. V.; Salazar de pleto y cumplido caballero, al prín- 

Mendoza , Dignidades de Castilla, cipe perfecto de cuerpo y alma 

lib. IV. ; Lorenzo Vander Hammen como le representan los novelistas 



394 H18TOB1A DB ESPAÑA. 

cual auguró mal el embajador de Venecía , trayendo 
á la memoria el juicio que en otro tiempo hicieron los 
miembros del Areópago de Atenas de aquel niño qae 
sacaba los ojos á las codornices. La blandura y las 
consideraciones que acaso guardaron. con él, asi los 
reyes de Bohemia MaKimiliano y Maria^ como la prin- 
cesa viuda de Portugal, no atreviéndose á tratarle y 
corregirle con la severidad que hubiera podido hacer- 
lo un padre, fué tal vez una de las causas de qne se 
viciara mas, en vez de modificarse y mejorar, su ca« 
rácter y condición. 

Indudablemente su padre hizo cuanto en ausen- 
cia podia hacer para la buena educación é instrucción 
de su hijo, poniendo á su lado ayos* y maestros tan 
ilustrados y virtuosos como don García de Toledo, 
hermano del duque de Alba, y como Honorato Juan, 
uno de los mejores humanistas de so siglo ^*\ y estos 
por su parte se consagraron á su enseñanza con la 

y poetas estrangoros, tales como el do dos caosariamos de recomeo- 
Al)ad de Sao Real, Mercier, Lan - dar á los autores de draoias j oo- 
gle, Schiller en su tragedia don velas históricas que por lo meóos 
Cárlos,y otros, el lector compreo- cuidárao de no adultorat los ca- 
dera la enorme difereocia, y de ractéres de los personages. 
esto solo podrá deducir cuáDto se (i ) Este Honorato Juao se híxo 
ha intentado desfigurar la verdad eclesiástico á los 50 años de edad, 
de la historia. Dice muy bien el y fue desjiues obispo de Osma. Sa 
ilustrado San Miguel en su moder- nombramiento de maestro del prío- 
na Historia de Felipe U. aue á ser cipe fué hecho en 3 de julio de 
ciertas las virtudes que el célebre 1564, hallándose Felipe en la Co- 
autor trásico alemán supone en su roña para marchar á Inglaterra.-^ 
héroe no nabia lágrimas bastantes Con la misma fecha se nombró pa- 
cón que llorar la muerte de un r a servir al principe, que iba á es- 
príncipe tan benemérito y tan des- tudiar latin, á Fr. Juan de Matien- 
venturado. Pero Schiller hizo un zo. Tenia entonces don Carlos noe- 
protaf^onista á su gusto. Por eso véanos. 



PARTE 111. Lnao II. 29S 

mayor asiduidad y con el mas esmerado y esqaisito 
celo. Has también es fuera de dada para nosotros que 
el joven príncipe hacía infructuosos con su d esaplic a* 
ci on é indocilida d los laudables esfuerzos de sus 
maestros y preceptores. Los novelistas estrangeros 
que DOS le pintan como un joven de talento, aplicado é 
instruido» acaso no se hubieran atrevido á retratarle 
asi, si hubieran leido como nosotros los informes que 
los mismos encargados de su enseñanza daban al rey 
don Felipe su padre. «En lo demás del estudio y 
i»ejercicios (le decia en ana de sus cartas don García 
»de Toledo) no va tan adelante como yo querría, no 
»embarganie que de todo ello y de las cosas que S. A. 
»debe saber no entiendo que pueda haber mayor cuí« 
>dado ni diligencia de la que aqui se tiene. Deseo 
»mocho que Y. M. fuese servido que el príncipe die^ 
»se una vuelta por allá para verle, porque entendí* 
«dos los impedimentos que en su edad tiene/manda* 

use V. M. lo que fuera de su orden etc. Ck)mo 

i»veo que con tenerme S. A. el mayor respeto y te*- 
»mor que se puede pensar no hacen mis palabras 
)»m la disciplina, aunque le escuece muchOf el efecto 
i»que debrian, paréceme muy necesario que V. M. lo 
»viese de mas cerca en alguna temporada , sin que 
ftfuesede muchos dias, porque quán diferentemente 
«pueden informar á V. M. del principe los que no le 
«miran del lugar y con el cuidado que yo ^*^ !» 

(4) Arcbifo de Simancas, Estado, leg. núm. 429.— Estas últimas 



296 HISTORIA DB ESPAÑA* 

Y ^1 maestro Honorato Juao , en una de las mu- 
chas cartas sayas á Felipe II. que pudiéramos citar, le 
decia: «S. A. está bueno, bendito Dios, y yo hago en 
»sus estudios lo que puedo , y harto mas de lo que 
»otros maestros quizá hicieran y con harto mas traba- 
i!>jo. Pésame que no aproveche tanto esto como yo 
)>deseo: la causa de donde yo pienso que esto procfíde 
* entenderá por ventura V. M. de S. A. algún dia, 
y^placiendo á Dios, y lo que con todas estas dificulta- 
i»des, que no han sido pocas ni de poco momento, 
i>me he esforzado siempre á servir á V. M. y á S. A. 
)>Pésame en el alma que el aprovechamiento de S. A. 
»no sea al respeto de como comenzó y fué los prime- 
aros años, que fué el que aqui vieron todos, y allá 
»entendi<5 V. M., especialmente habiéndolo hecho los 
»dias pasados, y teniendo por cierto que esta y otras 
D muchas cosas no se pueden bien remediar hasta la 
avenida de V. M* y hasta que Y. M. mismo vea lo 
»que conviene que se haga para el buen asiento de 
»todo ello; y suplico á Y. M. me perdone este atrevi- 
»miento, y sea servido de mandar romper esta, por* 
)»que mi jntencion es que solo Y. M. la lea ^^Kj^ 

Avisos de esta especie ningún preceptor prudente 

se resuelve á darlos á un padre, y á un padre que es 

i 

palabMsacasoalodian, entre otros, éste, no dejaría do haber otros 

al limosnero Francisco Osorio, cortesanos. 

que en sus cartas al rey solía li- (4) De Valladolid á 30 do octu- I 

sonjearle diciéudole que el princi- bre de 4558. — Archivo de Simao- , 

pe progresaba en estudio y en vir- cas. Estado, leg. 129. 

tud cuanto se podía desear. Como 



PAKTB 111. LIBRO U. 297 

rey* y á un rey como Felipe IL, sino coando la nece- 
sidad los fuerza á ello ^ y coando adquieren el con- 
vencimiento de que los medios de persuasión y de 
coiYeccion que un maestro puede emplear no alcan- 
zan á evitar á un padre la amargura de denunciarle 
un hijo como incorregible. Asi , no es estraño , su- 
puesto el carácter severo y adusto de Felipe II. » que 
comenzara á mirar con mas pesadumbre y disgusto 
que cariño y ternura paternal á un hijo, cuyas cuali- 
dades y costumbres eran tan contrarias á las que él 
deseaba en su heredero, que tan lejos iba de corres- 
ponder á sus esperanzas, faltando ademas la vista 
frk)coente y el trato que engendra ó aviva los afectos 
entre personas íntimas. Y todos convienen también en 
que su mismo abuelo Carlos V. i cuando vio al prín- 
cipe en Valladolid á su paso para el monasterio de 
Yuste (1 556] quedó muy poco satisfecho de su con- 
versación y de sus modales. 

La circunstancia de haber estado concertado el 
casamiento del príncipe Garlos con la princesa Isabel 
de Valois^ hija de Enrique II. de Francia, y la de ha- 
ber después Felipe II. , recien viudo de la reina de 
Inglaterra , elegido para esposa propia, como uaa de .^ ^[ ? 

las cláusulas del tratado de paz de Gateau-Cambre- 
sis (1559], la misma princesa, prometida antes ásu 
hijo (^) , es la fuente de donde los novelistas han que« 

(4) Recuerde.^ lo que «obre es- mismo libro, 
lo dijimos eo el ca{>. L de este 



J- 



f\ 



298 HISTORU DB ESPAÑA* 

rido sacar el orfgea de todas las desgracias qoe des- 
pues sobreyiníeroo al príncipe de Asturias. Saponeo 
aquellos qué ioflamaba ya los corazones de Carlos é 
Isabel Id llama de una mutua pasión amorosa viotea* 
ta y viva, y esto antes de haberse visto ni conocido 
sino por retrato. Aun supuesto lo del retrato , de qoe 
no hemos hallado rastro ni indicación , cuanto mas 
noticia, en ningún documento , el lector discurrirá 
qué apasionamiento tan fuerte podría haber entre ua 
joven de trece años y una niña de doce ^^^ que no se 
habían visto nunca. El viage de la princesa á España 
para realizar su matrimonio con el rey sirvió á aque- 
llos escritores de imaginación para inventar á su gos- 
to lances amorosos entre los dos supuestos amantes, 
miradas furtivas \ coloquios secretos, desmayos, éx- 
tasis y otras escenas , que según los datos históricos, 
es imposible que sucediesen , cuando apenas tuvieron 
tiempo de verse en el corto viage de Guadalajara á 
Toledo que hidieron juntos, y eso sin apartarse el 
príncipe del lado de su padre y de los caballeros de 
la corte. Es igualmente inverosímil que la princesa 
sintiera aquella impresión que suponen de sentimien- 
to, de desagrado y de repugnancia cuando se bailó 
por primera vez á la presencia del rey don Felipe, 
contemplándose como sacrificada en unirse á un hom- 
bre de tanta edad. Los que esto dicen olvidan ó apa- 



[i ) La priucosa Isabel había nacido en % de abril de \ 546. 



PARTB UU LIBRO U. 299 

renlaD ignorar que Felipe contaba á aquella sazón de 
treinta y dos á treinta y tres años: edad que nos pare* 
ce no era todavía para inspirar aversión á ana joven, 
y mas yendo unida la idea de que iba á ser reina y 
esposa del monarca mas poderoso de su tiempo. 

Continuando aquellos escritores su tejido de nove- 
lescas fábulas, hacen ir á los dos enamorados prínci- 
pes al monasterio de Yuste (donde nunca estuvieron), 
pasear en deliciosa compañía por las frondosas ala- 
medas de aquellas huertas, hacerse fogosas declara- 
ciones y protestas de amor , mezcladas con tiernos 
llantos y suspiros, acordar la manera de mantener en 
secreto sus relaciones , y por este orden siguieron 
forjando una serie de aventuras en que envuelven 
también á los principales personages y damas de la 
corte, que no concluyen basta que acabaron las vidas 
del príncipe y de la reina, y á cuyos amores atribu* 
yen el resentimiento y enojo del rey con sii hijo, la 
causa de su prisión y de su desgraciada muerte , y 
aun la de la reina Isabel, que acaeció á los pocos me- 
ses de la de Carlos, de cuya coincidencia sacaron 
también deducciones los inventores de la mal forjada 
novela. 

Nada nos sería mas fácil, si la naturaleza de nues- 
tra obra nos permitiera dedicar á ello un tiempo y un 
espacio que nos diera lástima robar á otros asuntos, 
que desbaratar con datos históricos todo el edificio 
sobre este falso cimiento levantado , y aun creemos 



300 HISTORIA DE BSPaSa» 

que bastará lo qae laego iremos diciendo para des> 
hacer la novelesca trama. Y esto , no porque tenga- 
mos por inverosímil, ni nos parezca estraño ni impro- 
bable que entre dos jóvenes príncipes, de pocos y casi 
iguales años, pudieran nacer afecciones mas ó menos 
fuertes y vivas , á despecho de los sagrados deberes 
de esposa y de hijo. Por poco conocedores que fuéra- 
mos de la naturaleza y del corazón humano , lamen- 
taríamos la existencia de una pasión que las leyes 
divinas y humanas hacian criminal, pero no nos ma- 
ravillaríamos de ella ; sino que, mientras los funda- 
mentos históricos no vengan en confirmación del cri- 
men que se imputa ó de la flaqueza que se supone, 
severos como somos para juzgarlos cuando han exis- 
tido , lo somos también para con los que ligera y ar- 
bitrariamente y sin datos ciertos n>ancillan de una 
manera tan solemne la pureza de una reputación, tal 
como la de la reina Isabel de la Paz, á quien los es- 
critores contemporáneos, franceses y españoles, nos 
representan como ejemplo de virtud, de honestidad y 
de recato. Asi como no- nos admiraría Bi dijeran que 
el príncipe Garlos, atendido su genio envidioso y atra- 
biliario y su incontinencia en las pasiones, se babia 
irritado de ver á su padre en posesión de la bella 
princesa que le habia sido á él prometida ; y esto, 
unido á las reprensiones paternales pudo contribuir á 
que mirara siempre al autor de sus días con ojeriza y 
encono. 






PARTB 111. LlbRO II. 301 

Sin embargo, en las bodas de Felipe é Isabel (2 de 
febrero, 1560) fueron padrinos el mismo príncipe 
Carlos y la princesa doña Juana de Portugal, su lia. A 
los pocos dias (22 de febrero) fué jurado Carlos solem- 
nemente heredero y sucesor del reino en las Cortes de 
Toledo, besándole como tal la mano los grandes y pre- 
lados, y prestando á su vez el juramento de guardar 
los fueros y leyes de Castilla, de conservar la religión 
católica y mantener el reino en paz y justicia. A esta 
solemnidad no asistió ya la reina Isabel por haber 
sido atacada de viruelas pocos dias después de la bo- 
da, y el mismo principe lo estaba de cuartanas , y se 
presentó á la ceremonia pálido, macilento y flaco: cir- 
cunstancias en verdad poco favorables para dar in- 
centivo á la supuesta pasión amorosa. En aquel acto 
mismo dio el príncipe muestra de su genio impetuo- 
so y desconsiderado. El duque de Alba , que habia 
dirigido todo el ceremonial, se habia olvidado , dis- 
traído con la multitud de sus atenciones , de besarle 
la mano , y cuando fué á ejecutarlo, le trató el prín- 
cipe con tal brusquedad y aspereza , que obligó Feli- 
pe á su hijo á dar satisfacción al duque, con quien, 
sin embargo , no volvió á reconciliarse , tratándole 
siempre como á enemigo ^^K 

El humor cuartanario siguió molestando al prínci- 
pe todo el año siguiente (1561), tanto que sirvió de 

(4) Cuaderno de los capítulos Cabrera, Hisi. de Felipe II. Mb. 
de las Cortes (^e Toledo de 4 560.— V. cap. 7. 



302 UISTOEIA DS ESPAÑA» 

motivo ó de preleslo á su padre para querer alejarle 
de la corte, á cuyo fia escribió á los corregidores de 
Málaga, Gibraltar y Murcia , para que le informaran 
si la temperatura de aquellas ciudades sería á propó- 
sito para disipar la rebelde enfermedad periódica que 
le tenia demacrado. De este intento del rey , de que 
no hemos hallado noticia en ningún historiador , cer* 
tifican los documentos auténticos que hemos visto ^*^ 
De tal modo tenia estenuado á Carlos aquel mal, 
dado que fuese aquel solo el quepadecia, que tratán- 
dose ya en aquel tiempo de casarle con la princesa Ana, 
hija de sus tios los reyes de Bohemia Maximiliano y 
María, gobernadores en otro tiempo de España (^}, Fe- 
lipe II. creyó un deber de conciencia diferir aquel ca* 
Sarniento hasta que cesase un padecimiento que teleaia 
hasta inhabilitado para el matrimonio ^^K Determinó, 



(4) Eq la carta al de Gibraltar de Simaocas, Estado, log, iVk 

le decia: «Ya habéis entendido la (2) La princesa Ana babia 

«poca salud que tiene el principe nacido en Óigales, pueblo de 

«mi hijo, y quanto tiempo ha que Castilla la Vieja, en 4 .<> de novíem* 

»le dura la cuartana, lo cual lo tie- bre de 4549. 

»ne tan flaco y fatiíjado que ha (3) En marzo de 4562 escribía 

)> parescido á los médico? que mu- desde Madrid el secretario del rer 

»dase de aire, y sería muy oonve- á su embajador cerca del rev dé 

»nieute irá alguna cibdad de la Bohemia: «Habiendo entendioo lo 

Acosta de la mar, en que con la «que Blartin de Guzman, embsja- 

» templanza del aire podria ser >aor de S. M. Cesárea leba habla- 

»que se le alivie y quite del todo, y »do é instado de nuevo sobre el 

» porque yo tengo el deseo que de- » casamiento del principe de Bspií- 

ibo como padre de verle sano y >Qa N. S. con la princesa Ana, ni- 

/libre del trabajo que le da esta >ja délos Serenísimos- Teyes de 

«enfermedad y querría mucho, «Bohemia, diciendo que ya cesaría 

«acertará enviarle á la parte donde >el impedimento de la qaartana 

«no solo ayudase para ellolatem- »que el principe habia tenido, J 

jpplanza del cielo, pero también la »qoe le seria al emperador desio- 

«comodidad del lugar.» — Archivo » guiar contentamiento teuer roso- 



PARTB ni. LIBRO 11. 303 

pues, Felipe enviarle, no ya á una ciudad de la costa 
como habia pensado, sino á Alcalá de Henares , pue- 
blo que por su situación y por la pureza y salubridad 
de sus aires podia convenir á su restablecimiento , y 
donde al propio tiempo, libre de la etiqueta de la 
corte, podria habilitarse algo en el estudio del latin, 
en que estaba harto atrasado , y distraerse útilmente 
con el trato de los hombres eminentes de aquella cé- 
lebre universidad^ y para que la mansión se le hicie- 
ra mas agradable, envió con él á su tio don Juan de 
Austria y al príncipe de Parma, Alejandro Faftiesio, 
su primo, jóvenes ambos como él, y que podrían ha- 
cerle buena compañía ^^) . 

Mas á poco de su permanencia en Alcalá sucedió 
á don Carlos la desgracia de caer rodando la escalera 
de so palacio (19 de abril), de que recibió varias con- 
tusiones y heridas, que al pronto pareció no ser 
de gravedad, pero después se agravaron y le postra- 
Mota respuesta; le ha mandado itquBrian á su edctdy como el mis- 
» responder, que Dios sabia si srao Martin de Guzman io habia 
•había cosa en esta vida que él »TÍ8to y sabia, etc.» — Archivo de 
Binas desease, ni de que mas con- Simancas, Estado, leg. 651 — .Ex- 
»tentamieoto pudiese recibir gue celentes disposiciones para las 
sdeverá su hijo con tal compañía, aventuras amorosas que en este 
>asi por ser hija de tales padres á tiempo suponen los forjadores de 
•quien él ama tanto, como por la la novela! 
«observancia y amor de hijo que (4) Se equivoca Llórente cuan- 
»liene al emperador: mas que la dodicequeel principe fué á Alcalá 
> mdisposicion del príncipe se es- estando aun la reina convaleciente 
•taba en los mismos términos que de las viruelas. Carlos fué á Alcalá 
•por lo pasado, y la flaqueza tan en principios de 4562, y la reina, 
•grande que la enfermedad le te- libre ya dfe las viruelas, habia asis- 
•nia tan oprimido que no le dejaba tido á las últimas fiestas de la jura 
• medrar en la disposición , ni mos" en 4 560 . 
»trar los otros efectos que se rs- 



30 i HISTOEIA DE BSPaAa. 

roB ea térmiDOS de poner ea inmíoeate peligro su 
vida, de ser necesario hacerle arriesgadas y delicadas 
operaciones quirúrgicas en el cráneo y en los párpa- 
dos , y de desesperar ya de su curación los médicos, 
al decir de los historiadores ^^K Noticioso Felipe II. 
del peligro en que su hijo se hallaba, marchó á Al- 
calá, y no contento con mandar á todos los prelados 
y cabildos que hicieran rogativas públicas por su sa- 
lud, hizo llevar el cuerpo del beato Fr. Diego, reli- 
gioso lego franciscano, á cuya intercesión se atribulan 
much()5 prodigios , al cual se puso en contacto con el 
cuerpo del moribundo príncipe, y como desde enton- 
ces comenzase éste á sentir mejoría , se atribuyó el 
restablecimiento de su salud al patrocinio del beato 
Diego de Alcalá , cuya canonización promovió el rey 
con eficacia desde este suceso ^^^ . Pero convienen los 



{k) Decimoslo asi, porque te- tensión este curioso documento, 
nemos á la vista la relación cir- que empieza: «Domingo á los 49 
cunstanciada y minuciosa de su »de abril á las 42 de medio diael 
enfermedad desde el 49 de abril «Príncipe N. S. bajando por ooa 
hasta el 27 de mayo (Llórente y «escalera angosta cayó , y dio en 
otros autores equivocaron tam- >una puerta que estaba cerra- 
bien la fecha de la caida del prín- da::.» V concluye: «En lo que toca 
cipe), dada por el médico princi- »á los párpados de loa ojos ha ido 
pal y remitida al conde de Luna, »tan bien después que se abrie- 
embajador del rey cerca del em- »ron (se los babian sajado), que el 
perador Fernando,. asi como de loa » derecho está ya bueno, y el iz- 
remedios y medicamentos que ca- »quierdo, que es el que siempre 
da dia se le aplicaban; de ella » estuvo peor, está muy cercado 
consta el jgrave peligro en que se » estar sano.» — Archivo de Simau- 
vio el principe , pero no que lie- cas, Estado, leg. 651. 
gara ei caso de desahuciarle , si (2) En el parte del médico 
bien no es deestrañar que aunque tampoco se hace mención de este 
asi fuese, no lo confesara el direc- hecho, pero se habla de él espresa- 
ior de su curación. Sentimos no mente en el testamento del princi- 
podor insertar por su mucha es- pe, de que daremos luego cuenta. 



PARTE ItK LIBRO II. . 305 

mas acreditados historiadores en que sa cerebro que- 
dó bastante lastimado, notándose desde entonces cier- 
to desorden y trastorno de ideas , que empeoró su 
carácter ya harto caprichoso » lo cual se observaba 
en sus acciones y en sus cartas /en las cuales ó in* 
verlia el orden de las frases, ó dejaba incompletos los 
períodos í^^ 

A los dos años de esto (1564] , hallándose otra 
vez enfermo en cama , otorgó su testamento (1 9 de 
mayo), ante el escribano de cámara Domingo de Za- 
bala. Ya que de este testamento no hallamos noticia 
en ninguno de nuestros historiadores , daremóis á co- 
nocer algunas de sus mas importantes cláusulas. Des- 
pués de la protestación de fé, manda : 

1 / ^ Que se le entierro con el hábito de San Fran- 
cisco en el convento de San Juan de los Reyes de To- 
ledo, sin que se le haga sepulcro de bulto, poniendo 
solo una lápida de jaspe sin escultura. 

2.° Que no se haga túmulo , ni otro gasto supér- 
fluo, y que solo se pongan para todo veinte y cuatro 
hachas y cuarenta y ocho velas en los días de su en* 
tierro y cabo de año, y en los demás cuatro hachas á 
los ángulos de su sepultura. 

S."" Que se le digan diez mil misas , y mil anua - 
les perpetuas. Señala para las primeras mil ducados, 
y para las^segundas ciento. 

. (M Todos son datos para poder lado captarse el apasionado amor 
juzffar si era verosimíl en tal es- de una señora discreta y virtuosa. 

Tomo xiii. 20 



306 HISTOBJA BE BSPAÑA. 

• 

i."" Que se destinen diez mil ducados para resca- 
te de cautivos. 

5/ A Mariana Garcetas, doncella, que al jf^resen- 
te se halla en el monasterio de San Juan de la Peni- 
tencia, le den, sobre los mil ducados que S. M. habla 
hecho la merced de mandarle librar , otros dos mil 
mas si entrare en religión, y sí se casare , otros tres 
mil mas. 

Entre otras mandas notables debemos señalar 
la décima sesta, en que dispone qne se haga una rea- 
ta perpetua de tres mil ducados para don Martín de 
Córdoba, hermano del conde de Alcáudete , en pre- 
mio de la brillante defensa de Mazalquivir que hizo 
en 4563, cpor la voluntad que siempre he tenido de 
hacer bien y merced á los que aventajadamente sir- 
ven.» — Y la vigésima, en que ordena que con las ren- 
tas que vacaren de las establecidas para pagar sus 
criados se funde un colegio de frailes franciscanos ob^ 
servantes, dotado de los correspondientes catedráti- 
cos , que han de hacer información de ser cristianos 
viejos libres de toda raza de judío, señalando á cada 
fraile para su alimento dos libras de pan diarias, ana 
libra de carnero para comer y medía gallina para ce- 
nar, no debiendo estar en él los colegiales mas de 
diez años. — Declara en la cláusula vigésima octava 
no tener bienes con que cumplir este testamento, 
pero espera que su señor padre le mandará cumplir. 
Nombra testamentarios, al rey ; á don Fernando 



PARTE III. LIBRO U. 307 

Valdés « arzobispo de Sevilla , inquisidor general ; á 
don Honorato Juan, su maestro; al P. Fr. Diego de 
Chaves , su confesor ; á don Cristóbal de Rojas , obis- 
po de Córdoba ; á don Pedro Ponce de León , obispo 
de Plasencía ; á don Pedro Gasea, obispo de Siguen- 
za: á Ruy Gómez de Silva , sumiller de Corps, su 
camarero mayor ; al regente luán de Figueroa , pre- 
sidente de Ordenes ; á Luis Quijada , su caballerizo; 
al secretario Francisco Eraso ; al licenciado Vaca de 
Castro , del Consejo Real ; al licenciado Otalora , que 
fué y quiso dejar de ser del Consejo real de la Inqui- 
sición , de ia cámara y hacienda , y al doctor Hernán 
Saarez de Toledo, alcalde de casa y corte ^^K 

A juzgar por los sentimientos consignados en este 
testamento , el príncipe Carlos aparecería un joven 
esencialmente católico , piadoso y morigerado. Mas 
como tales sentimientos se hallen en contradicción 

(4) Archivo de Simancas, Tes- del beato Fr. Diego de Alcalá , á 
lamentos y codicilos reales, le- cuyo contacto había debido sn 
gajo Dúm 2. — ^El testamento tiene mejoría en 4569, dice estas pala- 
diez hojas de vitela . tamaño de bras : «Porque estando en la dicha 
pliego, la primera en blanco, y las «enfermedad desahuciado de 10*% 
nueve restautes útiles. Todas las » médicos y dejado del Rey mi pa^ 
páginas llevan abajo la firma del »dre,fué traido el cuerpo de dicho 
príncipe, que escribía muy mal, «padre llamado Santo Fr. Die- 
y las letras son, valiéndonos de »go,etc.»Lafrase«i/de;a<íodf¿/{é'2/ 
una comparación vulgar , como mi padret no sabemos qué puede 
garbanzos. Después de firmado significar, cuando afirman todos 
anadió hasta otras feíete disposi- loshistoriadoresaueelreydonFe- 
ciones, éntrelas cuales fué la pri* lipe marchó á Alcalá tan pronto 
mera agregar al número de los como supo el peligro en que se 
testamentarios al obispo de Bada- hallaba la vida de su hijo, 
jozdon Diego Gobarrubias y Leí va. Se equivocan los que dicen que 

Bay también de notable en di- el principe hizo su testamento en 

cbo testamento que al recomendar la prisión poco antes de morir, 
que 90 procurara la canonización 



308 HISTORIA DE ESPAÑA. 

con SU vi(fa anterior y con su posterior conducta, nos 
iaclinamos á creer que sería inspiración y tal vez 
obra de su confesor Fr. Diego de Chaves , y que él 
suscribiría en momentos á propósito para que el con- 
fesor ú otra persona allegada ejerciera el sano influ- 
jo de la piedad religiosa. 

Por lo demás» el comportamiento de Carlos des- 
pués de este tiempo fué mucho mas desatentado , y 
mucho mayores sus desmanes y escesos que lo babian 
sido antes. Si antes habia acometido é intentado gol- 
pear á su ayo don García de Toledo , lo cual obligó á 
Felipe IL á admitirle la renuncia que con tal ipotivo 
y temeroso de nuevos lances hizo don García de su 
cargo, nombrando en su lugar á Ruy Gómez de Silva, 
príncipe de Eboli, no fué después mas respetuoso ni 
comedido con Ruy Gómez , á pesar de su dignidad y 
de sus aüos* Su carácter colérico parecía no recono- 
cer freno. Vuelto á Madrid, como el presidente del 
Consejo de Castilla don Diego de Espinosa hubiese 
desterrado al cómico Gisneros en ocasión que se pre- 
paraba á representar una comedia en el cuarto del 
príncipe, irritóse éste al estremo de ir á buscar al 
presidente con un puñal en la mano, y encontrándo- 
le, después de insultarle, le dijo: «Curilla , ¿á mí os 
» atrevéis vos, no dejando áCisnerosque venga á ser- 
^virme? Por vida de mi padre, que os he de matar.» 
Y tal vez lo hubiera ejecutado , á no haberse inter- 
puesto oportunamente algunos grandes de España. 



PARTE III. UBRO 11. 309 

Poco menos hizo con don Alonso de Córdoba^ gentiU 
Jiombre de su cámara, y hermano del marqués de 
las Navas. Los criados de orden inferior era cosa de 
estar en continuo peligro con su irritabilidad, y esto 
y los desórdenes de otro género á que se entregaba 
bacian dudar mucho de que hubiera quedado sana su 
parte intelectual, y que fuese hábil para regir un dia 
el reino en que estaba llamado á suceder ^^K 

En 456S, instigado por dos aduladores gentiles^' 
bombres de su cámara que le proporcionaban cin- 
cuenta mil escudos y algunos vestidos para disfra- 
zarse , intentó huir á Flandes , so protesto de ir al 
socorro de MaHa , á fin de librarse de la presencia de 
su padre. Para aparentar que iba autorizado por el 
rey , quiso llevar consigo al príncipe de Eboli , y le 
comonicó su proyecto. El de Eboli le disuadió muy 
iogeniosamente de su designio, é informó de ello al 
rey, que desde entonces vigiló mas los pasos, ó como 
se decía entonces , los andamientos de su hijo ^^K Dá* 
bale también muy prudentes consejos su antiguo 
maestro el obispo de Osma , don Honorato Juan (^), 
pero el príncipe segaia obrando como si tales adver- 
tencias no se le hiciesen. 



(i) Vaoder Hammen en su Fe- (1) Cabrera, lib. VI. cap 28. 
lipe el Prudente , y Cabrera ea la (3Í Varias de sus cartas pu^ 

Historia de Felipe 11, los cuales blico el flamenco Kirker en su 

refieren otros rasgos de irascibi- Principis christiani Archehjpotí 

lidad, todavía mas escandaloeos polilicum. 
quo estos. 



310 HISTORIA DE ESPAÑA. 

Insistiendo en sa idea de ir á Flandes , dejóse ar- 
rebatar de su humor colérico cuando supo que so 

padre había nombrado al duque de Alba general eo 

< 

gefe del ejército destinado á losPaises Bajos (1567). 
Al ir el de Alba á besar la mano á S. A. para despe- 
dirse , díjole el príncipe que aquel empleo le corres- 
pondía á él como heredero del trono. Respondióle el 
duque, que sin duda S. M. no quería esponer á su 
hijo y sucesor á los peligros que allá podía correr en 
medio de una sangrienta guerra ciyiK Lejos de aquie- 
tarse don Carlos con esta respuesta , sacó el puñal y 
se abalanzó al duque diciendo: «Antes os atravesaré 
»el corazón que consentir en que hayáis de ir á Flaa- 
>»des«i> El de Alba para libertarse del golpe, tuvo 
que abrazarse estrechamente al frenético príncipe á 
fin de dejarle sin acción , como lo consiguió , á pesar 
de la diferencia de edades , por lo menos hasta dar 
lugar á que al ruido acudieran los gentiles hombres 
de la cámara que los desasieron. De este funesto caso 
se dio conocimiento al rey, que cada día se conveocia 
mas del carácter desatentado de su hijo , y cada dia 
era con esto mayor el desacuerdo, y casi pudiera 
ya llamarse antipatía recíproca entre el hija y el 
padre ^*K 

Viendo por otra parte don Carlos lo mucho que se 
diferia su proyectado matrimonio con la princesa Ana 

(1) Cabrera, lib. Vil. cap. 1 3. 



PAETB 111. UB&O 11. 311 

SU prima 9 atribayéndolo á mala íntencioo del rey y á 
malquerer del presidente Espinosa » concibió también 
ei designio de ir á Alemania sin licencia ni conoci- 
miento de su padre. Pero poco cauto y previsor en la 
preparación de los medios para ejecutar su plan , co- 
mo joven arrebatado y de no cabal seso , no discurrió 
que escribiendo á todos las grandes y títulos para que 
le ayudaran en una empresa que meditaba , y envian^ 
do^á su gentilhombre Garci Alvarez Osorió primera- 
mente á Castilla y después á Andalucía á recoger to- 
do el dinero que pudiese , daba á su proyecto una 
publicidad que le había de comprometer* como acon- 
teció. Los unos le contestaban que le ayudarían^ 
«siempre que no fuese contra el rey su padre;» prue- 
ba clara de que, aun no revelaudo el objeto de la 
empresa , por eso mismo se hacia ya sospechosa » y 
mas siendo ya sabidas las malas inteligencias entre el 
padre y el hijo; y otros, como el almirante de Casti- 
lla, denunciaron las cartas al rey para que averigua- 
ra lo que sobre el negocio hubiese. Tuvo también el 
principe la candidez de creer que su tio don Juan de, 
Austria le habia de favorecer en su propósito, y le 
declaró su intento haciéndole bollantes ofertas si le 
ayudaba á realizarle. Pero el de Austria, mas pru- 
dente y de mas claro y sano entendimiento, aunque 
no de mas edad que su sobrino , después de haber 
procurado hacerle reconocer con suaves y discretas 
razones lo grave y peligroso de su empresa, viéndole 



312 



HISKmiA DB ESPAÑA» 



obstinado y pertinaz , y previendo todos los males 
qae de ello se podrian seguir , dio también cuenta al 
rey de lo que pasaba. 

Felipe 11. 9 que tal vez sabia ya mas de los proyec- 
tos de su hijo que lo que le comunicaban aquellos 
personages, consultó con varios teólogos y juristas, en- 
tre ellos el maestro Gallo, el confesor Fr. Diego de Cha- 
ves, y el célebre jurisconsulto Martin de Azpilcueta, 
mas conocido por el doctor Navarro, si podría en con- 
ciencia seguir disimulando y aparentando ignorancia 
con su hijo hasta que tuviera efecto el proyectado 
viage. Respondió negativamente el doctor Navarro, 
demostrando la inconveniencia y los peligros de tal 
conducta con sólidas razones 'y con ejemplos históri- 
cos. En esto llegó el guardajoyas del príncipe Garcí 
Alvarez Osorio con 460.000 escudos que habia reco- 
gido en Andalucía. El arrebatado príncipe creyó con 
esto tener ya todo lo necesario para su viage, y en 17 
de enero (1 568) escribió al correo mayor ó director 
general de postas Raimundo de Tassis que le tuviese 
preparados caballos para la noche p/óxima. Recelan- 
do Tassis que los quisiera para algo contrario al servi- 
cio del rey, como quien conocia el carácter de Carlos, 
le contestó que se hallaban todos á la sazón sirviendo 
en las carreras. Pero instado y apurado de nue- 
vo, sacó secretamente de Madrid todos los caballos 
de posta, y se apresuró á dar parte de todo á 
S. M. , que espoleado con esta noticia vino también 



PARTB 111. UBaO lU 3 i 3 

precípitadameole á Madrid, del Pardo donde se 
hallaba (*). 

El domingo 1 8 de enero S. M. salió á misa en pú- 
blico con sa hijo Carlos y con los príncipes de Hun- 
gría y de Bohemia, Rodolfo y Ernesto, que se hallaban 
en Madrid. Pasó después don Juan de Austria á visitar 
á Carlos, y como éste le notase triste, cerró la puerta 
de su aposento, y le preguntó qué era lo que habia 
hablado con su padre. Respondióle don Juap que ha- 
bían tratado de las galeras que entonces se apareja- 
ban. No satisfecho el príncipe le apuró á que diese 
mas esplicaciones, y como no las pudiese conseguir 
echó mano á la espada: empuñó también don Juan la 
soya, y con íirme resolución le dijo: ^Téngase F. A.» 
Oyéronlo los de la antecámara, abrieron la puerta, 
y gracias á esto terminó la escena sin sangre, retirán- 
dose don Juan de Austria. El príncipe se sintió algo in- 
dispuesto aquel dia y se acostó temprano ^^^ • 



(1) Todo esto lo refieren ea 4.° de diciembre de 4567. 

casi iguales términos los dos mas (2) Rúiacion de un ugier de la 

antiguos historiadores españo- cámara del principe, en la cual 

las de las cosas de este reina- dice que aquella noche estaba él 

do, Luis de Cabrera en la His- de guardia , y cenó en palacio, 

toria de Felipe U., lib. Yll.^ cap. Llórente la insertó en el art. 3.^ 

^9 y Lorenzo Vander Hammen del capitulo de su Historia antes 

en la de don Joan de Austda, lib. I. citada. 

Vander Hammen ioserta copia de Según la relación de este ugier, 

aoa carta del principe á Alvaroz el principe la noche antes habia 

Osorio cuando le despachó á bus- ido á San Gerónimo ¿ confesarse 

car dinero á Andalucía, refrenda- para ganar el jubileo , como eru 

da ñor Martin de Gaztelu , y otra piadosa costombre de la familia 

^^ la circular que le envió para real: (]ue habiendo dicho en la 

doce personages á quienes habia confesión que tenia intención de 

de pedir prestado; ambas son de matar un hombre, el confesor no 



31 4 HISTOEU DE ESPaSa. 

Un poco antes de la media aoche, el rey» acoiopa- 
I nado del duque de Feria, de Ruy Gómez de Silva, 
príncipe de Eboli, del prior de San Jaan don Adíodío 
de Toledo y Luis Quijada, entró en la cámara del 
príncipe, cuya puerta habia prevenido al conde de Ler- 
ma y á don Rodrigo de Mendoza tuviesen abierta, lle- 
vando ademas algunos camareros con martillosi y cla- 
vos. El príncipe estaba dormido, y cuando despertó 
ya le babian cogido la espada y una pistola que de- 
bajo de la almohada tenia. Púsose azoradamente en 
pié, y exclamó: «¿Qué quiere V. M.? ¿Qué hora es es- 
ta? ¿Quiéreme Y. M. matar ó prender? — ^Ni lo uno ni 
lo otro, príncipe^ respondió el rey, sino lo que agora 
veréis.» Y á una señal suya se dio principio á clavar 
las puertas y ventanas. Y le intimó que no saliera de 
aquella pieza hasta que él otra cosa ordenase; y enco- 
mendó su custodia al duque de Lerma, áLuisQui* 
jada y á don Rodrigo de Mendoza, previniéndoles que 
no hacieran cosa que el príncipe les mandara sin co- 



lé quiso absolver ; qae fué á otro te al príncipe, y mañosamente y 
y le sucedió lo mismo; que envió so protesto do que convenía dije- 
ai buscar algunos frailes de Ato- ra de qué calidad era aquel bom- 
cba y al agustiniano Alvarado, y bre para ver si habia medio de 
aun á otros, y con todos disputo poderle dispensar , consiguió que 
por la absolución, no obstante que declarara que el hombre á qoieo 
msistia en que habia de matar á quería matar era el rey su padre, 
un hombre. Viendo que ninguno Él pripr procuró entretenerle coa 
le absolvía, se limitó á pedir que algunos protestos , y sin dar la 
al menos para disimular fingieran a£olucíon al principe, lo paso 
darle la comunión con una bestia todo en conocimiento del rey.—- 
no consagrada. Alborotáronse to* Esta especie no la hemos visto en 
dos y so escandalizaron al oír esto; ninguna otra parte, 
pero el prior de Atocha llamó apar- 



PAHTB III. LIBAD II. 31.5 

nocímiento sayo, so pena de ser tenidos por traidores. 
Entonces comenzó el príncipe á gritar: aMáteme V.M« 
y no me prenda » ó me mataré yo mismo.— So- 
segaos, príncipe, le contestó el rey con su ordinaria 
impasibilidad, y volveos á la cama, que lo que se ha* 
ce es por vuestro bien y remedio.)» Y mandó al duque 
que tomara todas las llaves, hizo sacar la lumbre que 
habia, ordenó que se reconociera cierto escritorio y 
se llevó los papeles que en él se hallaron. Salióse con 
esto el rey, encargando velaran al preso aquella no- 
che el de Feria, el de Lerma y Mendoza, bajo jura- 
mento como caballeros de tenerle en buena guarda^ 
y colocando ademas en las piezas contiguas cuatro 
monteros y cuatro alabarderos. En adelante se repar- 
tió el servicio de la guardia inmediata del príncipe 
entre el duque de Feria, el de Lerma, Ruy Gomez^ el 
prior don Antonio de Toledo, Luis Quijada y don Juan 
de Velasco, velándole dos alternativamente de seis en 
seis horas. La comida se le servia trinchada, para que 
en su cámara no entrase cuchillo, ni otro instrumento 
cortante: tomábanse para entrar cada plato las mas 
minuciosas precauciones: nada se habia de hablar alli 
en secreto, ni con personas de fuera: la puerta habia 
de estar siempre medio entornada, y uno de los caba« 
lleros habia de dormir dentro de la cámara: no se 
permitid entrar recado alguno sin anuencia del rey; 
todo bajo especial juramento tomado por el secreta- 
rio Pedro del Hoyo: el encargado especial del cumplí- 



316 UISTORIA DE BSPAJtA. 

miento de estas y otras disposiciones era Ruy Gómez 
de Silva í^) . 

Al día siguiente (1 9 de enero) congregó el rey 



(4) Tenemos á la vista dos re- 
lacioDes de la prisión , una la ya 
citada del ugier de cámara, y otra 
de un italiano familiar de Ruy 
Gómez, copiada por nosotros del 
Archivo de Simancas^ Estado, leg. 
20^8, fol. i95 vto. Ambas se ha- 
llan bastante contestes en las cir- 
cunstancias del suceso, si bien la 
manuscrita añado que el principe 
en su desesperación Intentó arro- 
jarse al fuego como un loco, y que 
lué detenido por el prior de San 
Juan, lo cual motivó sin duda que 
el rey mandara sacar la lumbre 
de su aposento. 

He aquí la relación del fami^ar 
ílaliano, que creemos deber dar á 
conocer por lo interesante y por 
ser inédita, sin variar su orto- 
grafía. 

«Domenica que fu alli XVflI po- 
»co inanzi á mezza notte baccendó 
»S. M. per quanto si crede fatto 
» comandar alli doi Camarieri del 
«Principe Conté di Lerma et Don 
«Rodrigo de Mendoza che tenesse- 
»ro aperta la porta delle stanze di 
»S. A. finche ravisasse scese da^ 
»lle sue stanze á quelle del Prínci- 
»pe senza lume, senza spada, et 
i»senza guardia accompagnato pe- 
»ro da quatro del Consejo di Stato, 
»ció e duca di Feria, Ruy Gómez, 
9Í1 prior Don Antonio di Toledo, 
»Luis Quijada, non piu, etdoi aiu- 
vtanti di cámara quali portauano 
»roartelli, et chiodiper inchiodar 
» le fenestre, et aperta la porta del 
uretroto con la cniave oraioaria di 
vRuy Gómez trouate Taltro porte 
» aparte, entrorno senza essere 
»sentíti dal Príncipe nella propia 
»stanza doue staua colcato raglo- 
)) cando con gli dÁti camareri, et 



>con le spalle volte alia porta 
•non prima s'aviude che lusse 
>il Re ohe gia S. M. Thauea preso 
» la spada et con'signatala aa uno 
»de gli aiutanti, símilmente tollogli 
»un archibugietto che teneua ¿ 
»capo del letto. II Príncipe turba- 
»to di vcdersi á quella hora íl Re 
» interno, si rizzo m piedisull letto 
»dicendo; qué quiere Y. M. ¿qué 
wbora es esta? ¿quiéreme Y. H. 
amatar ó prender? Ni lo uno ni lo 
» otro, príncipe, replicó il Re col 
»maggior riposo del mondo, etco-- 
» mandó cho le fenestre %sinchío- 
i'dassero; quando il príncipe uidde 
yquesto lanciatosi dal letto corsé 
»al fuogo, dicono per setaruisi 
«dentro^ ma fu ritenuto dal prior 
vDon Antonio. Poi corso al cande* 
»Iieroper farsi male, similmeate 
»fu ritenuto, onde uoltatosi al pe- 
ndre segli gitto ingenocchion sup- 
«plicándole che lo mattase, sino 
»que se mataría él mismo, replicó 
»il Re con la sua^ordinaria flemma, 
asosegaos príncipe, entrad en la 
«cama, porque lo que se hace es 
»por vuestro bien y remedio; et in 
»tanto, fatte pigliar tutte le scrit- 
i»ture, si volto agli sudetti quattro 
»et raccordandogli con breue pa- 
iróle Tobligo che come cauaheri 
»et per il giuramento che tcDeua- 
>no d'ubedir fidelmente al su Re 
Dgli conscgno il príncipe per pres- 
óse et che tenessoro buona cusió- 
>dia esseguendo in ció Tordíne 
2»dato^li, et che di mano in mano 
»se iría dandogIi,etprincipalmeD- 
»te ríDcargo alDuca di Feria como 
ȇ capitano della sua guardia, et 
»seoe tomo alie sue stanze quie- 
» lamente como se il fatto non fus- 
»se statoil suo. 11 di segueote 



PARTB III. LIBRO II. 317 

en su cámara todos los consejos coa sus presidentes, 

y les dio cuenta de la gravísima medida que acababa 

« 

>S. M. fe chiaroar tutti le conse- »same de no haberos podido mos- 
"gii et á ciaschedano separata- virar por obra la voluntad que os 
> mente con poohe parole disse: »tenia y tendré; plega á Dios que 
>che urgentissime cause Thaueano' » me halle en disposición para mos- 
>forzato á far Tessecutione che virárosla como lo haré; etconla- 
«haueano inteso contra suo fíglio- »grime infinite strinceodolo non 
>lo, et per quieto di suoi Regni, le » potevnodistaccarglieloquelpoue- 
*qaal¡a suotempole iria decía- »ro caualliero spasimava; dicono 
*raDdo, dicono che nell esprimere »questi ch'e un gentilissimo gioua- 
vqaeste parole s'inteneri tanto che »ne filio del Duca dclflnfantazgo 
*1e lagrime Vuscirno, pero non in- >che non erano piu di quattro me- 
vterrumpe el filo del parlare sog- »sí che S. M. glielo hauea dato per 
>giun pendo á segnorii che ne des- »uno della cámara, ualoroso, gar- 
>sero auuiso alte prouintie. Agli nbato, étdi molió intelletto. 
»Ambasadori et al Nuntio ha fatio »Due cose noiabili ho pondérate 
*darne contó chi dal presidente » inquesio accidente, Tuna Thauer 
>cbi da Ruy Gómez. Mi scordauo di * uisto con quanto poco rumor añ- 
adiré che gU leuorno il fuogo et glí »zi nessuno si sia fatta una esse- 
>)umi per quella prima notie glí »cutione tanto grande, cho gli pro- 
«sudetli quattro con gli doi cama- » metió che non s'e uisia una mi- 
•reri l'ban guárdate sin ahieri »nima alieratione non solo nelle 
'Paltra sera ene furonoli XXV: poi »minisiri et nel palazzo ma nel 
>S. M. si ha dato la total custodia » propio Re, che non ha iralasciaio 
>et deputaiogU sei cauallieri che »mai un puntino del suo ordinario; 
"doi d*essi lo guardino, et semino. »cosi nel negotiaro come nel mag- 
>Lo rÍDchiudono in una stanza úí- »nare di parlar con quelle grandi 
*iima delle molic cheteneuá che »che por ordinario si trouanoal 
>8i chiama la stanza della torre, »suo mignare come se non fusse 
•perche e d*una torre del palazzo; «seguito nulla. 
'CODchndere tuite le fenesire, so- > L'aliro, che esseodo pur quesio 
'lamente lasciano fenesirioi alií vpoucro principe gioiíane et senza 
>per la luce senza camino nealiro >viiii, amator aella giustitia á suo 
«ristoro da pa3se^gidre« Nelle sue »modo, pero et in oppenione di 
» stanze principah u Re ha coman- » libérale che non ne sa male á per- 
«dato á Ruy Gómez che iui si pas- »sona, et quesio per la poca oppe- 
»8i per che lo possa piu sicura et ynion del suo intelletto et anco per 
«commodamente guardare '.r han no »il saggio che daua della sua ire- 
«disfotta la casa cassando tutti gli sgolata terribiliiá, et per contro il 
»seryitori, et . dicono che quando »ne e tanto amato per la sua man- 
>Boy Gómez ando ¿signifícarglie- vsuetudine et infinita boniá et 
»lo d'ordine de S. M. non replicé «prudenza sua che non e chi se ne 
»aUro salvo: y Don Rodrigo de >curi se non per la compassione 
•Mendoza, mi amigo, ¿también me »che si ha all istesso Re di uederlo 
>lo quita S. M.? Si señor, rispóse »in quesio siato che gli sia couue- 
i>Bnj Gómez; airhora faiioselo »nuio di por mano nel propio et 
9 chiamar et gitiaioglí le braccia al v único fígfiuolo.» 
vGoUo^ gli disse: Don Rodrigo, pé- 



/ 



318 BISTOMA DB BSPAflA. 

de tomar, «por convenir asi, decia, al servicio de Dios 
y del reino.» Y al otro dia nombró una comiáoD ó 
tribunal para formar proceso al príncipe , compaesto 
del cardenal Espinosa, inquisidor general y presiden- 
te del Consejo de Castilla; Ruy Gómez de Silva, prín- 
cipe de Ebolí, conde de Mélito, duque de Pastrana y 
de Francavila , consejero de Estado y mayordomo 
mayor del rey, y el licenciado don Diego Bribiesca 
Muñatones , consejero de Castilla, el cual fué encar* 
gado de dirigir la sustanciacion. El rey era presiden- 
te: el secretario Pedro del Hoyo recibia las declara- 
ciones de los testigos. Para que sirviese de pauta á la 
forma del proceso, ordenó el rey que se trajese del 
archivo de Barcelona el que don Juan II. de Aragón 
y de Navarra habia hecho formar á su hijo el prínci- 
pe de Viana , Carlos también y primogénito como el 
de Felipe 11. , y para su mejor inteligencia le hizo tra- 
ducir del lemosin al castellano. 

Conociendo Felipe II. que de esta gravísima me- 
dida necesitaba dar conocimiento á la España y á Eu- 
ropa, que la sabrian con asombro, y de la cual se 
harian tantas versiones y juicios, escribió á todas las 
ciudades, prelados, cabildos , consejos , gobernadores 
y corregidores, al pontífice, al emperador y empera- 
triz de Alemania, á la reina de Portugal, á varios 
otros soberanos de Europa, al duque de Alba, á todos 
en términos generales y parecidos. Las hemos visto 
casi todas, con el deseo, que en verdad nosatisfaceu, 



PABTB III. LIBUO Il« 319 

« 

m 

de ver si en algona de ellas se revelaban las caucas 
verdaderas de la ruidosa prisión. Las mas significa- 
tivas nos han parecido las siguientes, que por ló 
mismo vamos á dar á conocer á nuestros lectores. La 
dirigida á la reina de Portugal en 20 de enero de 
i568'decia(^í: 

«cAuoque de Inuchos dias antes del discurso de 
»vida y modo de proceder del Príncipe mi hijo, y de 
«machos y grandes argumentos y testimonios que pa« 

i 

«ra esto concurren, sobre que há dias respondí á lo 
»que V. A. me escribió lo que habrá visto; y enten- 
«dido la necesidad precisa que habia de poner en su 
«persona remedio, el amor de padre y la considera- 
ron y justificación que para venir á semejante térmi- 
»no debe preceder, me he detenido buscando y usan- 
«do de todos los otros medios y remedios y caminos 
)>que para no llegar á este punto me han parescido 
«necesarios. Las cosas del Príncipe han pasado tan 
«adelante y venido á tal estado, que para cumplir con 
«la obligación que tengo á Dios como Príncipe cris- 
«tiano y á los reynos y estados que ha sido servido 
»de poner á'mi cargo, no he podido escusar de hacer 
«^mudanza de su persona, y recogerle y encerralle. 
«El sentimiento y dolor con que esto habré hecho, 
*V. A. lo podrá juzgar por el que yo sé que tendrá 



(4) Cabrera , qoe conoció esta dirigida ¿ la emperatriz, 
carbí , la creyó equivocadamente 



320 HISTORIA DE ESPAÑA* 

»de tal caso como madre y señora de todos; mas en 
)»fin , yo he querido hacer en esta parte sacriñcio á 
» Dios de mi propia carne y sangre, y preferir sa ser- 
»vicio y el bien y beneficio público á las otras con- 
)»sideraciones humanas: las causas, asi antiguas como 
»las que de nuevo han sobrevenido , que m% han 
D constreñido á tomar esta resolución son tales y de 
i>tal calidad, que ni yo las podria referir ni ¥• A. oír 
»sin renovar el dolor y lástima, demás que á su 
» tiempo las entenderá V. A. Solo me ha parescido 
» agora advertir que el fundamento de esta mí deter- 
Dminacion no depende de culpa, ni inobediencia ni 
)>desacato, ni es enderezada á castigo, que aunque 
»para esto había suficiente materia , pudiera tener su 
» tiempo y su término ; ni tampoco lo he tomado por 
»medio teniendo esperanza que por este camino se 
)> reformarán sus escesos y desórdenes. Tiene este ne- 
Dgocio otro principio y raíz, cuyo remedio no consis- 
3i>te en tiempo ni en medios, y que es de mayor im- 
»portancia y consideración para satisfacer yo á la dicha 
x>obligacíon que tengo á Dios y á los dichos mis rey- 
unos: y porque del progreso que este negocio tuvie- 
»re y de lo que en él hubiere de que dar á V. A. 
Aparte y razón , se le dará continuamente ; en esta 
DÚO tengo mas que decir de suplicar á V. A. como á 
D madre y señora de todos, y á quien tanta parte 
»cabe de todo , nos encomiende á Dios, el cual guar- 
»de á y. A. como yo deseo. De Madrid, á 20 de 



PARTB III. LIBmO II. 



321 



mero, 1568.*— Besa las manos de V. A. su hijo , — 
«El Rey (•>'.» 

La que escribió al papa con la propia fecha de- 
cía asi: 

«May Santo Padre: por la obligación común que 
»Ios Príncipes cristianos tienen, y la mia particular, 
»por ser tan devoto y obediente hijo de Vtra. Sd. y de 
»e$a Santa Sede, de darle razón como á padre de to- 
ados, de mis hechos y acciones, especialmente en 
»las cosas notables y señaladas, me ha parecido ad- 
^•vertir á V. S. de la resolución que he tomado en el 
«recoger y encerrar la persona del Serenísimo Prín- 
»cipe don Carlos, mi primogénito hijo ; y como quiera 
Dque para satisfacción de V. S. , y para que de esto 
x>haga el buen juicio que yo deseo , bastarla ser yo 
i'padre, y á quien tanto va y tanto toca el honor , es- 
i»timacion y bien del dicho príncipe , juntándose con 
3»esto mi natural condición, que como V. S. y todo el 
amando tiene conocido y entendido , es tan agena de 
»hacer agravio, ni proceder en negocios tan arduos 
»8ÍD gran consideración y fundamento ; mas con esto 
«asimismo es bien que V. S, entienda que én la ins- 
»titacion y crianza del dicho Príncipe desde su niñez, 
>>y en el servicio , compañía y consejo, y en la direc- 
»cion de su vida y costumbres se ha tenido el cuidado 
»y atención que para crianza é institución de Prínci* 



(4) ArchWo de Simancas, Estado, leg. 2048. 

Tomo xiii. 21 



322 H19T01U DB ESPAÑA» 

»pe y bijo primogénito y heredero de tantos rey nos y 
restados se debia tener , y qae habiéndose usado de 
» lodos los medios que para reformar y reprimir algu- 
x>nos escesos que procedían de su naturaleza y parti- 
)»cular condición eran convenientes • y héchose de to- 
i>do esperiencia en tanto tiempo hasta la edad presente 
»que tiene » y no haber todo ello bastado , y proce* 
adiendo tan adelante y viniéndose á tal estado , q«e 
»no parescia haber otro ningún remedio para camplir 
)»con la obligación que. al servicio de Dios y beneficio 
» público de mis rey nos y estados tenia « con el dolor 
» y sentimiento que V. S. puede juzgar, siendo mí 
»hijo primogénito y solo: me he determinado , no lo 
>> podiendo en ninguna manera escusar , hacer de su 
)» persona esta mudanza , y tomar tal resolución sobre 
>tal fundamento , y tan grandes y justas causas , qae 
»asi acerca de V. S., á quien yo deseo y pretendo ea 
»todo satisfacer, como en cualquier otra parte del 
» mundo tengo por cierto será tenida mí delerminacíoa 
»por tan justa y necesaria , y tan enderezada á serví- 
•cío de Dios y beneficio público » cuanto ella v^rda* 
)ideramente lo es; y porque del progreso que este 
D negocio tuviere , y de lo que en él hubiere de que 
»dar parte á V*. S. se le dará cuando será necesario, 
»en esta no tengo masque decir de suplicar muy bu- 
3»mildemente á V. S. que, ^ pues todo lo que á m( toca 
»debe tener por tan propio como de su verdadero b¡- 
»jo, con su santo celo lo encomiende á Dios Nuestro 



PARTE III. LIBRO lU 3^3 

»SeQor, para que él^ enderesoe y ayade ¿ que en todo 
«hagamos y cumplaaios con su sania noluntad ; el 
Bcaal guarde la ipuy santa persona de V. S. « y sus 
»dias acreciente al bueno y próspero regimiento de su 
»DQÍ7ersal Iglesia. De Madrid, á 20 de enero, 1568. 
>— De y. S. muy humilde y devoto hijo don Pheli* 
»pe , por la gracia de Dios Rey de España , de las 
»Dos SiotHas, deHierusalem, que sus muy santos pies 
»y manos besa.— El Rey <*í .» 

Al emperador le decia, después de un largo 
preámbulo: «De lo que está dicho entenderá V. A. 
»clara y abiertamente el fundamento que se ha teni- 
^do y el fin á que se endereza la determinación que 
nhe tomado , y que ni depende de culpa contra mi 
jícometida , ni de que la haya en el principe en lo de 

j^lafée... ni tampoco se tomó por medio para su 

i^refor moción, pues siendo las causas tan naturales y 
Atan confirmadas , desto no se tenía esperanza ; se- 
sgan lo cual , lo que se ha hecho no es temporal , ni 
>para que en ello adelante haya de haber mudanza 
»alguna.i> 

Y al duque de Alba: <cSolo ha parecido advertir- 
los , que porque fácilmente los dañados en lo de la 
^religiony por dar autoridad á su opinión y esforzar 
)>3u parte, quisiesen atribuir lo que se ha hecho en el 
»Prf ncipe á sospecha semejante , desto habéis dé pro- 

(4) Archivo de Simancas, Estado, Icg. 2018, 



324 



mSTOUA DB ESPAÑA. 



»curar desengañar á todos y el mismo fia babeis 

»de llevar don los que atribuyeran esta d^mostracioQ 
T»á trato ó rebellion, la cual ni especie alguna delk 
T^no ha intervenido , ni conviene por muchos respectos 
)»que tal estimación se tenga ; y con esto no pareoe 
)»que de presente en esta materia hay mas que ad- 
•vertiros *• í*^ .» 

Como el lector advertirá, en estas cartas cuidó el 
rey de dejar envueltas en cierto misterio las causas 
^ de la reclusión del príncipe, deduciéndose solo que 
eran muy graves los motivos que había tenido para 
proceder con aquella severidad con su hijo único, en 
medio del dolor y la amargura que como padre sen-* 
t(á e!n verse forzado á ello; y que la determinación 
no tuvo el carácter ni de temporal ni de correccio- 
nal. Se entreve, pues, bajo el velo de tan emboza- 
das y misteriosas palabras, que en la prisión del prín- 
cipe iba ya virtualmente decretada su muerte. Las de- 
mas cartas no declaran mas este trágico enigma ^^K 

De aqui tantas dudas y tan varios y diversos jui- 
cios como se han hecho acerca de las verdaderas can- 
sas de la prisión y proceso del principe Carlos. De- 



(4 ) Archivo de Simancas, Esta- 
do, leg. 150. 

( 2) Tenemos otras muchas, es* 
critas al papa, al emperador, á la 
emperatriz, al embajador en Ro- 
ma don Juan de Zúoiga, al de Al- 
ba, á Mos de Ghantoney Luis Ve- 
negas, y á varios otros persona- 
ges, con las contestaciones de es- 



tos. Las gue menos dicen son Iss 
que dirigió á las ciudades, prela- 
dos, grandes y tribunales. De es- 
tas se podría formar una coleccioD. 
Muy pocas son las que se ban im« 
preso, ya en la Colección de doca- 
mentos, ya en Cabrera, Colmena- 
res y algunas otras historias. 



PAaTB tu. LiBao II. 32B 

mostrado ya que no existieron las criminales relacio- 
Des que algunos escritores han querido suponer entre 
el príncipe y la esposa de su padre, es evidente que 
no motivó la medida ni el crimen de infidelidad por 
parte del uno, ni la pasión de los celos por parte del 
otro. Confírmanos en este juicio que entre los muchos 
personages que intercedían con el rey don Felipe y le 
saplicaban que templara su rigor para con su hijo, que 
fueron el papa Pió V.» los emperadores de Alemania, 
losfeyes de Portugal, y muchos prelados españoles, 
se cuenta también á la reina doña Isabel y á la prin- 
cesa doña Juana , que pidieron licencia para visitarle 
en su encierro y no les fué concedida. ¿Se hubiera 
atrevido la reina á pretender visitar personalmente at 
preso, si hubiera recaído la menor sospecha sobre 
su virtud y fidelidad, cuanto mas si hubiera media- 
do lo que tan gratuita y ligeramente algunos le han 
atribuido? 

Que el príncipe con su desarreglada conducta, 
con sus desórdeiies y atentados, con sus escesos y 
desmanes, con su genio soberbio é incorregible se ha- 
bía hecho digno de castigo, es también para nosotros 
indudable. Mas si esto pudo atraerle, primero el des • 
vio, después el enojo, y por último la antipatía de su 
padre, no parece ser esta la causa Inmediata de su 
reclusión, «Esta mi determinación, decia el rey, no 
depende de culpa, ni inobediencia, ni desacato, ni es 
enderezada á castiga, que aunque para esto había su- 



326 HISTOBIA DB BS^ASa. 

ficienle materia» pudiera tener so Uempo y sa térmi*» 
DO.» Parece, pues, haber obrado Felipe menos coibo 
padre ofendido , que como rey agraviado. 

iSeria que quisiera ir á Alonania sin permiso de 
su soberano á realizar su casamiento con ia princesa 
Ana su prima? Si este solo hubiera sido el objeto del 
príncipe^ el rey que antes mqstró deseo de alejarle de 
su lado y de la corte , parece que hubiera debido fo- 
mentar aquel designio, ó bien dejarle el camino fran- 
co, en vez de contrariarle. El casamiento era digiib, y 
ann ventajoso, el emperador le solicitaba, y no se ve 
razón para que Felipe pudiera repugnarle como enla- 
ce político, ni fundó nunca la suspensión sino en el 
estado físico é intelectual del príncipe. Si hubieran 
mediado intimidades entre el príncipe y la* reina, en 
el interés de Felipe hubiera estado aprovechar la oca- 
sion de enviarle lejos, y acelerar aquel matrimonio en 
vez de entorpecerle. 

¿Seria que don Garlos atentara contra los días de 
su padre, ó por odio personal , ó por ambición de re<- 
coger anticipadamente la herencia de sos reinos? Sin 
duda en el pueblo corrieron estos rumores: el ugier 
de la cámara del príncipe que refirió la anécdota dé 
BU confesión con los frailes de San Gerónimo y de 
Atocha le atribuyó también este perverso designio: 
aplicábase igualmente á Carlos aquel célebre verso de 
las Metamorfosis de Ovidio: 

flLIVs ante DIeM patrios tnqVIrll In annos: 



PA&TB III. LIBRO !!• 327 

• 

que dicen pablioó Opmer, y en qae sumando las can- 
tidades que representan las letras mayúsculas, ó sea 
los números romanos del verso, resultaba qiie Carlos 
atentaría á la vida de su padre el año i 568« Sin re- 
currir á enigmas de oráculos, y sin mas qué tener en 
cuenta las aviesas inclinaciones del príncipe y sus cos- 
tumbres, y aun el estado no muy sano de su cerebro, 
DOS bastaría para no asegurar que fuese incapaz de 
'concebir Can criminal proyecto y de perpetrarle. Pero 
el rey en lascartas á algunos príncipes indica no haber 
fundado su resolución en que el hijo atentara contra el 
autor de sus dias. Y el historiador Luis de Cabrera, 
que asegura «escribir laque vio y entendió entonces y 
después, por la entrada que desde niño tuvo en la cá- 
mara de estos príncipes,» salva á Carlos* dé seme- 
jante crimen ^*K Y este es para nosotros todavía uno 
de los puntos problemáticos de esta triste historia. 

De todos modos ó no fué éste, ó por lo menos no 
fué ni el solo ni el mas grave motivo de la determina- 
ción del rey. Por mas que se esforzara por persuadir 
de que no habia haUdo en su hijo delito ni de fé ni de 
trato ó rebelión^ todas sus espresiones revelan, á pesar 
suyo, que hubo una causa á la vez religiosa y política. 
«Tiene este negocio, decia, otro principio y raiz, y que 
»es de mayor importancia y consideración para satisfa» 



(4) Ciobrera, lib. VU. c. ^%. — VU, y ambos contradicen en esto 
De la misma opinión es Estrada, punto al presidente De Thou. 
Guerra de Flaodes , dec. I , lib. 



328 HISTOAIA D£ ESPAÑA. 

)»cer yo á la (}icha obligacioo que tengo á Dios y á ios 
» dichos mis reíaos.» ¿Cuál pudo ser esto? Aoordéoio- 
nos del afaa del príncipe de marchar á Flaodes sin la 
venia ni conocimiento del rey; y el proyecto posterior 
del viage á Alemania era acaso inspirado menos por la 
impaciencia del casamiento que por la esperanza de 
poder pasar de alli á los Paises Bajos. Tengamos pre- 
sente que. poco antes había el rey hecbo prender al 
barón deMontigny» comisionado deFlandes, parasa^' 
criñcarle después, como al marqués de Berghes, á 
sus iras contra los rebeldes flamencos. Que la prince- 
sa. Margarita, gobernadora de Flandes, se quejaba 
muchas veces de que sus cartas confideBCÍales al rey 
solían volver de España á F landos á manos de los mis- 
mos nobles contra quienes se habían escrito, cayo 
juego se atribuía á los tratos del príncipe Carlos con 
los flamencos de la corte. Que un historiador copia 
una carta del príncipe hallada al conde de Egmoat, 
preso en Bruselas, en que manifestaba sus siinpalías 
á los flamencos perseguidos por su padre, le hablaba 
de planes que bullían en su cabeza en favor «de sus 
pueblos de Flandes,» y le exhortaba á no fiarse de las 
palabras del duque de Alba. Natural era que los no- 
bles flamencos que habían venido á la corte de Espa- 
ña explotaran en su favor los odios entre el soberano 
y su hijo, la enemiga xle éste al duque de* Alba que 
Jos estaba tiranizando, su genio bullicioso é inquieto, 
su conducta en materia de prácticas religiosas tañen 



J 



PARTB nU UEHO lU 329 

afiaidad coa la libertad de coocieacia que proclama^ 
bao los conjurados de Flandes, y tan eu contraposi-. 
don con la intolerancia del rey, y no estrañariamos 
qoe le halagaran con hacerle anticipadamente señor 
de los estados flamencos; y que el príncipe , ligero y 
arrebatado, no dotado ni de grande espíritu religioso 
ni de gran capacidad intelectual, nada afecto á su 
padre y enemigo del duque de Alba, se declarara fáu* 
tor de los hereges flamencos sin considerar los incon- 
venientes ni pesar los peligros. Este era el delito que 
Felipe !!• ño podia perdonar. Recordemos que en el 
célebre auto de fé de Valltidolid declaró que si supie- 
ra que su hijo estaba contaminado deheregía, él mis- 
mo Uevaria la leña para la hoguera en que fuera que- 
mado. Tal vez creyó Felipe II. que hacía en esto el 
acto mas. sublime y mas meritorio á los ojos de Dios; 
tal vez le ocurrió que iba á tener la gloria de repetir 
el ejemplo de Abrahan. «Yo be querido, decia, hacer 
en esta parte sacrificio á Dios dé mi propia carne y . 
sangre.» Conjeturamos pues que esta fué la causa prin- 
cipal de la prisión del príncipe Carlos, sin negar que 
contribuyeran al rigoroso proceder de su padre los 
otros desacatos y desórdenes. 

Seguia don Carlos estrechamente recluido y cui- 
dadosamente vigilado, y el mismo monarca se conde- 
nó á sí mismo en este tiempo á no moverse de Madrid 
y á no hacer sus acostumbradas espedicionés á Aran- 
juez^ al Escorial y al Pardo. Las actuaciones del pro- 



. 330 HISTOEU DB BSPAAa^ 

ceso oontinuabaQ también, y por lo que resultaba de 
autos no podía menos el principe de ser condenado á 
muerte conforme á las leyes generales del reino. Pi- 
sóse pues al rey en el caso» ó de usar del rigor de la 
justicia ó de emplear la clemencia , bien dispensando 
de la pena» como pudiera hacerlo con un reo común, 
cuanto mas con un hijo, bien declarando que los pri- 
mogénitos de los reyes debian ser juzgados por leyes 
mas elevadas que las generales. Compréndese bien 

.^ lá terrible lucha que en el corazón de Felipe II. sos- 

' tendrian los severos deberes de juez con los tiernos 
afectos de padre. Felipe, queriendo acaso dar un su- 
blime y raro ejemplo de entereza y de respeto á la 
ley, parece declaró que aunque el amor paternal le 
dictaba la indulgencia, y á' pesar de la violencia y sa- 
crificio que le costaba ver á su hijo sufrir el rigor de 
la pena á que le condenaban sus culpas, su conciencia 
no. le permitid dejar de cumplir con los estrictos de- 
beres de soberano. Mas ni hemos hallado, ni creemos 

I que llegara á firmar la fatal sentencia, porque se es- 
peraba que el miserable estado de salud en que ha- 
bían puesto al infeliz preso su desesperación y sus 
desarreglos, no tardarían, como asi aconteció, en ahor- 

^ rar el fallo de la justicia y la ejecución del suplicio. 
En efecto, si al principio Carlos suñ-íó con alguna 
resignación su desdichada suerte, no tardó la deses- 
peración en conducirle á estravagancias y desórdenes, 
á que ya propendía ¿u genio caprichoso y violento, y 



PABTB lU. LUmO 11. 334 

que la indignación y la rabia aamentaron en quien ya 
no tenia la parle mental sobradamente sana y firme. 
Dio en beber con esceaoagua helada, con la cual bas- 
ta regaba su lecho, como pura mitigar el ardor de la 
sangre que le devoraba y consumia. Pasaba noches 
enteras paseando desnudo y descalzo por su estancia. 
Empeñóse en no comer en muchos dias, y en no tomar 
otro alimento que agua de nieve; y cuando su padre 
en una visita que le hizo le exhortó á que se alimen- 
tase dio en el qstremo contrario, comiendo con tal ex- 
ceso y destemplanza, que era imposible lo resistiese 
el estómago mas robusto, cuanto mas el suyo, débilt 
estragado y falto ya del natural calor. Contrajo pues 
una fiebre periódica y maligna, de cuya ^responsabi- 
lidad no acertamos como poder librar al rey y á los 
inmediatamente encargados de bu asistencia, bien que 
estos no se separarían, de las estrechísimas ordenan- 
zas que por escrito, y bajo juramento de observarlas 
babian recibido del soberano ^^\ 

Habiendo hecho entender el médico Olivares al 



(4) Gd la desarreglada y loca uoa purga inoportuna y nociva, 

conducta del principe en la pri* Fúndase para ello eu estas es- 

sion y sus funestos efectos , con- presiones de Yandor Elammen y 

vienen los historiadores mas dig* Cabrera: «Purgóle sin buen efecto, 

aos de fé, Cabrera,1ibro \II1. c. 5. dice ol uno , mas no sin orden ni 

— Estrada, Década 1., lib* VIII. — licencia, y pareció luego mortal el 

Salazar de Mendoza, Dignidades mal.» — «Purg^ido sin buen efecto, 

de Castilla, lib. IV., c. 4. dice el otro, porque pareció mor- 

Llorente hace recaer sobre el tal la dolencia...» De estS frase, 

rey y sobro el protomédico Olí- que parece haber tomado ol uno 

vares, encargado de la curación del otro, no creemos pueda sacarse 

del principe, sospechas de haberle con bastante fundamento la grave 

abreviado los^ias propinándole consecuencia que deduce Llórente. 



A» 



333 HATORU DB ESPAÑA. 

príncipe que su mal no tenia remedio humano, y que 
la muerte no podía hacerse esperar ya mucho, exhor- 
tado Garlos por sus guardadores á que se reconciliase 
con Dios y se preparase á morir como buen cristiano, 
se decidió á recibir los Santos Sacramentos de mano 
de su confesor Fr. Diego de Chaves (21 de julio), y á 
pedir perdón al rey ^^K Consultados por Felipe algunos 
de sus consejeros sobre si deberia bendecirle antes de 
morir, y como estos le respondiesen que su presencia 
en aquellos momentos podria alterar al príncipe y 
afectar á los dos sin aprovechar á ninguno, determinó, 
estando aquel ya moribundo (la noche del 23 al 24 de 
julio), darle su bendición paternal sin ser visto de él, 
lo cual hizo estendiendo el brazo por entre los hom- 
bros del príncipe de Eboli y del prior de San Juan, 
retirándose luego lloroso. Uítimamente á las cuatro 
de la mañana del 24 de julio , víspera de Santiago 
Apóstol, patrón de España, acabó su desdichada vida 
el principe don Carlos. El 27 escribía el rey don Fe- 



(4 ) Sobre esto escribía el rey á 
su embajador en Roma don Juan 
de ZÚDÍga, haciéndole adverten- 
cias para el caso en aue el papa 
estrañase, que habiénaole pintado 
al príncipe como f^lto de juicio, se 
)e hubiesen administrado los sa-* 
cramebtos, y le decía*. «Si le pa- 
«reciere (á S. S.) que esto presu- 
•ponía, asi en el entendimiento 
Bcomo In la voluntad, la dispusi- 
»cio& necesaria para llegarse á tan 
salto sacramento, es bien que en- 
V tendáis, para satisfacer á esto, si 
;> pareciere convenir..,, que esta 



»es materia en que hay diferencia 
>de tiempos, de mas y menos im- 
i»pedimentos, y distincioo de gra- 
vaos, pues es asi, que puede bien 
«estar uno en este estado de po- 
2 der recibir los sacramentos, aun- 
»que no hubiese en él el subjetc 
»y disposición para regimiento y 
» gobierno, y cosas desta calidadt 
«que es necesario.» Archivo de 
Simancas, Estado, leg. 906. 

También es cierto que costé 
trabajo reducir al príncipe á que 
los recibiese. 



PABTR III. LIBRO II. 333 

lipe al marqués de Villafranca, «Marqués de Villa- 
» franca, pariente: Sábado que se contaron S4 deste 
»mes de julio antes del dia fué nuestro Señor servido 
»de llevar para s( al serenísimo principe don Cárlos^mi 
)>muy caro y muy amado hijo; habiendo recibido tres \ 
»dias antes los Santos Sacramentos con gran devoción. 
i>Su fin fué tan cristiano y de tan católico príncipe, 
»que roe ha sido de mucho consuelo para el dolor y 
Dsentimiento que de su muerte tengo, pues se debe 
»coQ razón esperar en Dios y en su misericordia le ha 
«llevado para gozar de él perpetuamente, de que he 
«querido advertiros, como es justo, para que por vues- 
Dtra parte se haga en esto la demostración de sen ti - 
«miento- que se acostumbra, y de vos como de tan 
«fiel vasallo y servidor se espera. De Madrid, etc.— 
«Yo el Rey <*).« Y en parecidos términos escribió 
también el 29 á don García de Toledo, y á muchos . 
otros personages y corporaciones. Enterróse al di- 
funto príncipe con toda pompa en el convento de 
monjas de Santo Domingo el Real de Madrid , donde 
estuvo hasta que fué trasladado al panteón del Esco- 



cí) Ofigioal del Archivo del rio, erró tambíeü en la fecha» po- 

ixi^rqaés de Villafranca. Diendo sa muerte eki 80 de julio. 

Con esto quedan desvanecidas El testamento que Cabrera y 

todas las dudas que ocurri^roo á Llórente dicen haber otorgado los 

Gregorio Leti sobre el dia de la días próximos á su muerte , ya 

noerte del príncipe, y sin objeto hemo» demostrado que estaba he- 

ni fuerza todos los comentarios cho desde 4564. Lo mas oue acaso 

que aquella duda le sugirió. — Lon pudo suceder, fué que le ratifí- 

ti , Vita de Filipo II. Parte prima, cara ante el secretario Martin de 

lib. XX. — ^Mariana , en su Suma- óaztelu. 



33 4 HISTORIA DB ESPAÑA. 

rial con los restos mortales de siis ítastres* proge- 
nitores. 

Tal es el relato de las causas y antecedentes de 
la ruidosa prisión^ del proceso y muerte del príncipe 
Carlos, primogénito de Felipe II, que hemos creido 
mas conforme á la verdad^ con arreglo á documentos 
auténticos y á los testimonios y datos que nos han pa* 
recido mas fundados y verosímiles. Por consecuencia, 
dicho se está que mientras no se descubran otros docu« 
montos que nos pudieran hacer reformar nuestro juicio, 
rechazamos, de la misma manera que las anécdotas amo- 
rosas con la reina, las circunstancias trágico*dramáticas 
con que revistieron y exhornaron su muerte escritores 
estrangeros, como los franceses De Thou y Fierre 
Mathieu y los italianos Pedro Justiniani y Gregorio 
Leti. Este último pareció dudar de todo lo que habi» 
leido en los anteriores, y acabó por admitirlo todo. 
Comienzan por asentar que el proceso de don Carlos 
fué fallado por el tribunal de la Inquisición, y conde- 
nado por él á muerte el príncipe, cuando su causa no 
se sometió al Santo Oficio. Acaso la circunstancia de 
ser inquisidor general el cardenal Espinosa, presidente 
del consejo de Castilla, los indiigo á este error^ sobre 
el cual fraguaron á su placer multitud de escenas e¿- 
tre los inquisidores y el padre*del acusado. Que le 
fueron presentados á este varios géneros de muerte 
pintados en un lienzo para que de eotre ellos eligiera 
el que menos le repugnara, ó el que le pareciera pre- 



PABTB III. LIBIO II. 335 

feribie; y como el príncipe no quisiera elegir, los unos 

« 

le hacen morir de veneno, los otros abiertas las ve- 
nas con los pies en el agua , y algunos ahogado con 
un cordón de seda por cuatro esclavos que dicen en- 
traron una mañana en su aposento, de los cuales los 
tres le sujetaban los pies y las manos mientras el otro 
le apretaba la cuerda fatal. De manera que si el príD** 
cipe no eligió el género de muerte que habian de 
darle, por lo menos la eligieron á su gusto ellos, los 
escritores <*^ 

La muerte del príncipe Carlos no fué un mal para 
España, pues atendido su carácter, niogun bien po- 
día esperar la nación , y sí muchas calamidades, si 
hubiera llegado, por lo menos antes de corregirse 
mucho, á suceder á su padre en el trono . Es cierto 
también para nosotros que Felipe tuvo sobrados mo- 
tivos legales , morales y polítfcos para determinar su 
reclusión y arresto , y aun para hacerle procesar, 
acaso mas todavía para hacerle declarar inhábil para 
la gobernación de un reino. Tal vez si Felipe II se 
hubiera limitado á esto, que en nuesto entender era 
lo que procedía, habría puesto el remedio coaveniente 
sin atraerse la nota de cruel con que le calificaron 

* 

H) PreguQtadoelThaaQO^dice corül no hubo sino nn albauíl 

Salazar de Meodoza, por dónde francés llamado Luis, que acaso 

habían Uesado á su noticia estas fnó e( que se dijo arquitecto. Si 

patrañas, dijo habérselas referido es asi, no déla de ser sólido el 

un Luis de Fox, áatnral de París, fundamento de las aseveraciones 

maestro de obras ¿el Escorial. Y del Tbuamv 
Salazar demuestra que en el Es- 



336 HI5T0UÁ DB BSFAUa* 

propios y estraños. Al caba era príncipe , y el noble 
pueblo español siempre ha mostrado interés por sus 
príncipes desgraciados. Al cabo era hijo , y España 
nunca ha llevado á bien que sus monarcas renuncien 
á las leyes sagradas de la humanidad. Cuando el gefe 
de la iglesia» el emperador de Alemania, otros prín- 
cipes estrangeros, la reina y la princesa doña Juana, 
las corporaciones españolas mas respetables , ínterce* 
dian con el rey y le pedían indulgencia para con su 
hijo , convencidas estarían de que no habia necesidad 
de llevar el rigor á tal estremo. Felipe se mostró 
inexorable ; y el misterio mismo en que estudiada- 
damente envolvió los motivos de su severo porte» y 
los suplicios que con autorización suya estaba ejecu- 
tando al propio tiempo el duque de Alba » y el modo 
insidioso con que ¿1 mismo hizo poco después quitar 
la vida al barón de Montigny» y otros actos de seme- 
jante índole, todo cooperó á que se le motejara» no 
solo fuera» sino dentro de España» de deshumanado 
y cruel. 

Y no decimos esto de nuestra propia cuenta sola- 
mente. Indicáronlo ya los mismos historiadores coe- 
táneos que le fueron mas adictos. «cUnos le llamaban 
» prudente » dice Luis de Cabrera » otros severo » joor- 
n que su risa y cuchilló eran confines. El príncipe» mu- 
^chacho desfavorecido, habia pensado y hablado con 
^resentimiento» obrado no: y sin tanta violencia pn- 
»d¡era reducir (como sabía á los estraños) á su hijo 



PARTB III. LIBBO II 337 

linadvertido. » ¿Qué mas pudiera escribir, y qué mas 
podia dar á entender quien habia sido criado de Fe- 
lipe II. y lo era de su hijo Felipe III.? 

Réstanos decir algo de la muerte de la reina Isa- 
bel, que acaeció pocos meses después de la del prín- 
cipe Carlos (3 de octubre, 4568), cuya circunstancia 
dio ocasión á. los forjadores de la novela á seguir 
mancillando hasta en la tumba la limpia fama de 
aquella señora , suponiendo que el dolor de la muerte 
de SQ entenado la habia llevado al sepulcro ; y los 
enemigos del rey no tuvieron reparo en imputarle 
mas ó menos desembozad amenté el crimen horrible 
de envenenamiento. Felizmente una y otra calumnia 
desaparecen á la luz de los documentos auténticos que 
describen la enfermedad y la muerte de esta reina, 
que con razón alaba un historiador de «agradable, 
calólica , modesta, piadosa y caritativa.» Ya en 4K64 
habia estado tan gravemente enferma , que dos veces 
se teaiió que sucumbiera á la intensidad del mal ^^K 
En 1567 quedó tan debilitada del alumbramiento de 
su segunda hija , que tardó mucho en convalecer ; y 
habiéndose hecho nuevamente embarazada , padecía 
cada mes tales desmayos y ahogos , que desde luego 
inspiraron á los médicos desconfianza de poderla sal- 
var. Empeoró visiblemente en setiembre, y el 3 de oc-' 



(4) Carta del secretario Gooza- chivo de Simancas, Estado, lega 
lo Pérez á Juan VazquQz de Molí- jo 444. 
na, i 26 de agosto dfe 4564.— Ar* 

Tomo xiii. 22 



338 UISTOEU DS BSPAÑil. 

tabre, tras el trabajoso aborto de una moa de caalro 
meses y medio» que sia embargo recibió el agua del 
bautismo 9 siguió al cielo á la que prematuramente 
acababa de enviar á la tierra. Ejemplarmente cristia- 
na y edificante fué la muerte de ia reina Isabel , á la 
\ temprana edad de vftípf^ y d^« años, muy sentida y 
llorada de todos , y especialmente del rey , que lleno 
de pena se retiró por unos dias al monasterio de San 
Gerónimo ^^^ . 

Hemos espueslo sumariamente lo que hasta hoy 
han producido nuestras investigaciones acerca del 
ruidoso y tan debatido punto histórico comprendido 
€n este capítulo. Fácil y cómodo nos hubiera sido de* 
leitar á nuestros lectores con las escenas siempre mas 
agradables y entretenidas de la exornación dramática, 
si nuestra misión no nos impusiera el deber, muchas 
veces enojoso , de posponer al atractivo de la fábula y 



(I) Relación de la mu«)rte do abierto en Madrid el 7 de octubre, 

la reina Isabel de Valois, hecha — Archivo de Simancas, Testameo- 

por un testigo do vista. — Archivo tos y codicilos reales, leg. n. 5.— 

de Simancas,. Estado, leg. 2048, Alli se hallan los autos del depó- 

fól. 4^9. — Conviene esta relación sito de su cadáver en el conveúto 

con la que hace Cabrera, lib. VIH, de las Descalzas, el 4 de octubre, 

cap. Vid., y sobre todo con la que Quedaban á Felipe l\. dos hijas 

en 4 669 publicó Juan L'opez del de esta reina; Isabel Clara Eoge- 

Hovo, del cual hay también una nia, nacida en 42 de agosto de 

de la enfermedad, muerte y fuñe- 4566, y Catalina, en 40 de octa- 

rales del principe Carlos, escrita bre de 1567. 

de orden del ayuntamiento de Hasta en lo del aborto de la rei* 

Madrid. na padeció equivocación Leti, pues 

Hemos visto también el testa- habiendo sido niña lo que vino al 
mentó original de la reina Isabel mundo antes de tiempo, el afirou 
de la Paz, otorgado en 20 de ju- haber sido varón •un figliol mas- 
Vio de 1566 en el Bosque de Segó- chio.n 
vía, escrito todo de su mano, y 



t»AttTB III. LIBUO 11. 339 ^ 

al ornato sedactor de la poesía el sencillo arreo, y á 
veces la árida desnudez de la verdad histórica. Dis- 
puestos estamos, como siempre , á modificar nuestro 
juicio , si nuevos descubrimientos viniesen á hacer 

variar la faz de los hechos por nosotros relatados ^*K 

(4) Sebre el proceso del prio- »oigo Mogroveio, qae después fué 

cipe don Garlos^ y sobre ei del »em()leauo en los archivos del im- 

principe de Viana que se pidió á «perio. El cofre misterioso fué 

Barcelona, dice Cabrera: «abierto , y eo vez del proceso de 

«Ambos procesos están en » don Carlos se encontró el de don 

>el archivo oe Simancas, don- «Rodrigo Calderón. Esto prueba 

»de en el ano iS92 , los metió «que no debe creerse ciegamente 

»don Cristóbal de Mora , de «en las tradiciones.» 

>8o cámara , en un cofrecillo Nosotros, que creemos conocer 

«verdeen que se conservan.» — los papeles relativos al príncipe 

Esta noticia la repite Llórente en Carlos que existen en Simancas, 

su Historia de la Inquisición , aña- no hemos podido hallar este docu- 

diendo que alli debe permanecer mentó: bien que no esestraño que 

fel cofrecito) , «si no se ha traído nuestras diligencias hayan sido 

a París (como se divulgó en Es- infructuosas, cuando lo han sido 

pana), por orden del Emperador también las de nuestro amigo el 

Napoleón.» entendido y diligente archivero 

Sc^re una y otra especie diré* don Manuel Garcia González , el 

mes lo que basta ahora hemos po- cual solo ha podido rastrear que 

dido averiguar. ^Mr. Gacbard, tal vez existiese en algún ti empo« 

gefe de los archivos de Bélgica, si acaso le envió el secretario de 

en una Memoria que escribió ha- Felipe II. Gabriel de 7ayas entre 

ce pocos años para dar cuenta al los papeles de don Carlos que el 

{obierno de su pais del desempe- archivero Diego de Ayala le pedia, 

no de so comisión y resultado de Habiéndonos informado después 

su viage literario a España dice una persona muy ilustrada de que 

(pág. ^1): «En cuanto al depósito por orden de Fernando VH. baoia 

>dela c&usa (la del principe Cár- sido enviado ó traído do Siman- 

»los) en los archivos de Simancas, cas el proceso del principe por el 

>hé aqui un hecho cuya autenti- archivero don Tomás González, y 

>cidad puedo garantir. Cuando en que á la muerte de aquel monar- 

>la guerra de la independencia el ca se conservaba entre otros pa- 

«general Kellerman ocupó á Va- peles importantes y reservados 

• iladoUd, los sabios do alli se en un arca ó armario que existía 
«apresuraron á provocarle ¿ que en su real cámara , hemos proco- 
«abriese el cofre que según la tra- rado indagar también lo que so- 
>dicion general recibida, gue to* bre esto pudo haber de cierto. El 

• davia seconserva en España, de- resultado de nuestras averiguacio- 
»bia contener el proceso. El ge- nes es, constaruos de una ma- 
•neral Kellerman envió á Siman- ñera positiva que el archivero 
>cas para esta operación al canó-^ don Tomás González no envió tal 



340 HISTORIA DB ESPAÑA. 

proceso á Fernando Vil. Nos cons» » Joan Raíz de Vetasco, qae tes po- 
ta igualmeote gormas de una per- vdrá advertir donde estarán alga- 
sona autorizada, que no se haUa- »nos papeles, abran j yean los 
ba entre los papeles que queda- vtres toáoslos escritorios que yo 
ron á la muerte del rey en su apo- » tengo y se hallaren, así en el lu- 
sento, los cuales eran de otra épo- >gar donde fuere mi fallecimiento 
ca, y se conservan hoy en elar- «como en la villa de Madrid si 
chivo particular de S. M. la Reina. » fuera della sucediere , y quiero 

Gomo por otra parte se nos hu- »aue todos los papeles abiertos 

biese dicno que el misterioso pro- > ó cerrados quese hallaren defray 

ceso se hallaria quizá en la Bi- «Diego de Chaves, difunto, oue 

blioteca del Escorial, donde afir- «fué mi confesor , como se sabe, 

maban algunos haberse enviado el «escritos del para mi, ó míos para 

nno1806,le hemos buscado allí, »él, se quemen aüi luego en su 

también' íQútilmente, y el actual ^presencia , habiendo reconocido 

bibliotecario tampoco ha sido mas «primero sin leerlos si entre ellos 

afortunado que nosotros. «nabrá algún breve, ú otro papel 

En vista de todo esto hemos He- «de importancia que convenga 
gado á presumir si el famoso pro- «guardar, el cual se apartará en 
ceso (si es que proceso formal «tal caso, j otros papeles de otras 
hubo), seria de los papeles que «cualesquier personas que trata- 
Felipe ¡[.mandó se quemasen, en «ren de cosas y negocios pasados 
lio codicilo hecho en San Lorenzo «que no sean ya menester, etp^ 
á 24 de agosto de 1S97 , ante el »cialmente de aefuncloB^ y cartas 
secretario Hióronimo Gassol, al «cerradas, se quemarán también 
tenor de la cláusula siguiente, «alli en presencia de los mis- 
que es la 14.*: «mos, etc.» — Archivo de Simancas 

«Y porque es justo poner cobro Testamentos Reales, legajo nú- 
ven muchos papeles que yo que- mero £S. 
«ría poder reconocer st mis indis- Celebraríamos que alguno , con 
«posiciones y ocupaciones dieren mas fortuna que nosotros, topase 
» lugar , mando y es mi voluntad ai fín con un documento que aca- 
»que si no lo hubiere hecho en vi- baria de disipar las dudas Qoe 
>aa, fallecido que yo haya, se en- aun pudieran quedaracerca délos 
«tregüen á don Cristóbal de Mo- verdaderos motivos que tuviera 
«ra, conde de Castel-Rodrigo, to- el rey don Felipe para formar' tan 
vdas las llaves que yo tengo, asi ruidosa causa á su hiio. Entre- 
«maestras y dobles como dees- tanto insistiremos en la opinión 
«crilorios, las primeras para que que dejamos manifestada en el 
«las dé al principe mí hijo (al testo. Mr. Gachard espera todavía 



j «..„.« ^. „.«„., ^.„ belgí.. ,, 

^do Idiaquez se junten con fray fait esperer la fammse lettred 

«Diego de Yepes mi confesor, con Saint Pie V.» Tal vez diera al- 

»Ia mayor brevedad que fuere po- guna luz esta carta , si en efecto 

«sible, y que hallándose presente pareciese. 



CAPITILO X- 



GUERRA DE FLANDES. 



RBTIRAIIA UBIí BU^IVB DE A liBA. 



1868.— 1B73. 



Campaña del duque de Alba contra Luis de Nassau.— Le derrota j 
ahuyenta de Frisia.— Excesos del ejército real: castigos.— Guer- 
ra que mueve el principe de Orange por la frontera de Alemania. 
«—Marcha el de Alba con ejército á detenerle. — Provoca el de 
Orange á batalla al de Alba y éste la rehusa.— Franceses en auxilio 
de los orangtslas.— Derrota don Fadrique de Toledo al de Orange 
y los franceses. — Conducta de las ciudades flamencas.— El principe 
de Orange en Francia.— Contratiempos. — ^Retirase á Alemania.-— 
Termina esta primera guerra. — ^El duque de Alba solicita ser rolo- 
Tado del gobierno y salir de Plandes.— Honores que recibe del pa- 
pa.— Rasgo de orgullo que irritó á los flamencos y le indispuso con 
la corte de España.— Envía tropas de socorro al rey de Fran- 
cia contra los hugonotes.— Temores de rompimiento entre Inglater- 
ra y España» y la causa de ellos.— Continúan las vejaciones y los 
suplicios en Flandes. — Célebre proceso y horroroso suplicio del 
barón de Montigny. — Abominable conducta del rey en este nego- 
cie-casamiento de Fjelipe IL con Ana de Austria. — ^Avisos dol 
embajador de Francia al rey.-*Gomienza otra guerra en los Paí- 
ses Bajos. — Sublevaciones en Holanda y Zelanda. — Rebelión en la 
frontera francesa.— Cerco de Mons por don Fadrique de Toledo.— 
Segunda invasión del príncipe de Orange en Flandes con grueso 
cyjárcito»— Sucesos espantosos en Francia.— La matanza dii San Dai-^ 



34¿ HISTORU DB BSPAIÍA. 

tolomé {Les niassacres de la Saint^Barthelemy). -^Lo que influyó ea 
la guerra de Fiaodes.— El de Orauge se retira á Holanda.— Memo- 
rable sitio de Harlem. — Heroica defensa de los 8Ítiados.-^TrabajOs y 
triunfo de los españoles.— >Toma de Harlem.— Insurrección de tropas 
españolas.— Noticia de las tropas que componian el ejército de Fe- 
lipe II. en los Paises Bajos.— El duque de Alba y el de Medinaceli. 
—Ambos renuncian el gobierno de Flandes.— Es nombrado don Luis 
de Requesens.— Sale el duque de Alba de los Paises Bajos, y Tiene 
á España. 



Ejecutados los ¡ftemorables suplicios de los condes 
de Egmoot y de Horo» de que dimos cuenta en el ca- 
pitulo VII. » consideróse el duque de Alba desemba- 
razado para hacer personalmente la guerra , y par- 
tiendo de Bruselas^ se encaminó á la Frisia ansioso de 
vengar la derrota y muerte que al conde de Arem- 
berg habia dado Luis de Nassau » hermano del prin- 
cipe de Orange. EM 5 de julio (4 568) entró en Gro- 
ñinga , y habiendo salido sin apearse del caballo á 
reconocer el campo enemigo » distante tres millas de 
la ciudad , determinó acometerle al dia siguiente» 

Llevaba el de Alba diez mil infantes y tres mil 
caballos » veteranos los mas. Inferior en caballería 
era el ejército del de Nassau; y aunque éste se había 
retirado unas seis millas , y rodeádose de trincheras 
y fosos de agua » arremetió con tal brío la infantería 
española» y anduvo tan cobarde y floja en su defensa 
la gente del de Nassau, que huyendo en desorden 
después de incendiar los cuarteles , ahogáronse mu- 
chos en los fosos y pantanos » acosando á los demás 



PARTE III. UBEO II. SO* 

con sas espadas el conde de Martioengo y César Dá^ 
valos , hermano del marqués de Pescara. Animado el 
general español con este primer triunfó , desde Gro- 
ñinga y donde habia vuelto á darse un pequeño des- 
canso , salió de nuevo en busca del enemigo, que ha- 
lló acaarlelado y fortificado en Geming , en la Frisia 
Oriental , entre el rio Ems y la ensenada de Dullart 
(24 de julio). Las lagunas que cubren aquel pais, y 
que casi se nivelan con los caminos , eran poco em- 
barazo para la decisión de los españoles ; y una in- 
sarreocion de las tropas alemanas del campamento 
enemigo, siempre en reclamación de sus pagas, alen* 
tó á los capitanes del de Alba en términos de dispu- 
tarse los de todas las naciones quién habia de embes- 
tir primero sus baterías. Cupo la honra de ser elegido 
para eata peligrosa empresa al español Lope de Fi- 
gueroa con su tercio de mosqueteros , é hízolo con> 
tal gallardía, que se apoderó de los cañones y abrid 
camino al resto del ejército que acabó de desalojar á 
los rebeldes , dándose estos á huir , én especial los 
mal disciplinados alemanes , por los lagos y las már- 
genes del rio , con tan ciega precipitación y tan de 
tropel , que los que no eran alcanzados del acero , se 
lanzaban á las fangosas aguas , y se hundian con el 
peso de las armaduras, siendo tal el núoiero de som- 
breros alemanes (bien conocidos por su forma) que 
andaban sobrenadando y llevaba la marea , que por 
•UoB entendieron los mercaderes que navegaban el 



344 msTOAU de bspaíía. 

seno de Dullart el gran destrozo qae ac^uelios babíaa 
sufrido en los cercanos campos. 

Seis horas duró la mortandad, y calcúlase ea se» 
mil los cadáveres, que se repartieron casi á medias ea- 
tre las olas y los aceros. Veinte banderas, diez piezas 
mayores, y los seis cañones que antes habiap cogido 
ellos al de Aremberg, fueron los principales despojos 
de este triunfo. Creyóse al principio que babia muerr 
to el de Nassau , como que le fueron presentados al 
de Alba las armas y vestido con que le faabian visto 
aquel dia : mas luego se supo que se habia salvado 
vadeando el rio á nado con otro trage que tuvo la pre- 
caución de ponerse para no ser conocido. £1 duque 
de Alba dio parte de esta victoria, antes qne á nadíOt 
al papa Pío V. , que habia mostrado singular interés 
por este suceso, á cuyas oraciones, decian los devo- 
tos, que se babia debido, y en cuya celebridad oían- 
dó hacer el pontífice en Roma procesiones públicas por 
tres dias, con salvas de artillería y vistosas lumina- 
rias. También despachó á España con la noticia al cas- 
tellano Andrés de Salazar. 

Al regresar el ejército victoriosa, pasando el ter- 
cio de Cerdeña por. los lugares en que antes fué der- 
rotado con el conde de Aremberg^ y recordando los 
soldados la persecución que de aquellos aldeanos ha- 
bían sufrido, vengáronse bárbaramente incendiando 
todos los pagos y alquerías del contorno, de suerte 
que desde la ensenada de Dullart basta la Frisía 



PARTE III. UBftO 11. 345 

Oriental todo lo qub podían alcanzar los ojos era ana 
pura llama. Indignó al duque de Alba tan atroz aten* 
tado I y averiguados los autores del crimen , no se 
contentó con hacer ahorcar los mas culpables, sino 
que disolvió la legión incendiaria, al modo que en ta- 
les casos solian hacerlo los generales romanos, refun- 
diéodala en los otros tercios, y degradando á su ca- 
pilan el maestre de campo Gonzalo de Bracamente, 
que al fin fué restituido algún tiempo después á su 
puesto. De alli, dejando por gobernador de la Fri* 
sia al conde de Meghen en reemplazo del de Arem- 
l)erg, volvió el de Alba á Groninga, fortificó algunos 
pantos, y dio la vuelta á Bruselas, donde encontró á 
so hijo mayor don Fadrique, duque de Huesca y co- 
mendador mayor de Calatrava, que acababa de lle- 
gar de España con dos mil quinientos infantes y al- 
gún dinero. 

Oporlunamente venia aquel refuerzo para resistir 
al príncipe de Orange, que con poderoso ejército le- 
vantado en Alemania, producto de su confederación 
con los príncipes protestantes, se preparaba á invadir 
los Países^ Bajos. Habian irritado al de Orange los su- 
plicios de los condes de Egmont y de Horn; habia da- 
do á luz un libro Contra la tiranía del duque de Alba: 
la muerte del príncipe Garlos, de que él hacia crimi- 
nal autor al rey don FeHpe, y que desconcertaba acaso 
una parte de sus planes, aumentó sus iras contra el 

• 

monarca español. Contaba en su ejército veinte y ocho 



346 msTomu db sspAtA. 

mil soldados, y fiaba ademas ea la protección de 
ios mismos Úamencos, que ya infestaban en banda- 
das y grupos los bosques y caminos. La noticia 
de haber pasado el de Orange el Rhin y asentado 
sus reales á la margen del Mosa cerca de Maes- 
tricht llenó de terror á Flandes* Aparataba el 
daqiie de Alba mucha serenidad, y cuando le enu«- 
meraron los machos principes y aun reyes que se ha- 
bían aliado con el de Orange , contándose entre sus 
auxiliares el de Dinamarca y la de Inglaterra, respon- 
dió con mucho sosiego: «No importa; mascón los que 
»Be han ligado con el rey de España, pues entran en 
^la liga los reyes de Ñápeles, Sicilia y GerdeSa , los 
eduques de Milán y de Borgoña,el soberano de Fian- 
»des, y los reyes del Perú, Méjico y Filipinas (al udien-^ 
ndo á todos los estados del rey de España); con ladí- 
»ferencia que aquella liga, como compuesta de gente 
»de muchas naciones, se puede fácilmente deshacer: 
»y esta será eterna, porque todos obedecen á la vo- 
plantad de uno.» 

Partió pues el duque de Alba á ponerse sobre 
Maestricht, con banderas españolas, italianas, borgo* 
nonas, alemanas y flamencas, en todo sobre diez y 
seis mil infantes y cinoo mil quinientos caballos de 
combate. El rey de Francia le ofreció enviarle dos mil 
caballos, y el duque le respondió que sería mejor los 
empleara contra los hugonotes franceses que sabía 
proyectaban penetrar en los Paises Bajos á juntarse 



PA&TB m. uno lu 347 

con los rebeldes flamenoos, y era el mas señalado ser* 
vicio qoe le podia hacer. Vigilaba el de Alba al ene- 
nugo desde Maeslricht (setiembre, 1668), pero mas 
sagas que él en esta ocasioa el de Orange, una noche 
á la loz de la luna (7 de octubre,) colocando sus caba* 
Ik» muy apiñados y juntos de orilla á orilla del Mosa 
en na vado ó esguazo que descubrió, para quebrar el 
golpe de la corriente, y hecho luego un puente de 9us 
mismos carros para el paso de la infantería, trasladó 
án ser sentido todo su ejército á la orilla opuesta » co« 
mo Julio Cesar habia pasado en otro tiempo el Segre, 
y mas recientemente Garlos V. el Elba. Cuando Bar* 
laymont anunció al duque de Alba el paso del ejército 
de Orange dicen que contestó: ^¿Pensáis acaso qise es 
algún escuadrón de aves para haber pasado á vuelo el 
MosaU 

Pero de ser sobradamente cierto no tardó el ene- 
migo en darle testimonio presentándole la batalla. Li-* 
mitábase sin embargo el general español á éntrete* 
nerle, fiado en la proximidad del invierno y en que 
la &lta de pagas para tan grande ejército se haría sen- 
tir muy pronto, y cundíria entre ellos mismos, como 
solia suceder entre alemanes, el descontento, las que- 
jas y la indisciplina, atento solo ¿ que no se apodera-*- 
ron de Liega, Malinas, Bruselas ó alguna ciudad de 
Bravante, donde pudieran fortificarse y proveerse de 
mantenimientos. Ni las escaramuzas que cada dia se 
empeñaban entre ambos campos , ni los movimientos. 



348 BISTORU DB RSPASa* 

insultos, incendios de aldeas y otras provocaciones 
que el de Orange empleaba para ver de irritar al de 
Alba, bastaban á. sacar al general español de sa pru* 
dente sistema de entretenimiento, pasando por sufrir 
los denuestos de los adversarios y las murmuraciones 
de los propios, á trueque de asegurarla victoria, can- 
sando y quebrantando al enemigo, y esperando los efec- 
tos de la escasez y las discordias en el campo contrarío, 
como si se propusiera ser otro Fabio Máximo ante el 
ejército de Aníbal. Y no se engañó en sus cálculos el 
español'. Por que al mes de estar el de Orange pug- 
nando en vano por tomar alguna ciudad flamenca, 
movióse en sus reales^ un motin, en que perecieron al- 
gunos de sus capitanes, y él mismo estuvo á punto de' 
perder la vida, que salvó, merced á haber dado en el 
pomo de su espada una bala de arcabuz que sin duda 
á otro sitio le habia sido dirigida. 

Alentóle en ocasión tan crítica, tanto como descon- 
certó á los sediciosos, el aviso de que se acercaban 
tres mil infantes y quinientos caballos franceses que el 
señor de Genlis, capitán de el príncipe de Conde, lie* 
vaba en su socorro. Movió pues su campo derecho á 
Tirlemonl para juntarse con la gente de Francia. Tras 
él marchó también el ejército real sin perderle dé vis- 
ta. Al pasar los orangistasel río Gette, un cuerpo do 
dos mil quinientos hombres que al mando del coronel 
Loverval habia quedado de la otra parte de la ribera 
para proteger el paso del rio, fué acometido y des- 



PARTE ni. LIBRO 11. 349 

hecho por el maestre de campo Chiapino Vitelli y por 
el joven don Fadrique de Toledo, hijo del duque de 
Alba, los cuales no cesaban de avisar y representar 
al duque que sí se decidía á pasar del otro lado con to- 
da la gente y á dar la batalla, la victoria seria segura 
y completa. (c¿Es posible, contestó una vez el da Alba 
T»á los mensageros, que no me habéis de dejar conducir 
»á mi gusto la guerra? Júreos por mi rey, que si vos 
i>ú otro cualquiera me vuelve á importunar con tales 
»mensages» os ha de costar la vida ^^Kv> Esta estraña 
prudencia del de Alba era tal vez la que dio ocasión 
á varios escritores para motejarle de cobarde y poco 
entendido en la guerra, juicio que entonces mismo, 
fuera ó no justo, formaron también algunos oficiales 
de su mismo campo ^^K La resistencia de aquella le- 

(4) De Tbou, lib. XLI. — Carta de Mendoza hizo personalmente 

de Huberto del Valle , que se ha- toda la campaña sin faltar sino 

llóeo la batalla, á la prmcesa Mar- unos dos meses y medio qu9 le ocu- 

garita de Austria. — Estrada, Guer- paron dos embajadas que desem- 

ras de Flandes, Dec. 1., lib. VII. peñó, una á Madrid y otra ¿ Ingia- 

— Don Bernardino de Mendoza, térra. 

Comentarios, lib. III. — Este autor (2) Refiero Mendoza que el ca- 
que se encontró también en la ba> pitan barón de Chevreau, que ha • 
talla, es el que ^la refiere con mas oía escaramuzado con mucho brío, 
estension y pormenores, como to- arrojó despechado el pistolete, di- 
do lo perteneciente á estas guerras ciendo: vEl duque de Alba no zure- 
en la década de 4567 á 4577, co- rd combatir»» De lo cual, dice el 
mo quien se propuso que sus co- autor que se rió el duque, no pe- 
meotariOH sirvieran de lecciones sándole de ver tales demostracio • 
prácticas á los que siguieran la nes de ardor en sus soldados. Y 
carrera de las armas. Por eso se aplaude la prudencia del general, 
detiene tanto en las descripciones pues «conviene, dice, tener en- 
de los sitios, las posiciones de ca- tereza y pecho los generales para 
da ejercito, los movimientos y evo- no dar oido á los pareceres de sus 
luciones, el número y la calidad soldados, si la razón no obliga á 
de la gente y de las armas, el ór- ello » Mendoza, Comentarios^ li- 
den de cada batalla, y toda la ma- bro IV. 
ñera de pelear. Don Bernardino 



350 HISTORIA DE BSFAftA, 

gion orangista faé desesperada. Horieroñ casi todos 
al filo de las espadas españolas. El conde de Hoogstrai 
fué traspasado de un balazo^ y espiró á poco tiempo 
eDtre los suyos profesaodo la fé católica, cosa que sin-* 
tió el de Orange mas que la derrota misma. El coro*- 
nel LQverval quedó prisionero con tres heridas. Este 
desgraciado fué ajusticiado después en Bruselas. Dn 
grupo de cincuenta soldados alemanes se hizo faerte 
en una alquería. Alli sufrieron un sitio formal con on 
valor temerariamente heroico. El duque de Alba para 
rendirlos hizo aplicar un carro de heno á la casa y po- 
nerle fuego. Aquellos pocos valientes caian envueltos 
entre los encendidos escombros de su débil fortaleza: 
ninguno se rindió: algunos saltando por las llamas iban 
á clavarse en las picas de los españoles, y los hubo que 
por quitar al enemigo la escasa gloria de su muerte, 
ó volvían contra sí mismos los arcabuces, ó se degolla- 
ban entre sí, que era un espectáculo horrible y lasti*- 
moso ^*K 

Juntóse pues el de Orange con la división auxi* 
liar francesa de Genlis; mas como viese que las ciu- 



(4) Continúa Mendoza refírien- escribió teniendo á la vista lascar- 
do los mas moñudos incidentes de tas diarias aue Rafael Barberiai. 
cada jornada y de cada combate entendido militar v gran nuiteroé- 
parcial, deleitándose en ello como tico , el cual se hallana en los roas 
todo el que escribe e! diario de los de los encuentros, enviaba á Roma 
sucesos que presencia y en que á sus hermanos Francisco y Anto- 
tiene parte. — Estrada, no porgar nio, padre este último del que fué 
menos minucioso tuvo motivos luego pontífice con el nombre de 
para ser menos exacto , pues ya Urbano VIH. 
que no fué testigo de los hechos, 



PAUTii III. uí/ko II. 351 

dades de Bravante no se levantaban en so favor, como 
él babia esperado que lo barian lan pronto como pisa* 
ra con ejército el territorio flamenco; al ver que por 
el contrario el príncipe de Lieja le recbazó con su arti* 
Hería cuando se aproximó á los arrabales de su ciu-*- 
dad ; observando que con la agregación de los france- 
ses crecían también los apuros de las vituallas: can- 
sado de marchar y contramarcbar sin efecto» mudan- 
do basta veinte y nueve veces sus reales, teoiendo stem* 
pre á su lado al duque de Alba, que no le permitía en- 
trar en las ciudades; aconsejado por los franceses, de- 
terminó pasar á Francia á reunirse con el príncipe de 
Gondé, que reuovaba entonces en aquel reino la ter- 
cera guerra civil , y se dirigió al Henao» no sin ven- 
garse antes de algunos nobles del Compromiso que ic 
habían ofrecido ayudarle y le faltaron, destruyendo 
sus aldeas y caseríos. Picada siempre su retaguardia 
por las tropas reales, volvió caras en Quesnoy á sus 
importunos perseguidores, é hizo no poco descalabro 
en un tercio de españoles y alemanes que mandaban 
Sancho Dávila y César Dávalos , quedando heridos 
estos dos valientes al querer contener la fuga de los 
suyos. Nuevos contratiempos esperaban al de Orange 
á «u entrada en Francia. Los alemanes se le insurrec- 
cionaron, siempre bajo el tema perpetuo de la recia «. 
macion de pagas, amenazando con sus picas á los ca- 
pitanes, y rehusando ademas pelear contra el monarca 
francés. El príncipe para sosegar sus soldados tuvo 



3&2 HISTOVlA DB BSPAÑA 

que vender parle de su cámara, y empeñar otra par- 
te, mas como no bastase á tenerlos mucho tiempo 
contento^, despidió buen número de sus tropas, y ta- 
vo por prudente volverse con el resto á Alemania (fin 
de diciembre, 1568) á prepararse para otra campaña» 
y probar si le asístia en ella mejor fortnna ^^K 

Libre y desembarazado el duque de Alba de esta 
guerra , volvió á Bruselas á atender á las cosas del 
gobierno de Flandes que le estaba encomendado, y 
que desempeñaba ya con repugnancia, como que de* 
seaba con ahinco que le relevaran de aquel cargo. 
Ya en S2 de agosto habia escrito desde Boís-le-Duc 
al s^reiario Zayas la notable carta siguiente : 

«Muy magnífico señor : Por la que escribo á S. M. 
•entenderá vira. mrd. el recibo de sus cartas, y todo 
x>lo que el tiempo me da lugar hasta la partida de Mos 
i>de Selles. Albornoz me mostró un capítulo de la car- 
»ta que vtra. mrd. le escribió cerca de mi teta, y sr os 
)>be de decir verdad, hame derribado mucho los brazos 
»ver 9ue procuren algunos que están cabe S. M. ha- 
ncerme sallar por la ventana , como en efecto saltaré 
i»si no se me envia siícesorj porque es fuerte cosa á un 
y> hombrea mi edad ^^^ tenerle por fuerza en una pro- 
» vincia tan contraria á mi salud, si ya no es quererme 

(4) Carta del duque de Alba al trada, Dec. I., lib. Vil. 
rey, de Cateau-Cambresis, á 23 (2) Albornoz, su secretario, 

de noviembre de 4568. Arcbivo do decia con este motivo, que tenia 

Simancas, Estado, Icg. 539. — Men- el duque sesenta y tantos años, 
doza, Comentarios, lib IV.— Es- 



PARTB Iir LIBEO II. 353 

i^acabar Idvida, qae no se puede hallar mejor cami- 
»ao qoe éste ; y pues yo no pido licencia sino para 
»despaes de hecho todo lo qne hay que hacer aquí» 
»como lo he escrito muchas veces, creed, Señor, que 
»se me acaba la paciencia de ver entrar el invierno, 
»y que por mucha priesa que se den ya no puede par- 
»tir de allá el que hiMere de venir hasta el verano; y 
»hay otra cosa que os quiero confesar, que no estoy 
»ya para poder sufrir tanto trabajo, y qué forzosa- 
emente habrá de padescer el servicio de S. M.: que 
)»nn apretón hele corrido como caballo viejo, y si me 
challara mas atrás, vmd. sea cierto que es cargo éste 
lepara holgar mucho con él : todo esto he querido de- 
¿cir á vtra. mrd. como á persona á quien yo tengo len 
»tal lugar para guardarlo en vuestro pecho, y enea- 
)» minar este negocio conforme á la necesidad en que 
»me hallo, que os vuelvo á jurar que es mayor de la 
nque podría decir. N. S. la muy magnífica persona 
iide vtra. mrd. guarde y acreciente. De Belduque á 
)i22 de agosto, 1568. — A lo que vtra md. mandare. 
]»E1 duque de Alba ^^Kh 

Fué pued recibido el duque en Bruselas como un 
trinofador, con torneos y otras fiestas públicas. El 
papa Pió V. le honró en viándole el sombrero y el es- 
toque, guarnecidos uno y otro de oro y pedrería, y 
bendecidos por él, como á defensor de la fé católica. 

(I) Archivo de Simaocas, Estado, Icg. 544. 

Tomo xm. 23 



354 HISTOEU DB ESPAÑA. 

Has á pesar de aquellas páblicas demostracioties , oIh 
servábase harto á las claras -el disgasto con qae los 
flameocos festejabaa como vencedor al que tan recien- 
temente babia enviado al patíbulo á sos magnates. 
Subió de punto la indignación y el odio de los flameo^ 
eos con un rasgo de orgullo del duque. De los caño- 
nes cogidos á Luis de Nassau se mandó hacer una es- 
tatua para colocarla en el castillo de Amberes. La es- 
tatua apuntaba con el brazo derecho á la ciudad, 
y hollaba otras dos con varios emblemas, que 
dieron en decir que simbolizaban la nobleza y e| 
pueblo (*). Bramaban con esto los de Flandes; y en 
la misma España, en la corte del .rey se murmuraba 



(4) Declaración de la estatua calabacillas y escudillas de pato» 

del duque de Álba^ que se puso en la nobleza. 
el castillo de Anveres, Las dos máscaras sigolfican que 

las llevaban loa que presentaroQ 

El brazo que jbiene la petición 6 la requesta, y siéndoles quitadas, 

requeáta en la mano, significa la fueron cotioscidós. 
nooleza que presentó la requesta Las bi^agas (alforjas) con las ca- 

á madama de Parma. labacillas y escudillas de paloá 

El brazo del martillo, el rompi- hs orejas, significan el nombre 

miento délas Iglesias. de Gües (Gueux) que tomaron. 

El brazo de la hacha de cortar Los libros y serpientes que sa» 

lena, el rompimiento de las imá- len de las bicacas, la mala doctri- 

^enes na y el veneno que sembraron. 

El de la maza de armas, signifí- Las heridas del brazo y del 

ca lo0 que tomaron las armas con- muslo, significan q^ue la heregia 

tra S. M. va de rota, mal herida. 

Cl brazo de la hacha alumbrada. El estar el duque del todo ar- 
el fuego que pusieron á los tem- roado, sino el brazo derecho, sig- 
ilos y al pais. nifica la parte armada, cómo ven- 

El Drazo de la bolsa, la gran su- ció y echó ddl país á los malos: y 

ma de dineros que presentaron «1 brazo desarmado y tendido, lia* 

por haber la confesión augustana. ma á los buenos á paa y concordia. 

Las dos cabezas de un cuerpo. Remitida á S. M. en carta de 

significan la beregía. La q^^e tiene Diego González Gante. — ^Archivo 

el bonetillo, el común, y la de las de Simancas, Estado, leg. 538. 



MBTB 111. UÜBO lU 35S 

la vida ostealosa del duque; su auliguo competidor 
Roy Gómez de, Silva« príncipe de EboUt se mofaba del 
título de Fidelísimo ministro, que entre otros sa bebía 
hecbo. poner el duqqe en la inscripción de la estatua, 
baciendo valer el de Eboli la circunstancia de que 
mientras el de Alba se erigía estatuas á sí propio , el 
monarca mismo babia tenido la modestia de no. permi- 
tir que se pusiesen su busto y sus armas ¿ las puer- 
tas de las ciudades de Milán. Al mismo Felipe dis- 
gustó aquel rasgo de presunción» y do todo ello llegó 
á. apercibirse el de Alba* 

Mas lo que acabó de incomodar á los de Flandes 
fué el gravoso impuesto que estableció de una décima 
por todos los bienes muebles que vendiesen, una vigési- 
ma por la ventado los inmuebles, y una centesima una 
vez por lodo. Cierto que de España no era fácil sacar 
recursos^ teniendo ella bario á que atender con el le- 
vantamiento délos moriscos; mas no por eso dejaron 
los Estados de Flandes de representar con energía con- 
tra la esaccion de la décima, como ruinosa del comer- 
cio, de la industria y del tráfico. «Nada sin embargo 
»S6 recababa^ dice el jesuíta historiador de. estas guer- 
»ras» de quien estaba armado, vencedor, sin cuidado 
»de enemigo alguno, y á quien por eso obedecerían 
lunas fácilmente los flamencos ^^^ • « 

Vino grandemente al rey de Francia la termina- 

(I) Estrada, Guerras de Flandes, Dec. I., lib. Vil. 



356 BIStORIA DB B8PAKA. 

cíon de esta guerra» paes ardieado en su reino la tei^ 
cctó de los hugonotes, logró que el duque de JAbm 
por orden de Felipe IK le enviara un auxilio de Ires^ 
mil infantes y dos mil caballos al mando del conde 
de Mansfeld, que en verdad le hizo allá un servido 
importante ganando á los hereges la batalla de Hon^ 
contour^ bien que á «costa de una grave herida qiie le^ 
cibió el de Mansfeld, de cuyas resultas quedó manco 
del brazo derecho • 

Pero otra complicación surgió en este tiempo para 
Felipe 11. y el de Alba por la parte de Inglaterra. Un 
navio y cuatro fragatas vizcaínas que conduelan una 
buena suma de dinero á Flandes destinada á las pa- 
gas de aquel ejército,, aportaron llevados del tempo- 
ral en las costas inglesas. La reina Isabel, que ya ha* 
bia dado hartas pruebas de su enemistad á Felipe II. t 
tomó aquel dinero, so protesto de creer que era de 
asentistas genoveses, sin que sirvieran á rescatarlo 
las reclamaciones del embajador de. España y del ca« 
pitan de la Qotilla española. Noticiosos Felipe IL y el 
de. Alba de este suceso, hicieron embargar en España 
y en Flandes todos los navios y mercaderías de los 
subditos ingleses, y aun arrestar las personas mismas. 
La reina de Inglaterra hizo lo propio con las naves y 
los hombres de España y de Flandes que existían en 
su reino, y era una guerra sin armas, destructora del 
comercio de los tres estados. Enviaron con este moti- 
vo el rey don Felipe y el de Alba diversas embajadas 



rABTB ih. LIBEO II. 3'57 

haciendo fuertes reckiiiiAcioBes^ Mas la reina Isabel 
DO soltaba el dinero, fiada en qae España tenia harto 
quehacer con la guerra de los moriscos, y en lo que por 
la parte de Alemania amenazaba otra vez contra Flan- 
des. Hubo, no obstante, de venir á partido, ofrecien- 
do devolver mas adelante aquella suma, de que en- 
tonces necesitaba^ con sus correspondientes intereses. 
Con esto los embajadores, calculando que de enco- 
narse mas este asunto babia de parar en guerra, y 
de pronto saldría perjudicado el comercio de España 
y de Flandes, porque hablan visto apresadas en los 
puertos de Inglaterra hasta ochenta y una naves fla- 
mencae y españolas, aconsejaron al de Alba que debia 
mirarse este negocio como puramente mercantil y de 
hacienda. Penetrado por otra parle el duque de que 
un rompimiento con Inglaterra en la situación en que 
se encontraban los Paises Bajos podia ser peligroso, 
esposo también al rey que convendría contemporizar 
y sacar el mejor partido que se pudiera por medio de 
negociaciones ^^^ • 

La falta de aquel dinero obligó al de Alba á apre- 



* O) Eo 1o6 legajos de Estado, de Felipe II., tom.Il., cita una re- 

544 y 541 del Archivo de Siman-i lacion de) suceso, sacada de un 

cas^ se bailan varias cartas sobre MS. de la biblioteca del Eücorial. 

este asudto, del embajador espa- — Refiérenlo también Mendoza, 

Sol en Londres, don Gueran de Estrada y Cabrera, en sus obras 

Eapés^ que había reemplazado á respectivas.— Estrada cita una 

don Guzman de Silva, escritas al memoria sobre aquella controver-r 

duque de ilba y á S. M., del duque sia, trabajada por Rafael Barberini, 

al rey, y sus coutestaciones. — Mr. uno de los enviados á Inglaterra 

Gachard» en la Correspondencia y presentada al duque de Alba. 



1 



358 BISTOBIA DB ESPaSa» 

tar mas á los cíe Flandes cod exacciones, que ellos 
sístíaa lo posible, fundados en la escasez y penaría de 
los pueblos, llegando uno á decirle, «que si él imitaba 
)ȇ Temfstocles trayendo para sacar dinero dos diosas, 
»/a Persuasión y la Violencia ^eWos le* opondrían otras 
i»dos diosas no menos grandes, la Pobreza y la Impo^ 
usihilidad.ift No eran estas raxoneá bastante poderosa» 
para ablandar al virey, el cual prometía á su sobera- 
no sacar dinero para indemnizarle de los gastos de la> 
guerra, y amenazaba á las ciudades que no le apron- 
tasen con quitarles sus privilegios, eomo lo hizo en 
efecto con algunas, poniendo miedo á todas. Varias 
de ellas enviaron sus diputados á España pidiendo se 
las relevase al menos de la décima. , 

En este tiempo el emperador Maximiliano, á soli^ 
citud de los prfncipe»de Alemania, no cesaba de re- 
comendar á Felipe H que templara su rigor en los 
castigos de los protestantes flamencos , y de enviar 
comisionados especiales al dtique de Alba , exhortán- 
dole á que fuera mas moderado y Tolerante en sugo-^ 
bíerno, y á hacer bajo razonables condiciones un tra* 
tado de pacificación y reconciKacion con et príncipe 
de Orange. Había además enviado al efecto su her- 
mano el archiduque Carlos á España con instruccio- 
nes para el rey en el propio sentido, asegurándole 
que en ello no se proponía la menor cosa contra Dios, 
contra la religión ó contra su autoridad, sino el me* 
jor servicio do sus reinos y estados. Contestaba Felí^ 



PARTE lU. LtBEO H. 359 

pe^ de palabra al archidaqoe, y por escrito al empe- 
rador^ qae lejos de haber usado de rigor, como se 1^ 
imputaba, do habia empleado sino mucha clemencia 
y piedad. Pero anadia» «que ningún humano respeto 
»ni consideración de Estado,, ni todo lo que en este 
>»muDdose le puede representar ni aventurar, le des- 
aviará ni apartará jamás en un solo punto del camino 
«que en esta materia de religión , y en el proceder 
»en ella en sus reinos y estados, ha tenido y entiende 
»tener y conservar perpetuamente, y con tanta.firme« 
»za y constancia , que no solo no admitirá consejo ni 
«persuasión que á esto contradiga, pero ni lo puede en 
>» manera alguna oir, ni tener á bien que en tal caso se 
ule aconseje (*).» Replicaba el archiduque que no de- 
jarían de acusar al rey mientras no dejara de conde- 
nar á muerte á tantas pobres gentes como se habían 
separado de la religión católica; que no desoyera las 
súplicas de tantos intercesores como eran los electo- 
res y príncipes del imperio, y los consejos del empe^ 
rador su hermano: que mas tarde podría hallar mas 
inconvenientes; porque la exasperación de los alema-* 
nes crecía de día en día, y el emperador, por mas 
que procuraba calmar los ánimos, podría verse obli'* 
gado á hacer causa común con los príncipes y electo-^ 
res: que recordara lo que á su padre Garlos Y. habia 



(4) «Memoria particalar al Sé- Archivo de Simancas, Estado, le- 
renisimo Archiduque Carlos de lo gajo 659. 
que Su Mageatad Católica, etc.» 



360 HISTMIA DB BSFASa* 

sucedido en la guerra de Smalkalde, y los riesgos en 
que le había puesto un solo elector; que le engaña- 
bao Iqs qpe le persuadieran que Flandes se podía go* 
bernarcomo Francia y España, y concluía suplicán- 
dole variara de sistema y restituyera sus privilegios á 
los Países Bajos ^^K 

Pasáronse algunos meses en estas conlestaciopes. 
Antes de salir el archiduque de Madrid [i de marzo 
4 569)^ presentó á Felipe II otra instrucción del empe* 
rador, en que le proponía el mairimonio con su hija ia 
drincesa Ana» prometida antes al desventurado príncipe 
don Carlos» y después al rey de Francia. Felipe mostró 
recibir la proposición con alegría, como quien desea- 
ba tener hijos varones que le sucediesen, y quedó en 
ver de arreglar este punto con el monarca francés. 
En el asunto de la boda marchaban el emperador y 
el rey de España mas de conformidad que en lo de ia 
política con los Países Bajos. Asi el concierto matri- 
monial fué progresando hasta tener su complemento, 
como luego habremos de ver, mientras lo de Flandes 
continuaba sujeto al mismo sistema de rigor que en 
tiempo de las turbaciones, y como si tales reclama* 
cienes del emperador no mediaran. Es cosa digna de 
notarse: el duque de Alba insistía en pedir al rey que 

(4) En el legajo 662 de Estado rador Maximiliano al arcbidoque» 
(Arcnito de Simaocas) se batían y la no menos larga respuesta del 
"varias de estas comunicaciones, rey.— Gacbard da cuenta de mu- 
Cabrera, en el lib. VIH. de la His- chos de estos dooumeolos en el 
ioria de Felipe II., insertó inte- estracto de la Correspondencia de 
gra la larga Instrucción del erope- Felipe U. 



le relevara del gobierno de los países, y fundaba sus 
iDslancias en el mal eslado de su salud » en su can- 
sando, en qne ya no era necesaria alli so persona, y 
cualquiera podía gobernar^aquello^ puesto que' todo 
estaba tranquilo y en orden, y no babia temor al- 
guno de. alteraciones interiores, ni de acometidas de 
fuera, Y sin embargo pros^uian las vejaciones^ y los 
impuestos onerosos, que aniquilaban el comereto, que 
era, como se decía entonces, la 'sustancia de los Paí- 
ses Bajos: continuaba la opresión, la. intolerancia con 
pueblos y personas, la abolioiofi de los prívitegios de 
las ciudades,, el ejercicio del tribunal de los Tiimul- 
tos, las oonfiscaciones, los procesos, las seutenolas y 
los supticios <^). Cuando el rey se oonsiderét ya preci- 
sado á otorgar un perdón general, eavió al de Alba 
cuatro proyectos, ó sea cuatro cédulas de pemlon, para 
que eligiera la que creyera de mas Conveniente apli- 
cación , .encargándole que si se dedidia por la menos 
implia, tuviera ocultas las demás para no hacerse 
odioso. Pero el* duque juzgó mas oportuno suspender 



(4; Relación de las rentas que nes. Su casa de Bruselas fué'arra- 

poseían los principales nobles cu- sada. 

yos bienes fueron confiscados. El de Horns, 8,475 florines. 

El príncij^e de Orauge tenia Elde Van4enBerghe,46,466flo- 
i52,785 florines de reota. riñes. 

La reu^i del coode de Egmont El de Brederode, 8,440 florines. 

era de 62,944 florines, y tema ca- El marqués de Berghes', 50,872 

sas en Bruselas, Malinas, Gante, florines. 

Bruges, Arras y La Haya. El señor de Montigoy, 44,250 

El conde de Hpogbstraeten, te- florines* 

nia de reala 46,827 florines. Archivo de Simancas, Estado, 

El de Culembourg, 5^ ,603 flori- le¿. 544. 



3G2 B10TM1A DB BSrAfiA* 

todo edicto de perdón, alegando qoe oonveaia asi hasta 
que se fallaran las causas del marqués de Berghes y 
del señor de Moniigny , que se sustanciaban enton- 
ces, aunque el prioiero de ellos bacía mas de dos 
años qoe babia muerto en Madrid. 

Los procosos y la ejecución de estos dos nobles 
flamencos, comisíoDados que babian venido á Madrid 
por la princesa do Parma para tratar con el rey , son 
(lo decimos con dolor, pero es forzoso decir la ver- 
dad) uno de los borrones qoe afean mas el carácter y 
el proceder ladino d|B Felipe 11. Primerameate entre- 
tuvo con diversos protestos á estos dos embajadores 
en España, dándoles frecuentes audiencias, recibién- 
dolos siempre con aparente afecto, y trayéndolos de 
un lado á otro, pero sin permitirles nunca volverse á 
Flandes, por mas que ellos desde acá y sus esposas 
desde allá un dia y otro y<de continuo lo solicitaban, 
siempre ofreciéndoles el rey que los llevaria- consigo 
cuando fuese á Flandes. En este estado el de Bergbes 
enfermó, y murió (31 de mayo, 1567), protestando 
en sus últimos momentos su fidelidad al rey. De haber 
abreviado sus dias se hicieron conjeturas y corrieron 
rumores muy poco favorables al monarca ; los histo- 
riadores de aquel tiempo los consignaron, mas de su 
exactitud no responderemos nosotros. Lo cierto es 
que el de Berghes habia sido muy querido de Feli* 
pe IL ; había hecho al rey grandes servicios en Sao 
Quinlin ; le acompañó á Inglaterra cuando fué á ce- 



PAETB Itl. LlfiBO li: 363 

lebrar SOS bodas con la rerairMarfa; fué hecho caba-^ 
Ilero del Toisón, montero mayor y gobernador de \ú 
provincia de Henao. Esto era cnando víAo é España, 
y achacábanle fio haber ayudado en su gobierno tanto 
como debia I» parte católica. Luego que murió*, or- 
denó el rey á lA gobernadora Margarita que confiscase 
los estados del marqués; y como éste en su testa- 
mento dejase por heredera á una sobrina, hija de su 
hermana, que habia de casarse con un pariente, dis- 
puso S. M. que la joven, so pretesto de no estar edu-^ 
cada en los buenos principios católicos, fuese apar- 
láda del lado y compañía de su madre y llevada á 
paflacio basta que- llegara el tiempo de casarla ^^K 

Aun mas desearíamos que nos fuese dado-podef 
no contar etitre las páginas de la historia de Felipe II. 
la que se refiíere á la ejecución de Montigny. Y esto 
-no por el castigo, que pudo ser justo en conformidad 
á lo que del proceso resultara , sino por la forma y 
manera con que el rey le ordenó. 

Flores de Montmorency / señor de Montigny , ca- 
ballero del Toisón , gobernador de Tournay , y her- 
mano del conde de Horn ajusticiado en Bruselas, com- 
pañero del de Berghes en su embajada cerca de Fe- 
lipe II., después de largos meses dé andar al lado 
del rey , siempre entretenido por éste con la espe- 

(4) De acuerdo están en esto hemos visto en el Archivo de Si- 
Tos historiadores Cabrera, Estrada, maneas, y con los que reseña Ga- 
Bentivoglio y otros con los muchos chard en la última parte de 1^ Cor- 
documentos que de este suceso respondencia de Felipe II. 



364 HISTOBIA DB 1RB»jAAs 

rdDza de qae le llevaría consigo á Flandea , donde éi 
con repetidas instancias^ pedia volver, fo^ al fin lleva- 
do preso al alcázar de Segovia » y puestd á cargo de 
su alcaide el conde de Chinchón (SI de setiem* 
bre, 1^67), con ocho hombres de guarda. Sus ami- 
gos emplearon sin efecto varios ardides para propór^ 
cíooarle la fuga de su prisión , entre ellos , el de 
introducirlp dentro del pan que se le daba á comer 
una carta (1 4 de julio, 1568) , en que se le esplíca- 
ban los medios preparados para su evasión ^'^ , y otro 
el de pedir permiso para llevar á su estancia unos 
músicos flamencos para que holgara un rato en oir los 
aires de las canciones de su tierra , los cuales só pro- 
testo de volver otro dia dejaron alli las vihuelas, y 
dentro de los instrumentos las cuerdas con que había 
de descolgarse de las ventanas del castillo. Todo fué 
descubierto, y sirvió solamente para estrechar mas 
al preso y vigilarle mas. Seguíanse en Bruselas las 
causas contra el barón de Montígny y contra la me- 
jnoria del difunto marqués de Berghes, y en 18 de 
marzo de 1570 envió el duque de Alba á S. M. las 
sentencias pronunciadas á 4 del mismo» condenándplos 
á muerte como reos de lesa magostad por cómplices 
de la liga y conjuración del príncipe de Orange , con 
una carta requisitoria á las justicias de Castilla para 



(4) La carta, copiada del Ar- do la Colección de documeotos 
chivo de Simaocas, Estado, le^a- iaéditos. 
jo 543, se iosertó en el tomo IV. 



PARTB m» LIBAO II. 365 

que hicieran cumplir y ejecutar dicha seutencia ^^^ • 
En sn virtud mandó el rey á don Eugenio de Pe- 
ralta, alcaide de ]a fortaleza de Simancas (17 de 
agosto, 4570), que pasara á los alcázares de Segovia, 
donde le sería entregada la persona del señor de 
MoBlígny, la cual llevaría á dicha fortaleza de Si- 
mancas, donde la tendría en buena guarda y á buen 
necando. En 4 ."" de octubre ordenó S. M. ai de Pe-- 
ralta que hiciera entrega del preso á don Alonso de 
Arellano, alcalde de la real chancillería de Yalladolid, 
para que hiciera de él lo que llevaba entendido. Lo 
que Arellano llevaba entendido era lo siguiente , y 
aquí entra la parte odiosa del proceder del rey don 
Felipe en este trágico suceso. Arellano había de ser 
el ejecutor de la sentencia de muerte de Montigny; 
pero eata ejecución no habia de hacerse públicamente 
y con pregón y en la forma que ella misma espresa- 
ba, sino en secreto, dentro de la fortaleza. «Y en tal 
amanera es la voluntad de S. M. (decia la provisión), 
»que se guarde lo contenido en el capitulo preceden- 
»te, qne en ninguna maneta querría se entendiese 
%quel dicho Fiares de Memoranci ha muerto por ejecu^ 
netonde ju^tcia, sino de su muerte natural^ y que asi 
vse diga y publique y entienda , para lo cual será ne- 
^oesario proceder con gran secreto y usando de la 

(4) La sentencia se escribió en yo de Simancas, Estado, leg. 543, 

francés, y su traducción iiteralp puede verse en el tomo IV. de la 

hecha por el secretario Juan de Colección de documentos. 
Albornoz, se conserva en el archí- 



366 BISIOKU D8r B8FAÑA. 

»>disimulacioa y forma de que se le advierte aparte, 
)»y de palabra se le ha oomuoicado » s^ua io cual 
«coavieoe uo se dé parte, ai iotervéDgan ea este ne- 
lígocio luaa personas de las que precisamente para 
nello fueren necesarias , y á aquellas se les debe de 
)»eDcargar el secreto en tal manera que e^to quede 
•cuanto en el mundo sea posible asegurado.» 

Seguían en la provisión , refrendada por el doctor 
Velasco, las instrucciones de lo que debía hacerse 
para que todo.se ejecutara en secreto; entre ellas, 
que el licenciado Arellano habia de salir de Vallado- 
lid sin ser visto la víspera de un día de iesta , coa 
solo un escribano y el ejecutor de la justicia, de mo<* 
do q.ue llegaran de noche á Simancas , donde e^taria 
todo prevenido para que entraran de oculto, en la 
fortaleza: el dia de fiesta se le dejarían al reo , para 
que se preparara á morir cristianamente. cPasada la 
» media noche una ó dos horas, aegun que entendió- 
^reú será mejor para que haya tiempo para volverse 
»el dicho señor liceociado antes del dia á su casa de 
»ValladoUd, se podrá hacer la ejecución de la josti* 
»cia estando presentes el religioso ó religiosos qae 
»han de asistir para que le ayuden á bien morir «*^ , 
py el dicho don Eugenio de Peralta y el escribano, y 
i>la persona que ha de hacer la ejecución, y si pare- 
)»ciere necesario y conviniente otra ó otras dos per- 

(4) Se designó para esto á fray de San Pablo de Valladolid. 
Heroando del Castillo, del colegio 



»ABTB ItU UMO II. 367 

usoDiis de confianza que ayuden y asistan; y háse de 
«advertir mucho que la ejecución se haga en tal ma« 
*nera, que cnanto sea posible los que le hobieren de 
Bamortajar después de muerto , no habiendo de ser 
»delosquese hallareis presentes, si pareciere que 
»será bien que lo hagan otros para mas disimulación, 
»no conozcan haber sido la muerte violenta? la partí- 
»oularídad de lo cual , y la forma se puede mal ad« 
«vertir de acá^ y asi allá se podrá mejor advertir.» 
' Horroriza y aflige ver á un monarca español ocu« 
pado en ordenar tan fria y minuciosamente la forma 
de qnitar la vida á uno de sus subditos, siquiera fue- 
se criminal y merecedor de la pena de muerto , si- 
quiera no fuese de la calidad que era* y disponerlo 
de un modo tan capcioso y tan contrario á la publici'» 
dad que no debe rehuirse para los actos justos. Pero 
veamos todavía cómo terminaba aquella estensa ias<* 
tracción» «Sí el dicho Flores de Memoranci quisiese 
«ordenar testamento, no habrá para qué darse á eslo 
«lugar, pues siendo confiscados todos sus bienes y 
«por tales crímenes , ni puede testar ni tiene de qué: 
«empero si todavía quisiere hacer alguna memoria de 
«deudas ó descargos , se le podrá permitir , como en 
«esto no se haga mención alguna de la justicia y eje- 
«cncion que se hace , sino que sea hecho como me- 
«morial de hombre enfermo y que se temia morir; ni 
.«se le ha de permitir tampoco escribir cartas ni hacer 
«otro género de escriptura, si ya no la escribiese en la 



368 HISTORtA DB ESPAÑA. 

Dforma dicha como enfermo y que se teme morir, y 
rtcon palabras que do traigan inconveniente , sobre 
» presupuesto qnestas y otras cualesquier escriptaras 
Dsuyas se han de tomar y no se han de dar ni pa- 
i>blicar sino las que pareciere que sin inconveniente 

»se puede hacer Hecha la dicha ejecución, y 

«habiéndose publicado sa muerte, que ha de ser con 
i>la dicha disimulación y no entendiéndose que ha 
»s¡do por ejecución de justicia , se dará orden en lo 
)»que toca á su encierro , etc. ^^^ «x» 

Guando el alcalde Arellano pasó á Simancas á dar 
cumplimiento á estas disposiciones, halló á Montigny 
recluido en una pieza llamada el Cubo del Obispo ^^\ 
donde el alcaide Peralta le habia encerrado á causa 
de un papel que se encontró cerca de su aposento, es- 
crito en latín, del cual se desprendía un nuevo plan 
de fuga ^^K Notificóle la sentencia el escribano Ga- 
briel de San Esteban (4 4 de octubre) , y acto conti- 
nqo el ilustre preso redactó una protestación de fé en 

H) Archivo de Simancas, Es- tode restas, qui Mbi tam vcUido 

tado, leg. 543, y tomo IV. de la nec viribus nec cursu par erü. 

Colección de documentos, pág. 54S Erumpe igitur ab octavo usqus 

y siguientes. ad duodectmum oclobris quacum- 

(2) Sia duda por haber servido gue potueris hora, el prende viam 
en otro tiempo oe prisión al obís- contiguam illi portee Castelli qua 
po'Acuña. Hoy es la Sala 5.* de los . ingressus es, Propé inx>enies m* 
papeles de Estado. bertum et Joannem qui libi prestó 

(3) El papel decía asi: erunt equis et aliis ómnibus ne- 

cessaris. Faveat Deus captis,-^ 
A« H. M' D. M* i?. D. M. 

Carta de Eugenio da Peralta á 
Noctuut intelligo nullus est tibi S. M., de Simancas, á 40 de octu-- 
evadejuli locus; interdiú scepe^ ut bre de 4570. — ^Estado, leg. 544. 
qui solus cum solo podagrico cus- 



PARTB III. UBRO U. 369 

los térmiQOS siguientes: «Yo Floris de Moatmorency 
ncligo: qae á mi noticia ha venido qae algunas perso- 
ivnas han sospechado de mí que en ias cosas de la re* 
i^ligion no be tenido la fé de la santa Iglesia católica 
«romana» y que he seguido y creido otras religiones 
«nuevas, lo cual todo ha sido falsedad y gran mentira. 
»T porque ninguna persona pueda pretender ignoran- 
Dcia de la fé en que he vivido, y quiero morir y 
«muero, estando ya en este artículo digo y protesto, 
«que creo todos los artículos y cosas que la santa igle* 
«sia de Roma tiene y cree con su cabeza el papa vica- 
«rio de Cristo^ sucesor en el oficio y autoridad de San 
«Pedro, con todos los siete sacramentos y la virtud de 
«la pasión de Jesucristo nuestro Señor que en ellos 
«está encerrado: y confieso la verdad del purgatorio 
«y el orden, de los estados eclesiásticos, y todas las 
«otras cosas en particular según que están determina- 
«das en el santo concilio Tridentino. Y porque esto es 
«verdad, y no he tenido ni tengo otra religión, ni 
«quiero salvarme en otra ninguna, firmé este con mi 
)> nombre á 1 4 de octubre de 1 670 anuos en la forta«- 
«leza de Simancas. ~F. de Montmorency.» 

Escribió después cierta memoria de descargos 
para sus criados, no queriendo testar, puesto que ha- 
biéndose secuestrado todos sus bienes, no tenia de 
qué disponer. Recibió con gran devoción los Santos 

r 

Sacramentos que le administró Fr. Hernando del 
Castillo» y se preparó con admirable resignación al 
Tomo mi* 24 



370 HiSTOftu DK bspaSa. 

suplicio, haciendo ea los últimos momentos nuevas y 
fervorosas protestas de no haber dejado nunca de ser 
católico^ y entregó con ejemplar conformidad su cue- 
llo al verdugo á eso de las tres de la mañana del 15 
de octubre ^^K Todo se ejecutó conforme A la instruo* 

(4 ) Todo ooD&ta de la siguiente • nana gasté en satisSacerme, m 

Batética carta del confesor Fray «de la lee que tenia, como de las 

ornando del Castillo al doctor «otras cosas necesarias para tan 

Velasco, delconsojo de S. M., que «larga jornada, y quedé satisfe- 

se halla autógrafa en el archivo de ocho y mucho por entonces; y él 

Simancaa: «ordenó un memorial escrito de 

«Ilustre Señor.— 'Ei negocio »8u roano, que.va coa esta, por 

»que S. H. cometió al señor don «donde yo me guiase en sus des- 

» Alonso de Arellano se acabó de «cargos, siendo S. M, sorTidode 

«concluir ho][ lunes á las dos ho- «acomodarle para ellos. Y por es- 

« ras de la mañana de los 4 6 desle, « tar como estaba obligado eo eoo- 

» y en él se procedió por el orden «ciencia á satisfacer en publico i 

«6 insUruceion que de vmd. traía, «la ruin sospecha que oét se te- 

j»El sábado pasado, cerca de las «nia en las cosas de la relisíoa, 

«diez de la noche 9 se notificó la »me dio ese testimonio y confesiou 

«sentencia al reo, que yivia della «que vmd. verá, y 00 la recibí e&- 

«tan descuidado como cierto de la «críta de mi mano, porque si aca- 

«venida de la reina nuestra se- «so pareciese á S. M. mandarla 

«ñora, y confiado de su inocencia; «sahr á plaza algún dí«, no se pa- 

>y asi mostró alguna alteración á «diese decir que la había firmado 

« IOS principios, que fué por horas «enfermo sin ver ni leerlo qoe 

«crecrendo. Don Alonso acabó de «contenia. El memorial va en es- 

«leer papeles y yo comencé á ha- «tilo de quien pide limosna , y de 

«cer mi oficio, y aquella persona á «suyo advirtió él qoe debajo de 

«oirle con sosiego y mucha mode- «aquella sentencia no era señor 

«ración en las palabras y gran pa- «de «n real para disponer del de 

«ciencia en el sembUnte esterior; «otra suerte 

«y con la misma procodió en todo « To baria mal mi oficio sino supK- 

«basta el postrer punto. Estaba «case á vmd. con la instancia qae 

«lastimado de don Eugenio por la «puedo por el buen despacho de 

«novedad que en su reclusión ha- « lo que aquí va, y por la brevedad 

«bia usado estos días, y quedó sa- » (que es lo mas importante) para 

«tisfecho de entender que venia «cerrar las puertas á discursos de 

»de otro superior dispuesta y or- «estrangeros y naturales, y para 

«denada. Procuróse de darlo en «acertar yo á responder á oaiéo 

» su trabajo el gustó que se sufrie- » me preguntare si hizo este oom- 

>se, y acabó de persuadirse que «bre memoria de su alma y quién 

«era meroed la que S. V . le hacia «y cómo la cumple. En lo mas 

«en guiar su negocio por estos tér- «principal ha estado tan boaao 

«minos. Desde la hora que digo «que puede dejar envidia á los 

» basta las dos del domingo de ma- > que quedamos. Comenzóse á oob- 



PAETB ni. LIBM II. 371 

ciofi de que hemos hecho mérito. Eq 3 de noviembre 
eseribía el rey al daqne de Alba desde el Escorial lo 
que sigue: «Habiendo llegado la caria que me eseri- 

Bbistesá 18 de marzo coa la seuteucia que por vos 
)»9e pronundó oontra Montigny estando yo en el An- 
vdaluGfai, me paresció suspender la ejecución della 
i^hasta volver aqui , y aunque siempre fué tenida por 

^fesar ayer á las siete botas • y á «quesa; el sello y dadenilla para 

>l8fl diez le dije misa y le aami- »que lo eavie á su muger, y la 

»iiistró el Saolísimo Sacramento* »otra sortija á su suegra, por ser 

»En la uno y en lo otro tayo las «prendas que dice que ellas le 

•demostraciones de católico y «dieron de recien casado; y que 

•bnea cristiaoo que yo deseo para »la escriba como Dios le ha lleva- 

»mi ; gastó el resto del día y toda »do de esta vida en tiempo que 

«la Docbe siguiente en oración y »no pudo tener libertad de servilla 

>en actos de penitencia y lección »y bonralla, y que la envía aquel 

>de algunas cosas de Fr. Luis de «juguete por ser el que traía con- 

«Granada» ¿ quien en esta prisión «sigo y para su memoria: que la 

«se habiamucbo aficionado. Fuéie «suplica se acuerde de la sangre 

«oreGÍendo por horas el desenga- «que viene, y sea tan catóiioa co- 

>ño de la vida, la paciencia, el »mo sus pasados, y no deje Ue- 

«svfrmieDto y la conformidad con «varse de opiniones ni setas nue- 

j»la Toluntad de Dios y de su rey, «vas, sino permanezca en la fee y 

«cuya sentencia siempre alabó por «religión que la iglesia católica 

«justa, mas siempre protestando «romana enseña, y el emperador 

»de su inocencia en loa articulos «Garlos V. nuestro señor oefendió 

«del principe de Orange y rebe- «por sus leyes, siempre y en de- 

«lioii, etc., en los cueles no que- «vocion y servicio del rey nuestro 

«ria ser -de Dios perdonado si te* «señor, como della lo confía, y 

«nía culpa á su rey, mas confesa- «otro tanto ¿ su madre Esta 

«ha le hacian la guerra sus ene- »es ya mas larga de lo que quer- 

«mi^os, que en ausencia habían vria quien desea tan poco como 

«tenido lugar de ven(;arse dól ¿ «yo ser pesado; mas Heve vmd. la 

«-su salvo; y esto dijo sin cólera ni « pena de la culpa que no hice pa- 

« impaciencia esterior^ mas que si »ra que vmd. me quisiese por tes- 

«baolara en las cosas impertmeu- «tigo de trabajos. Nuestro Señor 

«iea de en.estraño» peroonándo* «la ¡lustre persona de vmd. guar- 

«los á todos con mucho ánimo y «de con el acrecentamiento que 

»denu»lraciones de cristiano pre- «desea en Simancas' diez y seis de 

«destinado por este camino. »octubre.-^B. L. M. á vmd. su 

«D^ja en mi confianza una oa- «servidor .-^Fr. Hernando de Gas- 

«denilla delgada de oro, de poca «tillo.— Al ilustro señor mi señor 

«sustancia, colgada de ella una «el doctor Velasco, del Consejo 

«sortija de oro, sello de sus ar« «de S. If.« 
«mas, y otra sortija con una tur- 



372 msTQuu 02 rspaSa. 

)>may justificada , reparé algunos dias en mandar 
«que se ejecutase en la forma que venia , porque se 
»me representó que causaría gran rumor y nuevo 
))senlimientp en esos estados y aun en los vecinos. Y 
loasi se anduvo mirando de la manera que se podría 
D hacer con menos estruendo , y al ñn me resolví en 
»lo que veréis por una relación que irá con esta en c¡- 
»fra: y sucedió tan bien, que basta agora todos tienen 
»creido que murió de enfermedad « y asi también se 
»faa de dar á entender allá mostrando descuidada y 
^disimuladamente dos cartas que irán aqui de dea 
»Eugenio de Peralta, de quien se fió el secreto como 
Dde mi alcaide de la fortaleza de Síipancas, donde se 
»habia llevado y estaba preso el dicho de Montigny, 
»el cual si en lo interior acabó tan cristianamente 
»como lo mostró en lo exterior, y lo ha referido el 
» fraile que Ib confesó, es de creer que se habrá apia- 
»dado Dios de su ánima. Resta agora que vos haf^ais 
» luego sentenciar su causa como si hubiera muerto 
»de su muerte natural, de la misma manera que se 
»sentenció la del marqués de Vergas (Berghes), pnes 
)>con esto me parece que se ha conseguido lo que se 

»pretendia etc. ^^K» 

Tal fué, y no como la suelen referir los historia**- 
dores que desconocieron estos documentos, la muerte 
del desgraciado barón de Montigny. 

(I) Minuta original que se ha- legajo 544. 
Ha en dichos papeles de Estado, 



PARTB lli« LIBRO U« 373 

Mientras esto pasaba, arreglado iodo lo concer- 
niente al matrimoDio^el rey don Felipe con la prin- 
cesa Ana, hija del emperador Maximiliano (que pare- 
cía ó signo <S empeño de Felipe IL tomar por espo- 
sas las que habían estado destinadas para su hijo), y 
después de haberse desposado con ella por poder y á 
nombre del rey Luis Venegas de Figueroa (24 de 
enero, 4570), dispúsose que desde Spioa, donde su 
padre Maximiliano II. se hallaba con motivo de la 
dieta para la elección de sn hijo mayor Rodulfo en 
rey de romanos, fuese traida á España por Flandes. 
Parecióle al duque de Alba buena ocasión el paso de 
la nueva reina por los Paises Bajos (agosto) para ve- 
nirse en su compañía, y se persuadió de que iba á 
ver cumplido lo que hacia tiempo andaba con empe- 
ño solicitando. Mas si bien el rey se mostró dispuesto 
á relevarle, y aun nombró sucesor al duque de Me- 
dinacelí, virey que era de Navarra, le respondió que 
seria bueno permaneciese todavía alli hasta que lle- 
gara su sucesor, que iria con la flota que habia de 
traer la reina. Vino pues aco^npañando á la despo- 
sada princesa, en lugar del duque de Alba, su hijo 
el prior de Castilla don Fernando de Toledo. Desem- 
barcó la regia comitiva en Santander (3 de octubre, 
4570), el dia en que se cumplian los dos años del fa- 
llecimiento de la reina Isabel de la Paz. Visitaron á 
la princesa austríaca en Santovenia sus dos hermanos 
Rodulfo y Ernesto; y en Segovia, donde la esperaba 



374 HISTORU DB ESPAÜA. 

el rey coa la princesa dooa Juana de PortugaU ae ce- 
lebraron suntuosamente las bodas (1 2 de noviembre) 
de Felipe IL » tres veces viudo y de edad de cuarenta 
y tres anos y medio, con la princesa Ana de Ausjtría, 
nacida en Gigales de Castilla , y que aun no babia 
cumplido los veinte y cinco ^^K Es de notar que en 
medio de este fausto acontecimiento estuviera el espf- 
litu del rey para ocuparse en ordenar la forma del 
suplicio de Montigny. 

Durante este tiempo el duque de Alba se habia 
determinado á publicar en Fiandes el ansiado perdón 
general (j^'í^* 4570), pero con tales limitaciones, 
que dejé mas fríos y mustios que satisfechos y ale- 
gres á los flamencos. £1 caso es que el mismo duque 
reconocía que no era este el camino para que el país 
se reconciliara con él, puesto que escribiendo á S. H. 
con referencia al indulto (22 de enero, 4571), le de- 
cía : No es maravilla que todo el pais esté conmigo 
mal^ porque no les he hecho obras para que me quieran 
bien» Y anadia que lo que de Madrid se escribía 
allá no contribuía tampoco á que le quisieran me- 
jor ^^K Por esta y otras causas continuaba instando 
por que fuese cuanto antes á reemplazarle el duque 
de Medinaceli; pero el rey Je contestaba que no te- 
nia un real para poder despachar al duque, porque 

(4) Cabrera, en el libro IX., personages que á ellas asistieron, 

capitulo 19 de su Historia, deacri- (i) Carta del duque de Alba al 

be la solemnidad con que se cele- rey, desde Anveres. — ^ArchÍTO de 

braroü las bodas, y enamera los Simancas, EstadO) leg. 546. 



FAATB £11. UlUlO II. 375 

todos sus recursos estaban agotados. ^^^ Obligaba 
esto mismo al de Alba á hostigar mas y roas á los pue- 
blos con la onerosísima esaccion de la décima y la 
vigésima, sin que las modiGcaciones que la penuria 
del país le precisaba á hacer fueran bastantes ni á 
aliviar al pueblo ni á disminuir la odiosidad del go- 
bernador. Antes bien llegó un día el caso de que en 
la misma ciudad de Bruselas cerraran todos losmer- 
caderas y menestrales sus tiendus y talleres; lo cual 
éxacerbóile tal manera el genio bilioso del de Alba, 
que aquella misma noche mandó colgar algunos do 
ellos á las puertas de sus tiendas. Ya las tropas seha- 
llaban formadas y el verdugo con los lazos en la ma- 
no, cuando llegó noticia de haber estallado de nuevo 
la rebelión en algunos puntos. «Y se verificó bien, 
i»dice el jesuita historiador de estas guerras , cuan 
«agriamente impelen á la rebelión los tributos^ cuan- 
y^Ao ¿ los pueblos, ya de otra parte conmovidos , so 
«imponen cargas superiores á sus fuerzas ^^^p 

. No habia faltado quien advirtiera al rey del peli- 
groso estado en que habian puesto á Ftandes las ve- 
jaciones y las tiranías que estaban sufriendo del du- 
que de Alba. Con el nombre de Advertimientos habia 
dirigido á S. M. su embajador en París don Francés 
de Álava dos largos escritos (4 y 5 de enero, 1572) 



(4) Carta del rey al duque de do, leg. 547. 
Alba, de Madrid, á 29 de enero de (2) Estrada, Guerra de Flan- 
4571 . Archivo de Simancas, Esta* des, Dec. 1., Ub. Vil. 



^mmm 



376 HISTORIA DB ESPAÑA, 

maDÍfestándole la multitud de mercaderes que emi- 
graban coD sus haberes de los Países Bajos huyendo 
del gravoso tributo de la décima» y de otros que do 
eran mercaderes y deseaban que les dieran la mano 
para tomar las armas; lo aborrecido que continuaba 
siendo el duque de Alba de las flamencos; el disgas- 
to de los mismos nobles que habian sido siempre mas 
adictos al rey; las disposiciones hostiles de la reina 
de Inglaterra; la protección que los hugonotes de 
Francia se preparaban á dar á los descontentos de 
Flandes; lo que habia que temer por la parte de Ale- 
mania; lo urgente que era enviar al duque de Me^ii- 
naceli á los Países Bajos, y que se retirara el de Alba, 
que sobre ser odioso al pais se le iban ya atreviendo 
como á quien miraban casi caido, y próximo á ser 
reemplazado; y por último, que viera S. M. de poner 
pronto remedio á aquella situación» que era peligrosa 
y grave ^^K 

Y asi fué que en la inmediata primavera (abril, 
1S72) comenzó la segunda revolución por Holanda, 
apoderándose el señor de Lumey, que se titulaba con- 
de de la Marca, de la ciudad de Bríelie en la isla de 
Voorne, al frente de quince naves , nueve de ellas 
bien armadas, que había tenido pirateando por las 



(4) Daremos por apéndice los solo de la situacioQ de Flaodes, 
segundos Advertimientos de don sino de la general de los estados 
Francés de Álava, copiados del de Europa, y del espíritu de cada 
Archivo de Simancas, Estado, le- uno de ellos, respecto á la cues- 
gajo 549, por la idea que dan', no tion flamenca. 



S ' * ' - -^ ♦ -•^ ' « . ^ .- ' '- >- .-. 



PARTB ni. LIBRO ÍU 377 

cobUks de Holanda y Frisia. Para excitar mas el odio 
coDtra el duque de Alba llevaba pintadas en sus ban- 
deras diez monedas, emblema del aborrecido im- 
poeslo de la décima. El conde Bossu que acudió alli 
con algunas compañías tuvo que volverse, después de 
pasar por el escarnio de ver á los rebeldes quemar 
algiftias de sus naves, y de saber que hablan roto las 
imágenes sagradas con sacrilego furor. Este fué el 
principio del levantamiento que babia de parar en 
constituirse eti república independiente aquellas pro- 
vincias, precisamente cuando Felipe II. pensaba en 
hacer de todos los estados de Flandes un reino ^*K 

A muy poco tiempo se rebelaron los de Flesinga, 
puerto de Zelanda y llave del Océano, lanzando la 
guarnición española, y ahorcando el caudillo de los 
rebeldes al coronel Hernando Pacheco, pariente del 
de Alba, en venganza, decia, de haber éste cuatro 
anos antes condenado á igual pena á un hermano su- 

(4) No nos queda duda de este los Países Bajos (lo fué por el con- 
pensamieoto de Felipe It. Ed 4 de sejero Assonleville), mas se sus- 
julio de 4570, le decía desde el Es- pendió perlas diñcultadesqueen- 
corial al duque de Alba, quecier- tonces se ofrecían. Las ctrcuns- 
ta persona, celosa de su servicio tancias boy ban variado; tos na- 
V del bien y tranquilidad de los turales están sometidos, y creo 
Países Bajos (era el consejero que nadie se atrevería i contra- 
Hopper), le babia avisado ser el riar su ejecución. Sí con mana se 
momento favorable para erigirlos los pudiera comprometef á que 
eu reino, y le babia dado un me- ellos mismos me lo demandaran, 
moríal de ios fundamentos con que este seria ciertamente el camino 
lo podía bacer, del cual le envía- mas llano. Por lo demás, vos me 
be copia; que lo comunicara á las diréis en qué forma debería yo so- 
personas Gue tuviera por conve- licitar del papa el titulo de rey, y 
niente, y le trasmitiera su pare- si para esto deberé contar con el 
cer. «Este proyecto, decia, fué emperador.» Archivo de Siman- 
concebido ya cuando yo estaba en cas, Eslado,1ég. 544. 



378 HISTORIA DE ESPAÑA» 

yo. No lardaroQ en seguir el movimiento casi todas 
las <;¡udades de Holanda, á escepcion de Amsterdam 
y alguna otra, y muchas de Zelanda, publicando es- 
critos burlescos contra el duque y poniendo sú retrato 
en ridículos pasquines. Y aunque en el principio de la 
insurrección algunas ciudades estuvier^m indecisas du- 
dando á quién hablan de proclamar, al fin se adhirie- 
ron y juraron como presidente al principe de Orange» 
que en Alemania no había cesado, como insinuamos 
en otro lugar, de trabajar para ver de emprender otra 
campaña con mejor éxito que la primera. De esta vez 
acudieron á los rebeldes tantos socorros de Inglaterra 
y de Francia, que á los cuatro meses reunieron ya 
en Flesinga una armada de ciento y cincuenta velas. 
De modo que con razón decia el obispo de Namur, 
que con la décima y la vigésima del duque de Alba 
se habian comprado las provincias marítimas de los 
Estados para el príncipe de Orange. La insurrección 
cundía rápidamente en* Güeldres, en Zutphen y la 
Frísia, cpmo en Holanda y Zelanda, y alU el conde 
Vanden Berghe tomaba por fuerza unas ciudades, y 
entraba sin oposición en otras. Pero nada afectó t^nto 
al duque de Alba como la nueva que recibió de que 
por la frontera de Francia Luis de Nassau, hermano del 
de Orange, ayudado de los franceses, se Jiabia apode- 
rado de Mons y de Valenciennes (mayo, 1 572,) lo cual 
le hizo sospechar que el rey Carlos no era estraño á 
aquellos sucesos, y escribió por lo tanto al rey, á su 



PAftXB 111. uno u. 379 

loadre y al daqae de Adjoq» recordáadotes los auxi- 
lios que siempre que habiaa teaido necesidad les había 
prestado Su Magostad Católica, bieo que ellos proles* 
laban que querían estar eo paz coa España, y nega- 
ban qoe diesen favor á los sublevados. El duque por 
su parte bUDpooo quería rom(ier con el monarca fran- 
cés mieotras él no arrojara la máscara. 

Cuando el duque de Mediaaceli, después de tanta 
detención, arribó al puwto de la Esclusa con dos mil 
e$panoles de refuerzo y alguna plata en barras , no 
sin peligro de caer en manos de los piratas rebeldes, 
la guerra estaba ya encendida, y el duque de Alba le 
envió á decir que en tal situación su honor no le per- 
mília hacerle entrega del mando y gobierno de las 
provincias mientras estuviesen alteradas, puesto que 
su retirada á España en los momentos que ardía una 
guerra, de la cual no faltarla quien quisiera hacerle 
culpable, se tendría por cobardía; en lo cm|^ obró el 
de Alba como cumplía á su *honra« Y ya entonces se ' 
allanaba á relevar á los pueblos de la décima, y á 
ampliar el indulto i los delicuentes; pero era tarde. 

Parecióle al duque que lo principal y mas urgen- 
te, sin dejar de atender en lo posible á las provincias 
marítimas, era acudir al Henao y recobi'ar á Mons; á 
cuyo e&)cto, y en tanto que él podia ir en persona , 
envió á su hijo don Fadrique con el maestre de cam-> 
po Ghiapin Yilelli y con una buena parte del ejército. 
En el primer choque con los de Mons recibió Chiapin 



n 



380 HISTOKIA DE ESPAÑA. 

Vítelli un balazo en la pierna izquierda, cuyo contra- 
tiempo no les impidió sentar sus reales en las posicio- 
nes que escogieron. A libertar á los cercados de Moas 
acudió buen golpe de franceses enviados por el almi- 
rante Colignyt y mandados por el señor de Genlis. El 
afán de ganar la gloria de libertador empeñó á Genlis 
á combatir por su^ cuenta con los españoles, costando- 
le su ambiciosa presunción ser completamente destro- 
zado por el intrépido don Fadrique de Toledo» capitán 
valeroso, y mas feroz que su padre. Prodigios de 
valor hizo aquel dia Chíapiu Yitelli: no permitiéndole 
la herida ni andar ni tenerse en pie, hízose conducir 
á la batalla en un carretoncillo^ desde.el cual, medio 
tendido, pero puesto á la vanguardia, ordenaba las 
haces, y con la voz y con las manos animaba á la pe- 
lea, y contribuyó muy eficazmente al triunfo, si bien 
se le recrudeció la herida, de la cual llegó á estar 
deshauciylo. Murieron mas de mil franceses, el mis^ 
mo Genlis quedó prisionero, con otros seiscientos, en- 
tre ellos cerca de sesenta nobles, de los cuales unos 
fueron llevados á las fortalezas y otros ahorcados. Los 
fugitivos eran degollados por los rústicos de la tierra, 
y don Fadrique envió á España al capitán Bobadilla 
con el parte de la victoria y con el parabién para el 
rey don Felipe ^*K 



(4) De Thou, lib. 54. — Mendo- biera, librlX., cap. 2.*--Gachanl, 
za, Coment., lib. VI. — Estrada, Correspondencia ac Felipe U., to* 
Guerras, Decada I., bb. VU.— Ga- mo H. 



PAETB in« UBRO lU 381 

El duque dé Alba, cooforme habia ofrecido , par- 
tió de Bruselas y puso su campo delante de Mons 
(primeros días de setiembre). Mascón esta noticia el 
príncipe de Orange, que se hallaba muy prevenido á 
la frontera de Alemania , levan tó el snyo, y pasó el 
Rhin y el Mosa coa once mil peones alemanes y seis 
mil caballos* é internóse por Brabante , ansioso de 
socorrer á su hermano Luis , el sitiado en Mons. 
Diest , Tiríemont, Malinas, Termondei, le abrieron las 
puertas: Lovaina le dio víveres y dinero á trueque 
de evitar su entrada: iba por todas partes el de Oran- 
ge sembrando el terror y la muerte, y ensangrentán-^ 
dose principalmente con los sacerdotes católicos y con 
las cosas sagradas, lo cual dio lugar á que los españo- 
les usaran de igual ó mayor rigor y crueldad con los 
hereges y los enemigos, siendo mas lamentable y des- 
dichado que nunca el estado de Flandes, sufriendo en 
todas parles los escesos y calamidades de una guerra 
sangrienta, é invadido por cuatro ejércitos enemigos, 
infestando Lumey las costas marítimasT, Luis de Nas- 
sau I» frontera de Francia , la de Alemania Berghes» 
y en el corazón del estado el de Orange. Guando éste 
pasó al Henao y llegó á Jemmapes (9 de setiem- 
bre, 4572)^ á un cuarto de legua del campamento 
del de Alba , donde también se hallaba ya el de Me- 
din^celi , se admiró de ver cuan en orden tenia aquél 
las fortificaciones de sus cuarteles. En vano intentó 
el prínbipe romperlas, y mucho menos logró empe* 



382 OISTOmU mZ ESPAÑA, 

ñar al de Alba á una batalfa campaU dé lo coal haia 
siempre con resol ación fija el daque , dgniéndo aa 
antiguo sistema. 

ün día» al tiempo de an^elieoer, se bailó sorprea-' 
dido el príncipe de Ofange con un inesperado estruendo 
de tambores^, trompetas y clarines en el campamento 
español, con grande estampido de cimones y salvas de 
arcabaceríai y sobre todo con vistosas luminarias y ale- 
gres voces» todo la cual indicaba la celebridad de algún 
fausto acontecimiento. Dedicase con solicitud á averi- 
guarió , y supo por sus espías que en efecto celebra- 
ban la nueva que les acababa de llegar de una gene- 
ral y horrible matanza de hugonotes que se había 
hecho en Francia, y que comenzó el dia, qoe con 
esto se hizo tan meDM>rable , de San Bartolomé. Aqb- 
que no habrá lector tan escasamente versado en la 
historia que no tenga conocimiento de aquella terrí* 
Ue jornada, que tos franceses nombran les Meusacres 
de la Saint* Bar thelemif no podemos dejar de decir 
algunas palabras de aquel suceso que tan inmediata- 
mente influyó en los de Flandes que estamos contan- 
do , y que forma la página mas sangrienta y horrible 
de la historia de Francia en el siglo XVI. 

El lector que recuerde lo que en uno de nuestros 
capítulos anteriores dijimos del origen y principio de 
las funestas guerras de Francia entre católicos y hu- 
gonotes (*) , comprenderá que el plan de esterminar 

(4) Gap. V. del libro presente. 



PABTE III. LIBRO 11. 383 

los hereges haciendo en ellos una matanza general 
venia ya fraguado de mucho tiempo. La mortandad 
de Amboise (1 564) se puede decir que fué ya el pre- 
ludio de esta memorable tragedia. Y no sin razón se 
ba sospechado que en las misteriosas conferencias de 
Avignon^ y mas aun en las de Bayona (1565), en la 
célebre entrevista de la artificiosa Catalina de Mediéis 
con su hija Isabel , la reina de España , esposa de 
Felipe II. , á que asistió el duque de Alba , se habia 
concertado ya el plan de estermínio , cuya ejecución 
se fué después por graves dificultades difirienldo. Las 
guerras posteriores entre católicos y protestantes^ 
sost^iidas de una parte por los Guisas , de otra por 
los Montmorency , que tanta sangre costaron al pue- 
blo francés» llevaron las cosas á términos de creerse 
ya necesario tratar solemnemente de paz y reconci- 
liación entre los dos grandes partidos, pero sin que 
la reina madre y los Guisas , y los duques de Anjou 
y de Aumale abandonaban su siniestro proyecto. An- 
tes bien estudiaban la ocasión en que poder ejecutar- 
le cuanda los protestantes estuvieran mas confiados y 
adormecidos» y esta ocasión la hallaron en las bodas 
que se hablan dispuesto de Enrique de Navarra con 
la princesa Margarita , hermana del rey Carlos IX. El 
príncipe de Conde, el almirante Coligny , todos los 
gefes de los protestantes hablan sido llamados á París 
para dar mas solemnidad á estas bodas y poner como 
el sello á la reconciliación de los partidos. £1 mismo 



384 HISTORIA DB ESPaSa. 

Coligoy , el mas valeroso y activo capitán de los hu- 
gOQotes; el qae mas auxiliaba á los protestaates fla- 
mencos, al prÍQcipe de Orange y á su hermano Luis 
de Nassau ; el que convidado antes por el rey Car- 
los IX. á ir á la corte , se habia negado con justo re- 
celo, contestando: que en Francia no habia condesde 
Egmont ^^ ; el mismo Goligny se resolvió por último 
á ir á París, fiado en que no habia de engañarle el 
rey , que le llamaba siempre su padre. ¡ Cuan cara 
pagó su confianza en el amoroso dictadol 

Celebrábanse en París las bodas con alegres* y 
vistosas fiestas , alternando los bailes y los banquetes 
con los torneos y otros espectáculos. Esie fué él mo- 
mento que escogieron la reina madre y los Gnisas 'pa- 
ra realizar su plan de ester minio contra los hugono- 
tes, haciendo en ellos otras Vísperas Sicilianas , no 
menos horribles y sangrientas que aquellas. Todas 
las disposiciones estaban tomadas para una matanza 
general, que comenzó el 24 de agosto (157¿), diade 
San Bartolomé, de que tomó el nombre aquella me- 
morable jornada. El primero que fué sacrificado y en 
quien se estrenó el puñal asesino fué el almirante Go- 
ligny^ á quien el rey habia acariciado con palabras 
tan cariñosas y dado tantas seguridades. A la voz de 
^¡Mueran los hugonotes I El rey lo manda ^y^ se derra- 

(4) Aludieudo á la confianza duque de Alba, que después le bi- 
con que el de Egmont en Flandes zo ahorcar, 
se haoia entregado en manos del 



UAIITR III. LIBRO II « 385 

maroD loé asedióos por todas las calles y plazas de 
París, inmolaadó con bárbaro y desapiadado furor 
coantos beregea ó sospechosos de no católicos encoo « 
trabao , bascéodolos por las casas, persiguiéndolos 
por los tejados, en los sótanos, y alli donde los halla-*- 
ban/ aunque la enfermedad los tuviera postrados en 
el lecho del dolor , les clavaban los aceros , y sin re* 
parar en que fuesen ancianos ó niños, los arrojaban á 
las calles y los arrastraban y mutilaban, estendiéndo* 
se el frenesí hasta é las infelices mugeres, y haciendo 
con sus cuerpos cuanto puede imaginarse de mas 
horroroso* En los días que duró esta carnicería pere- 
cieron sobre cuatro mil personas, entre ellas, los mas 
ilustres personages del partido hugonote. De París se 
propagó el furor, como se trasmitieron las órdenes de 
esterminio á las provincias , y se ejecutaron iguales ó 
parecidas atrocidades en Méaux , en Troyes , en Or- 
leans, en Bourges, en Sancerre, en Lyon, en Auverg- 
ne, en Bayona, en Tolosa, en Rúan, y en otras mu-^ 
chas ciudades y poblaciones , pudiendo decirse que se 
empapó en sangre de los hugonotes todo el suelo de 
la Francia ^^^ . 

La nueva de esta catástrofe desalentó al príncipe 
de Oraoge, que sobre no poder esperar ya recibir mas 
socorro de los franceses de su partido, temia que!^ 



(1) Diario de Carlos IX.^ to- pormenores de aquella horrible 
mo T. — Las historias de Francia, mortandad, 
donde se leen largos y espantosos 

Tomo xiii. 25 



SSÍ6 RiSToaiA DB bspaSa. 

desampararan los mismos que defendían á Mons con 
su hermano: y como no , consiguiese ni romper ios 
reales del de Alba, ni comprometerle á pelear, pican- 
do ya también «las enfermedades en su ejército , de- 
terminó retirarse á Malinas, dejando á su hermano 
abandonado á la suerte. Persiguiéronle en su retirada 
unas compañías de españoles con ochocientos caballos 
encamisados todos, los cuales pasaron á cuchillo mas 
de cuatrocientos soldados, y tal vez le hubieran sor- 
prendido á él mismo en su tienda, si los ladridos de 
una perrilla que llevaba consigo no le hubieran avi- 
sado y apercibido del peligro que corría. No creyén- 
dose , pues, seguro en Brabante, levantó de nuevo el 
campo, y se retiró á Delft en Holanda. Luis de Nas- 
sau, sabida la muerte de su favorecedor el almirante 
Coligny y la retirada del^príncipe, capituló con el de 
Alba con no despreciables condiciones la entrega de 
Mons, y él se trasladó á Dillemburg, asiento principal 
del estado de Nassau^ Con esto las tropas reales fue- 
ron fácilmente recobrando lo que en Flandes y Bra- 
bante habia tomado el de Orange. El duque de Medi- 
naceli, don Fadríque de Toledo, Berlaymont, Noir- 
carmes y todos los gefes del ejército entraron en 
Malinas, la ciudad qucse habia mostrado mas adicta 
^"príncipe rebelde , y la castigaron permitiendo tres 
dias de saqueo (2 de octubre, 1572], «que es muy 
necesario ejemplo, le decia el de Alba al rey, para 
todas las otras villas que se han de cobrar, porque no 



PARTB III LIBRO lU 387 

piensen que á cada una dellas sea menester ir el ejér- 
cito de y. M. » que sería un negocio infinito <*) .^ 

Siguieron las tropas reales en pos del eiíetíiigo. 
Los duques de Alba y de Medínaceli determinarcfn 
pasar el Mosa, y avanzaron á Maestricht y á Nimega. 
El coronel Mondragon y Sancho Dávila , enviados á^ 
Zelanda con dos mil españoles escogidos , ejecutaron 
operaciones admirables, ya atravesando con su gente 
ana parte del Océi^io , ya vadeando rios con el agua . 
hasta el pecho, y acometiendo inconti:nenti con heroi- 
ca audacia huestes y poblaciones enemigas, destro* 
zando las unas y apoderándose de las otras , siendo 
una de sus mas notables empresas el modo como hi- 
cieron levantar el cerco de Ter Gves, puerto del Es- 
calda, que defendía Isidro Pacheco. Por su parte don 
Fadrique de Toledo guerreaba en Gtfeldres , Recon- 
quistaba á Zutphen, y reducia á escombros la villa de 
Naerden , abrigo de hereges, que le quiso resistir, 
demoliendo muros y casas, y pasando á cuchillo á toa- 
dos su<) habitantes sin escepcíon <^^ ; venganza escesiva 
y cruel, que puso en desesperación toda la parte su- 



* > r ■ 

{{) Cartas del duque de Alba Mendoza, que se halló en el cerco 

á Fejípe \\é desde el campamento de Moos, inserta las condiciones 

frente de Mons, y desde los reales de la capitulación, 

cerca de Malinas, fechasen se- (2) MDegoUaronburgesesysol- 

tiembre y primeros de octubre, dados, sin escaparse hombre ruu^ 

Archivo (fe Simancas, Estado, le- ctdo,» decia el duque do Alba en 

gajos 09% y 553.— Estrada, beca- carta á Felipe II. desde Nimega. á 

da I., lib. vn.— Mendoza. Comen- Í9 de diciembre de 157i. — Arcni- 

tarios, lib. VIL— Cabrera, lib. X., vo de Simancas, Estado, Icg. 552. 
cap. 4.— De Thou, lib. LIV.— 



388 BiSTORU DR kspaSa. 

blevada de Holanda. Eq los meses de noviembre y 
diciembre la Frisia fué reducida á la obediencia del 
rey, y el conde Vanden Bergbe , lanzado de allit se 
refugió á Westpbalia, desbalijado por su misma gen- 
te. Todo esto se hacia permaneciendo el cloque 'de 
Alba en Nimega, lejos del teatro de la guerra (*) • 

Pero el acontecimiento mas notable y digno de 
memoria de esta guerra fué el famoso siiío de Bar-»- 

* 

lem, bella ciudad de Holanda » en que los rebeldes 
se atrincheraron » menospreciando con altivez toda 
propuesta de perdón , y donde se defendieron berói^ 
camente contra todo el ejército de Felipe II. mandado 
por don Fadrique de Toledo, hijo del duque de Al- 
ba , por espacio de ocho meses que los tuvo cerca- 
dos (desde diciembre de 1 672 ¿ julio de 4 573). Todas 
las hazañas y todos los padecimientos , todo el valor 
y toda la constancia t todas las calamidades y todos 
los recursos, todas las arles é industrias y todos los 
males que se pueden emplear y sufrir en el mas por- 
üado ataque y en la mas obstinada defensa de una 
plaza^ todo se empleó y todo se sufrió en el cerco de 
Hariem por sitiados y sitiadores , y podría escribirse 
del sitio y defensa de Hariem un volumen entero. 
Bástenos notar» á nosotros que no podemos detener- 
nos á referir los particulares lances de cada guerra ni 

{i ) Mendoza , Comeui. , li- del contador Alameda j olroi* al 

bro VIII. — ^Estrada. Dec. 1., li* rey y al secretario Gabriel de Za- 

bro vn.— Cartas origioales del du-< yas; Archivo de Simancas^ Estadoi 

<(ue de Alba, del oe Medioaceü) legajo 55i. 



VABTB III. LIBBO It. 389 

de cada campañat algunas circunstancias que darán 
idea de la heroica porfia de los unos y del desespera- 
do esfuerzo de los otros en este sitio. 

El encamizamieoto con que se peleaba era tal, 
que no se perdonaba á nadie la vida , y á todo el que 
le cogia de una parte ó de otra « no se tardaba en 
ahorcarle sino el tiempo ne<;esario para ceixiorarse 
de que era enemigo ^ lo que equivale á decir que se 
le ahorcaba en el acto. De esta ferocidad dieron los 
sitiados el primer ejemplo. Repetidas veces colgaron 
estos de las almenas los cadáveres de los españoles, 
iosultando al propio tiempo á los del campo con pa- 
lid)ras provocativas. Los españoles por su parte ai'ro- 
jaban dentro de los muros cabezas cortadas, con car-» 
teles como los siguientes : Cabeza de Filipo Cminoo, 
fue vtfi9 ccn dos mil hombres á libertar á Harlem; — 
Cabega deAtUonio Pictor , el que entregó la ciudad de 
Mons á los franceses. A esto contestaron los de dentro 
arrojando once cabezas al campamento español con 
UQ letrero que decia: Los de Harlem envian diez cabe^ 
M5, para que el duqtte de A Iba no haga la guerra con 
frtíesto de que se nieguen á pagar la décima : y para 
que vea que le pagamos con usura , le enviamos una 
mas. Muchas veces ponían sobre los muros imágenes 
de santos^ y aun del mismo Redentor de los hombres, 
para que recibieran los primeros las balas de los es- 
pañoles; y otras presentaban figuritas de sacerdotes y 
frailes, y hacian la ceremonia burlesca de azotarlos 



390 BOSTINUA DB BSEi^A. 

y cortarles despaes las cabesas. Lasmu^res de Har« 
lem formaron también su especie de eacaadron de 
amazonas con su correspondiente capitana, y con una 
intrepidez que admiraba á los mismos enemigos al- 
ternaban con los hombres en la defensa de los maros, 
y desafiaban á los españoles con sus arcabuces. La 
muerte de los famosos y entendidos- ingenieros del 
ejército real, Cressonniere y Bartolomé Campi» la in- 
utilidad de los repetidos asaltos que tantas víctimas 
costaban á los jsiliadores , los trabajos que estos sa-« 
frían en aquellas heladas lagañas » todo iba ya incli- 
nando á don Fadríque de Toledo á abandonar la em- 
presa y á retirarse á Brabante. Pero entendido esto 
por el duque de Alba su padre, le envió á decir: «fiie 
^ alzaba el campo sin rendir la plaza^ no le tendría 
por hijo; qué si moría en el asedio , él iría en persona 
á reemplazarle , aunque estaba enfermo y en cama; y 
que si fallabanrlos dos , iria de España su madre á 
hacer en la guerra lo que no haina tenido valor ó pa^ 
ciencia para hacer su hijo ^^^xt 

(4) Esta embqja^a es ts^n pier- la^ diferencias que con la reina dei 
ta, que el que la refiere es el mis- Inglaterra habia sobre embargos, 
mo qae la llevó, y la comunicó en cuyo viage dice que empleó 
también al ejército en las trinche- mes y medio. Entonces fué tara- 
ras, á saber: don Bernardino de bien cuando Felipe II. mandó á don 
Mendoza. Este mismo llevaba ór- Luis de Requesens, comendador 
den del duque de Alba para feco- mayor de CasUlla y gobernador 
nacer las baterías, las minas y to- de Milán, que enviase al ejército 
dos los trabajos del sitio, y vino á de Bariem cinco mil espwoles eq 
España á dar cuenta de todo al veinte y cinco banderas — Mcn- 
rey, volviendo luego á Nimega doza. Comentarios, lib. IX.. págn 
con buena provisión do dinero, y na 191 y 492, edic. de Madrid de 
con poder del rey para arreglar 459f. 



PASTB 111. UBEO 11* 'S9f 

Usaron ios de Harlem éa este sitio de palomas 
correos para comonicarse con el príncipe de Orange, 
á imitación de los antiguos romanos en el sitio de Uó- 
dena. Sabida es ya la forma y artificio que se emplea 
para obtener este medio de comunicación. Mas esto 
daró'Solamenté hasta que la casualidad hizo que una 
de lasinocentes mensajeras cayera fatigada en los rea- 
les y se descubriera el secreto» pues desde entonces^ 
los soldados se entretenían en c^zar con sus arcabuces 
todas las que veían á tiro. Unos y otros recibían so* 
corros por mar y por tierra ^ y por tierra y por mar 
se peleaba. En ambos campos se hacía sentir el ham- 
bre^ pero mas especialmente en la ciudad , donde se 
comía las cosas mas inmundas, hasta las suelas del 
calzado. Aqueles gentes, sin embargo» no se rendian» 
aun con ver acribilladas sus murallas con diez mil 
doscientas^ cincuenta balas de cañón que. sobre ellas 
se tiraron , según cuenta que llevaron algunos curio- 
^s. El 8 de juliá» á medía noche, hizo el príncipe do 
Orange un esfuerzo por socorrer á los de- Harlem, 
pero la mañana del 9 le atacó don Fadrique, y le der- 
rotó completamente, matándole tres mil hombres, y 
cogiéndole toda la artillería y banderas, y hasta tres- 
cientos carros de municiones. Con esto acabó de des- 
aparecer toda esperanza para los sitiados, los cuales, 
no obstante^ en su desesperación, pocos como ya que- 
daban, hambrientos y escuálidos , y habiéndoles sido 
rechazada toda propuesta de capitulación , todavía 



392 msTWU db bsvaÜa . 

intentaron una salida t dejando en la ciudad las^mu- 
geres y los niñost sin mas objeto qoe el de morir ma* 
lando. Pero las lágrimas y ios abrazos de los hijos y 
de las madres podieron tanto en loa conaoiiea de 
aquellos valeroso» goerreros qoe haUan despreciado 
tantas veces el foego y el hierro enemigOt qw no po* 
diendo resistir á la sensación de la ternura, volvieron 
átrás^ y se rindieron al fin sin mas . condición que la 
generosidad ó la clemencia que quisiera tenerles el 
rey (4 !¿ de julio, 1573). 

Dio don Fadrique da Toledo las disposicioDes 
oportunas para la entrada en Harlem, prescribiendo é 
cada capitán el puesto que dsbevia ocupar. Cuando el 
duque de Alba desde Nimega comunicó al rey (44 de 
julio) la rendición de Harlem, le decía: «Desearía ma- 
lucho que no se saquease^ porque tenga lagar la mi- 
»sericord¡a, y se pueda hacer el castigo que mereacen 
dIos culpados. De los valones, franceses y iagleses 
»Ae e$tr%fijo & don FaAti^a^ no med^e hambre á vida, 
9>y de hs alemanes iae cabezas; y los otroa, con jo- 
»ramentade no servir mas á este rebelde, los eche 
«desnudos por parte que no puedan hacer daño. Los 
«burgeses se castigaráa algunos; con los demás se 
)>usará de misericordia, por ejemplo de las demás 
»villas...«) ^^K Y asi lo hizo. Dos mil trescientas solda- 
dos, franceses, walones é ingleses con sus comandan- 

ft) Archivo de Simancas, Estado, leg. 555. 



9Awn m. LIMO lu 893 

ieft, fueitm ptados por las aruu»» molió á la dodad 
eacten mil escudos, é hizo ahorcar algonoa ciadada- 
B08. Eo el parte qae de esto daba al rey (Utrech, 28. 
de jiiUa)ilodecia: «Agora, sefior, es meoesler proco*- 
»r«r par toda» las vías posibloAt y c^ toim ¡as blaf^ 
piwrasque m el mundo se pudieren hallar ^ la rediio- 
»ctoD de este poeUo, porque oslando V. M« armado 
90000 está, tiene lagar la misericordia , y la tendrán 
»por tal, y sí en otro tiempo se acometería con ella, 
»faera darles ocasión de mayores desrergttensas.» 

Habian muerto eo el sitio de Harlem mas de coa^ 
tro mil hombres del ejército real, entre ellos muy ilus. 
tres y valerosos capitanes» Recibieron heridas don 
Fadrique» don Femando y don Rodrigo de Toledo, 
los maestres de campo don Gonzalo de Bracamonte y 
Jiriian Somero, y otros muchos esforzados caudillos 
y oficiales de todas naciones. Calcúlase que mu- 
rieron de los enemigos mas de trece mil ^^K 

A loe quince días d poco mas de la entrada de nues- 
tras tropas en Harlem, amotináronse los tercios velera- 
noseapañoles pidiendo que les diesen qué comer, é hi- 



(4) Ademas de las noticias que otros personases que se hallaban 
de este sitio y de esta suerra dos en Flandes y Holanda, la de) du- 
da don Bernardino de Mendoza, el que de Alba con don Fadrique, su 
mas autoritadp de los bis^iado* hijo, general del ejército, la del 
res de las cosas de Flandes, en el secretario Albornoz con Gabriel 
libro IX. de sus Comentarios, te- de Zayas, y tantos otros documen- 
nemos á la vista copias de multi- tos, que con sola su enumeración 
tud de documentos oríKinalea de y con las fechas de cada uno po- 
la correspondencia del duque de iríamos llenar algunas páginas. 
Alba con el rey, y de este con 



394 QISTOBU DB ESPaSa. 

ciéroolo con. tal órdea y maestría, como ooldados 
viejos que eran, y.lomaroa tales disposiciones, y pu- 
blicaron tales bandos, y diéronse á sí mismo tal forma 
de gobierno, que ellos se ajioderaron de todo lanzan- 
do á sus capitanes, y dándose por muy feliz de podezse 
salvar el maestre de campo Julián Romero, que llegó 
mas muerlo.que vivo á Amsterdam. Esta insurrección, 
que duró muphos días, puso en tal cuidado al duque 
de Alba que escribió al rey pidiéndole por Dios diri- 
giese desde aqui su voz á los amotinados y les ofre- 
ciese pagarles á la mayor brevedad. Tan en cuenta 
lo tomó Felipe IL, que en 46 de agosto le contestó 
desde G^lapagar, diciéndole le enviaba 400.000 es- 
cudos en letras de cambio, babiéndole costado tanto 
trabajo reunir esta suma, y á tan crecidos intereses, 
que era necesario viese de terminar cuanto antes los 
negocios de los Paises Bajos» Ck)nesto y con el dinero 
que entre el duque y su hijo hablan pedido prestado 
á comerciantes particulares de Amsterdam> pudieron 
sosegar al pronto la sublevación, concertando con los 
insurrectos la cantidad que hablan de dar á cada uno. 
Pero creció con esta especie de capilulacion la inso- 
leqcia, y no tardaron en amotinarse otra vez, si bieo 
costándoles á los autores de este segundo motin ser 
ahorcados (leíante de Atckmaar por orden de don 
Fadrique. 

El resto del año se pasó, conforme á la orden del 
rey, en apresurarlas operaciones para ver de concluir 



FAATB III • LIBftO II. 395 

una guerra taa costosa * que ni los escasos recursos 
de un pais tan castigado, ni los mas escasos que po-^ 
dian ir de España alcanzaban á soportar. Aunque muy 
quebrantados los orangistas con las anteriores derro- 
tas, «un daban mucho que hacer á las tropas reales en 
Holanda y Zelanda» de cuyas provincias, si bien se 
fuOTon tomando algunas ciudades, á costa de trabajo- 
sos sitios y de no pocas pérdidas, muchas quedaban 
todavía por los rebeldes, y oontinuaba viva la guerra 
por tierra y por agua» en aquellos paises mitad marir 
timos, mitad terrestres. Las tropas de diferentes na- 
ciones que se hallaban al servicio del rev por este 
tiempo en. los Paises Bajos, según relación del duque 
de Alba dada al comendador de Castilla eran; 79 
compañías españolas^ que hacían 7.900 soldados; 64 
eompañias de Altos Alemanes, qae componían 16.200 
hombres: 32 compañías de Bajos Alemanes, con 9.600 
plazas: 404 compañías walonas , que equivalían 
á20«800 soldados. Era el total de la infantería 54.500 
hombres, sin contar los 3.000 que ocupaban las plazas 
fronterizas. La caballería se componía de 35 compa^ 
nías, que hacían un efectivo de 4.780 hombrías <*). 
Mas cuando en tal estado se hallaba la guerra, 
ocurrió otra novedad, que había de ser trascenden- 
tal para los Paises Bajos, á saber, el reemplazo defi- 



(4) R^laoian do la g«nie de Ha, el 18 de diciembre do 4 B'a.^ 
guerra, etc., enviada por el duque Arctiivo de Siniaacas, Estado, le- 
de Alba al comeadador de Casti- gajo 554. 



306 BMTMU M BSPAHA. 

niiivo del duque de Alba en el gobierno 
militar de Flandes y su venida á España. Los 
Fiadores señalan como única causa de haber admtlído 
el rey la dimisión del duque, su falta de salud y el 
deseo repetidas veces manifestado de retirarseé Pero 
hubo en realidad mucho mas que esto» segon eñden- 
tómente se ve por la correspondencia oficial que tena-* 
mos á la vista. Cierto es que el d oque de Alba gozaba 
ya de poca salud, y hacia tiempo deseaba y pedia ser 
relevado del gobierno, como que á virtud de sos re- 
clamaciones habia el rey nombrado y enviado para 
reemplazarle al duque de Medinaceli« Encendida la 
guerra cuando este último llegó á los Paisas Bajos, cre< 
yó el de Alba que su reputación no le permitía aban<* 
donar el pais en aquellos momentos hasta pacificarle, 
y continuó al frente de la guerra y de loanegocios, de 
modo que habia en los Estados dos gobernadores, uno 
de hecho y de realidad, que era el duque de Alba» 
aunque dimisionario, y otro que puede decirse nomi-** 
nal> que era el de Medinaoeli, á qoien se aparentaba 
consultar como á una especie de coadjutor é coregen- 
te, pero que en hecho de veixlad desempeñaba Qn pa^ 
peí indefiniblOé Si al principio pareció marchar acor- 
des los dos gobernadores, nó tardaron en surgir en- 
tre ellos la3 quejas y disidencias que ora de esperar. 
«Mucha paciencia he necesitado desde que vine á es- 
1» tos países (escribia el de Medinaceli desde Nlmega 
»cn 12 de noviembre de 1572}, y ahora que el du* 



rAATIS IH, LlBEO.ll. 997 

iH\M de Alba sematítíeoe l^os del teatro de la guer* 
Bfa, estoy delerftiinado á dejarle en cuanto Zutpbcn 
)»9ea tomada. El rey juzgará sí es coaveaienie que un 
«capitán general ealé tan apartado de so ejército , y si 
»es decoroso -á mi reputación que la dirección de ia 
«guerra y de las tropas se haya encomendado á don 
«Fadrique, que por la edad puede ser hijo mió. A bien 
»que con irme yo nada sufrirán Jos negocios» porque 
' »el de Alba me da lan poca parte de las cosas, á lo 
«menos délos términos y resolución dellaSt que en 
«las que se ofrecen no me instruyOt y en las demás 
«del gobierno» qne k> ha de hacer»* dice que no es lie* 
«gado el tiempo» yqfie las ocupaciones destas revueU 
«tas no dan lugar á ello (*^«« 

Por otra parte el secretario Albornoz» íntimo 
del de Alba, escribía al secretario Zayas (de Nime- 
ga» á 8 de marzo» 1673): «El duque de Medina ayu- 
«da poco á la dirección de los negocios. \ Pluguiese á 
«Dios que el rey no se hubiera acordado de nom* 
«brarle» y que él no hubiera venido jamás á estos 
«países» ó que hubiera venido asi que se le nombró! 
«Porque desde que se supo su nombramiento »* co - 
«menzaron las intrigas entre los consejeros» y nacie-* 

«ron lodos los embarazos en que nos hallamos Si 

«el duque de Medina se queda aqui» apostaria á que 
«esto se pierde en ocho meses » ó acaso en caá* 

(4) Carta del duque do Medina- legajo 552. 
celí; Archivo de Simancas, EsUdo, 



Sd8 mSTOBU DB BSPAfiA, 

Dtro*.... ^^KTf> Por este orden conüniiaban qoejándose 
mutuamente uno de otro duque, é indisponiendo recí- 
procamente uno á otro gobernador con el rej. 

Influyó esto sin duda grandemente en el ánimo de 
Felipe II. para decidirse á nombrar gobernador y capi- 
tán general de los Paires Bajos á don Luis de Reque- 
sens^ comendador mayor de Castilla, que gobernaba el 
ducado de Milán. En 3 de octubre le escribía desde el 
Pardo que habia mandado se le estendieran las pa- 
tentes é instrucciones que babia de Tlevar, y en %4 
del mismo desde Madrid le decia que se las enviaba, 
con una instrucción particular firmada de so mano, 
que contenia importantes advertencias, asi para la 
buena dirección de los negocios de Estado, como para 
la disciplina de las tropas. En su virtnd pasó Reque- 
sensá Flaúdes (noriembre, 1S73), donde fué muy 
bien recibido del derque de Alba, y aunque el co- 
mendador rehusaba encargarse del gobierno hasta la 
partida del duque por consideración á su persona, 
habiéndole este enseñado las cartas del rey en que le 
ordenaba hacer la trasmisión del mando tan pronto 
como aquel llegase , cedió el de Requesens, y se 
encargó de la lugartenencia general de los Estados 
(29 de noviembre), con el sentimiento de saber la si- 
tuación deplorable en que se encontraba la hacienda, 
debiéndose considerables sumas, sin haber Un real ea 

(4) Archivo de Simancas, Estado^leg. 556. 



PARTE III. llBEO It« 399 

caja , Di medios de subvenir á los gastos 'ordi- 
Barios ^^K 

Dispuso pues el duque de Alba su partida, y salió 
de Bruselas pal*a España (18 de diciembre, 1573), 
después de haber gobernado á Fiandes seis años, 
trayendo consigo á sü hijo don Fadrique con cinco 
compañías de caballos, con los cuales se embarcó en 
Genova» dejando aquellos países en guerra, y á los 
hombres políticos haciendo los mas diversos cálculos 
y encontrados juicios sobre la conveniencia ó inconve-' 
niencia de su retirada á tal tiempo y en tales circuns- 
tancias. Al decir de un historiador no iban descami- 
nados los que juzgaban que al modo que en Roma se 
dijo de Augusto Cesar, «que ó no hubiera debido na* 
cer, ó no debiera haber muerto,» asi se podía decir 
del duque de Alba, «que ó no debiera haber ido nun- 
ca á Fiandes, ó do debiera haberle dejado á aquel 
tiempo.» Ocasión tendremos nosotros de emitir nuestro 
juicio : tos sucesos lo irán mostrando también , y solo 
apuntaremos al terminar este capítulo, que el go- 
bierno de Requesens, tan diferente en carácter del 
duque de Alba, no podia menos de dar nueva fisono* 
mía á la situación de los Estados de Fiandes. 

(4) Cartas del duque de Alba 4 de diciembre, también de Bru- 
arl rcfy, de Bruselas, 2 (fe diclem- setas. Archivo dé Simancas, Es(a- 
bre, y de don Luis de Requesens, do, leg. 555, 

aÍ>W»^»«¿ ■■■! M ■ - ■*- ' I • 



CAPITULO \í. 



M,9m uowíimcm^. 



EL MARQUÉS DE MONDEJAR Y EL DE LOS VELEZ. 



4569. 



Primeras operaciones de oampaña del marqués de Mondéjar.-4^so 
del puente de Tablaie.— Atrevida reaoUicion de un fraile firantíioa- 
no. — Fuga de los moriscos. — Sitio y socorro de Orgiba. — Los cris- 
tianos en Pitres, Poqueira y Jubiles. — Gran degüello de mageres 
moriseas.— -Diego Lopes A.ben Aboo.-^Discordia entre el rey Aben 
Hameya y sus parientes*— Trates de paz,— Acción de Paterna.— Bi 
marqués de Mondéjar en Andarax y Ujíjar.— Su politice con los ren- 
didos.— -Espedicion del de Mondéjar á las Quejaras. — Conquista del 
el Pe2on.— Fuga y suplicio de el Zamar.— Crueldad del marqués 
con los yencidoa.— ReduscioD de los lugares de la Alpvgarra.— Bl 
marqués de los Yelez en la sierra de Filabres y en la de Gador.— 
Sus triunfos sobre los moriscos en Huécija y Fílix. — ^Indisciplina de 
sus tropas.-- Atrevida expedioion de don Francisco de Córdoba.— El 
marqués de los Velez eu Óhanez.— Eacráaa trágioaa.— PacificacioD 
de la Alpujarra.— Riesgo que corrió Aben Humeya de ser cogido.— 
Sálvase mañosamente. — Acusaciones é intrigas en Granada y en la 
corte contra el marqués de Mondéjar.— Da el rey á don Juan de 
Austria la dirección de la guerra.— Don Juan de Austria en Granada. 

De ÍQdole completamente diversa y nada parecida 

m 

á la guerra de Flandes era la de los moriscos ínsur- 



FARTB 111. UHIIO II. 401 

rectos del reino de Grteada , que al apuntar el año 
- 1569, dejamos como anunciada al final de nuestro 
capítulo VIII.. Producidas ambas por motivos seme- 
jantes , por no querer sujetarse, asi flamencos como 
moriscos» al rigor con que Felipe II; se empeñaba en 
establecer la unidad religiosa en todos sus dominios, 
y por sacudir el peso de los onerosos tributos con que 
los oprimía, el carácter de la rebelión y délas guer- 
ras de cada uno de estos dos pueblos tenia que ser 
de iodo punto distinto, por la diferente condición de 
los naturales de cada pais, y por las circunstancias de 
localidad. 

Hat^itando los moriscos la parte mas montañosa y 
áspera del reino de Granada , rústicos é inciviles jos 
mas^ divididos en grupos de pequeños pueblos llama- 
dos toAa«, sin una ciudad pi plaza fuerte, sin ejército 
organizado, tan valientes y feroces como fanáticos 
por los ritos de su antiguó culto, irritados como los 
leones en sus cuevas con la opresión y los malos tra- 
tamientos de los cristianos, la guerra que estos hom- 
bres hicieran necesariamente habia de ser, como lo 
fué, una lucba de esfuerzos parciales, de asaltos y 
sorpresas, de rústicos é improvisados atrincheramien- 
tos, de acometidas y defensas heroicas y feroces, de 
incendio, de saqueo y de asesinato, guerra en'fin de 
montaña, y lo que en nuestra vecina nación llamarían 
de brigandage. como lo habia empezado á ser. Mas 
.no por eso dejó de ser fecunda ji variada en notables 
Totfo XIII. 26 



402 HISTORIA DB BSTAÍÍA. 

accidentes, que los historiadores de «qiel tiempo y 
que se hallaron en ella nos han trasmitido , i loa 
cuales nosotros no podemos seguir por no ser de 
nuestro oligeto, en sus diarios lances y pormenor 
res , bien que en ellos figuraran personages y gene« 
rales de gran cuenta ,• algunos de los cuales ganaron 
no poca reputación y lauro» y fué el principio de sus 
.grandes glorias militares. 

^ Dejamos en el final del precitado capítulo al mar- 
qués de Mondejar en el Padul , dando principio á la 
campaña contra los rebeldes moriscoSt con la gente 
que habia podido recoger en Granada , mas fuerte 
por el valor y la decisión que por el núm3ro y la dis* 
ciplina, que aquel era bien escaso para sujetar un 
pueblo insurrecto, y esta no era para elogiada » en 
especial la de la gente concejil , que iba movida del 
deseo y la esperanza del pillage; asi como se distin*- 
guian por su lucido y aun lujoso porte los aventure- 
ros y gente noble que por afición á pelear acompaña- 
ban al capitán general de Granada. La estación era 
la ma^ cruda del año (principio de enero , 4 569), y 
mas en un país erizado de altos riscos y nevadas sier- 
ras. Y sin embargo, no se interrumpieron un panto» 
antes menudeaban maravillosamente los combates y 
los n)ovimiento6 y operaciones de la guerra^ Ta dasr. 
de el Padul tuvo que rechazar un grueso pelotón de 
moriscos mandados por Miguel de Granada el Jaba, 
que en una acometi€(ji nocturna habia sorprendido su 



PAllTB III. LIlAK) n. 403 

TBOgiiardia en Dnrcal, y herido de an flechazo al ca*^ 
plan Lorenzo Dávila. Y aqai se comenzó á ver tam- 
bien el carácter religioso qne se dio á esta guerra. 
Cuatro frailes de San Francisco y cuatro jesuítas pe- 
learon en este reencuentro en' favor de los cristianos, 
Uño de los primeros arengaba con un Crucifijo en la 
mano á los.suyos, cuando una piedra lanzada por un 
moro vino á herirle fuertemente en el brazo, dando 
en tierra con la sagra()a insignia, cosa que irritó tan- 
to al <!apitan Gonzalo de Alcántara, que embravecido 
cottio una fiera , y no contento con haber arrancado 
la vida al perpetrador de aquel sacrilegio , arremetió 
farioflo ooh sn espada jurando degollar á cuantos des- 
ereidoB se le pusieran por delante. Sin embargo , hu- 
hiéraolo pasado mal aquella noche los cristianos, si un 
ardid del marqués de Mondejar no hubiera ahoyen-* 
tado á los audaces moriscos. 

Rechazado el Jaba , y reforzado el marqués con 
las milieías de Ubeda , Baeza , Porcuna y otras villas 
(que á esta guerra concurrían , como en lo antiguo, 
los señores con sus vasallos, los concejos con sus pen- 
dones), someUéronsele los moriscos de las Albuñue- 
las, temerosos de que descargara sobre ellos toda la 

m 

foría de los cristianos. Abastecíale de mantenimientos 
desde Granada su hijo el conde de Tendilla, qnedivi* 
diendo en siete partidos los lugares de la Vega, hacía* 
que cada uno en un dia de la semana llevase diez mil 
panes de á dos libras al campo del marqués su padre; 



404 iflSTOaU DE ESPAÑA. 

y todos ios soldados y caballeros que de las ciudades 
de Andalucía iba reuniendo en Granada , los alojaba 
en las casas de los moriscos, obligando á estos á dar* 
les cama y comida , ahorrando asi el gasto de aloja- 
, miento y manutención al Estado , pero dando acasíoo 
á los soldados á entregarser á los desmanes y escesos 
de la licencia y de la codicia. No lograron los oiorís- 
eos, por mas reclamaciones que hicieron , libertarse 
de esta carga , pesándoles ya de no haberse auido á 
Aben Farax la noche que entró en el Albaicin ^^K 

Así reforzado el de Mondejar, determinó pasar á 
la Alpujarra , donde le esperaba el llamado por los 
moriscos rey de Granada y de Andalucía , Aben Hu-. 
meya , con tres mil quinientos hombres , armados de 
arcabuces , palos enhastados, hondas, y ballestas con 
flechas envenenadas. Tenian los cristianos que pasar 
el puente de Tablate, colocado sobre un profundísimo 
barranco. Los enemigos habían cortado este puente, 
pero habían atravesado de un lado á otro unos inade* 
ros viejos con los cimientos socavados , de modo que 
no pudiendo sostener mas del peso de uasolo hombre,, 
si cargaban mas sobre él cayeran despeñados al abis« 
mo. «Confiaban los moros en que no habría nadie tan 
temerario que se atreviera á intentar el paso por el 
estrechísimo y mal seguro puente,, mas no contaban 
con el ánimo que infunde el espíritu religioso. 



(4> Mendoza, Guerra de Gra- castigo de los Moriscos, libro V., 
nada, lib. i<— Mármol, Eebelion y cap. 2 al 9. 



PAITB Itt. LIBEO II. 405 

tras la artillería y arcabucería del marqués cun Dulrí-' 
do fuego alejaba á los eaemigos de la orilla opuesta, 
un fraile franciscáuo , Fr. Cristóbal de Molina , re- 
mangando el halda de su hábito , con una rodela 
echada á la espalda, su espada desnuda en la mano , 
derecha, y en la siniestra un Crucifijo , invocando el 
nombre- de Dios, se metió denodadamente por el 
paente , y cimbreándose los viejos maderos y desha- 
ciéndose bajo sus pies los terrones que los cubrían, 
pasó del otrcí lado con indecible asombro de los ene* 
migos. Picó el ejemplo del fraile á los soldados, y 
manteniendo la artillería á respetuosa distancia y en 
respeto á los moriscos , fuéronle pasando en bastante 
número, no sin que algunos bajaran volteando á la 
profundidad del barranco , donde se hacían pedazos 
sos cuerpos. Aterrado Aben Humeya con tan insigne 
^mplo de valor , retiróse á las breñas con su gente, 
Qo-sin pérdida considerable. El marqués hizo reha- 
bilitar el puente; dejó en su guarda la compañía del 
pendón de Porcuna; avanzó al collado de Lanjaron, 
y marchó á socorrer y libertar la guarnición de Orgi- 
ba, que ya se hallaba en el último apuro y estremo, 
después de haber sufrido en una torre todos los tra- 
bajos y todos los accidentes de un sitio formal. 

Socorrido el presidio de Orgiba, dirigióse á la 
taha de Porqueira, de la cual se apoderó, defro^ 
tados cuatro mil hombres de Aben Humeya en el 
paso de Alfajarali , bien que á costa de salir be- 



406 msTOiu iKB bspaIU. 

rídoB de una pedrada su hijo doa Frandaeo de 
Mendoza ^^\ y de dos saetas el oapilaa Alonso de 
Portocarrero. En Porqueira canliviS muchas rnoga^ 
res y niños, los soldados hicieron gran presa da bo- 
tín, y de alli se movió el marqués á Pitres de Ferw 
reirá, donde se dedicó á curar loa heridos; ea coyo 
tiempo ocurrió un infortunio que le llenó de amarga- 
ra. La compañía que dejó guardando el pueate de 
Tablate fué asaltada y sorprendida por quioieotos 
moriscos, muriendo parte de los cristianoB degoUadofit 
parte quemados dentro de una iglesia en que buscaroa 
asilo, y huyendo el resto á Granada. Bi cambb 
de este contratiempo presentáronsele al de Mondejw 
dos meqsageros de Fernando el Zaguer, UmB^do Aben 
Jahuar, tio y general del rey Aben Ehimeya, ofre-* 
ciendo entregársele con su gente, con tal que les dieaa 
seguro para sus personas. Despachó el marqués á los 
mensagerosoon no mala respuesta, pero sin soltar pree* 
da acerca del seguro, y levantando su campo tomó 
el camino de Jubiles en busca del gruesa de loa ene^ 
mígos, con un temporal horroroso de nieves y aguas» 
por entre asperezas y cerros, hasta el punto que va- 
rios soldados se helaron aquella noche (47 de enero), 
y de los moros mismos que huian á lo alte de la aieiv 
ra perecieron bastantes mugeres y niños de frió. Los 

(1) Este don Francisoo, büo Tariasviciaifcades, sehnoolérífio, 
del marqaés de Meodeiat, faó al- y llegó á ser obispo de Sigüenza. 
lairaDte de Aragoa, y dei^pues de 



láBZB lU. Lím» IK 407 

lebeldes de Jubiles iatentaron aplacar la ira de los 
cristíairas dando suelta á moUitad de mugares que 
teokitt eajBthraSt y cuyos maridos, padres y hermanos 
hatuQ aídaá sa presencia degollados. Conmovióse el 
marqués de Mondejar cuando se le presentaron aque- 
llas infelioes entre congojosas j alegres, con sus niños 
ea braaos» descalzas y casi desnudas, sueltos los ca- 
bellos^ y loe rostros bañados en lágrimas, muchas de 
ellas doBcellas y damas nobles criadas con regalo. El 
oMiiiiiés las consolé y sígoió adelante. Diez y ocho al- 
guaciles de los principales de las Alpujarras le salieron 
conbanderiUas blancas en las manosea señal de paz, 
rogándole. los tomase bajo su protección y amparo, é 
interoediese con S. BL pata que los recibiese á merced 
y las perdonara los* pasados yerros. Mandó desde lue« 
g» ^ de Mondejar que no se les hiciese daño, mas la 
genecosa conducta del general excitó grandes mur- 
muraciones entre los suyos, que no llevaban^ con pa- 
cieAciá se tuviese consideración con los rebeldes. 

Aknyenlados Aben Humeya y los principales cau- 
dttloe. i la sierra, rindiéronse los del castillo de Ju- 
biles, que serían unos trescientos, con mas de dos mil 
mugares» las. cuales ordenó el marqués se pusiesen á 
segjiraeñ la iglesia* Mas como tuviesen que quedarse 
f«era mas de la mitad por no eaber en el templo, su- 
cedió qae á media noche uno de los soldados cristia- 
nos que les hacían la guardia tomó del brazo á una de 
ellas, ^ quiso sacarla de entre las otras violentamen- 



if^ HIST0E1A*DB BSPiÜA. 

te y llevarla consigo. La acción del imprudente y atre- 
vido cristiano exasperó á un mancebo moro, que vesti- 
do de muger, acaso amante 6 deudo, junto á aquella 
joven estaba^ y arrojándose al soldado y arrebatán- 
dole la espada le atravesó dos veces con ella, acome- 
tiendo después á otros como quien desesperado bus- 
caba la muerte. Alarmóse el campo, gritando que ha- 
bía entre las mugeres moros disfrazados y armadas; 
creció la confusión, acudió gente de los cuarteles, y en 
medio de la espantosa oscuridad de la noche todas 
aquellas infelices fueron cruelmente acuchilladas, li- 
brándose solo las que estaban en el templo , merced á 
la prisa que se dieron á cerrar la puerta. Duró la 
mortandad hasta el dia. El marqués mandó proceder 
contra los culpados, y aunque no era fácil averiguar 
quiénes fuesen, por que el delito no quedara impune 
fueron ahorcados tres de los que mas culpables apa- 
recieron de las informaciones ^^K 

Envió el marqués los enfermos y heridos, asi co- 
mo las mugeres rescatadas del cautiverio, á Granada, 
donde su presencia causó al propio tiempo general 
compasión y júbilo; y dio salvoconducto á los diez y 
ocho alcaides de las Al pu jarras, cosa que desagradó 
sobremanera á los que querían llevar la guerra á san- 
gre y fuego, motejando al de Mondejar de tolerante 
con los enemigos de la fó cristiana. De allí pasó á Gá- 

(1) Mendoza, Rebelión y castigo , libro V.; cap. 20» 



PA&TB Ul. LIBEO 1I« 409 

diar y Ujijar, en cuyo camino se le presentó á rendir-^ 
le obediencia Diego López Aben Aboo,- primo del rey 
Aben Hameya, y sobrino de Aben Jahoar. La división 
y la discordia habia entrado en la familia y parentela 
del rey. de los moriscos: tanto, que como le dijesen á 
Aben Humeya que su suegro andaba en tratos con el 
marqués de Mondejar y conspiraba contra él, le llamó 
artificiosamente á su casa y le hizo asesinar; repudió 
á su muger, y se encrudecieron los enconos entre los 
parientes del difunto. De estas disposiciones trató de 
aprovecharse el caudillo de los cristianos, y sin dejar 
de seguir su marcha á Paterna, donde supo haberse 
atrincherado Aben Humeya con seis m\\ hombres^ hi* 
zo que le escribiera don Alonso de Granada Venegas ( 
excitándole á que abandonara el camino de perdición 
que habia tomado , y á que se pusiera á merced del 
rey y. se redujera á su obediencia, puesto que aun es- 
taba á tiempo, asegurándole que el mismo marqués 
de Mondejar intercedería por él con S. M. 

La respuesta de Aben Humeya fué de estar pron- 
to por su parte á hacer la sumisión, pero pedia tiem- 
po para ver de reducir á los sublevados. Apurábale el 
de Mondejar para que lo abreviase, y continuaron los 
mensages y las respuestas, caminando entretanto 
poeo á poco el general de los cristianos para que no 
se malograsen los tratos y ne.G;ociaciones de paz. Aca- 
so hubieran estas llegado á feliz remate , y de ello 
habia grandes esperanzas , si adelantándose el ala 



410 HUVOftlA DB BSFAAa. 

izquierda de los orisiianos hasta la cuesta de laíx»» 
cerca ya de Paterna» no hubiera comenzado á esca-* 
ramuzar con ua escua droq de moros, poniéndole ea 
huida. Súpolo Aben Humeya en ocasión que acababa 
de leer y aon tenia en la mano la última carta del 
marqués, y sbspec bando que todo era engaño, arrojd 
despechado la carta» y viendo á los erisüanos sabir 
la sierra yak» soyos huir, montó en su caballo y 
oorrió también hacia la síwra, meúéudose tan de 
prisa por lo mas encrespado de laa lurraas » qae solo 
cinco nuMTQS le pudieron seguir» Desbandóse con esfo 
SQ gente ea el mayor desorden, los cristianos acnchi* 
Uaban cuantos podian alcanaar, y entrando luego en 
Paterna caátívaien la madre y hermanas de Aben 
Humeya, con muUitud de mugeres moriscas y gran 
cantidad de víveres y objetos^ y rescataron mas de 
ciento eincnenta cristianas que tenían cautivas (27 'de 
enero, 4 56&). Todavía el marqués teandó al grueso 
de su gente hacer alto en un encinar aguardando á 
que Aben Humeya viniese á darse á partido, cod lo 
cual dio ocaskm a nuevas murmuraciones de los solr 
dados, que ignorante» de los tratos que mediaban,, 
quejábanse de que les había quitado de las manos 
aquel día la mas cumplida victoria. La jornada de Pa- 
terna fué la últimal en que se junta tanta gente morí»- 
ca ¿ las órdenes de Aben Humeya ^^K 

(4) Mendoza, Guerra de Gra- libro V», cap. 25. 
nada, lib. tt.-»MáraK)i, RebelioD, 



pAin «I4 uno u« 44 1 

Síq daecaosar siao una sola noobe, y no obstaale 
el rigor de la eBtaoioa, parlió el marqués al dia ú-^ 
gqieQie ^ la taba de. Andarax ea bosoa da loadisper-* 
8W y fug^Uvoflu ^oieada an aistema de poUtica, ad-^ 
fliití6 y dio seguro á loa que yeniaQ á aonolérse^^ 
lOt d^ií^iiidoloa. yivir en sua oaaaa y logares. Hizo 
mas, y ea opo de loa mas notables rasgos del carác- 
ter del de) Mondejar» que fué entregar á U^ea alguaci-* 
les de la tierra mas de mil míoriacas de las^ que \\e-^ 
yaba caatiyas. para que estos las«dÍQ3an á sos padres, 
eaposoa 6 hermanos, á coAdidoa de yoWerlas cuaado 
les foeaen pedidas; sieado lo mas siogalar d»i oaso 
qnp ipaa adeilaote fueron otra yes entregadas confor-* 
me á la condición impuesta, cosa> como dice bien 00 
historiador de estos sucesos» desoída en los anales de 
las guerras civiles. Volyiiíse el marqués á Uj^ar^ 
donde permaneció cinco dias^ preparando una esp&^ 
dicion á las Guiaras, tierra de Salobreña y Ahnuie- 
car» iamosas poc un fiiverte penon que est^ encima de 
Guájar el Alto, de donde loa moros salían á saltear los 
oanwios á la parte de Albama, Guadix y Granada» 
paMff loa caminantes, incendiar los cortyos y robar 
los ganados. 

La espedicion á las Cuajaras era una necesidad 
política para el marqués de Mondejar, y en acorné 
terla se interesaba su reputación ; puesto que no era 
bastante haber casi pacificada toda la Alpujarra en 
un solo mes de trabajosas y difíciles operaciones» 



442 HISTORIA DB ESPAÑA. 

baber sometido casi todas las tahas y reducido á \at 
impoteDcia al rey Aben Humeya , para que sos eDe^ 
migos los magistrados de Granada dejaran de mote^ 
jarle de flojo y blando y contemporizador con los re- 
beldes, porque no los cautivaba ó degollaba á todos; 
y asi lo representaban al rey , haciendo valer las 
correrías de los moros de las Guájaras para desvir- 
tuar y aun para pregonar como falsos sus triunfos en 
la Alpujarra. Entendiólo el marqués, y enviando á 
Granada las cristianas cautivas y toda la gente inútil 
que le estaba embarazando , movióse de Ujijar (5 de 
febrero), y pasando por Orgiba y Velez de Benabda- 
lia, acampó en las Guájaras, donde llegaron el conde 
de Santlstéban y don Alonso Portocarrero con un re* 
fuerzo enviado por el conde de Tendilla. 

El famoso peñón donde se habían fortificado to- 
dos los moriscos de aquella tierra está situado en la 
cumbre de una montaña redonda á la media le- 
gua de Guájar el Alto, cercado de una roca tajada, 
que deja solo una angosta y fragosa vereda que va 
la cueslai arriba mas de un cuarto de legua , y luego- 
tuerce por entre otras peñas mas bajas ^^K Contra ef 

(4) Hé aquí como describe »un peSoncete bajo; y de alH so- 

Luis ^ del Mármol esta natural y »be poruña ladera yerta, hasta 

formidable fortaleza. «Este es un a dar en unas peñas altas, coya 

«sitio fuerte en la cumbre de un » aspereza concede la entrada en 

nrnonte redondo, exento y muy )»un llano capaz de cuatro mil 

salto, cercado de todas partes de » hombres, que no tiene otra subí- 

tuna peña tajada, y tiene una sola » da á la parte de Levante. A la de 

«vereda angosta y muy fragosa, «Poniente, está una cordillera ó 

» que va la cuesta arriba á dar á «cochillo de sierra, qoe procede 



PAR» nU UBRO 1|| 413 

dictamen y coa repugnancia del de Mondejar se em* 
peñó una noche don Juan de Villaroel^ ansioso de ga^* 
nar gloría, en dar un asalto con poca gente á aquella 
agreste trinchera. El ejemplo de los que iban esti* 
muió á otros muchos caballeros y soldados á seguir- 
los , los unos movidos por la codicia, los otros por 
hacer jactancia y alarde de valor, y los hubo que 
llegaron trepando hasta tocar los reparos del último 
fuerte. Pero unos y otros pagaron bien cara su te- 
meridad. Cuarenta animosos moros, armados de pie- 
dras y chuzos, y escitados por Marcos el Zamar, sa- 
lieron de su rúsiico baluarte, y arremetiendo á los 
cristianos que habian consumido imprudentemente 
sus municiones, comenzaron á degollar á los que es- 
taban mas arriba , despeñando á otros que caian so- 
bre los qjae estaban en la ladera y barranco, y ha- 
ciendo una mortandad lastimosa. Fueron acuchillados 
los capitanes don Juan de Villaroel, don Luis Ponce, 
Agustín Venegás y el veedor Ronquillo : herido don 
Gerónimo de Padilla, hijo de Gutierre Gómez de Pa- 
dilla, se salvó abrazándole apretadamente un esclavo 
cristiano, y echándose los dos á rodar por una peña 
hasta dar en el arroyo, donde fueron socorrídos, 
aunque ya en el estado mas desastroso. Guando acu- 

«de otra mayor, y hace una silla upaestas á maao para defender la 

»algo honda, por la cual con igual «entrada, si humanos brazos fue- 

ndífícultad se sube á entrar en el »ran poderosos para hacerlo, etc.» 

» llano por entre otras piedras, — Rebelión y Castigo, líb. Y.» ca- 

»qve no parece 9Íno que fueron pítalo 29. • 



411 HIBTOEIA M BSFAKÁ. 

* 

dio el marqués de Mondejar, bien que salvó todavía 
á muchos, ya no pudo evitar que el barrdboo y lar- 
deras quedaran sembrados de cadáveres y regados 
de sangre cristiana. 

Irritó en vez de hacer perder aliento al general 

< 

de los cristianos este desastre, y resuelto tan dia á 
acometer la terrible guarida de los moros, dio á cada 
capitán sus instrucciones, y combinados los mo«« 
vimientos y dando principio las compafifas á su- 
bir con admirable decisión aquellos recuestos pe- 
dregosos i descargando los cristianos sus arcabuces, 
contestando los moros, hombres y mugeres, con pe* 
ñas y piedras que arrojaban desde su atrinchera'* 
miento^ duró el combate todo el día, y fué oecesa** 
rio que viniera á poner tregua la nochOé Esperaba 
el marqnéi para volver á la pelea que asomara otra 
vez el alba, cuando fué avisado de que el Zamar, 
temeroso de perecer de hambre en aquel eslrecbo 
recinto, habia persuadido á los suyos y acordado con 
ellos abandonarle calladamente con toda la gente de 
guerra y las mugeres 'que tuvieran ánima para se* 
guirlos* Y en efecto, bajando por despeñaderos que 
parecían solo practicables para las cabras, habían ido 
deslizándose hacia las Albunuelas, quedando solo 
los viejos y una parte de las mugeres con esperanza 
de salvar las vidas entregándose á la clemencia del 
vencedor* Receloso no obstante ej marqués, aguardó 
á que luciera el dia, y cuando se cercioró de la ver- 



rAAlH III. UBEO It . 41 5 

dad del suceso, ordenó á los suyos avamsar al fuerte, 
de que sin resi&teQoía se apoderaron^ El Zamar/er^ 
rante por aquellas sierras con aaa hija suya en los 
hombros, doncella de treoe años, cayó en poder de 
111108 soldados crístiaDOS ^^K El marqués de Moodejar, 
lal vez por desvanecer la repaiacioa de blando oon 
los rebeldes y de escesivamente generoso con los ven-» 
oídos de que le acosaban en la corte y en Granada, 
obró en esta ocasión con un rigor estremado, contra- 
río a( parecer á sa carácter, haciendo pasar á cochi^ 
lio tx>n desapiadada crueldad á cuantos halló en el 
fuerte, sin consideración á sexo ni edad, sinperdor 
nar á ninguno, y sin dejarse ablandar ni por las lá- 
grimas y lamentos de aquellos infelices, ni por los 
ruegos de sos mismos caballeros y capitanes ^'^ 

Repartió el botin entre los soldados ; hizo asolar 
el fuerte; envió á Motril los enfermos y heridos, que 
eran muchos; permaneció alli hasta el 4 4 de febrero; 
partió después á visitar los presidios de Almuñecar, 
Motril y Salobreña, y dio la vuelta á Orgiba á prose- 
guir la reducción de los lugares de la Alpujarra, £1 
mando y cargo que habia tenido don Juan de Villa* 
rod le confirió á su hijo don Francisco de Mendosa. 

Mas ya es tiempo de dar cuenta de lo que por 



(I) UeTtdo á Granada, le hizo capitalo S9 á 32.«-GiDós Pérez de 

ajusticiar el conde de Teadilla. Hita, Guerras civiles de Granada. 

(t) Mendoza, Guerra de Gra- —Cabrera, Historia de Felipe U^ 

nada, lib. II.— Mármol, Rebelión libro VUI., cap. 19 á 24. 
y castigo de les moriscos, lib. V., 



416 msTOMA DB bspaKa. 

otra parte había ejecatado el marqués de los Vel^ 
grao señor ea el reino de Murcia » á qaien el presi- 
dente de la chanciUería de Granada, don Pedro de 
Deza» desafecto al marqués de Mondejar, habia ex- 
citado á que acudiese en socorro de las ciuclades de 
Almería, Baza y Guadix, que los insurrectos moris- 
cos amenazaban y tenian en peligro. Apresuróse en 
su virtud el de los Velez á convocar á sus amigos y 
va salios , y congregando además las milicias de Lor- 
ca, Caravaca, Cehegin, Muía y otros lugares de 
aquella tierra, sin aguardar orden de S. M. y anhe- 
lando entrar armado en el reino de Granada , partió 
de su villa de Velez Blanco (4 de enero, 4 569), y 
atravesando la sierra de Filabres con un temporal 
deshecho de vientos, hielos y nieves, fué á alojar á 
la villa de Tabernas, donde descansó hasta eH 3, es- 
perando órdenes del rey y las banderas que hatnaa 
de llegar de Murcia. Ya antes el capitán don García 
de Villaroel, saliendo de Almería , habia hecho ana 
atrevida sorpresa en encamisada á los moros de Be- 
nahadux, llevando á Almería la cabeza de sa caudi- 
llo, y siete prisioneros que fueron ahorcados de las 
almenas de la ciudad. A esta empresa le habíaB 
acompañado el arcediano, el . maestrescuela y otros 
varios prebendados de aquella iglesia , tomando asi 
la guerra por aquella parte el mismo carácter reli- 
gioso que hemos visto por la de Granada* 

El movimiento del marqués de Iqs Velez y so 



PABTB lU. LIBRO II. 41 7 

entrada en on reino en que no ejercía mando^ fué 
mirada como una intrusión , y como origen de una 
fonesta rivalidad entre, los dos geners^les, si bien el 
presidente Deza y los partidarios del sistema de ri- 
gor y de esterminio ensalzaban al de los Velez como 
hombre que no h^bia de admitir partidos de los he<- ' 
reges ni contentarse c^n reducirlos como el de Mon- 
dejar, y en este sentido informaban al rey y al Con- 
sejo. Asi fué que el monarca, sin considerar el incon- 
veniente de la coexistencia de dos capitanes genera- 
les en una misma provincia, ni el agravio que de ello 
había de recibir el marqués de Mondejar, envió 
sos despachos al de los Yelez mandándole acudir á 
la parte de Almería. Con esto alzó su campo y diri- 
gióse á Huécija, donde muchedumbre de moros acau- 
dillados por Fernando el Gorri se habian hecho 
fuertes, soltado las aguas de las acequias parS em- 
pantanar los campos y atravesado maderos y árboles 
en las veredas y caminos para impedir el paso de la 
caballería. Llevaba el marqués cinco mil infantes y 
trescientos caballos, y le acompañaban su hermano 
don Juan Fajardo, sus hijos don Diego y don Luis, y 
otros parientes. Don Juan iba de maestre de campo y 
don Diego guiaba la caballería. A pesar de los estor- 
bos que embarazaban el camino^ de los reductos que 
4efendian la población y de la resistencia, porfiada 
de el Gorri, todo cedió al ímpetu de los soldados 
del marqués, y los moros fueron desalojados, Kuyen- 
Totfo xiu. 27 



41 8 HKTOftU BB BSPAfíl. 

(lo onos á Andarax con el Gorri á incorporarse oob 
Abep Humeya, otros coa Aben Meknum por la sierra 
de Gádor á Fílíx , donde pronto se reonieron otra 
vez tres ó cuatro mil hombres. Pero la gente del 
marqués, que de todo tenía menos de subordinada, y 
cuyo móvil y afán era la presa y el botín , luego que 
se vio con despojos y esclavas desbandóse por aque- 
llos cerros á gozar del fruto de sus rapiñas. 

Verdad es que aquel incentivo llevaba cada dia 
nuevas bandadas de gente á las banderas del mar* 
qués, y en reemplazo de aquellos desertores se halló 
en pocos dias con cerca de ocho mil combatientes, coo 
los cuales se decidió á internarse con un intensísimo 
frió en la sierra de Gádor en busca de los refugiados 
en Filix. Habíase adelantado por su cuenta el capitán 
de Almería don García de Villaroel por la codicia de 
anlicf^arse al saqueo, pero vio defraudadas sus espe^ 
raozas con la actitud imponente en que encontró á los 
moros* Asi como el corregidor de Guadix, Pedrarias 
Dávila, en una salida á la tierra de Zenete hizo 
una. presa de mas de dos mil mugeres y niños y 
mil acémilas cargadas de ropa. El creerse todo el 
mundo con derecho á apropiarse todo lo que á 
los moriscos pudiera coger , era el cebo que atraía 
á muchos á una guerra, en que, como dice candida* 
mente uno de los historiadores que en ella iban, «to- 
dos robábamos (^).» La acción de Filix fué una de las 

(1) Giaés Pérez de Hila 



FAmn in. uno ii« 41 9 

niaB sangrientas de esta campana, porque los moros 

• 

pelearon desesperadamente, y hasta las mugeres aoo- 
metían con armas y piedras, y cuando mas no podian 
arrojaban puñados de Iodo á los ojos de los cristianos. 
Pero tuvieron que sucumbir al número y murieron en 
iras encuentros millares de moros, entre ellos los capi- 
tanes Ftttey y el Tezi, sobre todo multitud de ancianos, 
mugeres y niños (fin de enero, 1569). Los soldados 
del marqués de los Velez hicieron después de la victo- 
ria de Filix lo mismo que habían hecho después del 
triunfo de Haécija, desertarse cargados de botin. Una 
vez que intentó el marqués castigar un soldado de 
la compañía de Lorca, amotinóse toda la compañía, 
diciendo al general que tuviera entendido que si cas* 
tígaba á su paisano Palomares (que asi se llamaba el 
soldado), habia tres mil hombres dispuestos á morir 
con él ó por él. 

Las noticias que se . recibiao eran de que venian 
turcos en auxilio de los moriscos españoles, y de que 
Aben Humeya habia despachado á su hermano á pedir 
socorros á Berbería y Argel. Entre otras disposiciones 
que el rey tomó con este motivo fué mandar á Gil de 
Andrada que se acercase con sus galeras é la playa 
de Almería para abastecerla de municiones y vitua- 
llas, y enviar á aquella ciudad á don Francisco de 
Córdoba para que prpsiguiese la guerra por aquella 
parte , con orden al marqués de los Yelez para que 
suministrase parte de su gente. La espedición que hl- 



420 RI8T0BIA DB ESPAÍIa» 

zo don Francisco de Córdoba á la sierra de Idóx (fe- 
brero) faé may notable y le dio grao'fama» porque se 
apoderó de qq faertísimo peño a en que se abrigaban 
multitud de moros, en lo mas encumbrado y fragoso 
de la sierra, al modo del de las Guájaras, y donde los 
rebeldes no creian pudiera llegar planta crísliana.*T 
mientras don Francisco de Córdoba remataba esta di- 
fícil empresa , el marqués de los Yelez desbarata- 
ba en Ohanez las cuadrillas que hablan escapado 
de la espada del de Mondejar, huyendo los que que- 
daban á las cuevas que tenian en los riscos , don- 
de eran también cazados y ahorcados. Muchas fueron 
las mugeres moriscas que en ésta especie dé ojeos 
murieron desastrosamente, ó acuchilladas por los sol- 
dados, ó despeñándose á los abismos abrazadas á sos 
criaturas, sucediendo escenas que la pluma se resiste 
á describir í*^ 

Tal era el estado de la guerra cuando volvió el 
marqués de Mondejar victorioso de las Cuajaras á 
acabar ^e reducir la Alpujarra; La acogida que 
hacía á les que venían á sometérsele le atrajo la sq- 
misión de todos los lugares y de los desventurados 
que vagaban aun por las breñas con sus mugeres y 
sus hijos, medio muertos todos de frió y de hambre, 
quedando solamente como unos quinientos de aqae- 



(1) Mendoza, Mármol y Pérez '▼isU la naturaleza de esta goer- 
de Hita refieren muchos casos y ra, se puede fácilmente figurar, 
laslimosas tragedias, que el lector, 



FARTB III. LIBRO H. 42.1 

i 

líos feroces monfís ó bandoleros que habían comen- 
zado la guerra y aun no 'querían rendirse. Pero de 
todos modos andaban ya cuadrillas sueltas de diez y 
. doce soldados cristianos por casi todo el país» en ver- 
dad haciendo ellos mas daño, que con temor ya de 
recibirle. Hasta aquellas mil moriscas cautivas que el 
de Mondejar había dejado como en depósito en las ca- 
sas de sus maridos ó padres fueron entregadas á una 
orden suya: ¡tal era ya el temor y la sumisión de 
aquella gente! Por cierto que enviadas á Granada, 
uñas murieron en cautiverio, y otras fueron vendidas 
en pública almoneda por cuenta de S. M (^^ La guer- 
ra pues podía darse por concluida » y sí se cometian 
excesos era por parle de los soldados cristianos, que 
se desmandaban en cuadrillas á correr y saquear la 
t*erra, y mataban á los descuidados moros, y les ar- 
rebataban sus mogeres é hijos, y les quemaban ó ro- 
baban las haciendas, como sucedió en el lugar de La- 
toles. 

Faltaba solamente al marqués de Mondejar para 
su completo triunfo prender al reyezuelo de los mo- 

(4) Consultó Felipe II. al Con- este dictámeo, y sobre ello espidió 

sejoRealy á la Audiencia de.Gra- pragmática, con la diferencia do 

nada si los presos en esta guerra eximir de la esclavitud áJos va- 

habían de ser esclavos. Hubo le- roñes menores de diez años Y ¿ 

Irados y teólogos que opinaron las hembras que no llegasen á on- 

por la negativa, pero prevaleció ce, los cuales se darian en admi- 

ei dictamen mas riguroso, resol- nistracion, para criarlos y doctrí- 

Viéndose que podian y debían ser- na ríos en las cosas de la fó. — Prag^ 

U), con arreglo A la decisión de máticas de Felipe 11 .^Mármol, Re - 

un antiguo concilio toledano con- bel ion, lib. Y .^cap. 32. 
ira los judíos. El rey se adhirió á 



4Í2 HISTORIA DB BSPAÑA. 

riscos Aben Humeya, y á sa lío Aben Jahuar. Y co- 
mo tuviese aviso por uno de sus espías de que des- 
pués de andar de dia ó errantes por la sierra de Ber- 
chulés ó escondidos en cuevas, solían recogerse de 
noche en casa de Aben Abóo, prepara la manera de 
sorprenderlos y apoderarse de sus personas» en ca^^ 
ya empresa tenia un doble interés, el de desem- 
barazarse de dos enemigos que acaso un dia po- 
drian volver á serle molestos , y el de acallar las 
hablillas de que sabía estaba siendo objeto entre sos 
enemigos de la corte y de Granada. Los encar* 
gados de la ejecución do esta empresa , que fue- 
ron los capitanes Alvaro Flores y Gaspaf Maído- 
nado, acordaron dividirse para ir cada uno coa 
su gente á uno de los dos lugares en que- babia 
sospecha que pudieran albergarse. Maldonado, qoe 
se encaminó á Medina, lugar asentado en la falda de 
Sierra Nevada, fué el que anduvo mas certero, pues 
se hallaban eii efecto en casa de Aben Abóo, y hubie- 
ra sido completa la sorpresa sin la imprudencia de 
un soldado que cerca ya de la casa disparó su arcabuz. 
Alarmados con esto los que en ella*estaban , la ma- 
yor parte durmiendo. Aben Jahuar el Zaguer y algo- 
nos otros tuvieron tiempo para arrojarse por una Ten- 
tana que caia á la sierra y ganar la montaña, aunqoe 
maltratados de la caida. Aben Humeya, que era de 
los que dormían, aun estaba dentro cuando los cris- 
tianos trabajaban ya por forzar ó derribar la puer^ 



NATB 111. UBao u. 423 

la. Ocorríóle eo aquel apuro abrirla disimaladamen* 
(e él mismo quedándose escondido detrás: los sóida « 
dos entraron. en tropel en los aposentos^ y aprove- 
chando aquellos momentos de confusión logró fugar- 
se dejando á todos burlados. Dióse á Aben Abóo un 
género de tormento horroroso para que declarara 
donde se escondía Aben Humeya: el morisco lo su- 
frió coa un valor bárbaro sin querer revelar nada, y 
alli-foé dejado como por muerto, volviéndose los 
cristianos después de robada su casa, y trayendo con- 
sigo presos diez y siete moros, que el marqués de 
Mondejar hizo poner en libertad por ser de los que 
gozaban de seguro ^^K 

Mientras de esta manera sehabia coDducidoel 
marqués de Mondejar, subyugando en escasos dos 
mesea de rigurosísimo invierno un pais montañoso al- 
zado en masa y poblado de gente feroz: mientras él, 
sin darse un dia de reposo, y empleando alternativa- 
mente la espada y la política, iba dando cima á una 
guerra que habia emprendido con escasos recursos y 
ooa poca gente, y ésta la mayor parte concejil , mal 
pagada y peor disciplinada, de esa que, como dice uq 
escritor contemporáneo, «tenia el robo por sueldo y 
la codicia por superior ^^^ ,» á escepcion de los caba- 
lleros particulares que militaban á su costa : mientras 
él vencía con las armas á los armados, y admitía á 

(4) Mármol, lib. V., cap. 34.— (2) Don Diego de Mendoza. 
Mendoza, Guerras, lib. U. 



424 mSTOBIA DB espaSa . 

merced á los que se le sujetaban y rendían, estaba 
siendo objeto de calumnias y blanco de intrigas con 
que sus enemigos no cesaban de indisponerle y mal- 
quistarle con el rey. El presidente y lacbancilleríade 
Granada, el corregidor y ayuntamiento que desde las 
(competencias de jurisdicción le babian mirado siem- 
pre con enemigos ojos, frecuentemente enviaban al 
monarca emisarios que representaban al marqués co- 
mo hombre tibio en el castigar aquella gente malva- 
da, y fácil en recibir á partido á los que se le entre- 
gaban y sometian; hacíanle un delito en no acabará 
hierro y fuego con aquellos traidores á Dios y el re;; 
acusábanle de permitir ñiucho á sus oficiales » de no 
poner cobro en el quinto y hacienda del soberano, 
de no dar parte de los sucesos al presidente, audien- 
cia y corregidor, é imputábanle á este tenor otras fal- 
tas, al propio tiempo que recomendaban y ensalzaban 
al marqués de los Velez, engrandeciendo su valor y 
su consejo, y sobre todo su rigor con los descreídos 
moriscos enemigos de la fé. Noticioso de estas cosas 
el de Mondejar, había enviado á la corte, ya á don 
¡^ »^í:m^r L,»/ I piego de Mendoza, ya á don Alonso de Granada Ve- 

negas, para que informasen al rey de los progresos de 
la campaña, de los buenos efectos de su 'política, de 
cómo el quinto era depositado en manos de los oficía- 
les reales, de que así oomo el presidente y oidores de 
la chancillería no le comunicaban á él Tos secrétosde 
sus acuerdos, tampoco él tenia para que comunicar 



FABTB UI. UBIO 11/ 42S 

coD ellos los d^ la guerra de que no enlendian, y por 
último, deque sometido el paíd, como ya le tenia, á 
la voluntad del rey quedaba la aplícaciou del castigo; 
y no pudiendo ios vencidos oponer ya resistencia, 
S. M. podia 6 acabarlos, ó arrojarlos del reino, ó in« 
ternarios y derramarlos por los pueblos de Caslilla. 
Vacilaba el rey sobre el partido que debería tomar 
en vista de tan opuestos informes y consejos que le 
daban, y de tantos cbismes como zumbaban en torno 
á sus oidos por parte de los del Consejo reaU de la 
cbancillería y autoridades de Granada, de los caba-' 
Iteres y magnates de Andalucía, y de los amigos del 
marqués de Mondejar* Esforzábase don Alonso de / 
Granada en persuadir al soberano á que fuese en per* 
8ona á visitar y acabar de reducir aquel reino, como 
lo habían hecho con fruto los Reyes Católicos, se- 
guro de que con su presencia se allanada todo. Pero 
contradecíanle el cardenal Espinosa con los mas del 
Consejo, y juntamente fueron de parecer que el rey 
don Felipe enviase á Granada á don Joan de Austria 
su hermano bastardo, joven de grandes esperanzas, 
para que asistido de un ^consejo de guerra que se for- 
marla en aquella ciudad proveyese á las cosas del 
reino, bien que sin poder determinar nada sin consul- 
tarlo antes al Consejo supremo. Resolvióse el rey por 
este partido, y en un mismo dia (1 7 de marzo) espi^ 
clió dos provisiones, una á don Luis de Requesens, 
comendador mayor de Castilla, embajador entonces 



426 msTOtiÁ 0B bsfaíIa. 

en Roma, y teniente de capitán general del mar de 
don Juan de Austria, para qae con las galeras de Ita- 
lia y los tercios de Ñápeles viniese á España, y jun- 
tándose con don Sancho de Leiva ^ defendiese la costa 
de las naves que pudieran venir de Berbería; otra al 
marqués de^Mondejar, para que dejando en la Alpu-» 
jarra dos mil trescientos hombres á cargo de don 
Francisco de Córdoba, ó de don Juan de Mendoza, 4 
de don Antonio de Luna, viniese á Granada á asistir 
en el consejo á don Juan de Austria sa hermano, 6 
bien permaneciese en Ocgibapy guardase las órdenes 
que le enviara don Juan. Optó el marqués por el pri- 
mero de los medios propuestos, pareciéndole mas ven- 
tajoso y mas digno, y dejando la ^nte de guerra á 
don Juan de Mendoza se vino á Granada. Ordenó 
igualmente el rey al marqués de los Velez, que es- 
tando á lo que le mandase don Juan de Austria, ea*- 
viase luego á Granada relación del estado en que se 
hallasen las cosas de la parte oriental de aquel reino 
donde él estaba, para proveer lo conveniente. 

El consejo de don Juan de Austria se habia de 
componer del duque de Sessar , nieto del Gran Capi- 
tán, del marqués de Mondejar , Luis Quijada , presi- 
dente de Indias, el presidente de la audiencia de Gra- 
nada don Pedro de Dezay el arzobispo. El mando mi^ 
litar del reino de Granada se habia de dividir entre el 
marqués de los Velez y el de Mondejar , quedando á 
cargo del primero los partidos de Almería, Baza, 



PAin m. uno it. 427 

Gaadix ^ rio Almanzora y sierra de Filftbres , al del 
legando el resto del reino. 

Mas en tanto que estas medidas se prepara-* 
ban , desoído el marqués de Hondejar » porqne sti 
consejo no era el del rigor» ni «u opinión la de los 
ministros del rey , ni acaso la del monarca mismo , y 
desaprovechada aquella ocasión para haber hecho de 
los moriscos rendidos lo que mas se hubiera creido 
convenir , dióse lugar á que estallara una nueva in*- 
surreodon» que habia de. costar ana mas sangre que 
la primera, provocada por las correrías, incendios,, 
robos y asesinatos que los soldados hacian en cuadri* 
Has , so protesto de encontrar moros armados y en 
actitud de guerra, no siendo ya bastante á tenerlos á 
raya el marqués, desautorizado por aquellas medidas 
y reducido á la inacción. Los moros, que de aquella 
manera provocados se alzaban , recurrieron de nuevo 
á su rey Aben Humeya, ofreciendo esta vez no ren- 
dirse hasta morir ^ y él los alentaba con la esperanza 
de próitímos auxilios del Gran Turco, que su herma- 
no Abdallah habia ido á solicitar <*). Corrió en esto la 



U) Eo efect^ bailábase Ab- teotos del morisco español, tra- 
dtllah en Cónstlntinopta gestio- tanda de persuadir al sultán Se- 
llando en este seatido cerca del lim aue debia emprender la gaer- 
Gran Señor, diciendo que babia ra de España en ayuda de lo» 
sesenta mil moros armados en ei oprimidos moros, can preferencia 
reino de Granada , sin contar los ú la espedicion á Chipre que Hie- 
de Valencia, Aragón y Castilla, -ditaba y le aconsejaba su rival 
los cuales todos se alzarían en Mustafá. Pero Selim se decidiá 
cuanto él llegara y le barían señor por lo último» como luego babre- 
del reino. Mobammet por rivali- mos de ver, y despacbó al emba- 
dad con Mustafó protegía los ín* jador granadmo con cartas para 



428 niSTMU Dft B9^AÑA« 

vaz en Granada de que Aben Humeya trataba eoo los 
rooro^ del Albaicín de qae se alzasen , y á una señ|l 
suya él acudiría á la ciudad , en cuya conspiración^ 
verdadera ó supuesta, se decia entraban los moriscos 
presos en la cárcel ^ chancillería, que eran mas de 
ciento , de los mas ricos y acomodados de la pobla- 
ción, aunque gente inhábil para la guerra» entre ellos 
don Antonio y don Francisco Valor , padre y herma- 
no de Aben Humeyá. Denunciado este proyecto al 
presidente Deza» como asimismo que se veían foga- 
tas á la parte de Sierra Nevada , díó orden para que 
se pusiese. en armas la guarnición; se repartieron 
también armas entre los cristianos presos; el atalaya 
de la torre de la Vela , acaso prevenido , tocó á alta$ 
horas de la noche (i7 de marzo) la campana de reba- 
to; á esta señal los cristianos armados de la cárcel 
acometieron á los moriscos, los cuales se defendían 
valerosamente en sus calabozos; alborotóse la ciudad; 
entraron los soldados en la cárcel , y comenzaron á 
degollar los moriscos presos ; vendían estos infelices 
caras sus vidas arrojando á sus matadores piedras y 
ladrillos que arrancaban de las paredes» vasos, sillas, 
tablas y cuanto habían á las manos, peip al cabo de 
siete horas de desesperada defensa, sucumbieron 
al número, y fueron degollados todos en núme- 
ro de cíenlo y diez , á escepcion de don Antonio 

el virey de Argel Uluch Alí , el dos turcos á España á sueldo do 
cual se Cemento con enviar algu- Aben Humeya. 



YAETB m. LIBRO II. 429 

y doD Francisco de Valor, á quienes protegieron sus 
guardadores. Si todos estos desgraciados habian 
sido culpables en deseo , solo algunos parece que lo 
hablan sido en pláticas, pero al presidente que no ha- 
bía impedido la matanza no se e&igió responsabilidad 
alguna ^^K 

La insurrección de los moriscos de la Alpujarra 
crecía otra vez de día en dia; ellos mataban á los ca- 
pitanes cristianos , y los cristianos incendiaban y ta- 
laban los lugares de los moros , sin reparar en que 
estuvieran ó no reducidos. Urgía ya la presencia de 
don Juan de Austria para ver si ponía remedio á aquel 
desorden. Al fin despidióse el joven príncipe del rey 
su hermaneen Aranjuez (6 de abril, 1569), y partió 
para Granada en compañía de Luis Quijada que en su 
infancia le había criado. El recibimiento que á don 
Juan se hizo en aquella ciudad fué suntuoso y solem- 
Q6 > y digno de la calidad de su persona. Acabadas 
las ceremonias, las arengas y los festejos , comenzó á 
oír á unos y á otros acerca del estado del reino y de 
los negocios de la guerra, y á tomar las providencias 
que iremos dando á conocer en otro capítulo. 

(4) Mendoza, Guerra de Gra- lib. V., cap. 38. 
nada, Ub. 11.— Marmol, Rebelión, 



CAPITULO Xll« 



I<OS MORISCOS 



DON JUAN DE AUSTRIA. 



«1569 A 1671. 



Nacimiento, infancia y pubertad de don Juan de Austria. — Qoíén fué 
su madre.— -Secreto y misterio con que fué criado en casa de Luñ 
Quijada. — Dónde y cómo le reconoció por hermano Felipe 11.— 
Acompaüa al principe Garlos en Alcalá. — ^Intenta ir ¿ la guerra de 
Malta, y es detenido de orden del rey. — GonGérele su hermano el 
mando de las galeras. — ^Espedicion contra corsarios. — ^Nómbrale 
para dirigir la guerra contra ios moriscos. — Primeras disposición 
nes de don Juan en, -Granada. — ^Disidencias y entorpecimientos 
en el Consejo. — Progresos de los moriscos : Aben Humeya. — El 
comendador mayor de Castilla en el Peñón de Frígiliana. — ^Beaf 
cédula para la espulsion de los moriscos de Granada» y su in* 
iernacion en Castilla.— Llamamiento -del marqués deMondejará 
la corte, y su causa. — ^Muere el rey ^ben Humeya asesinado.— 
Bs proclamado Aben Abóo rey de los moriscos.— Nuevo aspee* 
to de la guerra.— El duque de Sessa y el marqués do los Ve- 
lez. — Sale á campaña don Juan de Austria. — ^Binde á Galeira.— 
Desastre en Serón. — ^Nuevos triunfos de don Juan. — Tratos y ne- 
gociaciones para la redpccion.— Bando solemne que hizo pilblicar 

. don Juan de Austria.— OperaciojDes del duque de Sessa.— Pragmáti' 
ca delxey para sacar del reino á los moros 9e paz.— Prosiguen los 
tratos de reducción. — ^El Habaquis. — ^Reunión de capitanes moris- 
cos y cristianos.<»Conoiértase la reducción.— El Habaqui humillado 



FAITE 111. UBBO H. 431 

anta don Joan de Aasir¡a.«-De8ÍgnacioQ de capitanes para recibir \o§ 
moros reducidos.— Alzamiento 7 guerra en la serranía de Ronda — • 
Arrepiéntese Aben Abóo» y se niega á reducirse.— Doblez y arterias 
del reyezuelo moro.— Asesina al Habaqui.— Intenta otra vez enga- 
ñar á don Joan de Austria.— Resuélvese do nuevo la guerra contra 
Aben Abóo.— Batida general del comendador Requesens en la Alpu 
jarra. — ^Estetminio de moriscos.— Vuelven don Jaan do Austria y 
Requesens á Granada. — ^Licencian las tropas. — Regresa don Juan de 
Austria á Madrid.— Muerte trágica de Aben Abóo, y fin de la guerra. 
—Puéblase el reino de Granada de cristianos. 



Al aparecer en el teatro de la guerra con tan 
principal papel el nuevo personage que nombramos á 
la cabeza de este capítulo» y estando destinado á ser 
en lo de adelante la mas noble y sobresaliente figura 
del cuadro histórico de esta época, justo, ademas de 
forzoso y conveníl^nte, será que demos á conocer los 
antecedentes de su vida hasta que ha sido elegido 
para mandar en gefe y dirigir los negocios de la guer* 
ra contra los moriscos de Granada» siendo preferido, 
con ser tan joven, á tantos y tan antiguos, espertes y 
acreditados generales como podia haber buscado 
el rey Felipe IL 

Don Juan de Austria, hijo natural del gran Car- 
los I. de España, y Y. de Alemania , fruto de sus 
amorosas intimidades con una joven de Ratisbona lla- 
mada Bárbara Blomberg, después de algunos años de 
viudo de la emperatriz Isabel ^^^ , habia pasado su in- 

[^) En otra parte hemos ilus* y demostrado con copia de docu- 
trado detenidamente este punto> mentes auténticos, que la madre 



432 HISTOUA DE BSVÁÍA 

faDciaeavna humilde oscuridad, ignorante y oniy 
ageop de que fuese* hijo de tan escelso soberano. Qui- 
so Carlos y. tener guardado este secreto , ya por «a 
justo respeto á la honra de la joven que habia tenido 
la flaqueza y la fortuna de ser madre del que después 
fué tan insigne príncipe , ya también porque creyera 
rebajarse con ]a revelación su dignidad imperial, 
atendida la modesta alcurnia de la Blomberg: consi- 
deración que no habia tenido respecto á su hija Mar- 
garita , habida también ilegítimamente . acaso por 
pertenecer sa madre á mas noble familia. Confié» 
pues, con toda reserva el cuidado y crianza del tierno 
niño á SQ* mayordomo Luis Quijada , señor de Villa- 
garcía, su mayof confidente y á quien fiaba los mas 
delicados secretos. Acordaron despqés los dos, ó para 
encubrir mas el caso« ó tal vez al propio tiempo con 
otros ulteriores fines, traer al niño don Juan á Espa- 
ña, donde ya andaba meditando el emperador retirar- 



de doD Jaan de Austria fjélaineD- La Blomberg, bija de uo cioda- 

donada Bárbara Blomberg, y do daoo particular de Ratjsbona, 

otra , desvaaecieodo al propio {püegéri que vivía de sa hacienda, 

tiempo de una ufanera que no casó con Gerónimo Píramo Kegell, 

puede dejar ya lugar á la duda comisario del ejército del rey, de 

ciertas calumniosas especies que quien tuvo dos hijos. Habieodo 

algunos escritores habian difun- enviudado de Kegell , fué traída 

dido, queriendo dar á este princi- á España por disposición de su 

pe un origen mucho mas criminal hijo don Juan, oe acuerdo con 

y feo, de que quedaba harto lasti- su hermano Felipe II. , qoe, le 

mada la honra del emperador, y asignó una pensión de 3,000 da- 

rouchomasla de una ilustre y vír- caaos anuales. Se estableció ea 

tuosa reina. Puede verse el núme- í^n Cebrian de Mazóte (Castilla 

rotercerpde la Revista BspaSo- la Vieja), y se trasladó postcrior- 

LA DR Ambos Mundos, donde se in- mente ¿ Golindrcs, donde murió 

£ertó esta ilustración. en 4 528. 



PABTE III. LIBRO II. « 433 

se . Púsosele primeramente , según nos informan sud 
biógrafos é historiadores^ en la villa de Leganés, á 
dos teguas de Madrid , al cuidado de un clérigo y al, 
cargo de otra persona conocida y de la confianza del^ 
emperador y de Luis Quijada , donde se criaba ha- 
ciendo la vida de la aldea « y alternando en los jue- 
gos infantiles con los demás muchachos del pueblo, 
sin qqe nadie sospechara su elevado origen > aunque 
distinguiéodose entre todos, asi por la mayor decen- 
cia de sus vestidos , como por cierto aire y maneras 
nobles que parece inspira el nacimiento y suelen re- 
velarse aun en las situaciones mas humildes ^^K ^ 

Pero informado después el emperador de que en 
Leganés ni se tenia con su hijo el cuidado ; tii se le 
daba la educación conveniente, antes en lo uoo y en 
lo otro se advertia cierto abandono perjudicial, deter* 
minó trasladarle á Yillagarcía^ al lado y bpjo la di<«- 
reccion de la esposa de Luis Quijada, dona Magdale- 
na de Ulloa, hermana del marqués de la Mota, señora 
de mucha discreción , honestidad y virtud , donde re« 
cibiriaotra instrucción^ otras costumbres y otra edu- 
cación mas fina y esmerada. Encargóle mucho su ma^ 
rido que le tratara y cuidara opmo. á hyo propio, pues 

(4) Según Vapder Hammen, con un flamenco nombrado Fran- 

que cuenta minuciosamente todo cisco, uno de ios que Carlos ha bit 

lo relativo á la vi^a de don Jiian, traido en su comitiya la primerit 

el clérigo á cuyo cuidado se enco- ^ez que vino de Flandes á Espa- 

mendó, se llamaba Bautista Vela, Sa.— Historia de don Juan de Auá« 

y la muger á cuyo inmediato car- tria, lib. I. 
go estaba, Ana de Medina; casada 

Touo xiiK 98 



iái HISTO&U DE É8PAÉA. 

io era de persona de macho lastre , y con qaien tenia 
muy estrecha amistad, no sin que el interés tan gran- 
de que por él manife9laba su esposo dejara de inspi- 
rar en tal coal oóasion á aqoella señora ciertas sospe- 
chas que no andaban lejos de ir mezcladas con celos. 
Alli permaneció don Juan, dando ya en sus inclinacio- 
nes maestra de lo qoe algún dia habría de ser, y ha- 
ciéndose qoerer de todos por su buena índole, so 
amabilidad y sns escelentes prendas de alma y dé 
cuerpo* Cuando Carlos V. vino á encerrarse en el 
monasterio de Yuste, érale presentado muchas veces 
su hijo en calidad de pago de Luis Quijada, gozando 
mqcho en ver la gentileza que ya mostraba , aun no 
ontrado^n la pubertad. Tuvo, no obstante, el empe« 
ra<)or Ja suficiente entereza para reprimir ó disimular 
las afectuosas demostraciones de padre , y contioad 
guardando el secreto, bien que éste no habia dejado 
de irse trasluciendo , y se hacian ya conjeturas y.co* 
mentaríos sobre el misterioso nifio ^*^ . La voluntad 
de Garios era que se guardara el incógnito hasta la 
venida del rey don Felipe, y por su parte se despidió 
del mundo sin revelarlo sino á muy pocos tx>nfidett(es. 
Para Felipe IL no era ya un secreto ^^^: y asi á 



(1) «Hallo yn tan público aquí bre ello óyo % ArchWo de Si«* 

(escribía Luis Quijada á Felipe II. mancas. Balado, leg. 110. 

en 4% de diciembre do 4558) lo que (1) La prueba de ello es, que 

toca á aquella persona que V. M. en it de octubre (4968) le babia 

sobe está á mi cargo, que me ba escrito Luis Quijada diciéodoie 

espantado, y espántame mucbo entre otras cosas, qoo la ▼fsp^ra 

mas las particularidades que so- de morir su padre, nabia manda- 



)M]^ líeiA|ici de haber Tenido de Flaiictes á España 
(1 SS9) procoró tooocer á s^ hernurno nataral, ha^ 
cteodo que doña Magdalena de DIloa le Ilerára al fa- 
moso' autói de fé qáe se celebró y presidió el rey eú 
Valladélté. AIH ise hicíeroii y» gob doQ Jvan alga- 
lias dénestraciones harto sigBÍfieatíiFas> qoeél sin em* 
bargo no cooDprMdtó todarla. Mas á pocos días dé 
eelo deteminó ei i-ey acabar de levaotet el velo que 
encobria H arcano. Dispaso FeKpo ir con sn corte al 
monasterio de la Espina, y ordenó á Luis Qaijaiia fue- 
se á encontrarte alli Uerando consigo á don Juan ves- 
lido cD» et trago que ordinanriameote usaba» Por pre« 
coz que m sufionga et jnieíadel jóvan^ principe, y polr 
insirwido qne faer» par Lois Quijada del papel que 
aquel día había dis representar, es imposible qoe de- 
jara cte sorprenderle y que no le produfera cierto atar-^ 
dimienlo verse recibido tan> aléetoosameiite per el rey> 
besártela nano pnestode hinojos' Luis Quijada, h»- 
cerie hinneaage los grandes y cortesanos^ ceñirle el 
rey por su mano la espada y colgarle al cuello el 
Toisón de oro, y por último oir de boca del mismo 
soberano: «£um ámmo, niño Mto> que sois hijo dé 
un tuAiliiivfio varón. El emperador Carlos V. qUÉ 

do enlregw SOO escoto á& ero é »8eor4ad áe 16 q«ie en eUa se di- 

fln de que eow ellos se fornase »c% qae ereo que aqttello mandó 

una rema de 200 florines para vS. M. (torcft la madre de aquel 

cierta person» que S. M. sabía. ¥ vaenMhombre; j aouérdesees de 

al respmdie de esta carta, se baila >ío que os dije qué supiéstdes d» 

puesto de mano de Felipe 11. : *9»fliari4o, y acordádmelo todoi» 
«Braso^ esla carta guardad, y me 



43G HISTORIA BE BSPÁftÁ. 

en el cielo vive , es mi padre y el vuestro '*\i> 
Terminada esta dramática metamorfosis, y hecho 
por los grandes de la corte el correspondiente acata- 
miento al sobrecogido joven, como á hijo del empera- 
dor y hermano natural del rey, volvieron todos jun- 
tos á Valladplid, siendo aquel un día de gran júbilo 
para la población, que afluía en masa á su encuentro, 
ansiosa de reconocer al nuevo príncipe. Púsole el rey 
casa y servicio, pero mandó darle solamente el título 
de Eaxielencia, bien que no pudiera evitar que el pue- 
blo por respeto y por costumbre le tratara de Alte%a <^'. 
En las Cortes que á principios del año siguiente (1 K60) 
se celebraron en Toledo para el reconoctmieato y jura 
del príncipe don Carlos asistió don Juan de Aastría 
en unión de toda la familia real con un vestido de 
terciopelo carmesí, bordado de oro y plata» que no 
hubiera sido fácil reconocer al antiguo labradorciilo 
de Leganés. Aun no tenia entonces doü Juan los ca- 
torce años cumplido», y para que pudiera prestar ju- 

(4) Algunos suponen haberse mayordomo inayor, el conde de 
verificado ésta esceba en el monte Priego; sumillerde corps, don Ro- 
Torosos, en una partida de caza drigo deBenavides, hermaDodel 
que el rey había dispuesto. Sobre conde de Saútisteban; caballerizo 
no parecemos ni á propósito el mayor, don Luis de Córdoba; se- 
lugar, ni vcrosimilos las circuns- cretario, Juan deQuiroga; capi- 
tancias con que estos lo cuentan, tan de su guardia, don Luisr^rri- 
nosotros hemos seguido á Vander lio, primogénito del conde de Prie- 
llammen, en la Historia de don go; varios gentiles hombres yayo- 
Juan de Austria, lib. 1.. y á Ca- das da cámara. Luis Quijada, ca* 
brera, Histo{:ia de Pelipe H., ü- ballerizo mayor ya del principe 
bro V., c&p. 3.» que nos parecen don Carlos, asistia con titulo de 
los mas autorizados. ayo á don Juan de Austria. Dié- 

(2) La servidumbre que se de- ronle á éste para vivir las casas 

signó ¿ don Juan de Austria, fué: del conde de Ribadavia. 



PAJRTB UU LIBAO If. 437~ 

rameoto y hacer pleito-homenage al prtocipe su so- 
brino fué menester que alli luismo le dispensara el^ 
rey la falta de edad que para estos casos requieren, 
la leyes del reino ('^ 

(1) Es por consecuencia ÍDexac- vio qual sdm hecho en seaal de. 

ioqoedon Juan de Austria naciera »la ovidiencia, rreconocimieuto y 

eo febrero de 45455dia de San Me- » rreverencia, subjecion y vasalla- 

lias, como hasta aquí han venido vge y fidelidad al dicho sereuisimo 

diciendo todos k>3 nistoriadoros, «esclarecido principe don Carlos 

porque de ser as! tendría don Juan muestro señor debida, se fué an- 

quince años, en febrero de 4560, y » tel dicho ilustrisimo don Juan de 

por testimonio de las Cortes y del »A,ustria, é hincadas las rodillas 

rey aun no tenia entonces los ca- »en el suelo, le besó la mano, y 

torce. El testo de las Cortes no « desde al\i se tornó á sentar en la 

ofrece dada alguna. «Y luego que «silla en que antes estaba, como 

» esto fué hecho, el d icbo Francís- » dicho es.»— Copiado por nosotros 

BCú de Eraso dixo á la C. R. M. del del testimonio Original de dichas 

» rrey don Felipe nuestro soberano Cortes, refrendado por el secreta- 

Aseoor, que ya sabia como el iluS" río Eraso y por los escribanos ma- 

9trisimo don Jttan de Austria no yores do Cortes, que se conserva 

9 tenia la hedad cumplida de los en el Archivo municipal de la ciu- 

»calorc6 años; y como quiera que dad de León, en cinco hojas de. 

»se conocía que tenia discreccion, pergamino útiles, marca folio, 

«avilidad y entendimiento, que En confirmación de que aquella , 

«todavía á mayor abundamiento, era la verdadera edad de don Juan 

»S. M. supliese el dicho defeto pa- de Austria^ y no la Que hasta aho; 

»ra que pudiese jurar é hacer el ra le han dado los nistoriadores^ 

» pleito omeoage en caso quQ fue- viene la medalla que se acuñó pa- 

»se necesario, y a viéndolo S. M. ra perpetuar su memorable vic- 

> partici4armenie oido, en voz y n- toria en Lepante, y que se conser- 
^tfligíble respondió y dixo» que va.en el Museo Numismático de la 
«»aoM era su voluntad, noerobar-^ Biblioteca Nacional de esta corte 

> gante las leyes destos reinos: lo (estante 36, caja núm. 4 .<>), por la 
«qual por el dicho ilustrisimo don que consta, que don Juan en octu- 
» Juan de Austria oydo, se levantó brc de 4571 no tenía mas de veinte 
»de la dicha silla en que eslava, y cuatro años, pues en su anverso 
» v fué antel dicho lUno. Cardenal, se lee la siguiente inscripción: 
»é hizo otro tal juramento como el Joannes Austriíe CAroli V. fiC 
wque la serenísima princesa avia cet. su. ann. XXIIU. 

» hecho, y fecho se levantó y fué Ya que nos hemos puesto á rec- 

•antel dicho morqué^.d^ Mondor tifícar, diremos también que s^ 

«j^r que estaba en pie eq frente equivocaron \anderHammen,Ca- 

»de S. M., y metidas las manos en- brera y otros que los han seguí- 

»tre las del dicho marqués, hizo do, al decir que don Juan de Aus- 

)»el pleito omenage contenido en tria tomó al principe don Cárlo^ 

» la oicha scriptura de juramento é en aquellas Cortes c> juramento 

ipleilo omenage de suso scripta: de guardar y hacer guardar las 1&- 



43S BlSTORlÁ^ IIB BSPAIU. 

Cuando Felipe IL envió so hijo el príncipe C&iioft 
á Alcalá (1 562) con su primo Alejan¿h*o Fftmeao, bd- 
vió también á don loan de Austria » ya para que bi* 
ciera buena compañía al príncipe, ya para que el 
mismo se instruyera con el estudio y cultivo de las 
letras humanas» en las cuales adelankS cuanto de su 
edad podia esperarse. Como la intención del empera- 
dor habia sido educar á don Juan para el estado ecle* 
siásticot y en esta misma idea estaba Felipe U., soli-^ 
citó éste de la santidad de Pió IV. el capelo de carde- 
nal para su hermano (1&74)« de que á no dudar lé 
hubiera investido el papa á no haberse interpuesta 
en Roma la cuestión de preferencia enire los eo^baga* 
dores de Francia y España. Y fué mejor asi; porque 
el joven príncipe había mostrado siempre mas incli- 
nación al escudo del guerrero que á la pérpora cardena- 
licia» y en sus juegos juveniles habia descubierto nm& 
afición á los ruidosos ejercicios bélicos queá las pacífi- 
cas ocupaciones del sacerdocio. De ello dio uaa pmdsa 
bien patente, cuando recien vuelto de Alcalá á Madrid 
sin consultar con el rey su hermano» y estimulado so- 
lo del fuego de la juventud y avivada por el deseo de 
ganar g}oria militar, como aquel que sentía hervir en 
sus venas la sangve de Carlos V., desde Galapagar,, 
donde iba con su tobrina Carlos, tomó el camino de 

yes, costumbres y libertades del timooio original de djcbas Cócicaí 
reino. Don Juan de Austria no to» bemos visto, 
vaó tal juramento, se^uu e^ el te&- 



PARTB lil. LIBRÓ II. 43& 

^rcelona con dos oficiales de sa c^sa, resuello ú em^ 
barcarseen aquel puerto (t565] para coocurrir coma 
aveoiareroy ya que como gefe no le era permitido, á 
ia ruidosa empresa del socorro de Malla que eutonces 
liamaba la aleación de toda la cristiandad. 

Los correos y los emisarios que Felipe II. despa-^ 
cbó, tan luego como supo su determinación, para que 
le detovieseo y le biciesen volver á la corle, no bu- 
bieran bastado á impedir su propósito sí no hubiera en- 
fermado poco aales de llegar á Zaragoza. Tal era el in< 
flujoque don Juan, con ser un mancebo de diez y nueve 
años, cjercia ya en la nobleza de Castilla, que la noticia 
de su resolución emñió á multitud de caballeros no- 
bles á imitarle y seguirle, eomo avergonzados de per- 
manecer en la corte ó en sus casas mientras él iba á 
lanzarse á los riesgos del mar y á participar de los 
peligros de la guerra. Todavía, apenas se sintió un 
tanto restablecido de su fiebre , partió resueltamente 
de Zaragoza, y llegó á Monserrat , y hubiérase em- 
barcado en Barcelona á no haberle alcanzado alli car* 
las de su hermano,i en que le mandaba volver so pe - 
na de incurrir en su desgracia y real desagrado. Esta 
comunicación fué laque le hizo retroceder, con el sen- 
timiento de renunciar á una empresa en, qMe deseaba 
darse á conocer y empezar á acreditar que era digno 
bijo de tan esclarecido padre^ 

Conocida ya la aptitud de don Juan para grandes 
negocios y cargos, relevado que fué don García de 



440 HUTOtlA DE BSPAffA. 

Toledo del vireinalo de Sicilia (4 568), encomendó el 
rey don Felipe á su hermano el mando de las galerna 
de España, con el título de capitán general de la mari 
dándole por lugarteniente á don Luis de Requc'sens, 
comendador mayor de Castilla (*^. Ahora, con mas ra- 
zón y seguridad que ajates, se determinaron á segairle 
espontáneamente muchos grandes y nobles; tal era el 
atractivo de su persona, y la confianza que en su ado- 
lescencia inspiraba á todos. Sq fin en la primera ex* 
pedición marítima qoe iba á hacer,, era limpiar las is- 
las y cortas de los corsarios que las infestaban y cor* 
rian para apoderarse de las flotas que yeniaa de In^ 
días. Juntos los capitanes y aparejadas las galeras, 
embarcóse en la Real, labrada ex-profeso por man- 
dado de S. Al', para Su Excelencia ^ la cual iba ador- 
nada de multitud de cuadros, figuras, y emblemas ó 
nK»tes alegóricos, aUisivos á empresas n^arítimas y á 
victorias gloriosas de los tiempos mitológicos y de la 

(1) El DooibrainieDto do don vrecido advertiros, que el dicho 
iuaa de Austria fué hecho en i 5 véargo de nuestro capitán general 
de enero de 4668, el de don Luis «de la mar que os habernos pro- 
de Reqaosens en 22 de marzo. Al > veido, es de ]a calidad que mas 
nombramiento de don Juan acom- vque en oj[>ro alguno conviene pro* 
paño una larga instrucción del «ceder con gran cuidado, atención 
rey, previnijéndole cómo babia de n y diligencia, ppr los peligros 7 dí- 
obrar en todo lo concerniente ásu «ncoltades ¿ que las cosas de h 
nuevo cargo. «Li^ orden (comen- »mar^ ^tán espuestas, y por la di- 
»zába) que Vos el ilustrisimo don »lígencia que en las ocasiones v 
»Juan de Austria, nuestro muy caV « efectos que «e hubieren de hacer 
vro y muy amado hermano, á «conviene usar.... etc.» 
vquien habernos proveido del car- Manuscrito de la Biblioteca dei 
» so de nuestro capitán general de duque de Osuna . — Se ha inserta- 
«la mar, habéis de tener y güar- do en la Colección de Documentos 
» dar en uso y ejercicio, es el si- iuéditos, tom. 111. * 
>»gui|;Qte:— Primeramente, ha pa- 



rARTB 111. umo fr. 441 

Jiislóría antigua ^^^\ Fué un dia de regocijó para Car* 
Uigeaa aquel en que vio salir al mar entre el estruen- 
do de las músicas marciales y délas salvas de artille- 
ría atan gallardo pnincipe. Con treinta y tres galeras, 
que después distríbuyó convenientemente » llevando 
Qon3igo.l9 mayor parte, oorridaqnal año el litoral del 
Qceanoy del Mediterráneo^ pasando alternativamente 
de una ¿otra costa de España y África, basta Argel, 
Oran y Mazalquiyir, dando siempre casaá los corsa- 
i:ios berberiscos, y acreditando en aquel primer ensa- 
yo su capacidad para mayores y mas arduas empresas 
i]iayales. A su regreso á Barcelona y Madrid (setiem- 
bre, lS6i&)> fué recibido con páblicas demostraciones 
de c^legria y d^ carino, notándose ya cuan simpático 
eca don Juan, de Austria á los españoles, y cuánto le 
babian grangeado, ya las. yaluQtades sus personales 
prendas ^'^ • 

Apoco daealo ocurriií el leyanta^miento de los 
moriscos de la Ajpujarra. Ávido de* gloria el joven 
príncipe, y mal h^JIado su espíritu con la inacción y 
el üeposo.» p\di<^ b\ (cy sy h^cmano, Qn inemorial 



(4) Por. ejeoiplo, la eepedicion sasa, per undas. — Festina ¡Mié: 

de Jason á la conquista del Yello- — Üt fiant aquoB salubres^ etc. — 

cind deoro; Neptubo, en BU car- Vander Hammen. tlíst. de don 

ro, circundado ae dioses marinos; Juan de Austria, íib. I.— Archiv. 

Ulises, tapándoselos oídos para de Simancas, Estado, leg. núme- 

libr^ars^ del canto de las sifenas; ro 450. Correspondencia de don 

Alejandro Magno, etc. Los motes Juan de Austria desde Cartagena, 
estaban en latín, y eran tales co- (3) Vander Hammen, don Juan 

mo estos: Fortunam vittute pa^^ de Austria, lib. I.-*Cabrera, Fe- 

ral.-^Dolumreprimeredolo.-^Pcr lipe 11. lib. VU. 



442 HISTORIA DB B5MÑA. 

de 30 de diciembre (1 568) , le permitiera ir á pelear 
000 la gente rebelada y Yer de reducirla ^^K No creyó 
conveniente Felipe aceptar por entonces el generosa 
ofrecimienU) de don Juan, acaso por que no le pare-* 
cíese empresa digna de un príncipe, ó por desconfiar 
de su prudeiK^ia -, siendo todavía tan joven , ó por qoe 
Qo pensó que llegara á ser tan voraz el fo^o de 
aquella primera llama. Los sucesos acreditaron que 
el monarca no habia calculado bien en esta ocasión. 
D(i otro modo viÓ ya las cosas , cuando , vencidos y 
subyugados en la primera campaña los moriscos, se 
alzaron de nuevo mostrando ser gente indomable, y 
cuando li^ rivalidades entre los marqueses de los Ve- 
loz y Mondejar y de éste con las autoridades de Gra- 
nada ,~ le persuadieron , asi como sus consejeros de 
Madrid, de la conveniencia de enviar á sa mismo her- 
mano á dirigir la segunda guerra que habia comen- 
zado á apuntar y amenazaba envolver nuevamente 
en sangre el reiiío granadino. Hizolo asi , en los tér- 
minos que dejamos espuestos en el capítulo preoe- 
dente, con aplauso general, y en su virtud despidióse 
don Juaü de Austria del rey, y entró, como dijimos^ 
en Granada , donde su gentileza , afabilidad y corte- 
sanía le captaron las voluntades y los corazones coma 
en todas partes. 

No habia aun tenido tiempo para descansar del 

(i) Vandcr nammen copia el Historia de don Juau de Ai^lríai 
inemorial de dou Juan al rey.—- lib. J(. 



P4A1B nU LIBBO lU 443 

víage cuando se le présenlo una diputación de loa 
principales moriscos de la ciudad, haciendo protestas 
de fidelidad, y quejándose de las molestias , vejacio- 
nes y agravios con que los oprimian los oficiales de 
ia justicia y de la guerra, contra los cuales esperaban 
su protección y amparo, ' asi como ellos ponían á su 
disposición sus vidas, hooras y haciendas. Respon- 
dióles don Juan I que los que hubiesen sido y fuesen 
leaiea á Dios y al rey serían Eavorecidos, y les serian 
guardadas sus libertades y franquezas , mas los que 
de otra manera se hubieren conducido serian casti- 
gados oon todo rigor; y en cuanto ¿ los atavies de 
que ee quejaban, diéranle sus memoriales^ y los man- 
daría ver y remediar si fuesen ciertos. 

Congregó luego el Consejo para oir sus informa- 
ciones acerca de la guerra y de lo que convendría 
hacer en lo sucesivo. Encontrados fueron , como era 
de presumir , los pareceres del marqués de Hondejar 
y del presidente Deza , como lo habían sido siempre 
sus ideas y propósitos. El prímero, como el mas prác- 
tico en la guerra y conocedor del carácter y los re- 
corsos de la gente morisca , proponía tres medios : ó 
proseguir la reducción , que ellos mismos deseaban, 
y recogerlos todos en las tahas de Verja y Dalias, -coq 
lo cual se haría de ellos sin dificultad lo que se qui- 
siese ; ó poner presidios en los lugares convenientes, 
piantenidos á su costa, lo cualpedian también ellos, 
para que los defendieran de las tropelías de la sóida- 



Ui B1STOBU DB E&BAÍtk* 

desea desmandada; ó si se prefería el rigor, éi se^ 
obligaba» cod la gente que tenia en Orgiba y con mil 
infantes y doscientos caballos que le diesen, á ponerlos 
en términos que se entregasen con las manos atadas. 
Preguntado el presidente Deza, respondió, que á 5u 
parecer lo qiue convenia eran dos cosas: primera , sa- 
car todos los moriscos del Albaiciu y de la Vega y 
meterlos tierra adeniro, donde no pudieran ayudar á 
los alzados; segunda • hacer un ejemplar escarmiento 
y castigo , comenzando por los de Albuñoelas , donde 
se recogían muchos de los que hablan hecho mayores 
sacrilegios. A este diciámea se adhiriiS el duque de 
Sessa. Parecíales difícil y pelid^oso al arzobispo y á 
Luis Quijada. El licenciado Briviesca de Mutanones^ 
del consejo y cámara de S. M., que llegó aquellos 
días como agregado al Consejo, se dejó persuadir por 
el presidente y el licenciado Boborques, que era co- 
mo el consultor de Deza* Viéndose el de Mondejar tan 
contrariado, y teniendo por segura que antes se deja- 
rían hacer pedazos los moriscos que abandonar sus 
casas y haciendas y salir del reino, envió su liijo se- 
gundo don Iñigo de Meqdoza á consultar con S. M. lo 
que en medio da tan. eüCOfUradas opiniones deberia 
hacerse ^*) . 

Esto no obstante, don Juan de Austria fué toman- 
do sus disposiciones para emprender la guerra, Pror 



(I) Marmol, Uebelion y Cas- y 8. — VauJer Hamrnen, llisl. 
\S^ de los moriscos, lib. VI. c 7 üon Juan de Avslcid> l^b^ lu 



de. 



PARTE lll« LIBRO fl. 445 

cnró restablecer la disciplina (Je los soldados, que an- 
daba relajada á no poder mas; poner orden eo la 
hacienda y negociar recursos para que las pagas no 
les faltasen; hacer contribuir con gente y dinero á las 
provincias de Estremadura y Castilla, y haciendo tres 
tercios de cuantas tropas pudo reunir, las encomendó 
á tres capitanes nombrados por él , y señaló á cada 
ano el punto á que se había de dirigir , y el puesto 
que había de ocupar. Más en las disputas y consultas 
del Consejo se había perdido un tiempo precioso , y 
mientras cuestionaban los consejeros , los moriscos se 
rehacían y se multiplicaban los rebeldes. El marqués 
de los Velez » que quería acreditarse para con don 
Juan de Austria con algún hecho señalado, intentó 
meter su campo en la Alpujarra'y hacer un fuerte en 
el puerto de la Rabaha ; pero él no pudo entrar, y 
los soldados que comenzaban á construir el fuerte 
faeron desbaratados por los náorós. Et reyezuelo 
Aben Hameya^ qne había tennido ya otra vez cinco 
mil hombres, alentaba á los suyos y alzaba, lugares 
con esperanza que les daba de un próximo socorro 
del Gran Turco. Hacía otro tanto Gerónimo el Ma- 
lech. Levantáronse los de la* sierra de Bentonríz, y no 
solo sostenían reencuentros diarios, sino que cercaban 
ya y combatían fortalezas cristianas. Aben Hnmeya 
acometía el campo del mal^qués de los Velez en Ver-* 
ja, y los de la sierra de Bentomiz se.fortalocian en el 
terrible peñón de Frigiliana, al modo del de las Guá-> 



U6 aistoRiA piB bsnSÁ. 

jaras. El comendador de Castilla don Luis de BectW^ 
scns , que viniendo de Italia con veinte y cuatro ga- 
leras cargadas de infantería, corrió oiia lormeata que 
le llevó al puerto de Palanakós ^ arribó por fin á la 
playa de Yelez , quiso tomar sobre si la empresa de 
k^edocir el peñón de Frigiliana , y juntando sa genle 
en Torrox, comenzó á subir con 6lla> cott mas ímpetu 
y arrojo que suerte y ventura^ por fragosos y ásperos 
recuestos, desnudos riscos y tajadas peñas , donde ni 
tos pies hallaban en qué estribar ni las laanos de qué 
asirse. t)e vencida iban ya los veteranos de Italia, 
Y^uando acudieron en su ayuda tas tx>mpaiías de Má- 
laga y Vetez , que trepando por aqueitas lomas casi 
sin atajo ni vereda, llegaron á los reparos de ios 
enemigos, y arroslraAdo la muerte que con piedras y 
saetas les reparlian los bárbaros , se apoderaron he- 
roicamente del peñón ^ y degollaron todos los moros 
que no habian podido huir , casi despeñándose por la 
sierra , que otra manera áh eseapar no teman. Com- 
próse esta victoria con la sangre de macboa eentena- 
res de crístiaiioss y de los mas intrépidos y valerosos 
üapitanes» 

Por otra patte Aben Humeya envió á levantar los 
lugares del rio Almanzora , y amenazaba á Almcrfa. 
£1 castillo de Serón que cercaban los adoros, tuvo 
que capitular y rendirse déq>ues de inútiles esfiíer- 
zos que para socorrerle habían hecho los hermanos 
Enríquez y Diego de Mirones^ y no obstante la capí- 



PÁÉtB III. LIMÓ li. 44T 

lüIácioQ Fueron pasados á cuchillo todos los cristianos 
mayores de doce años que en él habia, por orden de 
Abéfi Bameya, y cautivadas las mogeres. Asi airdia 
y se 'sostenía otra vez la guerra por todos los ángu- 
los dé a<f del reino , no siendo posible que nosotros 
demos coentat ni hay tampoco para qué, de los ata- 
ques, defensas» sorpresas y acometidas recíprocas, 
y reencuentros diarios de que nos informan los do* 
comentos y las historias particulares , todos I09 cua- 
les costaban víctimas y pérdidas lastimosas á los de 
uno y otro campo. 

La causa de haber llegado esta ve& la lucha á 
tales términos que los cristianos eran ya los que iban 
llevando la peor parte, fueron sin duda las cuestio- 
nes del Consejo, las dilaciones que ocasionaba su vi- 
ciosa organización» y la circnnstancia no menos em- 
barazosa de no poder obrar sin consultarlo antes con 
el rey y tener que aguardar su resolución. De esta 
silnacion inconveniente y anómala del Ck)nsejo de don 
Joan de Austria da una idea tan exacta como triste 
la siguiente lacónica y espresiva carta que en aquella 
sazón escribió don Diego Hurtado de Mendoza al 
príncipe de Eboli Ruy Gómez de Silva : ^Ilustrísitno 
t> señor {le decía): Verdad en Granada no pasa; el 
yisehor don Jnan escucha ; ei duque bulle ; el enarques 
í>discurre; Luis Quijada gruñe; Muñatones apaña; 
y>m% sobrino allá está^ y acá no hace falta ('>.» 

(1) MS. de la Biblioteca de la Academia de la Historia , est. U^ 



\%^ HISTORIA DE BSPAÍÍÁ. 

Llegó al ñn la respaesia del rey á la consuIU 
clel Consejo, ordenando que todos los moriscos dé 
Granada y sos barrios de la Alcazaba y Albaicin, tien- 
de la edad de diez años á la de sesenla, fuesen sa- 
cados del reino y llevados á los pueblos Koiitrofes de 
Andalucía. En cumplimiento de esta real cédala, doú 
Juan de Austria, con acuerdo del Consejo; mandó 
que todos los moriscos de la ciudad se recogieran 
d^armados én las parroquias (23 de junio, 1 569). 
El aparato con que esto se hizo les infundió sospe- 
chas de que se trataba de degollarlos á todos, pero 
don Juan les dio palabra y seguro real de que no re- 
cibirían daño. Al dia siguienU^ fueron condocidos 
entre arcabuceros y encerrados en el hospital real, 
y desde alli se los sacó fuera &el reino entregándo- 
los {X)r listas y bajo partida de registro á las jnsti* 
cias de los pueblos á que iban destinados; Sobre tres 
mil quinientos fueron los espulsados aquel dia. cFúé 
i»un miserable espectáculo , dice uño de los historia- 
adores que presenciaron el caso y de los que tuvieron 
]^ parte en su ejecución, ver tantos hombres de todas 
» edades^ las cabezas bajas, las manos cruzadas, y los 
» rostros bañados de lágrimas, con semblante, doloroso 
1^ y triste, viendo que dejaban sus regaladas casaS) 
)»sus familias, su patria, sü naturaleza , sus haciendas 

tfrada 3.« A 52, fol. Í57.— Sa dO- skondejdr, el que había tenido á 
brino era sin duda don Iñigo de Madrid con la consulta de su ps- 
Mendoza , hijo del marques do dre al rtfy. 



PAETB m. UB&Q II* 449 

» y' tanto bien como teaíaa» y aun no sabían cierto lo 
^qne se baria de sus cabezas (*) .» La mitad murieron 
en los caminos, los unos de tristeza y de fatiga, los 
otros robados y maltratados por sus mismos conduc- 
tores. Con la ausencia de los moriscos quedaron des- 
truidos los lujosos baños y los pintorescos cármenes 
que ellos cultivaban. Los soldados que se habían alo- 
jado en sus casas se dieron á robar con mas libertad^ 
so pretesto de faltarles el mantenimiento que antes 
leniaD, y los capitanes no se atrevían á castigar los 
desórdenes por temor de que se les amotinaran ó de- 
sertaran los soldados. Los moriscos de la Vega huye- 
ron á la montaña, llevando consigo su ropa, y dejan- 
do escondido lo que no podían llevar. Tales fueron 
los efectos inmediatos de la espnlsion de los moriscos 
del Albaicin» 

Orgulloso Aben Humeya con haberse apoderado 
de los fuertes del rio Almanzora, atrevióse á enviar 
un mensagero á don Juan de Austria pidiendo la li- 
bertad de su padre y hermano que tenía presos en 
Granada, y ofreciendo dar por el rescate ochenta can- 
tivos cristiaDOs, y mas si fuere menester, aunque estu- 
viesen en poder del Gran Turco. Leída la carta en 
Consejo, se acordó no responderle, sino hacer que le 

. (i) Mármol Carvajal , Bebe- mandó á don Francisco do Solía y 

lion. Ub. VI. c. 27. ai porque no ¿mi que nos fuésemos á poner en 

>e alborotase la ciudad , dice este las puertas de la ciudad y no de-' 

mismo autor , y matasen los mo- jásemos entrar á nadie dentro.^ 
riscos que venían por las calles» 

Tomo xm. 29 



i 



450 HISTDUA DB BSPAflA. 

escribiege su padre informándole de qae era bien tra- 
tado, y aconsejándole como padre que se apartase dd 
mal camino que seguía. En peores manos todavía ca- 
yó otra carta que Aben Humeya dirigió al alcaide de 
Guejar sobre el mismo asunto, puesto que faltándole 
el alcaide á la lealtad y al secreto, y haciéndole sos- 
pechoso á los moros, comenzaron los que de él esta«* 
ban mas ofendidos á tratar cómo deshacerse de quim 
vociferaban ya que trabajaba en su daño. 

A petición del marqués de los Velez se reforzó su 
campo con la gente que de Italia habia traido el comen* 
dador mayor de Castilla; con lo cual, y con orden que 
recibió de que pasase á allanar la Alpujarra, desbara- 
tó á los moros que le salieron al camino, y prosiguien- 
do hasta Valor, donde se hallaba Aben Humeya, le der- 
rotó también, animándose con esto no poco los criS' 
tianos (julio 1569) • En cambio llegó á poco tiempo á 
Aben Hnmeya (agosto) un socorro de moros argelinos 
que á instancias de Fernando el Habaqui le envió el 
virey Uluch Alí , al mando del turco Husseyn, coa 
otros refuerzos de gente, armas y municiones que en 
unas fustas le vinieron de Tetuan. La victoria del 
marqués de los Velez fué mas murmurada y critica* 
da que celebrada y aplaudida por los del Consejo, y 
en vez de ensalzarle le hacian cargos por lo poco que 
habia hecho con tanta gente como se le halna dado y 
por los muchos bastimentos qué sin necesidad habia 
consumido. Quejábase él por su parte del marqués de 



PAftTB ni. LIBRO II. 451 

Mondejar, del daqae de Sessa y de Luis Quijada, di* 
deodo que todos tres eran sus émulos y enemigos, ana* 
díendo que por causa suya habian estado sus solda- 
dos expuestos á perecer de hambre, y que por su cul- 
pa le abandonaban cada día. Estas nuevas disensiones 
movieron al rey á llamar á la corte al marqués de 
Mondejar (setiembre), con el fin ostensible de que le 
informara bien de todo; pero en realidad , según se 
vio después, con el de apartarle del campo de la guer- 
ra, puesto que le llevó consigo á Córdoba donde iba 
á celebrar cortes, y después le nombró virey de Va- 
lencia, y mas adelante de Ñápeles, y no volvió ya mas 
al reino de Granada el marqués ^^^ . 

La verdadera razón de esto para nosotros, era 
que asi' los del Consejo de Granada como el rey mismo 
estaban por mas rigor con tos moriscos que el que 
habia entrado siempre en el sistema del marqués de 
Mondejar, y le miraban por tanto como un obstáculo. 



(i) «Marqaés de Moadejar, »en Madrid á 5 de setiembre de 
yprimo, nuestro capitán general «1569.» — Mendoza, Guerra de 
•del reino de Granada : porque Granada, lib. IB. — Mármol, Rebe- 
itqueremos tener relación del es- lion, lib. Vil. c. 6.^Eablando de 
ktado en que al presento están las las mutuas quejaste los dos mar- 
acosas dése reino , j Jo que con- qaeses, el de los Velez y el de Moa- 
•verná proveer para el remedio dejar, dice don Diego de Mendo- 
vdellas, 08 encargamos que en re- za, que era YOto en la materia: 
scibieodo esta os pongáis en ca- «Yo no yi el proceder del uno ni 
•mino, y vengáis luego á esta »del otro; pero á mi opinión, am- 
«Duestra corte para informarnos vbos fueron culpados , sin haber 
)»de lo qae está dicho, como per- » hecho errores en su oficio y fue-* 
»9ona que tiene tanta noticia de- »ra del, con poca causa> y esa co- 
allas; que en ello, y en que lo ha- »mun en algunos otros generales 
»gais con toda la brevedad , nos »de mayores ejércitos.» 
» tememos por muy servido. Dada 






452 HISTORIA DE ESPAÜA 

Hácennos juzgar asi las provisiones qae en el mes 
siguiente expidió la mageslad de Felipe II. (octobre), 
mandando en la una que se acabaran de sacar los 
moriscos que hablan quedado en Granada, y orde* 
naado en la otra que se publicase la guerra á sangre 
y fuego. Todo esto se pregonó por bando general (49 
de octubre, 4S69) en Granada y en toda Andainda. 
Pero á este tiempo ocurrió en el campo de los 
moriscos una novedad de la mayor importancia. Indi- 
camos ya que desde las cartas de Aben Humeya á don 
Juan de Austria y al alcaide de Guéjar andaban los 
enemigos resentidos de aquél proyectando y medi- 
tando su muerte. Contaban principalmente entre ellos 
un vecino de Albacete de Ujijar nombrado Diego Al- 
guacil, que no perdonaba á Aben Humeya el haberse 
llevado y traer consigo una prima suya, viuda, con 
quien aquél vivia amancebado. La misma joven mo- 
risca, que en secreto seguia comunicándose con el 
Diego Alguacil^ fué el instrumento de una traición que 
éste urdió, y en que logró hacer entrar á Diego López 
Aben Abóo y al caudillo de los turcos Husseyn, fin- 
giendo una ^carta de Aben Humeya en que suplantó 
su firma su mismo secretario Diego de Arcos. Cuando 
todo estuvo preparado y dispuesto, y hallándose Aben 
Humeya en Laujar, sorprendiéronle una noche en la 
casa en que se albergaba, y menos feliz que cuando 
trató de sorprenderle el marqués de Mondejar, cayó 
en manos de Aben Abóo y de Diego Alguacil. En vano 



PAftTB in. LIDEO II« - 453 

el rey de los moriscos se esforzó por justificar que la 
carta que le presentaron y sobre que aquellos funda«- 
ban su prisión no era suya sino fingida. Su muerte 
estaba resuelta» y aquella misma noche poco antes de 
amanecer le ecbaron un cordel á la garganta , y le 
estrangularon tirando Aben Abóo de una punta y Die* 
go Alguacil de la otra. Asi acabó el desventurado 
Femando de Valor, Aben Humeya , titulado rey de 
Granada y de Andalucía ^^K Dióse el mando do la 
guerra y el gobierno del reino á Diego López Aben 
Abóo por tres meses hasta que le confirmara el título 
el virey de Argel. Cuando le llegaron los despachos 
de éste, se intituló Muley Abdallah Aben AbóOy rey de 
los Andaluces 9 y puso en su estandarte un lema que 
decia: ciVo píide desear mas ni contentarme con me^ 
nos.y» Nombró el nuevo rey general de los ríos de Al- 
mería, Alboladuey y Almanzora, de las sierras de Baza 
y Filabres y marquesado de Geoete á Gerónimo el Ma- 
lech, y puso las tierras de Sierra Nevada, Velez, la AU 
pujarra y Vega de Granada á cargo del alcaide de Gué« 



Í4) Dice Mendoza, y lo mismo cumplido su voluntad, cumplieseD 

ica Mármol Carvajal, que de- olios la suya; y que en cuanto á 

claró al tiempo de morir haber si- la elección de Aben Abóo, iba 

do siempre su intención vivir en contento, pues sabia que pronto 

la ley cristiana, y que en ella mu- había de tener el mismo fin que 

riera si no le sobrecogiera la muer- él. Esto último se verificó, como 

te; que solo habia aceptado el rei- adelante veremos. Y si lo primero 

no por vengarse de las injurias fué cierto, gran cargo resulta de 

que á él y á su padre habian he- sus palabras contra la Imprudente 

cho los jueces del rey don Felipe; conducta de los que pusieron á 

que quedaba vengado de amisos los moriscos en tal desesperación, 
y enemigos; que pues él hania 



464 HISTOmiA BB ESPAÑA. 

jar, el Xoaybi, despachando al tarco Hasseya coa 
presentes para Argel y Ck)nstantínopla9 pidiendo socor- 
ros de gente, armas y municiones. 

Continoaba la guerra con Aben Abóo, el Malech 
y el Xoaybi lo mismo que antes con Aben Hame- 
ya, dando harto que hacer al duque de Sessa y al 
marqués de los Yelez, ««i uno por la Alpujarra , al 
otro por el rio Almanzora, cercando fortalezas y de* 
fendiéodolas* sin que de las disensiones de los moriscos 
y del cambio de rey supieran sacar ventaja alguna 
los cristianos: antes bien aquellos poseían los fuertes 
de Serón, Tíjola, Purchena, Tahalí, Jergal, Cantoria, 
Galera y otros, y acaudillaban ya masas de cinco y 
diez mil hombres (octubre, noviembi^e y diciembre, 
4569). De haber tomado tanto cuerpo la guerra te- 
nia mucha culpa la dilación en las resoluciones dol 
Consejo de Granada, y el haber de esperar la aproba- 
ción de S. M. 

Quiso ya don Juan de Austria salir de aquella 
inacción en que le tenia el rey hacía ocho meses, taa 
opuesta á su grande ánimo y á su genio belicoso, y 
representó enérgicamente á S. M. cuan .flojamente se 
hacía la guerra, el peligro de que se propagase la re- 
belión á los reinos de Valencia y Murcia, y su deseo 
de salir de Granada y de acabar la guerra en perso- 
na. Movido de sus razones el rey su hermano, ordenó 
que se formasen-dos ejércitos, uno á la parte del río 
Almanzora, al mando de don Juait de Austria, qae 



PAETB líl. UBEO lU 46 B 

reemplazarla alli al marqaés de los Velez, otro coa 
destino á la Alpojarra» á cargo del duque de Sessa. 
Hiciéronse grandes provisiones, se recogieron basti- 
mentos, se encargó á las ciudades que rehicieran sus 
compañías, y se mandó al comendador mayor de Cas* 
tilla que trajera artillería y municiones de Cartagena. 
Con la noticia de que don Juan de Austria iba á salir 
á campaña acudieron muchos caballeros y particula- 
res que hasta entonces no se habían movido, y la nue- 
Ta del nombramiento de don Juan llenó de regocijo y 
de esperanzas á toda la gente de guerra. 

Antes de emprender él joven príncipe la campa* 
ña, y á fio de no dejar á la espalda y cerca de la 
ciudad enemigos que pudieran incomodarle, acordó 
arrojarlos de la madriguera que tenian en Guéjar, ^ 
pueblo grande situado en el seno de una sierra fra- 
gosa, de donde nacen las principales fuentes del Ge*>^ 
nil. Salió pues don Juan de Granada, ejecutó feliz- 
mente esta difícil operación, y echados los moros de 
aquella ladronera <*\ dejando la conveniente guarní* 
cion para la seguridad de Granada y su vega , partió 
otra vez el joven guerrero (29 de diciembre) la vía de 
GuadíiK. y Baza, en cuyo último punto le esperaba el 
comendador Requesens con la artillería de Cartagena. 



(4) cpD la casa doDde posaba meya le habia escrito, mandándole 

el alcaide Xoaybi bailé yo (dice el que no alzase mas alearías basta 

bistoriador Marmol que iba en la que se !<; mandase.» Rebelión, li- 

expedicion) muchos papeles, y oro VIL, cap. 27. 
entre ellos la carta que Aben Hu- 



456 msTOiUA de rspaSa, 

Prosiguió á Huáscar, donde se le presentó el marqués 
de los Velez á quien iba á reemplazar. En medio de 
la cortesanía con que el marqués se acercó á salu- 
darle y besarle la mano, no podia disimular el sen- 
timiento de verse sustituido como poco á propósito 
para dar cabo á aquella empresa. Asi qu«), después 
de informar brevemente á don Juan de Austria del 
estado de la guerra por aquella parte , sin apearse 
del caballo se despidió de todos y se retiró lleno de 
resentimiento y de pena á su villa de Yelez el 
Blanco. 

Acrecentado el campo de don Juan basta doce 
mil hombres, procedió á cercar el fuerte de Galera 
que tenian los enemigos , y que el marqués de los 
Velez en mucho tiempo no habia sido poderoso' á 
rendir. Colocó pues baterías, hizo minas, dio repeti- 
dos asaltos, y ejecutó todas las operaciones que suele 
necesitar el asedio formal de una plaza fuerte. Los 
moros, y aun las moras y los muchachos, la defendie- 
ron con una tenacidad heroica y bárbara. En alga- 
nos asaltos murió mucha gente principal del campo 
cristiano, y asusta la larga nómina de capitanes y 
alféreces muertos y heridos que nos trasmitieron los 
testigos de vista. ccYo hundiré á Galera, exclamó oa 
)i>dia don Juan de Austria irritado con el espectáculo 
Dde tantas víctimas, y la asolaré y sembraré toda de 
Dsal ; y por el fi]o de la espada pasarán chicos y 
agrandes, cuantos están dentro, en castigo de so 



FAtTB lU. L1BE0 II. 4K7 

» pertinacia y en venganza de la sangre que han der-* 
>rafflado.» Sstas palabras, pronunciadas con fuego, 
volvieron el ánimo á ios soldados: él hizo jugar á un 
tiempo todas las piezas de batir ; mandó volar las 
minas , que arrojaron al aire casas y peñascos , y 
conmovieron lodo el cerro sobre que se asentaban la 
población y el castillo ; ordenó el asalto general , y 
penetrando los soldados por las calles como bravos 
leones, con orden que llevaban de don Juan de no 
perdonar á nadie la vida, fueron ganándolas palmo á 
palmo y sembrándolas de cadáveres. Los que se ha-' 
bian recogido á la última placeta del castillo fueron 
todos acuchillados: dos mil cuatrocientos hombres de 
pelea fueron pasados á cuchillo aquel dia (1 de fe- 
brero, 4^70), además de cuatrocientas mugeres y 
niños. Don Juan cumplió su amenaza : la villa fué 
asolada y sembrada de sal: el que recibió la orden 
de ejecutar este cruel castigo fué el mismo histo- 
riador que nos lo cuenta ^^K La nueva de este triunfo 
alcanzó al rey camino de Córdoba, donde iba á cele- 
brar cortes. 

ufas no por eso dejó de esperimentar pronto el 
de Austria los azares de la guerra. A los pocos 
dias> y después de marchar por entre nieves, panta- 
nos y barrizales, dispuso desde Baza hacer un reco- 

(4) «Don Juan de Austria me «asolada y sembrada de sal.»^ 

> mandó á mí que hiciese recoger Mármol , Rebelión y Castigo, li- 

»el trigo y cebada que tenían alli bro VIH., cap. 5. 
>l06 moros, y que la vüla fuese 



458 HISTORIA DB BflVAfiA. 

oocimiento á la fortaleza de Serón. IjOS soldadod iai«* 
prudentes penetraron antes de tiempo ei^ la villa, y 
entretenidos y ciegos en saquear las casas y en can- 
tivar mugeres, dieron lugar á que bajaran de aque- 
llos cerros en socorro de los del castillo hasta seis 
mil moros acaudillados por el Malech, el Habaqui y 
otros de' sus mejores capitanes. En el aturdimiento y 
desorden que se apoderó da los cristianos^ fueron 
acuchillados mas de seiscientos* aparte de los que 
murieron quemados en las casas y en las iglesias^ no 
siendo parte á remediarlo los mas animosos caudi- 
llos ni los esfuerzos del mismo don Juan de Austria. 
ÁUi fué herido en un muslo el capitán don Lope de 
Figueroa; una bala de escopeta le entró en el brazo 
á Luis Quijada quo andaba recogiendo la gente, y 
otra dio en la celada de don Juan de Austria, que por 
ser aquella fuerte preservó la vida del valeroso jo- 
ven (19 de febrero, 4570). En Canilles, donde se 
retiraron f murió de la herida el noble caballero 
Luis Quijada , el antiguo confidente y mayordomo 
del emperador Carlos V., el ayo y como el segundo 
padre de don Juan de Austria; y concíbese biejí la 
gran pesadumbre que el príncipe tendría con la 
muerte del que le habia criado y acompañado desde 
la niñez. Despachóse correo á las ciudades de Ubeda, 
Baeza y Jaén , para que dos mil infantes de Castilla 
que habian de pasar por alli fuesen al campo de don 
Juan, y se escribió al duque de Sessa que enviara 



PAITB in. UBRO II« 459 

cuanta gente padiese , y entrara cuanto antes en la 
Alpujarra para llamar y entretener por allí la aten-^ 
cion de los moriscos. 

Rehecho el campo de don Juan» volvió de nuevo 
y con mas ánimo sobre Serón, ansioso de vengar la 
pasada derrota. Esta vez, viéndole los enemigos ir tan 
en órdeq, no tuvieron valor para esperarle, y ellos 
mismos incendiaron la población y el castillo, subién- 
dose á la sierra, donde en número de siete mil hom- 
bres sostuvieron algunas refriegas con los escuadrones 
de Tello de Aguilar y de don García de Manrique. 
Dejado algún presidio en Serón, pasó don Juan de 
Austria á combatir á lijóla, de donde salieron los 
enemigos de noche y á las calladas huyendo á los 
montes por las cañadas y desfiladeros. Solo se halla- 
ron unas cuatrocientas mugeres y niños, y se ganó 
bastante despojo del que los moros habían guardado 
allí como en lugar fuerte (marzo , 1 570). Destruida 
y asolada también aquella villa , vióse, con sorpresa 
de los que ignoraban el secreto, que las fortalezas de 
Purcheua, Cantoria , Tahalí y otras que tenían los 
moriscos se iban encontrando abandonadas , y ocupá- 
banlas sin dificultad los cristianos y dejaban en ellas 
guarniciones (abril). 

Decimos el secreto, porque le había en verdad, 
aunque no para don Juan y sus principales capitanes, 
en esta estraña conducta de los moros, antes tan perlí* 
naces en la defensa de sus plazas. Y era que con mo- 



Í60 HldTOBIA DB BSPAfÍA. 

tivo de haber sido en otro tiempo amigo el capitán 
Francisco de Molina de Fernando el Habaqai qne 
acaudillaba los moros de aquellas tierras, obtenida la 
la venia de don Juan de Austria, habia escrito aquél al 
general moro diciéndole que holgaría mucho 'se viesen 
para tratar algunas cosas convenientes é interesantes 
á los dos campos. Comprendió el moro» que no era 
torpe de entendimiento, el significado de la misiva, 
accedió á lo de las vistas , que concertaron con las 
debidas precauciones por ambas partes, y se vieron y 
comieron juntos. Mientras comían y bebian los tur- 
cos de la escolta de Habaqui, tuvo ocasión el Molina 
de hablarle aparte, y recordándole su antiguo afecto 
y amistad le manifestó que el objeto de haber dado 
aquel paso era aconsejarle á fuer de antiguo amigo 
que volviera al servicio del rey y procurara la reduc- 
ción de los suyos, puesto que era una temeridad re- 
sistir á un monarca tan poderoso, y que él le prome- 
tía y aseguraba que sería bien recibido y tratado 
por S. M. asi como los que con él se pusiesen llana- 
mente en sus manos: que para llegar á este término 
deberia aconsejar á los moros dejasen las fortalezas 
del rio Almanzora como insostenibles y se recogiesen 
á la Alpujarra, donde después podría mejor persua- 
dirles la reducción. Respondió el Habaqui, á quien no 
habia desagradado la propuesta , qu& en cuanto á las 
fortalezas él obraría de modo que S. M. entendiese 
el servicio que le hacia, y en cuanto á lo demás se 



PARTB 11I« LIBRO lU 461 

vería coa Aben Abóo y sus amigos y deudos , y avi- 
saría lo que se determinara. El moro había cumplido 
su palabra en la primera parte, y este era el secreto 
de hallar los cristianos las fortalezas abandonadas. 

Puesto el negocio de la reducción en este caminoi 
y autorizado don Juan de Austria por el rey para que 
admitiese á los que llanamente y siu condiciones se 
presentaran, publicó un bando cuyos principales capí- 
tulos eran los siguientes: — Todos los moriscos, hom- 
bres y mugeres, de cualquier calidad y condición que 
fuesen, que en el término de veinte dias pusieran sus 
personas en manos de S. M. ó de don Juan de Aus- 
tria, tendrían merced de la vida, y se mandaría oir en 
justicia á los que probaran las violencias y opresiones 
que los hablan provocado á levantarse:— -Todos los 
de quince á cincqenta años que en dicho plazo se rin- 
diesen, y trajeren ademas una escopeta ó ballesta, 
harian libres á dos de sus parientes mas allegados: — 
Los que quisieran reducirse , podian acudir al campo 
de don Juan de Austria ó del duque de Sessa en los 
lugares que mas cerca estuviesen :-~Para ser conocí- 
dos desde lejos, llevarían cosida á la manga izquierda 
del vestido una cruz grande de paño ó lienzo de co- 
lor: — Los que en dicho plazo no se redujesen, sufrirían 
el rigor de la muerte sin piedad ni misericordia. De 
este bando se circularon traslados por todo el reino (*'• 

(A) Mármol inserta una copia ginal en el Archivo de Simancas^ 
del bando, el cual se conserva orí- Estado» leg. núm. 4 62. 



46S niSTOftlA DE BSPAÜA. 

Las negociaciones que produjeron este edicto no 
hablan sido aisladas; al contrario, eran contínaacion 
de las que se hablan entablado del campo del dnqne 
de Sessa, lo cual nos conduce á dar razón de lo qoe 
éste habla hecho por la parte de la Alpujarra. 

Menos activo y diligente el duque de Sessa que 
don Juan de Austria, había tardado en salir de Gra« 
nada cerca de dos meses (24 de febrero de 4570), y 
detenídoseen el Padúl mas de lo que conviniera, á 
ñn de engrosar su ejército y reunir las mas provisio- 
nes que pudiese. Por su parte el nuevo rey de los 
moriscos Muley Abdallah Aben Abóo habla escrito al 
muflí de Constantinopla y al secretario del rey de Ar- 
gel, representándoles la triste situación en que se 
velan los desgraciados musulmanes de su reino, acó* 
metidos por dos fuertes ejércitos cristianos , y recla- 
maba de ellos con urgencia los auxilios que habían 
ofrecido á sus hermanos de España. La reclamación 
de Aben Abóo, como las anteriores de Aben Humeya, 
no produjo sino buenas palabras asi del turco como 
del argelino ^^K La guerra por la parte de la Alpujar- 

(1) Algunas de estas cartas »dor de los creíales, eiisaUador 

fueron á parar á manos de don »de la ley, abatidor de los here- 

Juan de Austria, que lasbizo tra- »ges descreídos y aniquilador de 

ducir. Su estilo conservaba todo »Ios ejércitos gue ponen corope- 

eltintey las formas orientales. La «teociacon IMos, que es Muley 

de Aben Abóo al de Constantino- » Abdallah Aben Abóo, ensálcele 

pía comenzaba: «Loores á.Dios »Dios con ensalzamiento honroso, 

»del siervo de Dios, que confía en »y háchale señor de notorio estado 

»él y se sustenta mediante su es- »y señorío. Al que sustenta el al- 

» fuerzo Y poderlo. El que guerrea »zamiento de Andalucía, á quien 

»ea servicio de Dios, el goberna- vDios ayude y haga vioioríoso.... 



PABTB ni. UBM Uk 463 

ra y por la costa y la ajarqaia de Málaga no se hacia 
C0& el vigor que por el rio Almatizora, por doade an- 
daba don Juan de Austria. Y bien fuese por conven-* 
cimiento, bien» como algún autor indica, porque se 
trataba ya de la liga de los príncipes cristianos contra 
el Gran Turco y se deseaba terminar la guerra de los 
moriscos para poner á don Juan de Austria al frente 
de la armada de la confederación, ello es que se re- 
currió al sistema de reducción que tanto se babia cri* 
(icado en el marqués de Mondejar. 

A esle fin se pusieron enjuego las relaciones que 
algunos principales caudillos cristianos habian tenido 
antes con los capitanes moriscos, y en especial las de 
don Alonso de Granada Yenegas y don Fernando de 
Barradas con el Habaquí , el general de los moriscos 
en la parte de Almería ^^^ . Escribiéronle al efecto , y 
le hallaron dispuesto á entrar en tratos de reducción. 
Por eso le fué mas fácil al capitán Francisco de Moli- 
na, de quien antes hablamos, conferenciar con elHa« 
baquf, y acordar con él lo que arriba dejamos referi* 
do. Encargóse también al licenciado Castillo , que 
poseia bien el idioma arábigo^ escribiese una larga 
carta en aquella lengua, figurando ser de álgun alfa- 
quí que se condolia de los trabajos y de la perdición 



»á nuestro amigo y especial que- (1) Gerónimo el Malech, que 

•ritió nuestro, el señor grande, había sido nombrado general en 

• honrado, generoso, magoifícoi gefede aquella tierra, babia muer- 

» adelantado, justo, limosnero y to de enfermedad. 
V temeroso de Dios.... etc.» 



464 HI8T01U DB BSPAftA. 

que esperaba á sas hermanos los moriscos, y les per- 
suadía con abundancia de razones á que volvieran á 
la obediencia del rey de los cristianos, si querían evi- 
tar su total y completa ruina ^^K Un espía llevó ejem- 
plares de esta especie de proclama por los lugares de 
la Alpujarra, y los iba dejando donde pudieran ser ha- 
llados y leidos. 

Pero al mismo tiempo se mandó por el rey y se 
encomendó al presidente Deza de Granada la ejeco- 
cion de otra medida, que no sin razón se miraba co* 
mo muy peligrosa, y que con no poca fortuna se llevó 
á cabo sin empeorar el estado de la guerra y de las 
negociaciones para la reducción, á saber, la de sacar 
del reino é internar en los pueblos de Andalucía y de 
Castilla á todos los moros de paz, esto es, á aquellos 
moriscos que no se hablan alzado y permanecían en 
sus casas obedeciendo al rey. El lector juzgará de la 
justicia de tan dura determinación en premio de la 
conducta de aquellos desgraciados , bien que se ale- 
gara para ella que daban avisos á los rebeldes, y que 
se hacía por su bien y seguridad. Hízose , pues , con 
los moros de paz (cuya sola denominación parecía de* 
biera servirles de salvaguardia) de la Vega, de la 
Alpujarra, de Ronda, de las sierras y ríos de Almería, 
lo mismo que antes se habia hecho con los de Grana- 



(i) Mármol copió esta larga rto, en sa Historia de la Rebelioa 
carta, que titula: Carta persuaso- de los Moriscos, lib. VUI.* cap^ 40. 



VAETB m. LIBEO 11, ^ 465 

da ; y con sus familias y sos bienes maebles f ueroií 
arrancados de sus hogares, y trasladados al interior 
de Castilla 

Sin perjaicio de ios tratos de reducción , prose- 
guían la guerra con éxito vario, don Juan de Austria 
por Terque, el rio Almerfa y los Padnies de Andarax; 
el duque de Sessa por Uj{jar« Adra, Castil de Ferro y 
Verja (abril, 1S70), no sia que aquellos influyeran 
en el ánimo del soldado, de manera que al duque se 
le desertaban cada dia , y á tal punto, que de los diez 
mil hombres que tenia en la Alpujarra solo vinieron 
á quedarle cuatro mil. Y como luego le escribiese don 
luán que tenia necesidad de verle para tratar alguaas 
cosas importantes al servicio del rey , juntáronse los 
dos generales cristianos , primeramente en el coríijo 
de Leandro, y después en los Padules, andando de 
alli adelante el duque de Sessa incorporado á don 
Juan de Austria. Tampoco cesaron los tratos sobre la 
reducción; antes bien don Alojiso de Granada Vene- X 
gas lo propuso por escrito al mismo Aben Abóo, el 
cual en respuesta á su carta, después de esponer con 
no poca valentía que la culpa del alzamiento y de los 
males quese habian seguido no la tenian ni. él ni los 
suyos, sino los agravios intolerables que los cristianos 
les habian hecho , concluía con decirle que se viese 
con el Habaquf , que era á quien tenia dada comi^ 
sion para aquellos negocios. En su virtud, acorda- 
ron reunir^ los principales caudillos de ambas par-^ 
Tono XIII. 30 



\ 



466 MISTORIA DS HS^JkSk. 

tes, con las seguridades coa venientes, en el Fondón 
de Andarax. 

Reunidos en efecto en el Fondón el Habaqul con 
sus principales capitanes (^^ y los comisarios de don 
Juan de Austria (13 de mayo, 1670), expuso en tono 
arrogante el Habaquí que no era posible guardar las 
pragmáticas reales ni tolerar las injusticias que los 
habían provocado á la reijtelion; que no se habia cum- 
plido con ellos nada de lo que se les ofreció cuando 
se redujeron al marqués de Mondejar; que si con los 
moros de paz se hacia la injusticia de llevarlos á 
Castilla, habiendo sido leales, ¿qué podían esperar 
los rebeldes? Finalmente que don Juan de Austria 
nombrara personas de quienes pudieran fiarse que 
ampararan á los que fueran á reducirse, y que los 
aseguraran de no recibir daño ; que volvieran los in- 
ternados de Castilla y se les permitiera rescatar sus 
mugeres é hijos; que se los dejara vivir en el reino 
de Granada; que se les guardaran las antiguas pro- 
visiones ; que hubiera un perdón general; que bajo 
estas condiciones ellos se reducirían todos, y entre- 
garían los cristianos cautivos que tenían en su poder. 
Enviada esta relación á don Juan de Austria, y con* 
gregado su consejo , se acordó responder: que anie 
todo trajesen poder de Aben Abóo , en cuyo nombre 

(i) Eran estos , Fernando el rónimó el Malech; Alonso de Ve- 

Galíp, hermano de Aben Abóo; lasco, el Granadino; y doce de kis 

Pedro de Mendoza , el Hosceni; principales turcos auxiliares. 

Fernando el Gorri; un hijo de Ge- ' 



FAATB m. LIBRO II. 467 

se habian de rendir, y con él presentasen un meraorial 
de súplica, pidiendo solamente lo qae sabían se les 
habría de otorgar. Para mas abreviar el negocio se 
encargó la redacción del memorial al secretario mís^ 
mo de don Joan de Ánstria, Juan de Soto ^*^ y lle^ 
vado al Habaquí» dio éste su conformidad» y prome^ 
tío volver antes de ocho dias con los poderes de 
Aben Abóo. 

El Habaquí cumplió fielmente su palabra, y el 19 
(mayo) estaba ya otra vez en el Fondón de Anda^ 
rax* Poco faltó para que la imprudencia de un capi^ 
tan de caballos del duque de Sessa, llamado Pedro de 
Castro, diera al traste con la negociación, con una 
insultante carta que dirigió al Habaquí , y que irritó 
sobremanera ¿ todos los caudillos moros. Aplacados 
al fin, aunque con mucho trabajo, por los esfuerzos 
de los comisionados de don Juan de Austria, se con- 
cluyó el negocio de esta manera : Que el Babaquí, á 
nombre de Aben Abóo y de todos los capitanes mo^ 
riscos se echaría á los píes de don Juan de Austria, 
rindiendo las armas y bandera y pidiéndole perdón; 
y que su Alteza (que as» le trataban á don Juan) los 
recibiría en nombre de S. M. y les daría seguro para 
que no fuesen molestados ni robados, y se les per^ 
mitiría vivir con sos mugeres é hijos en el reino, 
excepto en la Alpujarra. Hecho este concierto, pasa* 

(4) Babia muerto el secretarlo este luán de Soto. 
Jaan de Quiroga, y reemplazádole 



468 HI8T0B1A DB B8PAÜA. 

ron á los Padales, donde los esperaba don Joan, en 
su tienda , rodeado de sus consejeros y capitanes. 
Llegó el Habaquí , se apeó de su caballo , y echóse á 
sus píes diciendo: «Otorgúenos V. A. á nombre de 
»S. M. perdón de nuestras culpas » que conocemos 
» haber sido graves:» y quitándose la damasquina, 
se la dio á la mano» y dijo: «Estas armas y bandera 
)» rindo á S. M. en nombre de Aben Abóo y de todos 
«los alzados cuyos poderes tengo. — Levantaos, le 
«respondió don Juan de Austria con mucha digni- 
)»dadt y tomad esa arma, y guardadla para servir 
»con ella á S. M.y» — Concluida esta solemne cere- 
monia con gran regocijo de todos, tratáronse al- 
gunos puntos concernientes al total arreglo de los 
negocios, y á 22 de mayo partió el Habaquí para la 
Alpujarra á dar cuenta de todo á Aben Abóo ^^K 

Con esto y con haber vuelto el Habaqui (25 de 
mayo) á Codbaa de Andarax (donde se habia trasla- 
dado don Juan de Austria) con el consentimiento de 
Aben Abóo y de todos los capitanes y soldados mo- 
riscos ; con haber señalado don Juan los caudillos 
;que en cada taba y distrito habian de recoger los 
que fuesen á entregarse, permitiéndoles vivir en los 
lugares llanos que ellos eligiesen, con tal que no 
fuese en la sierra; con haber embarcado el Habaquí 
para África los berberiscos y turcos auxiliares, y coa 

(i) Mármol, Rebelión, lib. IX., Historia de don Joan de Attftrá, 
caps. 4 .^ y 3.^.— Vander Hammeo, libro II. 



PAáTB III. LIBRO U. 469 

las eotradas y correrías que los capUanes cristianos 
hacian en diferentes partes del reído en busca y 
como á caza de los pocos que. rehusaban acudir á re- 
ducirse, parecía que hubiera debido darse por con- 
cluida de todo punto la rebelión. Mas no fué asi to- 
davía. En primer lugar» el empeño del rey y del 
Consejo de despoblar el reino granadino de todos los 
moros de paz, ó sea de los no alzados, inclusos los 
de Ronda, produjo en los moriscos de aquella serra- 
nía un levantamiento y una guerra no menos ferbz 
ni menos sangrienta que la de la Alpujarra, que en- 
tretuvo y consumió las fuerzas de don Antonio de 
Luna, de Arévalo de Zuazo, y posteriormente del 
duque de Arcos, á quien el rey encomendó la reduc- 
ción de aquellos serranos, gente de antiguo valerosa, 
feroz y bravia ; guerra que acabó diseminándose por 
los altos de la sierra los pocos moriscos que pudieron 
escapar de la persecución ^*K 

Por otra parte el reyezuelo Aben Abóo, ó alenta- 
do con un refuerzo de turcos y moros que á tal tiem- 
po llegó en unas fustas berberiscas, ó envidioso de el 
Habaquí por haber éste concluido el negocio de la 
paz, y quejoso de las pocas ventajas que le parecía ha- 
ber procurado para su persona, ó por hacérsele duro 
renunciar al nombre y título de rey, comenzó á mos- 

(4) En la relación de los suce- vedad con que trató los de la ge- 

808 de esta guerra de Ronda se neral de Granada. Puede Tcrse 

detuvo don Diego de Mendoza mas su libro IV. y también el IX. y }L 

de lo. que era de esperar de la bre- de MármoL 



470 U8T0EIA DB ISFAf A. 

trarse arrepeatido de lo capitalado , y so pretexto de 
que el Habaquí le habia faltado á la lealtad y ateodi* 
do poco al bien público^ mudó de parecer y rehusó la 
samision. Noticioso de ello el Habaquí» ofreció ¿ don 
Juao de Austria y al Consejo que él le baria camplir 
lo prometido, ó Je traería atado á su campo. Coa este 
propósito partió con alguna gente en busca del que 
acababa de ser su rey; mas como óste sufúese su ín«» 
tentó» se apresuró á enviar contra él los moros de so 
gdardia y los turcos que de nuevo le babian venido: 
sorprendiéronle en el lugar de Bérohul; pudo el Ha- 
baquí huir de la casa en que le cercaron , pero en- 
centráronle luego y le cogieron entre unas penas; 
Ueváronsele á Aben Abóo, el cual le hizo ahogar se** 
cretamente y le enterró en un muladar» donde estavo 
mas de treinta dias sin que se supiese su muerte» Tal 
fué el desgraciado fin del negociador de la paz de ios 
moriscos. 

Con tanta serenidad como abominable doblez y 
falsía» escribió después de esto Aben Abóo á don Fer-* 
nando de Barradas y á don Alonso de Granada Vene- 
gas» invitándolos á qae fuesen á terminar con él» oo* 
mo coa un amigo y hermano» la obra de la paz. Y 
como le preguntasen qoé habia hecho de el Habaqoí» 
les respondió que le tenia preso por algunos dias^ co« 
mo á hombre que los habia engañado á todos» que á 
él le habia encubierto la verdad, y que ao habia h^ 
cho sino para sí y para sus parientes y amigos; pero 






f 

\ 



Mmn Hi. UB&o it* 474 

ipie eoDsoltraa á sos hijos « y les dijerao que estaba 
Imeno, y'que tes daba so palabra de no tratarle mal 
y de soltarle de alli á pocos dias. Esto escribía el falaz 
moro caaodo ya le tenia enterrado* Y al propio tiem- 
po escribía también á los alcaides torcos de Argel, 
dándoles coenta del suceso, y de haber preso y de- 
gollado al Habaquí por traidor que habia vendido los 
moriscos del reino á los cristianos, y les rogaba le en- 
viaran con urgencia socorros. 

Para oeroiorarse de las intenciones de Aben Abóo 
y de lo qoe significaban sos misteriosas cartas* díspa- 
80 don Joan de Aostria despachar á Hernán Valle de 
Palacios (30 de julio) para que se viese con Aben 
Abóo y tratara con él. Recibióle el moro aparentando 
derta arrogante dignidad, sin levantarse de un estra- 
do en. que se sentaba^ rodeado de mngerzuelas que 
le entretenían tocando la zambra. Después de haber 
oido las razones con que el Palacios le exhortaba á 
someterse, le respondió: «Que Dios y el mundo 9a* 
faían que los tarcos y moros le habían elegido rey sin 
pretenderlo; que no se opondría á que se redujesen 
k» que quisieran, pero que tuviera entendido don 
Juan de Austria que éi habría de ser el último; que 
aun cnando quedase solo en la Alpujarra no se daría 
nunca á merced; que si la necesidad le apretase, se 
metería en una oueva que tenia provista de agua y 
bastimentos para seis años, en cuyo tiempo no le fal- 
tarla una barca en que pasar á Berbería.» Con esta 



472 ^HisiCKU DB bspaAa. 

respuesta del eontamaz y soberbio moro volvió el 
mensagero á don Juan de Aastria, eo ocasión que el 
rey, viendo ia lentitud que había en la redaccioa, 
había mandado que se formaran otra vez dos campos 
y se hiciera de nuevo la guerra, entrando con ono el 
comendador de Castilla en la Alpdjarra^ don Juan de 
Austria y el duque de Sessa con el otro por la parte 
de GuadiXt los cuales se habian de ir á encontrar- en 
medio de las sierras. 

Todavía el artificioso moro intentó engañar á don 
Juan de Austria, que ya se hallaba eu Gnadix» con 
una carta que escribió á Juan Pérez de Mescaa (agoe* 
to) para que la presentara al príncipe» ofreciendo re- 
ducirse .por intervención suya, y convidándole á 
que se viese con él en Lanteyra para tratar de las 
paces. Pero descubierta por otra carta la falsía del 
astuto moro, se prosiguió en los preparativos para la 
nueva guerra con resolución de emplear el mayor 
rigor contra los rebeldes* pertinaces. Reunió pues el 
comendador mayor Requesens en Granada cuantas 
milicias, bagajes, vituallas y municiones pudo ; par* 
tió para la Alpujarra (setiembre, 4&70), distribuyó 
sus tropas, y ordenó una batida general. Hacíase la 
guerra á sangre y fuego; destruíanse los mijos ^ los 
panizos y todos los sembrados de los moros; degollé* 
base á los hombres que se encontraban, y se cauti* 
vaba á las mugeres, que se repartían entre los 
capitanes- y soldados. Tenian los moros el pais bo* 



PAETB ni. UBRO II* 473 

rddado de cuevas ocullas entre las breñas y ris- 
cos, donde ellos se escondian. Eq estas cuevas eran 
oleados por las cuadrillas del comendador y caza- 
dos como alimañas en sus madrigueras. Guando á 
faerza de armas no podían rendirlos^ arrojaban por 
la boca cantidad de haces de leña encendidos, para 
que ó el fuego los abrasara, ó los sofocara el humo. 
Asi murieron muchos centenares de hombres, muge- 
res y niños (setiembre y octubre). Millares de mo- 
riscas, de viejos y de muchachos fueron cautivados 
en estas correrías; los soldados los vendian y se 
aprovechaban de su precio. De los moros que se co- 
gían, los unos eran ahorcados, los otros, por ser ya 
tantos en número, sufrían la suerte de cautivos, y se 
vendian en los mercados, siendo su producto para los 
aprehensores. Y al mismo tiempo el comendador ha- 
cía construir multitud de fuertes para asegurar la 
tierra. 

En esto el rey Felipe ir. habia dado ya orden á 
don Juan de Austria (S8 de octubre), al presidente 
de Granada don Pedro de Deza, y al duque de Ar- 
cos que habia sometido á los sublevados de Ronda, 
para que, cada cual por su parte con toda la breve- 
dad y diligencia posible , sacaran del reino de Gra- 
nada é internaran en Castilla todos los moriscos , asi 
los de paz como los nuevamente reducidos ^*J. Esta 

(i) Real cédala de Felipe II,, 4570. 
d^ Madrid^ á 28 de octubre de 



474 HISTOftU DS BSPAftA. 

era su segunda orden, y so última resolución sobre 
la materia. En so virtud y con acuerdo del Consejo 
dio don Juan de Austria las disposiciones oportunas 
para su ejecución, mandó que se tomasen todos los 
pasos de las sierras, y ordenó que en un dia dadOr 
el 1 / de noviembre, todos los moros del reino hu- 
bieran de estar recogidos en las iglesias de los loga- 
res señalados, para llevarlos de allí en escuadras de 
á mil quinientos y con su escolta correspondiente á 
loe puntos á que se los destinaba. Asi se ejecutó, con 
orden y sin dificultad en algunas partes, con excesos 
y desórdenes en otras , con muertes y asesinatos en 
algunas, dando lugar en ciertos distritos los desma- 
nes de los soldados y su codicia y maltratamientos á 
que no pocos se fugaran á lo mas áspero de las bre* 
ñas ó huyeran á Berbería. Los que se internaban 
eran entregados por listas nominales á los alcaldes 
de los pueblos en que habían de residir. De esta ma- 
nera quedó despoblado de moriscos el reino de Gra- 
nada, después de haber costado dos campañas san- 
grientas el subyugarlos y vencerlos ^*K 



(4) La distribución que de la Vieja, hasta el reino de León. 

t ellos se hizo, fué la siguiente: los los de Almeria y su costa fueron 

I de Granada y su vega, valle de llevados á Sevilla. Se acordó no 

Lecrin, sierra de Bentomiz, ajar- destinar ningunos ni al reino á% 

quia y hoya de Málaga, y scrra- Murcia, ni á las cercanías de Va- 

/ nias de Ronda y de Marbella, fue- 1 encía, por evitar el peligro del 

ron repartidos por las provincias contacto y comunicación con ios 

•i de Estremadura y Galicia: los de moriscos naturales de aquellas 

Guadix, Baza y no de Almanzora, tierras. — Mármol, Rebelión y Gas- 

por la Mancha, Toledo y Castilla tigo de los moriacos» lib. X.»c. & 



PÁETB IIU LUBO n. 47S 

Hecho esto, y dejando gaarnecídos los faertes de 
la Alpojarra, volvióse el comendador mayor á Gra- 
nada , y lo mismo hizo don Joan de Aostria desde 
Gaadíx con el dqque de Sessa, siendo recibidos 

* 

con las mayores demostraciones de júbilo por los tri* 
banales, corporaciones y pueblo. Allí licenciaron y 
despidieron la gente de guerra de las ciudades, y 
ordenado lo conveniente para el reemplazo de los 
presidios dorante el invierno y el de las cuadrillas 
que hablan de perseguir á Aben Abóo y otros rebel- 
des, partió don Juan de Austria de la ciudad de 
Granada para la corle de S. M. (SO de noviembre). ^ 
Siguióle á poco tiempo el comendador mayor de Cas- 
tilla don Luis de Requesens, mientras don Fernando 
Hurtado de Mendoza y el duque de Arcos acababan 
de esterminar los moriscos dispersos de Ronda y de 
la Alpojarra. 

Réstanos dar cuenta del fin que tuvo el reyezuelo 
de montaña Aben Abóo , que todavía andaba por lo 
mas agrio de la sierra con cuatrocientos hombres que 
le habian quedado, guareciéndose ya en una ya en 
otra cueva entre Bérchul y Trevélez. Las personas 
de quienes mas confianza hacía eran su secretario 
Bernardino Abu Amer, y un famoso monfi llamado 
Gonzalo el Xeniz ^ y estos fueron precisamente los 
autores de su trágico fin, instigados por un platero, 
vecino de Granada, nombrado Francisco Barredo. Ba- 
bia el platero comunicado su plan al duque de Arcos 



476 HISTOBIA DB ESPAKiu 

y al presidente y Consejo de Granada y lograda qoe 
le ayudasen en éL Mas como el moro que llevaba una 
carta del presidente para Gonzalo el Xeniz. cayera en 
poder de los secuaces de Aben Abóo , por salvar la 
vida entregó á éste la carta en que se revelaba el 
proyecto. Tomó entonces Aben Abóo una cuadrilla de 
sus escopeteros , y con ellos partió á media noche 
á sorprender af Xeniz que se hallaba en la cueva de 
Huzúm, entre Bérchul y Mecina de Bombaron. En- 
tró en ella con solos dos hombres; enseñó los despa- 
chos al Xeniz ; mostróse éste indignado , diciendo 
que todo era calumnia y traición ; y cuando Aben 
Ab(5o s^lia á llamar á ^bu Amer y á los suyos, detu- 
viéronle á la puerta de la cueva seis hombres del 
Xeniz ; llegó éste entonces por detrás, y con la es- 
copeta te dio en la cabeza tan fuerte golpe que le 
derribó al suelo, y alU le acabaron de matar. Dis- 
persáronse con esto los escopeteros de Aben Abóo, y 
los mas ^e agregaron después al Xeniz para gozar 
del indulto que á él le habia sido ofrecido (mar- 
zo, 157i). 

Dispúsose conducir á Granada el cadáver del des- 
dichado Aben Abóo, y para evitar la putrefacción se 
le abrió y rellenó de sal. Entablillado después por de- 
bajo del vestido y colocado derechp y como á caballo 
sobre una acémila, en términos que semejaba estar 
vivo, fué llevado á la ciudad^ yendo á su derecha el 
platero Barredo, á su izquierda el Xeniz con la es- 



»ABTB lU. LIBUO tu 477 

copeta y el aFfange de Aben Abóo: detrás los moros 
reducidos con su ropa y bc^gages» y á sus lados las 
cuadrillas de gente de guerra de aquellos presidios. 
Entraron por la ciudad haciendo salvas con sus arca- 
buces; el pueblo saludó con júbilo aquella procesión 
* burlesca; el Xeniz hizo su acatamiento al duque y al 
presidente entregándoles las armas de Aben Abóo* y 
el cuerpo de este desgraciado fué arrastrado por .las 
calles, descuartizado después, y colocada la cabeza en 
una jaula de hierro fué puesta sobre el arco de la 
puerta del Rastro que da salida al camino de las Al- 
pujarras ^^K 

La tierra se fué poblando de cristianos, al princi- 
pio con alguna dificultad, pero después con el alí* 
ciento de las haciendas que el rey mandó distribuir y 
de los privilegios y franquicias que otorgó á los nue- 
vos pobladores, ya no faltaban cristianos que apete* 
deran ir á morar en el territorio morisco. 

Asi acabó la guerra de los moriscos dé Granada, 
últimos restos de la dominación sarracena en aquel 
reino: guerra sangrienta y feroz, en que musulma- 



(4) Pusiéronle un rótulo que Mármol en el X. do la Rebelión y 
decía: Castigo de los Meriscos, cap. 8, 

difieren en algunas circunstancias 
Esta es la cabeza y pormenores de la muerte á^i 

Dtí traidor de Abenabó. Aben Abóo, pero están conformes 

Nadie la quite en lo principal del suceso. Hemos 

Sopeña de muerte. seguido á Mármol, que en lo gene- 

ral suele estar mejor informaao de 
Mendoza en el libro IV. y úUi- estos incidentes, como persono 
mo de ka Guerra de Granada, y que podia verlos por si mismo. 



478 HISTORIA DB ESPAÑA. 

oes y cristianos, todos comeliaa escesos y ejecutaban 
crueldades horribles , lodos hicieron acciones de va* 
lor heroico: guerra desigual entre un pueblo de mon- 
taña, reducido al recinto estrecho de una provincia 
española, y el poder de un soberano que dominaba la 
mitad del mundo: guerra en que los esfuerzos indi- 
viduales y los arranques de la desesperación suplie- 
ron en el pueblo rebelado la falta de gobierno, de or- 
ganización, de ejército y de leyes: guerra que creemos 
hubiera podido evitarse con alguna mas prudencia de 
parte del monarca y de los consejeros españoles, pero 
necesaria si se atiende al modo con que Felipe II. se 
propuso establecer la unidad religiosa en el reino: 
guerra en fin, en que el joven don Juan de Austria hi- 
zo una gloriosa prueba de capitán valeroso y activo, 
entendido y prudente, y cuyo triunfo, bien que hon* 
roso, fué solamente como el anuncio de los laureles 
que mas en abundancia babia de recoger en otro mu 
ancho campo en que vamos á verle ahora. 



CAPITULO xin. 



DON JUAN DE AUSTRIA. 



liBPAIiTO. 



1570 él 574 



Manes del sultán Selim II. sobre ia isla de Chipre.— BesueWe su con- 
quista. — ^Rompe la paz con Yenecia.— Prepárase á la guerra la re- 
pública: busca aliados y pide auxilio. — El papa y el rey de España. 
—Principio de la liga. — Conferencias en Roma*, capítulos. — Guerra 
de Chipre. — Generales y fuerzas turca8."-6eoerales y fuerzas vene- 
cianas. — Sitio y toma de Nicosia por los turcos. — Escuadra auxiliar 
de España: Juan Andrea Doria. — Escuadra pontificia-. Marco Antonio 
Colonna. — ^Disidencias entre los-aliados. — ^Retirase Andrea Doria. — 
Vuélvese la armada de los confederados. — ^Realizase la liga cristiana 
y se jura.— Célebre sitio de Famagusta por los turcos.— Defensa 
heroica do los venecianos. — Se rinden. — ^Horribles é inauditas 
crueldades de Mustafú. — Generales de la armada y ejército de la Li- 
ga*. Generalísimo, Don Joan de Austria. — Sale don Juan de Madrid: 
va á Barcelona, Genova^ Ñápeles y Messina. — ^Reunión de la arma- 
da de la Liga.— Númeio de nave» y hombres. — Parte la armada á 
Levante. — Armada turca: Pertew-Bajá y Ali-Bajá. — Orden de las 
dos armadas. — ^Memorable batalla de Lepat^to. — Pericia y denuedo 
de don Juan de Austria.— Muerte de Ali-Bajá. — Triunfo glorioso de 
la Liga, y destrucción de la armada turca. — ^Retirada de los alia- 
dos.- Festejos en Venecia, Roma, y Madrid .^Escaso fruto que se 
recogió de la victoria y sus causas. — ^Repone el turco su armada y 
vuelve sobre Candía.-^ Lentitud de los coligados, y motivos que la 



480 HISTORIA DB ESPAÑA, 

ocasiouaban.— «Muerte del papa PÍO V — Gregorio XIII.— Deteocíot 

de don Juan de Austria y sus quejas. — ^Bácese otra Tez á la Tela. 

— Campaña naval de 457i.— Retirada de los aliados.— Bocbomosi 

. paz de Venecia con Turquía. — Disuélvese la Liga.— Marcha doa 

' Juan de Austria á Berbería y reconquista á Túnez.— Vuelve á Italia. 

Dejamos en el capítulo anterior á don Juan de 
Austria triunfante de los moriscos granadinos, y .pre- 
parándose á buscar otros laureles con que ceñir su 
noble frente en otro campo mas estenso y en empre- 
sas mas dignas de su elevado ánimo y de su gran co- 
razón. El que habia vencido á unos moros montara* 
ees, aunque briosos y valientes, entre las breñas y 
riscos de una comarca de la península española, iba 
á ser puesto á prueba lanzándole á los mares de 
Oriente y colocándole como general en gefe de la ar- 
mada de tres naciones confederadas, frente á frente de 
las fuerzas marítimas del Gran Turco, que era enton- 
ces formidable y poderoso en las aguas, y desafiaba y 
traia alarmada toda la cristiandad. Menester es que 
reseñemos brevemente las causas que obligaron á las 
potencias cristianas que nombraremos luego á unirse 
y coligarse contra el imperio otomano, y la siioacion 
respectiva en que se hallaban las fuerzas de los tur- 
cos y de los confederados cuando el hermano natural 
de Felipe II., joven de veinte y cuatro años, fué lla- 
mado á desempeñar el primer papel en aquella so- 
lemne contienda. 

La conquista de la fértilísima isla de Chipre, trí* 



VMTH m. LIBRO II. 481 

bularía antes de los suUpnes como sucesores del soU 
dan de Egipto, y después cedida á la república de 
Yenecía por Catalina Cornaro, noble veneciana, viuda 
del rey Jacobo, habia sido el proyecto favorito del 
sultán Selim 11. que sucedió en el imperio á su padre 
Solimán, muerto en la guerra de Hungría en 1S66* 
Desde antes dé subir al trono, y cuando era solamen- 
te príncipe hereditario, habia tenido ya este pensa- 
miento. Criado este príncipe entre los placeres del 
serrallo, codicioso de oro^ pero todavía mas apasiona- 
do del vino, por mas que lo prohibiera su ley , y lia* 
mado por esto <xel bebedor, el ebrio, )> acaso no ersr 
el menor aliciente para sus planes de conquista el 
verse poseedor del suelo que producía aquellos ricos 
y sabrosos vinos de Chipre á que era tan aficionado. 
No faltaba quien le representara la conquista de Chi- 
pre como la empresa mas ventajosa á la intereses de 
la Puerta Otomana, como la mas digna de un hijo del 
gran Solimán. Hablábale en este sentido su visir Mus- 
tafá, y bien que Muhammed-Bajá y el gran mufti, 
celosos de la privanza de Mustafá, intentaran persua- 
dirle que debia atender con preferencia al socorro de 
los moriscos granadinos y enviar las naves del impe- 
rio á España, prevaleció en el ánimo de Selim el con^ 
sejo que mas le habia halagado siempre, el de arran- 
car á Chipre del poder de Venecia. Esto csplica por 
qué los turcos dejaron abandonados á los desgraci^f- 
dos moriscos de Granada, por qué, cuando el herma- 
Tono xni. 31 



4821 HISTORIA hM B^aSa. 

no de Aben Humeya y Fernando el Habaqui pasaron 
á Constan ti nopl a (1669) á solicitiir el socorro del 
Gran Señor » no obtq vieron sino promesas y baeoas 
palabras» por mas que el rnt)fti y el visir Mofiammet 
se esforzaran por incliqar al sultán á favorecerlos ^*K 
Quedó» pues, resuelta la conquista de Ch¡pr«« No 
importaba que el imperto otomano estuviera entonces 
en paz con Venecia, Para los musulmanes no habia 
tral0do de paz legítimo si uo era ventajoso ^ la gene- 
ralidad de los muslimes. En el momento que la rup- 
tura, de una paz podía ser útil á los intereses d^\. 
islamismo, aquella p^z podia romperse legalmente. 
Todo pais en que hubiera habido mezquitas y se hu- 
bieran convertido en iglesias cristianas dehia volver 
al culto del islanq. Coq estas máximas nada mas fácil 
que tener siempre motivo de guerra. Ademan las 
rentas de Chipre hablan sido aplicadas w otro tiempo 
por los soldanes de Egipto al entretenimiento de lo^ 
santos lugares d^ l^ Meca y Medina: era meqester 
que lo fueran ahora á i{i erección de la gran mezqui- 
ta que se construía en Andrioópolis, El precio pues 




a 

principal instigador de Solim los ducados de Yenecia y 

para la conquista de Chipre fué nos de Chipre, y que un día entre 

un judio converso, originario de los vapores de la embriagaez ha- 

Portugal, llamado Juan Miguoz, y bia soltado el príncipe turco la 

3Vie después cuando volvió al iu- halagüeña promesa pe corouar á 
aismo tomó su antiguo nomore Joseph por rey de Chipre. Todo 
d^ Joseph Nassy, el cual habia lo- esto es niay posible, mas no cree- 
grado ganar el corazón del.prin- mos que la empresa tuviera este 
eipe con obsequios de dinero , de solo y lan IWiaoo or^e». 



PABIV )U* UBBO 1I« 483 

de la paz habia de ser la ceeíon de Chipre á la Puerta 
Otomana por la república de Yenécia, y la intimación 
qoe en este aenlido fué á hacer un enviado del aullan 
al senado de la señoría confirmó lo que habia estado 
avisando su baílío en Constantinopla (febrero, 1 570). 
El senado rechazó dignamente la injuriosa propues* 
ta; el pueblo se irritó contra el emisario feschausdhj^ 
que tuvo que salvarse saliendo por una puerta 
cdcusada; alegróse Selim de una repulsa que le ponia 
en la mano la- ocasión de la guerra; Venecia se arre-* 
pitttió» aunque tarde, de su imprudente confianza, y 
quiso reparar á fuerza de actividad su* anterior des- 
cuido. Arbitró recursos, vendió propiedades y oficios, 
diósé prisa á equipar naves, nombró general de ella» 
á Gerónimo Zanne, procurador de San Marcos , dio el 
mando- de las tropas de tierra á Sforza Pallavicino, 
puso la provisión general de la armada á cargo de 
Antonio Gánale y Jacobo Celsí, y en poco tiempo so 
bailaron equipadas ciento treinta y seis galeras, once 
galeazas, catorce naves y otras embarcaciones meno* 
res. Pero «Yenecia no era ya la antigua reina del 
Adriático: escasos eran sus recursos , pocas é indisci- 
plinadas sus tropas^ las plazas 'fuertes descuidadas y 
deterioradas, mal acondicionadas sus n^ives. Yenecia 
volviólos ojos á las naciones cristianas en demanda 
de auxilia; pero en pocas halló calor y apoyo. Fran- 
cia, su antigua aliada, combatida por los bandos inte- 
riores quo ensangrentaba! s8 suek); Inglaterra hecha 



484 HtSTOftlA DB pSFAftA. 

protestante y nada interesada entonces en él tríanfo 
ni en la prosperidad del catolifitsmo: Maximiliano de 
Anstriai en tregua á la sazón con el torco: el rey don 
Sebastian de Portugal, con su reino infestado, y ocu- 
pado él en reparar sus costas: los estados y príncipes 
de Italia, pequeños, pobres y divididos; los anos )e 
contestaron con promesas para lo fotoro, los otros, 
como Genova t Saboya, Florencia, Malta y ürbino, le 
suministraron tai cual galera* y cortísimo número de 
soldados. 

¿Qué le quedaba á Venecia de donde pudiese re- 
cibir una protección que algo pudiera vaierte en el 
gran peligro que la amenazaba? Quedábanle Roma y 
^paña, dos potencias que no le estaban agradecidas. 
Sin embargo, ni el papa Pior V. ni el rey Felipe 11. 
como príncipes católicos y como señores de estados en 
Italia, podían ver con indiferencia el daño que del en- 
grandecimiento de los infieles había de seguirse á la 
religión en general y á sus propios particulares do- 
minios. El papa no solamente se prestó á socorrer á 
la república con doce galeras armadas á su costa , de 
que nombró general á Marco Antonio Colonna, doque 
de Paliano y de Taglíacozzo, sino también á servir de 
medianero con el monarca español, á cuy-o efecto le 
envió á monseñor Luis de Torres, clérigo de su cáma- 
ra apostólica, y varón muy prudente y docto, con una 
larga carta y con el encargo especial de que viera 
de mover su real áuimo á> que entrara en la liga con 



j 



PARTE lU. LIBRO 11. 485 

Su SoDtidad y coa Venecia ooDira el amenazante po- 
der de loe otomanos (abril, 1570). Grandes eran las 
atendones que á la sazón tenia Felipe II. enflandes, 
en Granada y en la costa de África. Pero se trataba 
de la causa de la religión, y el que habia protegido á 
Malta contra el poder de Solimán, no habia de des- 
amparar á Chipre amenazada por las fuerzas de Se- 
lim. AsU aunque se reservó meditar mas detenidar 
mente para' resolverse á entrar ó no en la liga, desde 
luego prometió dar orden á Juan Andrea Doria, su 
almirante de Sicilia, para que con sus galeras nave- 
gase la vuelta de Corfú, y se uniese á las de Venecia 
y del papa. 

No tardó el monarca español en resolverse en fa- 
vor de la liga. El delegado pontificio le habia encon- 
trado en Ecija, caminando de Córdoba á Sevilla. £1 
último día de abril hizo su. entrada solemne en Sevi- 
lla Felipe IL, y el 46 de mayo nombró ya sus repre- 
sentantes en Roma á los cardenales Granvela y Padie* 
co, y á su embajador en aquella corte don Juan de 
Zúñiga, con plenos y amplísimos poderes para que, en 
unión con el romano pontífice y los procuradores de 
la repúbliea de Venecia, trataran y estipularan en los 
términos mas convenientes una liga ó confederación 
de lastres potencias contra los turcos y otros cuales- 
quiera infieles enemigos de la cristiandad, prometien- 
do bajo su real palabra cumplir, guardar y observar 
todo lo que por dichos sus representantes se determi- 



486 HISTOEIA DB BSPAÜA. 

nase , pactase y acordase , dándolo desde luego por 
aprobado, firme y valedero ^ ea testimonio de lo cual 
espedía sus cartas signadas d« so mano y selladas con 
su sello (^) • 

Habiendo el 4lux de Venecia Luis Moce»%o, y el 
senado de la Señoría otorgado iguales ó semejantes 
poderes á sus eiabajadores ea Rocna Vígnel Saiiano 
y Juan Soranzo, y nombrado por so parta el pontífice 
Pió V. cinco cardenales para el mismo objeto, abrié- 
ronse las confereiicia& en la capital del orbe católico 
para formar la liga contra el Turco. 

Vióse desde luego lo difícil que era traer á comon 
acuerdo* potencias qué obraban impulsadas por di?er- 

m 

SOS intereses y filies. Las dificultades oacian princi- 
palmente de la república de Venecia, que ea Tez de 
pedir, puesto que era la mas. directameote interesa- 
da y había de ser la mas favorecida , aspiraba á im- 
poner condiciones. Queria ademas Venecia que se 
concretara el objeto de la confederación á quebrantar 
el poder del Turco, y como quien dice , á libertar á 
Chipre; cosa en que no podían consentir los represen- 
tantes de España, cuyos fines eran mas nobles y mas 
vastos, puesto que proponían que la liga no fuese 



(1) Copia del real despacho ea nostras liUeras nostra üidem ína- 

latíD , Biblioteca de la Real ^a- nu subscripta» , 9t mgillo nostro 

demia de la Historia, tom. 36. Mis- signatas. Üat» in civitate noslra 

celáneasdel conde de Villaumbro- Hispali XVL Mair (mni 4tS70. Eco 

sa. «/n cujm fidem (coDcluye ol KEx.—Antonins i*ere2.» «—Locus 

despacho) mandavimiis dan has sigilli. 



r 



l<ABT« 111. UBftO II. 487 

temporal, sino perpetua; que do se liiniiara á combiH 
tir á lotf lureosr diao que se hiciera estensiva coaira 
tos moros y oíros eoemígós de la oristíáddad^ dé quie- 
nes et rey católico tenia tanto ó mas que temer que 
de los otomanos* Suscitáronse dificollades también 
respecto á la persona á quien se habría de confiar el 
mando superior de todas las faerzas de las naciones 
confederadas. Prelendia este derecho Yenecia, como 
la nación en cuyo favor se bacía la liga ; pero recla- 
mábanle ios comisionados del rey católico , como el 
mas poderoso y como el que babia de concurrir con 
mas fuerzas á la lucha y con mas dinero á los gastos 
de la guerra. Proponian , pues, los españoles á don 
Juan de Austria» y contradecíanlo los venecianos. 
Aspiraban también aquellos á nombrar lugarteniente- 
de su nación, pero esponia eí pontífice que creía con- 
veniente á la dignidad de la Iglesia que al menos este 
cargo le tuviese un general de la Santa Secfe. Los ve- 
necianos no querían obligarse á guardar la liga sino 
baja la fé de su. palabra; mas los españoles que fiaban 
poco en las- palabras de quienes no tenian fama de ser 
escrupulosos guardadores de los tratados, que recor- 
daban la historia de las alianzas de la república, y no 
tenian la mas favorable idea de la constancia de los 
de aquel estado , insistían en que se ligaran todos 
con juramento, y so pena de incurrir en las censuras 
de la Iglesia. 

En estas disidencias y altercados, naturales entre 



488 HI6T01U DB BSPAÍU* 

negociadores que no llevaban un mismo designio y un 
pensamiento común, y que hubieran debido hacer aa- 
gurar mal de una liga en tales principios cimentada» 
trascurrió bastante tiempo» trabajando .sin cesar el pon- 
tífice para hacer venir á los contratantes al acuerdo 
que con tanto ahinco deseaba. Los esfuerzos asiduos 
del gefe de la cristiandad dieron al* fin su fruto, y 
después de mucha discusión y de vencidas no pocas 
dificultades , se pactó la Sania Liga ó Confederación, 
b^jo las siguientes principales capitulaciones : 

Confederación perpetua para resistir y aniquilar, 
1)0 solo I4 fuerza de los turcos, sin3 también las de 
los moros de Argel, Túnez y Trípoli* 

Las fuerzas de los coligados se habían de compo- 
ner de doscientas galeras , cien naves , cincuenta mil 
infantes, españoles , italianos y tudescos , cuatro mil 
quinientos caballos ligeros, con la correspondiente 
artillería y provisiones. 

Esta armada y ejército hablan de estar aparejados 
y en orden en Levante para marzo , ó lo mas tarde 
abril del siguiente de 1 671 , y de la misma manera 
en los añps consecutivos. 

Su Santidad contribuiría con doce galeras bien 
provistas, y con tres nail infantes y d9scientos setenta 
caballos ligeros. 

^\ rey católico subvendría con tres partes de seis 
á los gastos de la guerra, con dos el dux y senado de 
Venecia, y aun suplirían en la misma proporción la 



¥ASLTB ÍÚ0 uno u, 489 

parte que restaba al poalífice » si no le fuese^ posible 
satiefaceda. 

Cada nacioQ aprontaría los artículos y productos 
que orasen abundancia tuviere » iridemnizándose del 
esceso con otros en equivalencia» . 

Si el rey católico fuese acometido de turcos ó mo- 
ros en tiempo ea que no estuviera reunido el ejército 
de la liga» el du^ y la señoría de Venecia se obligaban 
á socorrerle con cincuenta galeras bien provistas y 
armadas, de la misma manera que S. M. habia auxi- 
liado á Venecia en este año de 1 670 con otras tantas. 
Lo mismo se estipulaba recíprocamente para todos los 
casos en que cualquiera de los estados de la confede- 
ración fuese invadido, y muy e^^pecialmeote para las 
tierras del dominio de Su Santidad « 

La administración de la guerra se baria con pa-^ 
recer y deliberación de los tres capitanes generales 
de la liga , dándose por bueno lo que dos de ellos 
aprobaren. 

El general en gefe de las fuerzas de la liga sería 
el señor don Juan de Austria, y en su ausencia ó im- 
posibilidad el que mandara las galeras del pontífice. 

Se reservaba un lugar, por si quisiesen entrar en 
la confederación, al emperador Maximiliano de Alema- 
nia y á los reyes de Francia y Portugal , debiendo e| 
Santo Padre amonestar y exhortar á ello al empera- 
dor, al rey de Polonia y á otros reyes y príncipes 
eristianos. 



La partieiofi de todo lo que se ecmquBlare se ba- 
ria coaforme á lo capitulado en la liga de 4 537 « 

Todas las dífereficias qoe pudieras suaeitarse en- 
tre los oonfederados se remiliriaa al juicio de So San- 
tidad y de sus sucesoresr 

Ninguna de las partes ni por s{ íA per otro podria 
tratar paces^ tregaas^ ni otra eonoordia con el turco 
sin coñocicniento j anuencia de los deoias. 

Si alguno faltare á este pacto, incurriría en pena 
de excomunión itiayor latos genterUicB, y en entredi- 
cho eclesiástico sus vasallos, tierras y señoríos, absol- 
viendo el papa á sus subditos del juramento de obe- 
diencia y fidelidad. 

Tales fueron las bases de la famosa liga entre la 
Santa Sede, el rey de España y la república de Venc- 
erá contra el sultán de Turquía y contra los infieles 
enemigos del nombre cristiano ^^K 



(4) Uoa copia de estos capitu- que surgieron par» la liga y de 

los, sacada de la Biblioteca del se- los capítulos que al ffb se acorda- 

ñor duque de Osuna, se ba ioser-» ron, parecer refericlo al ano 4574, 

tado en el tomo 5.** de la Colee- pues nada absolotameole habla de 

cion de Documentos inéditos de lo estipulado en 1570 (pueden 

los señores Na var rete, Baranda y verse los capítulos I y II de ta 

Salvé. Sílemoria). Asi es que los dos do- 

El señor Rosell, que ha escrito cumentoa que cita en kM apéndi- 

recieutemente uoa escelente Me- ees, uno latino, sacado de la bi- 

moria sobre el combate naval de blioteca de la Academia de la His- 

liopanto , Memoria premiada por toria , otro castellano, copiado do 

la Real Academia do la Hisiopia ia Crónica de Geréoimo Torree y 

en el certamen de 4853, y cuyo Aguilera, ambos contienen la ra- 

mérito nos complacemos en reco- tincacion qtie se' bizo en mayo de 

nocer, ha incurrido en este puuto, 4574. Pero de ser dos actas di»- 

á nuestro juicio, en una grave tintas y de dos años diferentes las 

equivocaciou. Todo lo qtie el so- que el señor Rosoli creyó una so*' 

ñor Rosell dice de las dificultades la, certifican: 4 .^ las varias veces 



rAKTB m* UBM 11. . 491 

UieDtras esto se traUíba eo Roma, el sattaii 
encomendado bt empresa de Chipre á sos mas ar- 
dientes promovedores, Mustafá, y Piali-Bajá, éste co- 
mo general de la armada, aquél como gefe de las 
fuerzas de tierra. Ciento sesenta galeras^ é ignal nú- 
mero de embarcaciones, entre fnsias, galeotas, ma- 
booas, caramorzatas y barcos de trasportOg con mas 
de cincuenta mil hombres de desembarco, fueron en* 
viados por escuadras y con cortos mtérralos á aque- 
llos mares, aterrando la» pobiaoiones de la isla ooa 



qnt en el docameotoper nosotros error con uoa idea que no hemos 
citado, se nombra eí presente año visto eo otro, á saber; que no ha- 
de 1570, y el siguiente de 1574, brendo de tener efecto la liga bas- 
cóme el en que babia de empezar ta el año siguiente (que según éU 
á observarse la Liga; 9.^ la dife- había de ser el 4572], se estipuló 
rente fecha que encabeza ambos por separado otro convenio para 
documentos: el citado por nosotros que rigiese en el actual (esto es, 
comienza: «Jbs» — Invocando ai ea 4574), -determinándose entre 
«nombre y auxilio del omnipotea- otras cosas, que en todo el mes 
«to Dios, Padre, Hím y Espíritu óe mayo se hallasen en Otraoto 
vSanto. Año de la "Natividad de ochenta galeras y veinte naves, 
»4670, y el qxmnU deV ponti6csdo Que deberían unirse con la arma- 
«de nuestro Santísimo y Beatísimo ua veneciana, no incluyéndose en 
«Padre por la divina Providencia aquel número tas del pontifíce, ni 
«Papa J^io V... » — Y el del señor las de Saboga v Malta. De consi- 
Bosell empieza; «Ante todas cosas guíente, teniafí que ser la^ espa- 
vinvocanoo el nombre de Dios ñolas. 

«omnipotente. Padre, Hijo y Spi- Mas no advirtió el señor Rosoli, 

Brít:i Sancto, Amen. Año del nací» que habiéndose ürmado la ratifi- 

«miento dqNuestro Señor Jesu- cacion de la Liga, según el docu* 

»chrÍ8io de 4574, y seis del Pon- mentó laiino en 85 de mayo^ se- 

«tincado de nuestro muy Sancto gun Torres Aguilera y Yander 

«Padre en Cristo^ por la divina Hanunea, en 29demayo, era muy 

«Providencia Pío Papa Quinto...» difícil y casi imposible, si no im- 

Bl ihistrado autor de le Memo- posible del todo, que en el mes de 

ría, que acaso se dejó guiar por mayo hubieran de estar lasochen- 

Cabrera, á quien no sabemos có- ta ^galeras y veinte naves de Bs- 

mo pudo escaparse, en su buen paña en Otranlo. Es, pues, inda- 

t;ilent0r el cotejo de estos docu- dable para nosotros, que todo es- 

mentos, quiso dar esplicacion á to debe referirse al pacto de Liga 

este que ¿ nosotros nos parece hecho en 4570. 



492 BI9TOUA DB BSTAÍA* 

los desmaDes que los soldados cometida da quiera 
que desembarcaban. Después de algunas ventajas y 
de algunas pérdidas que mutuamente tuvieron las 
dos armadas enelüigasi púsose Mustafá sobre Nioosia, 
la capital y el centro de la isla, y la plaza mejor for* 
tificada, y lo hizo contra el dictamen de Piali que 
opinaba por el sitio de Famagusta. Por creer tam- 
bién mas amenazada y en mas peligro esta plaza ha* 
bia acudido á ella el gobernador de Nicosia, Astor 
Baglionif dejando la defensa de la capital á cargo de 
Nicolás Dándolo, hombre de escasísima capacidad. 
No era mas perito el conde de Trípoli, Jacobo de No- 
res, que mandaba lá artillería; el conde de Rocas, 
lugarteniente del gobernador, tampoco tenia mas es- 
periencia militar, y los diez mil hombres de la gnar* 
nicion ni estaban bien armados ni eran gente hecha 
á las armas. Sentó Muslafá sus reales delante de Ni* 
cosia (25 de julio) con cerca de cien mil hombres, 
de ellos mas de cincuenta mil de tropas regulares. 
Los venecianos hablan arrasado cuatro años adtes la 
cindadela, y convertido la ciudad en una plaza re- 
gular, protegida por once bastiones» para cuyas obras 
hablan demolido ochenta iglesias, y el gran*conVento 
en que descansaban las cenizas de los reyes de Jeru* 
salen, los Lusignan, los príncipes y princesas de Ga- 
lilea y Je Anlioquía, los senescales, almirantes, con* 
destables, y chambelanes de Jerusalen y de Chipre, 
los condes y barones de Tibériada, Sidon, Cesárea 



páRTB m. Limo II. 493 

y Nicópolís , con muchos obispos , arzobispos* y pa- 
triarcas. . 

No era posible que resistiera á ejército tan nu- 
meroso y aguerrido una ciudad, aunque fuerte , por 
tan inhábiles, gefes y por gente tan bisoña defendida. 
Hicieron no obstante los nicosianos en su desespera- 
ción algunos esfuerzos de valor» que llegaron á dar 
cuidado á Mnstafá, basta el punto de pedircíen hom- 
bres de refuerzo á cada galera, y el sitio se prolongó 
mas de siete semanas. Por último el 9 de setiembre, 
dia funestamente memorable para aquella infortuna- 
da ciudad « después de batidos á ún tiempo cuatro de 
los principales bastiones, fué entrada por asalto ; los 
habitantes se echaban á los pies de los tu reos imploran ^ 
do misericordia, pero los bárbaros no eonocian la pie- 
dad, á todos los degollaban con rabioso frenesí, y las 
tropas de la plaza fueron igualmente acuchilladas. El 
proveedor Nicolás Dándolo pereció de la misma ma- 
ñera, víctima de su ineptitud y su ignorancia. Todos 
los horrores, todas- las crueldades Con que los vence- 
dores suelen manchar su triunfo .en una ciudad toma- 
da por asalto, ios ejecutaron los turcos en la infeliz 
Nicosia í*^ • 



(4) Tenemot} á la vista para la bien, Della guerra di Ct'pro:— 

Bocinta relación que vamos ha- Uberto Foglieta, ^enovós, De sa- 

cieodo de esto? sucesos las obras crofasdere in Sdimtim:— Oontari- 

y documentos siguientes: Juan ni (Juan Pedro), Istoria delle cose 

Sagredoy veneciano, Memorie is- successe dal principio della gner^ 

toriche de Monarchi Ottomani:-^ ra mossa da Selim Otiomano á 

Parotta (Paolo) , veneciano tam- Vmefiant:— Gontarini (Gaspard;, 



494 mSTOlU DB EñrjMKp 

¿Qsé habían becbo enlrelanto la armada de loa 
tarcos y Ja de los confederados? Pialí habia andado 
cruzando con las galeras del imperio iasagoaade Ro- 
das; y el Tbrey de Argel Uluch-AU» é segun oíros le 
nombran, Aluch^Aalft había acudido con sas naves y 
sus corsarioSt y logrado incorporarse á la armada 
lurca después de haber apresado coairo galeras de 
Malla. En euanlo á la armada de los cristianos, las 
flotas de España y de ikxna no se reunieron basta el 
31 de agosto á la de Venecta, que habia recorrido el 
Archipiélago, las Cicladas y Candia, procurándose re- 
fuerflos de hombres y de vituallas y también saquean* 
do y cometiendo desmanes. En esa tardanza habia oa<^ 
bido aignaa mas culpa al general pontificio Marco An* 
Ionio Colonna que al almirante español de Sicilia Juan 
Andrea Doria, pues al cabo éste habia 'tenido necesi-i 
dad de dejar provista la Goleta y asegurada la costa 
de África. Reunidas al fio, con gran contenió de los 
venecianos, las tres escuadras en el puerto de la Su<^ 

Del Gobierno de Veneda (en latin^. : Austria:- -Herrera, español, Guev' 

— ^fíara, franco í, Histoirede lare^ ra de Cipre y batalla naval de 

publique de Yenise: — Grazíani, JLegaíUo:— Torres y Aguilera, e»- 

loscano, De Bello Cj/prio:— Cara c- panol, Chrontcay recopilación de 

cioli: / jComentarii delle gu4*r- varios sucesos, etc.:''-4:»h€or^^e»' 

re, eíc.:— Hadschi-Chalfa, Bisto- panol. Historia de Felipe //.:— 

ria de tas guerras maritimas dé Ossorio, español, /oamiú.4t/«lría- 

¡os otomanos;— Hammer, alemán, ci Vi7a, Manuscrito de la Biblíotp- 

JHstaria del imperio Otomano^ ca Nacional :«<-CQteGct<%n de do- 

traduccion de Üochez, y los do* eumentos inédilott-^NIanuscrüos 

comonU» de los irchivos imperia<> de la Bibltoteca Nacional, déla 

les V realeo, citados por este:— del Escorial, de la del doqa« de 

Brantome, francés. Vida de Juan Osuna, y del Archiiro general d« 

Andrea Doria: — VanderHammen, Sfmaucas. 
español, Historia de don Jnan de 



MRTB III. UBBO II, idBi 

da, celebrase cobsejode generales y capitanea j[1 .""de 
setiembre) para deliberar á q ué púoto coovendrki 
mas se dirigiese toda la armada. Opinaban upoe que 
á libertar á Nicosia; otros prqxinian acometer al«- 
gana de las posesioQes otomanas como el mejor medio 
para distraer á los invasores de Chipre* 

Pero Andrea Poria, que babia heredado la pru- 
dencia y el valor^ asi como la pericia en las cosas de 
mar del prfnoipe su tío, sin oponerse al dictamen de 
encaminarse á Chipre como la resotucion mas digna, 
espuso que seria bien» antes de .acometer una empre- 
sa arriesgada, reconocer el número, estado, condi- 
ción y calidad de las fuerzas y bagóles con que con-* 
taban para ello, y ver si estaban todos tan bien acon- 
dicionados como los que el rey don Felipe babia pues* 
to á su cargo. Sobradamente penetraron los venecia- 
nos á dónde iba di rígida la observación de Doria, 
mas no pudiendo ne gat^ á hacer la muestra y reco- 
noeimieoto que. deseaba, por mas que anduvieron re- 
misos, accedieron al fin á que se verificase, y* se halló 
lo que Doria temía con razón, ó sabía ya acaso, no 
pudiendo n^enos de manifestar su admiración de que 
con naves tan mal aparejadas y tan pobremente dola- 
das de ebnsfna y de soldados, se hubiera atrevido la 
república á acometer una empresa de (al magnitud y 
de tanto peligro* Remedióse el mal en la parte que 
entoQces era posible, y puestas por fio en orden de 
marcha las tres escuadras (17 de setiembre), navega% 



i96 HISTORIA DE ESPASa. 

ron al . canal de Rodas, y cuando los vientos las ha* 
bían obligado á guarecerse al abrigo de Puerto Valí 7 
Calamiti, llególes la infausta nueva de la pérdida de 
Nicosía, con todos los horrores que los turcos habían 
ejecutado en muros, casas, defensores y habitantes ^*) • 
Por mas que los venecianos procuraran disimular 
el sentimiento de una catástrofe que esclnsivamenle 
se habla debido á la negligencia de la Señorfa y á la 
ineptitud de los gefes encargados de la defensa de ia 
ciudad que acababan de perder, el genoyés Doria, 
que ni se alucinaba ni gustaba de que se dejaran ala* 
cinar de apariencias, provocó otro consejo general 
(23 de setiembre) para sondear la opinión de cada 
uno respecto á la resolución que enr caso tan grávese 



(1) Hé aquí el orden de mar- Santos Trono, veneciano, en la 

cba qae llevaba, y la fuerza naval retaguardia, con diez y sei?. 

aae constituía la armada cristiana Francisco Duodo, id., con doce. 

ae la espedicion de Chipre. PcdroT Trooo, id., con catorce 

Marcos Querini, veneciano, iba naves y galeonciltos. 

de vanguardia con doce galer9$. Total de bageles vene- 
Marco Antonio Colonna, seneral cíanos >•• • • 4^ 

de Su Santidad, con otras doce. De España tó 

Juan Andrea Doria, capitán ge» . De Su Santidad 42 

neral de S. M% C. con diez y seis. 

Don Alvaro de Bazan, marqués Total general de buqaes. SOS 

de Santa Cruz y vircy deNápoleS) 

esbacol, con diez y nuevo. En esta relación no se coentan 

Don Juan de Cardona, virey de los barcos de trasporte. El núme- 

Sicilia, español, con diez. ro de la gente de guerra no pase- 
Gerónimo Zanne,{;eneral de los ba de quince mu bombres.- de 

venecianos, con treinta. * ellos mas de ocho mil eran vene- 

Sforza Paliavicino , veneciano» cianos: Doria llevaba tres mil es- 

capitan general de tierra , con panoles y dos mil italianos; los del 

veinte y cinco pontífice no eran mas de cuatro 

Jacobo Celsi, proveedor de la mi!. Hay que añadir los nobles y 

armada veneciana^ con Veinte. aventurero^ que iban volantaria- 

Antonio Canale, id., con diez y mente. 

nueTe. 



PAITB III. UBBO lU 497 

debería adoptar. Proponían unos dirigirse á Negror 
ponto, otros á la Morea, y en diseursos y pareceres 
diversos se oonsuoiíó e) tiempo sin poder venrr á con* 
forwdid, y se disolvió ia junta áñ resolverse nada. 
Dififtwtado el general de la armada espafioia con ta*** 
le9 disidencias y tal desorden, y alegando no haberse 
comprometido á permanecer en aquellos mares sino 
por término de un mes, y tener que atender á las 
Qoatas de Sicilia de donde le separaba ten gran dis- 
tancia, aamioió su determinación de retirarse, y fue- 
ron menester todos los esfuerzos de los generales de 
Veneda y del poettfice para que accediera á quedar^ 
se hasta terminado el setiembre^ Mas como Itiego el 
general pontificio se atreviera á preguntarle concier- 
ta presupcion y arrogancia propia de su carácter , si 
mandándoselo él se quedaría^ Doria le contestó con 
entereasa, que p^ra ser obedecido necesitaba darle tes- 
timonio de la autoridad con qfue procedía. De unas 
en otras palabras se fueron acalorando Colonnai Do^ 
ría y César Davales» en términos que el asunto hu* 
biera podUb pasar muy adelante sin la prudencia de 
Xuw Andrea que ae retiró é hisso retirar á Davales» 
(Tan poca concordia reinaba entre los gefes de la con* 
federación I 

No tardó, pues, en verificarse la separación t 

mas no ya por culpa de Doria^ aunque es verdad 

que la apetecía, sino de los mismos Colonna y Zan-^ 

ne, generales del papa y de la república, que sin co- 

Tumo xiii • 3S 



408 HISTOálA DB ÉSPaSiA» 

mtinicárselo á Doria se alejaron de puerto TríMáod 
con sus armadas dejándole solo coa su Dota* Entdn- 
ees él) oonsíderáodose libre, bien que no sin pedir 
todaiKa la venta á los otros dos generales, toaió la 
vuelta de Sicilia (S de octubre, 1570)» donde arribó 
sin detrimento de sa genie ni menoscabo de sos na- 
ves. De esta i*etírada, de que quisieron los generales 
de Venecia y Roma hacerle un cargo» asi como de su 
conducta en la espedtcion, se justificó el almirante 
genovés ante el pontífice y ante todo d mundo ^^K 

Con la pérdida de Nicosia> y con la desmembra- 
ción de la armada de Espafia, ni la isla se bailaba en 
disposición de oponer una gran resisteítaela á Ioa tur- 
cos, ni las escuadras del papa y de Venecia en la de 
emprender operación alguna importante ^contra el po- 
der naval de los otomanos. Asi es que varias poblacio- 
nes de la isla se fueron rindiendo, y si Piali no dio caza 
á las dps escuadras de Italia fué porque- los vientos le 
obligaron á retroceder cuando marchaba á Candía, y 
viendo frustrado su designio y la cruda estación del 
invierno encima, mudó die propósito y ae ^oé á inver- 
nar á Gonstantinopla. Zanne se trasladó á Corfti, y 
Colonna dio la vuelta ¿ Roma, donde .llegó después 
de no pocos azares con su pequeña flota lastimosa- 

(4) El señor Rosell, eD su Me- 387, con lo cual quedan desfane- 

fiíoria ftobre el úombate Divat de cidos los cargos que en aigootí 

* Lepaolo, ba publicado la justifica- bistorias italianas se leen contra 

cion de Juan Andrea Dona (Apea- 6sta conducta del jefe de Ka ar* 

dice V.), copiada de un Códice de mada auxiliar española, 
kt Biblioteca Nacional, E. 5), foKo 



raeirte deteriorada. Mustafá dejó algdnds tropas al 
mando de Muzaflez-Bajá para guarnecer á Nicosia, y 
pasó á cercar á Famagüsta, enviando á los de la ciu-* 
dad para intimarles la rendición en tugar de pliego la 
cabeza de Nicolás Dándolo. Aunque el general de la 
armada de Véiiecia logró introdocir algún refuerzo 
en la plaza, la^ baterías que en una eminencia hizo 
colocar Mustaft anunciaban su resolución de no aban-» 
donar el sitio aun en la incleménisia y rigor del in- 
vierno. Aquella fué una de las^UiUas disposiciones 
del general Zanne> porque poco satisfecha la repObli- 
ca de su comportamiento ooobo gefe de la armada, 
nombró en su lugar al proveedor Sebastian Veniero^ 
y por lugatteniebté suyo á Agustín Barbarigo, hom-^ 
bre que gozaba reputación de prudente y cuerdo; 

Así tas <^osás, y sabedor el pontífice Pió V. de qué 
los venedianos en sb apurada situación habían anda* 
do en tratos de pa¿ con los ttírcOs, hasta el punto dé 
haber enviado á Constan tinopl a á Jacobo Razzagoiii 
<tou ciertas proposiciones (en lo cual se veia bien cuárt 
fundados iban los comisionados del rey de España eii 
desconfiar de la constancia de aquellos repúblicos)^ 
envió á Venecia á Marco Ahtonio Colobnii á fin ele que 
inclinase, al dux y al senado á la ratificación defi- 
nitiva de la liga. Las Concesiones que el papales hizo 
de las gracias que hablan solicitado» y la energia con 
que les habló el Colonna, junto con la mala acogida 
que halló en el sultán la embajada de Bazzagoni^ todo 



contribuyó á determinarlos á abrazar la cooféderaeioii 
en los términos que antes se había eonveaUb. Pío V., 
á cuyo constante empeño y actividad se debía prioGÍ- 
palmeóte este resaltado, hizo compaceoer en público 
consistorio (2& de mayo, 4&7t) á todos les contrata»* 
tes (*^ y leidas por el datarío las capitiilacioiies de 
la liga, juró el primero el pontffioe sa obaérvaaoía 
puestas las manos ea el pocho, é hicieron los demás 
el mismo juramento sobre el misal, á lo cual sigeió 
una solemne misa y ^Hxxsesion^ eo la ^leaia de San 
Pedro ^^K 

Antes de esto, f sin duda tan pronto cerne el papa 
supo el consentifliieato de Veneciai enrió á Bapana al 
cardenal Alejandrino» sobrino suyo, y onede loecio^ 
co de las conferencias de Homa» el cual (rijo A Feli- 
pe U . la ooQcesion apostólica del Excoaado y Crniada 
y la confirmación del Subsidio, Este enviado llegó ¿ 
Madrid el 4 4 de mayo, y después de haberle apoaen^* 
tado en el convento de Atocha» hizo su endsada p6bli<* 
ca en la corte el 46, dia de la AsoensÍQn, eoo uw 
pompa estraordinaria^ acompaCiado del. rey, de dor 
Juan de Austria y de todo lo mas oapléndido de la 
corte ^'^ Después de haber hablede con el rey, y 
# 

(4) Faltaba el cardeual Gran- mo 36.-^rón¡ca de- Torres y 

^ela. quete haUaba ea Ñápeles, Aguilera.-^VaiMlf r Haim*es, Hii 

uombrado virey en reemplazo de loria de don luán de Austria, li* 

don Perafan de Bibera. bro lU.. y los demás autores cita* 

it) Copia en latín del acta de dos en la nota cuarta. 

itinoacionde la Liga, enlaBi* (3) Bn el Archivo da Símaocas^ 



rotil 
bli(^ 
loria. Mise, de Vitlaumbrosay to- minutas de) despacho que se dio é 



blioteca de la Academia de la His- Balado^ leg. 453, bemoa tísIo las 

áiSi 



PAftTB III. UMO H. 601 

iermíDada sa comisión» pasó el legado ponlificio á 
Portugal» donde bailó eú el rey don Sebastian las mis- 
Blas difioottadea que babia puesto en el año anterior 
para entrar en la liga« No foeron mas felices las ges*- 
irione» de Sa Santidad con MaKÍmilianQ de. Aus- 
ttia por medb del eardenal GomradoB; y tampo^ 
eo alensaron aiejor éxito las invitaciones becbas al 
fey de Francia; de modo que la liga qaedó concre- 
tada á sus primitives signatarios. 

Veneoia^d^rioó y avmó nuevas aaves, con aquella 
rapidez en que ninguna nación podia igualarla.. Bus- 
có arbitrios, vendió mas oficios y tierras, acudió á 
empráatiimí otorgó eseociones á los que se presenta* 
sen voluntariamente á servir en la guerra» concedió 
salvoconduclo á los bandidos que se prestaran á ser 
galeotes ó soldados en la armada, y con los auevos 
generala Veniero y Barbarigo enderezó su escuadra 
á Chipre á r^rzar la que babia quedado en Corfú. 
Por stt parte Selim babia reunido también uga nume- 
rosa armada para enviarla igualmente á Chipre y ver 
de destruir la veneciana donde quiera que la halla^, 
y proteger á Mnsla£á que sitiaba á Famagusta» Des*- 
pues de baber depuesto á Pialí del cargo de bajá por 
no haber destruido en la anterior campana la armada 
de Venecia ^^K nombró á AlUBajá general de la ar-* 

doD Feroando de Borja, ooiaiaio- v magoi&cocepemoQial de su en- 

nado para recibir al caraeoal Ale* (rada ea. la eórte. 

jaodrioo; y en Vander Hammeo, (4) Fueron desgraciados los 

Iliaco Wm puede Terse el Uijoao generales de la s^^^i'^^ ifi Cbipre 



S(t3 ai&TOJUA DB B3PAHA. 

niada, y dio á Pertéw-Bajá el mando del ejército da 
tierra, los cuales partieron uno Iras otro de Constan- 
tÍDopia en dirección de Chipre, y uniéronseles laa 
escuadras del virey de Alejandría, del de Argel, 
Ulucb A\í, del bey de Negroponta, y también ae lea 
incorporó con las suyas Hassem, el hijo de Barba- 
roya, de quien autes tantas veoes hemos tenido que 
hablar. Contábanse entre todas doscieotaa cíncaenta 
velas, con las cuales sé trasladaron á Candía. 

Tuvo la armada turca algunos sucesos prósperos 
en la costa de Dalmacia , y prevalido de ellos Ulnch 
Alise atrevió á penetrar en elgolfode Veneeia, apren 
só algunas galeras., entró á saco algunas poblaciones, 
llevó el terror y la consternación á la ciipital misma, 
que creyó llegada labora de ta desolación, y se dís^ 
ponía 4 hacer una resistencia desesperada. Petó el cor- 
sario argelino no quiso exponerse á ser encerrado en el 
golfos y contento con haber pujssto espanto ala jcapítal 
de la república, dio la vuelta hacia el Cáiaro, donde 
le esperaba AlUBajá, para encaminarse jnntos á Cor-r 
fu^ y adquirir noticias de la armada de la liga, y r^. 
cibirlas también de Constantinopla. 

dq i 570, A^abaipos de dcpir có- bliqa. El mfts tfortanaáo faéCo-? 

mo fué castigado el almirante tur- loaba, el de Su Santidad^ y eso 

co por lo que dejó de hjicer. El de que volvió á Roma cod menos de 

Venecia, Zanoe, fué procesado* la mitad de su flota, y esa en de- 

también, y lleno de disgustos, mu- plorable estado.— Ademas, fué 

rió á los dos aiíos sin haberse po- también decapitado en Coostanli- 

d ido justificar. Juan Andrea Doria nopia el bey ae Ghios, por sntít- 

fué censurado y calumniado, y tu- ftUgeocia, v el de Rodas privadq 

\o que baccr una justificación pú- de llevar (anal en su nave. 



partí iu« unao h. 503 

Veamos ya lo que MuslaCá adelantaba eo el sitio 
de Famagosta, que no habia becbo sino entretener 
durante el invierno. Llegados los templados meses xle 
abril y mayo (1571), y reunido un ejército, cuya cifr» 
00 baja ningún historiador de ochenta mil hombres, 
coa setenta y cuatro. cañónos, ademas de cuatro mons^ 
truosos basiliscos, comenzó á batir con furia los ba- 
luartes y torres de la plaza, y á abrir minas en varios 
puntos: todo lo cual hacía presagiar que la suerte de 
Famagpsta no fuera menos desdichada que la de la 
infeliz Nicosia. Mandaba en ella como general Aslor 
BagUoni; gobernaba la plaza y cindadela Marco Anto- 
nio Bragadino; dirigía la artillería Juan Martinengo, 
que había, hecho su nombre ilustre en el sitio de Rodas 
por los nuevos medios de defensa que habia inventado. 
Las tropas de la guarnición no pasaban de siete mil 
hombres, entre italianos y griegos. Ocho mil habitan- 
tes habian sido obligados á evacuar la ciudad para des- 
embarazarla de bocas inútiles. Seis asaltos sufrieron 
los sitiados en dos meses y medio sin entibiarse su ar- 
dor. LoscombatQS habian sido encarnizados y sangrien- 
tos* Cincuenta mil. turcos habian quedado sepultados en 
sus fosos y entre las ruinas de sus*muros: pero estos 
estaban allanados, agotados los mantenimientos, casi 
acabadas las municiones, los cuerpos exánimes de fati- 
ga, la ciudad presentaba el aspecto del hambre y la de- 
solación, y reunidos á petición de los infelices ciudada- 
nos y por orden de Baglioní los capitanes eo consejo, se 






604 BISTOKU M BS»AftA. 

acordó^ auo contra el diclámen de algoaos» «oeplar 
la capilulacioD que ofrecía Mustafá. . Las oMdÍGÍoiiea 
eraa ventajosas; ios sitiados podian salir libremeiite 
coQ segoro de sus vidas y hacjiendas, y jb^ hacia la 
honra á los tres prÍQcipales gefesde dejartea.doooea* 
nones y qaince caballos: los chipriotas seria& embar- 
cados á Candía en bagóles turcos. I^ capiUilacHNi sa 
firmó el 2 de agosto (1 Bi71}; en loa tves^ías^igiiiMles 
fué evacuada la ciadad, y el 5 le faerco entregadas 
i Mostafa \aa llaves de la plasa ^^K 

Habiendo manifestado el seraskier Luroo «p deseo 
de conocer personalmente á los valerosos de^aoroa 
de Famagusta,, presentáronse ana tarde eo n tienda 
Bragadino, Baglioni, Martinengo y Quiriqi • marclia»* 
do delante BragadinOf vestido de púrpoca» bqo tm 
quitasol encarnado. R^oibiólo^ Mustafá amialasaaioMe 
al parecer: mas lu^o. mudó de aspecto y de. looo, y 
reclamó entre otros rehenes al joven Qoiríai : Mg4** 
selos Bragadino coa enleresia y con pialabraa an tan- 
to fuertes: irritóse Mnstafá, y desatóse en ii^üfíasi 
Bragadino le coutesló con dureza, tal veiQOon A'aaea 
algo oíenaivast mostrándose inflexible en no «ansentif 
que se faltara á Itf capilulaeion. Ciego con esto de eó* 
lera el bárbaro otomano , mandó degollar á todos loa 
capitanes venecianos al tiempo que salían de sa tien*» 
da. En cuanto á Bragadino. •••• la plomase nos cae 

(4) ParuUa, Foglicla, Contarf- los demás aoteríormenle citados, 
pi, Gratianí» Vauder Hammeo, y en bus respectivas obras. 



MftTB ni. uno II. 50B 

de las manos al qaérer trazar las horribles inbumaDi-^ 
dados que oon él qeoqtó aquel hombre ioferDal.*.., 
Pero es meoester hacerlo , síqaiera se nos aogastie y 
oprima el coraaoo, para que se vea codn inmenso be^ 
neftoio iban á hacer á la humanidad los que se coliga** 
han en nombre de la religión para destruir el poder 
de aquellos bárbaros. 

Mineramente le hiiso mutilar orejas y narices. A 
los disa dtos de esto» sentado y sujeto á un banco, ata* 
do al mástil de la galera del bey de Rodas, hizo que 
le sambálleraft en el agua diferentes veces. Colgán^ 
dolé despees al cuello dos espuertas, le obligaba á 
acarrear tierra á los bastíoned quese estaban reedifi- 
cando. Cada vez que pasaba por delante delseraskier, 
tenfai qub humillar la cabeza hasta besar el suelo. Lle- 
vado por último á la plaza (47 de agosto), y amarra- 
da al poste en que se azotaba á los esclavos (horroriza 
pensai^), túé desollado vivoIII El desdichado, en 
medio de tan acerbo tormento, recitaba con voz entera 
el sidmo Miserere, hasta que entregó el espíritu al 
Dios que invocaba. No contento el feroz verdugo con 
tan horroroso suplicio é ignominiosa muerte , ordenó 
descoartiiear el cuerpo de Bragadino, y clavar las 
cuatro partes á cuatro grandes baterías, que su piel 
rellena de heno fuera paseada por el campo y la ciu- 
dad, bajo el mismo quitasol encarnado que habia 
llevado la tarde que se presentó á Mustafá, y que su 
cabeza puesta en sal fuera clavada á la entena de una 



506 HIS14NUA DB EBtAÉA. 

galera. Fioalmenle, disposo aqoel monstroo que esta 
cabeza* jimio con las de Baglioni» MartiiiQDgo y Qot* 
rioi, faerao custodiadas en paacaía y llevadas y pre- 
sentadas al sallaa No sabemos cómo hemos teni- 
do alieoto para ooBsigaar actos de tan abomioable 
craeldad y de tan refinada fiereza ^^K 

Con la tbma de Famagusla qaedaron los tarcos 
dueños de Chipre. El papa Pto Y., celoso é iocaasa* 
ble promovedor de la liga, tuvo pronto dispuesto su 
pequeño ejército y su flota» y no cesó de instar á Feli- 
pe IL y excitarle á que obrara con mas eficncia y 
rapidez que hasta entonces. Don Juan de Aoelria, 
nombrado general isimo de la liga, se hallaba en Ma- 
drid^ como anunciamos en ei anterior capítolot desde 
el principio del año 1 574 • después de haber subyu- 
gado los moriscos de la Alpujarra« Habiendo deacom- 
panarle á Italia sus sobrinos los principes de Bohe- 
mia« Kodulfo y Ernesto, se difirió su viiEge ba^ el 6 
de junio. Aquel dia, después de recibidas instruccio- 
nes del rey su bermano, se despidió, de* él, y par- 
lió derecho á Guadalajara, Zaragoza y Qiircelanaf 
con su juvenil y fogosa imagin^ip¡n llana de pepsii- 
mientos de gloría • aguijándole la esperanza de los 



{i) Fogüeta, De sacro fcBdere, ^alieiites capiUo^ faeroo coa el 
páama 263. — Coutarioí, pág. 31. tiempo llevados á Venecia, y co- 
*— Sagredo, Memoria, pág. 393.^ Jocaaos en el paDieoo de loa graq- 
Calepio, Vera e fídelissima narra- des hombres de la república eo la 
iioDe deirespogaatioDe e deren- iglesia de San Juao y San Pablo, 
tiüoe di Famagusla. . — AntonioCicogna, luscrizioni vé- 
oslos respelableg restos de tan uccíane. ^ 



BAETB 111. LHIIO II. 507 

trHiaCos que bahían de «ereditarle de digno hijo del 
gran emperador Garlos V,, y con la confianza de 
engrandecer con su valor el. poder y renombre de su 
beramno Felipe IL. 

En Baroeiona> donde faó recibido y saludado con 
universal y eatraordinario júbifo» le esperaban so se* 
erelario Juaa de Soto y su IngaHenieQte del mar el co- 
mendador mayor de Castilla don Lnis de Requeeens. 
AUi biuqueeoncurnieíran don Alvaro de Baaau, fge^ 
oeralrda las galeras de Nápctoa> qiie se bailaba en 
CartagMa ; don SaacbadeLeiva » iiualo era de las 
de España y estaba en Mallocca ; G<il de Andrade y 
otros capitanes de mar, con todos Jos* cuales oonfe* 
rendas sobre el objeto de la empresa, £1 %& (junio) se 
le reunieron los principes sus sobrinos* Pasados al* 
guDos'tUas en preparar la espedicion , embarcáronse 
al fin eaJos primeros- dias de julio los. tercios de la 
infantería español^ al mando de dout Lope de Figue- 
roa y don Miguel de Moe<^ada ; hizolo después don 
Sancho de Leiva con once galeras para ir corriendo 
y limpiando * de corsarios las costas , y el mismo don 
Juan se hizo á la vela el SO» y arribó con próspero 
viento el 9ñ á Genova > donde ademas del drux y del 
senado de la Señoría acudieron á felicitarle casi todos 
los principes de Italia. Envió desde alli avisos á Ve- 
necia y á Roma, despachó á Ñápeles á don Alvaro de 
Bazan, marqués de Santa Cruz, para que hiciese los 
aprestos convenientes por aquella parte; despidió ^ 



508 msToau db bspaía. 

Los príocipQS de Botieoua qae deUaii marchar á Mi- 
Jan, y con el principe de Parma Akfandra Farneaío 
se embarcó (B de agosto) para INápoiea, donde ftió re- 
cibido con general alegría el 9* AUí le entregó el 
cardenal Granvela por coinisiQn del papa eom toda 
fioleranidad d eitandacte de la ifga« como á gene- 
raliámo de ella; aquel eslandaTle sagrado , en qoeal 
pie de on Croci^jo bordado en damaaoo aaol se veian 
4as armas, del pontífice , las del rey eatólko y las de 
Venecia enlazadas 4X>n ona cadena , sínAolo de la 
Santa Ugat y pendientes de ella las de donjuán 
de Andria, el Qjecutor del gran penaamiento de las 
naciones unidas. DetUYo el mal tiempo á don Joan en 
Ñapóles, hasta el S4». en qne sediá á la vela» lle- 
gando feli^weote el SB á Mesina , punto de reunión 
de todas las foersa^de los ooligados. lios arooetrími- 
falest las columnas, insorípcíenee, colgadoras, músi- 
cas y salvas qon que á so entrada ftié saludado» y el 
ínmenao concurso qne henchía las catles de Uesína, 
demostraba ^ regocifo páblíeo y las eeperansas qne 
ae cifraban en el príncipe espaSol. Agnardábnnie alK 
ya Goionna y Yeaiero, con las flotas de l^ma y de 
Venecia i y las galeras venecianas qoe faftaban, y las 
de Andrea Doria y el marcpós de Santa Cruz , y 4as 
de Genova y Saboya » y Ins de Lomelin y Saoli , to- 
das se hallaban incorporadas y reunidas el & de se* 
tiembre ^^K 

* « 

^1J Correspondüncia de doo Juod de Auslria con dou üarew 



FllTB III. UOBO II. 509 

Entro grandes y pequefias ae contaban en aquella 
faahia maa de tmeienCad velas , y pasaban de ochenta 
mil las personas qne hablan de oenparlas entre gente 
de pelea y de servioio* «Deade el imperio de Roma, 
daee oportoaamenle el aolor de lar Memoria citada, 
M h^Man sido aquellos mares tealro de espectácoto 
tan ii|ipMe»le; jafliás háMaa' pesado sobre sas ondas 
araUHiid tan oopiesa de bageles , encaminados á un 
solo fio, movidas por ima sola voluntad» ni puestos 
en demanda mas^aoopta á les ojos de la justicia, ni 
do mayor ineenlivo á los ánimos de los hombres.» 
Cíenlo seseMa y enalro vasos, loa mejorcii y mejor 
tqoipados que jamás se habían visto , tepresentaban 
altt en primeF lármino el poder del rey de Bspafia. 
Seguían doce galeras y asís ñragalas del pontífice, y 
porMtíflSO étenlo treinta y eaatro bageles venecianos» 
poco menos mal armados y provistos qqe los de la 
espedisibn de 4S70. Heoba maestra general i» todas 
las fisBraas y su competente distribución, cuidando 
de inlerpolar. con los veneeíanos algaaas compañías 
de españoles, j estando ya para partir la armada» 



de Toledo, sacada del archivo de ugun género de orden, antes ca^ 

U esn de Villafranca, é inserta en «da galera tira por do le parece, 

el tomo IH. de k Colección de do- » Vea tab. qué swtil cosa para.su 

Otttteiiloftnádiloi. ftolicitaSenc|ileeoiiibÉtaai08.«— • 

Ka una de esta& cartas, fecha E^to jadtifica plaflanente las que- 

30 de agpsto en Maeiiia, le decía jas qas el ana anterior había da<* 

4on Jaan de sa propio paño á dos do Juan Andrea Doria acerca del 

areU: tQaieraaSadirelAalra» mal apareio y del deaórdea de 

•cada aa qae ▼ienan i eaaciaaaa; laa aaTca f acaciacaa* 
^alra paar^ qna as na traer aíit- 



5 1 tiiSTóklÁ DÉ e&l»Aiiü. 

llegó otro legado de Su Santidad , Monseñor Oáeá^ 
caico ; portador de las gracias de crazada á todos Im 
aliados» con las rnisúias indulgencias con^^didasea 
otro tiempo á los conqoisladores de los Santos Luga-' 
res. Generales ^ capitanes y soldados , todos confesa-^ 
ron y comulgaron devotamente antes de dejar et 
puerto. El mal teibporal los detofo hasta ei 16 de 
setiembre, dia en que se desplegaron ai viento á la 
vista de un gentid inoumeraMe tantas y tan iristosas 
velas y gallardetes de -tan variados colores, y co- 
meneó á sdrear las ondas aqtíelta fnnltitud de embar- 
camiones que condutüan tan' ilustres prtactf^es y tan 
fambsos capitanes* Aquella misma noche prosigoieroii 
su rumbo desde la ?osd ée San loan, y et 26 se ha* 
liaba 61 generalfeiaM> con so armaria en Corté, de 
dofide partió er 28 para la isla de Gefakmia ood dos>^ 
cientas ocho galeras y seis galeazas ^*K 

Sabías6 que la arma<fa uircat fbévte de doscien^ 
tas galeras» se hallaba en el golfi» de Lepante, flabia 
don Juan de Austria convocado consejo de geaerales 
pai^a deliberar dónde habrían de dirigifsei ya porque 
él tefiia por política oir el parecer de todos» ya tam* 



■ » r , « , 

(4) Carta de don iuan de Aus- ñas qae las mandaban , asi como 

iri^ á don Garoia de Toledo, de del orden de. marcha ooe Ueva-' 

Corfú á 28 de setiembre. — ^Docu- ron. Bl señor Roeell la oa puesto 

mentoÉ inéditos, tomo UL p¿- entre los apéod^ces de su Memo- 

Sina27. ría;-- Se halla la relación de la 

Contarioi y Torrea Aj^oilera gente de guerra en et tom Hl. 

dieron una relación nommal de de la Colección de Documentos 

todas las galeras y de los captta- inéditos, pág. t04 y siguientesi 



^ARTB 111. LIMO 11. &t1 

bien porque asi se lo había provenido el rey su bej-- 
mano, temeroso acaso de que el ardor de so juventud 
le precipitara á una resolución irreflexiva. No falta- 
ron en el concejo quienes amistados ante«el gran po- 
der del Turco y recordando el desastre de los GelbeSé 
propusieran empresas que denotaban su Umidaz. Pero 
prevaled el tUctáiiien mas digno de ánioN)» levanta* 
dos, el de ir á boscar al enefnífp y combatirle, y 
escusado es decir que este fué el parecer, y esta la 
resolución de don Juan de Aústiria* 

El 80 de setiembre se hallaba la armada crisüa- 
na en la Otomeni^za. El d de octubre volvió á levar 
andas, y el 5 díó fondo en Gefalonia , donde por un 
bergantín de Candfa que trajeron los descubridores 
se recibió la triste nueva de la rendición de Fama* 
gusta, del desastroso fia de sqs» defensores y de las 
iniquidades horribles cometidas por Mostafá. Lo pri^ 
mero contristó á todos , y muy especialmente i los 
venedanoa, y lo segando encendiólos corazones en oó* 
lera y en deseo Je vengar tamañas monstruosidades.. 
Antes deamaileóer el ? mandó don Juan dar las velas 
al viebto, y en- pocas horas se bailaron las escuadras, 
á la altura de siete isletas llamadas por los griegos 
Equinadas, y hoy nombradas Curzolares, frente á la 
costa de Albania. Dna galera de Juan Andrea Doria 
avisó haber descubierto al doblar el golfo las velas 
de la armada enemiga , y don Juan de Austria ^ sin 
aguardará mas, mandó enarbolar el estandarte de 



la liga; y la vista de la sacTosaQU enseña y al wUai-' 
pido de un ca&ooiüo anuociaroa al percato crislia&o 
la resol Qcíoa y la proitímidad de la bateUe. 

Habíase reforzado la arcoada (urca e« Lepante con 
naves , viluallas ^ artillería y soldades sacados de la 
Morea y de Modost eo térmiDOS que no bqabaa de 
doscieatas etiareala {^tleraa y . m^ltiiid de ^leotasi 
fasUis y olroB bajeles, y de Oieato verote mil s«a hoon 
bres de guerra y de remo. Pertew^Bajá y Uluch^AlU 
asi como el virey de Al^andría y otros geaera'es tar- 
cos, aconsejabaa á Aii-Bi\|i 4|ae no empeñara el com- 
bate ai se aventurara á perder ea um joraada las 
oonquistas hechas en Chipre. Pero AU » como geoeral 
en gefe de toda la armada, desestimó sq consajo coma 
cobarde. Y era que uo Camodo corsario qiw disfraza- 
do de pescador habla podido acercarse á recoqocer 
las galeras cñatiaoas, ó por aleatar á |w ipasalm^iies, 
6 por que él ao las viese toda» » habia reblado ea 
mucho su a6mero« y blasonaba el baj4 de uoa vícbH 
ria segura y casi iafaliUeu Tambiea loa fleaerales de 
doa Joan^ y entre ellds se cuenta á Andrea Doria , i 
Asoaab de la Guraa, y al misaia Sebastian Veaiero, 
se mostraban tiameroses de entrar en La'Ud^.y btsbolos 
que calificándolo de temeridad avaosaroa ¿ decirle 
que conveadría retiiarae. t Smorai , les diJQ eotonces 
el hijo de Carlos S.^yanoee hora de aeom^r , <ssno 
de combatir.» Y prosigiúó disponiendo el 6rdea de la 
batalla. Y es que ademas del ardor de su sangre» ao* 



PA&TB III. LIBVO |l. ' 5t3 

menlaba su confianza lá nolicía que le dieran de ha- 
berse desmembrado dé la armada turca XJIuch AIí el 
Argelino. Ambos gefes iban enga&ados y confiados; 
ambos contaban con el irilinfo; ambos ansiaban 
con igual ardor la pelea ; una fuerza misteriosa pa- 
rece q\ie los impulsaba^ y es que Ja Providencia lo 
dispone asi ciando determina Refrenar el , idipetu 
y humillar el orgullo de un pueblo , y desenla- 
zar una crisis histórica por medio de una. catástrofe 
sangrienta. 

Corría don Juan de una en otra nave alentando á 
ios cpistianos. «Hijos, les decia con entero y sonoro 
)»aceBto á los españoles : á vencer hemos venido, ó á 
»morir, si Dios to quiere. No deis lugar á que vuestro 
«arrogabte'enemigb ós pregunte con soberbia impía; 
^ ¿Dónde está vuestro Dios? Vé[eaá con fé en sü santo 
^nombre; que muertos ó victoriosos gozareis la in- 
)»mortálidad.i^ Y á los venecianos: «Hoy es dia de 
«vengar afrentas: en las manos tenéis el remedio de 
«vuestros males: menead con brio y cólera las esph- 
«das.» Y el fuego de sus palabras inflamó de ardor 
bélico los corazones de fodos los combatientes. Alí 
Bajá, que marchaba confiado creyendo tener á lá vis- 
ta toda la armada cristiana, siendo asi que la mayor 
parte de ella la encubrían á sus ojos las islas Curzóla- 
res, se quedó atónito cuando saliendo á alta mar des- 
cubrió todo 9U frente^ y la multitud de velas y el or- 
den admirable eñ que se eslQhdian,' y maldijo al fatal 
Tomo xiii. 33 



SI 4 msTomiA db bspáíía. 

corsario que le había engañado. Tambieo doD Joan 
comprendió haberse equivocado en cnanto al numero 
de los bageles enemigos, y que no era cierto qup hu- 
biera desertado Uloch-Alí; conoció el trance peligro- 
so en que se había metido, pero se acordó de quién 
era , fijó los ojos en un Crucifijo que siempre consigo 
llevaba, los levantó fuego al cielo, puso su esperanza 
en Dios , y decidió combatir con el presantimiento 
de vencer. 

La fé verdadera suele no quedar dofrandada , y 
el cíelo comenzó á mostrársele ostensiblemente pro- 
picio, puesto que el viento, hasta entonces contrario 
á la armada cristiana, se volvió contra las proas de las 
naves de los infieles , dificultando las operaciones de 
estos, favoreciendo las de los cristianos y fortificando 
sus espíritus. Hizo don Juan , entre otras cosas, cor- 
lar los espolones de todas las galeras , comenzando 
por la Real que él montaba, lo cual , segim después 
se vio, fué una providencia muy saludable. 

Marchaban como de vanguardia seis galeazas ve- 
necianas. El ala ó cuerno izquierdo, compuesto de 
unas sesenta galera«i, iba á cargo doi proveedor 
Barbarigo: mandaba el derecho Juan Andrea Doria 
llevando un número casi igual de velas: en el centro 
de la batalla, que constituían sesenta y tres galeras, 
marchaba en su Aeal el generalísimo don Joan de 
Austria, llevando á sus dos lados á los dos generales 
de Roma y Venecía, Colonna y Veniero, y á la popa 



PARTB 111. unto \u 515 

al comendador mayor de Casulla Requesens, su lu- 
fiíarteDÍente. Gonstiluian la retaguardia ó escuadra de 
socorro ireinla y cinco galeras al mando de don Al- 
varodeBazan, marqués de Santa Cruz. La armada 
turca, mas numerosa que la cristiana, formaba una me- 
dia luna, dividida también en tres cuerpos. Mandaba 
el de lá derecha el virey de Alejandría, Mehemet Si« 
roko, con cincuenta y cinco galeras: el ala izquierda 
Uluch-Ali el de Argel, con noventa y tres; iban con 
noventa y seis en el centro ó batalla los dos bajaes 
Pertew y Aií, con su correspondiente cuerpo de so* 
corro á retaguardia. De modo que correspondian 
freAte á frente y cuerno á cuerno , y el estandarte 
del gran turco tremolaba á la faz del estandarte sa- 
grado de la liga ^^K 

Habia amainado el viento, lasólas del golfo que- 
daron tranquilas, y el sol brillaba en un cielo azulado 
y puro, como si Dios hubiera querido que ningún ele- 
mento turbara la locha de los hombres, que la natu<* 
raleza no pusiera obstáculo al combate que habia de 
decidir el triunfo do la cruz ó de la media luna. Si el 
reflejo que despedían las limpias armas, los resplan* 
decientes escudos y bruñidos yelmos de los cristianos 

(1) Foglieiia, Parutta, Conta- disposición y suceso de la batalla 
rioi, Torres Aguilera, Arroyo, en su obra: i comentara detle 
Servia, y otros que han descrito querrc fatte con rtirc/tt..— En la 
la batalla. — Ferrante Caraccioli, Memoria de Hosell, Apénd. YIII. 
conde deBiccari, que con su ga- y IX., se inserta la relación no- 
lera iba al lado de la de Quinni, minal de las galeras y capitanes 
da curiosos pormenores sobre la de ambas armadas. 



B16 HISTORIA I)B BSPAfiA. 

deslumhraba á los musulmanes, también herían los 
ojos de los coligados los dorados fanales, las inscrip- 
ciones de oro y plata de los estandartes turcos, las es- 
trellas, la luna, los alfanges de dos filos que brillaban 
en los bageles de los almirantes otomanos. Por todo 
el ámbito que abarcaba la vista no se divisaban sino 
banderas y gallardetes de variados colores. Los dos 
ejércitos navales se contemplaron un breve espacio 
con mutua admiración. Interrumpió aquel imponente 
silencio el estampido de un cañonazo que disparó la 
galera de Alí, á que contestó con otro la Real de don 
Juan. A las primeras detonaciones de la artillería que 
anunciaron el combate siguió pronto el clamoreo y 
los alaridos con que los musulmanes acostumbran á 
comenzar las batallas. 

Chocó primeramente el ala derecha de los turcos 
mandada por el vírey de Alejandría con la izquierda 
de los cristianos que guiaba el proveedor Barbarigo. 
Los venecianos oeleaban á rostro descubierto, con la 
saña, el brío y el encono de quienes combatían con- 
tra los verdugos de sus compatricios. Habíaselas el 
genovés Doria con el argelino Ulúch-Alí, el cual apre* 
só la capitana de Malta y pasó á cuchillo á todos sus 
defensores, á escepcion del prior y otros dos caballe- 
ros, que acribillados de heridas se salvaron por con- 
tarlos entre los muertos. Buscáronse con igual anhelo 
Alí-Bajá y don Juan de Austria, hasta el punto de 
chocar con terrible estruendo ambas galeras, pero 



PARTE nu LIBRO 1| 817 

haciendo la artillería y arcabucería de la Reat de Es- 
paña estrago grande en la gente de la del turco. 
Hízose general el combate, y revolviéronse entre sí 
las galeras enemigas. Blanqueaba el mac con la espu- 
ma que formaba el hervor de las olas; el humo que 
brotaba de los cañones y arcabuces oscureció el ho- 
rizonte, haciendo noche en medio del día, y las chis- 
pas que en su choque despedían las espadas y escudos 
parecían relámpagos que salían de entre negras nu- 
bes. Cruzábanse en el aire las balas y las flechas. 
Tragábase el mar los leños, cayendo revueltos turcos 
y cristianos, abrazados como hermanos con el odio 
de enemigos. Al lado de una nave que engullían 
las olas, devoraba otras el voraz incendio. Sobre un 
bagel turco se veía enarbolada una bandera cristiana, 
y encontrábase una galera de Castilla guiada por un 
comandante turco. Peleábase cuerpo á cuerpo des- 
pués de rotas las espadas; todo era estrago y muerte; 
la sangre llegó á enrojecer el mar. aNunca el Medí- 
terráneo, dice con exactitud y elegancia el autor de 
la Memoria sobre Lepanto, vio en sus senos, ni vol- 
verá á. presenciar el mundo conflicto tan obstinado, 
ni mortandad mas horrible, ni corazones de hombres 
tan animosos y encrudecidos, i» 

Con su joven é incansable brazo meneaba don 
Juan de Austria sin cesar su acero, siempre en con- 
tinuo peligro su persona: joven parecia también en el 
pelear el anciano Sebastian Veniero: no desmentia 



518 HISTORIA DE ESPAÜA. 

ColonDa en el combate el ilustre nombre de su fami* 
lia: mostrábase Rcquéseas dígoo lugarteniente de un 
principe tan valeroso como don Juan: el príncipe de 
Parma acreditaba que corria por sus venas la sangre 
de Carlos Y. : no arredraban al de Urbino las heridas 
que recibía: Figueroa, Zapata, Carrillo, todos los ca- 
pitanes de la Real trabajaban con menosprecio de la 
vida como hombres avezados á los combates: cuando 
la Real se v^ia apurada* porque también Alí y Per- 
tew-Bajá peleaban como héroes con sus genízáros, 
acudía don Alvaro de Bazan como si moviera sus ga- 
leras un rayo, y acuchillaba musulmanes y lo arra- 
saba todo, .embotándose las balas en su rodela y es-- 
cudo, y se movia como un torbellino, sin que entibia- 
ra su fuego ver hundirse á su lado bageles y caer sin 
vida capitanes. Cuando á Doria le tenia estrechado y 
en conflicto Uluch-Alí> allá arrancaba el marqués de 
Santa Cruz, dejando asegurada la Real, y rescatando 
la capitana de Malta daba desahogo al genovés, po- 
niendo en afrentosa fuga al argelino. 

Imposible es relatar las hazañas y proezas parti- 
culares de cada capitán y de cada soldado en esta lu- 
cha gigantesca, en que los genízaros que se tenian por 
los mas briosos guerreros del mundo , habiepon de 
convencerse de que había guerreros cristianos mas es- 
forzados, mas audaces. y mas temerarios que ellos. 
Mas no podemos dispensarnos de hacer especial men- 
ción de un soldado de España, que postrado.de fiebre 



PAATB UU LIBBO lU 519 

en la galera Marquesa de Andrea Doria, pero siaiien- 
do en su pecho otra fiebre mas ardiente, que era el 
fuego del valor y el afán de combatir, dejó el humil-^ 
dfi lecho en que yaciat y pidió á su capitán le coloca- 
ra en el punto del mayor peligro. En vano sus comoa* 
ñeros, en vano el capitán mismo intealaron conven- 
cerle de que estaba mas para curar que para esponer 
su cuerpo. jEl soldado insistió, el soldado' peleó con 
gallardía, el soldado fué herido en los pechos y en la 
mano izquierda, mas no por eso quiso retirarse, por- 
que era máxima de este soldado^ que las heri<ias que 
se sacan de las batallas son estrellas que guian al cíe- 
lo de la gloria. Y prosiguió el tenaz soldado , y no 
hubo medio de hacerle retirar i pacerse en cura, has- 
ta que terminó el combate de su galera, en que mu- 
rió el capitán, que lo era Francisco de San Pedro. El 
lector comprenderá por qué entre tantas otras insignes 
proezas como ilustraron este combate, mencionamos 
parücularmenle la de este soldado. Porque el lector 
habrá adivinado ya que este soldado era Miguel de 
Cervantes^ ignorado del mundo entonces*)por las ar- 
mas , asombro después por las letras. 

Mas ya es tiempo de que nos acerquemos al tér- 
mino de tan furiosa pelea, que por algún espacio 
habia estado dudosa* Ya los turcos habían sufrido una 
gran pérdida con haber caído al agua Pertew-Bajá, 
perseguido por don Juan de Cardona y entrada -su 
galera por Paulo Jordán Urbino, teniendo el seraskier 



S20 III&TOBIA Dfi BSPAÑA. 

que ganar á nado una barquilla en que huir. Mas no 
dieron los cristianos el grito de ¡Victoria! hasta que 
vieron á Alf-Bajá, después de vigorosos y porfiados 
esfuerzos suyos y de los trescientos genízaros de so 
Real» caer sobre crujía herido de bala en la frente por 
un arcabucero de don Juan. Otro le cortó la cabeza, y 
la presentó al generalísimo de los cristianos, que con 
hidalga generosidad afeó y reprendió horrorizado la 
acción, y ordenó que semejante trofeo fuera arrojado 
al mar, si bien no pudo impedir que la cabeza del 
almirante turco fuera clavada y enseñada en la punta 
de una lanza ^^K El grito de victoria de los cristianos 
resonaba por los aires y le llevaban los vientos hasta 
las playas. El último encuentro fué entre las galeras 



(i) De esla circunsiancta de »píg1ia questa storta (ta qual era 
haber sido clavada en la punta »ai gran prezzo), ma Dom gligi- 
de uoa pica la cabeza de Ali pa- wuarODe lo buoDe parole*, pcrcoio 
rece dudar el señor Bosell en su »che colui senza compas»ione 
Uemoria, fundado en que nada »alcuna ^\i mozzo íl capo, e subí- 
dicen los teslígos del combate. )>tos si gitto ánuoto, portándolo^ 
Pero Caraccioli, que fué uno de »don Giouanni, con pensiero di 
ellos, lo espresa asi en sus «Go » portar alcana cosa gratíssima. 
mentar ii delU guerre fatte con vdalchole con displaceré gli fií 
Turchi,» p. 39. >risposto ¿che votti ch'io faccia dt 

Hó aquí sus mismas palabras: ncotesto capo? hor gettalo in ma- 
cDuróTardor della oataglia un »re; con tutto ció per ispatio d' 
vbora é mezzo, quando la galea «un horastalte Esso in una punta 
»del Basciá fu presa dalla ReaSe di «di picea alia poppa. (I displaceré 
»Don Giuanni; ove entrarono i nche bebbe don Giouanni per la 
«soldati e ritrovarouo Ali ferito d' »morte di costui (po'jhe gia essen- 
)»un'arcbibugiala\ il gual parlando »do cautivo si doveva conservare) 
» italiano dicera: «ándale á basso «seacrebbeancora intendendoda 
»chevi sonó deoari,* é dicendo » tutti christiauí libeíati dalla ca- 
«alcuni cbe quelitera il Basciá, un i»dena la bontá e bumanitá di tol 
xsoldato bisogno spagnolo ando »buomo e principalmente verse 
«per occiderlo, e gli per disvlarlo Dchristiani.»» 
íC placarlo insiemcmenle 1¡ disre, 



PARTE tu. LIBRO 11. 5SI1 

de Uluch-Alí y las de Andrea Doria ; mas habiendo 
llegado dbo Juan, apresuróse á huir el virey de Ar- 
gel con cuarenta bageles que pudo salvar del univer- 
sal destrozo, con tal precipitación que ni el príncipe, 
ni Juan Andrea* ni don Alonso de Bazan pudieron 
darle caza, bien que su gente pereció casi toda, ó 
tragada por las olas al saltar azoradamente á tierra, ó 
acuchillada entre las breñas por los venecianos. 

Perdieron los turcos en este memorable combale 
doscientos veinte y cuatro bageles ; de ellos dentó 
treinta quedaron en poder de los cristianes; mas de 
noventa se sumieron en las aguas ó fueron reducidos 
á pavesas por el fuego: cuarenta solamente se salva- 
ron: murieron en combale veinte y cinco mil turcos; 
quedaron cautivos cinco mil: lomáronles los coligados 
ciento diez y siete cañones gruesos y doscientos cin* 
cuenta de menor calibre: mas de doce mit cristianos 
que llevaban caulivos y como remeros los musulmanes 
vieron rotas sus cadenas y recobrada su preciosa liber- 
tad. También los cristianos tuvieron pérdidas lamen- 
tables: murieron cerca de ocho mil valerosos guerre- 
ros y marinos; de ellos dos mil españoles, ochocientos 
del pontífice y los restantes venecianos ^^K Quince so- 

(i) Los principales capitanes no, Marino y Gerónimo Coutarini, 
que murieron. fueron: don Ber- Mareo Antonio Lando, Vicencio 
nardino de Cárdenas, su sobrino Quirini, Andrés y Jorge Barba- 
don Alonso, don Juan de Córdo- rigo, y algunos otros; el gran 
ba, Agustín de Hiuojosa, don bailio de* Alemania el conde de 
Junn de Miranda y don Juan Pon- Briatico , napolitano, y otros muy 
ce de León. — De los venecianos, valerosos , aunque do menos 
Agustín Barbarigo , Benito Loza- nombre. 



n 



522 uiSTOAiA DB bspaSa» 

los bageles se perdieroD. En cambio los fanales de oro, 
las banderas de púrpura bordadas de oro y plata, las 
estrellas y la luna, las colas del bajá, fueron precio- 
sos trofeos que recogieron de la Jbatalla los aliados» 
Tal fué en resumen el famoso combate naval de 
Lepanto, el mas famoso de que se hace memoria en 
los anales dé los pueblos, por el niknero de velas, por 
el esfuerzo y valor de los combatientes, por la des- 
trucción tan completa de una armada tan formidable 
como la otomana. Los geuízaros dejaron de ser in« 
vencibles^ y la Sublime Puerta debió perder su supre- 
macía en el Mediterráneo ^^K A^i hubiera sido si los 
vencedores hubieran sabido sacar todo el fruto de la 
victoria, y no hubieran obrado con el desacuerdo y 
la negligencia que luego veremo6« Don Juan por lo 
menos significó su deseo de acometer alguna empre* 
sa que ací^bára de aterrar y amilanar á los turcos: 
pero tratado el asunto' en consejo, como él acostum-» 
braba, dividiéronse, como solian también, los pare- 
ceres, y aunque al fin se determinó sitiar la fortale- 

(4) Son muchas las relaciones de Documentos inéditos, con la 
quenay y hemos visto de esta del mismo Hadscbi-Chalfa, cíta- 
memorábíe batalla. Cotejadas do por Uammer en la Uii^toria 
las de los italianos Contarini, del Imperio Otomano, ele, todas 
Poglietta, Garaccioli, Parutta, convienen en lo esencial délos 
Diedo, Gratiani y otros, con las sucesos 9 y solo varían en cuanto 
de los españoles Herrera, Torres á algunos incidentes y circuns- 
y Aguilera, Servia, Vander Ilam- tancias ac^^esorias, usi como en 
men, Cabrera, con las manuscri- las cifras de naves^ soldados, ba- 
tas de la Biblioteca nacional, del jas de cdda ejército, etc. como 
Anhivo de Simancas, y de los acontece siempre en las relució- 
de ViUafranca 7 Osuna , é inser- nes de sucesos de esta naturaleza, 
tas CD el tom. lll. de la Colección 



PA2TE IM, LIBRO II. 523 

za de Santa Maura (la antigua Leucadia), ni siquiera 
hubo perseverancia para esto, y se mudó de propó* 
sito considerando la empresa los enviados á reconocer 
el fuerte como mas lenta y difícil que útil y provecho- 
sa. Solemnizaron, pues, los vencedores su triunfo con 
una festividad religiosa (1 i de octubre), y se acordó 
en consejo que cada gefe de los aliados se retirara á 
invernar con su respectiva escuadra. Resolución fu- 
nesta, que equivalía á malograr el mas insigne de 
los triunfos, dando espacio á los enemigos para reba-- 
cerse, y no dejando siquiera donde hacer pié para lo 
que hubiera de emprenderse mas adelante. Distribu- 
yóse, pues, la presa, según lo pactado en la liga, y 
comenzaron á dividirse las escuadras (24 de octubre), 
tomando la vuelta de Italia. Partió don Juan con la 
suya el 28 de Corfú, y el 31, después de vencer re* 
cios temporales, se halló de regreso en Mesina, don- 
de supondríamos, aunque las historias no nos lo di- 
jeran, el entusiasmo y el júbilo y la magnificencia con 
que sería recibido y agasajado. 

En Venecia se consagró una capilla particular do 
la iglesia de San Juan y San Pablo á perpetuar la 
memoria de la Santa Liga y el gloriosfsijno triunfo 
de Lepante. El cincel de Vitloria y el pincel de Tinto- 
relio recuerdan todavía aquel gran suceso con obras 
de que puede envanecerse la antigua reina del Adriá- 
tico; la fachada del arsenal se decoró con esculturas 
alusivas al mismo asunto^ y el senado decreló que 



5^4 HISTORIA DE ESPAÑA. 

el 7 de octubre se solemnizara todos los años como 
fiesta religiosa y política. — Eq Roma hizo Marco An- 
tonio Colonna una entrada semejante á las de los an- 
tiguos triunfadores, subió al Capitolio i consagró una 
colnmna de plata al altar de Nuestra Señora en la 
iglesia de Aracoeli , y á él le fué erigida una estatua 
de mármol. El papa Pío V. , el gran promovedor de 
la liga 9 esclamó llorando de alegría y aplicando á 
don Juan de Austria las palabras del Evangelio: Fuü 

9 

hamo missus á DeOf cui nomen eral Joannes. — En la 
corte de España, donde llegó la noticia por la emba- 
jada de Yenecia antes que por don Lope de Figueroa, 
á quien don Juan habia despachado al efecto^ produjo 
también unánime alborozo. Comunicósela al rey en 
el Escorial el caballero de su cámara don Pedro Ma- 
nuel, en ocasión que S. M. rezaba las vísperas de 
Todos Santos en el coro bajo de la iglesia provisional 
(que ni el templo ni el coro principal estaban todavía 
concluidos), y continuó el rezo con impasible sereni- 
dad, sin alterarse ni demudarse , hasta que se acaba- 
ron las vísperas: luego mandó al prior Fr. Hernando 
de Ciudad-Real que estaba á su lado, que eo acción de 
gracias por la nueva que acababa de recibir se canta- 
ra el Te iScum ^^K 

(1) Memorias del mongo fray tes han dedicado á celebrar la mc- 

Juan de San Gerónimo. — Tom. IIi. toria de Lepanto y á ensalzar al 

de la Colección de Documentos, afortunado príncipe que mandaba 

página 256. las fuerzas de la liga. Entre los 

Son inGnitos'ios monumentos y primeros podemos contar la Aus- 

recuerdos que las letras y las ar- triada do Juan Rufo, el Poema de 



PARTE lll« LIBRO lU 525 

A pesar de tan justo entusiasmo , indicanaos antes 
que la victoria , tan gloriosa y tan grande como faé« 
estovo lejos de producir el fruto que hubiera sido de 
desear, ni aun el que se hubiera podido recoger. Los 
suoesos nos 10 irán demostrando, y las causas se irán 
descubriendo. . 

Pasada la primera impresión de asombro y de 
consternación que causó en Gonstanlinopla el desas* 
tre de Lepante» recobróse el sultán Selim , y merced 
á los consejos y á los esfuerzos del gran visir y del 
gran mafti no tardó en demostrar al mundo que los 
recursos de la Sublime Puerta no se habían agolado, 
ni enflaquecido tanto como podía pensarse su poderío. 
En el inmediato diciembre Uluch-Alí con las galeras 
que había podido salvar , y con las que pudo recoger 
de los puertos del Archipiélago, juntó hasta ochenta 
y siete velas, con las cuales entró en Constantínopla, 

Gerónimo Corte Real, el Canto Guerra y Batalla, por Ambrosio 

XXIY. de la Araucana de Ercilla, de Morales, varios Romances so- 

otro poema latino de don Antonio bre la Liga y la Batalla, y otras 

Agustín, otro de don Pedro Man^- muchas obras en prosa y verso; y 

rique, la Historia poética de Juan sobre todo, el celebre canto de 

Puydy una Descripción de la Fernando de Herrera: 

Cantemos al Señor, que en la llanura 
Venció d'el ancho mar al Trace fiero 



Pertenecen á los segundos, el se conservan en España, en Ro- 

famoso cuadro del célebre Tiziano, ma, en H esina, en Venecia y en 

representando la victoria de la U- varias otras ciudades de Italia, 

ga que se halla en el Real Museo de Y todavía se enseñan en la Armc- 

esta corte, la medalla que se acuñó ria Real de esta corte, entre va- 

en memoria del combate, v existe rios objetos de la batalla, el casco 

en el Museo Numismático ae la Bi- de Alí y las armas de don Juan de 

blioteca Nacional, los altares, me- «Austria, 
sas, estatuas, cuadros, etc., que 



526 H18T0EIA DB ESPAÑA. 

con lo cual disimuló algo la intensidad del descalabro. 
El sultán le nombró Kapudan-Bajá, ó gran almirante, 
y mudó su nombre de Uluch en el de Kílich, qoe 
quiere decir la Espada. Dedicáronse á la construcción 
de nuevos buques en los arsenales del imperio, y en 
un invierno se fabricaron ciento cincuenta galeras y 
ocho gabarras. Habiendo hecho, observar el bajá al 
gran visir que era fácil construir bageles , pero que 
no le parecía posible proporcionarse en tan poco tiem- 
po quinientas áncoras y todos los demás útiles y ma- 
terial correspondiente : « Señor Bajá , le contestó el 
»v¡sir Sokolli , el poder y los recursos de la Sublime 
» Puerta son tales, que si fuera menester, les pondría* 
)»mos jarcia de seda y velamen de damasco.)» Kilich 
AIí se dobló hasta la tierra en sen^lde respeto y admi- 
ración. Gomo el bailio de Venecia, que aun permane- 
cía en Constantinopla , se presentara un dia al gran 
visir, <x¿Venis á saber, le preguntó Sokolli, cómo está 
»nuestro ánimo después de la derrota ? Pues sabed 
)»que hay una gran diferencia entro vuestra pérdida y 
)>la nuestra. A vosotros, arrancándoos un reino, os 
» hemos arrancado un brazo; vosotros, destruyendo 
» nuestra flota , nos habéis corlado la barba : el brazo 
»no retoña , y la barba crece mas espesa.» — Y no 
era baladronada del visir , porque en el mes de ju- 
nio (1 57¿) so lanzó al mar á caer sobre Candía la 
nueva armada turca compuesta de mas de doscien-- 
las velas. 



PABTB Ul. LIBBO If. 527 

¿Qaé habían beoho ealretaDio los confederadog? 
—Por el tenor. de los capítulos de la liga, todos los 
años debido de estar sas escuadras ea el fhar en el 
mes de marzo, ó coando mas tarde eo el de abril, con 
un ejército i^ual por lo menos al que habían presen- 
tado en 1574 ;. pero trascorría tiempo, y ni marcha - 
ban de acuerdo ni se movian. El papa Pió Y., á pesar 
de sus muchos años cada vez mas fervoroso en fo- 
mentar y estrechar la liga , cuyos primeros frutos 
habían sido tan lisonjeros^ no cesaba de trabajar por 
que perseveraran en ella y obraran con actividad los 
ya comprometidos, ni de instar nuevamente á los so- 
beranos de Austria, de Francia , de Portugal ^ de Po- 
lonia y de Persia á que entraran en la confederación. 
Pero fueron otra vez inútiles las escitaciones del vir- 
tuoso anciano. A pesar del triunfo de Lepanto, los 
unos le contestaron con evasivas , alguno con prome- 
sas, y los demás con boenas palabras. Retraíalos ó el 
temor del peligro propio, ó el de cooperar al escesivo 
engrandecimiento de la nación española. 

Venecia no dejaba de prepararse á otra lucha: 
nombró á Jacobo Soraozo en reemplazo del malogra- 
do Agustin Barbarigo ; y aun por complacer á don 
Juan de Austria y evitar las antiguas disensiones, ac- 
cedió á dar á Jacobo Foscarini el mando en gefe que 
antes tuvo el irritable Sebastian Yeniero. También por 
parte de España se nombró lugarteniente de don Juan 
al duque deSessa, en sustitución del comendador de 



528 flISTORU PE ESPAÑA^ 

Castilla Requesens, que fué destinado al gobierno de 
Milán por fallecimiento del duque de Atburqoerque. 
Mas luego 'se renovaron to3 anteriores desacuerdos 
sobre el punto á que debería encaminarse la espedi- 
cion, mostrando empeño los venecianos por volver á 
Levante, teniendo los españoles por preferible la jor* 
nada á Berbería , opinando otros por dividir las fuer- 
zas y acometer las dos empresas á un tiempo , y cre- 
yendo el pontífice que se podia ganar á Constanlíno* 
pía y la Tierra Santa (*) . Determinóse al fin lo que 
nunca debió dudarse, que era proseguir lo comenza- 
do, y don Juan de Austria anhelaba la partida, ya por 
su natural ardor bélico, halagado con el triunfo, ya 
porque el pontífice le hubiera prometido interponer 
su mediación para que se le reconociera la soberanía 
del primer reino que conquistara, y los cristianos de 
la Albania y la Morea se le ofrecian por vasallos , in- 
centivo grande para un joven ávido de gloria, y as- 
piración nada estraña en quien sin duda se sentía 
no menos digno que cualquiera otro de ceñir una 
diadema. 

Sucedió en esto la muerte del santo papa Pió V. 
(1 .''de mayo, 1 &7S), el ardiente promovedor y fomen- 
tador de la liga. Y cuando Gregorio XIII <^) que 1q 
sucedió en la silla de San Pedro acosaba á la liga y 



(i) Carta de don Joan de Zú- G. 45. 
DÍga á doD Juan de Austria desde (2) Antes cardenal de San Six- 
Roma. Biblioteca Nacional, Cod. to, ó cardenal Buoncompagno. 



PARTB III. LIBAO íh 529 

eslíniQlaba á don Juan «coa breves de foego^n como 
éste decía, y cuando ios venecianos clamaban á voz 
en grito por que se moviese ^^\ entonces Felipe 11. 
ordenaba á su hermano don Juan de Austria que per- 
maneciese quietó en Mesina» exponiéndole á interpre- 
taciones nada favorables ni honrosas por parte de los 
venecianos, y teniendo que contentarse don Juan con 
dar á los coligados veintidós galeras con cuatro mil 
italianos y mil españoles. ¿Qué era lo que movía á 
Felipe IL á obrar de esta manera, cuando antes había 
mostrado su deseo de que don Juan prosiguiera lo 
mas brevemente posible la comenzada empresa hasta 
sacar todo el fruto que era de esperar de la primera 
victoria? ¿Eran solo las dificultades que se le suscita- 
ban por parte de la Francia con relación á la guerra 
de Flandes? ¿O eran también temores de que su her- • 
mano, remontando demasiado el vuelo, llegara á ob- 
tener alguna de las soberanías con que sus amigos , y 
basta el mismo pontífice parece encendían su juvenil 
ambición? Para nosotros es cierto que Felipe II no que- 
ría pek*m!tir que su hermano don J uan se remontase 
mas arriba de la esfera en que él le había colocado. 
Felipe IL había prevenido á sus ministros en Italia 
que honrasen y sirviesen al señor don Juan, pero que 

(1) Carias de don Juan de »to macho ver que se nos ya el 

Aastria á don Sancho de Leiva y «tiempo este ano en dilaciones 

al cardenal Granvela. — ^Biblioteca »como si estaviesen las cosas co- 

Nacional. Cod, G., 45, fol. 474 y »mo el pasado.»— Archivo de la 

207.— En otra á don Garcia do To- casa de >r illafranca. 
ledo, á 5 de mayo^ le decia: «Sien- 

Tomo xnu 34 



530 HISTORIA DB BSPAAa» 

ño le trataran de Altexa ni de (Palabra ni por escrito: 
qiie el litólo de Eoocelencia era lo mas qoe podian^r* 
le, y les recomendaba no dijesen á nadie qae habían 
recibido orden suya sobre esto. La misma prerencion 
se hizo á lod embajadores de Alemania, de Francia y 
de Inglaterra <*>• Y el que asi se mostraba receloaodel 
dictado de Altexa que daban á -su hermano, es evi- 
dente que bacía lo posible porque no llegara á deco- 
rarse con el de Magestad. 

Al fin el rey, que no podía negarse á las instan- 
cias del íiuevd pontífice y del senado de VeneciSt di- 
sipados por otra parte los temores de Francia, dio or- 
den á dbn Juan para qoe partiese de Mesina á incor- 
porarse en Corfú con la armada veneciana que ya an- 
daba por tos tnares de Levante. Mas ya en esto era 
llegado el mes de julio ^^^ , y hemos visto atrás como 
los tiircos se hablan anticipado. A fines de jotio leva- 
ron anclas de Corfú las escuadras de la liga, y hasta 
agosto no acabaron de reunirse las fuerzas dispersas 
de los confederados. El 7 se avistAron las dos arma- 
das enemigas. Constaba la del turco de doscientas 
galeras, con las de los oorsaríos: la de la liga no lle- 
gaba á ciento cincuenta, bien que las galeazas le 



(I) Carta del secretario Zayas español Gil do Andrade. Don Joaa 

al dttqae de Alba.— Archivo de se separó de elloe ed el Faro, di- 

Simaocas, Estado, leg. 546. • rígiéodose á Palermo, y loe olroé 

(9) El 6 de Julio arrancó don prosiguieroii su viage, eDtrbolan*» 

Josa de Mesifia, con Marco Áoio- do Colottoa el estaadarle de la 

nio Golonna, el proveedor veie- Lig«. 
ciaao Lorenzo y el comendador 



PARTB IIK UBRO U. 534 

daban ana fuerza que equivalía á la de muchas naves 
torees. No nos incumbe seguir los movimientos y ma- 
niobras de ambas armadas en los dos meses de agos-^ 
toa octubre* DIucbAlf, siempre mañoso, y amaes^ 
trado ya mas por la esperíeneia , tomó por sistema 
rehuir nn combate general , dividir» si podia^ las 
foereas enemigas» y cuando nó retirarse , bien que 
siempre á boga pausada» ó esperar inmóvil cuando la 
posición le favorecía. Dos veces se encontraron las 
dos armadas, delante de Cerigo y cerca del cabo Ma- 
tapan» »n combate que diera resultado. Los turcos se 
retiraron lentamente sobre Modon y Navarino. Los 
aliados intentaron estorbar la reunión de las escuadras 
otomanas» que se verificó sin embargo. Loa sitios y 
ataques que se emprendieron, primero sobre Modon, 
después sobre Navarino^ se abandonaron también co* 
mo empresas ó dificiles ó poco provechosas. El 7 de 
octubre» aniversario de la célebre victoria de Lepante» 
creyeron todos, y creyó el mismo don Joan que se iba 
á renovar una batalla y un triunfo igual ó superior á 
aquél. Pero una hábil retirada de Eilich Bajá eludió 
el combate» y solo quedó en poder de los crísUanos 
la galera de un nieto de Barbaroja que apresó 
don Alvaro de Bazan» y que por ser tan hermosa fué 
llevada á Nápoies, y sirvió en la armada española con 
el nombre de la Presa ^*K 



(4) Foclietta, lib. IV.— Sa^re^ bro IV.— Parutta, iom. \\h 
do, p. 405 á 409.— Gratiani, li- 



53¿ UlSTOmiA IIK eSFAÑA 

Proponía doD Jaan: forzar el* puerto deModon, en 
que se encerraba la armada turca, única manera á aa 
juicio de poder sacar de eata abunda espedicion el 
fruto que se iba bascando* Pero el consejo desapro-* 
baba esta idea; y- disgustado y cansado don Juan de 
ver el poco acuerdo que reinaba entre los genendes 
déla liga, y oarn vencido de que cada oual obraba 
por sus particulares designios y fines , atado ademas 
por el rey su hermane y sujeto al voto de. loa otros 
capitanes y ao pudiendo obrar por su cuenta, deter- 
minó dar la vuelta á Italia (O de octubre), y suspen- 
der las hostilidades hasta el año siguiente. En su vir- 
tud los venecianos pasaron á inveraar á Corfú , la 
flota .del pontífice á Roma, y don Juan volvió con su 
escuadra á Mesiaa, y desde alli á Ñapóles. Tal fué la 
infructuosa espedicion de 1 572i emprendida con in- 
disculpable retraso, continuada con lentitud y malo- 
grada por las disidencias y desacuerdos. Nadie hu- 
biera creido en ecttibre de 4 574 que los vencedo- 
res de Lepante habian de regresar asi en octubre 
de 4 672 í*l 

(i) 'Dio don luán de Aodtria beptad deJ cautivo. Don Joan no 

una prueba de su maguánimo co- había olvidado el boeo trato qa» 

razón y nobles sentimientos, res- los caulivos cristianos habian re- 

Ütuyendo generosamente la líber- cibído de Alí Bajá, coya muerte 

tad al hijo de Ali Bajá que los alia- sintió, y ouíso excederle en gene- 

dosiiabian hecho prisionero, dan- rosídad. Tales rasfsos atraían á 

dolé seguro para que fuese respe- don Juan de Austria el respeto y 

tado en todas partes, y devolvien- estimación bastado sus ausmos 

do á su hermana FátinMt on mag- enemigos. 
nlBoo y suntuoso presente que «Noble y virtuosa señora (decía 

había enviado al principe eapanol • don Juan en su carta de contesta- 

con una carta, suplicándole la lí- »cion áFátima). Deode la primera 



FABTB III. UBÜO 11. S33 

Resueltos estaban sin embargo Felipe II. » don 
Juao de Austria y el poutifice Gregorio á repetir la 
espedicioo* en 1573 con arregla á- k> estipulado en la 
^e^f y aun » babia acordada aameolar las galeras 
basta el número de trescientas y los combatientes 
basta el de sesenta mil , cuando 11^6 á su noticia* 
qfue Venecia andaba negociando la paz con el turcx>. 
En efecto, aquella república mercantil, en cuyo pro<> 
vecbo hablan obrado basta* entonces sus generosos 
aliados, calculó, no diremos ahora s> con error ó 
acierto, sobre sus intereses, creyó hallar ventajas en 

>bora que fueron trayJosá mi ga- «bio al presente en su libertad á 

»lera Hahamet Bey ▼ Mahamut «Mahanrat Bey yátodoa los otros 

»Bey sus hermanos, aespues de » captivos quo me ba pedido, como 

«haber vencido la batalla que di » también embiara al defunctosi 

>al armada del Turco, coooseien- » fuera vivo*, y teoga. Señora, por 

»do su nobleza do ánimo y bue- «cierto, que roe ha sido desgusto 

»Das cüMtumbrea , considerando» «particular no poderla satisfacer 

»la miseria de la flaqueza hu- »y conteólar en parte de loque 

»mana, y qua» subjieto es á*mu- «deseaba, porque tengo en mucha 

«danza el estado de ios hombres, «estima la fama de su virtuosa 

«añadiendo- el ver que aquellos «nobleza. El presente que me em- 

«nobles mancebos veoian mas en «bió dexé de rescibir, y lo huvo el ^ 

i»el armada por regalo y com- «mismo Mabamut Bey, no por no 

«pañía de su padre, que para «preciarle como cosa venida de su 

«ofendernos; puse en mi ánimo, »mano. sino porque la grandeza 

)»no solamente de mandar que fue- «de mis antecesores no acostum- 

i»sen tratados como hombres no- «bra rescibir dones de los necesi- 

•bles, pero de darles libertad, «tados de favor, sino darlos y ha- 

'Cuando me paresciese ser la oca- «cerlés gracias; y por tal, rescibi- 

«sion y tiempa para. ello. Acr^s- «rá de mi mano á su hermano, y 

«contóse esta intención enresci* «¿ los que con él embio*. siendo 

«hiendo su carta tan llena, de «cierta que si en otra batalla se 

«aflicción, y aflicción fraterna, y «Solviese á captiv^r, óotro de sus 

vcon tanta demonstracion de de- «deudos, con la misma liberalidad 

«sear la libertad de sus hermanos: «se les dará libertad y se les pro- 

•f qaando pensó podec imbiarse- wcurará todo gusto y contenta- 

«108 ambos, con grandísimo des- vmiento. De Ñapóles, á 15dema- 

«oootentamieoto mió Hej^ó á Ma- «yo, de 4573^— A su servicio, don 

vbamet Bey el último fin de los ^juan*))" 
•trabajos^ que es la^ muerte. Bmr 



534 HISTORIA DE ESPAÜA. 

la paz, y no tuvo escrúpulo» como no le había te- 
nido otras veóes^ ett faltar á sus mas solenmea oooh 
promisos. Contribuyó mocho á facífitar la negocia- 
ción el embajador fraticés en Gotístantinopla , Noai- 
lies, obispo de Aix, por segunda vez encargado de 
representar los iüteréses de so monarca cerca del 
' sultán. El 7 de marto (1 573) se ajoitó la paz entre 
la Puerta y la república, con condiciones tan desven- 
tajosas y humillantes para esta , qne adeinas de los 
300.000 ducados que porespacio.de tres anos se 
obligaba á pagar al Gran Señor, venia á dejarle y 
asegurarle sus conquistas. A juzgar por este tratado, 
se habria créido que los turcos habian ganado la ba- 
talla de Lepanto ^*K 

Felipe II. recibió la noticia con su acostumbrada 
é imperturbable serenidad , diciendo qne si la re- 
pública obraba asi por so interés, él había obrado 
en bien de la cristiandad y de la misma república. 
No lo creia don Juan de Austria cuando se lo anun- 
ciaron : su noble corazón se resistía á admitir como 
verosímil semejante proceder. Pero tuvo que creerlo 
cuando se lo comunicaron por escrito los mismos ve- 
necianos. Entonces quitó de su galera real el estan- 
darte de la liga, y enarboló en su lugar el pabellón 
español. 

(4) Relación del baiiio de ia blioteca imperial y real, cilada 
república Marco Aatonio Bárbaro, por Uaminer en la uistoria del bu* 
Manuscritos de Rangox^i, en la B¡- perio otomano. 



Pesbecba asi la Liga cqq taa poc¡a herirá p^ra $u$ 
quebraotadores, ¿qué se bacia » y ea qué se epipleaba 
bt.9S(9i9dra Qsppñola? £r|i palural que se pausara ea 
dflsliiuirla á la espedicion de Barbería, proyectada ya 
un, ano 9QA^3« «Que serí$i poca autoridad ^ (decia doQ 
DJufuo de Austria al cardenal Graovela) á las cosas 
^de S« U. baber jiiulado usa armada tan gruesa 
Mw tapitos gasil09> y desbacerla sin sacar ningún 
^frjtilo dello<> tanto mas babiéndoo^e S. M. waodado 
pesorihir diversas vece^.y mostrado partícula^r vo* 
Juntad y deseo de que se baga la empresa de 
)»Tunez y Biserta.» Y asi se determinó, después de 
proveer lo necesario á La defensa de las costas de Si* 

cíiia y de Ñapóles, que por entonces parecian asegu* 

• 

radas según las noticias que se tenían de la armada 
tarca. Si se difirió basta setiembre la espedicion» fué 
sin duda porque nuestra escuadra se encontraba^ como 
escribia don Juan , mn m solo real, y con muchos 
Ptentenares de millares de ducados de deuda ^*Kp, Al 
fin^ con los escasos recursos que pudieron baberse, 
quedando Juan Andrea Doria con cuarenta y ocho 
galeras en Sicilia» y tan pronto como el temporal lo 
permitió, dejó don Juan las costas de Italia (4 ."^ de 
octubre), y enderezó el rumbo á la Goleta con ciento 
cuatro galeras, bástanle número de fragatas y naves, 



(4) Carta de don Juan de Aus- y en el tomo III. de la Coleccioa 
tria al cardenal Granveta, en el deDocumentosínéditosi p. 126. 
Archivo de la casa de Yillafranoa, 



536 msTOiuA db bspaKa. 

y veinte mil hombres de guerra, sin contar ios aven- 
tureros y entretenidos. 

Luego que arribó á la Goleta» sacó de alU dos 
mil quinientos veteranos españoles, cque hacían tem* 
blar la tierra con sus mosquetes,)» dice un .historia- 
dor, y poniendo en ^u lugar otros tantos bisoñes, se 
encaminó á Túnez. No había necesitado don Juan de 
tanto aparato, porque halló abiertas las puertas de 1^ 
ciudad, y el alcaide dé la Alcazaba, que dijo la tenia 
á nombre de Muley Hamet, le hizo entrega de ella. 
Halló don Juan en Túnez cuarenta y cuatro buenas 
piezas de artillería, con gran cantidad de municiones 
y de vituallas. No permitió que se hiciera escla* 
vos á los habitantes; por el contrario, ofreciendo 
seguro , no solo á los que habían quedado en la 
ciudad, sino á los que habían huido de ella, mu- 
chos volvieron á darle obediencia en nombre del rey 
de España. Determinó don Juan se construyera un 
fuerte capaz de contener ocho mil hombres junto al 
Estanque, que protegiera á la Goleta, cuya obra enco- 
mendó al entendido Gabrio Cervelloni , con título de 
gobernador y capitán general. Dejó de guarnición los 
ocho mil hombres, entre españoles é italianos, á cargo 
del maestre de campo Andrés de Salázar^ y la isla al 
de don Pedro Zanoguera. Sí es cierto que los secre- 
tarios Soto y Escobedo opinaban que don Juan podía 
y aun debía alzarse por rey de Túnez, lo es también 
que .él se contentó con arrancarle á la tiranía de 



PAETB lU. LlOaO II. 537 

Uluch Alf, poniendo en sa logar á Mnley Hamel, á 
qnien encargó gobernara los moros en paz y justicia» 

Para asegurar mas á Túnez, pasó á ocupar á Bi- 
serta, que se le entregó de su voluntad. Los turcos 
que la presidiaban fueron muertos por los miamos 
moros, y el general español puso por gobernador al 
mismo caudillo de estos, bien que con la- precaución 
de dejar en el castillo á don Francisco Dávila con 
trescientos soldados. Volvióse con ésto á la Golosa 
(17 de octubre), donde cometió el ercor, estraño en el 
talento de don Juan (que de haber sido error veré- 
mos la prueba mas adelante), de dejar en el gobierno 
de aquella importante fortaleza á don Pedro Por tocar- 
rero. Logrado tan rápidamente y en tan breves dias 
el objeto de su espedicion, reembarcóse el joven prín- 
cipe para Italia (24 de octubre), llegó á Palermo y 
de alii pasó á invernar á Ñapóles, «donde la gentileza 
de la tierra y de las damas, dice un historiador es- 
paSpI, agradaba á su edad (*) «i» 

Tales fueron los resultados de la famosa Liga 
de 4 570 contra el turco, solicitada por Yenecia y rota 

(4) Cabrera, Hist. de Felipe U. gándose ¿ satisfacer el tributo es- 
libro X., c. 41. — Relazione di Tu- tipulado, vino ahora á implorar de 
uis e Biaerte, MS. de Rangoni. don Juan su restablecimiento en 

Trajo consigo don Juan de Aus- la soberanía de Túnez, uero 'sus 
tria á Muley Hamid, el bijo de súplicas fueron tan inútiles como 
aquel Muley Hazem, á quien Car- merecian serlo. Don Juan dio el 
los V. babia restablecido en el tro* vireinato á su bermano Mulev lla- 
no de Túnez. El malvado Hamid, met, y á él le trajo consigo á Ita- 
que babia becho sacar los ojos á lia, para que no perturbara ¿ su 
su padre^ y pagado con ingratitud hermano, 
los servicios del emperador, ne- 



538 HISTORIA DB ESPAÑA» 

por aquella república. Tales los de la memorable ba- 
talla naval de Lepanlo^ ian gloriosa para los col¡ga« 
dos, y aeñaladameate para don Juaa de Austria. El 
froto que de ella.66 reoogid no f«é oí -el que se debió 
ni el que se pudo. Las causas ya las hemos manifesta- 
do. Sin embargo, estamos lejos de creer que hubieran 
podido los aliados ir derechos á Coostantinopla, como 
entonces deseaba el ponlífice y después han creído 
algunos historiadores. Otro tanto distamos de ios que 
afirman que la victoria fué enteramente infructuosa. 
Lo cierto es que el historiador del. imperio otomano, 
algunas veces citado por nosotros, después del capí- 
tulo que dedica á la guerra de Chipre, á la liga y á la 
batalla , comienza el siguiente con este epígrafe: 
üEpoca de la decadencia del foder otomano. 1^ 



APÉHDIGBS. 



I. 



GOPU DE UNA CARTA ORIGINAL DBL SECRETARIO ESTEVAN PrATS, 
SOBRE LOS MEDIOS DE QUE S. M. 0BBEEU VALERSE PARA ATA- 
JAR LA REBELIÓN DB LOS PaISBS BaJOS. 

(Archivo general de SimanoRs, Estado» leg. 549, foL 404.) 

s. c. R, m; 



Gofflo quizá por oirás mis cartas v relaciones que de cuatro 
meses á esta parte entre otras he embiado, asi al Consejero Ho* 
peras como al Secretario Zayas, Y. M. habrá podido entender 
por menudo las ocurreacias y miserable estado de los negocios 
públicos de este su pobre pais, el cual va cada dia en mayor 
ruina y perdición por las causas y razones por mi esteosamente 
deducidas en las dichas relaciones, á las cuales me refiero por 
haber tocado en ellas á mi parecer todo lo c|ue entonces se ofrecía 
y podía representar á Y. M., asi para la loteligeacía del dicho 
estado como para el remedio de la calamidad presente : Todabit 
por la natural obligación crae tengo á su Real Servicio , y por 
cottünuarenmí oficio que he hecho desde mi mocedad, seUalaaa* 
mentó de lo de acá y Alemania, siguiendo la corte y ejércitos del 
Emperador nuestro Señor que Santa gloria haya, siendo aun Y. H* 
Piincipe, y habiendo quedado por GoberoiMlor general en esos 



540 " H13T0ILU DB ESPAÑA. 

SUS reynos, y eslo por la relación que siempre le hizo de mis 
cartas el Secrelario uonzalo Pérez (qae Dios perdone), so hami-t 
lísima corrección de V. M. diré aquí, que ningún olro remedio 
veo ni se juzga haber para atajar la rebelión , reiHiellas ó incen- 
dio de este su pobre pais, sino sola ia Real Clemencia de Y. M., 
usando de ella como Príncipe Glementisimo con todo el pueblo 
generalmente, asi por las ofensas y revueltas de los aQos pasados, 
como por la última rebelión, ó por mejor decir insania de este 
afio, esceptuando empero de la gracia de V. M., como se hizo 
en el perdón de Ñapóles y Gante, todos los autores y principales 
promotores de las aichas revueltas y rebeliones, v con clausula 
espresa oue de aqui adelante todos vivan católicamente y en 
ronformíJad de los placartes y ordenanzas de Y. M . También 
hay algunos cavalleros qne firmaron la requesta do los confede- 
rados, los cuales se retiraron luep de su compañía , protestando no 
haberla firmado en perjuicio ni ofensa de la Religión Católica ni 
de Y. 11., y se han estado hasta hojr quietamente en Lieja y otras 
partes católicas fuera de la jurisdicción de Y. M. por obediencia, 

Í^ han sufrido y sufren con mucha paciencia gran pobreza y ca- 
amidad con sus mugeres é hijos, teniendo esperanza que un día 
Y. M. por su inmensa clemencia les ha de perdonar; i estos tales 
por ser personas de cualidad, respeto y servicio, no habiendo to- 
mado jamas las armas ni adherido á los reveldes , siendo de ello 
Y. M. servido, se podria impartir la dicha gracia con mandarlos 
restituir las haciendas, y lo mismo á la generalidad desterrada, 
asegurándome yo que la mayor parte de ellos se quietarían y se- 
rian adelante muy buenos y leales vasallos como lo eran antes; y 
en lo oue toca á ia religión, si no se conformasen con los placartes, 
se podrían mandar castigar ri^rosamente conforme á ellos; y 
cnanto é la restitución de las haciendas en geperal, es cierto que 
las mas de ellas están cargadas ó deben lo que valen ó poco me- 
nos, y hay un mundo de acreedores y sobre olios los cuales han 
padescidoypadescen, aguardando ser despachados, y con todo 
esto lo que agora el fisco goza y se aprovecha es poco ó nada, des- 
contados los salarios y otras costas que se hacen con los recibi- 
dores. 

Pensar que por otra via se podré llegar al cabo de qnietar y 
sosegar este pueblo, principalmente los rebeldes y levantados en 
tan gran numero y poder por mar y por tierra en deservicio de 
Dios y Y. M. y ruina del pais, no se ha de creer ni Y. M. se lo 
deje persuadir, asi por la mala vecindad que hay de todas oartes 
como por la multitud . de navios armados que tienen les aicbos 
lebeldes^ con toda la artillería, municiones, pilólos y marineros 



APáifmcBá. 641 

de la mar, los cuales faltan paralas armadas de V. M. aefiatada- 
menle para la navegacioD de estos bancos y riveras. 

Y aunque se cooren todos los lugares que al presente ellos 
tienen ocupados, como lo espero en breve, medíanle el ayuda de 
Dios, 00 por eso será acabado el negocio, ni estaremos acá en paz, 
mas siempre quedaremos en sospecna, y de becho seremos eonti- 
ñuamenle trabajados y robados por mar v ¡por tierra, mientras vi- 
vieren los desesperados y revelaos, quedando ellos siempre seño- 
res y su|)eriores en fuerzas por la mar, como lo son hoy , y por 
tierras no les faltarán medios y fabores de vellacos vecinos que 
los ayudarán como basta agora para robarnos el país; otramente 
V. M. será forzado á mantener muy grandes armadas por la mar y 
un grueso ejército por tierra> el cual será necesario tener repartido 
por las fronteras y donde hay bosques , para impedir que no en- 
tren los enemÍKos y evitar los daños y males que hacen aun hoy 
una inGhidad de Siccarios y Vellacos que andan por todo el pais, 
sin haber quien les persiga como combiene y se soüa hacer por 
lo pasado en todas estas provincias. 

Por otra parte á causa de la guerra civil no se cobra hoy acá 
ni por V. M. ni por particular alguno tributo, gabela, censo ni 
renta, y asi no se pueden pagar los salarios á los oficiales, y los 
unos y los otroa en general mueren de hambre; y es aparente, 
faltándola Real Clemencia de V. H., y no usando de ella como di- 
cho es, la (ierra se despoblará sin falta y V. M. será forzado á pro- 
veer de dinero de los otros sus rey nos y señoríos, no solamente para 
la paga de los salarios de los dichos oficiales, pero también para 
el entretenimiento déla armada y ejército aue necesaria y per* 
petuamente han de quedar parala guarda y defensa del pais , el 
cual hasta agora ha seido comido enteramente por la gente ordi- 
naria, de guerra, allende do los robos, contribucioues, agravios, 
concusiones, estorsiones, violencias, rapios, y otras maldades y 
vellaquerias que han hecho en todas partes, las cuales han dado 

frincipal ocasión, y no la heregia,como algunos lo quieren atribuir, 
qae á pueblo en general y particular haya venido en desespe- 
ración. 

En los tiempos pasados la gente de guerra solia estar reparti- 
da y alojada en las fronteras, y nunca S. M Cesárea, que está 
en gloria, ni tampoco la Reyna de Ungria, el Duque de Saboya, 
ni la Duquesa de Parma la quisieron alojar dentro del Pais, por 
no gastane, ni querer que por razón le los alojamientos se escu- 
sasen los estados de pagar los servicios ni ayudas ni se perturba- 
se la negociación y trato en que consistía la bondad de ellos. Y 
estando asi alojada la gente de guerra en las fronteras, pagando 



S42 HISTORIA I>B ESTAÑA. 

lo qoe comiesen y vistiesen, guardarían la entrada á los enemigos, 
los caaies otramente podrán entraren el paísy hacer otro lanío co- 
mo las otras veces. Empero seria necesario* para evitar todasocasio- 
nes de hacer mal ni agravio i nadie, qae se proveyese de ordina- 
rio para la paga del sueldo de la dicha gente de guerra * á lo me* - 
ncurde tres en tres meses, sin qne en ello hubiere falla alffuoai 

¡de esta suerte se podrían castigar los malhechores y desordena^ 
os* lo cual hasta agora no se ha podido hacer ni se nará mientras 
se les debieren tantas pagas. 

Estas, muy fácil y seguramente se pudieran sacar de los de 
Malinas por la pena de la ofensa ü), sino se saqueara y arruinara 
por los soldados, como se ha hecno tres ó cuatro días arreo* al 
contrario de Italia y en tierras de enemigos que nunca se saquea- 
ron mas de veinte y cuatro horas* y acá no se ha tenido mira- 
miento ni respeto á eclesiásticos, seculares ni religiosQs, ^ni á los 
del gran Consejo, Casa Real. Consistorio, grefia ni Secretarias 
de S. M., y menos á la casa del Cardenal de Granvela* ni de sus 
ministros y oBciales* sola la casa de la condesa deHochatralte fué 
reservada; en Gn* ello pasó igualmente como si fueran todos bár- 
baros, y cpie la villa* ó por mejor decir Chidad Hetfcgpelitaiia del 
pais, fuera del Turco; tan limpia y asolada la han dejado* que á 
manera de decir, y no mentiría, no han dejado clavo eft pared* y 
robado todas las aldeas y ganado hasta casi las pueriiB de este lo» 
gar , como si fuera hacienda de los de Malinas, y so tal titulo y 
color corrían la campafia, y se lo llevaban lodo al eampo por otra 

(arte á vender sin contradicción ni impedimento alguno * y aun 
oy dia dora el saco y rebusca que se hace por algunos Comisa- 
rí(^; y á provecho particular de las granjas y Caserías, que no se 
deja nada á la pobre gente one las teniaujalquiladas de ios Malí- 
neses; y lo que peor fué oe todo, los tormentos qoe dieron en 
Malinas á muy muchas pobres mugeres casadas^ moxos y mozas, 
para sacar por aquella vía el dinero, oro y plata aue se habia es- 
condido, hasta acabarlos de matar* y sobre «lo hicieron los 
soldados otras cient mil cmddades y vcliaqoerias, qoe por acá-* 
tamiento de Y. M. no se sufren escribir aquí, mas podíanlo tesli* 
guar meior los que lo vieron , y una inGnidad de mugeres casadas 

Í doncellas que no se pudieron salvar de sus manos, cuyos mari-^ 
os y padres con uva multitud de otra buena gente que noriniedé 
se han absentado, y lo mismo de Terramonde, y antes ae la villa 

(4 ) Al margen de este párrafo, quedó en Malinas; las mugerespor 
dice: la mayor parte van mendigandfo.» 

«Muy pocos hombres ó ninguno 



APÉNDICES. 543 

de Mon8« y no menos nómero te haltri agora relirado de ZnlpheR 
y de los oíros lagares qne se ban cobrado en Gñeldres , y se ab- 
sentarán machos mas de los qne se cobrarán en Holanda» placiendo 
á Dios, poes nos da tan baen tiempo para ello, los cnales andarán 
desesperados, y se jantarán con los otros reveldes y vagabnndos, 
y procurarán jontamente por todas las vías qae podrán mienlras 
yjvieBen de repatriar y mver á sos casas, y psra ello se ayoda- 
rán de todas las ocasiones y amistades qne se les ofreciese, coando 
Tieren que Y. M. no los qaiere perdonar ni asar con ellos de sn 
real clemencia, como dicho es. 

f ara lo cnal so ha de considerar qne en Malinas , Hons> Ter- 
ramonde y en los otros lugares habia mny nmcbos, digo inGnitos 
Católicos y buenos Cristianos, y una infinidad de gente eclesiás-* 
tica, religiosos y beguinas, y los hay también en Holanda y Ze- 
landa, los coales por la mayor parte de pnsilaoimes han desam* 
parado y desamparan sos casas , y no osarán totver á ellas de 
miedo, y lo mismo ha seido en las revueltas pasadas, y á causa 
de las modernas, si se procediere en ellas como en las otras, y 
sej^ se haya comeniado muy mucho mas ^ente se absentará , y 
al último faltando la negociación y comercio, ccmo ya falta, el 
pais se despoblará poco á poco , no solamente de los natnrales, 
que algo podrán, pero ningún estran^ero qnedará en él , como (o 
Temos ya olaramenle por la esperiencia. 

Los males y dafios que han hecho los enemigos cuando' vino 
el malvado de Oranges con su geaie para socorrer á Hoos, y des* 
poes á la vuelta, no se paeden creer; tantos y tan execrables f ser- 
rón ; y al último se llevaron mas de tres mil carros caraados de 
los robos sih que nadie lo impidiese ^ empero no fué nada al res^ 
i^lo de las insolencias, sacrilegios, latrocinios y nuddadss qoe 
han hecho los c&valleros del duque AdolC de Hoistain, y condado 
de Xamburg, no solamente á la pobre ^nte, mas aun han tratado 
peor á los eclesiástisos é iglesias, no dejando cosa entera en ellas» 
y despojándolas enteramente de todas cosas, y abosando bestial- 
mente del Santísimo Sacramento del altar, de las fuentes del Bau« 
tismo y otros ministerios , y á la fin sin haber servido ni un solo 
dia se han llevado un tesoro de su sueldo, y un mundo de carros 
cargados V ganado robado, y se ha tenido todo por bien con solo 
haberlos aespedido y sacado del pais; tan diabóhcos y mala gente 
era. Como quiera que la que qoeda no es santa, ni deja de hacer 
todo el mal qoe oucde según la perversa costumbre de los Rey- 
tres; quien sep uciiese escusar de ellos y aun de la infantería Tu- 
desca baria muy aceradamente , porque los unos y los otros «son 
mny costosos, mas qoe todas las naciones, y sirben de muy poco 



S4i niSTOEU DB BSPAÑA. 

Ó nada, como lo he visio en todas las jornadas de mí tiempo, des- 
pejan el país del dinero sin gastar en él una tarja, allende de lo 
que s^ llevan robado, según su mala costumbre ; y Y. M. tiene 
en estos sus estados mucha y muy buena gente de guerra de sus 
propios vasallos Walones, asi de á cavallo como infantería, la 
cual en todo tiempo , señaladamente en esta jornada, se ha seiia- 
lado y combatido yaienlísimamente, como V. M. lo puede haber 
entendido en particular. Otrosí, considerado que ninguno se fia 
mas en lo que se les dice y promete por no guardirsefes la pala* 
bra, según ellos dicen, y entre otros los de Olesinghes, los cuales 
quizá se habrian ya rendido , ó se rendirían otramente: todabía 
se podría remediar lo uno y lo otro con la real persona de Y. M., 
si los negocios públicos de la Cristiandad y de los otros sus rey- 
nos y estados diesen lugar á ello por al^un tiempo , ó con man- 
darse resolver brevemente sobre el gobierno se juzga que se do- 
dría esperar presto algún buen remedio en todo, por ser esto oie- 
seado de todos en general, mayormente si se alzase ya la mano 
del rigor ^ habiendo seido hasta agora grande, por haberse jusU-- 
ciado en cinco años y tres meses pasadas de tres mil personas , y 
desterradas por sentencia otras nuenoe ó dies mil personas. Todo 
lo cual , por el gran celo y obligación que tengo al real servicio 
de Y. M., me he atrevido á se lo representar por esta , suplicán- 
dole muy humildemente sea servido de atribuirlo á mi sana in- 
tención, y lo mande tomari buena parte , haciéndome merced de 
mandarme perdonar si en algo me hubiese descuidado, alargado ó 
pasado los limites y términos de mi profesión. Nuestro Sefior la 
Real persona de Y. M. guarde por muchos afios, y en mayores 
reynos é imperio prospere y acreciente con la felicidad aue sus 
humildes criados y vasallos deseamos, y toda la cristianaad ha 
menester. De Bruselas , último de Noviembre de mil quinientos 
setenta y dos.— S. G. R. M.-*Besa los Reales pies y manos de 
Y. M. su muy humilde criado y vasallo. — Prats. 

Postdata. Ya aquí junto un librillo nuevamente impreso en 
Amberes con licencia, por el cual se ve un singular ej[emplo de 
clemencia del Emperador Thodosio , que me ha parecido digno 
que Y. M. le manae visitar para el caso presente. . 



Decreto de mano de Felipe II mandando contestar á la carta en qaesuhemmo 
RJuan de Austria le noticiaba la celebre batalla de Lepauto 

[Avch. de Simancas, Estí! lef 1134. j 




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II. 



ScOUNDOd ADWiTtMIBNTOS SOBtB COSAS DB FlANIAS, DAIKMI POR 

DON Franges dk Álava (1). 

(Archivo de Simancas, Estado, leg. 549, fol. 4S6.) 

Por obedecer y hacer lo qoe Y. M. me manda en lo de los 
advertimientos, con la humildad debida y la puridad y since- 
ridad con que se debe hablar en materia que tanto importa al ser- 
vicio de Dios y Y. M., diré lo que en ella siento ; habiéndome de 
alargar harto mas de lo que yo lo hiciera, paresciéndome atrevi- 
miento si Y. M. no me lo mandara. Las cosas de los Paises Bajos 
están algo mas apretadas j trabajadas de lo que en la relación que 
ayer embié á Zayas lo significo, y si yo no me engaño mucho, 
débenlo estar la hora de ahora mucho mas, si han entendido en 
ellos como se dilata y difiere la pasada del Duque de Medina, 
tan deseada del Duque de Al va y de los dichos estados, entre 
otras cosas, porque con la llegada del de Medina acabarán en- 
trambos de salir con el deceno , ó desengafiarse del ; de manera 
aue vinieran á abrazarse con otros espedientes que aquellos esta- 
dos ofrescen para servir á Y. M. con dinero, de suerte que la 
gente de guerra fuese pagada de lo mucho que se les debe ^ con 
alguna orden razonable para lo venidero; el pueblo aliviado de la 
molestia y daño grande que les viene de mantener la gente de 
guerra en tanto tiempo sin que les den un ducado , y repararse y 
proveerse con la brevedad que requieren los presidios, y poner 
en Amberes una pella de dinero que la viesen los enemigos de 
Dios y de Y. M. que están desvelados en desear, solicitar y pro- 
curar por todas vías el incombeniente é impedimento de aquel 
santo establecimiento, que asi lo puede nombrar Y. M. La noble- 
za y pueblo, que estremamente tiene deseado al duque de Medina 
por enviársele Y. M. y por las buenas cualidades que concurren 
en su persona , y por el aborrecimiento grande que tienen del 
Duque de Aha por el yvgo que en servicio de Dios y de V, M. 

(4) Los primeros están en el Prats: de los segundos tomamos 
mismo sentido que los de Esteban los párrafos que aqoi se insertan. 

Tomo xiii. 35 



I 



546 HISTORIA Í>E BSPASa. 

les ha puesto con tanta severidad^ se alegrará y contentará ma- 
cho ; los mercaderes que con sas haciendas se han ido á otras 
provincias desdefiados del deceno, volvieran y asentaran y pa- 
siérase el tráfico en su pneslo, que cierto va demasiadamente en- 
flaqueciendo. 

Ya aue esto no puede ser, acuerdo á V. M. otra vez que el 
^u^ue de Álva tiene muy quebrantada la reputación de Lugar- 
teniente de V, itf ., y como sale de aquellos paises, todo el pueblo 
está en Yaya, Yaya, soplado de particulares como arriba ne di- 
cho , aue tienen el mismo deseo ; y esto y el no tener crédito nin- 
guno ae dinero, ya Y. M. puede considerar de cuánto trabajo é 
incombeniente seria, si de apretar demasiado el deceno, naciese 
alguna desvergüenza en alguna villa de aquellas ; y aunque.no 
dudo en parte en lo que el Duque y Don Fadrique me dijeron, de 
ue nacia todo este incombeniente de los particulares financieros 
e aquella academia vieja, que siempre quisieran que pasase el 
dinero de Y. M. por sus maoos^ y estos dichos financieros queda- 
ban en seco en lo del dinero para lo venidero, con menos autori- 
dad y utilidad que solia: Todavia he apretado la materia con 
personas desapasionadas, y ninguna de ellas no da en esto, y 
todos en que el negocio es dificultoso y peligroso , y ^ue ninauno 
de los particulares de aqudlos países huelga de asistir caíela 
persona del Duque á eíio, aun Noirquermes, que está disculpado 
con la enfermedfad que tiene , muestra bien que cuando eslubiera 
libre de ella, aunque el duque se lo pidiera , buscara desvios de 

hallarse en Bruselas en esta ocasión 

Hacerlo el duque solo sin estos instrumentos y sin calen- 
tar Y. M. á los otros, y, particularmente á Yilius y Tiznach, 
léngolo por dificultoso > ni aun sin ellos tomar ningún otro espe- 
diente (lue satisfaciese á Y. M. Cierto paresce que combendria que 
Y. M. alegrase y diese calor al Duque, mai^dando por escriplo 
nuevamente á los dichos financieros y otras personas que pueden 
ayudar á este servicio de Y. M. que le asistan, y aun si Y. M. 
fuese servida embiar después alguna persona de juicio y plática 
al efecto , llegaria á grao sazón , alebrando aquel pueblo con la 
nueva del nacimiento de S. A., especialmente que el dicho pue- 
blo tiene esta máxima no buena asentada en todas las historias 
de Francia y aquellos paises, que dicen que han sido siempre 
enemigos de los Señores y querido y adorado los príncipes ; y 
habiéndoselo dado Nuestro Señor tal como se lo pueden pedir 
buenos, quizá podria obrar algo en ellos, y la dicha persona ha- 
bia de ser buen algebrista que concertase Ta división que hay en- 
tre todos los particulares 



APENDICBS. O 47 

Eotre los coosejeros espafioles que allí resideo de V. M. en- 
tiendo que hay macha dedconformiaad; según me dicen no ayuda 
nada al servicio de Y. M., ni aun al descargo de su Real concien- 
cia en el Consejo de los Iroubles que llaman. El Duque Brousvich, 
como V. M. lo debe tener entendido, eslá del todo apartado del 
servicio de Y. M . con la liviandad que suele, y con ella solici- 
tando siempre á franceses para oue se sirban del. El Conde de 
Mansfell, ae quien yo no hé dubdado nunca, quejosísimo de que 
Y. M. no manda que se resuelvan con él, y le declárenla merced 

3ae Y. M. le ha hesho, particularmente descontento del Duque 
e Alba, y sé que su bijo el Conde Charles, que está ahora en 
Francia, ha dicho á una dama con quien él alli pretende casarse 
en gran secreto, que su padre anda justificándose con Y. H. y 
con los principes del imperio del agravio que Y. M. le hace, pa- 
ra después tomar su partido me^or^ y que le desea tomar antes que 
el Duque de Alba salga de aquellos estados; y aunque yo me es- 
pantaría que él hiciese cosa que no devieso, todavía es punto que 
tiene algo que considerar. Diciendo yo al Duque de Alva que si 
hubiese alguna novedad que de dónde pensaba proveerse de rey- 
tres, dijo que acudirían ai dinero de Y. M. cuantos se quisiesen. 
Dije que los de Branzvich estaban muy cerca y. á la mano , y te- 
nían nombre de buenos soldados: Dijome Don Fadrique el asiento 
que se habia tomado con el Arzobispo de Colonia para siempre 
que fuese menester acudir con tres mil Rey tres al servicio de Y . M . 
Con el debido acatamiento Suplico á Y. M. perdone el atrevi- 
miento de estenderme á hablar en las cosas de Inglaterra. El Du- 
que de Alva tiene por cierto que se acomodará aquello. Ya Y. M. 
entiende meior que nadie lo que cumple á la conservación de 
aquellos estaaos de Flandes^ aunque es público y notorio sin po- 
derse disimular, que han tocado en la autoridad y reputación da 
Y. M. y en su hacienda, y paresce que las pláticas que se deben 
haber Iraido con los católicos están atrasadas y desbaratadas; y 
ve claramente la Reyna de Inglaterra^ y aun hoy fuera de aquel 
reyno^ que Y. M. tiene flechado el arco á la dicna Reyna; míen-* 
tras esto asi durare, no solo no menguará la guerra y daño que 
se hace á los Países Bajos y á los otros vasallos de Y. M. por la 
mar, pero aun las pláticas que trae la dicha Reyna con franceses 
y otras naciones irán creciendo, de manera que podrían llegar 
aparar en alguna liga ó trama que diese á Y. M. mas desasosiego; 
aflojando Y. M. el aicho arco en alguna manera, la que menos 
perjudicase á la reputación y nombre de Y. M., podría ser que 
viniese á no estar tan deseosa de abrazarse con franceses como 
ahora lo anda, por el temor que de Y. M. tiene, y los piratas de 



548 HISTORU DB BSPASa» 

kM Países Bajos es cierto qoe cesarían , los cuales hacen harto da- 
ño y podrían con el tiempo venir á hacer algnno mayor 

Tan particnlarmente cuanto mi juicio ha podido alcanzar, he 
avisado a V. M . siempre de las cosas de Francia, y el estado en 
qiie las dejo: tengo por cierto que franceses sospecharán mas que 
yo he de hablar á V. M. y persuadirle en que les haga V. M . 
guerra, que no en advertirle del estado en que están las cosas de 
Flandes, para que las mande concertar y poner en orden; de ma- 
nera que á ellos se les quite la ocasión ae poderlas romper con 
V. M., particularmente toda taparte católica que tiene puesta to- 
da su esperanza (después de Dios] en Y. M., se dará a entender 
300 yo vengo á acoraar á Y. M. lo que les toca y ellos muestran 
esear, que es lodo tomar Y. M. las armas para que ellos las pue- 
dan.tomar en servicio de Dios, y Y. M. contra los heréticos de 
aquel Reyno. Como lo he significado diversas veces á Y. M., no 
hay cosa en el mundo qoe tanto ofenda á franceses como la repu- 
tación y grandeza de Y. M., y dias y noches están labrando en 
ello con su rey, poniéndole todos los miedos y temores que pue- 
den de que crece demasiado la monarquía de Y. M. para indig- 
narle, encareciéndole lo que crece la dicha monarquía de Y. M., 
y por el consiguieute lo que disminuye la suya del dicho Rey en 
reputación y fuerza, y que es menester ir á la mano á la de Y. M. 
y creo bien que esta platica y ruin ánimo habrá crecido después 
que nuestro Sefior fué servido dar á Y. M. aquella tan gloriosa 
victoria contra el Turco; v esto y su liviandad y inquietud natu- 
ral, y tener por.remedio ae la calamidad en que viven y fuego 
que tienen en casa hacer la guerra á Y. M. <, me hace temer que 
abriéndoseles grande ocasión en los Paises Bajos, como en efecto 
se va haciendo si Y. M. no lo manda remediar con tiempo, sin 
mas consideración, en aliándola sin acordarse que dejan ardien- 
do sus casas, no quieran ir á pegar fuego á las agenas; y aunque 
están en la necesidad de dinero que he escrito á Y. M. , todania 
aquel reyno es tan opulento y substancial, que aunque no creo 
que se podría al presente sacar dinero para hacer á Y. M. guerra 
fundada, para un golpe asi impetuoso que ellos tanto desean, y 
en que tanto hablan, por remedio de su mal sacarlo hian sin bo- 
char mas cuenta en los que les podría suceder, y qué sabe hombre 
si el Turco también podria atizarles á ellos , y aun darles dinero 
para el efecto. etc. 



ni. 



ACLARACIÓN DE LA LETRA DEL DECRETO DE FELIPE n. 



Esta carta poedea ter ay los tres y pareceme qae es bien qae 
se escriban luego con este primero las que aqai dice, y á mi her- 
mano será bien escribir luego que procure se armen las mas gale- 
ras de las que se han tomado que se pudiera y que avise lo que 
en ello se hiciere. 

También se escriba á don Juan de ZúQiga que lo que se debe 
encaminar para el verano es que haya muchas galeras y muybue- 
na gente en ellas, que lo de cavalleria y naves si no son algunas 
para vituallas, es cosa de ayre y ocasión para que no se haga na- 
da conforme á lo que scribo su hermano que dice muy bien en 
ello y por si él se hallase en Roma se le puede escribir una pala- 
bra remitiéndose á lo que se escribe á su hermano y dándole las 
gracias de todo. 



■♦♦O-O^OO-C»» 



Tomo xm. 36 



DWI(X DEL TMO XIIL 



PARTE TERCERA. 

BBJlB HOttEBIVA. 

DOMINACIÓN DE LA CASA DE AUSTRIA. 



LIBRO II. 

REINADO DE FEUPE II. 
CAPITULO I. 

Í»JLIV «VINTIIV. 

PAZ DE CATEAÜ-CAMBRESIS. 
4 556.— 1 559. 



Estension de los domiaios de España al advenimiento 
de Felipe 11. al trono de Gastnla.— Bompe de naoTO 
el papa Paulo IV. la guerra contra Felipe II.— Ejér- 
cito francés en auxilio del pontífice.— -El duque de 
Guisa en Italia.— Sitia á Givitclla.— Recházale el 
duque de Alba. — ^Determina Felipe II. hacer la guer- 
ra al francés por la parte de Flandes. — ^^ército es- 
pañol, alemán, inglés y flamenco.— El duque Fili- 
berto do Saboya , general en gofe.— Sitio de San 
Qointin.— Memorable batalla y derrota de írance- 



PAaDIAS. 



5B6 HISTORIA DB BSPaSa. 



PAGINAS. 



ses en San Qaintín.— Ataque y conquista do la pla- 
za por los españolea y aliados: excesos de los ven- 
cedores. — ^Medidas vigorosas de Enrique II. para la 
defensa de su reino. — ^Regresa Felipe li. á Bruse- 
las. — ^Paz entre el pontífice y el rey do España. — 
Vuelve el de Guisa á Francia con el ejército de Ita- 
lia : entusiasmo dol pueblo francés. — ^Toma el de 
Guisa la plaza y puerto de Calais á los ingleses. — 
Apodéranse los franceses de Thionville. — Completa 
derrota del ejército francés en Gravelines. — ^Preli- 
minares de paz.-^Plenipotenciarios franceses, in- 
gloses y españoles. — Conferoncias de Gercamp. — 
Inerte de la reina María de Inglaterra , muger de 
Felipe II. — Sucédele en el trono su hermana Isabel. 
-—Ofrécele su mano Felipe*, contestación de la rei- 
na. — ^Pláticas de paz en Gateau-Cambresis. — Difi- . 
cultad68.^Paz entre Francia é Inglaterra.— Célebre 
tratado de paz entre Francia y España.— Capítu- 
los.— El matrimonio de Felipe II. con Isabel de Ya- 
lois.— Disgusto del pueblo trances.— Muerte de En- 
rique II. de Francia. — Muerte del papa Paulo IV. — 
Vuelve Felipe II. á España Desde 5 ¿ 43. 



CAPITULO II. 



SITUACIÓN INTERIOR DEL REINO. 



4556 * 1560. 



Rentas del estado.— No alcanzan á cubrir los gastos 
ordinarios»— Grandes necesidades del rey: fuertes 
pedidos de dinero: ahogos de la nación. — Arbitrios 
extraordinarios. — ^Ventas de oficios, jurisdicciones é 
hidalguías: empréstitos forzosos. — ^Bfitad de las ren- 
tas eclesiásticas: legitimación de los hijos de los clé- 
rigos: otros arbitrios repugnantes.— Apremios del 
rey; rigor en las exaócioues: inconvenientes.— Qué 
se hacia del dinero de Indias. — Escándalos y que- 
jas de tomarlo el rey.— Remedio que se procuró 
aplicar. — ^Ruina del comercio. — Ideas del rey eo 
materias de jurisdicción. — Célebre consulta del 
Consejo Real sobre excesos del Nuncio. — Vigorosas 
medidas que proponía. — ^Espíritu del pueblo.— Cor- 
tes de 4558.— Peticiones notables.— Valentía de los 



índice. 5S7 

píginas. 



procaradores castellanos.'^Respaestas ambiguas del 
rey. — La heregia luterana en España. — ^Rigores de 
la Inquisición. — Procesados ilustres: el arzobispo 
de Toledo: otros prelados. — Famoso auto de fé en 
Valladolid: el doctor Gazalla: nómina de las victi- 
mas. — Otros autos: en Zaragoza: en Murcia: en 
Sevilla.— Segundo auto de Valladolid. — Asiste el 
rey Felipe II., recien venido á España: dicho céle- 
bre del rey: número y nombres de los quemados. 
—^Terceras nupcias de Felipe U. con Isabel de Va- 
léis. — Solemne y fastuosa entrada de la nueva reina 
en Toledo. — Fiestas, espectáculos. — ^Jura y reco- 
nocimiento del principe Carlos. — Otro auto de fé 
en Toledo. — Cortes en 4560.— Peticiones notables* 
—Establece Felipe II. la corte de España en Madrid. De 4i á 82. 



CAPITULO III. 



ÁFRICA 



LOS GELBES.— ORAN ^EL PEÑÓN DE LA GOMERA. 



i 559-^1564. 



Petición de las Cortes al rey sobre los corsarios mo- 
ros que estragaban las costas de España.— El gran 
maestre de Malta vel virey de Sicilia solicitan los 
ayude á recobrar a Trípoli de Berberia.— Felipe 11. 
les envia una flota.— Salida de la expedición.— Pri- 
meros desastres. — Arriba la armada á los Gribes.— 
Toma del castillo. — Piérdese lastimosamente la ar- 
ipada. — El almirante turco Piaty y el terrible corsa- 
rio Dragut. — Sitian y atacan el fuerte.— Don Alvaro 
y los capitanes españoles son llevados cautivos á 
Constantmopla. — El virey de Argel intenta conquis- 
tar á Oran y Mazalqnivir. — Nueva armada española 
en África. — ^Hace retirar al virey. — Expedición en- 
viada por Felipe ll. á la reconquista ael Peñón do 
la Gomera. — ^Frústrase esta primera empresa^— Se- 

gunda y mas numerosa armada contra el Peñón.— 
on García de Toledo. — El corsario Mustafá. — Re- 
cobran el Peñón los españoles.— Grandes proyectos 
del Turco contra el rey de España Do 85 á 98. 



CAPITULO IV. 

MALTA, 

1S65. 

PAGINAS. 



Memorable sitio de Malta por ta armada y ejéreüe áe 
Turquía. — ^Medidas do aefensa del grao maestre de 
la orden La Yalette. — Atacan los turcos á San Tol- 
mo.— Defensa brillante de los caballeros de la reli- 
gión.— ^Carácter imperturbable y heroico del gran 
maestre. — ^Hechos repetidos de beroismo. — Asaltos, 
resistencia vigorosa -. conflictos : sacrificios subli* 
mes. — Peligro de la isla. — ^Reclama el gran maestre 
el socorro prometido de España.— Contestaciones 
del virey de Sicilia. — ^Dilaciones.— Conducta de Fe- 
lipe II. en este negoi^io.— Causas de la detención 
del socorro de España. — Llega la armada española 
á Malta.— Fuga y derrota do la escuadra y ejército 
otomano. — Inmortalidad que alcanzó el gran maes- 
tre La Valette. — Temores de nueva invasión por 
mayor ejército torco. — Se desvanecen. — ^Muerte de 
Solimán II De 99 á 144. 



CAPITULO V. 



RENTAS DEL ESTADO-- CORTES. 



liOS HVGO!«OTE1».— COIVC^IilO BB TBBNT*. 



1560.— 1566. 



Situacion^ecoDÓmica del reino.— El dinero que venia 
cada año de Indias. — Déficit en las rentas. — Gastos 
de la casa real. — Remedios que proponía el Consejo 
de Hacienda.-^ Venta de vasallos. — Pronunciada 
opinión del reino contra la amortización eclesiásti- 
ca. — Lo que sobre ello se proponía en tadas las 



niDliB* 889* 

PÍ6INA8. 



Cortes.— 4iO que re«p«DdJar eVrrr.'^'JBimmm eeoBó^- 
micos: leyes sontnariM: pragmática de ios tra^sv— 
Cortes de Aragón.— Peiictoa ooDtra los mquisído- 
ros. — ^Felipe II. y lospréteetantes de Francia.— Las- 
timosa situación de a<|ael reino. — Craerras civiles f 
religioMis.— Los hugonotes* — La reina- Catalina: l09 
Guisas: los Borbones: Conde. — ^EltoaMdle> de-Am- 
boíse.— Matanzas horribles.— Auxilios- de Felipe de 
España á los católicos.— Bl edicto de Ambeise»— fin- 
trevista de las reinas de Francia y Bspaft» en Ba- 
yona. — ^Nueva oonTocacion del concuio de Tren- 
to.— Parte principal que en él tuvo Felipe fl.— 6ra-> 
Yes disputas entre Felipe y el papa Pío IV.— Fir-* 
meza de carácter de los emoaiaooFea y obispos e»r 
pañoles. — Número de prelados que asistiero» al con- 
cilio. — ^Decretos sobre dogma, dÍM^iplina y reforma» 
— ^Terminación del concilio.— -Cómo fué- recibido en 
cada nación.— Cédala de Felipe 11. mandándole- 

Suardar j observar.— Lo- que se debió á los reyee 
e España relatiTameate al oenoilio.— Anínentes* 
prelados, teólogos y varonea espailolee que á él 
asistieron • He Htká'^M, 



CAPITÜLa VL 



FEíAinMMi. 



ORIGEN Y CAUSAS DE LA REBEUOff. 



De f 589 A tS^. 



Conducta de Felipe U. én los Paises Bajos.— Causas 
del disgusto de los flamencos. — ^El carácter del rey. 
—Su preferencia hacia leec espalolM^-v-Aa creación 
de nuevos obispados.— La Inquisición.— Los edic- 
tos imperiales. — La permanencia de las tropas es- 
pañolas.— La privanza éo 6flBiM«ü%.n«La ambición 
y el resentimiento de los nobles.— Quejas contra 
Granvela.— Odio que le tenian los flamencos. — ^Pri- 
meros síntomas de sadícion.— Tosob<W rey e» pro- 
teger al cardenal. — Comportamieniode la duquesa 
de Parma, regento.— Primera venida da Montigny 
á España.— Rosnltada dei sa miaion^^-^PlaQeai de ra- 



560 HiSTOAu ra ispaSa. 



PAeiMAS. 



belioD en Flandda. — Petición al rey contra Granve» 
la.^DilacioQes de Felipe en proveer á lo de Flan- 
des.^-CSonsulta al duque de Alba, y su respuesta. — 
Salo Granvela de los Países Bajos: alecria de ios ^ 
nobles y del pueblo. — ^Rigor inquisitorial: oposición 
del país: disturbios. — ^Resisteoso á recibir los decre- 
tos del concilio de Trente: insistencia del rey. — Ve- 
nida de Egmont á Madrid.— «Respues»ta que ileva del 
monarca. — ^Disposiciones de Felipe II. contra las ins- 
trucciones dadas á Egmont. — ^Resistencia de los fia- 
moDCos á admitir la Inquisición y los edictos. — Te- 
nacidad del rey.— Conflictos de la princesa regen- 
te. — Confederación de los nobles contra la Inouisi- 
cien. — El compromiso de Breda. — Petición de los 
confederados á la gobernadora. — Respuesta de la 
princesa. — Notable distintivo de los coligados. — Se- 
gunda venida de Montigny á España. — ^Entretiénele 
el rey sin responder á su comisión. — Situación crí- 
tica de Flandes.-^Doble y artera política del rey. — 
Estalla la revolución religiosa en los Paises Bajos. 
—Tumultos : profanación, saqueo y destrucción de 
templos. — Luchas sangrientas entre católicos y. ber 
reges. — El principe de Orange. y los condes de Eg- 
mont, Horn, Arcmberg, Mansíeld, Berghes y otros. 
— Nuevos disturbios y desmanes. — ^Apremiantes re- 
clamaciones de la princesa regente al rey, y res- 
puestas dilatorias y ambiguas de Felipe.— -Grandes 
dimensiones que va tomando la revolución.— El rey 
ofrece ir á Flandes.— Planes do los confederados.— 
Determina Felipe II. subyugarlos con las aVmas. 
— ^Nombra al duque de Alba general del ejército que 
ha de enviar i Flandea De 450 á 495. 

CAPITULO VIL 



EL DUQUE DE ALBA EN FLANDES, 

SVPIilCIOÍ». 

4667.-4568. 

Aconsejan todos al rey que vaya á Flandes.— Lo ofre- 
ce muchas veces y muy solemnemente^y no lo rea- 
liza. — Disgusto de la princesa gobernadora por la 
ida del duque de Alba.— Situación de los Paises Ba- 



INDICS. 561 

pXoinas. 



jos á la salida del daque de EspaSa.— Rebeliones 
que había habido.^Alzamientos ae ciudades: Toar- , 
Day, ValencieDoes, Amberes, Maestrich, Bois-le- 
Duc, Utrech , Amsterdam, G ron inga. — ^Nobles con- 
jurados: nobles adictos al rey. — ^Enérgico y heroico 
comportamiento de la princesa de Parma para so- 
focar la revolución. — ^Va sujetando las ciudades re- 
beldes de Henao, Brabante, Holanda y Frisía.— 
Castigos. — ^Restablece la paz. — Nuevo juramento 
que exije á los nobles.— Quiénes se negaron á pres- 
tarle.— El principe de Orange se retira á Alemania. 
— ^Desconcierto y fu^a de los rebeldes. — Castigo de 
hereges y restablecimiento del culto católico. — Paz 
de que sozaba Flandes cuando emprendió su mar- 
cha el Quque de Alba. — ^Llega á Bruselas. — Su en* 
trevista con la princesa Margarita. — Resiéntese la 
gobernadora de los amplios poderes de que iba in- 
vestido el de Alba, y hace vivas instancias al rey 
para que la releve del gobierno. — ^Instituye el de 
Alba el Consejo de los Tumultos, 6 Tribunal de la 
Sangre. — ^Engañoso artificio que empleó para pren- 
der á los condes de Egmont y de Horn y otros per- 
sonages flamencos. — Los encierra en el castillo de 
Gante. — Sensación do terror en el pueblo. — Admite 
el rey la renuncia de la gobernadora. — ^Pesadumbre 
de los flamencos por la marcha de la princesa Mar- 
garita: sus últimos consejos. — ^El duque de Alba go- 
bernador de Flandes.— 4jobierno sanguinario del 
duque de Alba confesado por él mismo. — Suplicios. 
— ^Bspiritu del pueblo y del tribunal contrario á su 
sistema. — Invasión de rebeldes en los Paises Bajos. 
— ^Derrota de españoles en Frisia. — Sentencia del 
duque de Alba contra el principe de Orange. — Sen- 
tencia contra los condes de E«mont y de Horn. — 
Son decapitados en la plaza de Bruselas. — Senti- 
miento é indignación general. — Síntomas de iulura 
venganza. — ^Miserable suerte de la virtuosa conde- 
sa oe Bgmont.— Notable correspondencia entre el 
duque de Alba y Felipe II. sobre este asunto.— Ti- 
ránicas medidas del dluque de Alba en Flandes re- 
veladas por él mismo • • • De 196 á 244 



CAPITULO vm. 

ESGORUL.— REFORMAS. 
■•misctts. 

1562.— 1569. 

fAonus. 



Causas de la faodacion del Escorial. — Su objeto.— Goo- 
sideraciones que influyeron en la elección de sitio. 
— El arquitecto Juan de Toledo. — ^Fr. Antonio de 
Víllacastin — La silla de Felipe n.— Iglesiu provi*- 
sional. — Carácter del edificio y de su regio moda- 
dor. — ^Solemne recepción del cuerpo de San Euge- 
nio en Toledo.^telajacion de las órdenes monás- 
ticas. — Reforma que en ellas hizo Felipe II. — Peti- 
ciones de las Cortes de Castilla relativas á iglesias y 
monasterios. — Cuestión entre el rey y el pontífice 
sobre jurisdicción. — ^Sostiene el rey el derecho del 
Regium exequoUur, — Medidas contra los moriscos 
de Granada. — Reclamaciones. "Primer os síntomas 
de rebelión. — ^Los monfis ó salteadores. — ^Providen- 
cias desacertadas. — Pragmática célebre. -^Efecto 
que produce en los moriscos. — Irritación general. 
— ^Discurso do Nuñez Muley. — Conducta del conse- 
jero Espinosa , del inquisidor Deza* del capitán ge- 
neral marqués de Mondejar. — ^Prepárase la rebe- 
lión. — ^Los moriscos del Afbaicin — ^tos de la Alpn- 
jarra. — ^Plan general.— Aben Farax. — Aben Hume- 
ya.— Insurrección general de los moriscos de Ta 
Alpujarra.— Horribles crueldades y abominaciones 
que cometieron con los cristianos. — ^Ferocidad de 
Aben Farax.— Es depuesto por Aben Humeya.— Re- 
gulariza éste la insurrección. — Medidas que se to- 
maron en Granada. — ^Emprende el marqués de Mon- 
dejar la campana contra los moriscos De 245 á S89. 

CAPITULO IX. 

EL PRINCIPE CARLOS. 

1545.— 1558. 

Por qué interesa tanto la historia de esto principe. — 
Fábulas con que se la ha desfigurado. — Su uaci- 



nniMK. 






miento y edocaoi<m.-f»u earéotor, geiao ? «oitaBr 
brw.-Si ttiTO y pudo tener h» inümidade. qne »e 
han supuesto ¿on te reina—Casamiento de Feli- 
pe HcSn teabel d« ValoÍ8.-Joramonto dd nrina- 
L entes Cortos de Toledo.-íalta do salud de don 
fcarlos—ProTeola su padre envwrle * «f _2W 
de la costa.— Le onvia por Altano á Alcalá.— Caída 
fatal del principe.— Peligro de muerte en qw s» 
VÍ6.-SU restabreoimicnto.-rCómo quedó «» cere- 
bro.— Testamento del principe: cliusulas notables. 
—Atentados y desmanes que cometió.— Qawre ase- 
sinar al duque de Alba. Jntentafagarse á Flaodes. 
—Proyecta después marcharse á Alemania— ue- 
creta y ejecuta el rey el arresto do su hijo.-Cif- 
"uMtanciasde te P"«ion.-Seyeridad con que era 
guardado y yígila(fo.-Cartas de Felipa «• ¿«n^o 
parte de la reSusiondel principo—Proceso de don 
Carlos.— Discúrrese sobre las causas de sn pcisioo. 
—Lo que resoltaba del proceso.— Entereza y sono- 
ridad del rey.-Loca y dewrregteda «»>^»6«« *?» 
príncipe en la prisión.— Enfermedad qoe le P»odtt- 
oen sus desórdenes.- Muerte de Carlos.— Falseda- 
des y errores que acerca de elte se han eaorrto.-- 
Juicio del autor sobre este suceso.- Muerto de la ^^ , ». (, 
reina Isabel de Valois— Sentimiento del rey De «90 á 3*«. 

CAPITULO X. 

« 

GUERRA DE FLANDES. 

•V 

RBTlRJkDA DKIi BV4|IIB BB AIíBA. 

1568.— 1573. 

Campsña del duque de Alba contra Luis de Nassau. 
—Le derrota y ahuyenta de Frisia.— Excesos del 
eiército real: ca8tigos.-0uerra que mueve el prín- 
cíoe de Orange por la frontera de Alemania.— Mar- 
cha el de Alba con ejército á detenerle. —Provoca 
el de Orange á batalla al de Alba y éste la rehmsa, 
—Franceses en auxilio de los oraogistas.— DerroU 
don Fadrique de Toledo al de Orange y los n^nce- 
ses.— Conducta de las ciudades fia meneas. --El prin- 
cipe de Orange en Francia.— Contratiempos.— Re- 
tirase ¿ Alemania.— Termina esta primera ^ena. 



S64 HISTORIA MB B8PAf(A« 

PAGINAS* 

—El duqae de Alba solicita ser relevado del gobier- 
no y salir de Flandes. — ^Honoreá que recibe del pa- 
fia. — Rasgo de orgullo que irritó á los flamencos y 
e indispuso con la corte de España.— Envía tropas 
de socorro al rey de Francia contra los hugonotes. 
—Temores de rompimiento entre Inglaterra y Es- 
paña, y la causa de ellos. — Continúan las vejacio- 
nes y los suplicioá en Flandes. — Célebre proceso y 
horroroso suplicio del barón de Montigny. — Abomi- 
nable conducta del rey en este negocio.— Casamien- 
to de Felipe II. con Ana de Austria.— Avisos del 
embajador de Francia al rey. — Comienza otra guer- 
ra en los Países Bajos. — Sublevaciones en Holanda 
y Zelanda. — Rebelión en la frontera francesa.— Cer- 
co de Mons por don Fadrique de Toledo. — Segunda 
invasión del principe de Orange en Flandes con 

grueso ejército. — ^Sucesos espantosos en Francia. — 
a matanza de San Bartolomé (Les massacres de la 
Saint'Bartfhelemy).— Lo que influyó en la guerra 
de Flandes. — ^El de Orange se retira ¿ Holanda. — 
Memorable sitio de Harlem.— Heroica defensa de los 
sitiados. — Trabajos y triunfo de los españoles. — To- 
ma de Harlem. — ^Insurrección de tropas españolas. 
— ^Noticia de las tropas que componían el ejército 
de Felipe 11. en los Países Bajos.-*El duque de Alba 
y el de Medinaceli.— Ambos renuncian el gobierno 
de Flandes. — ^Es nombrado don Luis de Requesens. . 
—Sale el duque de Alba de los Países Bajos, y vie- 
ne á España De 344 á 599. 

CAPITULO XI. 



IaOH UOniHCOH, 



EL MARQUÉS DE MONDEJAR Y EL DE LOS VELEZ. 

1569. 



Primeras operaciones de campaña del marqués de 
Mondéjar.— Paso del puente de Tablate.— Atrevida 
resolución de un fraile franciscano. — ^Fuea de los 
moriscos. — Sitio y socorro de Orgiba.— Los cris- 
tianos en Pitres, Po<)ueira y Jubiles.— Gran degüe- 
llo de mugeres moriscas.— Diego López Aben Abóo. 



ÍNDICE. 565 

PÁGINAS. 



—Discordia entre el rey Aben Hameya y sas pa- 
rieotes.— Tratos de paz. — ^Acción de Paterna.— El 
marqués de llondéjar en Andarax y Ujiiar. — Sn po- 
litice con los rendidos. — Bspedicion del de M onde- 
jar á las Guáiaras.^-Gonquista del Peñón.— Fuga y 
suplicio de el Zamar. — Crueldad del marqués con 
los vencidos. — Reduscion de los logares de b Al- 
pujarra.— El marqués de los Velez en la sierra de 
f ilabres y en la de Gador.— Sus triunfos sobre los - 
moriscos en Huécija y Fílix.^-lndisciplina de sus 
tropas.— Atrevida expedición de don Francisco de 
Córdoba. — El marqués de los Velez eu Óhanez.— 
Escenas trágicas. — Pacificación de la Alpujarra. 
— Riesgo que corrió Aben Humeya de ser cocido. — 
Sálvase mañosamente. — Acusaciones é intrigas en 
Granada y en la corte contra el marqués de Monde- 
jar.— Da el rey á don Juan de Austria la dirección 
de la guerra.— Don Juan de Austria en Granada. De 400 é 439. 



CAPITULO XII. 



liOS MORISCOS 



DON JUAN DE AUSTRIA. 



NI 4569 A 4574. 



Nacimiento, infancia y pubertad de don Juan de Aus- 
tria.— Quién fué su madre. — Secreto y misterio con 
que fué criado en casa de Luis Quilada. — ^Dónde y 
cómo le reconoció por hermano Felipe U. — Acom- 
paña al principe Garlos en Alcalá. — ^Intenta ir á la 
fiuerra de Malta, y es detenido de orden del rey. — 
Confiérele su hermano el mando de las galeras. 
— ^Espedicion contra corsarios.- Nómbrale para di- 
rigir la guerra contra los moriscos. — Primeras dis- 
posiciones de don Juan en Granada. — Disidencias y 
entorpecimientos en el Consejo. — ^Progresos de los 
moriscos: Aben Humeya. — ^El comendador mayor de 
Castilla en el Peñón de Frigilíana.— Real cédula 
para la espulsíon de los moriscos de Granada, y su 
internación en Castilla. — ^Llamamiento del marqués 
de Mondejar á la corte, y su causa.— Muere el rey 



666 msTOiu m ospaIIa* 



píoocas. 



Abeo Humeya asosiiíado.— Bf proclamado AboA 
Abóo rey de loa moriaoos.— Naevo aspecto de la 
guerra.— El daqne de Seasa y el marqués do loa 
Yelez.— Sale á campana don Juan de Austria.— 4lm- 
de á Galera.—^eaaslre en Serón. — ^Nuevos triunfos 
de don Juan.— Tratos y negociaciones para la re- 
ducción .-^ando solemne que hizo publicar don 
Juan de Austria.— Operaciones del duque de Sessa. 
—Pragmática del -rey para sacar del reino á los 
moros de paz. -^ Prosiguen los tratos de reducción. 
— ^Bl Habaqui.-*«Aattnion de capitanes moriscos j 
cristianos .--GoBciértase la reduccion.'-^l Haba^ui 
humillado ante don iaan de Austria. — Designación 
do capitanes para recibir los moros reducidos. — Al- 
zamiento y guerra en la serranía de Ronda. — Arre- 
Siéntese Aben Abóo, y se niega á reducirse.— -Do- 
lez y arterias del reyezuelo moro. — ^Asesina al Ha- 
baqsK— Intenta otra iRez engañará don Juan de 
Austria.— Resuélvese de nuevo la guerra contra 
Aben Abóo. — Batida general del comendador Re- 
quesensen la Alpujarra.-^-^stermiaio de moriscos. 
—•Vuelven don Juan do ^^ria y Requesens á Gra- 
nada. — ^Licencian las tropas. — ^Regresa don Juan de 
Austria á Madrid. — ^Muerte trágica de Aben Abóo, y 
fin de la guerra.— PiéMaae el reino de Qninada de 
cristianos. . . De 430 á 478. 



CAPITULO XIII. 



DON JUAN DE AUSTRIA. 



UBPJLIVTO. 



4570 A1S74. 



Planes del sultán SeHm U. sobre ia isla de Cbipre.— 
Resuelve su c^aquÍBta.— Rompe la paz con Tenecia. 
—Prepárase á la guerra la república: busca aliados 
y pide auxilio.— El papa y el rey de Esptóa.— Prin- 
cipio de la liga.'— Conferencias en Roma: capítulos. 
-Guerra de Cbipre.^-^jenerales y fuerzas turcas.— 
Generales y fueraaa venecianas.— Sitio y toma de 



I 

i 



iroics. &67 

PAGINAS. 

Nico&ia por los tarcos.— Escuadra auxiliar de Espa- 
ña*. Juan Andrea Doria. — Escuadra pontificia; Marco 
Antonio Colonna. — ^Disidencias entre los aliados. — 
Retirase Andrea Doria. — ^Vuélyese la armada de los 
confederados.— Realizase la liga cristiana y se ju- 
ra.— Célebre sitio de Famagusta por los turcos. — 
Defensa heroica de los venecianos. — ^Se rinden. 
— ^Horribles é inauditas crueldades de Hustafá. — 
Generales de la armada y ejército de la liga: Ge- 
neralisimo, Don Joan de Austria. — Sale don Juan 
de Madrid: ya á Barcelona, Genova, Ñápeles y Mes- 
sina. — ^Reunión de la armada de la liga.— Número 
de naves y hombres. — Parte la armada á Levante. 
— Armada turca: Pertew-Bajá y Ali-Bajá. — Orden 
de las dos armadas. — ^Memorable batalla de Lepan- 
To. — ^Pericia y denuedo de don Juan de Austria. 
— Muerte de AH'Bajá.^Triunfo glorioso de la litfa, 
y destrucción de la armada turca. — ^Retirada de los 
aliados. — ^Festejos en Venecia. Roma, y Madrid. — 
Escaso fruto que se recogió de la victoria y sus cau- 
sas.— Repone el turco su armada y vuelve sobre 
Gandía.— Lentitud de los coligados, y motivos que la 
ocasionaban.— Muerte del papa Pío V.— Orego- 
rio XIIL— Detención de don Juan de Austria y sus 
quejas.— Hácese otra vez á la vela.— Campaña na- 
val de 457%.— Retirada de los aliados.— Bochornosa ' 
paz de Venecia con Turquia.— Disuélvese la liga. 
-Marcha don Juan de Austria á Berbería y recon- 
quista ¿ Túnez.— Vuelve á Italia De 479 á BS8. 

ApERDiGls. De 539 á 663. 



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